Virus fue, es y será un grupo divertido, innovador e influyente. Así lo demostró el pasado miércoles, gratis en un escenario montado sobre la Plaza de Mayo. Agencia NAN observó contra las vallas.
Por Luis Paz
Buenos Aires, febrero 23 (Agencia NAN-2007).- Al menos 600 espectadores pudieron disfrutar el pasado miércoles de un nuevo set de rock and roll y baile de la mano de Virus, uno de los grupos más originales que dio el rock argentino en la década de 1980. El recital se brindó en el marco del ciclo Verano 2007, en Plaza de Mayo. Esta vez no hubo bombas cayendo sobre la plaza, sino gotas de lluvia sobre fanáticos cuarentones y adolescentes.
Con el glamour un tanto abandonado por el paso de los años, el rock potenciado con los nuevos valores que componen a la banda y los temas bailables siempre en la punta de la lengua de los concurrentes, Virus tocó un set de hora y media en el que no faltaron clásicos. “Agujero interior”, “Wadu-wadu”, “Luna de miel en mis manos”, “Imágenes paganas”, “Me puedo programar”, “Pronta entrega” y “Amor descartable”, fueron, por mucho, los más festejados.
Pero el grupo también tocó algunos temas de su reciente producción Caja negra, editada el año pasado junto a un DVD con el recital grabado en junio de 2006 en el Teatro Coliseo, del que participaron como invitados Adrián Dárgelos, de Babasónicos; Cristian “Pity” Álvarez, de Intoxicados; Ale Sergi, de Miranda!; y Ciro Pertusi, de Attaque 77.
Quizá gran parte de los jóvenes concurrentes se acercó el miércoles al escenario montado frente a la Casa Rosada como resultado de los videos de “Luna de miel en mis manos” y “Me puedo programar”, que circulan en los principales canales de videos musicales desde hace algunas semanas. Pero hubo un gran número de bailarines nostálgicos, de cuarentones rockeros y de turistas rubios que se congregaron contra las vallas de contención para disfrutar de los temas de una de las bandas más influyentes en su estilo.
No es una exageración. ¿Acaso no lo han declarado músicos tan respetados como Gustavo Cerati y Richard Coleman y nuevos baluartes como Toto de Adicta? Mas si ello nunca hubiera sucedido, basta con escuchar la producción de Soda Stereo y Los 7 Delfines durante la primer parte de la década de 1990 y cualquier disco de Adicta o Miranda! para encontrar la influencia del grupo de los hermanos Moura. Porque el clan Moura fue la columna vertebral del grupo desde un principio, con Federico micrófono en mano, Marcelo en teclados y Julio en guitarra; más los hermanos Mario y Ricardo Serra en batería y guitarra, respectivamente; Enrique Mugetti en bajo; y el escritor Roberto Jakobi componiendo a la par de Federico.
Oriundos de La Plata, habían sido Los Duros en años anteriores, una coalición de Los Violetas y Marabunta, donde tocaban los Moura. Entonces, la cantante era Laura Gallego, quien hizo coros en Wadu Wadu, meses después de su alejamiento de la banda y de que Federico tomara la posta en el micrófono y las composiciones. Con esa formación grabaron un puñado de buenos discos, comenzando por Wadu Wadu, de 1981, con un Federico entrado ya en los 30. Casi al mismo tiempo y con la misma edad, Charly García disolvía Serú Girán.
Ya desde ese disco, Virus sonó de una forma especial. Su estilo sutil y glamoroso --“afeminado” dirían algunos-- provocó fascinación en unos y reproches en otros, no sólo desde el público de rock del momento, sino también de los rockeros “comprometidos” con la realidad argentina de la dictadura menguante. Virus influyó tanto a sus antecesores, como a sus contemporáneos. Roberto Pettinato, por entonces director de la revista El Expreso Imaginario, debutó en un escenario como músico junto a Virus. Luego fue parte de un proyecto de un (por entonces peludo) pelado que había escapado de Inglaterra luego de casi morir por una sobredosis de heroína. El pelado en cuestión era Luca Prodan, que fue tan trascendente como Federico Moura: uno, desde la crudeza y la violencia (musical y poética); el otro, desde el glamour, el baile y la diversión.
Luego, los Virus grabaron Recrudece (1982), Agujero interior (1983), Relax (1984) y Locura (1985). Este último fue el disco favorito de Federico, “el más sexual de todos”. En 1986 grabaron En vivo en el estadio de Obras Sanitarias una recopilación de sus temas más exitosos que los llevó a realizar su primer (y única con esa formación) gira latinoamericana. En Perú los vieron 70 mil personas y en Chile otras 20 mil. Por entonces, sus discos ya vendían más de 200 mil copias.
Superficies de placer se grabó en Brasil en 1987. Lo que debía ser un viaje de placer anti stress se convirtió en el comienzo del fin. A Federico le diagnosticaron neumonía crónica y luego un médico le recomendó hacerse el test de VIH-Sida. El resultado fue positivo. Nueve meses después de su presentación en Obras, volvieron a Buenos Aires. Pero ya nadie quería seguir, excepto por Federico. Ordenó continuar, en un arranque que recuerda al “Show must go on” de un ícono inglés que tantas cosas en común tuvo con Moura: Freddy Mercury.
El show continuó y un nuevo disco se puso en marcha: Tierra del Fuego, de 1989. Federico participó en sólo dos temas y debió abandonar las grabaciones por el agravamiento de su enfermedad, dejando el micrófono a su hermano Marcelo. El 21 de diciembre de 1988, un año después que Luca, y nueve meses después de Miguel Angel Peralta (Miguel Abuelo), Federico murió.
Tras una serie de recitales ya comprometidos, los que quedaron cerraron una etapa al telonear a David Bowie, hacia mediados de 1989. De allí en más, poco se supo de ellos hasta 1994, cuando se juntaron para celebrar el aniversario de su ciudad natal, La Plata, frente a 120 mil personas. En 2004 se reunieron nuevamente para conmemorar sus 25 años de carrera, a la que declararon como “ininterrumpida”, ya que su música se continuó “en proyectos paralelos”.
Marcelo Moura encabezó un nuevo renacimiento de esta banda, acompañado en esta oportunidad por Julio Moura y Daniel Sbarra en guitarras, Enrique Muguetti en bajo, Aitor Graña en batería y Patricio Fontana en teclados. El resto es conocido tanto por los nuevos seguidores de Virus, como por los de cabello emblanquecido y ceño fruncido: en junio del pasado año realizaron una presentación en el teatro Coliseo, que se documentó en CD y DVD.
El recital de ayer fue importante por varias cosas. Primero, por la realización de recitales gratuitos con figuras de primera línea. En segundo lugar, puso en evidencia una de las mayores virtudes de los músicos de Virus: el ser una especie de fénix del rock argentino, que sobrevivieron a su generación, influyeron a la del “nuevo rock argentino” de principio de la década de 1990 y llegaron a compartir escenario con las nuevas figuras circa 2000 (Pity, Sergi y Dárgelos).
Y en última instancia, siempre es interesante ver a un par de viejitos piolas menear el esqueleto y mofarse de la lluvia en la cara. Más aún si esos viejitos piolas son los Virus, fundadores del rock bailable y, sin ninguna duda, importadores, junto a Miguel Abuelo, del verdadero glamour en el rock and roll.
Por Luis Paz
Buenos Aires, febrero 23 (Agencia NAN-2007).- Al menos 600 espectadores pudieron disfrutar el pasado miércoles de un nuevo set de rock and roll y baile de la mano de Virus, uno de los grupos más originales que dio el rock argentino en la década de 1980. El recital se brindó en el marco del ciclo Verano 2007, en Plaza de Mayo. Esta vez no hubo bombas cayendo sobre la plaza, sino gotas de lluvia sobre fanáticos cuarentones y adolescentes.
Con el glamour un tanto abandonado por el paso de los años, el rock potenciado con los nuevos valores que componen a la banda y los temas bailables siempre en la punta de la lengua de los concurrentes, Virus tocó un set de hora y media en el que no faltaron clásicos. “Agujero interior”, “Wadu-wadu”, “Luna de miel en mis manos”, “Imágenes paganas”, “Me puedo programar”, “Pronta entrega” y “Amor descartable”, fueron, por mucho, los más festejados.
Pero el grupo también tocó algunos temas de su reciente producción Caja negra, editada el año pasado junto a un DVD con el recital grabado en junio de 2006 en el Teatro Coliseo, del que participaron como invitados Adrián Dárgelos, de Babasónicos; Cristian “Pity” Álvarez, de Intoxicados; Ale Sergi, de Miranda!; y Ciro Pertusi, de Attaque 77.
Quizá gran parte de los jóvenes concurrentes se acercó el miércoles al escenario montado frente a la Casa Rosada como resultado de los videos de “Luna de miel en mis manos” y “Me puedo programar”, que circulan en los principales canales de videos musicales desde hace algunas semanas. Pero hubo un gran número de bailarines nostálgicos, de cuarentones rockeros y de turistas rubios que se congregaron contra las vallas de contención para disfrutar de los temas de una de las bandas más influyentes en su estilo.
No es una exageración. ¿Acaso no lo han declarado músicos tan respetados como Gustavo Cerati y Richard Coleman y nuevos baluartes como Toto de Adicta? Mas si ello nunca hubiera sucedido, basta con escuchar la producción de Soda Stereo y Los 7 Delfines durante la primer parte de la década de 1990 y cualquier disco de Adicta o Miranda! para encontrar la influencia del grupo de los hermanos Moura. Porque el clan Moura fue la columna vertebral del grupo desde un principio, con Federico micrófono en mano, Marcelo en teclados y Julio en guitarra; más los hermanos Mario y Ricardo Serra en batería y guitarra, respectivamente; Enrique Mugetti en bajo; y el escritor Roberto Jakobi componiendo a la par de Federico.
Oriundos de La Plata, habían sido Los Duros en años anteriores, una coalición de Los Violetas y Marabunta, donde tocaban los Moura. Entonces, la cantante era Laura Gallego, quien hizo coros en Wadu Wadu, meses después de su alejamiento de la banda y de que Federico tomara la posta en el micrófono y las composiciones. Con esa formación grabaron un puñado de buenos discos, comenzando por Wadu Wadu, de 1981, con un Federico entrado ya en los 30. Casi al mismo tiempo y con la misma edad, Charly García disolvía Serú Girán.
Ya desde ese disco, Virus sonó de una forma especial. Su estilo sutil y glamoroso --“afeminado” dirían algunos-- provocó fascinación en unos y reproches en otros, no sólo desde el público de rock del momento, sino también de los rockeros “comprometidos” con la realidad argentina de la dictadura menguante. Virus influyó tanto a sus antecesores, como a sus contemporáneos. Roberto Pettinato, por entonces director de la revista El Expreso Imaginario, debutó en un escenario como músico junto a Virus. Luego fue parte de un proyecto de un (por entonces peludo) pelado que había escapado de Inglaterra luego de casi morir por una sobredosis de heroína. El pelado en cuestión era Luca Prodan, que fue tan trascendente como Federico Moura: uno, desde la crudeza y la violencia (musical y poética); el otro, desde el glamour, el baile y la diversión.
Luego, los Virus grabaron Recrudece (1982), Agujero interior (1983), Relax (1984) y Locura (1985). Este último fue el disco favorito de Federico, “el más sexual de todos”. En 1986 grabaron En vivo en el estadio de Obras Sanitarias una recopilación de sus temas más exitosos que los llevó a realizar su primer (y única con esa formación) gira latinoamericana. En Perú los vieron 70 mil personas y en Chile otras 20 mil. Por entonces, sus discos ya vendían más de 200 mil copias.
Superficies de placer se grabó en Brasil en 1987. Lo que debía ser un viaje de placer anti stress se convirtió en el comienzo del fin. A Federico le diagnosticaron neumonía crónica y luego un médico le recomendó hacerse el test de VIH-Sida. El resultado fue positivo. Nueve meses después de su presentación en Obras, volvieron a Buenos Aires. Pero ya nadie quería seguir, excepto por Federico. Ordenó continuar, en un arranque que recuerda al “Show must go on” de un ícono inglés que tantas cosas en común tuvo con Moura: Freddy Mercury.
El show continuó y un nuevo disco se puso en marcha: Tierra del Fuego, de 1989. Federico participó en sólo dos temas y debió abandonar las grabaciones por el agravamiento de su enfermedad, dejando el micrófono a su hermano Marcelo. El 21 de diciembre de 1988, un año después que Luca, y nueve meses después de Miguel Angel Peralta (Miguel Abuelo), Federico murió.
Tras una serie de recitales ya comprometidos, los que quedaron cerraron una etapa al telonear a David Bowie, hacia mediados de 1989. De allí en más, poco se supo de ellos hasta 1994, cuando se juntaron para celebrar el aniversario de su ciudad natal, La Plata, frente a 120 mil personas. En 2004 se reunieron nuevamente para conmemorar sus 25 años de carrera, a la que declararon como “ininterrumpida”, ya que su música se continuó “en proyectos paralelos”.
Marcelo Moura encabezó un nuevo renacimiento de esta banda, acompañado en esta oportunidad por Julio Moura y Daniel Sbarra en guitarras, Enrique Muguetti en bajo, Aitor Graña en batería y Patricio Fontana en teclados. El resto es conocido tanto por los nuevos seguidores de Virus, como por los de cabello emblanquecido y ceño fruncido: en junio del pasado año realizaron una presentación en el teatro Coliseo, que se documentó en CD y DVD.
El recital de ayer fue importante por varias cosas. Primero, por la realización de recitales gratuitos con figuras de primera línea. En segundo lugar, puso en evidencia una de las mayores virtudes de los músicos de Virus: el ser una especie de fénix del rock argentino, que sobrevivieron a su generación, influyeron a la del “nuevo rock argentino” de principio de la década de 1990 y llegaron a compartir escenario con las nuevas figuras circa 2000 (Pity, Sergi y Dárgelos).
Y en última instancia, siempre es interesante ver a un par de viejitos piolas menear el esqueleto y mofarse de la lluvia en la cara. Más aún si esos viejitos piolas son los Virus, fundadores del rock bailable y, sin ninguna duda, importadores, junto a Miguel Abuelo, del verdadero glamour en el rock and roll.