martes, 26 de febrero de 2008

Libros: “Cuando el arte ataque (el otro Omar Chabán)”, (Christian Sánchez, Ariel Panella y Miguel A. Sánchez, 2006).-

El hombre, el empresario y el artista. Los tres aspectos más notorios de Chabán conviven en este libro, editado por dos periodistas y un fotógrafo. Los testimonios no son pocos, ni tampoco los errores nominales, ortográficos y gramaticales, que dan cuenta de una edición casi inexistente. Quizás la lucidez de las respuestas de Omar Chabán desde la cárcel sea lo más interesante de la obra, aunque se debe destacar la nobleza del fundamento del libro: mostrar la faceta artística --para muchos desconocida-- del sindicado “empresario, único culpable de 194 muertes”.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, febrero 26 (Agencia NAN-2008).- ¿Quién es Emir Omar Chabán? ¿Un asesino, un loco o el mayor productor cultural de las últimas tres décadas? De ese interrogante parte Cuando el arte ataque (el otro Omar Chabán), una obra periodística construida a partir de los testimonios de cuarenta artistas y artífices de los años dorados del multidisciplinario underground porteño.

Christián Sánchez (redactor de las revistas TXT, Hombre y La Mano), Ariel Panella (productor, periodista y fotógrafo) y Miguel A. Sánchez (del diario La Razón y Editorial Perfil) intentan sumergirse en el ultramundo del que Chabán fue primer ministro desde 1980 hasta su abrupto final como productor, artista y obrero de la cultura, con el incendio en 2004 de su local República Cromañón. No llegan a lograrlo. Al menos no con la profundidad que precisa el tema.

El objetivo del libro es noble: mostrar ese otro Chabán, pilar del nacimiento en Buenos Aires de una movida cultural de vanguardia y popular a la vez. Pero el rescate de aquel Chabán de calzas que hacía ollas populares en Cemento para pseudo-punkitos se pierde por la escasa cohesión del relato. A la historia de Cemento le faltan varias vueltas, especialmente la que lo contextualice en una década de transformaciones políticas, económicas, culturales y de criterios artísticos como fue la de 1990. Die Schule, La Flor y el Café Einstein están bien recuperados, pero en una obra de resultado regular, es su segundo capítulo el que destaca, al recuperar actividades, anécdotas y costumbres del creador y organizador de tres de los espacios fundamentales del underground porteño.

El perfil de Chabán se construye a partir de las voces de alrededor de cuarenta músicos, artistas, productores, managers, técnicos, empleados y amoríos. Pero los textuales en primera persona con nula supresión de lenguaje coloquial, sumados a comas que no tienen por qué ir dónde los autores las ponen, dan cuenta de una edición negligente, en el mejor de los casos. Carencia patentizada con más fuerza cuando los autores nombran a "Joe Division", los amplificadores "Pevey" o Alfred "Hichtkoc". Igual que en sus ataques de dislexia mecanográfica.

Cuando el arte ataque (el otro Omar Chabán) incluye una entrevista que los autores le realizaron a Chabán en prisión, en la que queda en claro --más por las respuestas del propio entrevistado que por la capacidad inquisitoria de los periodistas-- que siempre ha sido más un hombre preocupado porque los pibes tuvieran dónde tocar que un empresario de la noche, timador y avaro, de lo que aquellos para los que era ignoto antes del 30 de diciembre de 2004 lo acusan desde la tragedia de Cromañón.

Las falencias periodísticas y lingüísticas del libro se compensan con lúcidos testimonios del actor y humorista Ronnie Arias, la exponente del teatro danza Teresa Duggan y el líder de Las Pelotas, Germán Daffunchio, entre otros. A este comentarista se le dificulta especificar cuál de los tres Carajo --el guitarrista Hernán "Terry" Langer, el baterista Andrés Vilanova o el cantante y bajista Marcelo "Corbata" Corvalán-- es el más pensante, porque los autores se empeñan en confundir sus dotes musicales, apellidos y apodos.

Si el lector es capaz de suprimir comas mentalmente, conoce lo suficiente como para no necesitar recurrir a las ineficaces notas al pie, y no se exaspera con los flashbacks y fastforwards mal logrados del relato, puede llegar, al menos, a disfrutar del libro como de un documental clase B. Aunque de todas formas, el resultado es regular e inconexo.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Leandro Viernes: “Me costaba mucho componer, pero aprendí a jugar”.-

Con el ánimo lúdico a tope, el guitarrista, cantante, tecladista y (¿ex?) baterista nacido en Adrogué recibió a Agencia NAN en su estudio de grabación para hablar sobre su segundo trabajo larga-duración, a editarse en abril. Pero la simpatía de Viernes extendió la conversación hacia el terreno de las artes plásticas, el recuerdo de sus primeros años en la música, la defensa del músico-bricoleur y la cooperación con otros artistas.

Por Luis Paz. Fotografías de Daniel Villalba para Agencia NAN.

Buenos Aires, febrero 20 (Agencia NAN).- Con el bricollage como arte y concepto en torno a su obra y su vida en estudio, Leandro Viernes pasa sus días en una casa antigua, al fondo de una serie de departamentos en propiedad horizontal en Palermo. Una guitarra, un piano, un teclado, un sampler que descubrió que “tira más como placa de sonido”, una laptop y una PC son sus herramientas de trabajo. Todo alrededor, afiches multicolores de los que no se borran las confesiones de sus amigos. Y en el medio del cuarto-estudio, una mesa sobre la que se apiñan doscientas palabras, un collage literario que marea.

Es que está ultimando los detalles de su tercer trabajo discográfico (segundo larga-duración) luego del maxisingle Audiosaludos y el LP Música para los ojos. “En esos discos me centré mucho en el concepto y algunas canciones se perdieron”, lamenta frente a Agencia NAN. Pero el camino transitado en una década y media de trayectoria lo curtieron y le enseñaron a “divertirse jugando”.

Entremedio, fue batero de la banda de Adrián Cayetano Paoletti --una agrupación que ya es “de culto” para muchos músicos y nostálgicos del conurbano sur--, estuvo a punto de tocar la batería con Leo García y lo hizo en la presentación del disco que María Fernanda Aldana grabó para Esencia, el maxicompilado de El Otro Yo, musicalizó muestras de artes plásticas y uno de sus temas, compuesto para la banda de sonido de una película “imaginaria”, fue parte de un compilado que realizó Zeta Bosio, lo que le valió firmar un contrato con Sony para editar sus primeras placas.

Con camisa marinera, jean celeste y zapatillas de cuero verde bordadas, Viernes recibe a esta agencia durante un impasse en el proceso de grabación y mezcla de su próximo disco, que aún no tiene nombre pero, según anunció, estaría listo para transformarse en MP3 en abril y será tanto o más ecléctico (aunque más “macizo”) que el anterior, donde registró reversiones de “Dicha feliz”, de Virus, y “Soy libre”, de Atahualpa Yupanqui. Esta semana, Viernes está terminando de grabar las guitarras del que se viene, que iba a llamarse Cocaína, pero decidió descartar el título por ser muy “pornográfico”.

Su voz tiembla adormecida con las primeras palabras, y su cara no oculta lo que --como confía después a este cronista-- “fue una noche muy larga”. Hace lugar entre sus cosas y se sienta. Acomoda el grabador del periodista en la mesa.

- ¿Vivís en el estudio?
- Estoy viviendo en ningún lado, en realidad. Estaba en Adrogué, donde grabé Música para los ojos y Audiosaludos. Hice una preproducción larguísima ahí pero me vine a la casa de mi guitarrista, porque en el disco está trabajando mucha gente y son todos de Capital. Me considero muy trabajador, pero siempre sentí que hice las cosas con cierto temor o a medias. Y en este disco senté cabeza y fui a fondo. No sé qué va a pasar, tengo plata para vivir dos meses. Pero quemé todas las naves y me obligué a no volver a hacer lo que no me gusta.

- ¿Haciendo lo que no te gustaba cuánto tirabas con el sueldo?
- En realidad, nunca trabajé, jeje. Perdón, sí, tuve un trabajo. Fui operario industrial tres o cuatro años pero no me acuerdo de cuánto ganaba.

- ¿Y de qué te acordás?
- De la llegada del viernes y decir “¡liberación!”. Por eso terminé siendo Leandro Viernes. Por eso y por “Friday I’m in love”, de The Cure. Era el tema para mí.

- ¿Y cómo pasaste de estar los viernes abajo del escenario, a ser Viernes arriba de ellos?
- Hago música, con la batería, desde los 13. El proyecto Viernes estaba montado con gente de Adrogué, nos llamábamos Viernes Sueña. Cuando decidí empezar a tocar la guitarra y estudiar composición vino Adrián (Cayetano Paoletti) a pedirme que tocara la bata en su banda, era algo más serio y me uní.

- En esa época también te llama Leo García para Avant Press, ¿no?
- Sí, me había llamado, pero al poco tiempo se separaron. Así que con Adrián se empezaron a cristalizar las cosas, pero yo ya estaba en la música. Cuando dejé de tocar con Adrián fui a fondo con Viernes y tuvimos varias formaciones, pero no encontré ninguna que me cerrara. Me hice solista y saqué Audiosaludos.

- Y cada vez se te veía menos por Adrogué.
- No aguantaba más Adrogué. Tenía amigos que estaban en ninguna y ni siquiera andaban con chicas. Y yo quería zafar, tener una novia, ir a recitales. Con Adrián abrí el juego y empecé a conocer gente que me hablaba de lo que me gustaba. Yo me venía peleando con todos, porque quería ir a museos, muestras, y nadie se copaba. Y en Capital conocí pibas que hacían música, que era re loco.

- ¿En Capital conseguiste las historias de tus primeros discos?
- Sí y no. Por ejemplo, “Azul curacao” lo metí después de terminar de grabar el disco. Necesitaba un tema compuesto así para recibirme y cuando lo terminé lo metí. Sinceramente, el primer disco tuvo mucho de experimento. Estaba muy enroscado con lo conceptual, que no es inmediato y entonces quedó relegado.

- ¿Tu próximo disco viene más “desenrollado”, digamos?
- Y yo lo estoy, en todo sentido, desde la libertad para componer a hablar con gente que te da miedo o ir a una discográfica. No me di lugar a pensar en el miedo o la vergüenza. La temática del disco, las letras y la música, van a fondo.

- Eso requiere de un mayor esfuerzo compositivo, supongo.
- Sí. Me costaba escribir música y había empezado a torturarme. Pero me dije “esta vez no, lo tengo que terminar”, corté palabras, las puse sobre una mesa y armé letras con eso. Con este disco aprendí a jugar, aprendí a divertirme.

- Como un petit bricoleur…
- Claro, y lo mismo en la música. Fue un “concepto MP3”: Beethoven mezclado con el trío Los Panchos. Es electro, pero metí orquestaciones, temas ambient. Aún así, es muy concreto y macizo. Hay canciones imposibles de desarticular. Traté de reducir todo a algo sólido, porque tengo muy pocos recursos.

- Pero sí tenés muchos amigos…
- Con algunos de los personajotes que fui conociendo se montó una amistad que derivó en la intimidad para decir: “Che, mirá este tema, ¿no querés tocar acá?”. Con Sergio (Pángaro, de Baccarat) somos muy amigos. Va a mis shows, escucha los demos. Con Marianela (Bond) estábamos fanatizados con el video-danza e hicimos el video de “Los días”, donde aparecen personajes fuertísimos, como Juliana (Gattas, de Miranda!), haciendo coreografías de video-danza.



- ¿Cómo mezclás el videoarte con Atahualpa Yupanqui y con Virus?
- Me criticaron mucho por eso. En cualquier otro país, un artista lo hace y no pasa nada o es un genio, pero acá hay muchos prejuicios contra el folklore y el tango. Jeff Buckley hace “Hallelujah!”, un tema de la iglesia, y lo reinventa. John Cale también lo hizo. Pero yo escuché “Yo soy libre” (de Yupanqui) y fue un tiro en la cabeza. Me gustan Larralde y Cafrune, pero el surrealismo de la poesía de Atahualpa, su acabado de la poesía, es la síntesis de la síntesis.

- Una síntesis en tu idioma, además.
- Escuchás a Atahualpa y decís “¡Dylan, las pelotas!”. Yupanqui se conecta con lo que llevás en la sangre, con la idiosincrasia y la cultura que llevamos en el ADN. Como el tango, llega a nivel supracomunicacional, como por wi-fi. Y me parecía un desafío mezclar Atahualpa con ideas conceptuales de (Brian) Eno y minimal tech alemán. Él tenía libertad de prejuicios para ver la esencia de las cosas.

- “…para mí que es el amor después del amor”. ¿Y “Dicha feliz”?
- Virus es la belleza por otro lado, por la femineidad y la delicadeza del hombre, y por el sonido innovador que lo convirtió en símbolo del pop en argentina. Soy fanático de Virus, Locura es uno de mis discos favoritos y ese tema me rompía la cabeza. Un día me bajé los cifrados de internet y la toqué con la guitarrita. No soy un guitarrista virtuoso, pero el resultado me gustó. Y disfruté ese juego de simplificar el tema, de sacarle todo y hacerlo lo más concreto posible.

- Te propongo nombre para tu disco, ya que aún no lo tenés decidido: Bloque de hierro. ¡Cómo estás con lo macizo y concreto!
- Es que siento que el disco está muy sólido, muy macizo. No quise intentar ser demasiado artístico ni pecar de pretencioso. De hecho, los otros discos estaban sobrearreglados. Éste no, pero por otro lado está muy laburado. Si un tema no me cerraba, lo bajaba al piano y buscaba ahí. No suena vacío porque esta muy bien arreglado, pero con arreglos sólidos. No es superposición y superposición.

- Partiendo desde el electropop, te lo podrías haber permitido…
- Mirá, hasta la década de 1960, existía la composición musical porque se usaba piano occidental y todo era contrapunto, contranota. Pero con la invasión de la música estadounidense, que por tener base africana destaca más el groove negro y el pattern, se cortó. Y llegamos al rap, hipnótico, estático, y un tipo que recita encima. Eso es hoy la música y la edición es eso: un loop, y arriba del loop, fruta. Para mí es una manera represora de hacer música, parecida a la que (Michel) Foucault y (Herbert) Marcuse le atribuyen a la publicidad en “el lenguaje de la represión”: una idea repetida que te entra por hipnosis aunque no quieras.

- En ese sentido, ¿cómo pasás de hacer música para los oídos a hacer “Música para los ojos”, música visual?
- Desde (Cláude) Debussy se habla de “color” en la música. En 1920, (el artista plástico expresionista Wassily) Kandinski hablaba de música y los músicos de pintura, había un intercambio. (El pianista y violinista Igor) Stravinsky fue el primero en samplear: escribía células y las yuxtaponía creando escenas que salían para otro lado, como en el cine. (El compositor alemán Karlheinz) Stockhousen cortaba y pegaba cinta. Eran visionarios. Hoy, yo grabo un disco cortando y pegando pedazos de colores (por las pistas registradas en su laptop). Después se gestó esa idea de que tal nota sobre tal nota es verde sobre rojo.

- ¿Y qué colores suenan en tu próximo disco?
- Hay reminiscencias a un par de temas que me maté escuchando el año pasado, sobre todo romántico de la década de 1960 y más antigua, como Ray Charles, Edith Piaf. Estaba enamorado, me rompieron el corazón y agarré a los cantantes tirados, (Roberto) Goyeneche y esa expresión. Me mandé un par de esas y otras más para la pista. Porque en el mp3 tengo desde trío Los Panchos a Scott Walter (el crooner norteamericano residente en Inglaterra hace 40 años).

- Y de Moura, ¿nada?
- Federico me influenció bastante menos de lo que se piensa. Dicen que lo copio, pero yo no tengo la culpa de tener esta nariz o esta cara parecida a la de Moura. ¡Mirá si nacía parecido al de Kiss! Obviamente, a Moura lo tuve muy presente en los discos anteriores, pero en éste no. Me influenció más Roberto Jacobi (el poeta, artista plástico y letrista de Virus, no el ex tesorero de River ) que Moura.

- ¿A la hora de componer?
- En todo sentido, porque llegué a ser su amigo, a que me explique de arte conceptual y que me enseñe. Por otra parte, en este disco estoy más cerca de Charly García y Ciudad de pobres corazones de Fito Páez. Hay yuxtaposición pero con el rock nacional: traté de meter a Los Violadores con Charly y con Fito, pero también con León Greco y Luis Alberto Spinetta. Agarré el rock nacional y lo puse en una licuadora, desde las letras especialmente. Y la música es muy concreta, como hice con “Dicha feliz” y “Soy libre”, que los reduje a su esencia sin cambiarles el ritmo, que está bueno, pero hay que saber hacerlo. ¿Viste los que dicen “hagamos punk tal tema” y no tiene nada que ver? A eso me refiero.

- No entiendo por qué ninguna banda reversionó aún esa canción de Larralde: “¿Quién me enseñó a ser bruto, quién me enseñó, quién me enseñó, si en la panza de mamá no había ni escuelas ni pizarrón? Y, según dicen, nací varón porque en el pique faltaba un peón”.
- No la conozco

- Y yo no recuerdo el nombre


Sitio: http://www.leandroviernes.com/

jueves, 14 de febrero de 2008

Yendo de la cama al cine (sexo, no pornografía)

Los organizadores del octavo Festival Internacional de Cine de Temática Sexual abrieron la convocatoria para presentar trabajos cinematográficos para la muestra que se realizará en la Ciudad de Buenos Aires a mediados de año. Según contó su director a Agencia NAN, los ocho cortos que los organizadores consideren más interesantes serán mostrados en el cine Gaumont o en el complejo Tita Merello. La invitación apunta a realizadores argentinos o extranjeros, con obras de hasta 20 minutos de duración, y con la única condición de que sus cortometrajes tengan al sexo como tema y eje. Hay tiempo para presentar trabajos hasta el 30 de abril.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, febrero 14 (Agencia NAN).- Hay dos adolescentes en un diván, manoseándose y besándose. Hay urgencia en la manera en la que se tocan. Él desliza una mano debajo de su strapless y ella se deja acariciar el pezón. Pero, levemente sorprendida, lo detiene cuando él intenta pasar otra mano por debajo de su chupín verde limón. Un ratito más tarde, asiente. Él comienza a quitarle la ropa. Y ella a él. Desnudos y forro mediante, curten un buen rato. La escena podría ser parte de cualquiera de los cortometrajes que participe de la octava edición del Festival Internacional de Cine de Temática Sexual, siempre y cuando su autor envíe su producción antes del 30 de abril, según anunciaron sus organizadores.

Las obras seleccionadas participarán en la competencia oficial, que se llevará adelante en septiembre en la Ciudad de Buenos Aires. Según precisó a Agencia NAN el director de la muestra, Fabio Zurita, participarán ocho películas -documentales o ficciones, comedias o dramas-, que deberán cumplir con una única condición: estar atravesadas por el sexo. En paralelo, serán proyectados “los mejores films no seleccionados, películas invitadas y cortos de ediciones anteriores”, aclararon los organizadores. Las obras podrán tener hasta 20 minutos de duración y la convocatoria está dirigida tanto a realizadores argentinos como extranjeros.

“Aunque no nos oponemos a los pornográfico, éste no es un festival porno. Se trata de difundir producciones de todo el mundo, que apoyen o creen nuevas tendencias y propuestas estéticas que aborden el tema del sexo y que sean poco exhibidos en los circuitos comerciales y otros festivales”, explicó Fabio Zurita, director de la muestra, en diálogo con esta agencia. Al respecto señaló que “aún hay muchos prejuicios sobre el sexo y se lo considera un tema tabú”.

Así, se podrán contar historias de amor y deseos hetero, homo o bisexuales. Pero también acerca de abusos a nenes y nenas, que fue la temática que “predominó en la muestra del año pasado y sirvió para generar debates”, contó Zurita. Pero aclaró que los cortos “no apuntan a la promiscuidad, sino a la libertad de pensamiento sexual, porque el sexo es cultura y es necesario debatirlo para crecer”.

Este año, la selección de las obras se llevará a cabo en cuatro sedes del país. Por el momento, están La Pampa, La Rioja y Buenos Aires fueron confirmadas, en tanto que la cuarta será Córdoba o Chaco. Cada sede elegirá dos obras y en agosto se publicará el listado de películas que integrarán la competencia.

Los requisitos, bases y formulario de inscripción se pueden consultar en el sitio
http://www.galloverde.com.ar. En tanto, los audiovisuales deberán ser enviados, con el encabezado “Festival de Cine de Temática Sexual”, a la sede del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA), ubicada en Juncal 2029, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El festival fue ganando terreno desde su primera edición en 2001, en una panadería que, actualmente, funciona como Teatro Cultural de Morón, en esa localidad del oeste del conurbano bonaerense. Ya desde entonces, la iniciativa artística estuvo unida a la concientización de la sociedad respecto de la educación sexual y la prevención de enfermedades venéreas.

En su tercera edición, en 2003, el festival desembarcó en la calle Corrientes y obtuvo el auspicio del Instituto Nacional de Cines y Artes Audiovisuales (Incaa). Este año, el festival tendrá lugar, con entrada gratuita, en el cine Gaumont de Congreso o en el complejo cultural Tita Merello.

Además de las proyecciones, se llevarán adelante charlas en escuelas del interior del país, con el objetivo de abordar la sexualidad como algo natural y no como un tabú. “Queremos educar en la concepción del sexo como algo placentero, sin olvidar la importancia de cuidarse en las relaciones”, explicó a Agencia NAN el director de la muestra. Además, a los concurrentes al festival se les entregarán preservativos. Para que, con tanta información visual junta, puedan descargarse sin perder el cuidado en la salud propia y ajena.

viernes, 8 de febrero de 2008

Billordo: “Si toco en River van cien personas, pero yo soy el quiebre”.-

Luego de casi cuatro años de asueto discográfico, Billordo acaba de lanzar su tercera placa, A full: hagamos de esto una leyenda. Alejado de la etapa de ensoñación amorosa de Love Fidelity y más cercano al proceso de ruptura sentimental de Amor es capital, las canciones nuevas se cuentan entre las más ácidas, políticas y extrañas que Diego Billordo haya compuesto jamás. La excusa de disco nuevo y gira en camino permiten a Agencia NAN volver a entrevistar a un artista que no tarda en opinar sobre el indie post Cromañón, intentar congeniar la modernidad y el clasicismo, ni repartir palos para todos lados. Encima, se despacha con anécdotas de la gira, sus inicios y sus chicas.

Por Luis Paz

- No habrá introducción para esta entrevista. Es lo suficientemente larga y ya te están leyendo. Explicales si te afiliaste a algún partido político o qué pasó, porque estás muy político en este nuevo disco…
- No es que yo esté muy político. La gente calla. La gente cree que Chabán no es culpable, pero no lo dice porque es tabú, lo armó un momento. Yo soy real y me hago cargo y eso choca. No hablaba mucho porque detestaba el panfleto sin sustento. Pero las bandas que llenan estadios son las que más la caretean con sus discursos de “soy pobre como vos” y esa demagogia. Murmurando “tiremos una mentira al pueblo que se la come”. Eso me limaba. Después dije “fuck off, lo hago a mi manera, con mi Foucault, mi Noam y mi idea sobre la izquierda”.

- Te afiliaste al PO, no nos jodas.
- Jaja, no. Para la movida combativa mi arte es muy modernista. Todo bien, pero termino pareciéndoles capitalista porque sostengo que llevamos muchos años de activaciones tecnológicas y hay que buscarle a ese tiempo y costo algo piola. Mi música es de izquierda y no va de la mano con la izquierda tradicional. Pero muestra que se pueden hacer canciones desde esa posición y ser moderno.

- ¿Estás intentando reeducar a la izquierda?
- A los pibes, en realidad. Alguno debe haber puesto en los buscadores qué mierda es esto que nombra Billo en tal tema, eso suma. Para mí generación estaba bueno saber. Trato de meter esas cosas porque alguien se va a preguntar. Yo lo que sé, lo sé porque me interesaba. Hay gente que juzga lo virtual por ser virtual, pero estamos en un momento en el que uno se puede enterar de muchas cosas sin tener dinero. Por 25 centavos cada 15 minutos de internet.

- En ese sentido, usás muy bien las herramientas virtuales.
- Un anarco de Quilmes que conocí en la facultad me dijo: “Yo tengo mi blog, uso los medios del capitalismo para joderlos, no dejemos que estos viejos de mierda nos priven de esto. Agarrá esas mierdas yanquis y poné tus ideas”. Él me despertó en eso. Tenía una banda, Iglesia SA, tengo un calco en mi viola. Lo atacaron skinheads una vuelta. Empecé a jugar con lo virtual y al principio Fotolog me parecía el himno al caretaje. Pero antes de que me lo cierren, entraban mil personas por día. La Bersuit metió cincuenta mil en River y en Rock & Pop había que votar y los votaron seis mil. Mis videos tenían el doble y yo no lleno River. Si yo llego a tocar en River van cien personas.

- Si lo hicieras en YouTube te verían muchos más…
- Sí, pero cuando pensé en hacer un recital por internet mi estructura de computación y audio era muy baja. En algún momento lo voy a hacer.

- Volviendo al disco --si es que ya habíamos empezado a hablar del disco--, ¡está plagado de potenciales hits!
- Tienen ese dejo de hit, que capaz porque canto no sé qué o afino no sé cómo no lo son. Ahí esta mi rebeldía. En el colegio querían que yo fuera prolijo, toda mi vida lo quisieron. La prolijidad en mí la buscaban los que estaban contaminados por el “orden y progreso” de la represión. Eso de ir derechitos por la derecha.

- Y en señal de rebeldía mantenés tu lado freakie…
- A pesar de mis depresiones tengo muy buen humor. Cuando voy de viaje, voy tirando chistes. El show dura una hora y los temas ocupan media, porque hablo mucho. Es divertido, me parece que siempre hay algo para decir. Cuando voy a ver una banda y tira algo que no estaba previsto me divierto más, es necesario.

- Ahí está la diferencia entre el disco y el vivo, que puede tener menos calidad de audio pero tiene que dar algo más. Pero, ahora, ya desde el disco estás dando mucho más calidad que antes. ¿Qué pasó?
- Venia muy low-fi, de grabar en casa y que suene mal. Mantengo mi rebeldía, pero uno tiene que negociar un mínimo para que lleguen más ideas. Acepté negociar el audio. Grabé algo de vanguardia y under en el mismo estudio que Pappo, (María Gabriela) Epumer, (Francisco) Bochatón o Soda Stereo. Ponés play y el disco suena tan fuerte, claro y nítido como una banda grosa. Pero en eso claro y nítido que suena digo cosas que no son claras y nítidas.

- Siempre se te reprocharon tu afinación, tus arreglos y los modismos que usás. Este disco tiene tus mejores afinaciones y hay un salto en la elaboración de los temas, aunque sigan siendo cortos…
- Fue una decisión. Es más, en el próximo disco voy a meter un solo largo. No es que no hago cosas porque no sé, es porque quiero que valoren más la actitud. El talento innato es valorable, pero veneramos a artistas como dioses o marcianos. La gran mayoría no tenemos eso innato. Yo sí puedo tirar un falsete. Escuché de todo, desde clásica a punk. Me gustan muchas cosas y las junté. Pero si metía un ska tenía que meter teclados y trompetas. Tenía que hacerlo y me gustó.

- ¿Y al resto le gustó?
- La prensa dice que este es mi mejor disco. Los fans dicen que el primero y el segundo eran mejores, que este “está bien”, pero me bancan, me hacen el guiño. Tenía miedo de que no me banquen más. No sólo tengo buena cara porque estoy garchando mucho, tengo trabajo y mi banda va bien. Tengo buena cara porque la gente que a mí me importa en esta jugada que me mandé me sigue bancando. No es el miedo de la banda que vende y que dice “voy a perder mis fans”. Es de decir “loco, voy a perder mis punteros”. Esto es política. Y siguen. Y hay nuevos.

- Muchos que aparecieron en los últimos años. Pasaron tres y medio, ¿por qué tardaste tanto para sacar el tercer disco?
- Soy sincero, Amor es capital es 2004 pero pegó en 2006 y había que laburarlo. La bandera del under hecho en casa es sacar disco cuando se te canta el culo. Me privé de sacar este antes para que el anterior se agotara. Se vendieron cien en dos años, y en el último año y medio se vendieron novecientos. En un país de treinta millones de personas, pero para mí son personas especiales. Por otro lado, me gusta tomar vino y cuanto más añeja mejor. Y no tengo prensa pagada, manager, sello, promotor ni nada. Hago todo yo, a todo tengo que ir yo. Yo estoy pila pero tardo meses en armar cosas, aunque las fechas salen solas.

- Esa experiencia acumulada se nota en el disco. Hay una evolución.
- Estoy más grande. Si bien tengo cosas innatas y fui muy vivo desde pendejo, en cosas perdí la virginidad a los diez y en otras a los treinta. Tengo más oficio, que lo sumo a la fiesta y el reviente. Mis sábanas son un libro abierto. Alguno dirá “¡qué pelotudo!” o “¡qué bien!” o “¡qué pajero!”. Pero mi corazón, y ahora van a decir “¡qué boludo!”, está lleno de agujeritos. Yo la viví y estoy en un buen momento. Me gustaría tener una mujer y una casa. Tengo canas, pero también me encanta que las chicas vengan a casa un domingo. Eso no lo voy a desmentir.

- Oponiendo los temas a cortes difusión anteriores. “Por siempre adolescente” expresaba alegría pero mostraba que estabas creciendo y no te querías alejar de esa vida. Y “Llamaron y es una mierda” es muy denso, oscuro. Acá hablás desde otro lugar. Como superado.
- Amor es capital fue bravo en todos los sentidos, y “Por siempre adolescente” era divertido a pesar del resentimiento social de “no me baño y sé que huelo mal”. Acá hay contagio de las canciones, sé que este disco va a andar bien y eso me pone de mejor humor. Pero Amor es capital fue jodido, un año muy choto. Con mis amigas de verdad tengo el mejor sexo, más cercanía y más verdad. Cito a una porque tiene la llave de mi casa y puede tener el código de mi cuenta que no me va a faltar un peso. Me dijo: "Amor es capital sale de las tripas”. Salía de las tripas, del culo, del corazón, de la mente. De todos lados. Me dolía todo.

- ¿Para quién componés? ¿Tenés una idea de lo que tu club quiere?
- Los primeros fueron para mí, porque no tenía público. Después de que se vendieron cuatrocientas copias del primero y mil del segundo compuse para ellos. Este es para cualquiera, la mayoría de la gente que conozco, además de Sonic Youth o Joy Division, escucha ska. Hasta en la Patagonia suena el ska. Tengo esa influencia, viajé mucho a otras partes del mundo también y la gente le daba mucha bola al hip-hop, la bossanova y el acid folk. Me bancaron dos low-fi y les tiré uno que querían aunque no me lo pidieron. Este disco es lo que yo vi.

- Habrá sido algo heteromorfo, porque tiene muchas variaciones.
- “Mi chika limón Hey! Ho!” era rock clásico, Led Zeppellin con Black Sabbath, pero por ruido y modernidad sonaba a White Stripes. Le di velocidad y quedó otra cosa. Lo escuchás y parece un robo a Sonic Youth. Pero no vas a escuchar melodía igual en su carrera. “La puta de un vestido azul” parece Pulp y termina en ska. Me gusta Jarvis Cocker y Madness y los mezclé. Me gusta que la música sorprenda. Yo meto ese ska final en un tema y sorprende, pero si estamos en una fiesta y ponen ska lo bailamos. Hagámonos cargo de que fumamos porro y escuchamos Bob Marley. Amo el reggae, tenía un par de dubs para meter en este disco y no los metí. Los guardé para otra idea futura. Tengo instrumentales que quiero grabar, no sé sólo instrumentales o que sea un disco doble con versiones.

- A lo Fermín Muguruza…
- Claro. O como Lee Scratch Perry o como lo de Primal Scream en Matchpoint. Esas cosas influyen y se van metiendo. Como The Streets o Ian Brown que te meten violín sobre un hip-hop. En mi hip-hop las bases son breakbeat, pero uso métrica vieja escuela de Nueva York. Y me dicen: “Te hacés el yanqui”. Me cago. ¿Y los Ratones Paranoicos qué? ¿Son de Londres? Las Pelotas le afana a Marley. Mezclan con Joy Division, pero la gente que los sigue no escucha Joy Division. Lo escuchan los de Pop City! o el Salón Pueyrredón o los de las fiestas Compass.

- Y se podría escuchar Billordo también. Si tuviera que elegir una canción tuya para pasar en una fiesta, pasaría el disco completo.
- Mirá, yo laburé de periodista y hacía críticas de discos. Arranqué un proyecto, el No Sé, el suplemento sin diario. Una tirada de cinco mil. Se me complicó, lo cerré y arranque el Ya Fue con una distribuidora under. Intercambiaba discos y fanzines por carta y hervía las estampillas para volver a usarlas. Si un amigo o familiar iba a Europa o Estados Unidos le pedía revistas de allá. Hoy, la prensa no escucha los discos. Y no es por el MP3, no jodamos. Si tuvieran 21 promedio lo acepto. Pero los que dominan la prensa tienen mi edad (31) o son más viejos, vienen del CD o son del vinilo. Está todo bien con el MP3 pero rompe el álbum. Quizás más adelante vuelva el single. Pero mientras tanto estamos con el álbum.

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Discos: “A full: hagamos de esto una leyenda” (Billordo, 2008).-

La tercera placa de Diego Billordo (o Billordo, a secas) es un collage ácido de melodías bubblegum, folk, indie punk, hip-hop y cumbia dancehall. Con momentos de iluminación poética y un notable progreso musical y vocal, el frontman platense suena maduro, político, e igual de bardero que siempre.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, febrero 8 (Agencia NAN-2008).- La ecléctica novedad discográfica de Billordo da cuenta de qué tan atrás quedó aquella etapa de fiel amor de su primer disco (Love fidelity, 2003), aunque mantiene latente el espíritu de ruptura que marcó el segundo (Amor es capital, 2004). Compuesta, ideada y conceptualizada por Diego Billordo, su título suena a manifiesto: A full, hagamos de esto una leyenda.

La banda suena como lo que es --una banda estable por vez primera en la historia de Billordo-- y Diego sigue haciendo lo que siempre se le festejó: invita a jovencitas con la regla a filmarse con ovejas y hacerlo en la bañadera (“Vuelve el terror de las niñas”), despotrica contra sus incontables ex (“La puta de un vestido azul”, “Mi chika limón Hey Ho!”), se queja de la escena del rock actual (“Brian Jones hates the streets”), bardea y se permite freakadas hip-hop old school (“Worale Guay Bakan Cool Groso”) y cumbia dancehall (“La chica de Once vs la Puerta Sol”); y se tira a cantar en inglés (“Noam Chomsky for president”).

Es más, hasta hace lo que siempre se le reprochó no hacer: canta bien, mete mejores arreglos, sobrevive a las grabaciones lo-fi y se reenamora del mastering hi-fi. A full: hagamos de esto una leyenda es un crisol de canciones, aunque compacto y con momentos de difícil digestión. Pero fiel al estilo polémico del compositor, el disco no da lugar a las medias tintas: encanta o bien se descarta.

No sería una sorpresa que a partir de este tercer trabajo discográfico Billordo comenzara a ascender en el imaginario colectivo. Aunque “Worale Guay Bakan Cool Groso!” y “La chica de Once vs la Puerta Sol” no son de escucha fácil, A full tiene momentos de brillante lucidez lírica (“Yo quiero ser PJ Harvey”, festejadísima por la prensa ibérica), algunas de las mejores afinaciones de Diego (“La puta de un vestido azul”) y aún así no pierde el tono político de su militancia indie: reza porque no haya más guerra en Irak, se despacha contra los “dirigentes, policías y milicos” que arruinan su domingo y contra los “periodistas, managers y groupies” que matan a su banda.

La placa muestra un Diego más maduro desde la lírica y la música, pero igual o incluso más enamorado de los escenarios y pistas de baile. Y la magia de la mayoría de los temas se disfruta mejor en vivo, cuando todo el abanico de estilos que abre A full se centra en el indie punk. Tres de los mejores estribillos que jamás haya escrito no están en el medio de sus temas ni son repetidos, y son las respectivas últimas estrofas de “Mi chika limón hey Ho!”, “La puta de un vestido azul” y “Prefiero otro deporte”.

En sí, se trata de un disco objeto. Un disco con un concepto cosmopolita, arty y moderno. Un concepto que engloba una decena de canciones que en sólo 37 minutos arrojan interrogantes irreversibles: ¿Es rock? ¿Es indie punk? ¿Es acid folk? ¿Es pop bubblegum? Sí, es todo eso. Pero, por sobre todo, es Billordo. Definitivamente, su álbum fundamental.
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