martes, 24 de junio de 2008

Libros: “La ruta del beso” (Julián Gorodischer, 2007).-

Escritor y una de las plumas más interesantes de la nueva generación de cronistas, Gorodischer ofrece una recopilación de crónicas con la sexualidad, la fraternidad, la obligación y la urgencia del beso como eje y sin ningún final feliz ni receta para solitarios: una composición sobre el arte del besar desde el lugar del forajido, del border, del wanna-be.

Por Esteban Vera.

Buenos Aires, 24 de junio (Agencia NAN-2008).- Con Roland Barthes como brújula, el escritor y periodista Julián Gorodischer es un cronista sufriente que desanda el camino del romanticismo para apropiarse de los besos verdaderos. Ese camino que llama La ruta del beso y que los incluye a todos: “El beso robado al ídolo por la fan atribulada, el exhibido en Internet como refundación del contacto, el trabajado por las aprendices de heroína de telenovela, el reivindicado por la nueva militancia GLTTB --Gays, Lesbianas, Travestis, Transexuales y Bisexuales--, el entregado por cualquier devoto al altar pagano, el compulsivo que se derrocha en la matinée como prueba a superar o el rememorado tras un encuentro de tercer tipo”. Pero atención: en la novela no habrá historias de amor con final feliz, ni recetas para solitarios.

Durante la preparación del proyecto y cuando recorre La ruta del beso, especialmente cuando siente que su proyecto “estaba a punto de declinar definitivamente”, el cronista “sufriente” acude a los Fragmentos de un discurso amoroso y a La preparación de la novela de Barthes, tanto como consulta Amor líquido, un ensayo del sociólogo polaco y referente del pensamiento posmoderno Zygmunt Bauman que sostiene que la Modernidad está definida por relaciones líquidas (o, en realidad, de contenidos líquidos que se adaptan a continentes sólidos) de las que es fácil escurrirse.

Si bien Gorodischer recurre a Barthes y Bauman, también revisita a Stendhal, Kafka, Salinger, Capote y Cortazar, entre otros, además de hacer referencia a películas de Alfred Hitchcock, a Fame, de Alan Parker, a Moulin Rouge y a la serie Los expedientes secretos X, de Chris Carter, entre otras alusiones a la cultura popular de masas. Allí es donde se evidencia que Gorodischer es un periodista especializado en televisión y cultura popular, actualmente en el diario Página/12.

Con ese acervo cultural, el cronista apuesta fuerte a su subjetividad para narrar cómo los devotos de Gilda besan las estampitas de Santa Gilda en su altar en busca de milagros, cómo las adolescentes del fans club "Corazón partío" van a la caza del beso de Alejandro Sanz, cómo es el (no) beso de una película pornográfica, el de los exhibicionistas de Internet, el chupón de un “stripper piquetero” a una mujer durante su show de nudismo, el de aspirantes a galán o heroína de telenovela, el piquito entre vedettes en Mar del Plata o los besos del tercer tipo de los extraterrestres en Capilla del Monte, Córdoba, que de por sí es tan extravagante que le sirve al cronista para finalizar su aventura.

En cada uno de los once capítulos que integran el viaje, Julián Gorodischer --autor también de Golpeando las puertas de la TV: crónicas de la fama repentina-- se inmiscuye, indaga, husmea, se mete en chats, locutorios, matinées, santuarios, bares, en los estudios de Televisa México, para hallar historias que tengan como protagonista al beso. Siempre lo hace interviniendo en la acción. En "Porno star (la muñeca, la bestia y un eyaculador precoz)" asiste al rodaje de un film XXX y se entrega a un maquillaje en su pene: “Hasta ahí”, avisa, ya que no le da incursionar como actor porno. O en "Temporada de caza (fanáticas en la plaza de la guardia eterna)", las fans lo convierten en un Alejandro Sanz señuelo: le pegan el rostro recortado de un póster del ídolo, para participar de una estrategia que les permita arrebatarle un beso al músico.

La ruta del beso es, entonces, una biografía sexual colectiva que encuentra su cauce en la realidad. Y sin dudas es una novela muy bien escrita y bien llevada en su estructura, aunque a simple vista no parezca ser una novela sino una serie de crónicas: hay un personaje principal --el cronista-- que atraviesa todo el texto, que participa en todas las historias. Así hay una estructura dramática, con introducción, desarrollo y desenlace, en la que Gorodischer se propone emprender un viaje para contar estas historias, afronta obstáculos y los supera, finalizando con resto la aventura de narrar esos besos.

viernes, 20 de junio de 2008

RedPanal: “Una colmena sin abejas reinas”.-

Así definieron sus desarrolladores a la red virtual de producción cooperativa de música RedPanal, en diálogo con Agencia NAN. Fue en el marco de la presentación del sitio, que se lanzó el pasado martes 17 en Argentina. Se trata de cuatro jóvenes músicos, productores de sonido y diseñadores que confeccionaron una red de intercambio de pistas, samples y loops de audio basada en licencias Creative Commons.

Buenos Aires, junio 20 (Agencia NAN).- El espacio cultural Carlos Gardel fue el lugar elegido para el lanzamiento oficial de la red social de composición musical colectiva RedPanal, el “primer espacio virtual de creación sonora colectiva en el mundo”, según sus creadores Matías Lennie Bruno, Guido Pera, Martín Galmares y Matías Neuburger. Durante la presentación, el pasado martes 17, los cuatro jóvenes explicaron que “la música colaborativa siempre existió" pero que "Red Panal amplía la capacidad de que esa colaboración se dé a través de la web, borrando todo tipo de fronteras entre países y comunidades".

De esta manera, los usuarios que se registren en el sitio pueden subir sus letras, sonidos, pistas, canciones y partituras, para que este contenido pueda ser descargado libremente por otros usuarios que podrán reelaborar el material y volverlo a subir. Según Neuburger, este proceso permite a los usuarios “interactuar con las obras del resto y que los demás interactúen con la propia”.

Desde el escenario del Carlos Gardel, Matías Lennie no desaprovechó la oportunidad para destacar que el lanzamiento del sitio es “una apuesta a las nuevas tecnologías”. También se refirió a "la importancia de entender a la cultura como un factor clave de desarrollo humano". Estas palabras dieron lugar a la proyección de un video en el que Pera explicó que la programación del sitio surge del conocimiento de “nuevas herramientas y aplicaciones web que facilitan proyectos de este estilo".

Luego del video y para demostrar la diversidad musical que propone el sitio, uno de los artistas invitados, el multi-instrumentista Santiago Vázquez, deleitó a los presentes con diferentes sonidos que salían de sus instrumentos de viento y percusión combinados con samplers.

RedPanal es una red social con eje en la música, al estilo de MySpace, pero con ciertas diferencias conceptuales: “Para nosotros, lo fundamental es la composición colaborativa, mientras que en MySpace lo es la difusión”, se ponen de acuerdo las cuatro cabezas que diseñaron RedPanal y que conforman el Colectivo Eternauta. La idea para el desarrollo surgió hace un año, aunque la programación del código fuente del sitio demoró ocho meses.

Hoy por hoy, RedPanal permite crear un sitio propio en el dominio del servidor, subir archivos multipista en los ocho formatos digitales de audio más comunes, un sistema de mensajería entre usuarios y un tablón de clasificados donde pedir determinadas pistas o colaboraciones, foros y grupos, elementos muy similares a los de otras redes sociales. Pero RedPanal también incluye reproductores embebibles, que pueden colocarse en blogs y funcionar como radios propias donde difundir las creaciones colectivas.

Todos los contenidos son creados por los propios usuarios, lo que es eje del cambio del paradigma de la web a secas a la web 2.0: el usuario ya no como mero consumidor, sino como productor de contenidos. La idea es que, “cuando la infraestructura tecnológica argentina lo permita”, el sitio cuente también con un editor online, lo que haría prescindible la compra de costoso software de edición digital de audio.

SS-LP

Sitio:
http://www.redpanal.com

martes, 17 de junio de 2008

Recitales: Gondwana en Niceto.-

La visita de la banda emblema del reggae chileno, con 20 años de trayectoria independiente, fue una nueva señal de que el género goza, en Latinoamérica toda, de muy buena salud . Ya sin Quique Neira, suerte de Fidel Nadal trasandino, en voces, la banda de nombre triásico sigue igualmente aportando color, calor y buenas composiciones, con una mirada crítica sobre la actualidad regional. Agencia NAN fue a escuchar su panorama.

Por Adrián Pérez.

Buenos Aires, junio 17 (Agencia NAN).- Decir que todos los caminos (y la música) conducen a Jamaica sería ir contra la corriente. O, mejor dicho, contra Babylon System. Sin mapa ni brújula, pero con la certeza de asistir a una de las mejores performances de reggae roots --con 20 años de trayectoria en la escena latinoamericana--, los 1500 fans que se dieron cita el pasado martes 10 en Niceto confirmaron la vigencia de este estilo, haciendo caso omiso a los 10 grados que marcaba el termómetro y que se hacían sentir en la cola de cuadra y media que esperaba por la segunda visita a Buenos Aires de la banda chilena Gondwana.

Precisamente, Gondwana fue el nombre que llevó en el Triásico --hace 200 millones de años-- un extenso bloque continental correspondiente al sector meridional de Pangea, un súper continente que aglutinaba todos los actuales. De aquella región surgieron, hace 40 millones de años, por una serie de desprendimientos, Sudamérica y África, que fueron, tiempo después, tierras de tambores tribales, ritmo, voz y canto.

El show de Gondwana comenzó 15 minutos después de las 22 con un medley encabezado por “Jah Children”, al que le siguieron “Reggae is coming”, “Fight” y “Guerra”. Pegadito, sin dar mucho respiro, sonaron los primeros acordes de “K-In”, el primer corte de difusión de Resiliente, su quinto álbum de estudio, que comenzó a rodar en Santiago de Chile en diciembre de 2006 y llevó a la banda trasandina a presentarse en El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Bolivia, México, Colombia, Perú y Argentina, pero también en Estados Unidos, Suecia, Finlandia, Estonia y Dinamarca. Según el bajista I-Locks Labbé, Resiliente es una “palabra que se utiliza entre los brujos cuando superan las adversidades y los problemas”, una alusión a sus 20 años de existencia, que los llevaron “a superar todos los obstáculos para seguir adelante con la banda”.

El color y calor de la tercer fecha –-segunda agregada por localidades agotadas—de los chilenos en el boliche de Palermo mostró una ajustada sesión de vientos, encabezada por Hugo Prado en trombón, "Gato" Ramos en saxo y Patricio Luco en trompeta; junto con la rítmica apoyada en el bajo de I-Locks Labbé --socio-fundador de la banda--, la batería de Yayo Loyola y la percusión de Leo Dread --quien hizo varias intervenciones como segunda voz, dando gala de sus dotes como Harper--. Todo sazonado con la joven voz de Maxi Vargas, la guitarra de Fabián Córdoba y los teclados de Diego Valenzuela.

A continuación, un público que promediaba los 25 años coreó “Divina verdad”, canción que en su letra declara que “Babilonia no quiere que seamos mejor, porque su filosofía es injusta, su ideología y doctrinas asustan”. En la misma línea lírica, Leo Dread “rapeaba” en plan MC el estribillo de “Warning”, algo así como “warning for you, warning for me, is the madness in the street”. Adelantados los chilenos, si pensaron en la locura que se vive por estos días en nuestro país, con la tediosa “crisis del campo” y la manipulación mediática.

Como el reggae también le canta al amor, los besos y caricias no se hicieron esperar y llegaron de la mano de “Armonía de amor”, “Dulce amor”, “Mejor que intentes otra vez”, “Mi princesa” y “Felicidad”, uno de los más cantados por un auditorio atento, respetuoso y conocedor de la trayectoria de Gondwana. Un inspirado Maxi Vargas arengaba: “Arriba Buenos Aires, esto es una fiesta de energía y buena onda para nosotros y para ustedes”, mientras los vientos daban paso a “Changa Langa”, del álbum Together (1999), que junto a “Armonía de amor” los llevó a superar las 70 mil copias vendidas durante ese año.

“Verde, amarillo y rojo”, del disco Alabanza (2000), además de la consabida referencia al verde de la ganja, el amarillo de la riqueza de la Madre Tierra y el rojo de la sangre derramada por el pueblo africano; mezcla estas imágenes cuando expresa que “nuestra tierra es un ser vivo, tierna madre con sus hijos, canto un salmo de alabanza, arcoiris de esperanza, equilibrio en lo creado, Jah Almighty ha iluminado, solo igual a la certeza, mí espíritu vive por ti”.

“La puerta sigue abierta”, uno de los temas más interesantes de Resiliente, esta vez no contó con la presencia del carismático Pablo Molina, de Todos Tus Muertos, quien a salto partido metió su soundsystem en las dos primeras noches con una voz cuidada que pintaba un cuadro de los tiempos que se viven: “La gente no tiene dirección ni sabe a dónde va, tampoco a nadie le importa más, siguen un modelo de ficción, Disney Channel en la televisión, los chismes de la farándula y la propaganda virtual, tristeza, tristeza de pensar en la humanidad de hoy, tristeza, tristeza de pensar en la humanidad de mañana”.

El segundo medley engarzaba “La puerta sigue abierta” con “Forever loving Jah”, infaltable tema en el cancionero de Bob Marley, perteneciente al disco Uprising (1980). Y otra vez llegaba la profundidad del reggae, de la mano de Vargas, quien dejó en claro la posición de la banda: “No queremos decirles que crean en esto o en aquello, sólo necesitamos ser buenas personas para cambiar las cosas”.

Cuando “Aire de Jah” y “Sentimiento original” parecían clausurar la noche, como todo amague que invita a seguir disfrutando de la buena música, llegó el turno de los bises. El público estalló con los primeros acordes del bajo en “Stir it up”, otra nueva evocación al padre del reggae y su disco Catch a fire (1973). Y allí se sumaron los vientos de Los Cafres: Manuel Fernández, Guillermo Rangone y Juan Canosa. El cierre se acercaba, pero antes sonaría “Keep the faith” (en las antípodas del meloso tema de Bon Jovi), “My love”, “Antonia”, “Give your love” y, para culminar, “Could you be loved”, clásico de clásicos del Marley de Uprising.

Si bien el set de la tercera de las cuatro noches --al igual que en las veladas anteriores-- no contó con el cotillón y el agite de otros recitales, fue también contundente. En hora y media, Gondwana, una de las bandas chilenas de referencia en la escena, desplegó su arsenal reggae trasandino en Buenos Aires.

Ya es medianoche y la gente se retira con una sonrisa en la boca, con la sensación, al igual que este cronista, de que el reggae regional vive uno de sus mejores momentos. Luego de una cuarta y última presentación en Niceto, Gondwana completó el capítulo argentino en Tucumán y Córdoba y viajó a San José de Costa Rica, donde tocarán este jueves 19. Luego, cerrarán el mes en Bahía Bar, Maracaibo, Venezuela.
Las presentaciones de los jamaiquinos Don Carlos y Pablo Moses; una nueva edición del Bob Marley Day y los últimos lanzamientos de consagrados locales como Riddim (Preparen, apunten, fuego) o Los Cafres (Barrilete y Hombre simple) demuestran que, a pesar de lo que piensen algunos, el reggae goza de buena salud y atravesó la barrera de la “música de verano” hace rato, para quedarse entre nosotros regalándonos “música para volar”. Al menos, para no sentirnos tan solos en esta jungla de cemento. Larga vida al reggae.

viernes, 13 de junio de 2008

Mujeres Públicas: “Hacemos arte feminista político, urbano, callejero y público”.-

Es la primera organización feminista que trabaja problemáticas de género a través de obras de arte emplazadas en la vía pública. Activismo, arte, creatividad, humor y comunicación son los elementos que conforman la pócima del colectivo, según le explicó Magdalena Pagano, una de las creadoras, a Agencia NAN. “Somos un grupo artístico y político que trabaja problemáticas de género desde una perspectiva feminista general y preferentemente en el espacio público, mezclando el activismo, el arte, la creatividad, el humor y la comunicación.” Recientemente, editaron un libro al estilo Elige tu propia aventura, con un concepto que enfrenta a la “sociedad machista-capitalista”.

Por Ailín Bullentini.

Buenos Aires, junio 13 (Agencia NAN).- Primero fueron afiches diseminados por las calles de Buenos Aires. Luego, stencils y pequeñas intervenciones artísticas sobre las publicidades que suelen empapelar las veredas de Buenos Aires. Le siguieron panfletos, cajas de fósforos y llaveros. Así, de la misma forma en que se cruzan miles y miles de personas en su tránsito diario por la urbe porteña, el mensaje de Mujeres Públicas comenzó a circular: caótica, azarosa, expansivamente. Se trata de obras que abordan, desde el humor, problemáticas de género como el aborto, el modelo de belleza y la elección sexual. “A partir de la organización armónica y estética de elementos en un espacio, armamos cosas divertidas que seducen, para decir algo sumamente pesado, comprometido”, sostuvo Magdalena Pagano, una de las militantes feministas que crearon el colectivo, en 2003. En diálogo con Agencia NAN, explicó cómo nació y funciona el grupo y habló sobre su último trabajo: el libro Elige tu propia aventura; la increíble historia de una cualquiera de nosotras.

- ¿Cómo nació Mujeres Públicas?
- Antes de formar Mujeres, participábamos en grupos que hacían arte callejero e intervención urbana desde una perspectiva política. Cada una, en su camino, fue interiorizándose en las ideas del feminismo y se fue dando cuenta de que los grupos a los que pertenecíamos no abordaban problemáticas de género o lo integraban en temáticas donde quedaba perdido. Al mismo tiempo, nos fuimos dando cuenta de lo cerrado del discurso feminista, que tenía muy poco contacto con las mujeres no militantes, digamos. Y que, además, no había una relación fluida entre el arte y el feminismo. Ahí vimos el agujero que comenzamos a trabajar: aportar al feminismo estas nuevas maneras de expresión que tienen que ver con “ganar las calles” con un discurso mucho más directo. Así nacimos, con una forma de pensar y de actuar en la militancia despojada de la mirada del varón y con una iniciativa completamente distinta al diálogo con la sociedad.

- ¿Mujeres Públicas es un grupo de militancia feminista o un grupo de mujeres artistas que trabajan la temática de género?
- Laburamos desde el feminismo. Somos mujeres artistas visuales que vivimos y pensamos la cotidianeidad desde la cuestión de género. Nuestro arte trabaja la defensa de los derechos de la mujer. Desde el humor: no hacemos teoría, no somos escritoras. Si bien nos despegamos de las organizaciones en las que nacimos como militantes y nos movemos con nuestra propia ley, no perdimos el basamento político. Somos activistas del feminismo. Sin el elemento político no podríamos hacer lo que hacemos, porque nuestra esencia proviene de preguntas políticas acerca de las situaciones cotidianas que atravesamos las mujeres. Si nos tengo que definir como algo, podría decir que somos un grupo artístico político que trabaja problemáticas de género desde una perspectiva feminista general y preferentemente en el espacio público, y en donde se mezclan elementos como el activismo, el arte, la creatividad, el humor y la comunicación.

Magdalena trabaja junto a cuatro amigas: Fernanda Carrizo, Lorena Bossi, Verónica Fulco y Cecilia Marín. Tres de ellas dividen su vida entre Mujeres Públicas y las artes plásticas, o combinan ambas cosas, que vendría a ser lo mismo. Otra es licenciada en Ciencias de la Comunicación y aporta esa veta al grupo. La restante es médica y sólo colabora con el grupo “en condición de feminista”. “La conjunción entre las miradas estéticas, la de la comunicación y la que es totalmente ajena a todo, y a la vez tan miembro como las otras, da como resultado un combo de una llegada muy potente. Esa es nuestra fortaleza”, consideró Magdalena. Impacto y llegada clara a todos.

- ¿Cuál fue su primer trabajo?
- Fue un afiche bastante controversial que trataba sobre el aborto clandestino. Es un dibujo simple de una aguja de tejer y un ovillo de lana en la punta. Debajo de cada extremo de la aguja dos palabras, “escarpines” y “aborto”, y habla de eso que hacen algunas de introducirse la aguja para abortar. Lo pegamos durante una marcha que se hizo en marzo de 2003, en los actos del Día Internacional de la Mujer, en Montevideo y Corrientes. Fue toda una situación, porque nadie de ese mundillo feminista nos conocía y aparecimos ahí y empezamos a pegar los afiches como si nada. No llevaban la firma de Mujeres Públicas, como ninguna de nuestras obras, y eso dentro de lo político tradicional es algo que genera problemas porque la firma sirve para hacer responsable a alguien de un discurso. Nosotras entendemos que no necesitamos firmar para hacernos responsable de lo que decimos, tenemos muchas otras maneras. En ese momento, al no ser conocidas, golpeó fuerte. Incluso una persona de la marcha nos arrancó el afiche, discutimos y todo. Aunque después estuvo todo bien.

- ¿Por qué no firman sus trabajos?
- Sentimos que la firma molesta a la lectura. Y nos interesa que cualquier persona que camina por la calle se encuentre con el afiche y no sepa si está viendo una obra de arte, un afiche político o qué es lo que está pasando ahí. Queremos generar una incógnita y, al mismo tiempo, una relación de cercanía entre la persona y el trabajo, nadie te está diciendo “esto es mío”. Buscamos poner en funcionamiento la dinámica de reapropiación, por lo que no queremos marcar territorio como organización en lo que hacemos. Poner nuestra firma en los afiches, por ejemplo, sería absurdo. Además, sentimos que la relación que se genera con el objeto es mucho más profunda si no está la firma de por medio. En su lugar hemos logrado una estética, conformada por un discurso gráfico muy claro, blanco y negro, con mucha presencia de lo iconográfico, elaborado con materiales baratos, que es lo que nos representa. Eso es un gran logro.

La función artística de Mujeres Públicas es poner en escena algo que no necesariamente es lo que piensan en lo profundo, sino lo que sienten que es “necesario poner en la escena del discurso”, confesó la joven artista. El objetivo que persigue el grupo es que pasen cosas y que se suceda la transformación. “Es buscar el cambio de miradas, en mujeres y en varones”, explicó.

- ¿En qué se diferencia el libro de los otros trabajos de Mujeres Públicas?
- El libro es totalmente distinto, un cambio de modalidad muy drástico. Todos nuestros trabajos anteriores fueron elaborados con una dinámica más ágil; nunca estuvimos más de dos meses con una idea. El libro, en cambio, implicó mucho trabajo durante mucho tiempo y sobre la misma cosa. Además, requiere de otro tipo de tiempo del espectador. Las cosas que pasan con los libros pasan mucho tiempo después. Para nosotras fue todo un shock.

- ¿Por qué decidieron escribir un libro?
- Nuestro laburo siempre fue el mismo: reflexionar sobre una idea y sintetizar las conclusiones en un objeto. Pero llegó un momento en que empezamos a sentir que lo que queríamos decir ya no entraba en las cosas que veníamos haciendo. Queríamos contar cosas que no se podían resumir a ese grado.

- ¿Cuál fue el disparador?
- El caso de Romina Tejerina (la joven jujeña condenada a 14 años de prisión por asesinar a su hija, recién nacida, producto de una violación). Queríamos contar la sensación que tuvimos de que Romina, al igual que muchas otras, estaba atrapada en una red de la que no podía escapar. Las mujeres, en este mundo patriarcal y capitalista, circulamos en una red donde nuestras decisiones son castigadas: nuestra realidad está atravesada por el modelo de la belleza, el aborto, la familia, el mandato de ser madre, la profesión, la elección sexual. Son situaciones que llevan a la mujer a elegir caminos que de ningún modo la salvan del juicio de los demás. Es más, la mayoría de las veces son castigadas. Es imposible reducir eso a un afiche, un panfleto o un objeto pequeño. Al principio se nos ocurrió hacer un juego de mesa, pero abandonamos esa idea por la corta llegada que podíamos tener con algo así. Con un libro tocamos a más personas.

- ¿En qué movimiento artístico emplazarías Mujeres públicas?
- En las vanguardias que invadieron Argentina en la década de 1960, algo muy conectado con el Di tella, con Tucumán Arde. De ahí tomamos la tradición del arte político-urbano-callejero y público. Lo que hacemos tiene un componente del absurdo muy importante, está atravesado por el humor. Ahí hacemos pie, en eso de romper códigos permanentemente. Es una decisión política: hay un momento en donde sólo queda la risa. Porque, a veces, el abordar temáticas tan jodidas desde el humor tiene otra llegada. En el libro eso se ve muchísimo: es agresivo, totalmente incorrecto. Nos reímos de las desgracias de las mujeres, de las gordas, es un delirio. Hacer humor tiene que ver con reírse del otro y hasta de uno mismo, y por eso mismo hay temas que no trabajamos, como la trata. No podemos hacer humor con la trata. ¿Cómo hacés? Es imposible.

Sitio:
www.mujerespublicas.com.ar

martes, 10 de junio de 2008

Koreagod: “Hacer un disco no es descansar en un lecho de rosas”.-

Estudió administración de empresas y se recibió en publicidad, cursando con compañeros que “creían que la gelatina venía preparada”; trabaja en seguros y hace discos, no para dedicarse a la música, sino “para sumar cosas a la cabeza”. Mientras terminaba su primer álbum “oficial”, onceavo de una serie que incluye 1356 canciones, Koreagod diagramó el circuito de distribución más novedoso que se ha visto en mucho tiempo en la escena: Down a conciencia se vende en lavaderos, un playón de construcción y un buffet de una escuela privada católica para niñas. Agencia NAN dialogó con él para intentar desandar el camino que el short naranja más famoso de Internet transcurrió mientras creaba un manifiesto de época en formato disco. Todo eso, siendo su propio Mambrú y rechazando ofertas de varios sellos.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, junio 10 (Agencia NAN).- “Mirá que yo me voy mucho, eh”. El periodista, advertido, prepara el grabador. El que avisa es Koreagod, el alter-ego de Diego Ginóbili. O Diego Ginóbili, el alter-ego de Koreagod. La diferencia es muy pequeña y no responde a la relación persona/personaje, sino al manifiesto que lanza minutos después, sacándose una medialuna de manteca de la boca: “Yo tengo mi vida, mi trabajo, mis amigos y mis cosas; si hago música es porque me gusta”. Entonces, existe un Diego Ginóbili con 27 años, trabajo, amigos y ganas de hacer música. Y que las satisface como Koreagod, ni más ni menos que un nombre, una marca, un antifaz con el que se propone no mezclar los delirios del ambiente musical con su existencia. Bajo esa postura, a comienzos de mes lanzó a la venta Down a conciencia, su primer larga duración oficial, en forma totalmente independiente y autogestionada.

“En el disco, mi nombre no figura porque no busco fama, no busco que la gente me conozca”, le dice a Agencia NAN, retorciéndose en la silla para ver las nalgas ajustadas de una chica con chupines, prenda fetiche de la avenida Santa Fe. Es que Koreagod ya es bien conocido en el entramado reticular de las redes sociales: de Fotolog a Facebook, pasando por Purevolume, MySpace y YouTube!, supo apropiarse de las nuevas herramientas virtuales y utilizarlas para difundir su música. Pero, aún frente a tanta exposición, pocos han visto sus ojos: sus fotos lo muestran de inmanentes lentes oscuros. Muchas veces, combinados con un short naranja de Ferrocarril Oeste.

“Si subo fotos mías es para demostrar que hay una persona, pero la metonimia de la imagen funciona en forma cada vez más extendida, cada vez más se define parcialmente a las personas”, evalúa, más resignado que melancólico. Y sabe sobre imágenes: además de haber estudiado administración de empresas, es publicista recibido y productor asesor de seguros. Tres profesiones y una más: se tomó su primer disco tan a pecho que le dedicó prácticamente todo su tiempo libre. Y se debe aclarar que “primer disco” es una figura que responde a los pedidos del mercado: la edición. Porque si se trata de álbumes en tanto obras, es su onceavo, de una discografía que ocupa 17 CDs y alberga ¡1356 temas!

Las conclusiones de Koreagod son tan categóricas, que uno termina convenciéndose más allá de las argumentaciones: “Siempre hay un mozo que se llama Carlitos, a todos les digo Carlitos, y este Carlitos es medio pelotudo”. Carlitos o no, pelotudo o no, el mozo se acerca y es momento de apretar “REC”.

- Hace diez días lanzaste tu primer disco oficial, pero hace dos años que esos temas están rotando en cuanta plataforma virtual exista, lo que generó una suerte de culto hacia lo que hacés. ¿Por qué decidiste editarlo en forma autogestionada, pudiendo chapear con eso?
- Mi nombre ni siquiera figura porque no busco el estrellato. Fue sin querer que se transformó en algo de culto. Me llamaron de una discográfica para que les tire el master y encargarse de todo. Me dijeron: “Te rotamos, te hacemos conocido”. ¿Pero qué va a hacer un sello por mí si ya lo hice todo solo? Les dije: “Ah, ¿sí?, ¡cuánto trabajo te voy a dar! ¿Yo te mandé algún mail, una carta, demo, algo?”. Y me dijeron que no, que me habían contactado porque buscaron bandas argentinas en MySpace y el mío tenía muchas visitas. Pero eso lo había creado yo solo. ¿Me iban a dar 10 millones por el master? No, entonces ¡chau!

- La mayoría de los músicos hubiera aceptado sin dudar…
- Yo soy mi propio Mambrú. Muchos de los que quieren vivir de esto ni siquiera se preocupan. Yo no soy del palo y me cuesta todo el doble, pero no me aporta nada un sello. Al menos no los que me contactaron. Esos no me iban a dejar armar mi circuito de distribución, no me iban a permitir este arte de tapa ni armar un disco con este concepto del Down a conciencia.

- Ahora, ¿en qué momento desarrollás el concepto, el arte, cuándo planeás la distribución? No parecés tener demasiado tiempo libre.
- Estoy laburando a full con seguros y mientras iba caminando, o en la hora del almuerzo, fui a Sadaic, hice el registro, arme el arte, pensé los videos. El arte de tapa es un bardo, estuve diez horas probando colores y, en simultáneo, tapado de laburo. Después tenés que ir a ver si hacés digipack, si elegís que los discos sean clonados o seriados. Hay pocas casas en el país que te los hacen seriados, como pide Sadaic. Y todo eso hay que coordinarlo, entonces no duermo o duermo una hora por día, pero no porque me quede limando, sino porque mientras roto el primer corte en mis sitios termino con la distribución.

- ¿No te quema eso, aunque no te quedes limando, como vos decís?
- Sé que no elegí la más fácil de todas. Soy amigo de muchos músicos pero no tengo tiempo y mi vida pasa por otro lado. Sí, quedás hecho verga: mañana tengo psicólogo a las siete de la mañana, voy a esa hora porque si voy a las ocho de la noche es como agarrar el paco. Tengo una hora de viaje por el camino inverso al que hago para ir al laburo, después para ir a trabajar son dos horas, porque desde mi casa tengo una. Salgo de laburar a las siete, llego a casa en una hora y voy terminando lo que me queda por hacer. Pero lo disfruto.

- ¿Y qué te lima sin que lo disfrutes?
- Hubo una consigna que hicimos una vez cuando estudiaba publicidad, había que hacer un anuncio que fuera trasgresor. Todos eligieron forros o bebidas. Yo hice una publicidad de empanadas, nadie lo podía creer. Pero cuando vas a una agencia tenés que poner una mina a la que se le marquen las tetas en su remera con la marca del yogurt. Eso me hace mal a la cabeza.

- ¿Tu disco hubiera vendido más con un par de tetas en tapa que con una cebra psicotrópica?
- A mi no me seduce vender mucho o estar en Musimundo, la gente que va Musimundo manosea discos y no da vuelta más de tres para ver cuántos temas trae. El comentario es “¡qué bien que anda el aire acondicionado!”. Yo voy por un circuito paralelo que me inventé yo también, no me lo armó nadie.

- A ver, ¿cómo sería ese circuito?
- Hay lugar para mí pero también un ida y vuelta con amigos o gente de confianza. Básicamente, se vende en comercios amigos. Supongamos: vos tenés una casa de remeras o sos luthier. Para mí la más fácil es tirar los discos en Mercado Libre y fue, pero te paso cincuenta discos a vos que sos mi amigo. Así, tengo un par de lavaderos, un playón de construcción, un buffet en un colegio, un centro de cosmética donde se vende el disco. El punto de venta gana cuatro veces más que yo: va alguien a comprar el disco, ve tus remeras y usa la plata en el disco y después va a comprarte una remera o capaz se lleva tu remera y mi disco se queda ahí. Yo vendo un disco solo, vos capaz vendiste cinco remeras. No soy Peter Pan ni el Hada Mágica de la Felicidad, por eso va para amigos y el resto va a Mercado Libre. Los sellos, por más chicos que sean, lo iban a poner donde ellos quisieran.

- Primero las concesiones: la distribución que armaste es muy original y noble. Pero eso no quita que podrías haberle dado más difusiçon a tu música al firmar con un sello...
- Todos piensan en el jet-set y a mí eso me chupa un huevo, la gente me conoce, yo no entro setenta mil veces a mis sitios. Por algo, también, me llamaron esos sellos. Pero si yo renuncio a mi laburo y me dedico a Down a conciencia, con un sello y a salir a tocar, puedo hacerlo dos años. ¿Y después?

- ¿Y, entonces, cuál es tu intención con todo esto? Se entiende el ímpetu artístico, pero ahora te pregunto yo: ¿y después?
- Me gustaría dedicarme a esto, pero tengo noción de la realidad. Si hace cinco años me metía, con Internet me iba al carajo. Laburo en seguros y estoy bien, pero me gusta la música. Entonces, me rompo el culo y hago una cosa y después la otra. Como diría Fernando Peña: “Ser border es esto, no ir a tomarse una línea de merca en una llave al Salón Pueyrredón”. Mi viejo también fue border, iba a la facultad, a ingeniería y se iba a laburar, además de su vida, su pareja, sus amigos. Yo estudié administración de empresas, me recibí en publicidad, laburo en seguros y hago discos, pero no para dedicarme a administrar empresas o a hacer discos, sino para sumar cosas a la cabeza.

- ¡Cuánta lucidez! ¿Y cómo bajás todo eso que está en tu cabeza y lo convertís en canciones?
- Para mí la composición musical es como escribir: todo en una toma. No puedo repetir el mismo tema, pero porque me gusta que sea espontáneo. Si viene tal y me dice “tocalo”, lo saco y lo toco. Pero no me gusta. Meto máquinas, violas, orquestaciones, como me va saliendo. En un tema hay un piano que, como no se puede conectar a la computadora, está grabado con un micrófono de plástico. Puede sonar a aficionado, pero prefiero eso, me parece mucho más digno que estar en Crobar con la guitarrita y una bufanda de cuero haciéndome la estrella. Es una experiencia masoquista, porque no soy del palo, pero tengo muchos años de música encima. Desde que tengo uso de razón no hubo un solo día en mi vida en que no hubiera habido música. Y no música funcional, música puesta por mí.

- ¿Nada de radio?
- No escucho radio y trato de no mirar televisión, sólo miro el noticiero porque sí me interesa saber dónde estoy parado. Y eso que estudié administración y publicidad en una privada en la que mis compañeros pensaban que la gelatina venía hecha.

- ¡Eso no puede ser cierto!
- De verdad.

- Bueno, tampoco te imagino preparando gelatina.
- Preparo gelatina, y pasa una mina y le puedo decir una guarrada, y las digo por MSN o las manifiesto en los temas, no es que me siento en una PC y me convierto en un extraterrestre. Hago una búsqueda y hago esto, pero no es fácil, hay que aguantarlo. En el imaginario está que estoy todo el día fumando faso y nada que ver. Nadie me conoce, es lo que digo de la metonimia de la imagen.

- ¿Y vos qué conocés de los demás?
- Que están obligados a vivir como downs cuando no lo son, que estamos obligados a hacer la fila del colectivo en diagonal o a ponernos en cualquier orden, obligados a escuchar a gente que se queja porque no tiene para pago exacto cuando a 20 metros se ve el cartel que dice “únicamente pago exacto”.

- Down a conciencia, un concepto contemporáneo que acabas de acuñar. Es como un manifiesto de época, pero instrumental. Sin develar la receta, ¿cómo te las arreglás para plantear ese mensaje sin usar palabras?
- Trato de explotar la creatividad, que es algo que no puedo hacer en el laburo. Es comunicación, que tomó la forma de este objeto que es un CD; si era un dibujo o un libro era lo mismo. Para los videos filmé cosas, las edité y las subí. Pero no me lo tomo como un cago de risa ni hacer este disco fue un lecho de rosas. Algunos van a decir “qué loco”, pero no saben que el trasfondo está pensando. No es para que sea bizarro porque sí, pasa por bizarro pero la intención es otra. Vos abrís el disco y no figura ni mi nombre. Es el mensaje.

- The song remains the same, el metamensaje por sobre los nombres.
- Claro, aparte para qué hacer el eje en mí si no voy a salir a tocarlo por el momento. No tengo tiempo ahora, y de última se sabe quién es Koreagod. No quiero meter a nadie en mi nivel de obsesión y por eso tampoco armo una banda. Tiré como fecha de salida del disco abril 2008, hace un año. Y para abril lo tenía. Me encanta la música, pero la verdad es que con esto a fin de mes no pago el teléfono ni la obra social. Estuve un año haciendo esto, mientras tuve ratos, aunque tengo amigos que estudian cine y muchos amigos músicos y lo podría haber resuelto más rápido. Pero eso no importa, acá importa la música.

MySpace:
www.myspace.com/koreagod
YouTube!: www.youtube.com/koreagod

Discos: "Down a conciencia" (Koreagod, 2008).-

Poco más del uno por ciento de su repertorio (18 de 1356 canciones) le bastan a Diego Ginóbili para concretar una obra única en su especie: un manifiesto de época instrumenal en clave neuro-ambient, un pop neurótico que puede helar los huesos o invitar al sexo en un lapso de tres minutos. Down a conciencia fue compuesto con la libertad y el disfrute de quien hace música para agregarle experiencias a su vida y, lejos de afectar el valor de la obra, eso se convirtió en virtud, permitiéndole desentenderse de las estructuras de la canción y dar rienda suelta a la asociación sonora. Aunque todo estuvo fríamente calculado.

Por Luis Paz.

Buenos Aires, junio 10 (Agencia NAN-2008).- “Arte sonoro”. Así encasilló Sadaic a Down a conciencia, el debut oficial de Koreagod. Es entendible, teniendo en cuenta la dificultad para definir su sonido, sobre el que alguna vez el autor se refirió frente a este comentarista como “la música que pone un dealer cuando sale de la cocina”. De cualquier forma, Down a conciencia podría perfectamente definirse como neuro-ambient: pop ambient electrónico, neurálgico y neurótico.

Del resquemor a las instituciones de la democracia (“Retrato a cara lavada de una embajada”; “Ciudadanía de mariscos”; “Cerebro de cónsul”) a la pulsión sexual (“Discoteca de manjares”; “Negocios púbicos (cartografía)”; “Experiencia masajista”), pasando por padeceres escatológicos (“Sobrantes de la 3ra edad (terrenos de estiércol)” o “Secreción bronquial”), Koreagod lo pinta todo de amarillo Mc Donald’s, como en el arte de su disco, le mete electropop bien compuesto y lo engloba en un concepto que es tan original como moderno y certero, creando el Down a conciencia, “ese que vive obligado a ser un down”.

Inclusive como objeto, el disco es conceptualmente concreto. Ahora bien, eso no sería de importancia de no tratarse de una obra hilvanada, que puede generar miedo en “Nuestra garrafa”, excitación en “Experiencia masajista”, melancolía en “Tutores de probeta”, y una suerte de encantamiento folk-pop en “Magnífica tonelada”. Lo que fascina es la capacidad de Diego Ginóbili para cranear un circuito de difusión como el que creó, basado en el mismo concepto de la autogestión y la cooperación: “El disco se vende en comercios de amigos porque para mí es lo mismo y a ellos les sirve para poder vender sus cosas, para tener publicidad”.

El arte de tapa, diseñado también por Diego, regala para los que no cursaron con él (ni con sus compañeros de carrera, esos que acaso sigan creyendo que la gelatina viene preparada) su “publicidad transgresora” sobre tapas de empanadas. Pero, en definitiva, Down a conciencia es un disco y, en ese sentido, el punto central del análisis debe ser la música. Y ahí es donde no flaquea el concepto. Desde ya que Koreagod no es músico y eso se nota en composiciones y arreglos forzados, o en temas sin demasiada elaboración, pero también es cierto que es clara la influencia de años de música, y “no música funcional” sino puesta por él.

La capacidad de generación de un amplio abanico de sensaciones, sin el recurso a las letras y con nada más (y nada menos) que música da cuenta de la existencia de un artista sensible y creativo. Claro, las dieciocho canciones, que le dan una duración de 50 minutos a Down a conciencia, difícilmente se conviertan en hits, se roten en radio o enciendan las pistas de baile. Pero ese déficit se convierte en virtud y Koreagod sale airoso, al poder dejar actuar a la libre asociación sonora y despreocuparse de las estructuras de la canción como progresión estrofa-puente-estribillo, logrando aún así buenas piezas.

Sea o no un Down a conciencia, el que interactúe con el disco, de una calidad pareja y muy destacable para un álbum homemade, sentirá alterarse sus sentidos. No tanto desde la psicodelia tradicional como de la experimentación estructural, pero inevitablemente se percibirá el tono épico de “Retrato a cara lava da de una embajada”, un arranque que recuerda al cuelgue que precede a “Shine on (you crazy diamond)”, en su version original de Pink Floyd; inevitablemente, se enfriará la espalda y se erizará la barba con “Nuestra garrafa”; inevitablemente, se percibirán influencias funk en “Pacto de Jacobos”, invitando al meneo.

E, inevitablemente también, se sonreirá al leer el nombre del onceavo tema del disco: “Tengo un amigo con pelo lacio”, un electrocandombe queer tan lacio como el pelo del conocido de Koreagod. Pero lo bizarro es la forma y el concepto el fin. El amigo de pelo lacio de Koreagod es sólo uno de entre tantos que acompañan su vida al margen de la música, esa que le permite hacer un disco “sólo para sumar cosas a la cabeza” y que lo deja exento de la histeria artística, permitiéndole soltar la imaginación para pergeñar una obra única en su especie.

viernes, 6 de junio de 2008

Recitales: Un Kuartito en Niceto.-

Al ritmo del ska-punk, la cumbia y el reggae, el pasado jueves 29 de mayo, Un Kuartito presentó su último disco, Cerca del mar. Sobre las tablas elegidas para cerrar su tercera gira por Europa, hubo invitados de la talla de Fidel Nadal y todo el colorido circense de Circo Marisco, multidisciplinaria agrupación paralela de los integrantes. Agencia NAN bailó ska con ellos.

Por Sergio Sánchez, fotografía de Carolina Gómez.

Buenos Aires, junio 06 (Agencia NAN).- Un furioso aluvión de ska-punk cayó sobre el barrio porteño de Palermo en las últimas horas del jueves 29 y no dejó esqueleto sin mover. Por supuesto, como en cualquier día de celebración, no faltaron la música, el baile ni tampoco esos condimentos que sirven para motivar a las masas hambrientas de diversión. Luego de una importante gira por Europa, que los llevó a centros culturales antiglobalización en Alemania y escenarios de Austria, España y República Checa durante dos meses, Un Kuartito volvió para presentar su quinto álbum, Cerca del mar, editado en 2007, y hacer una recorrida de su década de historia musical en el under.

Aunque los músicos se hicieron esperar para subir a escena y algunos creyeron que aún venían en vuelo desde Alemania, a la mayoría de los chicos y chicas presentes en Niceto no les importó y aprovecharon la espera para tomarse unos tragos, dejar que la música bolichera que ambientaba la espera moviera sus cuerpos. Y ponerse a “chapar”.

Finalmente, lookeado totalmente de negro, el bajista y cantante Martín Kong los interrumpió, no sin antes agradecer su presencia allí, y dio comienzo al baile con la primera pieza: “Voy a estar”. Detrás de él, un esqueleto gigante fue el primero en mover los huesos. A medida que el show avanzaba, todos se sumaban a la fiesta de Un Kuartito y los temas se prendían unos con otros: “La hierbita” y “Original riddim”, de Cerca del mar, le ponían un poco de cumbia y reggae a la fría noche. Claro, el frío sólo se sentía afuera, ya que adentro el calor quemaba.

“Si a tu planta la plantás/ salvá a la planta/ No me dejan crecer/ no te dejan fumar/ Legalización, no mano dura”, abogaban en el reggae “La Planta” la percusionista Ana Sol Torroixa y el baterista Emiliano Sanders, mientras realizaban una coreografía rigurosamente ensayada. Con un largo vestido azul oriental, Torroixa preguntó: “¿Les gusta el raggamuffin’?”. Luego del obvio consentimiento del publicó, cantó “No me someto”, que describe la resistencia a los problemas cotidianos a los que el Estado hace oídos sordos. Desde abajo, ellas movían sus manos y ellos no despejaban sus ojos de la vestimenta azul de Ana Sol. Se sentían cerca del mar y del sol.

Como es ya habitual en los recitales de reggae, apareció para sumar su voz Fidel Nadal, ex cantante de Todos Tus Muertos, agrupación en la que también participaron Torroixa y Sanders, actuales Un Kuartito. Bajo este clima, a la larga lista se le sumaron temas viejos como “Armando” y “Don Goyo”, de No pares non stop, de 2001, y “Raíces” de su debut, Sal a la calle, de 1996, todos interpretados por Torroixa, Sanders, Kong, Jam Pier Oholeguy en teclados y voz, y José Boro el Favalli en guitarra y voz.

Parte del eclecticismo que demuestra la banda no sólo radica en la variedad de ritmos latinos, sino también en la particularidad de que todos los integrantes de la banda cantan y se intercambian los instrumentos. ¿Será por esa comunión que son tan bien recibidos en países como Alemania o México, sitios que visitaron a lo largo de sus tres giras? Pero ahora están en Niceto, es cerca de la 1 de la madrugada de viernes y, cuando parece que el show se termina, suben al escenario dos malabaristas que se lucen lanzando por los aires sus bastones iluminados. No, no es casual, debido a que los integrantes de un Un Kuartito también integran un grupo de espectáculo callejero circense denominado Circo Marisco, que suele presentarse en ciudades de la Costa Atlántica.

Luego de una intensa hora y media de show y con los último acordes de “Stand By me”, blues clásico de Ben E. King, los cuerpos de los músicos y del público comenzaron a apagarse, como las luces del boliche y las consolas de sonido. Así, todos emprendieron, a paso acelerado, rumbo hacia sus casas, ya que aún restaba afrontar el último día hábil de la semana.

MySpace:
http://www.myspace.com/unkuartito

martes, 3 de junio de 2008

Relatos: “El niño proletario” (Osvaldo Lamborghini, 1973).-

Un relato eminentemente sexual, irónico y violento, amuchado junto a otros en una actual recopilación de editorial Sudamericana sobre el autor. Construido con la fina estampa de uno de los escritores más críticos de la literatura nacional, la vigencia de "El niño proletario" no hace menos que poner de manifiesto hasta dónde ha llegado a perpetuarse el discurso hegemónico, entremedio del humo, los cortes de ruta y el resquemor clasista de las dirigencias y las bases.

Por Ariel Luppino, colaboración especial para Agencia NAN.

Buenos Aires, junio 3 (Agencia NAN-2008).- Podría decirse que el relato "El niño proletario" es una reescritura de El matadero de Esteban Echeverría: uno de los textos fundacionales de la literatura argentina, a instancias del Facundo de Domingo Faustino Sarmiento. A grandes rasgos, el argumento es el siguiente: tres chicos burgueses ven a un hijo de la clase obrera y no pueden contener la avidez de someterlo. Por lo tanto, también puede decirse que es una puesta en escena donde la violencia discursiva desencadena la violencia física, sádica, sexual. El odio de clase engendra una metodología de la vejación y la tortura se vuelve sistemática: es funcional al goce. “¡Estropeado!”, el niño proletario, asume el rol activo de torturado-benefactor del placer pasivo de la burguesía.

Esto se da por la legitimación de las ideas de las clases dominantes, tal como lo entendió Karl Marx. Es de prever que no haya siquiera un atisbo de resistencia. "Yo quiero succión", ordena uno de los niños burgueses, y “¡Estropeado!” obedece. El imperativo categórico es el tono del amo en contraposición al silencio del esclavo. O mejor: la verborragia justificadora frente al balbuceo. Como había denunciado Fanon, el opresor deja sin lenguaje al oprimido, los burgueses reconocen la otredad y solamente pueden asimilarla a través de la subyugación. Si proceden como ante un deber es porque logran reconocerse en la explotación sexual --metáfora de la económica-- que ejercen sobre el otro. Los burgueses no pueden existir como clase social sin el proletario. No hay goce --parte pasiva-- sin esfuerzo --parte activa--.

Cuando los niños burgueses invierten esta reciprocidad es para acrecentar el goce que empieza a resultar exiguo en la inacción. Sin embargo, persisten las relaciones goce-burgués y esfuerzo-proletario: siempre es éste quien soporta arduamente el padecimiento. Una vez que los burgueses alcanzan a culminar --eyacular-- sus objetivos --deseos--, ya que existe un plano de yuxtaposición en el cual lo abstracto alcanza su real envergadura en la materialización de las intenciones, optan por suprimir la mano de obra, aquel cuerpo dispuesto.

Así se llega a la cosificación absoluta del otro que, con la muerte, como gustaba aclarar Heidegger, no completa su existencia sino que deja de ser. Para el burgués, el ser del proletario está dado por la utilidad: hecho el trabajo, no hay razones para conservarlo. Al fin, los niños burgueses acabarán con el niño proletario. La improductividad acarrea la negación sistemática de lo superfluo.

El narrador es juez y parte, describe y acciona. Habla, desde su yo constitutivo, el discurso de la burguesía: sus palabras comprometen a su clase. La voz del que narra se encuentra convalidada por sus camaradas y no permite la censura de otra moral. Así, se logra la impunidad mediante el accionar de grupo. Como una simetría de Fuenteovejuna: “¿Quién mató al Niño Proletario?/ La Burguesía, Señor/ ¿Quién es la Burguesía?/ Todos a una, Señor.” Porque, en efecto, la burguesía se desdibuja haciendo a las clases medias tributarias de sus ritos. Así, la complicidad se encuentra garantizada por el statu quo.

"El niño proletario" es un relato eminentemente sexual. Admite, al menos en parte, una lectura psicoanalítica. Los niños, arriesgaba una de las premisas freudianas, son perversos polimorfos que buscan el placer en cualquier cosa, incluso --pareciera revelarnos Lamborghini-- en la muerte de otro niño. Bastará decir que Lamborghini concibe un texto corrosivo, paródico y genial, como solamente uno de los escritores más grandes de las letras nacionales puede hacer, dando lugar a frases perfectas como la que viene y se va: “Y fue Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor".
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...