Una antología de relatos de una de las plumas más iluminadas de la literatura argentina contemporánea, en la que el escritor conocido por su apellido devela los juegos del lenguaje y se atreve a contar lo que puede y no puede contarse.
Por Ariel Luppino y Esteban Vera
Buenos Aires, septiembre 27 (Agencia NAN-2008).‑ “En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir ‘hice el amor’ es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que ‘hicimos’ ella y yo, no eran el amor”. Así comienza el relato que da nombre a Muchacha punk, una antología que, según encuestas y autores varios, forma parte de lo mejor de la literatura argentina. Se trata del tercer relato según el orden impuesto en la reedición de Sudamericana, pero el primero en ser publicado, en 1980. Según Fogwill, fue escrito en tres horas, una noche de diciembre de 1978. El texto le valió ganar un concurso “de una fábrica de gaseosas”, según reveló años después, por no decir de Coca-Cola.
En “Muchacha punk” las imágenes se suceden como si conformaran un collage de instantáneas, en el cual, sin embargo, predomina una reciprocidad que hace coherente lo contado. Algo similar pasa con “Japonés”, el segundo relato de la serie: una inflexión pone en tela de juicio la coherencia de la voz, no de la narrativa, que pese a todo afectará a la realidad. ¿Cómo discernir la vigilia del sueño si uno percibe con lucidez que el cambio, si existe, no acontece sobre uno? Entonces, ¿qué es lo real para el sujeto que se representa el mundo?
En “La larga risa de todos estos años”, la voz opera sobre la percepción del lector. De este modo, a Fogwill le basta dar a conocer un detalle para cambiar otra vez la apariencia de lo real. En el fondo no se trata más que de una revelación que deja en ridículo la lectura hecha en torno a un prejuicio. Quizás ésta sutil interpelación ilumine una cualidad determinante para el autor: lo narrativo no se alimenta de la historia, que puede ser una anécdota cualquiera, sino de los modos de contarla.
La oralidad es una clave en “Muchacha punk”. En varios pasajes, el narrador transcribe al español diálogos en inglés, respetando la sintaxis de origen. Pero esta relación de dominio y adecuación que se establece con el lenguaje es sumamente impropia. La traducción arroja un manto de oscuridad sobre aquello que por haber sido evocado llegó a surgir a la luz de las palabras, pero que en la traducción habrá de ser tergiversado, mientras que aquello que el lenguaje había aprehendido en su decir original termina diluyéndose en el malentendido: “¿Cuál es el problema con tú? --me preguntó en inglés-- ¿Qué eres tú pensando?”. Fogwill apela a la ironía: “al promediar eso (¿el amor?) se largó a declamar la letanía bien conocida por cualquier visitante de Londres: “’Ai camin, ai camin, ai camin’, gritaba, gritaba, gritaba, sustituyendo los conocidos ‘ai voi, ai voi, ai voi’ de las pebetas de mi pago, que sumen al varón en el más turbado pajar de dudas sobre la naturaleza de ese sitio sagrado hacia el que dicen ir las muchachas del hemisferio sur y del que creen venir sus contrapartidas británicas”.
En “Dos hilitos de sangre” esa preocupación por el habla recuerda que enunciación no significa objeto cuando un par de interlocutores viran de un dialogo inicial, o de compromiso, a otro plagado de equívocos, omisiones y burlas encubiertas. En “Canto de marinero de las pampas”, tomando elementos de distintas lenguas, se crea una suma que excede a las partes. El proyecto de unificar los discursos más diversos que puedan tener lugar en medio del mar, lejos de las grandes sociedades, es de por sí ambicioso. Ésta parecería ser la resolución a la problemática de los diálogos en la literatura: la lengua más verosímil es una lengua inventada.
“La liberación de unas mujeres” sin duda es la historia de una fuga, pero acaso también sea una alegoría sobre lo que puede y no puede decirse.
Sitio: http://www.fogwill.com.ar
Como cada primer martes del mes desde 2005, el Grupo Literario Alejandría organizó una nueva jornada de lectura de narrativa en vivo por sus propios autores. En la edición de septiembre, realizada en un bar de Congreso, los escritores independientes Jimena Repetto, Melisa Freund y Sergio Agoff leyeron para cincuenta personas. Y, claro, también para Agencia NAN.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, septiembre 23 (Agencia NAN-2008).‑ Las luces son tenues e iluminan a Jimena Repetto, mientras lee sobre un pequeño escenario de madera montado en Bartolomeo (Bartolomé Mitre 1525) un relato del último libro que escribió, y que espera publicar próximamente. Micrófono en mano, la vocecita de Jimena avanza en la lectura del primer capítulo de Cómo un delfín enlatado en un buque japonés (por lo pronto, el título tentativo de su obra). Apoya las hojas en la mesa y las pasa una tras otra hasta finalizar el relato. Fue una de los escritores independientes que leyó textos propios en la más reciente Noche de cuentos, organizada por el Grupo Literario Alejandría el pasado martes 2 de septiembre.
En el bar no quedaban mesas, ocupadas por autores del circuito alternativo, escritores aficionados y familiares de los escritores que leyeron esa noche en la zona de Congreso. Entre picadas, pizzas, tostados, vinos, cervezas y gaseosas, las poco más de cincuenta personas invitadas por la lectura siguieron con atención a cada uno de los tres artistas, pese al ruido de la caja registradora y la cafetera. Delante del escenario, en una de las de las mesas, se montó un stand con libros y revistas literarias. Cómo un delfín enlatado en un buque japonés trata de una joven, Catalina, que busca cambiar su vida pero no se anima. Hace todo lo que los demás quieren que haga. Trabaja en una insoportable clínica de cirugía estética y tiene un novio aburrido, un ex famoso, con el que supone que chatea, aunque no está segura de que no sea su ex.
Detrás del Grupo Literario Alejandría están los escritores independientes Clara Anich, Juan José Burzi y Edgardo Scott, todos sub-32. “Nos conocimos en el taller literario de Abelardo Castillo y buscamos algo que nos uniera a nosotros y a otros cuentistas, algo que trascendiera el acto individual de la escritura. Una de las opciones era publicar una revista literaria, pero había muchas. Entonces, vimos que había muchos ciclos de poesía, pero ninguno de narrativa”, le explica a Agencia NAN Clara Anich (27), psicóloga y autora de las obras de teatro Cuando sea el momento, La familia de la planta baja y Los coleccionistas de bonsáis, además del libro inédito de cuentos En la noche, descalza. También, según adelanta, se apresta a publicar un poemario en un corto tiempo.
“Tuvimos que vencer el mito de escuchar en vivo un cuento y la verdad ahora hay muchos ciclos de narrativa”, comenta Anich, con satisfacción. Esta noche ella es la que presenta a los lectores. El ciclo se realiza desde 2005 y apunta a reunir en un mismo espacio a narradores inéditos o pocos conocidos con autores ya reconocidos o con obra publicada. Más allá de los temores del comienzo, el ciclo tuvo una muy buena recepción en el mundo literario y ya pasaron por él más de 130 de autores, como Violeta Gorodischer, Valeria Tentoni o los integrantes del grupo de lectura El Quinteto de la Muerte (Leonardo “El Tigre” Oyola, Federico Levín, Ignacio Molina, Lucas Funes Oliveira y Ricardo Romero). “Ellos se conocieron escuchando y leyendo en las noches de Alejandría”, recuerda Anich, sobre el hoy reconocido grupo. En Bartolomeo, además, leyeron Pablo de Santis, Elsa Drucarof, Juan Sasturain, Ana María Shua, Liliana Hecker, Martín Kohan y el autor de Crímenes imperceptibles y La muerte lenta de Luciana B., Guillermo Martínez.
Con el correr de la noche, el trío de actores y músicos Musaraña Forever y Los Monos Disco, integrado por Gisela Vlatko, Martín Dipietro y Manuel Grotesk, matizó la noche con intervenciones de humor desfachatado. Ya sobre el final de la tertulia, se escuchó leer a la dramaturga Melisa Freund, acompañada por Jimena y por dos jóvenes actrices, una breve obra de teatro. Esa noche, también leyó el autor inédito Sergio Agoff un cuento de su autoría.
En noviembre de 2007, el Grupo Alejandría editó El impulso nocturno, una antología de relatos inéditos leídos por sus propios autores entre 2005 y 2006 en el ciclo narrativo. La compilación fue becada por el Fondo Nacional de Artes. Por otra parte, este año editaron Tres mundos, una antología con sus propios textos. Alejandría lleva adelante este ciclo el primer martes de cada mes.
Blog: http://grupoalejandria.blogspot.com
Contacto: alejandriagrupo@yahoo.com.ar
Un álbum debut bien producido y correctamente arreglado, pero sin demasiada potencia y con una notable cerrazón compositiva al respecto de las letras que, en este caso, el concepto no llega a excusar. Un álbum que más que a banda de sonido para tormentas, se parece a la garúa.
Por Luis Paz
Buenos Aires, septiembre 20 (Agencia NAN-2008).‑ La primera conclusión que surge cuando uno escucha Música para tormentas, el álbum debut de Impermeables, es que hay que darles tiempo. En realidad, que hay que darle un tiempo a Ale Lago, ex baterista y ex solista, para que se desarrolle como compositor de letras. Es que la banda que armó hace un par de años, luego de guardar la funda de los platillos en el placard y editar el EP Torpe en la mañana por las suyas, suena ensamblada, ofrece buenos arreglos y climas interesantes, pero todo eso se pierde debido a las líricas obvias y, más que sensibles, cursis.
El segmento musical de Impermeables, con Fernando Panfil en guitarra y coros, Patricio Dellariva en batería y Diego Acosta en bajo, demuestra conocer el paño, pero no alcanza nunca la potencia necesaria. Si en Spinal Tap, Nigel tenía un Marshall donde los potenciadores llegaban a once, las perillas de los equipos de Fuera del Túnel, donde se registró Música para tormentas, no parecen haber pasado de siete durante la grabación. Desde ya que Impermeables no es una banda de punk o rock pesado, pero para citar como influencias a Fun People, Foo Fighters o, incluso, Rosario Bléfari, les faltan bastantes decibeles. Y para citar a Radiohead, elaboración.
En todo caso, a lo que más se parece el sonido de Impermeables es a Suárez y a la parte más melódica de la carrera solista de Bléfari. Aunque también tienen resabios de la escena del punk melódico, parecen tener más que ver con Sudarshana que con la histórica banda de Nekro (ahora Boom Boom Kid) y Gori (hoy al frente de Fantasmagoria y con EP solista nuevo). La síntesis musical, entonces, es ésa: Sudarshana más Suárez a midtempo más pop rock. Y no mucho más. Ni la poesía de Rosario, ni la capacidad de lectura de la furia adolescente de Boom Boom Kid, ni la fuerza de la banda de Dave Grohl.
Aunque la cerrazón que se manifiesta en la composición de las letras pueda estar puesta en función de un concepto (el que da título al álbum), en este caso la excusa no es suficiente, como no es suficiente hablar de momentos del día (la mañana, el mediodía, el atardecer, “la hora 23”, la madrugada) o de elementos metereológicos, cósmicos o geográficos (la lluvia, el mar, el rayo del sol, las tormentas, la luna, el cielo) para hacer manifiesto ese concepto.
El clima y las horas se definen, habitualmente, con la misma palabra: el tiempo. Tal vez si Lago se hubiera tomado un poco más para darle una vuelta a las letras, no ocurrirían versos como estos: “Desperté y me encandiló un rayo de luz, insulté porque era lunes otra vez” (“Torpe en la mañana”); “La verdad es que quiero la verdad, la verdad, que me digas la verdad, la verdad significa la verdad, la verdad, sólo la verdad” ("La verdad"); “Cuando solo y triste estoy ilumina mi vereda y a vos el sol, en tus ojos el sol. Vacaciones en el mar, nunca dejar de reír ni de ver el sol. Vas a poder respirar lejos de esta gran ciudad, para ver el sol” (“En tus ojos el sol”). Como un mal alumno de Neruda.
Si la idea era hablar de la alienación, del deseo o lo opresivo de permanecer encerrado, de la vorágine de esa “gran ciudad”, de todo eso ya se ha hablado y con mayor vuelo poético. Así como lo de que los habitantes de la ciudad que “parecen maquinitas” ya lo dijo Moris con mayor genialidad. En resumen, y más allá de la buena performance de la banda y del destacable trabajo de producción de Hernán Agrasar, Música para tormentas suena a garúa liviana.
* Impermeables presenta Música para tormentas el sábado 27 de septiembre a las 19 en Speed King, Sarmiento 1679
Sitio: www.losimpermeables.com.arMySpace: www.myspace.com/impermeables
La banda de rock de Lomas de Zamora celebrará diez años de trayectoria con un show en la ciudad que los vio nacer, el próximo 18 de octubre. Antes del festejo con sus queridos "nietos" --en el que prometieron estrenar tema nuevo e interpretar algunos de las 60 que ya mostraron en 200 shows--, dos de sus miembros citaron a Agencia NAN en un bar para tomar cerveza, explicar el por qué de los mamelucos y bombines que los caracterizan y asegurar que si algo no pueden evitar es ser contemporáneos.
Por Facundo Gari
Fotografía gentileza de El Abuelo
Buenos Aires, septiembre 18 (Agencia NAN-2008).‑ “Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto de aquél pero casi igual”. Diez años. Distinto de aquél pero casi igual. Pareciera que el cantante Andrés Calamaro hablara de El Abuelo. No del suyo sino de la banda de rock de Lomas de Zamora, que con más de 200 shows sobre su raída pero fortalecida espalda, el sábado 18 de octubre festejará un decenio de rock, humor y, sobre todo, trabajo. Agencia NAN se reunió con Vladimir "Pollo" Mazurok, su frontman, y Mauro Bossio, uno de sus guitarristas, para repasar --cerveza mediante-- qué cambió y qué sigue siendo (casi) igual en la vida del grupo, sus shows y la forma en que conciben al arte.
Además de Vladimir y Mauro, los “trabajadores del arte” --como prefieren presentarse-- que completan el sexteto son el bajista Leonel Bossio, el guitarrista Maximiliano Fava, la violinista Agustina Costa y el baterista Julián Ocampo. Antes de cada presentación, se les suma el actor Diego Mazurok, hermano del Pollo y a quien no dejan de considerar como parte de la banda. Diego es responsable de, entre otros personajes, darle vida a La Monstruo, “una travesti rocker de lo más bizarra”, en un preludio con forma de unipersonal.
“La Monstruo es un número que está desde 1998. Mi hermano hace una especie de previa, como un vermouth, antes de que la banda comience a sonar. El personaje es un travesti muy glamoroso, la capocómica argentina más bizarra que existe. El público del rock tiene algo de perverso”, aduce el Pollo, mientras pica maníes de la mesa del bar.
Este notorio bricollage de ingredientes, que provienen de diferentes ramas del arte, es un dato de base en El Abuelo. Desde sus orígenes hasta la actualidad, la agrupación se ha concebido en un marco artístico más amplio que el de la música: “Antes de armar la banda teníamos un grupo de multimedia. Hacíamos teatro, poesía, títeres y música, todo mezclado. Por eso, El Abuelo nació con gente del arte en general”, expone el cantante.
Desde 1998 hasta la actualidad, la banda cosechó varios logros importantes, como la grabación de su único disco, La violenta tristeza que usted inspira, tras la obtención del primer premio de entre 740 bandas concursantes en Aguante Buenos Aires 2003. Además, participaron de la última edición de Cosquín Rock y ganaron El bombardeo del demo, un concurso de grupos realizado por la FM Rock & Pop. Por otra parte, participaron en dos ediciones del Quilmes Rock y en una del San Pedro Rock, consagrándose como revelación en las tres ocasiones.
- ¿Son una banda “de concurso”?
- Pollo: “Tanto el disco que tenemos como el demo anterior son producto de certámenes. Aunque tenemos siete primeros premios, no es que estamos todo el tiempo inscribiéndonos. Tenemos la suerte de que, en los certámenes que nos metemos, nos va bien.”
Mauro: “Es una mezcla de recompensa y suerte, pero fundamentalmente es debido al trabajo, que es impresionante y excede por mucho los ensayos.”
Pollo: “Nadie puede decir que no nos hicimos de abajo, independientemente de hasta dónde lleguemos. Si éste es el techo o no, no nos importa.”
“Alguno puede pensar que lo que hacemos es una mierda. Es una cuestión de gustos”, redondea Mauro. Pero, amén de las preferencias del público, ni él ni el Pollo pueden dejar de destacar lo mucho que se han esforzado todos los integrantes a lo largo de la década que en breve cumplirá El Abuelo.
- Teniendo en cuenta que ninguno de los integrantes vive de la banda, ¿cómo asumen las responsabilidades con el proyecto?
- Pollo: “Van subiendo. Nos vamos dando cuenta de las cosas a las que les tenemos que apostar más. Cuando arrancamos teníamos metas, pero eran más a corto plazo. Inmediatamente nos pusimos otras en la cabeza, fuimos creciendo. De hecho, el nombre de la banda tiene que ver con eso: llegar a la sabiduría y a la experiencia del abuelo.
- ¿Cómo es ese abuelo?
- Pollo: “El abuelo es el tipo que queremos seguir, la imagen del viejo como era en épocas antiguas. Ahora el viejo es alguien que se tira a la mierda, que siempre anda peleando por dos mangos más de jubilación. La estética de todo está dirigida a la juventud. Las tapas de revista y la televisión, todo es parte de un circuito joven. Y antes era todo lo contrario. En la Grecia antigua era un tipo sabio, de barba y canoso, respetado, al que los jóvenes tenían como modelo a alcanzar.”
- Desde la estética marchan por ese camino, con su característica vestimenta: el mameluco negro y el bombín a tono.
- Pollo: “Como trabajadores del arte la mejor puesta en escena que podemos tener es con mamelucos. Tiene que ver con algo estético, porque podría ser de otra manera, podríamos ponernos cascos amarillos. Por eso es una combinación de sabernos trabajadores del arte y dar un espectáculo. Cuando la gente va a vernos, queremos dar algo más de lo que suele verse arriba de un escenario. Es más, nunca se logró que el disco suene como en vivo. La mayoría prefiere los shows al disco.”
“La violenta tristeza que usted inspira tiene ya cinco años y siento que la banda creció muchísimo desde entonces. Encarar una grabación así ahora sería un trabajo completamente diferente”, asegura Vladimir. El álbum fue grabado en El Pie, un estudio porteño “de puta madre” por el que también pasaron Los Redondos y Soda Stereo. Lo que también pasó, pero por la garganta de los músicos, es la cerveza, ya por la mitad.
- ¿Cómo definirían la temática de sus letras?
Pollo: “El Abuelo tiene sesenta temas, con temáticas súper variadas. Algunas tienen un tinte político-social, otras son de amor, y algunas de personajes y situaciones puntuales. Sería mentira decir que las letras son de contenido netamente social. Algunas lo son, pero no todas. Incluso, en “La ira de Pierrot”, un tema del disco, hay una cita de un poema de Neruda. Nos pareció gracioso darle una vuelta a la concepción que se tiene de este poeta, asociado con el amor y las mariposas. Cómo lo decimos nosotros en la canción, toma otra forma. Y en cuanto a lo musical, las influencias son muy variadas.”
Curioso es el caso de los fanáticos de El Abuelo, autoproclamados “nietos”, que además de poblar la web con fotologs y blogs dedicados a la banda, siguen religiosamente los pasos del anciano, con banderas y tatuajes del logo del grupo a flor de piel.
- ¿Qué les provocan las demostraciones de afecto de su público?
- Pollo: Creo que son fruto del esfuerzo de tantos años. Los fans son los que te empujan si alguna vez tenés una duda sobre lo que estás haciendo, motivos extra artísticos que a lo mejor te hacen dudar en un momento. Ese fanatismo de la gente es una de las tantas cosas que te hacen seguir.
Mauro: Además, nosotros sentimos lo que hacemos. No es que hacemos un tema y se lo tiramos al público, ¡tomen! Disfrutamos del show, de nuestros compañeros y de la gente. En la búsqueda de conmover, tenemos momentos en que notamos el apego de la gente. En uno de nuestros últimos shows tocamos un tema acústico y había fanáticos llorando. Eso se siente muy profundamente.”
Desde 1998 pasaron tantas cosas. “La ida del ex presidente De La Rúa, la tercera presentación de Menem en comicios nacionales, la elección de Bush en Estados Unidos, la masacre de Cromañón y los asesinatos de Kosteki y Santillán”, enumeran los músicos. Recordando una cita del célebre artista plástico Salvador Dalí, el Pollo sostiene que “si algo no se puede evitar, es ser contemporáneo. Por eso es inevitable estar empapado de lo que pasa. El Abuelo no hace bajada de línea, pero no se puede evitar que esas cosas te contaminen”.
La botella de cerveza ya trasluce su vacío. Pero antes de marcharse, Mauro y el Pollo adelantan algunos detalles de lo que será la fiesta de cumpleaños de El Abuelo, el sábado 18 de octubre a las 22 en el centro cultural El Galpón, Vergara 1375, en Banfield. Habrá música, actuaciones y, por supuesto, un recital de la banda, con una lista de temas que incluirá canciones de su primer show y una inédita. “Lo viejo y lo nuevo en una sola fiesta”, concluye Mauro. Bebe el último sorbo de su vaso y, junto a Vladimir, se levanta de la mesa.
El Abuelo. Diez años. Distinto de aquél pero casi igual.
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Amantes de la historieta y el diseño, creadores de indumentaria y hacedores de publicaciones independientes se reunieron el pasado fin de semana en un teatro de Banfield, en el sur del conurbano, para celebrar las artes y reunir alimentos para una asociación de contención a niños con HIV. Hasta allí se acercó Agencia NAN. Y hasta allí se acercaron otros medios, en la búsqueda de sumar polémicas a la hipermediatizada "lucha entre tribus".
Por Sergio Sánchez
Buenos Aires, septiembre 16 (Agencia NAN-2008).‑ Para desazón de los productores televisivos que se acercaron al lugar a la caza de alguna pelea o reflexión polémica, no hace falta ser emo, flogger, otaku ni cosplayer (persona que se disfraza de algún personaje de animación) para asistir a un encuentro de historieta. Tampoco es necesario ser un infante atraído por los colores y los dibujos de las viñetas, porque para gustar de este arte --que conoció cierta masividad antes que la televisión y luego quedó relegado-- basta con ser una persona “común y corriente”, de cualquier edad, sexo y religión. Así, libre de etiquetas sociales y mediáticas, se llevó a cabo en el teatro El refugio, de Banfield, el festival de historieta, arte y diseño Ser héroes 08, que reunió a dibujantes reconocidos, publicaciones independientes de historieta y literatura, diseñadores de indumentaria y artistas plásticos del conurbano sur.
El motivo para realizar el evento no fue sólo artístico, sino también solidario. Por eso, las casi doscientas personas que asistieron a la exposición colaboraron con alimentos no perecederos que los organizadores se ocuparán de destinar a la Asociación Seres, que resguarda a niños y niñas con HIV-Sida. La idea surgió hace dos años de un grupo de dibujantes, cinéfilos, comiqueros y escritores que se encargan de recolectar historietas, libros y juegos de mesa para hogares comunitarios del conurbano bonaerense. Pero este fue el primer festival artístico que realizaron.
“Lo que me motivó a participar es el por qué del evento, ya que es importante poder aportar un granito de arena para que los pibes puedan tener un plato de comida”, explicó el dibujante Mauro Serafini, más conocido como “el Bruno”, que exhibió sus mini-revistas de historieta absurda y ácida Pepino y Lo peor de lo peor. Además, en diálogo con Agencia NAN, analizó que “siempre hay buena intención para colaborar, aunque no siempre se traduce en hechos concretos como éste”.
No fue el único dibujante que mostró sus obras, sino que también fueron de la partida el artista plástico Diego Greco y los dibujantes Fernando Calvi y Salvador Sanz, de la revista Fierro. Los cuatro dibujaron en vivo y en directo, para deleite de muchos y para fortuna de los pocos que se llevaron una ilustración a sus casas. Si no se conformaban con ligar algún dibujo gratis, los concurrentes pudieron comprar miniaturas de la serie de animé Dragon Ball que ofreció Paradise Cómic, o algún libro de humor gráfico de Sergio Langer o Leo Arias, en el espacio de editorial Domus.
Para llegar a los stands que se exhibieron en el primer piso hubo que atravesar una angosta escalera y varios obstáculos. Lejos de dar instrucciones para subir una escalera, como ya lo hizo Cortázar en uno de sus magníficos relatos, es necesario describir la travesía necesaria para llegar a destino.
Primer paso: luego de colocar el pie sobre el escalón, se debía mirar hacia arriba para no chocarse con ninguno de los curiosos que se detenían a mirar las excelsas caricaturas y pinturas de profesores y alumnos de la escuela X Arte colgadas en las paredes.
Segundo paso: una vez en el entrepiso, y a punto de llegar al sitio deseado, había que esquivar a los chicos que hacían fila para participar de las competencias de videojuegos que coordinaba el espacio de la comiquería Inframundo.
Tercer paso: un ligero golpe de talón y llegada a destino. Ahí, lo primero que se podía apreciar era los originales diseños de ropa creados por una joven modista y modesta.
También en el primer piso, se pudo husmear en el stand de la Asociación Tolkien Argentina, la revista Mathoms, una publicación de ese colectivo que reúne textos literarios relacionados con la obra de J. R. R. Tolkien, creador de la trilogía de El Señor de los Anillos y todas sus historias satélite. A su lado, sobre una mesita, estaba el espacio reservado para las realizaciones de “el Bruno” y para la revista de historieta independiente Lule le lele, que deja en ridículo a más de uno cuando se intenta pronunciar correctamente su nombre.
Se podría ensayar un final conmovedor, profundo, o incluso coherente con el comienzo de este artículo. Pero es preferible dejar el cierre de la nota en la voz del reconocido dibujante y guionista Salvador Sanz, que en diálogo con esta agencia dio su parecer sobre el festival: “Estuvo re bueno, vine a conocer y me gustó la onda”.
Sitio: http://serheroes.wordpress.com
El libro que convirtió a la joven Cielo Latini en ícono de la cultura fotolog (mucho antes de la aparición de Cumbio) es, en realidad, poco más que un talk show literario sobre sí misma, una construcción egoísta en torno de un tema universal como la anorexia, a la que le sobran dos centenares de páginas.
Por Facundo Gari
Buenos Aires, septiembre 13 (Agencia NAN-2008).‑ “Abzurdah es una historia de amor”, definía Cielo Latini, una joven escritora de 23 años oriunda de la ciudad de La Plata, dos años atrás en un almuerzo frente a la eterna diva de los mediodías, la conductora Mirtha Legrand. Y ciertamente, de eso trata el libro. Una historia de amor autobiográfica condimentanda con atracos vomitivos, cortes autoflagelantes al filo de un sacapuntas, dogmas sacro-físicos de obediencia a una diosa de la anorexia y un intento de suicidio.
Tras la publicación del libro de la mano de editorial Planeta, muchos medios de comunicación comenzaron a difundir la “notoria novedad” de una chica (¿ex?) anoréxica-bulímica que contaba cronológicamente todos los padecimientos vividos desde el día en que conoció a Alejo, el príncipe gris de esta historia. Hubo quienes admitieron que si bien el contenido del libro era perturbador, ayudaría a concientizar a personas que estuvieran atravesando situaciones similares: males de amor y desórdenes alimenticios.
También hubo quienes lo criticaron, condescendientes con la metódica maniobra de la no-exposición de historias tan aberrantes, del ocultamiento como forma de construcción de la realidad. Sin embargo, pocos contemplaron que se trataba de una autobiografía y por tanto, difícilmente criticable en ese sentido.
Lo que más llama la atención del libro es que carece de final. No hay escena triunfal, ni melodramática, sólo unas pocas páginas en que Latini intenta redondear algunas ideas-disculpas-situaciones. Pero sin lograrlo, porque no es siquiera un final abierto. Al parecer, los finales de Latini quedan todos en intento: el de su vida, el de su primer amor, el de su libro y ¿el de su anorexia?
Tampoco hay verdadera moraleja en Abzurdah, que es --como admite Latini-- un absurdo. Literatura en clave blog, más cercana al monitor que al papel, esta obra no es más que un manuscrito de descargo emocional, irónico y descarado, tal vez producto de una búsqueda de paz interior, aunque Latini se permita algunos giros metafóricos de bajo vuelo (“Estoy vomitando pedazos de alma”).
La autora no pretende hacer de su experiencia un universal único e insoslayable, eso está claro. Sin embargo, la constante dramatización de lo que se narra no permite distanciar --salvo en algunas oportunidades en que Latini lo explicita-- la Cielo recuperada de la enferma, la actual de la de ayer. Lo mismo sucede al finalizar la historia, respecto de su relación con Alejo, a quien criminaliza e idolatra simultáneamente.
Varias situaciones cotidianas (aunque dadas como únicas e irrepetibles) a la mayoría de quienes tuvieron, tienen y tendrán en sus manos el libro y preguntas comunes y cuasi retóricas (“¿Por qué uno se imagina tremendas estupideces?”), son algunos de los recursos que se repiten en el texto, tal vez en otro intento, el de volverlo próximo al lector.
Abzurdah es, en fin, una obra egoísta pero interesante en tanto que pone en relieve algunas concepciones actuales, como la diferencia de trato que se le da a una chica anoréxica y a una modelo de pasarela, profesión que escuda más de un caso de delgadez alarmante. Una obra de lectura fácil, que pudiera haber sido plasmada en no más de un centenar de páginas (y no en casi tres), pero que no deja de ser llamativa por su tono agresivo y la problemática abordad.
Sitio: www.abzurdah.com
Fotolog: www.fotolog.com/abzurdahoficial
Ariel Sánchez no es otra cosa que músico. Nada en su vida hay que no esté atravesado por melodías. Dicta clases de piano, acordeón y lenguaje musical de lunes a viernes, interpreta el criticado repertorio de Ricardo Arjona en pubs y restaurantes porteños casi todos los fines de semana y compone bandas sonoras para cine y obras de teatro, tarea a la que le dedica cada segundo de su vida, y oficio que finalmente lo define. Su historia sirve para que otros, como él, se anoticien de que la creación musical, al margen de “todo lo expresiva que es”, puede ser un medio de vida, aún alejado de los escenarios.
Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Ariel Sánchez
Buenos Aires, septiembre 11 (Agencia NAN-2008).‑ Dice que vive de la música y que hacerlo es “un malabar complicado pero no imposible”. Dice que, para poder vivir de ella, tuvo que “hacer algunas concesiones”, como ofrecer al público de diversos bares porteños, fin de semana tras fin de semana, un repertorio plagado de canciones de Ricardo Arjona. Sin embargo, no reniega de esos detalles que, dice también, dejó de entender como “malas palabras”. Ariel Sánchez no sobrepasa las tres décadas y da clases de piano y acordeón, además de ser músico de bar. Pero, lo que más lo apasiona es la tercera pata de esa “especie de pyme” en que transformó su pasión por la música: componer bandas sonoras de obras de teatro y producciones audiovisuales.
Arrancó en el universo musical a los ocho años, “casi ligándola de rebote”. Es que la culpable de que sus dedos tocaran por primera vez las teclas de un piano --o algo similar a uno de esos instrumentos-- fue su hermana. “Para uno de sus cumpleaños le había pedido a mis viejos que le regalaran un piano, pero sólo alcanzaron a comprarle un teclado. Y ella no lo quiso, así que fue a parar a mí”, relata Ariel, intentando sonar convincente tanto para su interlocutor como para sí mismo. Es que si bien no niega la existencia en él de una cualidad innata que le hace más fácil la aprehensión del los elementos que conforman el mundo de las melodías, se rehúsa por completo a pararse de lleno en el lugar de músico.
Sea como fuere, algo de eso nació con él. Y creció con él, sin abandonarlo. Tardó en encontrarlo. En entender --para que los demás entiendan-- qué era exactamente eso de componer bandas sonoras para cine y teatro, para lo que más se sentía capacitado. Si bien comenzó a estudiar música cuando tenía ocho años, debieron pasar más de diez para que las ideas se aclarasen. “Confío en lo que puedo hacer en este área. Y en mi formación, no sólo académica, sino de autodidacta, de pibe curioso, que se la pasó varias horas de su vida analizando, viendo, y copiando a los mejores”.
Paseó por profesores particulares, formó bandas de rock en su adolescencia y, tras intentar varias carreras universitarias ligadas al arte, eligió estudiar para instrumentista de tango en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Aunque el tango es su gran pasión, abandonó su estudio cuando se convirtió en su propio maestro en el camino de la composición. “Era dedicar mi vida a eso, no me permitía hacer muchas cosas más. Descubrí que nunca iba a llegar a ser instrumentista: no tengo pasta para estar diez horas en el piano haciendo ejercicios, ni ocho ni seis , aunque sí puedo estarlo analizando imágenes, viendo cine, descubriendo las melodías que se usan”, admitió.
El resultado de sus primeros trabajos fue la pista que le señaló que la composición era su historia. Como sucede a la mayoría de las personas que empiezan desde cero, la primera canción que compuso como banda sonora fue encargada por una amiga que necesitaba ponerle música a su obra, seis años atrás. “Gustó”, recuerda, y como una reacción inconsciente continúa: “Lo que vino después fue mucho más difícil: salir a ofrecer mis trabajos, mi profesión”.
A aquel primer trabajo le fueron sucediendo otros, encargados por personas cada vez más lejanas de su círculo íntimo, pero cada vez más cercanos a su mundo laboral. Hoy son cerca de quince las obras completas que compuso, número que se multiplica rozando la centena si se cuenta de a canciones. “Cada proyecto es completamente distinto. No hay plantilla. No hay matriz. Todo es nuevo. La misma melodía con otra imagen, ya es algo distinto”, explica.
Pero, ¿qué es componer para la imagen? En palabras de Ariel, lo más importante e interesante de pensar melodías que las acompañen es el desafío de los límites: “No hay libertad total, como cuando te sentás frente a una hoja y un pentagrama en blanco a escribir una canción. La imagen es tu límite, tu espacio acotado, donde tenés que construir una música que combine”, distingue.
El protagonismo de la imagen es precisamente lo que hace que la melodía, pero más que nada el compositor, permanezcan escondidos entre bambalinas. “A veces mi opinión está bastante atrás, la autoridad máxima es la mirada del director, y hay que respetarla. Aunque muchas veces aparece esta sensación de que hay cosas que uno haría distinto, el objetivo es coordinar voluntades para determinado fin”, sostiene. Entonces, al momento de encarar un nuevo proyecto, Ariel se sienta con el dueño de la idea: el director. Lo escucha, lo explora y busca las intenciones previas que esa persona tiene para la música. Luego estudia el guión y, en el caso de que sea una obra, presencia los ensayos, se sumerge dentro de ese mundo ficcional, y así “la cosa va naciendo”.
“Lo lindo de este laburo es que cada proyecto es nuevo y nunca sabés cómo va a quedar el producto terminado. Te permite sentir cada momento de su gestación”, señala. Si bien cuenta con los conocimientos necesarios, Sánchez confiesa que a la hora de empezar a componer, los recursos técnicos quedan un poco de lado, que nunca sabe muy bien lo que hace, que le da mucho lugar al instinto, a la improvisación, y que luego va puliendo el trabajo. “Desde la cuestión técnica, no es posible obtener originalidad. Después de Bach, no se puede inventar nada”, desliza, casi con timidez, su casi desahuciada teoría, que luego expone: “lo que vino después tiene que ver con un cambio en el soporte o en el mensaje, pero armónicamente no cambió nada, sigue siendo lo mismo”.
Si bien hace tres años que comenzó a elaborar un “negocio serio” alrededor de su “pyme” --con página web y todo--, Ariel tiene muy en claro que “no hay un camino marcado en el tema, hay que ir desmalezando un sendero que está sin descubrir”. Mientras tanto, trata de conocer bien de cerca los hachazos que fueron dando en su propia selva algunos grandes compositores, como Goran Bregovic (musicalizador de las películas de Emir Kusturika), Nino Rota (colaborador habitual de Federico Fellini) y, claro, Gustavo Santaolalla.
Como aún está naciendo en esto de “hacer de lo que amás tu medio de vida”, complementa las tareas de compositor con clases de piano y acordeón, aunque cada tanto algún alumno se le acerca para aprender el oficio de escribir música para la imagen. Completa los ingresos que le permiten sobrevivir dando shows en vivo los fines de semana. “Hay un momento en que entendés que esto, además de ser lo maravilloso y expresivo que es, puede ser tu medio de vida. Muchos músicos sienten que tocar temas de Arjona significa venderse, sin embargo la realidad es otra. Arjona o no, estás haciendo música, que puede no representarte en un cien por ciento, pero ¿ser cadete en qué te representa?”, despliega como si el mundo estuviera escuchándolo con atención.
“Santaolalla dejó el hippismo en los 70 y se puso a producir”, concluye.
Sitio: www.arielsanchez.com
La banda de reggae roots y dub oriunda de Tigre cerró las presentaciones musicales del escenario de reggae del Bafim con un show breve pero cumplidor. Mientras dentro del Centro de Exposiciones porteño el reggae lo llenaba todo (al menos en el Escenario Sur, dedicado el domingo a ese género), fuera se desarrollaba un nervioso operativo de seguridad, apuntalado por ¡el cuerpo de Infantería de la Policía Federal!
Por Adrián Pérez
Fotografía gentileza de Federico López Claro (Rock.com.ar)
Buenos Aires, septiembre 9 (Agencia NAN-2008).‑ Una nueva edición de la Buenos Aires Feria Internacional de Música (Bafim) llegó el domingo pasado a su fin, demostrando el excelente momento que vive el reggae por estas latitudes, con las presentaciones de Satélite Kingston, Riddim, Fidel Nadal y Nonpalidece y una convocatoria importante para un domingo frío por la tarde. Tan importante que la organización del evento se vio desbordada.
Por suerte, y porque el público que asiste a menudo a estos recitales sabe manejarse, la cosa no pasó a mayores. Cientos de chicos que quedaron fuera del recinto --con capacidad para tres mil personas-- escucharon pacíficamente el cierre a cargo de Nonpalidece, palabra que surge del slang, el lunfardo inglés, y significa “no palidecer”, en referencia a “la actitud de un guerrero”. Dicho por ellos mismos: “Así nos identificamos con la música”.
La presentación habitualmente aceitada de Riddim y el raggamuffin’ de Fidel Nadal dejaron calentito el escenario para que la banda de Tigre abriera su performance con “Tu presencia”, a las 21. Antes de comenzar, Néstor Ramljak, frontman de Nonpalidece, pedía tranquilidad al público --hay que decirlo, se sentía la tensión fuera del Escenario Sur, aumentada por la presencia del cuerpo de Infantería de la Policía Federal y empleados de seguridad muy nerviosos-- y lanzaba una consigna que hace al espíritu de este género: “Vamos a demostrarle a todos que podemos pasarla bien y hacer las cosas en paz”.
“En el río” floreció en forma de llamado ancestral desde la voz de Néstor, atravesando las paredes del Centro Municipal de Exposiciones: “Intereses y egos tus aguas tiñeron; higiene y peces están muriendo; ambición desmedida roza la isla; con tantas luces con tanto fuego; tanta ignorancia y tanto progreso; el monte muere y eso sí es serio”. Pegadito sonó “Reggae en el universo”. La primera trilogía de canciones hizo las veces de presentación de Hagan correr la voz, último disco de Nonpalidece.
Una versión calma, plena, profunda de “Reina” --como si efectivamente sonara la versión remasterizada en 2003 de Dread al control, su disco debut-- continuó la lista de temas. Coro de almas, color en el aire, cada uno de los asistentes recitó: “Sueña y siente que va a salir y habrá encendido al fin el camino; no hay nada más que hacer; tu reino encontrará en ti; la esencia es tan real; que tu reino brillará en ti; si tus ojos dicen la verdad”. Para mantener el clímax, y con el vocalista de Tigre dedicándole la siguiente canción “a todas las personas que creen que con una sonrisa se puede construir un mundo mejor”, se escuchó “La sonrisa”.
Promediaba el show y le tocó el turno a “Discrimination”, una excelente versión del tema de Tiken Jah Fakoly, cantante reggae de Costa de Marfil. ¿Reggae globalizado? ¿Por qué no? El álbum Nuevo día se haría presente en tres de las últimas cuatro canciones, arrancando con los primeros acordes de “La voz en tu cabeza”. Invitando a no bajar los brazos, Néstor entonaba: “La única manera de saber es transitando el camino y aprender; lo que resta es sólo tiempo; y ya te han dicho que es imposible; y lo imposible solo tarda un poco más”.
Llegando al final, se escucharon “Estén fuertes”, “¿Para dónde corrés?”, y por último “La Flor”, clásico de Nuevo día, con su bucólica imagen: “Tomé mi bicicleta y salí; la llovizna ya paró, con su rocío todo, todo perfumó; y es que este aroma me recuerda tanto a ti, una flor es lo que eres para mí”.
Cuarenta y seis minutos de reggae roots y una banda que, al igual que su público, no palideció en ningún momento. Así, mientras afuera esperaba un operativo policial de envergadura, el reggae brilló en el universo de Buenos Aires. Una vez más.
* Nonpalidece toca el 19 de septiembre en La vieja usina (Córdoba) y el 21 en el Festival Clandestino (Estadio Malvinas Argentinas, Buenos Aires), junto a Resistencia Suburbana, Riddim, Dread Mar-I y Pampa Yakuza
Sitio: www.nonpalidece.com.arMyspace: www.myspace.com/nonpalidecereggae
El ex compositor de los progresivos Que se convirtió al cantautorismo sensible y ofrece en su debut solista un álbum prolijo y elegante, catalizado por un concepto de redescubrimiento constante de las interrelaciones humanas.
Por Luis Paz
Buenos Aires, septiembre 6 (Agencia NAN-2008).‑ Íntimo, cálido, acústico, cuidado, elegante. Nictógrafo puede describirse a partir de cualquiera de esos conceptos. Es que el disco debut como solista de Lucio Mantel --otrora cantante de la banda de rock progresivo Que-- no estaría para nada mal ubicado entre Amar, temer, partir, de Gabo Ferro (otro ex rockero convertido al cantautorismo), y el CD-R que compila a Fanny Grass, Félix, Santi Amor y Hernán Martínez. De hecho, Mantel es una síntesis de lo mejor de cada uno: la capacidad interpretativa de Ferro, la crónica de Franny, las melodías de Félix, las ocurrencias del alter-ego de Santi Rial y el calor de Martínez. Aunque Mantel no abrace el rock, como Amor y Martínez.
Nictógrafo (literatura): objeto creado por el Lewis Carrol en Alicia en el País de las Maravillas, utilizado para escribir en la oscuridad. Nictógrafo (música): disco compuesto por Lucio Mantel con gran intimidad en la composición, excelente acústica en el sonido y un impecable trabajo de producción de Tatu Estela en los estudios El Santito y Papel Groove. ¿Cuál es, entonces, el sentido de la referencia? Pues que la mayoría de las doce canciones del disco fueron compuestas “sin saber si alguien las iba a escuchar alguna vez, en una virtual oscuridad”.
“Oscuridad” presente más por la mística oscurantista que por un sonido oscuro, ya que Nictógrafo es un álbum de canciones (¿acaso no todos lo son?), con un sentido nostálgico pero una interpretación abierta, liviana, un ensamble productivo entre Mantel en guitarra y voces, Gaspar Tytelman en percusión y Roy Valenzuela en contrabajo, ensalzado con las colaboraciones de Mariana Baraj en voces, Juan Pablo Chapital en guitarra, Fer Isella en órgano y el Polaco Sunshine en la creación de ambientes sonoros. También es destacable la presencia de Carli Arístide, Leila Cherro, Delfina Zorroaquín, Horacio Cacoliris y Juanfa Suárez, que aportan bronces, cuerdas y parches al producto final.
Que el disco comience con “Refugio” --“Vine escapando de una mancha oscura y espesa, en procura de un refugio contra toda la sociedad, transité delirios, miedos, sombras y nubes, hasta que entendí que esa soledad era el mismo refugio”-- no es casual. Y si que termine con “Lunar” –“Su retrato le era ajeno porque nunca encontró otro modo de brillar, ¿un día habría de llegar?”-- es casualidad, es una magnífica porque cierra perfectamente el concepto del disco (las entreguerras de las relaciones humanas) con un interrogativo final abierto.
El camino entre aquel descubrimiento inicial (del conocimiento) y este ulterior (del desconocimiento real) pasa por el envión renacentista de “Túnel”, la nostalgia de “Luminosa sombra”, la pretendida omnipotencia de “Todo”, la real dependencia de “Algo” y la sensación de estarse en la mitad del camino de “Otoño”. Los títulos son un texto aparte, tan logrado como el resto. En la segunda mitad, Mantel vuelve a renacer en “Tanto”, a extrañar en “Nadie en el espejo”, se convierte en mar en “Llueve”, en ardor en “Vapor” y, antes de documentar sus conclusiones con “Lunar”, festeja por adelantado en “Zamba desnuda”, celebrando una etapa más de un camino más, sin que eso lo convierta en un álbum más.
Nictógrafo es, en balance, una cuidada y prolija obra, con una interpretación musical lo suficientemente sobria como para que el concepto pueda ponerle un manto de sentido a un muy buen debut de un emergente cantautor sensible.
* Lucio Mantel presenta Nictógrafo el miércoles 10 de septiembre a las 21 en el Chacarerean Teatre, Nicaragua 5565
MySpace: www.myspace.com/luciomantel
Bajo esa consigna, comenzó hoy el 7º Festival de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud, una iniciativa que en su edición 2008 reúne a más de cien producciones cinematográficas de veinticinco países para aportar enfoques, críticas y reflexiones sobre las situaciones de los niños, adolescentes y jóvenes. Hasta el próximo miércoles 10, serán diez días de cine de animación, documental, de ficción y de divulgación de derechos de los más chicos.
Por L.P.
Fotografía gentileza de Nueva Mirada
Buenos Aires, septiembre 4 (Agencia NAN-2008).‑ Para ser considerados como tales, los festivales deben cumplir, usualmente, una serie de requerimientos concatenados: ofrecer espectáculos diversos para públicos diversos, mediante enfoques diversos y en lugares diversos, en la medida de lo posible. Diversidad, diversidad y diversidad. La misma diversidad que se puede hallar entre los niños, los jóvenes y los adolescentes, hacia dentro de cada franja etaria y en relación con las demás y, sobre todo, con los adultos. Esa diversidad de experiencias, de tipos de pibes y adolescentes, es lo que intenta documentar el 7º Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud, que comenzó hoy en Buenos Aires y seguirá desarrollando sus actividades hasta el próximo miércoles 10.
Una semana, entonces, en la que no faltará la típica Competencia oficial de todo festival de cine; pero que incluirá también una sección de Dulces sueños, con trabajos de animación; una Panorámica, de ficción; y otra con el mismo nombre del festival, con obras realizadas por los más pequeños alumnos de escuelas de cine y video. Pero en el capítulo 2008 de Nueva Mirada, que se desarrollará íntegramente en el cine Gaumont, del barrio porteño de Congreso, también se incorporará el apartado Mi TV, con proyecciones de programas de televisión (ficcionales, documentales, periodísticos, educativos y de entretenimiento), dirigidos a todos. Sí, incluidos los adultos.
La programación del festival está clasificada en cuatro franjas de edades: habrá algo para los de cuatro a ocho, otro tanto para los de nueve a doce, la parte de los de trece a quince y un extenso segmento dedicado a los de dieciséis en adelante, al que a las temáticas educativas, de concientización y de difusión de derechos se agregan problemáticas sexuales, de adicciones y de relaciones. El calendario completo de actividades haría colapsar este sitio, ya que más de 25 países colaboran con la producción argentina para dar forma al Nueva Mirada más importante, con más de cien obras en rotación y proyección. Dato para los padres: las funciones de las 9 y las 14 son gratuitas para niños y docentes, comedores y hogares, aunque con inscripción previa a través de su sitio web, donde también figura la grilla de programación. De todas formas, el resto de las funciones no exceden los cuatro pesos de costo.
El festival es organizado por Nueva Mirada, una asociación civil miembro de la Alianza Global para la Diversidad Cultural de la Unesco y del Centro Internacional del Film para la Infancia y la Juventud; y si bien su fundamento excede a la propia competición, no se pueda dejar de lado el hecho de que se trata de un festival de cine. En ese sentido, un jurado elegirá y premiará a las producciones que considere más enriquecedoras en cada área específica. Lo interesante --o más bien, lo coherente-- es que los niños tendrán participación, mediante su dulce voz y su tan válido voto.
Sitio: www.nuevamirada.com
La puertorriqueña y su sólida banda de acompañamiento se lucieron en un recital intimista, el último viernes de agosto, con la excusa de presentar el DVD Dulces sueños, primer lanzamiento de Mimi en ese formato. Agencia NAN se acercó hasta el boliche de San Telmo para disfrutar de un recital limpio y profundo, dos horas de reggae, ska y boleros.
Por Adrián Pérez
Fotografía de Karina Beck para Agencia NAN
Buenos Aires, septiembre 2 (Agencia NAN-2008).‑ Tanto en las mesas ubicadas en el centro de La Trastienda --boliche que se caracteriza por su ambiente intimista-- como en los pasillos y las ubicaciones del primer piso, la convocatoria para la presentación del DVD Dulces sueños demostró una nutrida asistencia: unas 400 personas esperaban, relajadas en sus lugares, que se corriera el telón. Lo que sucedió cuatro minutos pasada la medianoche.
La escena: el nombre de la cantante en luces de marquesina roja y todos los músicos vestidos de riguroso negro, como si fuera una gala especial, que poco o nada tuvo que ver con las galas de Showmatch. No bien se apagaron las luces, las primeras imágenes del video en vivo de “Loiza aldea”, tomadas durante la presentación de Mirando caer la lluvia, el 25 y 26 de abril en el ND/Ateneo, comenzaron a verse en la pantalla.
Durante la proyección, se veía a Mimi moviendo los brazos, bailando una danza ritual en la penumbra del escenario; a un afinado Hugo Lobo (Dancing Mood) haciendo las delicias con su solo de trompeta y a Sergio Rotman convertido en virtual director de orquesta, dándole el paso a cada engarce musical durante toda la noche.
Con este adelanto del DVD termina el primer acto y comienza el show. Los músicos entran de a poco, como fieles mosqueteros, compañeros en la travesía artística de poner el cuerpo y el sentimiento sobre el escenario. Ella, con esa voz desgarradoramente emocional, cierra filas tras ellos, con vestido blanco, faja negra y botas bucaneras. Interpreta “El día de mi suerte”, primer corte de Mirando caer la lluvia. Como una bandera, un estandarte que brota con fuerza de sus labios, se la escucha cantar: “Pronto llegará, el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte, seguro que la suerte cambiará”.
Arriba del escenario, la sociedad musical entre Mimi y sus compañeros de andanzas es irrefutable. Abajo, va arropada con el calor del público y una noche que promete frenesí, misterio, pasión y raíces. Ni ella ni la banda defraudan. Quienes se encuentran cómodamente ubicados en sus mesas comienzan, poco a poco, a mover las piernas y las manos. La música encantadora de almas hace que los cuerpos se fundan con cada acorde y que bailen alrededor de las mesas. A “El día de mi suerte” le siguen “My fast love” (en el disco es un dueto con Guillermo Bonetto de Los Cafres); “Martes”, que incluye el primer solo de la noche de Hugo Lobo. Y, luego, “El fin del mundo”, del disco Frenesí, casualmente inspirado en una pregunta del pequeño hijo de Maura y Rotman: “Y me pregunto cuándo va a llegar, el acertijo es cuándo llegará, cuándo llegará el fin del mundo”.
Lo que sí se sabe es cuándo fue el inicio del mundo para Midnerély Acevedo, tal el nombre real de Mimi, que nació en San Juan, Puerto Rico, en 1972. Su infancia transcurrió entre esa ciudad y Chicago, Estados Unidos. Mimi tomó clases de arte en la Escuela de Artes de San Juan, pero su crecimiento artístico estuvo influenciado por la figura de su padre, Mike Acevedo, autor de algunos éxitos que la cantante boricua interpreta en sus presentaciones porteñas: “Vente conmigo”, “Jay, yo me muero”, “El apartamento”, “Vagando” o “Llévame con ella”. También hay datos menos conocidos, como la vinculación de Maura con el metal, cuando en 1987 formó Rencor con su hermano Miguel, una de las primeras bandas de música en español en la isla caribeña.
La referencia a la tierra natal llegó de la mano de “Leyenda de la Guayona”. Mimi entonó: “Allá de donde vengo yo, había un héroe taino, de las mujeres se apropió y emprendió su camino, con su canoa navegó burlándose del mar, hasta que vio la tierra para soñar”.
“Arriba y bien alto me busca el destino, volando ensueño y soñando camino” florecía como metáfora de las voces de los asistentes en “Me busca el destino”. El primer invitado de la noche llegaría con “So little time”, otro de los duetos de “Mirando caer la lluvia”. Boom Boom Kid hizo su aparición para acompañarla, no sin antes pedir disculpas al público y aclarar que solo cantaría “un tema”. Luego, el “maestro de ceremonias” Rotman le dio paso a un serpenteante y venenoso solo de Lobo, devenido en encantador de oídos. Así, la noche echaba su manto de climas y sensaciones intensas sobre el boliche de San Telmo.
Con las primeras notas de “El apartamento” llegó la intervención del segundo invitado de la noche, Oscar Albrieu Roca, en vibráfono. Ella, dueña de la escena nuevamente, acompañó con una interpretación limpia y profunda el solo de Albrieu. Luego les llegaron sus turnos a “Mientras desapareces en la luz”; “Vente conmigo”, acompañada por Luís Gastón Lamas de Xeito Novo en pandeiro, Rotman en saxo, más un impecable set de percusión; y “Gloomy Sunday”.
Los acordes cadenciosos de “Loiza aldea” llegaban y con ellos la denuncia necesaria: “Llegaron antes de viajar hacia Marte, la cruz asesina, la excusa y la Fe, el hierro sobre la cabeza del hombre, buscando motivos para vivir, Loiza aldea, paraíso en la tierra”. Ya cerca del final, sonaron “No, no, no”, del disco Noches de pasión (en el original, un dueto con Fidel Nadal); “Vagando”; “Yo no lloro más”; “La huella” y “Dulces sueños”. En estas últimas canciones, Mimi hizo de las suyas, rascador en mano.
Una percusión aceitada, ritual, dirigida a la cabeza y al corazón, se escuchó en “Mirando caer la lluvia”, que bautiza el último disco de la puertorriqueña. “Ba ba boom”, de Mimi Maura sings reggae, rocksteady & ska 63-68-74, y “Mensaje especial” cerraron dos horas de reggae, rocksteady y ska. Pero también boleros.
Curiosamente, Mimi estuvo acompañada por Fernando Ricciardi (batería) y Dany Lozano (trombón), compañeros de Rotman (saxo alto y coros) y Hugo Lobo en la gira regreso de Los Fabulosos Cadillacs. Claro, también aportaron lo suyo Abel Clementino (bajo), Dante Clementino (teclado) y Maneco (guitarra), que le permitieron a Maura pasear su voz y su baile, los ritmos de América latina y los sonidos del mundo por La Trastienda.
“Una mujer con fuerza, dulzura y sensualidad”, murmuró una chica, mientras se alejaba del boliche y caminaba por las calles de San Telmo, perdiéndose en la brisa de la noche del último viernes de agosto.
* Mimi Maura toca el 20 y el 27 de septiembre en Velma Café, y el 17 de octubre en Niceto
Sitio: www.mimimaura.com.ar