domingo, 30 de noviembre de 2008

Discos: “Bicicletas” (Bicicletas, 2006).-

El álbum debut del quinteto platense es una invitación al largo y sinuoso camino de la semiosis ilimitada, una pedaleada caótica que, aunque por momentos lleva al viaje angustiante, se resuelve en uno psicodélico por los paisajes de la juventud, los clásicos del rock argentino y la sana paranoia.

Por Luis Paz

Buenos Aires, noviembre 30 (Agencia NAN-2008).‑ Bicicletas es, junto a Banda de Turistas, uno de los mejores nombres de bandas de la escena. El Turista original de los autores de Mágico corazón radiofónico era incluso mejor. Pero Bicicletas es de esos nombres alla Sumo, de esos que habilitan a la semiosis ilimitada. Según los interpretantes que maneje cada quien, algunos verán en él un recuerdo de los paseos juveniles sobre dos ruedas; los melancólicos recordarán el disco de Serú Girán; y los yonquis sonreirán por el guiño a la bici 2000 o ciclista, predecesor del Star Wars, lisergia acartonada 2005, y de las verdeamarelhas de más acá.

Sí, esta reseña es sobre Bicicletas, la banda y el disco, y no un anexo de la revista THC, pero el punto es que el quinteto liderado por el pelado Julio César Crivelli suena juvenil, suena a rock argentino de la primera hora y suena a psicodelia. Y que su estudio --donde parieron este disco, producido por Ezequiel Araujo, y grabaron los EPs Deslízate naranja (2003), Discover (2004) y Ojos (2005)-- se llame Descarrilado no es un dato menor, como tampoco que la de Crivelli es la voz detrás de esa carraspera angustiante de la versión de “Oye niño” de Miguel Abuelo, registrada en Ojos. Esta tendencia al cover ya la habían mostrado en Discover, donde reversionan a los Rolling Stones, Chemichal Brothers, The Cure, The Doors y Duran Duran.

La banda se completa con Agustín Pardo en bajo; Mariano Repetto en batería; Ignacio Valdez en sintetizadores, rhodes, moogs, guitarras y programaciones; y Federico Wiske en guitarras y coros; algunos parte de la banda estable de Juan Stewart y del ExperimentoLóizaga, y todos de The Killergrams, el lado B electrónico de Bicicletas. Sólo más señales de la capacidad de la banda para comprimir y explorar los últimos 40 años de historia musical.

Una compresión a fuerza de las paredes de guitarras de antaño, cuelgues y una voz ahora sofocante, luego angustiante y en ocasiones chamánica. Bicicletas, el disco, es en definitiva un viaje caótico como el primero de Hoffman. Un caos en el que, de nuevo, conviven el nene que cuenta que “doce peces quedan al sol”; el paranoico que recuerda esos “ojos que miran siempre desde lejos”; o el desconsolado por el “barco de papel que va a naufragar” de “Feliz no cumpleaños”, un concepto propio de un genio atormentado: “Por vos me ahogo en una bañadera sin final, por vos dejé que se rían de mí los demás, que se rían de mí una vez más”.

Que los Bicicletas no se encuadren en el stoner es tanto causa del midtempo casi constante en sus canciones como de sus intenciones: musicalmente, la banda experimenta básicamente con rock, blues y folk; y líricamente, intenta un desarrollo de la historia más allá de la metáfora. Algunos los señalan como art rock. Tal vez sea cargarles demasiado la mochila. Con decir que hacen "rock del siglo XXI”, como proponen ellos, basta.

La producción de Ezequiel Araujo aportó un valor agregado al potencial que Martín Mercado, gurú del indie porteño y dueño de Estamos Felices, vio en ellos para sumarlos al catálogo del sello, cuya propuesta se completa con Banda de Turistas, los dub psicodélicos Nairobi (junto a Bicicletas, de lo más colgado de Creamfields 2008), Coiffeur y promesas como Humo del Cairo y Calendar.

Pero hay que volver a Bicicletas, porque de eso habla esta reseña. El problema es que hacerla escuchando el disco es demasiado complicado: cuando el camino de la semiosis empezó, agregar la velocidad de la pedaleada cuesta abajo de “En el aire” complica andar en línea recta. Más bien complica hacer cualquier cosa que no sea disfrutar del viaje o tirarse al pasto con la bici apoyada en un árbol.

Y mejor que así sea, para que cada ciclista aplique su propia escucha polisémica.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Lule Le Lele: “Las historias personales y la mente podrida son las claves del humor que hacemos”.-

La publicación independiente de humor gráfico es como un huevito Kinder: el que la abre nunca sabe con qué se va a encontrar. Por eso, Agencia NAN propone un recorrido por su historia y concepto. Antes de empezar, avisan: “No existe un límite para Lule Le Lele, porque la idea es que no lo tenga”.

Por Sergio Sánchez

Buenos Aires, noviembre 13 (Agencia NAN-2008).‑ Nominalmente, la revista ya provoca una sonrisa. “¿Qué significa Lule Le Lele?” podría llegar a ser la pregunta automática que se hace la persona que pasa por delante de un puesto de diarios y se topa con este engendro de humor. Y la respuesta es tan delirante como las historietas que la integran. “Debe pronunciarse como la frase ‘dulce de leche’ pero cambiando las consonantes por la letra L. Este idioma fue inventado por un vecino nuestro, que, con toda naturalidad, decía: ‘¡Quiero mi Lule Le Lele! ¡Quiero mi Lule Le Lele!’”, explicaron a Agencia NAN dos de sus creadores, Gastón Souto y Damián “Polako” Scalerandi.

La idea nació a fines de la década de 1990 de la mano de un grupo de amigos de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón que siempre renegó del mundo banal que se gestaba en torno a las galerías de arte. “Buscábamos generar un espacio alternativo donde poder desarrollarnos como artistas, ya que era imposible entrar en el circuito de galerías y en el cómic no había ninguna revista vigente. La Fierro había cerrado hacía algunos años y la Sex Humor también, entonces estábamos medio en banda”, detalló Souto. “Éramos como parias desorientados y la revista nos unió mucho, nos encauzó. Fue una excusa para expresar lo que veníamos haciendo sin publicar”, completó Scalerandi.

Pero la presentación oficial, en formato fanzine, recién se concretó en agosto de 2001 en un centro cultural de Avellaneda, donde se realizó una kermesse con juegos, animaciones, videos, música y diapositivas. Actualmente, la publicación se exhibe en formato revista y ya hay 14 números en circulación.

- ¿Intentaron crear lo que faltaba en ese momento y lo que buscaban como lectores?
- Scalerandi: Es muy pretencioso afirmar que nos salía lo que queríamos leer, pero sí que nos divertíamos a full y de a poco se convirtió en algo que daba ganas de leer. Combinábamos la creación con la diversión personal.
- Souto: Además, concretar la revista significó compartir con otros lo que hacíamos, es decir, para que no quedara sólo en un circuito cerrado.
- Scalerandi: Las distintas épocas de la revista lo muestran, te das cuenta que la pasábamos bien haciéndola, por más que el resultado por momentos no era el óptimo. Pero no queríamos quedar en el limbo, ya que en ese entonces no había tecnología para difundir lo que hacíamos. Era el papel o el cajón, y a nadie le gusta terminar en un cajón. Después nos dimos cuenta de que una revista también era otra cosa, era pensar un poco en el lector, aunque sea un poco.
- Souto: Sí, en esa época andábamos en cualquiera, creo que en algunos casos los efectos de las drogas (no en todos) potenciaron un poco el humor absurdo que teníamos, hasta el nivel de ser ininteligibles para cualquiera. Hacíamos chistes que tenían sentido si los leías fumado.

- ¿Apuntan a un público determinado o cualquiera puede leer Lule Le Lele?
- Scalerandi: Es casi una revista nicho, que se cierra un poco, pero no porque lo pensemos así. A esta altura, por más que corrijamos errores y diseñemos, sale natural. El público no lo elegimos, nos toca. En las muestras, los pendejos se quedan mirando las tapas donde un chancho sale del orto de un elefante porque es hipnótico. Pero, por lo general, nuestros lectores son adolescentes medio traumaditos como nosotros que se ríen de muchas boludeces.
- Souto: El público que lee la revista tiene una cierta apertura, ya que el material que mostramos toca siempre lo bizarro y lo absurdo. El que se ríe del humor no tan sofisticado podría ser el público que entiende la Lule Le Lele.

Las páginas de Lule Le Lele son como los huevitos Kinder: se puede intuir el contenido pero jamás podrá adivinarse con qué historias absurdas, ácidas y negras se encontrará. Un sinfín de personajes irreverentes e irrespetuosos están encerrados entre las viñetas, pidiendo a gritos ser comprendidos. Apolo; Juanete, el dragón que siempre la mete; el autobiográfico Gordo Sémola; Capitán Cortesía; y el torpe antihéroe Súper Tipo son sólo algunos de los personajes que integran el heterogéneo zoológico de papel.

- ¿De dónde surgen las ideas para personajes como Súper Tipo o el Capitán Cortesía?
- Scalerandi: En cuanto al Capitán Cortesía, que es mi personaje, las ideas surgen de situaciones vividas, anécdotas, pero matizadas con la personalidad del personaje, que es medio facho, tiene una madre trola y no tiene padre. Todo el tiempo sufre por esa ausencia, odia a los negros, porque los considera una amenaza. Es un forro, pero inocente al mismo tiempo. Entonces yo busco una idea y la paso por el filtro del Capitán Cortesía. A veces las ideas vienen de la nada, cuando menos lo esperás. Una vez que tengo el crudo, viene la parte más compleja que consiste en armar los guiones y depurar. Apolo, que es el personaje de Basabe, tiene mucho de lo que le pasa en su ámbito de trabajo (un bar), entonces de ahí saca infinitas anécdotas. Con Súper Tipo, el personaje de Santos, la idea es ridiculizar a un súper héroe. El tipo es un boludo pero se la re cree. Por eso, cuando quiera ayudar siempre deja todo peor de lo que estaba.
- Souto: Mi personaje, el Gordo Sémola, surge de mi lado más destruido pero con una apariencia infantil. Sémola son todas mis deformidades sin límites, es un retrato híperrealista. Como no se me ocurren guiones tomo nota de lo que me sucede, siempre transformándolo un poquito para que el lector lo cace.
- Scalerandi: En general, las historias de la vida personal y tener un poco la mente podrida, infantilizada, nos dan la clave para el humor que hacemos.

Por supuesto, como suele sucederle a todo artista, recibieron influencias de una extensa lista de dibujantes, series animadas y hasta tiras de televisión. “Inicial y fundamentalmente Robert Crum fue un dios en la adolescencia. También Los Simpson, aunque nuestro humor no se parezca, nos dio mucha data y apertura”, detalló Scalerandi. Entre la larga lista de influencias, los creadores mencionaron a La Pantera Rosa, Los Pitufos, Ren y Stimpy, He-Man, los personajes de Disney, La vida moderna de Rocko, Cha Cha Chá, Benny Hill, Landrú, Patoruzú, las revistas Satiricón y Humor, las películas de Sandro. Y Pipo Cipolatti.

Además del staff estable de dibujantes, conformado por Martín Santos, Gerardo Basabe, Martín Sánchez, Scalerandi, Souto y Diego Segovia, en la revista colaboran dibujantes noveles y reconocidos como El Bruno, Scuzzo, Fantoni, Ariel LV, Sergio Langer, Diego Parés y Gustavo Sala. Y para los próximos números tienen prevista una colaboración del ya célebre dibujante Liniers.

- ¿Cómo llegaron a contactarse con dibujantes de la talla de Diego Parés, Sergio Langer y Gustavo Sala?
- Souto: Para promocionar la revista íbamos a todos los eventos y exposiciones del género, entonces empezamos a pegar onda con algunos dibujantes. En cambio, a Sergio Langer lo conocimos en un taller de guión dictado por el escritor Rubén Mira, de La Nelly (historieta diaria publicada en Clarín).
- Scalerandi: La historia con Sergio fue distinta porque nos conocíamos con Mira antes de crear la revista y él siempre nos impulsó. Son dos tipazos re macanudos, por eso los números diez y once vienen con entrevistas a ellos, que ya son amigos. Por otro lado, a Parés lo conocimos en una presentación de su personaje Rispo. Ahora también es un amigo. Lo mismo pasó con Gustavo Sala y Dani The O (fallecido en marzo pasado), que siempre aportaron un montón.

- Ahora bien, en cuanto al humor que manejan ¿Hay algún límite para hacerlo?
- Scalerandi: No existe un límite, porque la idea es que no lo tenga. El único límite seria que no fuera humorístico lo que hacemos, que no provoque gracia. Tratamos de crear como nos sale, por momentos desacralizamos, ridiculizamos y tiramos palos; y por otros somos unos boludos que no hacen nada de eso. Pero estamos seguros de que no queremos hacer humor “tinellezco”. Básicamente, la idea es hacer lo que no te dejan en otro medio y los límites los pone cada uno.
- Souto: La premisa es que nos dé gracia a nosotros, ése es el verdadero filtro.
- Scalerandi: A veces nuestros personajes son forros, fascistas o boludos y no necesariamente nosotros somos así, salvo por la excepción de lo último, pero la gente no entiende que los personajes tienen voz propia. En cambio, creen que uno es un forro cuando tu personaje, por ejemplo, habla a favor de los militares. Si razonás te das cuenta de que estamos en contra de los milicos, pero el que habla en ese caso es el personaje y no tu pensamiento.

- ¿Todo lo que publican se debate previamente?
- Scalerandi: Sí, hacemos una especie de mesa de debate para mostrarnos los guiones y bocetos. Además, para que cada uno se sienta seguro a la hora de laburar, pero lo empezamos a implementar hace poco y dio buenos resultados.
- Souto: En el caso de que alguna tira no agote las posibilidades, solemos sugerir alternativas para que el que la hizo pueda resolverla. Siempre desde un punto constructivo, porque nuestra intención es progresar. Además, todos estamos en la misma y el trabajo creativo es tortuoso. Por eso la mirada del otro es positiva para crecer, creo que todos estamos abiertos a escucharnos para mejorar. Nunca olvidamos que además de socios en un proyecto somos amigos.

- ¿Cómo realizan la distribución de la revista?
- Souto: Las revistas se reparten en kioscos y puestos de diarios por medio de una distribuidora, pero a las librerías llevamos el material nosotros. Lo mismo hacemos cuando vamos a buscar auspiciantes, nos caminamos todos los negocios de Corrientes, Cabildo, Santa Fe, es muy agotador. Y después viene la difícil tarea de ir a cobrar. A veces estamos un día para cobrar cinco pesos o te dicen que vengas en otro momento.
- Scalerandi: Hacer una revista independiente te quita mucho tiempo para dibujar remunerativamente, pero le damos para adelante y seguimos dibujando y publicando lo que se nos canta.
- Souto: O también es más rentable quedarte en tu casa sacando un laburo de dibujo que hacés para algún lugar, que salir todo el día por monedas. Nosotros estamos a full todo el tiempo, el rubro del dibujante es muy difícil, tenés que arañar laburos de todos lados y terminás esclavizado.

- No se puede tener un trabajo fijo, ¿no? Es un complemento de varios trabajos…
- Souto: Pan para hoy y hambre para mañana. Si en esta profesión no te movés, quedás afuera. Nosotros coloreamos páginas porno para Estados Unidos, hacemos dibujos para revistas y cómics para otros lados. Todo eso es laburo que no se ve y que no aporta mucho de artístico a tu curriculum, pero es laburo al fin. Por eso, para despegar de esa esclavitud, en Lule Le Lele encontramos el aire para no morir alienados.

Blog:
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martes, 25 de noviembre de 2008

Ariel Tenenbaum: relatos de un trotamundos.-

Tras encargarse con creces de vientos para Los Cafres, Riddim y Nonpalidece, esta rara avis saxofonista y trompetista editó recientemente su disco solista, uno de los tantos tópicos de la entrevista que concedió a Agencia NAN antes de su show del viernes 28 en La Castorera.

Por Adrián Pérez
Fotografía gentileza de Guadalupe Lombardo (Página/12)

Buenos Aires, noviembre 25 (Agencia NAN-2008).‑ El típico paisaje de barrio de casas bajas --ése que pincela otros espacios alejados del murmullo efervescente de la gran ciudad--, con árboles que no se inmutan ante la brisa tímida que los acaricia, fue el escenario del encuentro en Villa Luro con Ariel Tenenbaum, saxofonista “nativo” y trompetista “por opción”. El músico que le sacó lustre a los caños de Los Cafres, Riddim y Nonpalidece, entre otras bandas, charló con Agencia NAN sobre su incursión en el blues, primero, y el reggae, más tarde; los primeros shows en el Samovar de Rasputín y el Hard Rock Café; la experiencia de hacer televisión de la mano de Pettinato y el lanzamiento de Entre latidos, primer disco solista grabado entre agosto y septiembre de 2007 en los estudios Del Cielito Records.

Ni bien la cinta comienza a rodar y el grabador hace su parte, Tenenbaum despliega un abanico de ricas experiencias que describe una trayectoria musical ecléctica e interesante. La hoja de ruta del músico se nutre de una multiplicidad de estilos donde reggae, blues, jazz, ska y hasta cierto toque de britpop conviven sin prejuicio ni cliché; un camino que él mismo se encarga de resaltar como “de aprendizaje y búsqueda constante", un metodismo perfeccionista y obseso que pocos artistas saben cultivar. Y es fácil que convivan cuando el ex saxofonista de Los Cafres contagia en todo momento su placer por la música.

Sobre sus orígenes musicales, cuenta que todo comenzó hace diecisiete años, cuando ingresó como saxofonista a Estación Blues, oportunidad que le permitió meterse de lleno en la composición. Con ellos dio un show en Radio Del Plata y compartió presentaciones en el Samovar de Rasputín, acompañado por el violinista Jorge Pinchevsky.

Por aquellos años grabó su primer disco de blues "bien valvular y a la antigua" en los estudios El Abasto. Alejandro Lerner en piano, Gabriel Carámbula en guitarra y Willy Crook en saxo, más Patricio Cercas y Adrián Skarlatiuk en vientos completaron el elenco estable. Sin Cercas y Skarlatiuk, pero con Napo --primigenio dueño del Samovar-- en guitarra, compuso la banda sonora de la película 24 horas, una relectura nacional de The hot spot, el film de 1990 de Dennis Hopper en el que la guitarra de John Lee Hooker y la trompeta con sordina de Miles Davis despliegan su arsenal sonoro. “Aggiornado a nuestro país, a mí me tocó hacer las veces de Miles Davis. O mejor dicho: 'Mal' Davis", recuerda el músico entre risas, bromas y mates que van y vienen.

Sus comienzos con la trompeta estuvieron atravesados por la búsqueda. Cuando se le pregunta por aquellos tiempos, se toma su tiempo para pensar y comenta una anécdota interesante: "Mientras tocaba en mi primera banda escuchaba mucho jazz, donde el saxo tenor y la trompeta conforman una dupla inseparable, como la de Charlie Parker y Dizzie Gillespie. Insistí sin éxito con varios trompetistas para que tocáramos juntos hasta que un buen día tomé la decisión de comprar mi primera trompeta".

Clifford Brown, Chet Baker y los clásicos de la época del be-bop --un género que nació en Estados Unidos en la década de 1940, sucedió al swing y precedió al West coast jazz- marcaron el acercamiento del músico con ese instrumento. La formación en el saxo llegó de la mano de Bernardo Baraj y Víctor Scorupski. En la trompeta tomó clases con Juan Cruz de Urquiza y José Granata, que formó parte de la orquesta de Lalo Schifrin.

En 1998, se sumó a Aguante Bareta, que fusionaban rock y chacarera con una lírica que apelaba al humor. En esa banda conoció a Nicolás Costello, percusionista con el que dos años después formó Hard Rockers, que presentaba su espectáculo de humor y música tres veces por semana en el Hard Rock Café.

La televisión y Tenenbaum tuvieron un fugaz romance en 2001, cuando Roberto Pettinato, que venía de hacer Duro de acostar, lo invitó a participar en Petti en vivo, su segunda propuesta en la pantalla chica. Allí tocó con Gillespi, Rubén Rada y Adrián Otero, entre otros. Sonaban bien, pero el emprendimiento no duró mucho "por el ritmo y los cambios vertiginosos propios del medio". Guillermo Rangone en trompeta y Martino Gesualdi en trombón se sumaron al programa conducido por el ex Sumo. Con la salida del aire de Petti en vivo, Rangone reemplazó en Los Cafres a Hugo Lobo, que comenzaba a bosquejar Dancing Mood.

Entonces, Tenenbaum desembarcó en Los Cafres por una serie de suplencias y así comenzó su coqueteo con el reggae. En paralelo, tocó en México como parte de su gira con el grupo de ska Intocables, a fines de 2001. Allí conoció al trombonista Gabriel Leonetti, que le comentó que Riddim buscaba trompetista.

Al volver de la gira mexicana, audicionó para Riddim. "Era muy común que trompetistas y saxofonistas saltaran de una banda a otra porque, por lo general, había mucha demanda de vientos y pocos músicos que ejecutaran esos instrumentos", confiesa quien toca ambos.

En 2004, el disco Buenas noticias lo llevó de manera oficial a los estudios de grabación para convertirse en el nuevo integrante de Riddim, donde junto a Leonetti tuvieron fuerte presencia en los arreglos de viento. La emoción se le nota en la voz cuando recuerda la participación del fallecido Miky Dread en la producción del disco: "fue un tipo que sacó lo mejor de nosotros en el estudio pero también en el escenario".

--¿Por qué te volcaste al reggae?
--Creo que me atrapó su melodía y el ambiente. En lo musical, creo que es un estilo donde los vientos siempre tienen un lugar importante. Algo que destaco es el tema del mensaje.

--¿Y cuál es ese mensaje?
--Bueno, en los recitales siempre se respira un aire diferente, particular. En épocas en las que los adolescentes están un poco perdidos y desorientados, creo que el mensaje de tranquilidad y respeto es importante.

Antes de que el grabador termine su faena, Tenenbaum, que durante toda la entrevista con Agencia NAN se mostró simple, distendido, ameno y alejado del vedettismo, destaca: "Siempre me formé para cada paso que fui dando en mí carrera artística". La paradoja de los tiempos que corren, esos donde el camino más corto parece ser el más apropiado.

* Ariel Tenenbaum presenta Entre latidos el viernes 28 a las 20 en La Castorera (Córdoba 6237, Capital)

Sitio:
www.arieltenenbaum.com.ar
MySpace: www.myspace.com/arieltenenbaum

sábado, 22 de noviembre de 2008

Libros: “Acerca de Roderer” (Guillermo Martínez, 1992).-

Su reciente reedición sirve para rescatar esta novela atrapante, atravesada por la matemática y la filosofía, de un autor hoy prestigiado. Publicada originalmente en 1992, es considerada la mejor novela de narrativa joven de la década pasada y trata, fundamentalmente, sobre los procesos del conocimiento.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, noviembre 22 (Agencia NAN-2008).‑ Acerca de Roderer trata, por sobre todo, del saber. Un saber explicativo que sólo será para el protagonista, un adolescente solitario, retraído y oscuro con una inteligencia genial, perturbadora e inquietante, obsesionado con el conocimiento total. A lo largo de la novela, el escritor y matemático Guillermo Martínez va narrando el progresivo aislamiento del mundo de Roderer, inmerso en un desafío gnoseológico que busca revolucionar las ideas. Para ello, el joven está dispuesto a sacrificar todo. Y siempre peleará contra la flecha del tiempo, su único rival.

Se trata de una novela atrapante, atravesada por la matemática y la filosofía, como ocurre en Crímenes imperceptibles (el matemático Arthur Seldom aparece en ambas) y La muerte lenta de Luciana B. Pero esta novela, aparecida por primera vez en 1992, es considerada por la crítica local una de los 25 mejores libros argentinos de los últimos 40 años, y la mejor de la narrativa joven en la década pasada. Acerca de Roderer fue publicada en España y traducida en Estados Unidos, Noruega, Serbia, Grecia y Rumania.

Martínez compone una novela corta (apenas 117 carillas en la reedición de este año), pero eficaz y sólida, ostentando su saber sobre los grandes autores de la literatura. La historia transcurre principalmente en la década de 1980, en el preludio de la guerra de las Malvinas, en un pueblo del Sur llamado Puente Viejo, donde también ocurre la historia de su cuento Infierno grande. A ese lugar llega Roderer junto a su madre. Allí conoce en una partida de ajedrez a otro adolescente de su misma edad, a quien vence fácilmente. La partida de ajedrez funciona como una metáfora de la competencia que encara el narrador con respecto a Roderer, competencia a la que el genio solitario y sombrío no le da ninguna trascendencia. Su fin es otro.

Comparten por un lapso breve las clases en el colegio. Luego, ese joven se irá convirtiendo de a poco en la única persona con la que el genio solitario y sombrío mantendrá charlas sobre literatura, filosofía y matemática. A él, su contrapunto, le irá revelando su talento y empresa.

“Los diversos tipos de inteligencia se podían reducir a dos formas principales: la primera de ellas, dijo, es la inteligencia asimilativa, la inteligencia que actúa como una esponja y absorbe de inmediato todo lo que se le ofrece, que avanza confiada y encuentra naturales, evidentes, las relaciones y analogías que otros antes han establecido, que está orientada de acuerdo con el mundo […] Es la inteligencia de los llamados talentosos, o ‘capaces’, que el mundo conoce por miles”. Así clasificó el profesor Rago en una clase a la que asistieron los estudiantes. El narrador representa ese tipo de inteligencia.

Por su parte, Roderer es el símbolo del otro tipo. “Es mucho más raro, más difícil de hallar; es una inteligencia que encuentra extrañas y muchas veces hostiles las ligaduras más comunes de la razón, los argumentos más transitados, lo sabido y comprobado. Nada es para ella ‘natural’, nada asimila sin sentir a la vez cierto rechazo: sí, está escrito, se queja, y sin embargo no es así, no es eso. Y este rechazo es a veces tan agudo, tan paralizante, que esta inteligencia corre el riesgo de pasar por abulia, o por estupidez. Dos peligros también la amenazan, mucho más terribles: la locura y el suicidio”.

Como consecuencia, Roderer tiene la certeza que no tendrá un final feliz, ya que sufrirá al aprehender el logos que Dios y el Diablo atesoran.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El club del trueque 2.0.-

Un artista y docente marplatense comenzó en su blog una cruzada por “socializar textos y conocimientos”. Cambia fotocopias de ediciones raras o agotadas por lo que le ofrezcan, desde fotos a cerveza artesanal. Todo libro que pasa por sus manos va a parar al listado de su blog, que hace las veces de gran carpa donde se gestionan los intercambios. "Lo importante es que se negocie para que ninguna de las partes salga perjudicada” del intercambio, destacó el cybertrocador en su entrevista con Agencia NAN.

Por Facundo Gari
Fotografía gentileza de Gustavo Christiansen

Buenos Aires, noviembre 20 (Agencia NAN-2008).- Gustavo tenía un libro que Daniel quería pero no conseguía. El primero le ofreció una copia al segundo, a cambio de unas fotos. El segundo, encantado, se fue a su casa a leer el texto que había trocado. Cuando lo terminó, le prestó la copia a Raquel, que clonó al ya clonado libro y lo llevó a su taller de pintura, en donde luego de la lectura en voz alta de algunos fragmentos, varios alumnos le solicitaron a la docente una copia del texto completo. Cada pupilo que llevó una copia se la prestó a múltiples amigos, amantes, vecinos y colegas que multiplicaron los múltiplos multiplicados. Al infinito. La cadena de favores puede ser real, en principio, porque Gustavo existe, y además porque efectivamente cambia fotocopias de libros. ¿Cómo? A través de El Trocadero Libros, un blog que desde principio de año cataloga 92 publicaciones de “arte, estética y otras disciplinas afines”, describe brevemente cada una y ofrece un reglamento con una serie de pautas para el intercambio.

“Yo fotocopio libros, luego los intercambio por otras fotocopias, objetos de arte, videos, música, servicios, etcétera. Las características de los libros que fotocopio son múltiples: ediciones agotadas, raras, fuera de comercio, extranjeras o de costo elevado”, son las palabras con las que Gustavo Christiansen, un artista y docente marplatanse de 40 años, da la bienvenida a los cibernautas que llegan a su sitio.

Pero la idea, aclaró el divulgador a Agencia NAN, “no nació de la nada”. La génesis del blog se ubica en el marco de unos “encuentros de artistas” que junto con Analía Baños y Magda Bruzzone, dos colegas, organiza en Mar del Plata desde 2005. Allí se propuso crear una muestra artística cuyo corolario fuera el trueque de las obras expuestas entre sus creadores. Una vez realizada la primera de esas exposiciones, la ex coordinadora de los encuentros Diana Aisenburg mostró un libro de Joseph Beuys y los artistas se mostraron muy interesados. “¿Por qué no trocar además de obras artísticas, textos e información?”, pensó Gustavo. Y a la siguiente reunión llevó tres copias de distintos libros de ese autor alemán, que fueron permutadas por producciones de los concurrentes.

El intercambio de material se hacía cada vez más frecuente pero, una vez finalizado el día, el regreso de cada artista a su ciudad -–principalmente Mar del Plata, pero también Ayacucho, Tucumán, Rosario y Tandil-- imposibilitaba seguir con los trueques. De ahí, la necesidad de crear un vínculo que hiciera extensiva la práctica durante todo el año, un blog-lista que tuviera fotos y precisiones sobre los libros a trocar. En relación, además, con “la búsqueda de un punto de encuentro que no sea una galería de arte”.

“¡Un momento!”, dirá el lector, “lo que este tipo está haciendo es ilegal”. Sí, es cierto. El consabido Derecho de Autor y las legislaciones de copyright que lo amparan desde la Convención Universal de Derechos de Autor adoptada en Ginebra el 6 de septiembre de 1952 y ratificada por Argentina, atravesando además por una serie de convenios y tratados internacionales, prohíbe la reproducción de obras literarias, científicas y artísticas tales como escritos, obras musicales, cinematográficas y plásticas. No obstante, aun atento a “la ilegalidad que ronda este trabajo”, Gustavo superpone que “es de suma importancia socializar información y textos, no guardarse nada”. Compartir es el eje de la propuesta.

Es preciso aclarar algo. Gustavo no es dueño de una librería ni tiene una fotocopiadora industrial en su casa. Por las copias y el anillado de los libros, paga. Cuando un interesado se contacta con él y pide una de las obras que figuran en el catálogo, que abarca desde obras netamente abocadas al arte como El Pop Art, de Lucie Lippard, pasa por otras de carácter biográfico como Frida, de Hayden Herrera, e incluye producciones filosóficas-literarias como El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder, Christiansen acuerda un encuentro –-que puede ser en persona o telefónico-- para determinar lo que se va a intercambiar.

“Se habla con la persona que quiere determinado libro. Puede ser un cambio uno a uno, dos a uno, según lo que la persona proponga. Lo importante es que se negocie para que ninguna de las partes salga perjudicada, que convenga a los dos”, afirma el trocador.

¿Y qué cosas podrían darse en pago por la copia de un libro? Gustavo las permutó por objetos tan disímiles como fotografías, almanaques y collages, por otras copias que se van incluyendo al catálogo e, incluso, por “algunos litros de cerveza artesanal, que es muy rica”, añadió jocoso.

“Creo que duplicar textos para intercambiar y que el texto que entra al listado se pueda volver a copiar hace al trabajo muy interesante y, aunque la fotocopia sea muy utilizada, le da a la acción cierta sensibilidad artística”, definió Gustavo.

El tiene un libro que Jorge quiere pero no consigue. El primero le ofrecerá una copia al segundo y el segundo, a cambio, le dará al primero unas calcomanías. El segundo, encantado, se irá a su casa a leer el texto que el primero le habrá trocado. Y así al infinito.

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sábado, 15 de noviembre de 2008

Discos: “Primogénito” (Madre Maravilla, 2007).-

En su disco debut, el cuarteto comprime al punk y la world music con un resultado divertido y frenético que asemeja al álbum a un viaje en calesita, desde el amanecer con canciones de cuna hasta la madrugada experimental.

Por Luis Paz

Buenos Aires, noviembre 15 (Agencia NAN-2008).‑ Si el par de nenas y el par de nenes que forman Madre Maravilla contrataran a Pedro Saborido para un spot publicitario que emulara a Peter Capusotto y sus videos, la locución sería: “Madre Maravilla, una calesita de rock en la plaza de tu adolescencia”. Es que la intención del cuarteto (Diana Molina en voz, Roberta Ainstein en teclado, Juan Antar en bajo y Federico Lanzi en batería) parece ser que la maternidad no obligue a resignar espacio lúdico. Y su Primogético parece haber sido concebido en una calesita en la que los trenes, camiones y tractores fueron las canciones.

Una calesita muy particular, que en lugar de dibujos de Pikachu y Bart Simpson, los tiene de Café Tacvba, Gilda, Atahualpa Yupanqui, Sugar Tampaxx, Fun People, Lila Downs, Los Brujos y Actitud María Marta. Y, para hacerla más rara, que anda en dos direcciones: hacia la world music o hacia el punk, con paradas obligadas en el electropop, la canción de cuna, la bossa nova y la cumbia. En cierto punto una continuación de lo que se le escuchó a la Señorita Descanso, el proyecto anterior de las chicas de Madre Maravilla con Giselle Chávez.

Las primeras vueltas pueden ser complicadas por los cimbronazos compositivos, los frenéticos cambios de clima y una producción de sonido que se queda en el demo sin pasar exitosamente al álbum. Pero aún así la melodía del intermezzo de “Circo” (una de las canciones que la Madre Maravilla heredó de la Señorita Descanso) alcanza para relajar y sentir la adrenalina típica del descubrimiento de la velocidad. Ya para el tercer tema, “Bolero chino”, el vértigo fue aprehendido y el viajero se relaja y le entrecierra los ojos al viento.

“Sos un sol” expande la world music a la cuestión del lenguaje, triplicando el fraseo en inglés, portugués y francés, como referencia ineludible al tío Manu Chao, pero también como espacio de expansión conceptual de la obra. Y en esto el disco es extraño porque aunque lo que plantea es expandir las márgenes de la calesita, la fuerza centrífuga de la veloz rotación cohesiona los ratos del viaje.

¿Es este artículo demasiado tonto, demasiado genial, demasiado trillado? Es lo que expone Madre Maravilla en “Nuestro secreto”, desnudando las diferencias entre la obra original, la parodia y el plagio; lo que por el muy buen resultado final, especialmente en lo melódico, que consiguen en Primogénito, parece haber sido una preocupación lo suficientemente presente como para mantenerse en la originalidad.

“Quiero que me mires” es por lejos el momento más iluminado en esa senda, una canción de cumbia que se queda con la sonoridad de las palabras y las exime de sentido: “Chim chiri pam, chiri piri paw ma, teléfono, ring, ring, ring, corazón, rikitaka, riki, tiki-taka” es el estribillo más extraño desde “Aserejé”. Pero es delicioso y, para más, queda coronado por el verso institucional del disco --“Atiendo el teléfono fumando, me decís ‘te espero en la esquina de la calesita, apurate, apurate’”--, la invitación literal a subirse al juego mecánico.

Lo que en definitiva termina arrancando una sonrisa y pensando en que ya que habrá que quedar despeinado, que sea por una vuelta en una calesita de rock.

Sitio:
www.madremaravilla.com
MySpace: www.myspace.com/madremaravilla

jueves, 13 de noviembre de 2008

Fogwill: “Si me cojo a Cumbio vendo el triple”.-

El poeta y escritor que se extirpó los nombres y se quedó con su apellido charló con Agencia NAN sobre su última publicación en Argentina, Otro orden de cosas, reveló una pasión oculta por la repentina referente flogger y se enojó con un virus troyano. Entremedio, claro, habló de literatura, del oficio del escritor, de su carrera y de Osvaldo Lamborghini.

Por Ariel Luppino y Esteban Vera
Fotografía gentileza de Sandra Cartasso (Página/12)

Buenos Aires, noviembre 13 (Agencia NAN-2008).‑ Nació en 1941 como Rodolfo Enrique Fogwill, pero a punto de cumplir 40 años suprimió sus nombres de pila y se quedó sólo con su apellido. “Como Sócrates, Platón, Aristóteles, ¿entendés?”. Con esa operación empezó a construir su imagen de escritor. Imagen de bravucón, vedette, liberal, personaje insoportable, pero escritor genial al mismo tiempo. Habló con Agencia NAN sobre su última novela editada en el país --Otro orden de cosas--, Osvaldo Lamborghini, literatura e incluso sobre la referente flogger Cumbio, a quien le ha "dedicado varias pajas". Así, no siguió un consejo que le había dado mucho años atrás Lamborghini: “Y vos, histérico sin tragedia, ¿cuándo vas a empezar a escribir con la boca cerrada?”.

- ¿Otro orden de cosas es una novela sobre el peronismo o una excusa para tratar un montón de temas que subyacen, como la seducción del mercado y las relaciones de poder?
- Habla sobre la subjetividad, sobre las aspiraciones políticas. La imaginé en 1995. En ese momento era original, porque no había una acumulación, como hay ahora en América Latina, de figuras que pasaron de la lucha armada a ser grandes empresarios. Uno de los empresarios más importante del país es Montoto, que era montonero. Galimberti fue un zar del juego, de ese juego de mierda de la televisión (se refiere al 0-600 de Susana). Ni hablar de Francia, donde los popes de la derecha vienen del maoísmo.

- ¿Cuál cree que fue su mayor aporte a la literatura argentina?
- Siempre dije que fue el lobby Lamborghini. Lo edité, lo publiqué, lo empujé para adelante. Y todo lo que venía detrás de él.

- Hablando de él, ¿cuál es la influencia de Lamborghini en su literatura?
- Él no influyó en mi literatura, influyó en mí. Tenía una magia personal muy especial. Una vez que rompías la barrera que él establecía con el mundo, que era muy fuerte, encontrabas a un tipo muy querible, molesto, impredecible, difícil de aguantar. Como diría la gente, un impresentable. Y cuando comenzaba a fanfarronear era insoportable, hacía un personaje. Siempre estaba pensando todo en torno a la literatura, al menos en la época en que yo lo conocí: 1977, 78, 79. Además, era un hombre de la derecha peronista, un hombre de Rucci. Muy indigerible en esa época. Ahora hay más apertura y por ahí se lo toleraría.

- Uno de los rasgos de su literatura es la preocupación por la construcción de la frase. ¿Tendrá una obsesión semejante a la de Lamborghini, como sostiene César Aira?
- Esa obsesión, en mi caso, viene de la poesía. En cambio, Lamborghini era el hermano de Leónidas y tenía que escribir como Leónidas. Y no iba a poder hacerlo. Osvaldo podía ser genial en sus poemas, pero no eran poemas a la estatura de los de su hermano.

- Por lo general, siempre queda el Fogwill de las anécdotas, el personaje. ¿Eso a quién le conviene?
- Si fuese un tipo interesado en el redondeo del libro y en el mercado del libro, no hubiera publicado ni escrito. Pero las anécdotas y todo lo demás es lo que la gente puede consumir. Ponte que una novela mía vendió unos mil ejemplares, sólo tres o cuatro son lectores. Después hay unos 30 que se pasan el libro y no lo compran. El resto no son lectores, sino que miran el libro con el control remoto del televisor en la mano y con el celular sonando. A esos tipos para venderle el libro tenés que darles algo que se parezca a lo que viven en la vida cotidiana, como anécdotas, historias, problemas: que sos ciego, que sos drogadicto, que te cogiste a la hija de Palito Ortega. Si yo me cojo a Cumbio te garantizo que vendo el triple, porque todos los floggers van a ir a comprar el libro; y los padres de los floggers también. Después no van a saber nada de mí, ni del libro, pero les va a quedar de anécdota que me cogí a Cumbio. En realidad, Cumbio ha sido el tema de mis últimas pajas.

- ¿No cree que esas declaraciones lo pueden perjudicar? Una vez se definió como un reaccionario.
- No, porque los que escriben a favor mío, dicen "a pesar de". Yo necesito que los libros se vendan para que existan. Si los libros no existen, no circulan, aunque sean fotocopiados. El lector que me interesa sabe que tiene que ser "a pesar de". ¿Acaso no leemos a Cervantes, que estaba a favor de la esclavitud, que le chupaba las medias al rey, al príncipe? ¿Si Cervantes hubiera sido Pérez Esquivel aumentaría el efecto que tiene sobre los lectores? No.

- ¿Si alguien le dijera que su mejor poesía está en su prosa como lo tomaría?
- Eso lo dijo el boludo de Fabián Casas, ¿no? Yo le diría que no es así. Pasa que tengo pocos poemas muy buenos. Pero he escrito poemas que van a perdurar.

- ¿Y a los que dicen que Fogwill es un maestro de los relatos, pero no de las novelas, a esos que les diría?
- Yo les diría que al menos lean una. Yo tengo tres novelas: Los pichiciegos, Vivir afuera, Otro orden de cosas. Ése es mi paquete de novelas. No es mucho, pero son más de las que escribió Borges. Y son todos libros legibles, que fueron legibles cuando fueron publicados y lo serán dentro de 50 años. No sé si muchos van a tener libros que puedan ser leídos dentro de 20 años. Tampoco digo que soy un gran novelista. No soy Vargas Llosa. Él se saca un nueve en la academia de novelas y yo me sacó un seis. Y no pregunten qué nota le pongo a Alan Pauls. Digo Alan porque es un tipo que sabe de literatura.

- ¿Está escribiendo alguna novela?
- Hace poco casi pierdo todos mis textos, porque me agarró un pelotudo virus, un troyano. Estoy escribiendo algunas novelas y cuando me parezcan que están bien las voy a publicar. Ahora estoy publicando mis mierdas anteriores, como una nouvelle de los ochenta.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Libros: “Entrelunas” (Paula Pimentel, 2008).-

La joven escritora del sur del conurbano ofrece su antología poética y entrega de regalo una docena de cuentos, ensayos y textos opinativos. Llevadera pero aún leve, su escritura recupera a Serrat, Sabina y Lo que el tiempo se llevó con algo de éxito y mucho de errores de sintaxis.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, noviembre 8 (Agencia NAN-2008).‑ En Entrelunas, publicado en septiembre por Editorial Auenk, la escritora Paula Pimentel tiene algo de Poldy Bird mezclado con otro algo de adolescente filántropo que da sus primeros pasos sobre un suelo-papel que siente siempre duro. O al menos ésa es la sensación que transmite: la de una caminante que avanza con entusiasmo pero sin más herramientas que un amor por la vida avasallante, un par de coplas de Sabina y otro de Serrat y un romanticismo encarnizado. Pero ¿quién podría alegar que tales esfuerzos no se verán recompenzados en futuras producciones, resueltos los problemas de edición (faltan y sobran puntos, comas y tildes) y de rumbo, compensadas además por esos penachos de poesía con los que regó su primer libro y podrían ser aún más eficaces? Después de todo, no es el destino de gol la clave de un correcto puntapié inicial.

"Sólo cuando amo me siento viva, cuando despierto enamorada, cuando duermo enamorada, aunque mi amor no sea correspondido", arranca la autora, estudiante de periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, y explica en parte el por qué de la referencia a la consagrada autora entrerriana. La cita es de las primeras que se ven al abrir el libro, del “Autoprólogo” que abre las puertas a un conjunto de 67 poesías , 18 cuentos, algunos de los cuales son en realidad ensayos, y otros relatos opinativos de la narradora.

Pero, y aquí reside el primer gran error de la escritora, el rigor de la separación entre los géneros no obtiene los resultados esperados de facilitar al lector la búsqueda de los textos que más le interesen, sino que hace a la lectura empalagosa y a la obra, monótona. A no confundir, no por tratarse de mayoría de poesías de amor sino por el mismo factor endógeno que hace a veces adorar y otras detestar el balbuceo de un bebé en un viaje en colectivo: la inocencia a la que Pimentel recurre para hipnotizar al lector se diluye con el correr de las páginas y lo que aparece como simpático en un primer momento, luego no lo es tanto.

De las poesías del primer tramo no hay mucho para decir, pero sí para corregir. En particular, podría tratarse sin dudas de sólo una larga lírica fragmentada y rotulada caprichosamente. Podría ser sólo una poesía, por temática y tono pueriles. Otro factor de zozobra, la constante recurrencia a objetos e imágenes clásicos: la cenizas del cigarrillo al caer, el brillo de la luna que acompaña a quien se quiere acompañar y los guiños en citas entre líneas a algún film, ("¿Qué es lo que el viento se llevó?"/ A vos).

En el segundo segmento, si bien las erratas se perpetúan, aflora cierta armonía. Algunos cuentos/ensayos carecen de intriga, pero su tono amistoso los hace relativamente llevaderos. Lo que en esta instancia se multiplica es el flashback: más de la mitad de las narraciones comienzan con personajes contemporáneos al lector, que luego es arrastrado hacia atrás sin clemencia ni explícita justificación.

Pero amén de las puntualizaciones negativas que se puedan encontrar en el libro, inexplicablemente hay algo que hace que quien lea sepa que se encuentra ante una obra que no escatima sangre ni sudor (las lágrimas son obvias); la escritura de Pimentel tiene algo que la vuelve anacrónica y salvaje, primitiva e interior, cruda e independiente. Ardua tarea le espera, la de conjugar esa fuerza natural con una escritura más prolija y eficaz.

martes, 4 de noviembre de 2008

Ra, Re, Ri (Ricardo) en el Club del Bufón.-

Un trío de hermanas hasta ayer mantenidas se desgrana cuando muere el marido de la mayor, sostén familiar. A partir de allí, la obra navega entre el lugar común, los recursos extraños, el videoarte y la comedia clásica, con un compás marcado por el gotear de un caño de un sótano en el Abasto, desde donde Agencia NAN observa.

Por Esteban Vera
Fotografía de prensa Ra, Re, Ri (Ricardo)

Buenos Aires, noviembre 4 (Agencia NAN-2008).‑ Ricardo murió por una sobredosis. Rebecca, su viuda, y Raula, su cuñada, vivieron cómodamente, en Belgrano R. hasta entonces, como mantenidas. La menor, Rita, se acaba de separar de su novio y aparece otra vez en la vida de sus hermanas. Por supuesto, seducida por la herencia de su cuñado fallecido. Todas anhelaban la fortuna de Ricardo, pero el legado monetario se esfumó con su muerte y sólo quedaron deudas y penurias. No se volvieron ricas y se vieron obligadas, sin saber hacer nada, a buscar alguna manera de sobrevivir. Es entonces que afloran odios familiares. Salvajemente resumida, esa es la sinopsis de Ra, Re, Ri (Ricardo).

La pieza, dirigida por la debutante Luciana Martínez Bayón, es interpretada de manera muy desenvuelta por Cecilia Vago (Rita), Laura Rossi (Rebecca) y Lorena Cerdeira (Raula), que integran la compañía de teatro Algo se nos va a ocurrir, responsable del hilarante guión. Rebecca, la viuda, es ciclotímica, agresiva e inescrupulosa, mientras Raula es retraída, antisocial y depresiva (¿una emo?). Y Rita es una oportunista amparada en las curvas de su cuerpo. En fin, son tres hermanas nacidas para mantenidas.

Leer este párrafo quizá puede ser perjudicial para aquellos que quieren llegar sin saber mucho al teatro: se trata de una típica comedia de vivillas que se aprovechan de una situación con mucha audacia y precisión. Podría jurarse que sus fuentes de inspiración tienen que haber sido películas de estafadores (Nueve reinas y su clon hollywoodense y fallido Los tramposos, entre otras), ya que hay un par de vueltas de tuerca finales que ponen el tablero patas arriba.

La obra está ambientada en el living del departamento de Rebecca, un espacio lleno de pobreza donde sobrevuela como un fantasma la conspiración. La historia por momentos incurre en cierto humor burdo y no escatima facilismos y obviedades. Sin embargo, es muy justo decir que el recurso funciona la mayor parte del tiempo, ya que hace reír mucho a los espectadores. En una escena también recurre a un recurso que podría llamarse “Gollum” --a falta de un nombre más preciso que el redactor conozca--, donde Rita dialoga con su padre, interpretado por ella misma, como si fuese una esquizofrénica.

R: Otra vez la miseria, otra vez… ¿adonde vamos a ir a parar? Si el papá nos viera volviendo al Pergamino, ¿qué diría, eh? ¿Qué diría? Pobre de nosotras ¿Qué va a ser de esta familia ahora? ¿Cómo hemos caído en esta miseria? Qué desgracia…
P: -¡Es tu culpa hija!
R: -¡Papá! ¡Papá! ¿Qué hace aquí?
P: -Van a volver a su tierra de donde nunca se deberían haber ido.
R: -Pero papa. Yo quiero crecer, a mí me gusta la gran ciudad.
P: -Han manchado el apellido de la familia.
R: -No, papá no.
P: -¡Sí, señora! Han manchado mi apellido.
R: -Pero nosotras vamos a salir adelante papa. ¡Dénos tiempo!
P: -Son la deshonra.
R: -No papá, no, no, no, no, no.

Otras escenas rompen la ilusión de la ficción, cuando las actrices le hablan directamente al público, como Jude Law le hablaba a cámara en Alfie. Además, la joven directora apeló a proyecciones de escenas retrospectivas y presentes para hilar la obra. Finalmente, es destacable que la obra logre crear la complicidad necesaria entre las actrices y el público para que la ficción funcione como una pieza de teatro y no sean sólo jóvenes actrices hablando entre sí, pese a la precariedad de la pequeña sala del Club del Bufón, un sótano húmedo, con olor a humedad y el persistente tic-tic de las goteras de un caño.

* Ra, Re, Ri (Ricardo) va los sábados a las 21 en el Club del Bufón, Lavalle 3177, Abasto

Blog:
http://www.rareriricardo.blogspot.com

sábado, 1 de noviembre de 2008

Discos: “Hasta encontrar” (Andando Descalzo, 2008).-

El tercer disco en estudio del sexteto de Mataderos es un signo de algún tipo de búsqueda que parece ir por fuera de lo musical, que permanece dentro de las márgenes del rock rioplatense. Porque el álbum, aunque personal, no llega a convertirse en densamente introspectivo, en buena medida por esa pacificante mezcla de ska, reggae, ritmos folklóricos, blues, tango y canción pop.

Por Luis Paz

Buenos Aires, noviembre 1 (Agencia NAN-2008).‑ Hace más de una década que los Andando Descalzo vienen recorriendo los escenarios y salas del under y mostrando su mixtura de rock rioplatense (de por sí un género con mixturas disímiles) con ska, reggae y algo de cancionero pop rock, en su sentido más concreto: el de los estribillos bien hechos, el de las melodías que se convierten en himnos, el de Los Auténticos Decadentes, por dar un ejemplo. Casualmente el andar descalzo, la canción pop y el río son destinos recurrentes a la hora de buscar tranquilidad y, claro, algo de celebración.

Hasta encontrar, tercer álbum de estudio del sexteto de Mataderos, resigna parte de la fiesta contenida en los anteriores Andando descalzo (2002) y Mil destinos (2004), y casi todo el segmento festivo de 10 años y vivo, su disco en vivo de 2006. Resignación que surge del tire y afloje con el costado más melanco-melódico de la banda, una disputa que también tiene que ver con las diferentes concepciones poéticas de los ¡cuatro! letristas del grupo: el vocalista Juani Rodríguez (aporta “Continuar”, “Flor” y “Volveré”), el bajista Emiliano de la Encarnación (“Big bang”, “Caigo”, “Mi arte”, “Compañeros” y “Winner), el tecladista Pablo Otero (“Las luces”, “Andar” y el corte difusión “Ilógico”) y el guitarrista Ariel Paladino (“Liberate”).

“Big bang” abre con una profecía --“el sol explotará”-- sobre un enclave musical típico del Río de la Plata: algo de canción folklórica, otro poco de power ballad, otro de Los Gatos y alguna referencia encriptada a las músicas de origen negro (blues, ska, reggae y tintes afrocaribeños). Algo así como que el Apocalipsis sonara a oleada de lago. O algo así como lo que Pablo Romero mostró con más repercusión en Arbol con, por ejemplo, sus versos traumados de “El fantasma” sobre una melodía de la que es complicado no apropiarse.

Pero enseguida “Continuar” modifica el rumbo del álbum y vira el timón hacia aquellos sonidos duros (siempre en el marco del rock rioplatense) que los emparientan más con La Vela Puerca que con No Te Va Gustar. Ya con vientos de fondo, el ska dirige una de los letras más autoreferenciales: “Necesito cambiar un poco esto, hipoteco veinte años al amor, alejarme de mi propia sombra, resisto, me aguanto, me quiero como soy”.

No es casual que los Andando Descalzo, juntos desde 1995, maquillen con figuras poéticas canciones que parecen tener que ver con un manifiesto, un balance o hasta un replanteo, si se quiere. En la misma línea está “Compañeros”, que parece reafirmar que no se trata de una crisis: “Siempre andando, el movimiento se demuestra andando, experimentando, errando y abusando de los dos”. De hecho, en “Volveré”, Juani promete: “cuando no pueda más conmigo”.

Pero Hasta encontrar no es en absoluto un disco introspectivo, no es la búsqueda en sí sino el comentario de la búsqueda, que parece ocurrir por fuera de la música. Y el disco no se torna denso gracias a esa sensibilidad que De la Encarnación tiene en común con Jorge Serrano, que es la de simplificar en una imagen cotidiana del pasado los estados de ánimo actuales. Pero en última instancia es toda la banda --que se completa con el baterista Carlos Quinteros y el percusionista Maxi Suppa-- la que, por tener la maquinaria musical aceitada, lo hace fluido. Es especialmente interesante la versatilidad de Otero, que puede tanto emular percusiones como tender climas, guiar a todos o aplicar sutilezas.

Es difícil adivinar qué intentan encontrar los Andando Descalzo en su búsqueda, pero es cierto que con la periodicidad cada vez mayor que Los Piojos se vienen tomando para tocar y grabar, hay un espacio de escuchas deseosos de pastiche rioplatense que hasta aquí se vienen saciando más con “La Vela” y NTVG. Por eso, podrán seguir andando descalzos, pero deberán estar atentos.

Sitio:
www.andandodescalzo.com.ar
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