sábado, 3 de enero de 2009

Libros: “Seres mitológicos argentinos” (Adolfo Colombres, 2008).-

El antropólogo tucumano brinda un catálogo de seres “sobrenaturales” del país, del Pamperito a la Luz Mala, el Chancho con Cadenas y la mismísima Pachamama. La idea del autor es negar la irracionalidad de los mitos.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, enero 3 (Agencia NAN-2009).‑ Quizás lo más peculiar del libro Seres mitológicos argentinos, del escritor Adolfo Colombres, reeditado por Colihue, sea que es el único que cataloga y caracteriza de forma exhaustiva la mitología del país: son quinientos quince los seres sobrenaturales vernáculos rescatados por el anticuario y, algunos de ellos, ilustrados por Luis Scafati. Y no se trata de un mero trabajo de recolección fundamentado en la curiosidad de su hacedor, sino que-- según el antropólogo tucumano-- se basa en la esencia simbólica, por sobre la racional, del pensamiento humano en los procesos de aprehensión de la realidad.

En uno de los viajes de Colombres a Salta, un hombre le brindó una descripción del llamado Barchila, un duende de la localidad de San Carlos que acecha a las mozas, apedrea casas, desordena roperos, vuelca ollas y tumba muebles, entre otras travesuras. “Para el tipo no era una cosa sobrenatural. Hablaba de ese bicho como si se tratara de un ser del monte, un chancho. Para él era parte de la historia natural; en cambio, para los que viven en la ciudad era un ser sobrenatural, mitológico”, diferencia el autor a Agencia NAN.

Al por qué, en el prólogo de libro, Colombres responde que el mito convierte a las emociones en imágenes y no en conceptos, de la misma forma que sucede con el arte y la literatura. Pasando en limpio: el fundamento del trabajo es la negación de la irracionalidad de los mitos; “nada es irracional o racional por naturaleza”, sino como resultado de una construcción histórica de sentido.

Y vaya rol el que representan estas fábulas, homologable al que la religión desempeña en las llamadas civilizaciones: distinguen el Bien del Mal, cohesionan a la población y posibilitan la reproducción de valores. Desde las deidades que dieron origen al mundo, pasando por las que preservan la naturaleza, protegen a los niños y curan enfermedades, hasta las que condenan y castigan a los innobles, estos seres significaron (y significan) una parafernalia con la que los pueblos indígenas y criollos delimitaron (y delimitan) su identidad.

Justamente de eso se trata: de que al nombrar al Pomperito, a la Luz Mala, al Chancho con Cadenas, a la Pachamama o al Lobizón, las pulsiones por las abstracciones, y no a la inversa, (re)vivan.
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