Con sutil pulso, el autor de Gardel se fue a la guerra entrega haikus, cuentos, anécdotas y greguerías, breves historias en una prosa poética irónica y sarcástica, sin pedanterías pero con algo para cada quien.
Por Facundo Gari
Buenos Aires, octubre 27 (Agencia NAN-2009).- Que el propio Jorge Ariel Madrazo sea quien entregue un ejemplar de Quarks (Ediciones al Margen) a Agencia NAN ya es un dato a tener en cuenta. Fue hace unos meses, cuando todavía la fiebre porcina hacía de la ciudad un chiquero. Llegó con sus sesenta y largos, lentes grandes de marco grueso y un sobretodo que le cubría el cuerpo. El poeta de Blues de muertevida, Cuerpo textual, Para amar a una deidad, De mujer nacido y De vos; el narrador de los libros de cuentos Ventana con Ornella y La mujer equivocada; y el novelista de Gardel se fue a la guerra conviven en ese cuerpo. Y no están solos. Porque tras leer su nuevo libro, uno evoca la imagen y adivina que, debajo de la tela marrón, habitan además los ocurrentes seres de sus microficciones.
Con sutil pulso, lo que Madrazo entrega es un puñado de haikus, cuentos, anécdotas y greguerías, parrafitos sueltos de breves historias (que se hacen largas) en prosa poética, cual si fueran guiños cómplices para con el lector. Es que se permite la ironía y el sarcasmo, sin pedantería, y convoca a la imaginación del lector a ampliar los márgenes del leño que arroja al fuego.
Por ejemplo, en “No apto para menores” dice: “Ese hermafrodita se amaba apasionadamente”, y la imaginación no puede hacer más que recrear al anfibio retorciéndose, tal vez sonriéndole al examen. O en “¿Ni una más”, donde plantea: “Hay tres maneras de morir. Me lo revelaron tres muertos”, e inmediatamente se trata de suponerlas. Es, en definitiva, lo que sucedería con textos más extensos, si la obediencia de un punto aparte diera respiro para luego continuar la historia o se leyera con menos urgencia que con la que se camina en la ciudad.
Los temas que Madrazo aborda en estas pastillitas “dulces y vertiginosas”, según se jacta en el prólogo, son de lo más variados, así como sus tonos, pero de cada paisaje el autor debate una esencia. Quarks arranca con los cinco reglones de “La embarazada militante”, en la que resuelve con sencillez la obstinación de una mujer por parir: lo hace para “inundar de luz la oscuridad del mundo”. Se pone filosófico, más adelante, con “El soñado”, en el que se pregunta ¿sueño de quién es esta Humanidad? En “Niños”, el autor cree escuchar la algarabía juvenil detrás de una pared. Y en “Madre cose”, invoca las mesas-máquinas de coser de la cantina Bellagamba. Hay de todo, para todos.
Pero, atención: no porque la fórmula no se repite, la cadencia se vuelve monótona. Pasa con los artistas adorados: en algún punto, se hace necesario darle un stop al reproductor, pasar a otro autor, contemplar otro trazo en el lienzo. Y aquí, la pausa necesaria, la invitación a la reflexión y a la fantasía, triplica las páginas y hace del micro un macro que empalaga. Habrá que decidirse a leer de a puchitos para que el alma --obstinada en asuntos materiales-- no se contracture el músculo de la imaginación.
Por Facundo Gari
Buenos Aires, octubre 27 (Agencia NAN-2009).- Que el propio Jorge Ariel Madrazo sea quien entregue un ejemplar de Quarks (Ediciones al Margen) a Agencia NAN ya es un dato a tener en cuenta. Fue hace unos meses, cuando todavía la fiebre porcina hacía de la ciudad un chiquero. Llegó con sus sesenta y largos, lentes grandes de marco grueso y un sobretodo que le cubría el cuerpo. El poeta de Blues de muertevida, Cuerpo textual, Para amar a una deidad, De mujer nacido y De vos; el narrador de los libros de cuentos Ventana con Ornella y La mujer equivocada; y el novelista de Gardel se fue a la guerra conviven en ese cuerpo. Y no están solos. Porque tras leer su nuevo libro, uno evoca la imagen y adivina que, debajo de la tela marrón, habitan además los ocurrentes seres de sus microficciones.
Con sutil pulso, lo que Madrazo entrega es un puñado de haikus, cuentos, anécdotas y greguerías, parrafitos sueltos de breves historias (que se hacen largas) en prosa poética, cual si fueran guiños cómplices para con el lector. Es que se permite la ironía y el sarcasmo, sin pedantería, y convoca a la imaginación del lector a ampliar los márgenes del leño que arroja al fuego.
Por ejemplo, en “No apto para menores” dice: “Ese hermafrodita se amaba apasionadamente”, y la imaginación no puede hacer más que recrear al anfibio retorciéndose, tal vez sonriéndole al examen. O en “¿Ni una más”, donde plantea: “Hay tres maneras de morir. Me lo revelaron tres muertos”, e inmediatamente se trata de suponerlas. Es, en definitiva, lo que sucedería con textos más extensos, si la obediencia de un punto aparte diera respiro para luego continuar la historia o se leyera con menos urgencia que con la que se camina en la ciudad.
Los temas que Madrazo aborda en estas pastillitas “dulces y vertiginosas”, según se jacta en el prólogo, son de lo más variados, así como sus tonos, pero de cada paisaje el autor debate una esencia. Quarks arranca con los cinco reglones de “La embarazada militante”, en la que resuelve con sencillez la obstinación de una mujer por parir: lo hace para “inundar de luz la oscuridad del mundo”. Se pone filosófico, más adelante, con “El soñado”, en el que se pregunta ¿sueño de quién es esta Humanidad? En “Niños”, el autor cree escuchar la algarabía juvenil detrás de una pared. Y en “Madre cose”, invoca las mesas-máquinas de coser de la cantina Bellagamba. Hay de todo, para todos.
Pero, atención: no porque la fórmula no se repite, la cadencia se vuelve monótona. Pasa con los artistas adorados: en algún punto, se hace necesario darle un stop al reproductor, pasar a otro autor, contemplar otro trazo en el lienzo. Y aquí, la pausa necesaria, la invitación a la reflexión y a la fantasía, triplica las páginas y hace del micro un macro que empalaga. Habrá que decidirse a leer de a puchitos para que el alma --obstinada en asuntos materiales-- no se contracture el músculo de la imaginación.