sábado, 31 de enero de 2009

Libros: “Las ideas no se matan” (Patricia Rodríguez, 2006).-

Vale recuperar esta obra independiente, que prácticamente sólo se consigue en stands de agrupaciones juveniles o de derechos humanos, editada hace ya tres años pero con asiento bastante más atrás en el tiempo: la década más malévola y mezquina, como define el prologuista Osvaldo Bayer, entre las dictaduras militares que sufrió Argentina. La periodista Patricia Rodríguez narra aquí las historias de los desaparecidos de Temperley, en base a testimonios de sus compañeros, amigos y familiares. Un recorte geográfico que sirve para seguir revisando, a pequeña escala, aquellos años terribles.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, enero 31 (Agencia NAN-2009).‑ Las ideas no se matan, de Patricia Rodríguez, es un libro difícil de conseguir. No imposible, pero sí difícil, como sucede con todos los productos independientes que están fuera del circuito comercial mainstream. Aparece, de vez en cuando, en movidas colectivas, en el stand de alguna agrupación estudiantil que lo ofrece casi de yapa, solito entre volantes, de onda. Por ejemplo, la imagen que ilustra este artículo es de un ejemplar que esta agencia compró en un festival en La Toma, un centro cultural de Lomas de Zamora. Y no es sólo una pena que no se consiga, sino que es hasta atroz: Las ideas no se matan compila más de treinta testimonios de familiares y amigos de desaparecidos de la ciudad bonaerense de Temperley y es, como dice Osvaldo Bayer en el prólogo, “un modelo para todos quienes basan el futuro aprendiendo de la memoria”, la del barrio, la del común, en este caso, reprimido, secuestrado, torturado y desaparecido. Es atroz, precisamente, porque boga contra el olvido desde el mismo olvido.

Luego del prólogo del autor de La Patagonia rebelde y una escueta bienvenida de la propia Patricia Rodríguez --en la que, entre otras cuestiones, denuncia que el Nunca más “reafirmó la llamada Teoría de los Dos Demonios”--, la escritora sitúa al lector con un marco histórico referencial tanto nacional como regional, a través de cuadros sinópticos y algunos primeros testimonios que arman un prototipo de lo que fue aquel Lomas de Zamora, durante la última dictadura militar: la creación de unidades barriales desde San José a Ingeniero Budge, la democratización de las reuniones de la Juventud Peronista (JP) lomense, las noticias que corrían sobre los primeros chupados, la roja, el rol de los compañeros, que a su vez eran funcionarios en intendencias locales, las familias, el movimiento universitario, las armas y los miedos.

Entre esas primeras voces, se encuentra la de Lito, militante de la JP, que reseña su experiencia junto a “La Gaby” Arrostito, posteriormente erigida como la figura femenina más sobresaliente de la agrupación Montoneros, asesinada por un grupo de tareas en la (entonces) Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) con una inyección de cianuro, luego de más de un año de tortura. “La torturaron más que al resto de los detenidos y no colaboró ni habló. La mantuvieron viva como un trofeo y la mataron cuando la consideraron irrecuperable”, cuenta.

Lo que sigue a esa especie de introducción es una maratón de testimonios de madres, padres, novios y novias, amigos y amigas, abuelos y abuelas, vecinos y vecinas, que componen el cuerpo central de la obra, con algunos frenos para que el lector siente cabeza en años o acontecimientos determinados, entre ellos “La Masacre de Pasco”, en 1975: “La patota de la AAA amenazó a los vecinos para que no dijeran nada. Allí fusilaron a todos, apilaron los cuerpos y pusieron una bomba. Los restos aparecieron colgados de los cables de luz”, recuerda en el libro Hugo Sandoval, concejal lomense por la JP entre 1973 y 1976.

Muchos testimonios son fuertes, incluso increíbles. La fuerza del registro consiste, pues, en que se encimen unos con otros, apoyándose y dándose sustento mutuamente. Lo cual es, además, su debilidad: Rodríguez transcribió en su libro tantos testimonios, y fue tan fiel a cada palabra del interlocutor, que en varias ocasiones el lector queda desorientado. Faltan referencias, incluso el sencillo desglose de varias siglas, y son numerosos, también, los errores en la escritura. Pero ello no opaca la excelencia de un trabajo de hormiga, de recolección e investigación. Porque ayudar a “entender la lucha de la generación del '70, significa retomar los sueños de un país justo”, como ella misma señala.

jueves, 29 de enero de 2009

Cultura sin moño, cultura de entrecasa.-

Desde un “carpón” en el barrio La Grieta, uno de los más pobres del Gran Rosario, un grupo de amigos lleva adelante hace dos décadas una cruzada por mantener a los vecinos unidos, contentos y repletos de arte, en varias de sus expresiones: plástica, danza, teatro, música. “Cuando vimos un poco más allá del puro divertimento, nos dimos cuenta de que había que dar un paso más, dejarle lugar al trabajo social junto a la producción artística", le contaron a Agencia NAN.

Por Ailín Bullentini
Fotos gentileza de La Grieta-Cultura sin moño

Santa Fe, enero 29 (Agencia NAN-2009).- La primera vez fue con el único objetivo de "darse el gusto" de sentir el ruido de los aplausos en la piel. Pero el calor de los clap clap clap fue tan intenso que esa única función de teatro callejero ofrecida a los vecinos del barrio La Grieta, límite natural entre la parte más pobre del Gran Rosario y aquellos que viven a tan sólo un escalón más arriba en la pirámide social de la misma ciudad, se multiplicó por 15. Y, como quien no quiere la cosa, el mismo impulso transformó la casa de Jorge "el Flaco" Palermo, escenario improvisado, en la sede de La Grieta-Cultura sin moño, el espacio desde donde él y su grupo de amigos que también cambió con el tiempo, intentan desde hace 20 años ganarle la pulseada a un tipo de organización social que no los conforma: "Tratamos de cambiar la forma en que están dadas las cosas en la sociedad desde las actividades artísticas. Es una posición política", figuró.

Decir que el colectivo trabaja sólo las artes escénicas es mentir. Hoy por hoy, además de actrices y actores, son artistas plásticos y músicos, pero también comunicadores, trabajadores sociales y estudiantes universitarios de diversas carreras los que, junto a los vecinos del barrio, le dan vida y movimiento a la estructura principal de La Grieta. No obstante, vengan del lugar que vengan, el imán que los atrae y los mantiene unidos es el arte: “Libera, en todo sentido, y transforma. Por más chico que sea ese cambio, es un aporte”, confirmó Jorge.

Habla de transformar, de cambiar. Pero ¿qué? Entonces invita a navegar por los laberintos del sistema que sostiene casi todos los órdenes sociales del mundo. E intenta descubrir ante los ojos de quien desee escucharlo la realidad de la que él y los demás sin moño están convencidos. “No podemos zafar de la lógica del mercado, pero, aún así, lo que sostiene a La Grieta es otra lógica, esa que se relaciona con los valores, los principios, la solidaridad, el compartir, la esperanza, todo aquello de lo que las reglas del mercado nos despoja. Sin esa otra lógica, La Grieta se muere, se queda sin alma”, esboza.

Luego de transitar un par de años en el que dicen haber “perdido un poco el hilo de la historia", en referencia el proceso de cerramiento del patio de su casa, espacio del colectivo que tuvo a las estrellas como techo durante más de 15 años, la actividad del grupo vuelve a tomar calor: "Nos desparramamos un poco, algunos no volvieron, otros sí y otros se fueron sumando. Permanentemente se suma gente", soltó, mientras el entusiasmo volvía a apropiarse de sus gestos.

Los compañeros van y vienen, pero la cantidad de personas que conforman el núcleo del colectivo no varía. Son pocos: "Cinco artistas que, cuando vimos un poco más allá del puro divertimento, nos dimos cuenta de que había que dar un paso más. Entonces corrimos la producción artística un poco al costado, para dejarle lugar al trabajo social junto a ella", relata El Flaco.

Si uno se deja llevar por el viaje en el tiempo que invita a hacer el relato, la decisión de los artistas callejeros rosarinos puede compararse con un desafío, porque "hubo que ponerle cabeza, razón, contenido" a algo que les salía directo desde el alma. Lejos de amedrentarse, le dieron duro. Es que hubo algo --que aún persiste-- de lo que acabaron por convencerse: querían que lo que surgiera de todo aquello diera como resultado "la posibilidad de hacer arte desde un lugar determinado. El actor puede ser actor arriba de un escenario, pero también en su barrio, ayudando a los demás", pensaron. Los primeros hijos de esa combinación entre trabajo social, arte y razón fueron los talleres de teatro y murga destinados a los miembros más chicos del barrio.

Más tarde, ya con los pies completamente sumergidos en el barro, vinieron los proyectos de alfabetización a través de la expresión artística y las actividades callejeras que se sucedieron año tras año, en las que toman las calles del barrio, las recorren con murgas y luego arman allí un escenario para números musicales, de teatro y otras disciplinas. El primer fin de semana de marzo --7 y 8--, los Sin Moño vestirán al barrio de Carnaval. El tiempo para festejar "el día del niño sin moño" y "el grito del excluído" vendrá cuando pasen los meses.

Pero a no apresurarse, a ubicar cada cosa en su sitio y a reconocer que el teatro callejero fue el germen de todo. En el patio trasero de la casa en la que El Flaco vivía con su entonces compañera --y que luego fue el techo del hijo de ambos-- ensayaban siete amigos, por el sólo placer de divertirse metiéndose en la piel de otros. "No todos habíamos elegido vivir del teatro callejero, pero a todos nos gustaba compartir esos momentos", rememoró. A ellos --aunque no todos siguen hoy formando parte--, se los puede llamar el núcleo del colectivo.

Cuando la obra estuvo lista, decidieron presentarla a los vecinos, a quienes invitaron en forma de versos murgueros, con los que regaron las calles del barrio. "La gente ya sabía que nosotros actuábamos, nos conocían. Quizá por eso, la tarde de aquel sábado se sumaron tantos a la murga con la que caminamos las calles de los alrededores, llamándolos a ver la obra", supuso, aunque con pocas ganas de averiguarlo.

Los motivos que explican tan exitosa convocatoria no importan demasiado ahora que han pasado 20 años de aquel primer sábado. Actuaron, les fue bárbaro y listo. "Nos dimos el gusto y nos sentimos conformes --explicó--, pero en las semanas siguientes, la gente en la calle y los vecinos que atendían los negocios del barrio me preguntaban cuándo se repetía". Cuando quisieron acordarse, ya habían hecho 15 repeticiones y el espacio se había llenado de una energía tan potente que fue imposible desenchufarse y volver a lo de antes.

Por otro lado, ya no dependía de ellos en un cien por ciento, porque el lugar había sido tomado por la gente. "De a poco, a la función de teatro callejero se fue sumando la lectura de un vecino, la perfomance musical de otro que se le animaba al escenario improvisado, al aire libre con su micrófono", apuntó Jorge. La Grieta-Cultura sin moño ya era un hecho que explotaba los sábados, con la caída del sol, pero que, a medida que pasaba el tiempo, iba tomando cada vez más forma en los demás días de la semana.

"Es jodido resumir 20 años en un rato", deslizó El Flaco, luego de una pausa. Hoy, el patio al aire libre de La Grieta-Cultura sin moño es un espacio techado, un carpón, como lo llaman los integrantes -- "mitad carpa, mitad galpón"--. Esa especie de refugio, además de sumar puntos a la infraestructura del lugar, sirvió de cobijo para los adultos que envidiaban en secreto la capacidad de los más chicos de despojase de todo tapujo para participar de alguno de los talleres. “Ahora, bajo techo, se animan más. Es increíble”, confió Jorge.

En los comienzos de La Grieta–Cultura sin Moño, el acceso a los talleres sólo significaba una colaboración de los familiares de los chicos en los festivales que el colectivo ofrecía de tanto en tanto. “Buscábamos el intercambio --explicó--, la consigna era que participaran todos. Y lo sigue siendo, por supuesto. Nunca dejamos a nadie afuera”. Ahora, no obstante, el que puede poner dinero, lo hace.

Esa cultura vestida de entrecasa que ofrece el colectivo rosarino “no quiere contener a nadie”, asegura El Flaco. El objetivo es, en cambio, “enseñar a pensar de otra forma, en otros órdenes”, cosa que, garantiza, cuesta mucho. “Varias veces pensamos que era una locura. Siempre aparece la opción de echarse atrás. Pero siempre, también, pasa algo más increíble, entonces las ganas de claudicar desaparecen”, reflexionó.

La clave aparece iluminada entre las sombras: compartir. “Esto es por la gente, pero también por nosotros. Si no buscamos la forma de encontrarnos, estamos cagados”. Entonces, sólo entonces, desde La Grieta, hacen desaparecer a esa otra grieta que siempre amenaza: “Cuando sucede que además de placer, el arte provoca esperanza, seguís apostando”.

sábado, 24 de enero de 2009

Discos: “CD-Recordable” (Emisor, 2008).-

El músico electrónico Leonardo Ramella decidió volver a publicar lo ya publicado en los cuatro discos piratas que editó a principios de siglo. ¿Cuál es la novedad? Que, a fines de la misma década, la selección, remasterización, serialización y reconceptualización de aquellas canciones sirven como primer acercamiento al manifiesto musical electrónico de diez años en los que los seres orgánicos estuvieron cada vez más interpelados por los seres informáticos.

Por Luis Paz

Buenos Aires, enero 24 (Agencia NAN-2009).‑ A Emisor no le interesa la comunicación, sino la expresión. Irónico, desde el punto de vista nominal, pero bastante lógico si se atiende a su música, desde sus inicios en proyectos desquiciados (y no tanto) como El Corte, Resonantes, La Forma, Capulco Gold y Mimilocos. CD-Recordable viene a resumir, en tanto la compila, su producción “ilegal”, esa serie de cuatro discos vírgenes grabados y editados en casa, decorados con fibrón y etiquetas, y presentados en cajitas slim con los diseños de tapa de Silvia Canosa, esposa del músico Leonardo Ramella (a.k.a. Emisor), suerte de Stravinsky moderno que copypastea secuencias sonoras, una suerte de loopeo asistido por el humano.

Y en toda su obra, pero especialmente en su novedad discográfica, siempre se dio esa cruza de lo orgánico, del músico, el clima, el ambiente y la situación; con lo mecánico, la informática, la técnica musical, las nuevas tecnologías y el soft como herramienta principal para darle forma a canciones retrofuturísticas en las que las serpientes de cascabel conviven con campanillas de bicicleta en momentos de instrumentación industrial. ¿Se trata de una novedad aún cuando compila una selección de temas de Eventualidad, Contumaz, Local y La Noche del Mundo, editados en CD-R entre 2001 y 2003? Por varias razones, lo es.

En principio, lo dijo Lotman, todo resumen de una obra en sí, no es la misma obra sino otra distinta. Pero en el plano musical, nadie está demasiado acostumbrado a darle la derecha a un disco con canciones ya publicadas. Entonces habrá que agregar otros elementos: la remasterización de los tracks, el rediseño estético en su presentación y el elemento más importante en esto, el orden de los temas dentro de una determinada línea de lectura algo inducida.

Canciones como “Constante abandono”, “Querer libera”, Colmena”, “Empleado en un sitio web” o “Entorno volátil” se separan, así, del microcosmos para el que fueron creadas (cada uno de aquellos discos piratas paridos en Adrogué) para entrar a una cosmogonía que los excede y que se parece mucho a un manifiesto de época. Esto es CD-Recordable, el recuerdo de esos discos vírgenes, pero también el comentario instrumental de una época de austeridad, ilegalidad y autogestión heredadas de la crisis de 2001, y el manifiesto políticamente punk del Emisor autor de canciones, además de ciudadano de un país en default.

Cinco años después de la edición de La noche del mundo y ocho después de la aparición de las primeras canciones para Eventualidad, CD-Recordable viene a adelantarse a los balances que este año se harán sobre la década que acaba, atravesada como ninguna otra antes por el pulso de los avances en la mecánica, la técnica y la informática de escala hogareña y personalizable. La música de Emisor, claro, también es hogareña y está personalizada, tiene los rasgos fisonómicos de su autor, un hijo de obrero metalúrgico nacido y crecido en la aristócrata Adrogué, curtido en el Parakultural y los antros punks, recluido a sus lecturas de budismo zen durante su adolescencia, sumido en la cultura sonora del afro minimal en la actualidad. Y siempre atravesado por la música electrónica per sé, la “realizada mediante máquinas, con sonidos de máquinas”.

A mitad de camino entre el cyborg psicodélico y el cyberpunk, Emisor siempre estará más alejado conceptualmente de las raves que de los festipunks, pero aún así es un exponente clave en el circuito electrónico independiente, que para más tuvo la cordialidad de volver a publicar lo publicado, cerrando la década con un tratado sobre el compromiso intelectual de su época, la abstracción psicodélica del rock, el grito orgánico de la ética punk y la diversión mecánica del baile post punk, cohesionados mediante el pulso técnico de la composición musical y la herramienta informática del software.

Sitio:
http://www.emisor.com.ar

jueves, 22 de enero de 2009

Subcoop (o cómo contar historias a través de imágenes).-

“De alguna manera, el proyecto tiene ese trasfondo político que significa intentar trasmitir emociones a través de la fotografía e intentar generar cambios a través de la imagen.” Así definen sus miembros al fundamento de la cooperativa que crearon en 2006, pero que tuvo génesis en la crisis de 2001. Se trata de seis jóvenes que, con sus cámaras, buscan mostrar las múltiples otras caras de las realidades parciales que circulan en los medios de comunicación masiva, agregándole a su labor fotoperiodística su pulso y ojo artístico: “Antes del clic está la idea, y luego la foto”, le explicaron su técnica a Agencia NAN.

Por Nahuel Lag
Fotos gentileza de Subcoop

Buenos Aires, enero 22 (Agencia NAN-2009).- “Asambleas, piquetes, cacerolazos. En ese momento la fotografía se daba paralelamente a los acontecimientos sociales y políticos. Salíamos a la calle a cualquier hora cumpliendo una labor periodística, pero de contrainformación", explica el fotógrafo Ignacio Smith sobre la situación que vivió el país en medio de la crisis de 2001 y 2002, que sacó a la calle a muchos jóvenes, a retratarla con sus cámaras. Pero lo vivido en aquellos días, además, se convirtió en la génesis de la Subcoop, un espacio en el que seis fotógrafos buscan expresar sentimientos, dar voz a las problemáticas invisibilizadas sin caer en la lógica del reportero de medios, sin dejar de lado lo artístico, pero sin olvidarse, tampoco, de que deben vender para poder sobrevivir.

Las manifestaciones de 2001 y la lucha en la que continuaron los movimientos de desocupados en 2002 fueron los puntos de encuentro de Nicolás Pousthomis, Sebastián Hacher e Ignacio Smith. La naciente Indymedia, una agencia de noticias alternativa que forma parte de una red mundial de contrainformación homónima, fue el soporte donde publicar los primeros trabajos.

Luego de un período de renovación creativa, en 2006 se puso en marcha la cooperativa de fotógrafos “Sub”, en la que también trabajan Nancy Lucero, Olmo Calvo Rodríguez y Gisela Volá. Sus fotorreportajes buscan, desde allí, mostrar otra cara de la realidad, con un objetivo claro: romper con la lógica del fotorreportero de medios.

“Los fotógrafos de medios están insertos en una lógica que limita la concepción fotográfica, no da riendas sueltas a la expresión de la imagen. Tiene que seguir una línea editorial en la que la lógica es que sos un empleado más. Por eso, en la cooperativa está el espíritu de lo que hacemos: laburar sin jefe, compartiendo conocimientos, herramientas. Y también peleándonos, pero siempre desde una lógica puramente fraternal”, explicó Smith.

Con la “Sub” como búnker ubicado en la casa de Nicolás y Gisela, las reuniones son constantes para enfrentar “dilemas” como ver con qué medio u organización se trabaja y a quién se le vende. En la actualidad, los trabajos son publicados en la revista MU, de Lavaca.org, otro medio alternativo; en el Centro Cultural de la Cooperación, en revistas del grupo La Nación y en medios del exterior.

“Siempre estamos en el brete de vender fotos a los medios, pero apuntamos a conciliar lo que es el ingreso económico con nuestra vocación y el arte”, asegura Ignacio. Ahí, el espíritu de la cooperativa. Los ingresos se comparten y otro poco sirven para pagar el alquiler y los viajes a los barrios o a los países vecinos, según el proyecto de cada artista. Sin pensar en la venta sino en la realidad que buscan reflejar, clic tras clic.

- ¿Por qué Sub?
- Refleja lo que intentamos transmitir a través de la fotografía: aquello que está tapado pero latente. Los medios de comunicación masiva reflejan un sector muy parcial de la realidad social y desde la cooperativa lo que queremos es reflejar la otra historia.

- La fotografía, cuando muestra la realidad, también la recorta. ¿Cuál es el recorte que hacen desde Subcoop?
- El recorte está condicionado por la concepción social o ideológica que mamamos durante estos años. Nos sentimos ligados a la gente que retratamos. No da lo mismo retratar una modelo que una comunidad mapuche que está defendiendo sus tierras en Neuquén. El recorte estaría en reflejar la realidad desde el lugar de la gente. De alguna manera, el proyecto tiene ese trasfondo político que significa intentar trasmitir emociones a través de la fotografía e intentar generar cambios a través de la imagen. Esto también nos diferencia con lo que hacíamos durante los primeros años, que era buscar sólo la noticia y la denuncia.

- ¿Creés que dejaron de lado la denuncia?
- No sé por dónde pasa “la denuncia”. En aquel momento creímos que era estar constantemente mostrando la represión del Estado, pero lo que transmitimos ahora puede llegar a ser mucho más radical: mostrar gente que muchas veces es invisibilizada por los medios o demonizada, a quienes nosotros le damos cierto espacio de expresión. Tampoco nos creemos unos vanguardistas que vamos a tomar la voz de los otros, pero sí llevársela al resto de la sociedad.

- ¿Cómo se refleja esa evolución en las fotos?
- Por ejemplo, antes íbamos a los piquetes y sacábamos fotos a los encapuchados (por los piqueteros que utilizan sus remeras como pasamontañas dejando ver sólo sus ojos) y terminábamos siendo la otra cara de la misma moneda. Los medios demonizaban así a los movimientos de desocupados y nosotros los reivindicábamos desde el mismo fetiche. Tuvimos que encontrar la vuelta para no mecanizar la fotografía.

- En la actualidad, ¿qué es lo que los saca a la calle?
- Nuestra lógica fue cambiando: de estar en la calle, pase lo que pase, fue mutando en algo con más contenido, no tan sometido a la coyuntura diaria sino a cuestiones más estructurales. Entonces, se trata de que el recorte sea lo menos acotado posible, expresando la realidad de la gente como un todo y no a partir de detalles que puedan ser más llamativos o más mediáticos. Nuestra idea es contar historias a través de las fotografías, con una línea de interpretación que siguen las fotos de cada reportaje.

“Cada reportaje” significa cualquiera de los alrededor de cincuenta que los seis fotógrafos realizaron. Y la “línea de interpretación” consta de series de fotos que permiten contar una historia sin la necesidad de recortarla en una sola imagen. “El trabajo que se hace desde los medios es justamente boicotear la verdadera historia que hay detrás de una imagen”, analizó el fotógrafo de rastas.

El Plan 3000 o el Barrio 23 fueron retratados para mostrar la realidad barrial en la que se gestan los movimientos de Evo Morales, en Bolivia, y Hugo Chávez, en Venezuela. Otras series de imágenes digitalizadas y colgadas en la página de la “Sub”, muestran, toma tras toma, la realidad del Bajo Flores o de Barracas, la lucha de los pueblos originarios por sus tierras, los rituales a los santos paganos, las alternativas que presentan las organizaciones sociales para aquellos que han sido despojados por el sistema o la alternativa que propusieron los trabajadores al tomar las fábricas y sostener sus puestos de trabajo luego de la crisis de 2001.

“Hasta ahora, el laburo más colectivo que hicimos fue el de 5 refugiados+5 fotógrafos+5 miradas (exhibido en el Centro Cultural Borges entre septiembre y octubre pasados) fue como un bautismo para nosotros. Nos pasamos días y días con nuestros refugiados, rompiendo cierta barrera que siempre existe entre el fotógrafo y el retratado, para así tomar una confianza que cambiara la situación fotográfica”, detalló el fotógrafo, que dejaba ver desde su remera un par de ojos palestinos enmarcados por uno de esos pañuelos que en nuestro país resignificaron los rollingas.

- ¿Qué pasa cuando laburan de a dos? Porque la cámara ofrece lugar para un solo ojo…
- Se rompe un poco la lógica individualista que tiene todo fotógrafo. La fotografía es, por definición, un arte puramente individual, y el hecho de laburar colectivamente o de a dos te abre un poco la perspectiva. Te saca del centro y aporta más elementos. De todas maneras, cada trabajo es un ejercicio total: está la idea y después la foto, no es sólo el clic.

- Si tuvieran que ubicar el trabajo de la Subcoop como un espacio de arte o periodístico, ¿dónde lo colocarían?
- No lo podemos dividir, apuntamos a que sea las dos cosas. No podemos negar que laburamos para medios y que vivimos de eso, pero en ningún momento pensamos resignar nuestro costado artístico por lo más mediático. Lo nuestro pasa por el arte y por la comunicación.

- ¿Y en relación con lo político?
- Particularmente, intento jugar en el límite. El objetivo sería estar en la línea sin caer en el panfleto ni en la imagen sin sentido.

- ¿El fotorreportaje puede decir más que mil palabras?
- Sí, dos mil. Como fotógrafo, uno siempre cree que está contando historias con imágenes. Hay que ver cómo la gente interpreta cada trabajo, pero da mucho material para procesar. Además, buscamos romper con la lógica de videoclip, porque cualquier fotorreportaje requiere algo del observador: un tiempo, un análisis. Son historias en las que se tiene que ver hasta la última foto, sino pierde sentido.

Sitio:
http://www.sub.coop

sábado, 17 de enero de 2009

Libros: “Hojas de Tamarisco” (Bruzzone, Budassi, Gorodischer y Vanoli, 2006).-

A razón de una ficción por autor, los jóvenes escritores y emprendedores editoriales publicaron esta compilación desde su propio sello, Tamarisco. Vanoli presenta la crueldad de un mundo post-apocalíptico; Bruzzone retoma, con originalidad e historia familiar, la problemática de la última dictadura militar; Budassi retrata a una joven-inmigrante-ilegal-argentina; y Gorodischer entrega un crudo pero sutil relato sobre la violencia doméstica.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, enero 17 (Agencia NAN-2009).‑ ¿Qué es una antología? Una colección de piezas escogidas de literatura o música, dice el diccionario de la Real Academia Española. En el caso de Hojas de Tamarisco, libro de relatos breves de autores poco conocidos, se puede decir que es el punto de partida de cuatro jóvenes escritores que emprendieron, en 2006, el camino editorial del propio sello. Un proyecto independiente y autogestionado, que tiene la misión (ambiciosa) de “inaugurar una zona de límites tan imprecisos como las ramificaciones de la joven narrativa contemporánea”, ponen de manifiesto los fundadores de Editorial Tamarisco: Hernán Vanoli, Félix Bruzzone, Sonia Budassi y Violeta Gorodischer. Por lo pronto, llevan editados nueve títulos de autores hasta entonces inéditos. Los cuentos publicados en esta antología, que reúne las letras de los cuatro emprendedores, pueden ser descargados gratis en el blog del sello.

Llegar a otro miércoles, de Vanoli, se trata de una distopía --por oposición a la utopía, es el relato del peor de los mundos posibles-- ambientada en una playa de un mundo post-apocalíptico con una realidad marcada por la crueldad.

Bruzzone nació en agosto de 1976; en marzo había desaparecido su padre, en noviembre ocurrió lo mismo con su madre. El rescate de estos datos biográficos significativos del autor sirve como introducción extraliteraria al cuento Otras fotos de mamá, donde tanto Bruzzone como el protagonista comparten estas ausencias. La historia narra la búsqueda de recuerdos de la madre del protagonista, desaparecida en la última dictadura militar. En el relato, el más sólido y atrapante de la antología, el escritor --también autor del libro de relatos 76, también editado por Tamarisco-- no apela a los lugares comunes (ya agotados) de las ficciones que abordan la dictadura, sino que se sumerge en la cotidianidad de la vida de un hijo de desaparecidos.

Por otra parte, Acto de fe, de Budassi, es una historia narrada desde el punto de vista de una joven-inmigrante-ilegal-argentina que vive en Estados Unidos: “Apenas una sudaca a los ojos de camareros, empleados de subte, colectiveros y demás personas dedicadas a ocupar puestos típicamente para mejicanos, salvadoreños, argentinos, brasileros, latinos o sudacas en general; europea para americanos que no saben que América es algo más que su país, pero tienen dinero y cierta educación”. De esta manera, Budassi cuenta la estadía de una joven-inmigrante-ilegal-argentina rodeada de prejuicios, que se enamora de una travesti.

Completa la antología el cuento Tréboles, de Gorodischer, ordenado en brevísimos capítulos. La trama: Luisito busca tréboles en el terreno baldío de su casa. “Yo tengo un trébol, estoy protegido”, dice el chico, al que su madre protege de su padre, un hombre violento que no lo entiende, un hombre que también la golpea a ella, según sugiere la escritora en el texto. “En el cuarto de paredes azules, Luisito respira con dificultad. Pequeñas gotas de sudor bajan por su frente y lentas, apenas perceptibles, se detienen a la altura del cuello. Gira en su cama para escuchar una vez más los golpes secos, el sollozo ahogado, la voz de su madre que balbucea palabras incomprensibles. Entonces cierra los ojos y busca, fuera de la casa, el sonido del viento. Retiene el olor de las sábanas y luego encoge las piernas para, al fin, quedarse dormido.” Resumiendo, se trata de una historia de violencia familiar.

Sitio:
http://www.editorialtamarisco.com.ar
Blog: http://hojasdetamarisco.blogspot.com

jueves, 15 de enero de 2009

Hola, señor kiosquero.-

Pablo Holmberg tiene 29 años, un pseudónimo simpático y un libro-diario que “en realidad es un diario en papel barato” y formato libro, además de tiras publicadas en medios de distribución nacional y regional, especializados y no tanto. Pero la mejor excusa para esta entrevista con Agencia NAN es su rica historia de aprendizajes; su experiencia de apropiación de Internet como soporte de publicación y distribución; y, por supuesto, sus entrañables personajes. “Creo en esa premisa del escritor, de que hay que escribir sobre lo que se conoce. Si yo cambio, cambia mi forma de expresarme y, por lo tanto, mi arte”, expresa el artista gráfico, que este año será publicado por una editorial.

Por Sergio Sánchez
Fotografías gentileza de Kioskerman

Buenos Aires, enero 15 (Agencia NAN-2009).- Kioskerman podría ser un señor que está detrás del mostrador ofreciendo sus golosinas. Pero no. No vende nada. Mucho mejor: regala historietas en Internet. Su obra circula por redes sociales, listas de e-mails y está al alcance de cualquier cibernauta. Es uno de los tantos artistas que aprovecha la facilidad de acceso e intercambio de contenidos a través de Internet para difundir su material. Su verdadero nombre es Pablo Holmberg, tiene 29 años y es licenciado en Comunicación Social. Si bien desde chico leyó historietas, como Ásterix, Lucky Luke y Tintín, su faceta creadora le nació de grande, cuando se dio cuenta de que ese medio era accesible para expresarse. “Pasé de leerlas a hacerlas, impulsado por Macanudo, de Liniers. Cuando leí esa tira, sentí que esto era algo que yo podía hacer. De alguna manera, me envalentonó a hacer muchas cosas que sabía que tenía adentro, pero no había encontrado un medio para sacarlas”, contó Holmberg en su entrevista con Agencia NAN.

Entre 2004 y 2006 realizó su primera historieta, Señor del Kiosco, que hizo circular por correo electrónico entre sus amigos. Luego, gracias al buen recibimiento de sus allegados, al “boca en boca” y a los cada vez más recurrentes reenvíos, la historieta creció. Entonces, Holmberg decidió difundirla por listas de e-mails a través del sistema de suscripciones. “Cuando empecé no había mucho blog, fotolog, flickr y todo eso. Y si actualizabas algo en tu página nadie se enteraba. El mail era lo que es hoy un feed, por ejemplo. La tirá creció también un poco por algunas revistas donde salió, una nota que apareció en La Nación, un fanzine que hacía, un libro-diario que hice con un compilado de ellas. También Liniers me ayudó, recomendándome en su blog”, especificó.

- ¿Cuáles son las ventajas de difundir tu arte en redes sociales y a través de listas de e-mails?
- Inmediatez: poder hacer algo y verlo publicado enseguida, no tener que esperar todo el proceso que puede llevar editar e imprimr. Economía: no se necesita más que ganas, lápiz y papel para publicar. Libertad: tu editor sos vos y eso da muchas posibilidades a crecer sin miedo ni restricciones de audiencia. Feedback: las respuestas de la gente son alentadoras y me brindan una energía especial. Globalidad: posibilidad de que te publiquen, lean y hacer amigos afuera. Yo no estaría con los proyectos con los que estoy, tal vez, si no fuera por Internet. Para el arte es increíble, no tener un editor que te frene o te haga ir por un camino prefijado. Es la libertad total.

- ¿Y los límites?
- Impulsividad: a veces subo cosas sin pensar mucho, lo cual puede ser bueno o malo. Tecnología: el riesgo de que no funcione la red, y que no manejo demasiado bien los programas y "cosas" de Internet, por lo cual me pierdo muchas ventajas y me limita muchas opciones como diseñar mi página. Lectura: no es lo mismo el papel que el monitor, prefiero mucho más leer en papel. Almacenaje: prefiero almacenar en mi biblioteca. Transportabilidad: prefiero llevarme el libro en la valija a llevarme un iphone, blackberry, laptop o lo que sea.

Como las historias surrealistas, cómicas y absurdas de Señor del Kiosco evidenciaban la influencia de Liniers, Kioskerman decidió alejarse de esa semejanza para crear algo con sello propio. De esa búsqueda nació una historieta romántica, poética y melancólica: Edén, que difunde actualmente con el mismo mecanismo. En ella aparecen princesas, duendes, caballeros, mujeres con vestidos largos y criaturas extrañas que recuerdan a historias mitológicas y fantásticas. Ingenua y profunda, sintética y contundente al mismo tiempo, en Edén se manifiestan relaciones de amor, amistad y solidaridad expresadas con más dibujos que diálogos. Aunque la tira no tiene personajes fijos, hay un hombrecito de nariz grande, traje rojo y corona que aparece con frecuencia. “No sé cómo se llama, aún no me lo dijo, pero ya lo averiguaré”, bromeó el autor.

EL EDÉN DE LA CREACIÓN INDEPENDIENTE
- ¿Cómo surge la idea de ambientar Edén en una época medieval?
- Me debato a mí mismo sobre qué época es. Es, sin dudas, otra. No medieval, aún lo estoy descubriendo, tiene algunas cosas de la época victoriana Pero surge de mi amor por Tolkien y la Tierra Media, principalmente. Quería construir mi mundo de la misma manera. El mundo es, para mí, lo más importante. La búsqueda de la belleza, los mundos, la expresión de sentimientos, esas son mis preocupaciones principales en Edén. Además, para mí el arte tiene que ser cambiante, todo el tiempo, no estático. Y, al mismo tiempo, mis pensamientos son muy cambiantes. Algunos se mantienen, otros se transforman, otros desaparecen. Siempre fui así. No me llevo bien ni con los absolutos ni con lo estático.

- ¿Creés que el arte no se detiene, que muta todo el tiempo?
- Para mí es una forma de expresarse, de la misma manera que el amor o el odio. Por lo cual creo que cada uno tiene su arte, su forma de expresarse, y no hay uno sino miles de millones, a lo largo de toda la historia de la Humanidad. Por lo cual, si yo cambio, cambia mi forma de expresarme y por lo tanto mi arte. Porque algo que es importantísimo para mí es ser genuino conmigo mismo, no engañarme.

- ¿Qué situaciones te inspiran para hacer Edén? ¿De dónde surgen esas relaciones vinculares?
- No hago más "humor", al menos no fuerzo o busco situaciones graciosas. Ese creo que es mi pequeño grano de arena: la búsqueda de algo más personal. Por empezar, creo en esa premisa de que uno tiene que escribir sobre lo que conoce, clásica de escritor. Y lo que conozco con mayor certeza es lo que siento, mis "mundos internos". Quiero que la tira "suene" natural, sincera. Eso le puede dar cierta fuerza que necesita si le sacás el componente "humor". Al mismo tiempo, la autobiografía me resulta interesante, pero si seguís la premisa de "escribir sobre lo que conocés", entonces mucha ficción es autobiografía disfrazada.

- Entonces, ¿la tira es autobiográfica?
- No siempre, pero muchas veces tiene una relación muy fuerte con mi vida, sí. Lo que vivo a diario es demasiado rutinario o "normal" para que me inspire: prender una computadora, discutir con un cliente, viajar en subte. En cambio, lo que siento, lo que me pasa adentro, me resulta más fuerte, de alguna manera.

- Edén tiene una gran carga poética. Incluso, utiliza recursos de ése género como la rima y la repetición, ¿leés poesía?
- Poco y nada. No encuentro muchos poetas que me gusten. Mi relación con la poesía es como la que tengo con el dibujo: comencé a disfrutarla e interesarme cuando la necesité. Me gustan mucho las letras de Bob Dylan o de una banda argentina increíble que se llama Pels. Me gusta Fabián Casas. Mi poeta preferida es una antepasada mía que se llamaba Laura Holmberg, la descubrí gracias a unos libros que me dio hace poco mi viejo.

- En Edén no hay una linealidad o continuación entre una tira y otra, son autoconclusivas. ¿Pensaste en crear una historieta con una historia larga?
- Intento que sean pequeñas historias donde importe más la construcción de un mundo que la construcción de personajes. Pensé y pienso todo el tiempo en escribir una historieta larga. Las leo y disfruto mucho, pero no es el momento. Un poco porque no lo siento como natural ahora y otro poco porque no tengo el tiempo. Volviendo al tema de la poesía, la tira se emparenta más como formato al haiku o a la poesía, y las historias largas a las novelas. Me siento más poeta que novelista. Siempre pienso que me gustaría empezar con el formato clásico de álbum europeo (de 48 páginas), que es con el que empecé a leer. Alan Moore, uno de mis autores preferidos, decía que hay que empezar con historias de una página, después de dos y así sucesivamente. Pero hay autores que me gustan, como Lewis Trondheim, que escribió una novela gráfica de 500 páginas como su primer proyecto grande,¡ en un mes! ¡Porque quería aprender a dibujar!

Kioskerman publicó en medios gráficos como la sección “Picado Fino” de la nueva Fierro y en las revistas Nah!, Plan V y Wicked. Entre 2004 y 2005 publicó en el fanzine independiente Flasia y en 2006 autoeditó un libro-diario a beneficio en el que compiló Señor del Kiosco. Lo recaudado fue donado al comedor de una parroquia de Palermo Viejo. “Cuando hacía Señor del Kiosco quería tener mi libro compilatorio y como no tenía editor decidí hacerlo por mis propios medios, con la idea de tener una última página del diario multiplicada por ocho”, explicó. Ese formato amateur y autogestivo le sirvió para tener por primera vez algo de su trabajo en papel. “Le puse El libro-diario de Señor del Kiosco, cuando obviamente era un diario de papel barato, pero eso era un chiste más. Todo era absurdo en Señor del Kiosco, es algo más punk y más artesanal”, agregó. Actualmente espera la publicación de su primer libro compilatorio de Edén, que editará Sudamericana a fines de 2009.

Autodidacta, inquieto, explorador, no hizo más que un curso intensivo de dibujo dictado por el ilustrador y artista plástico Martín Kovensky. Durante las épocas de estudio en el colegio y la facultad, aprovechaba las horas muertas y los ratos de aburrimiento para dibujar en el borde de los cuadernos. Sin embargo, pese a su gran dedicación y amor por el mundo del cómic, aún no pudo lograr que su creación artística se convierta en su profesión. “La historieta me da mucha felicidad, satisfacción, sí, pero no es mi fuente laboral. De hecho, es un gasto. Pago la página, compro papel, minas, fijador y lápices”, enumeró. Por eso, su yo artístico aparece cuando regresa de su trabajo de empleado administrativo.

- Trabajaste en un estudio de publicidad y has dicho que en esa experiencia aprendiste a transmitir ideas y mensajes de manera sintética…
- Creo que en la publicidad aprendí dos cosas importantes, que luego pude aplicar en mi trabajo artístico. Por un lado, a trabajar con limitaciones de tiempo y tema. Por el otro, a trabajar dentro de una estructura, en este caso la historia corta. Cuando era más chico quería ser escritor de novelas. Pero nunca supe cómo empezar porque la estructura "novela" era tan grande que mi mente se iba y me quedaba pensando en lugares comunes o en la nada misma. Cuando aprendí a manejar una estructura más corta, como una gráfica, pude empezar.

- ¿Cómo es hoy ese proceso creativo?
- No me siento adelante de una hoja en blanco y me quedo mirándola hasta que las musas me mandan una idea. Tengo un proceso que me permite mover un poco los engranajes para que empiece a funcionar. Cuando tenés que sacar un aviso de un día para el otro y tenés que presentar tres opciones, sí o sí tenés que hacer que las ideas vengan. Eso me llevó a aprender cómo pensar, qué caminos transitar. Cuando me fui de la publicidad y me hice amigo del arte, fue como si mi campo mental se hubiese ensanchado y todo fue mucho más rico y amplio.

EL KIOSKERMAN PERIODISTA
Hace un tiempo, armó un blog titulado 30 preguntas con señores del cómic (http://30preguntas.blogspot.com/), en dónde realiza un cuestionario fijo a dibujantes de habla hispana. En el sitio, se generan debates interesantes sobre las obras de consagrados dibujantes, la creación artística y hasta de la filosofía de vida de cada autor. Y al intercambio se suman bloggers y amantes del género. Además, la propuesta es muy útil como archivo de consulta periodística. Hasta el momento, los entrevistados fueron Lucas Nine, Diego Parés, Tute, El Niño Rodríguez, Max Cachimba, Pablo Fayó y Esteban Podeti.

- ¿Cómo se te ocurrió lo de los cuestionarios por mail a los dibujantes de historietas y cuál es la finalidad del emprendimiento?
- Es una idea que no es mía. Un crítico de cómics que escribe en el Comics Journal, una revista de periodismo especializado, armó su blog en base a un cuestionario fijo de 20 preguntas. Yo disfrutaba mucho leyéndolo y pensé que me gustaría leer a los autores de mi país, de España y Perú. Por eso me armé mis 30 preguntas sobre temas que me vienen dando vueltas en la cabeza desde hace años. Los planteé más como conversaciones que como entrevistas. Las preguntas que hace Austin English (el crítico y periodista norteamericano) son más bien técnicas, relacionadas al proceso de producción de historietas. En cambio, las mías son un poco más filosóficas en algún punto. Para mí es como un pequeño lujo también que estos autores me cuenten lo que piensan.

Sitio:
http://www.kioskerman.com.ar
Blog:
http://kioskerman.blogspot.com

sábado, 10 de enero de 2009

Discos: “Contacto en Francia” (Contacto en Francia, 2008).-

Fernando Astone, ex Menos que Cero y Valle de Muñecas y actual Súper Ratones, brinda en el disco debut homónimo de su proyecto solista once canciones con el balance justo entre la melancolía, la épica, la delicadeza y la esperanza. Un disco de género con poca variación estilística, pero aún así, con momentos musicales y, sobre todo, poéticos muy interesantes.

Por Luis Paz

Buenos Aires, enero 9 (Agencia NAN-2009).‑ Un poco de historia reciente: a partir de la muerte de Raúl Reyes, histórico miembro de las FARC, en marzo pasado en un ataque militar colombiano a Ecuador, se supo que él era el contacto en Francia para la liberación de Ingrid Betancourt. Es muy probable que aquel hecho haya tenido que ver con la poca trascendencia que tuvo Contacto en Francia, el disco debut homónimo del proyecto solista de Fernando Astone, debido a esa propia homonimia y a los algoritmos con los que se maneja Google para organizar la relevancia de los resultados de las búsquedas.

Un poco de justicia: así fue que los curiosos terminaron encontrando más artículos sobre Reyes, sobre la película de Ernest Tidyman o sobre el libro de Robin Moore en el que se inspiró aquel largo protagonizado por Gene Hackman. Lamentablemente, porque Contacto en Francia posiblemente sea uno de los mejores discos para escuchar manejando por la ruta, con rumbo Sur, y solo, con la particularidad de estar compuesto por un publicista nacido y vivido en Lanús.

Cantante y multi-multiinstrumentista (que no sólo maneja las cuerdas, sino también los parches y las teclas), Astone armó y programó durante 2007 --como paso más reciente de una carrera que se inició en Menos que Cero y Valle de Muñecas y se desarrolla en paralelo en Súper Ratones-- un álbum suavemente melancólico, con todos los downtempos característicos de sus influencias (REM, Radiohead, los Rolling Stones de algunos pasajes de Exile on Main Street, Air), pero a la vez esperanzado (“Resplandor”), repuesto del golpe (“Instante”) y con momentos líricos épicos muy bien logrados, como la canción “Nuestra fe”.

De aquellos primeros pasos en Menos que Cero y Valle de Muñecas le queda no sólo la sensibilidad del Nuevo Pop Argentino de la década pasada (de Bléfari y Flopa a Estelares y Tirador Láser), sino una amistad estrecha con Mariano Esaín (Manza), que como productor propuso en el disco una mezcla perfecta para lo que las canciones necesitaban: orquestaciones discernibles, voces con cámaras y el brillo justo en los vientos, aportados por otros amigos: Carlos Alvarado, Fermín Echevespe y Leopoldo García. Y para cerrar el párrafo obligatorio citando las fuentes colaborativas de la obra, habrá que recordar que Ariel Palavecino matiza correctamente los temas desde la guitarra, que Ulises Ursini recurre sin abusos al falsete desde los coros, y que la delicadeza percutida de Hernán Sforzini encripta otras influencias de Astone: la chanson y la bossa nova. Y no se podrá obviar la lucidez de Luciana Astone para diseñar un arte de tapa que no podía ser de otro color que verde agua.

El álbum se disfruta de un tirón y se esfuma en cuarenta minutos, dejando con unas ganas locas de más. Ganas fáciles de satisfacer por la cordialidad musical de Contacto en Francia (la banda), que permite hacer girar el álbum durante horas en la lectora de CD de la computadora o shufflearlo en el reproductor portátil durante toda una tarde en la pileta. Si el oyente tiene la suerte de saber manejar, tener a disposición un coche de andar calmo y un rato libre, el regreso a casa por ruta y al atardecer podría ser orgásmico. O invitar a frenar el auto, tirarse sobre el capó y llorar.

Y un poco de balance: los temas de Contacto en Francia están tan cohesionados que difícilmente aparecerá un momento para escucharlo que no sea el del reláx (actual o muy próximo). Aunque esto no es en absoluto un defecto cuando se trata de un álbum de género que, si bien es bastante estrecho en el aspecto rítmico-estilístico, tiene la suficiente diversidad temática como para no volverse demasiado denso, una composición lo suficientemente interesante como para eximirlo de ser una obra leve, y algunos pasajes poéticos maravillosos, como todo “Nadar”, el track 03: “No se nadar en calma, quedate, hay discos en casa”.

MySpace:
http://www.myspace.com/contactoenfrancia

sábado, 3 de enero de 2009

Libros: “Seres mitológicos argentinos” (Adolfo Colombres, 2008).-

El antropólogo tucumano brinda un catálogo de seres “sobrenaturales” del país, del Pamperito a la Luz Mala, el Chancho con Cadenas y la mismísima Pachamama. La idea del autor es negar la irracionalidad de los mitos.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, enero 3 (Agencia NAN-2009).‑ Quizás lo más peculiar del libro Seres mitológicos argentinos, del escritor Adolfo Colombres, reeditado por Colihue, sea que es el único que cataloga y caracteriza de forma exhaustiva la mitología del país: son quinientos quince los seres sobrenaturales vernáculos rescatados por el anticuario y, algunos de ellos, ilustrados por Luis Scafati. Y no se trata de un mero trabajo de recolección fundamentado en la curiosidad de su hacedor, sino que-- según el antropólogo tucumano-- se basa en la esencia simbólica, por sobre la racional, del pensamiento humano en los procesos de aprehensión de la realidad.

En uno de los viajes de Colombres a Salta, un hombre le brindó una descripción del llamado Barchila, un duende de la localidad de San Carlos que acecha a las mozas, apedrea casas, desordena roperos, vuelca ollas y tumba muebles, entre otras travesuras. “Para el tipo no era una cosa sobrenatural. Hablaba de ese bicho como si se tratara de un ser del monte, un chancho. Para él era parte de la historia natural; en cambio, para los que viven en la ciudad era un ser sobrenatural, mitológico”, diferencia el autor a Agencia NAN.

Al por qué, en el prólogo de libro, Colombres responde que el mito convierte a las emociones en imágenes y no en conceptos, de la misma forma que sucede con el arte y la literatura. Pasando en limpio: el fundamento del trabajo es la negación de la irracionalidad de los mitos; “nada es irracional o racional por naturaleza”, sino como resultado de una construcción histórica de sentido.

Y vaya rol el que representan estas fábulas, homologable al que la religión desempeña en las llamadas civilizaciones: distinguen el Bien del Mal, cohesionan a la población y posibilitan la reproducción de valores. Desde las deidades que dieron origen al mundo, pasando por las que preservan la naturaleza, protegen a los niños y curan enfermedades, hasta las que condenan y castigan a los innobles, estos seres significaron (y significan) una parafernalia con la que los pueblos indígenas y criollos delimitaron (y delimitan) su identidad.

Justamente de eso se trata: de que al nombrar al Pomperito, a la Luz Mala, al Chancho con Cadenas, a la Pachamama o al Lobizón, las pulsiones por las abstracciones, y no a la inversa, (re)vivan.
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