sábado, 28 de febrero de 2009

Libros: “Despojo” (Juan Pablo Díaz, 2007).-

Si bien pareciera nacer de la falta, esta antología poética surge en verdad de las múltiples instancias de la cotidianeidad de un autor joven, que puede ahora aparecer como un experimentado poeta canoso, y luego como un púber con acné. De una u otra forma, Díaz consigue en esta obra plasmar emociones universales como el amor, la desazón, el abandono, la sabiduría y el miedo.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, febrero 28 (Agencia NAN-2009).‑ Jugar a descifrar el aspecto físico de un escritor a través de la lectura de su producción es divertido y sólo posible si la cara del susodicho no ha recorrido aún tantos mundos. Precisamente, el caso de Juan Pablo Díaz, para esta empresa, no es el de Jorge Luis Borges ni el de Julio Cortázar: su rostro es anónimo. Su única marca es un libro o, mejor, las más de cincuenta poesías que reunió en Despojo. El prólogo, del director de cine Eduardo Andrés Elli, aporta un dato que mientras por un lado apaña la consigna, por el otro atrae. Elli llama a Díaz “púber-poeta” e incluso traza un paralelo entre el acné de la edad y la eyaculación bucólica del autor. Sin embargo, la sencillez minimalista con que Díaz distribuyó las palabras en cada hoja y el ingenio de varios versos desorientan a quien parte de esa primera aproximación: ¿es realmente un adolescente quien escribe o la evocación del prologuista es una imagen extemporánea?

La sorpresa es inmediata. En “Géminis”, Díaz escribe: “Tu mano seca mi cara y yo seco las tuyas”. Se presiente curtido, no atolondrado. El verso “lamer las telarañas de uno”, seguido más adelante de un sabio “dar brazo a torcer”, adosarían a la imagen al menos un par de canas, quitarían al menos un par de pornocos, pero del púber-puerto quedaría muy lejos.

Mejor seguir por aguas claras. Pronto, Díaz propone otro camino. “Un viaje sin puentes no sería viaje”, arranca en “Puente”. “Hay una especie de continuidad/ entre el mundo anterior y éste./ (…) Te encuentro en otra persona/ y mi corazón vuelve al son”, aproxima, aquí un poco más previsible. Las canas, afuera. Ahora, los ojos avispados, inquietos. Un viaje en el “180” devino en unos versos también inocentes, pero con atisbos de madurez. Dentro del colectivo, los pasajeros “no sabemos nuestra suerte. / (Somos dados vírgenes)”.

Una treintena de páginas adentro, “Bises” encuentra a Díaz compartiendo su lecho con un “cadáver abandonado”. Y “Ser gris” lo pone melancólico, un poco ojeroso: “¿No has visto amaneceres gotear/ de los techos pobres?”. La tristeza, más alborotada, continúa en “Niebla”. Quizás haya sido ese vértigo azul el que lo llevó a filosofar en “Adiós”, a hablar de muchas ventanas y cuántos paisajes podrían haber mostrado unos ojos. Las canas regresan al prototípico Díaz tras leer “Umano” y esas líneas a mitad de hoja que dicen que “nunca han visto a alguien/siendo tan humano./ Serlo duele,/ como todo privilegio enorme,/ (que pesa toneladas)”. Conmueve su “Amor”, tan breve que se hace necesario citarlo entero:

"Pelados
tendremos que estar
para poder amar.
Las nucas peladas harán ver
."

Díaz es ahora calvo (¿?). A veces es certero en la elección de las palabras. Otras, pareciera vomitar un ejército de polisílabos que váyase a saber qué emociones contrariadas lo convocaron. Algo de eso sucede en “Miedo (temor del área)”, cuando afronta que “la vida en este lugar no significa nada, / es vivir y ya/ Me defecaría y nadie lo notaría”. Vuelve la sabiduría en “Baba Negra” (“ya mayor,/ descifraba palabras en doble sentido/ el doble discurso y los pasos doble”) y la calma en “Evaporación” (“las gotas del techo se iban haciendo hormigas al caer”). “Ventisca en las manos” hace posibles dos opciones: el abandono del juego o la amplitud de los márgenes para imaginar al hacedor siéndose viento.

Hay tantas hormigas que indefectiblemente se trata de un niño. Pero inmediatamente, le dice a “Carla” que su cuerpo es exquisito (“mi cerebro se acalambra con sólo rozarte,/ escucharte gemir”) como si fuera un Don Juan treintañero. Vuelve a ser, inmediatamente, un pibe: hace al lector leer “Juego de miradas” de cabeza o contra un espejo. Y vuelve a ser, luego, un anciano en “Hija, recibe estos sabios consejos de tu padre”. Y vuelve a ser, pronto, púber en “Post-sexo”. Y así, imosible adivinar la cara de quien también juega, del otro lado, a tener tantas, a ser tantos, a renovarse. O quizás no sea un juego el suyo. Tal vez, las cosas-poesías de las que Díaz se despojó lo hayan dejado sin rostro.

jueves, 26 de febrero de 2009

Gustavo Sala: “Lograr que un pelotudo se ofenda es como una tarea cumplida”.-


Es uno de los caricaturistas más irreverentes del humor gráfico nacional, pero también incursionó en la actuación, la radio y la música. Entrevistado por Agencia NAN, comentó que se siente más cómodo con el humor “más punk, más psicodélico”, como sucede con su tira Bife Angosto, donde dentro del formato clásico de tira apaisada hace lo que se le venga en gana, como ironizar sobre viejos violadores, travestis, pedófilos, enanos putos y Fabianes Gianolas. “Trato de lograr dignidad en cada tarea que desempeño”, explica Sala, suerte de humorista periodístico lisérgico e irrespetuoso. Con total franqueza, admite: “Me parece que las cosas más logradas salieron de pedo”.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de prensa de Gustavo Sala

Buenos Aires, febrero 26 (Agencia NAN-2009).‑ Gustavo Sala es un improvisado y un irrespetuoso. Ojo, únicamente para hacer humor. Porque se sirve de esos dos elementos para crear historietas, subirse arriba de un escenario o salir al aire en un programa de radio. Improvisa, pero no navega sin rumbo, sino todo lo contrario: sabe absolutamente lo que quiere hacer y hacia donde va con sus viñetas. En su proceso creativo, no importa contar con un buen inicio o un desenlace logrado: el secreto está en el desarrollo y en la forma. La fórmula es la irreverencia y el resultado obtenido es totalmente eficaz. Por eso, es uno de los humoristas más coherentes de la historieta actual.

Sala no rompe las reglas, las destroza. Es experto en tratar temas tabú como las drogas y el sexo. Lo políticamente incorrecto nunca le es ajeno. Viejos violadores, travestis, pedófilos, enanos putos y Fabianes Gianolas se pasean libremente por las páginas de Bife Angosto, la tira que semanalmente publica en el Suplemento NO de Página/12. “La irrespetuosidad, cuando está bien hecha, me parece bastante divertida como recurso. Y justamente en el NO, que es un medio que tiene un perfil más abierto, más periodístico y con mucha ironía desde los contenidos, es un lugar ideal para bardear, experimentar y ser un poco más salvaje”, confiesa en esta entrevista con Agencia NAN.

Aunque su curiosidad lo lleva por caminos dispares como la actuación y la música, aclara: “Son cosas que no soy pero que ‘hago’. En todo caso, si hay algo que soy es dibujante o humorista gráfico, pero no creo que sea ni guionista, aunque escribo guiones. Aunque actúe, haga monólogos y me suba al escenario, no soy actor. Y aunque cante, me suba arriba de un escenario y haga canciones, no soy músico. Pero trato de lograr dignidad en cada tarea que desempeño”.

Incluso, supo improvisar desde chico ante la falta de habilidad para los deportes. “¿Qué hago?”, se preguntó el pequeño Gustavito. Ansioso por aprender y descubrirse, comenzó a comprar cuanta revista infantil y de animación pisara los kioscos de Mar del Plata: Billiken, Patoruzú, las de Disney y las clásicas revistas de historieta española. Esas fueron sus primeras fuentes de inspiración para acercarse al mundo del dibujo, que no le sirvió únicamente para matar los ratos libres, sino también para encauzar todas sus inquietudes por esa vía artística. “Yo empecé a dibujar a partir de una evidente falta de talento para el deporte y otras actividades. Cuando intentaba pegarle a una pelota le terminaba pegando patadas violentas a mis compañeros y hería gente. Entonces, evidentemente, el fútbol no era lo mío, ni para jugar ni para verlo. Así que eso me permitía tener mucho más tiempo para otras cosas”, contó con franqueza.

Después, con la llegada de la revista Fierro a mediados de la década de 1980 conoció a grandes valores de la historieta adulta como El Niño Rodríguez, Mandrafina y Francisco Solano López. “Di un salto impresionante de la historieta infantil a la historieta adulta y se abrieron las posibilidades, los recursos gráficos. Luego conocí la revista Mad y me fui sintiendo más cómodo con ése tipo de humor satírico, más punk, más psicodélico. Entonces me sentí absolutamente adentro del género”, rememoró el marplatense.

En 1993, junto a un grupo de amigos, en el que también estaba su actual colorista Humberto Miranda, armaron Mar Negro, un fanzine inspirado en las míticas revistas de historieta Fierro y Skorpio. Años más tarde, en 1996, con Miranda crearon Falsa Modestia, una publicación independiente “más orientada hacia la Mad y a lo más humorístico”. Salieron ocho números que le sirvieron para conectarse “con un montón de dibujantes” y con la escena intitulada “El boom de los fanzines’” un movimiento que se armó sobre todo en Buenos Aires entre 1996 y 1999. “En los eventos como Fantabaires se juntaban un montón de chabones que autoeditaban sus revistas y las vendían, por ejemplo, en la cola de la gente que iba a ver a Dolina, en bares, eventos o en Parque Rivadavia. Durante esa experiencia, autores comenzaron a convertirse en los propios difusores de su material, mucho antes del blog e Internet”, recordó con un dejo de nostalgia el dibujante.


Desde noviembre de 2005 publica semanalmente la tira Bife Angosto en el suplemento NO, que sale los jueves en el diario Página/12. En esa tira se ocupa principalmente de tratar temas relacionados con la cultura rock. “En el diario estaban buscando autores para ocupar el espacio que había dejado la tira Bonjour, de Liniers. Entonces, por intermedio de amigos del palo en común, me enteré y mandé material. Luego, pasé el filtro de los autores que estaban en la espera para ocupar ése lugar y ahí empezó la tira, sin un pedido muy puntual. Simplemente era: ‘dentro del formato clásico de tira apaisada hacé un poco lo que quieras’”.

- ¿Y qué significaba el “hacé lo que quieras”?
- Se prestaba de acuerdo a un suplemento de rock a hacer algo que tuviera que ver con el mundillo del palo. Al ser Bife Angosto una tira de situaciones más que de personajes me da la posibilidad de seguir probando cosas nuevas y personajes que duran una sola tira, con lo bueno y lo malo que eso tiene. Porque si hubiera armado una tira con personajes fijos, quizás ya estaría caminando sola y no me tendría que poner a pensar demasiado, ya que cuando es así, hacés personajes que interactúan al principio, después empezás a enfrentar conflictos y se te van abriendo caminos entre ellos mismos. En este caso, como es una tira donde hay personajes que mueren y nunca más aparecen, más que nada trabajo con situaciones, con personajes del ambiente y con códigos, modas y tribus urbanas. Siempre necesito una idea nueva, porque lo que me interesa es tratar de sorprenderme y divertirme a mí mismo.

- Tenés que estar actualizado sobre lo que sucede en el ámbito rockero. En algún punto, es como un laburo de humor periodístico…
- Claro, por ejemplo, el juego con los rollingas, que si bien no es un hecho puntual, tiene que ver con un fenómeno de los últimos diez años y sigue siendo actual. Capaz que dentro de 30 o 20 años nadie se acordará de qué se trataba ser rollinga. Pero me gusta eso de cierta “cosa periodística”, porque también quiero que tenga, más allá del chiste, algo que ver con la observación. Me gusta que contenga ese componente periodístico, pero trato de que, a pesar de jugar con cosas actuales y que estén pasando en la música y en la sociedad, no queden pegadas a la noticia o al personaje del mes. Porque me interesa que en la tira leída a los dos, tres o cinco años, a pesar de que el personaje ya no esté en la tele o en los medios, el chiste funcione más allá del personaje o de la moda. Sobre todo cuando después son tiras que se recopilan en libros o tienen otra vida posterior al del suplemento semanal.

- ¿Y eso en qué te limita?
- Por eso no hago y no sé hacer humor político con la crisis de la soja o el personaje del senado o la coima, porque es un humor que muere en el día. Si leés un chiste de Rudy-Paz o de humor político de hace veinte años, por ejemplo, un chiste con Caputo y la coima de tal, ahora no lo entendés. Porque si no tenés el contexto de la época te quedas afuera completamente. A mí me gusta que tenga la perdurabilidad y a la vez que hable de la época actual.

- En Bife Angosto hay mucha crítica al “aguante rockero”…
- Sí, eso es muy boludo, por ejemplo, esa pelotudez de “que se muera Cerati”. Me parece que ya somos grandes, estamos en 2009 y tenemos cuarenta años de rock nacional. Eso del rollinga que critica al rock es como el dibujante intelectual que dice que no hay nada nuevo. Son posturas pelotudas de gente que se pone en un pedestal. Y es todo música, no hay tanta diferencia entre Coiffeur, Los Redondos, Lisandro Aristimuño, Babasónicos, Calamaro y la 25, o lo que carajo te guste. Son todos chabones que tocan instrumentos y hacen canciones, punto.

En octubre del año pasado publicó un libro recopilatorio de Bife Angosto editado por Ediciones de la Flor. Y ya planea otro para mitad de año a cargo de la editorial Domus. Además, publicó historietas y dibujos en medios gráficos como las revistas La Mano, Lule Le Lele, Genios, Barcelona, Comiqueando y Monográfico (España). Escribió guiones para los cómics del chicle Bazooka y para la serie Lolypop, ilustrada por Lucas Varela en la revista dominical del diario La Nación. Desde 2001 integra el programa Maldita Radio, que se emite por FM Rock & Pop Beach. Y desde 2005 presenta, junto a Pablo Vasco, el espectáculo humorístico de scketches y monólogos Afeitándose en Alemania, todos los veranos de la temporada marplatense.

Además de sus conocimientos sobre la historia del cómic local, Sala tiene una gran cultura rockera. No habla por hablar: el tipo realmente sabe sobre música. En su Mar del Plata natal tuvo un grupo de rock denominado Gascarne. Y actualmente tiene un proyecto musical, junto al músico porteño Gonsoide, en el que se encarga de las voces y escribe letras de canciones: Los Dentistas Tristes.

- ¿Cómo es tu acercamiento a la cultura rock como temática para la creación?
- Yo voy mucho a ver shows y me gusta ver recitales todos el tiempo. Me gusta desde la música estruendosa, psicodélica y pesada o distorsionada como Sonic Youth, Pixies o The Strokes a el pop melanco de bandas españolas como La Buena Vida. El disco Mar, de Leo García, es uno de mis preferidos. Actualmente, Coiffeur y Lisandro Aristimuño me parecen impresionantes. Al igual que Gabo Ferro, a quien vi en vivo en una presentación de Macanudo, de Liniers. Mis músicos favoritos son The Cure, Luis Alberto Spinetta, Palo Pandolfo. Escucho mucha música y quizás el hecho de no haberme desarrollado como músico hace que trate de estar todo el tiempo escuchándola, leyendo notas y viendo películas sobre música. Ahora estoy leyendo el libro Rock y Dictadura, de Sergio Pujol. Por lo tanto, en Bife Angosto trato de jugar con cosas con las que me siento más o menos cómodo. O sea, si dibujo un recital es porque estuve en cientos de shows y trato de que esa cosa de cierto tono periodístico aparezca. O que el tipo que también es del “palo” se sienta reconocido o sienta que hay una cosa de pertenencia.

En la nueva Fierro, que también edita Página/12 de manera mensual, publicó durante un tiempo la historieta Tiras para arriba y actualmente desquicia a los lectores con la desconcertante serie El Baño, cuyo protagonista es “un hombre X que todo el tiempo busca un baño para cagar”. Tan simple como eso. Pero satisfacer esa necesidad fisiológica y cotidiana lo hace atravesar situaciones completamente impensadas y absurdas. En el transcurso de dos páginas, pueden acontecer decenas de historias dentro de una misma. Por momentos, las viñetas parecieran negar a sus antecesoras.

- Generalmente, El Baño arranca con una idea, luego muta para lugares impensados y termina imprevisiblemente en la misma idea o en otra totalmente diferente…
- No hay una premisa. Un poco eso es lo que me divierte y la posibilidad que me da Fierro: irme al carajo y jugar con lo que quiera, con la violencia, el vocabulario, el sexo, las drogas, lo que sea. Para el NO trato de tener un universo con algunas reglas y en la Fierro casi nunca aparecen cosas de rock. Trato de hacer cosas diferentes en ambos medios, aunque busco que sea personal en cuanto a lo que a mí me gusta hacer. Pero las ideas de El Baño generalmente salen de una duda que tengo: al personaje A le pasa una cosa B y termina en una situación C. Arranco con eso y pateo la pelota de la historia hacia algún lado sabiendo que tengo un espacio limitado para terminarla. Entonces, voy haciendo una especie de cadáver exquisito autónomo o unipersonal y trato de sorprenderme a mí mismo.

- ¿Cuál es la idea?
- La idea es avanzar y desandar viñetas con los pros y los contras que eso tiene. Si partiera de una historia sabiendo desde un principio a dónde va y a dónde termina me ahorraría pasos y dolores de cabeza, horas de pensar cómo carajo seguir una situación. Normalmente, me parece que las cosas más logradas salieron de pedo. El tema es que se vaya al máximo carajo posible pero que termine teniendo una coherencia o yendo a algún lado. Es decir, que el final tenga algún sentido de final, no que termine como manotazo de ahogado. No sé si eso se nota mucho, poco o nada, pero la idea es que dentro del delirio haya cierto orden. Parece una contradicción, pero no la es.

- ¿Te gusta que etiqueten tu humor de “absurdo”?
- No sé, me parece que quedás pegado al “vale todo”, a que estás tomando un helado y se cae un gato del techo y terminó. En todo caso, esas pueden ser ideas sueltas que pueden ser divertidas y me encantan cosas gratuitas por que sí. Pero me parece que hay una línea de pensamiento instalada en muchos autores nuevos que “siendo absurdo no hace falta ser guionista o ponerse a pensar situaciones, personajes, tramas, diálogos e historias”. Es como que la frase es: “Ay, dibujemos un chabón hecho mierda, con muchas minas y drogas en el orto, que de pronto va cruzar la calle y viene una jirafa y se tira un pedo”. Es como que una idea aparentemente divertida y aparentemente absurda ya funciona. Me parece que está un poco bastardeado, porque no todo es divertido ni gracioso.

- ¿Y cómo hacés para que eso no te suceda?
- A veces me pasa, como autor de mi propio material, que tengo una historieta terminada y confío en ese “absurdo” que a mí me pareció logrado, divertido, personal y válido. Y tal vez desde tu propia perspectiva decís: “¿Pero esto es divertido y genial o es una pelotudez que a mí me pareció divertida en ese momento?”. Entonces, al no trabajar con el recurso tradicional del remate lineal con juegos de palabras o con situaciones que son claramente humorísticas, a veces estás como en ese límite de que sea una pelotudez o algo ignorante. Por eso normalmente tengo consultores amigos a los que les muestro los bocetos para tener más elementos y decidir finalmente qué hago: si le doy brazo o la dejo archivada como proto idea para trabajar en algún momento. Pero me encanta ser absurdo, en el caso de que lo fuera, y también me encanta ser varias cosas. Pero lo que más me interesa es que sea divertido, si es que estamos hablando de humor.

- Claro, porque está orientado hacia otro…
- Es impresionante lograr que un chabón se ría por algo que vos dibujaste en un cuaderno con una birome en un café y después lo hiciste con tinta china, lo pintó un chabón en una computadora y sale un en diario que lo leen en Tilcara. Es un fenómeno impresionante. A partir de que vos entrás en un café sin saber qué carajo vas a dibujar y en la semana está eso que vos no sabías impreso, pintado y en miles de diarios en todo el país. Eso me parece algo mágico de los medios impresos, a pesar de tener décadas y décadas de la existencia de diarios, revistas e historietas en la prensa. Hoy el fenómeno de blogs e historietas online es alucinante porque estás al tanto de un montón de movidas, autores, crónicas y reseñas que sería imposible de otra manera. Principalmente porque no te alcanzaría la guita si todo eso fuera revista para comprar. Sin embargo, a mí en algún punto me resulta frustrante leer blogs que empiezo y por un cansancio visual o porque no estoy preparado mentalmente me aburro y los abandono. Hay material infinito, pero sé que es una manera real, gratuita y que te da la posibilidad de que te lean miles de chabones.

- ¿Te ponés límites para hacer humor?
- Sí, hay cosas que no sé hacer y con las que no me quiero meter para hacer chistes porque me saldrían mal, como el humor político o jugar con ciertos temas. Por ejemplo, si quiero hacerme el loco con un chiste sobre la Franja de Gaza o la tensión en Irak, son temas que no conozco bien. Entonces, si no conozco los códigos no puedo hacer un chiste. Para eso tendría que ponerme a estudiar para adquirir los recursos. Por eso, trato de trabajar con cosas que me son más familiares. O, en todo caso, hacer algo que sea claramente arbitrario o que quede claro que no hay mala intención. Aunque a veces me chupa un huevo el famoso “qué dirán”. En ocasiones, lograr que un pelotudo se ofenda es como una tarea cumplida, una satisfacción. Lamentablemente, hay gente que sigue pensando de manera literal.

Blog casi oficial:
http://www.angosto.blogspot.com

martes, 24 de febrero de 2009

Sin murgas independientes, ¿va a estar bueno Buenos Aires?-

Cachengue y Sudor, la popular "Murga de Arpillera" de La Paternal --con más de 50 integrantes, 13 años de historia y una relación muy estrecha con la identidad cultural de ese barrio porteño-- no puede ejercer su “derecho a manifestarse culturalmente” porque el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires valló la plaza 24 de Septiembre, que les había adjudicado como lugar para entrenarse para los corsos del Carnaval, por un plan de obras de mantenimiento. “No sólo no permiten que nos presentemos ahí, sino que tampoco dejan ingresar a los vecinos”, denuncia la abogada del colectivo murguero. Pero, según dejan entrever, no se trata de un hecho aislado sino de un “apriete sistemático” a partir de que decidieron salirse “del circuito oficial de murgas” que maneja la Comisión de Carnaval del Gobierno porteño.

Por Mariana Seghezzo
Fotografía de prensa de Cachengue y Sudor

Buenos Aires, febrero 24 (Agencia NAN-2009).‑ Rojos, amarillos y verdes resaltan en sus carnavalescos trajes. También se perciben violetas, blancos y naranjas. Los brillosos atuendos de Cachengue y Sudor --la Murga de Arpillera-- destellan festividad. Pero este año la celebración del Rey Momo está aún en bambalinas para una murga con"más de 50 integrantes, 13 años de historia y una marcada identidad cultural con el barrio" de La Paternal, expresa Gabriela Nascole, abogada de profesión y murguera de "familia y pasión". Insiste con la idea: "Sentimos que nos echaron de nuestro propio espacio. Nos vallaron la plaza 24 de Septiembre, la Justicia nos dio la razón y aún así tuvimos que organizar todo sin ninguna seguridad". La pugna por el verde espacio comenzó entre los primeros días estivales y los últimos de 2008. En diciembre, "el Gobierno de la Ciudad dio inicio a un plan de obra de mantenimiento en la plaza, sin previo aviso y aún frente a la participación vecinal impidieron, no sólo el ingreso de los vecinos, sino también el ejercicio del derecho que tiene una murga a manifestarse culturalmente", confirmó Solange Verón, una de las abogadas que interpuso una catarata de recursos judiciales en pos de asegurar el Carnaval 2009 para Cachengue y Sudor.

Junto a Gabriela se encuentra Federico "El Nono" Gampale, uno de los murgueros más antiguos. Su tiempo transcurrido en la murga quedó sellado no sólo en su apodo, sino también en su relato: "Desde que decidimos salir del circuito oficial de murgas, empezaron a hacernos contravenciones y la policía cada dos por tres interrumpía los espectáculos para tomarnos los datos". La murga, integrada en su mayoría por docentes y trabajadores sociales, empezó a participar de corsos y festividades de carnaval del circuito independiente en 2003, donde “no hay competencia ni normativas en la vestimenta o en las canciones a la hora de celebrar", explicó orgullosa Gabriela. Para El Nono, de hecho, "cuando nos separamos del Gobierno y sus reglas empezó un apriete sistemático".

Cuando los rostros palidecen y la mirada vive a través de la brillante purpurina, los cuerpos de estos artistas tambalean al ritmo de cantos, bombos, redoblantes y zambombos. Entonces comienza su espectáculo: mezcla de ritmos de candombe y teatro popular. Porque Cachengue y Sudor promueve no sólo una lucha por el espacio público, sino también por una definición de "cultura" determinada: “Creemos que la murga es una herramienta para la crítica social y para estar en contacto con el barrio y otras organizaciones sociales. Es un instrumento de lucha política y cultural. Se ve en nuestras canciones”, teoriza El Nono. Para Elsa Calvo, coordinadora general de la Comisión de Carnaval del Gobierno de la Ciudad, “la cultura popular está íntimamente relacionada con lo norma: si no hay reglas no hay carnaval”.

Cuando la tierra exhala un calor nuevo y exuberante, sin embargo, hay comparsa y mascarada. El 3 de diciembre de 2008, la Dirección General de Promoción Cultural --del Ministerio de Cultura porteño-- "otorgó una autorización expresa a la murga para llevar a cabo el desarrollo de la actividad artística del carnaval (tanto la realización del corso como los ensayos previos) en la plaza 24 de Septiembre", aseguró Verón. Pero a fin de mes, sólo se escucharon topadoras. "El 26 de diciembre, viajando en colectivo por San Martín y Apolinario Figueroa, veo que nuestra plaza está parcialmente vallada y llena de escombros", dice entre dientes y en voz baja el Nono. "Sentimos como si nos hubieran desalojado sin ni siquiera una carta de preaviso", agregó Gabriela.

Primero, entonces, se acercaron al Centro de Gestión y Participación (CGP) que les correspondía "para conocer los plazos de la obra y los motivos porque no había ningún cartel con el respectivo aviso”. Como relató Verón, “en el CGP de la calle Córdoba al 1400, los empleados informaron que no sabían nada porque ellos se habían enterado de los arreglos a través de una boleta de ABL". Eduardo Villar, subsecretario del Ministerio de Ambiente y Espacios Públicos porteño, arriesgó que "la falta de aviso de obra debe haber sido producto de un error en los datos, lo que demoró la colocación del cartel en tiempo y forma". Casi tres semanas más tarde, según los artistas, "apareció el aviso".

Con las nuevas modificaciones porteñas, el ingreso a la plaza quedó vedado por completo: el pasto, los árboles y hasta los juegos de los niños resultaron bajo los escombros. Y, contó Gabriela, “justo en verano, cuando los vecinos y los chicos de las escuelas cercanas usan el espacio muchísimo y la murga ensaya para el carnaval”. Verón va más allá y asegura que “lo que hizo el Gobierno es un forma inconsulta y silenciosa del avance de la administración pública”.

"Presentamos un recurso de amparo para anular los actos administrativos que permitían proseguir con la obra: impidiendo los ensayos se estaba violando lo dispuesto por la Constitución de la Ciudad en materia de derechos a la preservación y protección de la identidad y del patrimonio cultural". Esa fue la primera medida adoptada por Verón para salvaguardar los derechos de la Murga de Arpillera. El recurso es rechazado por la jueza Lidia Lago. Y recién a fines de enero, la Cámara en lo Contencioso Administrativo falló a favor de la murga. Según Verón, "por la tardanza sólo se intimó al Gobierno a que le proveyera otro lugar de ensayo a la murga y habilitara otro, cercano a la plaza, para realizar el corso".

“Después de más de un mes de litigio y de aprietes de la policía para que nos juntemos en la vereda de nuestro espacio, pudimos empezar a ensayar en la plaza Benito Nazar”, relató con media sonrisa Gabriela. Casi a tientas, en la más oscura incertidumbre, los Cachengue y Sudor prepararon su espectáculo: “El eje en este carnaval está puesto en los desalojos que viene ejecutando el Gobierno porteño en los barrios, en los hoteles, en las casas tomadas, incluso, en las escuelas”, relató el Nono.

Los tonos vibran, giran y se tuercen. Al son de los movimientos del baile, el espectáculo comienza. Mientras en la representación la realidad toma como suyo el lugar y cuestiona: el funcionario “enrejado”, uno de los personajes de la obra, expulsa murgueros de las plazas. Hay silencio y luego los chicos del público abuchean al personaje por miedo a que la fiesta termine.

sábado, 21 de febrero de 2009

Discos: “Amor liviano” (Bufón, 2005).-

Su segundo álbum, dedicado a las distintas modalidades del amor, es la mejor carta de presentación para este cuarteto uruguayo de rock esquizofrénico, que coquetea con todos los estilos surgidos desde la década de 1980, del disco al heavy, pero siempre regulado por dosis justas de funk, hard rock y candombe.

Por Luis Paz

Buenos Aires, febrero 21 (Agencia NAN-2009).‑ La gallina le dijo al gallo que encontró un papagayo que la pisa más. El muerto le dijo al cajón que deje entrar esos gusanos que son su compañía. El ratón le dijo al gato que encontró otro zapato que patea más. El electo le dijo al volante que se busque otro atorrante que lo joda más que él. La princesa le dijo al sapo que encontró otro batracio que lengüetea más. Y la tierra le dijo al humano que si sigue metiendo mano van a reventar los dos. Todo eso relata “Amor liviano”, el tema apertura homónimo al segundo disco de los rockeros uruguayos de Bufón, a quienes se pudo disfrutar aquí como teloneros de La Vela Puerca en Obras, en agosto, o en su primera venida, en 2002. Y esos distintos tipos de amor (el erótico, el putrefacto, el masoquista, el sincero y el propio) son los que trata el álbum, un trabajo mucho más logrado que su debut Nérpola.

En este disco, musicalmente están mucho más cerca de ACDC y Kiss que de “El Negro” Rada, Leo Maslíah o Zitarrosa. Y suenan mucho más duros que La Vela Puerca o No Te Va Gustar, quienes hoy ocupan el rol de hermanos mayores del rock uruguayo con una receta más parecida al rock n roll rioplatense de Los Piojos.

“Amor liviano”, la apertura, es una canción de rock como las de Estelares en estética poética (“Entre tanto amor liviano yo mejor me quedo solo, y entre tanto amor liviano yo no quiero más hermanos”) y sonora, como confirma el solo que el violero Gabriel Méndez mete entre los recitados del cantante Osvaldo Garbuyo. En la sección rítmica, el bajista Aníbal Pereda y el batero Diego Méndez suenan más a Massacre o, en última instancia, a Árbol, que a Bersuit Vergarabat.

Claro, las comparaciones siempre son odiosas, aunque más no se las utilice que para ayudar al lector a trazarse una idea mental de a qué suena Bufón. Pero habrá que salirse de esas comparaciones y afirmar que Bufón es rock duro con lírica pop, como lineamiento general, pero que puede pasar por los climas del grunge (“Marianelas”), del rock rioplatense (en el cover “Superman”, de Leo Maslíah, que pone teclados a la versión) o de la balada tango rockera (“La Humedad”) a tocar hardcore (“Chanchita por tí”) o bolerazos (“Gladiador de lengua”).

A decir verdad, la primera mitad del álbum tiene la esquizofrenia de un disco debut, lo que demuestra que, en 2005, los Bufón seguían buscando su camino. Formados en 1998, en realidad se afianzaron como cuarteto en 2003 y un año después comenzar a sonar con fuerza en las radios más allá del Río de la Plata, todo gracias a su demo Dios salve al Bufón. En ese contexto, tuvieron que componer Nérpola (2003) en poco tiempo y, aunque el resultado es un cruce de metal con funk interesante, se nota en él la escasez de un plazo más extenso.

Así que Amor liviano viene a completar las líneas argumentales que presentaba aquel debút esquizofrénico. Y lo hace con la misma esquizofrenia durante la primera parte del álbum. La segunda sigue siendo cambiante, pero está más unificada dentro de un sonido que, aún hoy, a cuatro años de aquel álbum, sigue estando actualizado, incluso por momentos más que el de La Vela y No Te Va Gustar.

De esa forma, “¿Jugás?” desde el reggae, “Pequeña” desde el pop rock, “Una cobra en mi jardín” desde el electrocandombe, “Nene de cumpleaños” desde el ska punk y “B.Z.T” desde el disco funk completan aquellos relatos que van del amor de clase (“Ya no cumplo años, cagándome de frío en la plaza Libertad”) al amor narcótico (“Fui al entierro de María Marianela, nadie llevó drogas ni flores ni alcohol”), del Amor mayúsculo (“Cuando bailan las serpientes el romance del sabor, la música es de los sapos, de lengua está hecho el amor”) a la pobreza de amor (“Chiquita, te llevaste la más bonita, dejaste en mi cama dos gotas de sangre”).

Luego de este disco, recomendable para quien desee presentarse al rock uruguayo más allá de La Vela, NTVG y Hereford, los Bufón editaron Buenísimo el año pasado, con otra vuelta interesante al sonido y un concepto distinto al de Amor liviano, que de todas formas sigue siendo la mejor carta de presentación.

Sitio:
http://www.bufon.com.uy

jueves, 19 de febrero de 2009

Luchar por un lugar.-

Siempre quedarán en la retina popular los años en los que Tigre fue cuna de artesanos y artistas callejeros. Sin embargo, descender del ferrocarril Mitre en esa estación ya no tiene la magia de aquellos tiempos, desde que, a fines de 2007, las autoridades municipales –de la entonces Intendencia del actual jefe de Gabinete, Sergio Massa—empezaron a cumplir a rajatablas una ordenanza municipal de 2002 que convierte en delito a los espectáculos públicos y la venta de artesanías sin previo permiso. El problema, según las denuncias de Artistas en Lucha, un colectivo que se organizó luego de episodios de represión y confiscación de herramientas de trabajo, es que la Municipalidad no los entrega. Dar un espectáculo de circo gratuito para la comunidad puede así costar hoy cinco días de arresto. Y las murgas mueren al mismo ritmo que nacen. “No somos desempleados, pero no nos dejan trabajar”, ilustran los damnificados. Pareciera que el arte espontáneo ya no es bienvenido en Tigre.

Por Ailín Bullentini
Fotografía de prensa de Artistas en Lucha

Buenos Aires, febrero 19 (Agencia NAN-2009).‑ Los baldosones gigantes de loza rosada interrumpen, de una manera perfectamente calculada, el prolijo verde que se abre ni bien uno cruza el arco de la última estación del Ferrocarril Mitre. Los espacios verdes de la zona más exclusiva de Tigre, con sus palmeras estilo Miami, invitan a cruzar la avenida y llegar hasta la estación fluvial. Desde allí zarpan a diario las lanchas-colectivo que invitan a recorrer los recovecos del Delta. Sobre aquella explanada llena de verde, un grupo de artesanos colocan sus paños vacíos, mientras que algunos otros malabaristas, actores y músicos callejeros les hacen el aguante. Todos conforman, desde hace más de cuatro meses, Artistas en Lucha, una organización que se convirtió en el cauce para expresar su reclamo frente a las autoridades municipales. Es que en Tigre los artesanos no pueden ofrecer --ni mostrar, siquiera-- los elementos que con sus manos elaboran; ni los músicos cantar, ni los actores actuar, así como tampoco los malabaristas hacer de las suyas. No en la calle.

La pugna por conseguir un hueco en el espacio público de su lugar natal lleva casi dos décadas. Desde uno de los bancos de plaza --ubicados a los costados de la amplia pasarela rosada que nace en la salida de la estación y muere en la avenida-- una joven que creaba adornos y alhajas en plata indicó que “es ahí”, a pocos metros de ella. Se refería al sitio que sus amigos-colegas convirtieron en escenario de la lucha de –y la redundancia cae como anillo al dedo para dar razones al nombre del colectivo-- Artistas en Lucha. “No somos desempleados, pero acá no nos dejan trabajar”, resume la situación.

A partir de las 18, van cayendo de a poco, todos los viernes. Los artesanos “parchan” –extienden los paños sobre el suelo—sin sus creaciones, en señal de protesta. Los actores se reúnen a repasar los libretos, sentados alrededor del mate. Los malabaristas juegan con sus clavas. Todos, de tanto en tanto, reparten volantes en donde explican a la gente el porqué de su presencia allí.

Sin embargo, Artistas en Lucha no siempre fue lo que hoy. La muchacha prefirió relatar a Agencia NAN la historia del colectivo desde las primeras épocas, desde los meses tempranos de 2008, cuando ser artista callejero en Tigre “se puso difícil en serio”. Es que, hasta hace dos años, el arte podía asomar las narices por las calles del norteño partido bonaerense recién cuando caía la tarde, a partir de las 19. “Más temprano venían los inspectores y te pedían que levantaras las cosas y que te vayas, porque estaba prohibido vender artesanías en la vía pública”, advirtió Laura, la artesana. Entonces, el boca en boca fue uniendo experiencias y esfuerzos en pos de un derecho que, consideran, les corresponde.

La libertad se terminó a fines de 2007, cuando las autoridades municipales comenzaron a hacer cumplir a rajatabla la ordenanza nº 2482/02, que multa la venta ambulante y la realización de actividades artísticas en la vía pública. En su artículo 98 bis, la norma pena “con multa del 0,40 al 50 por ciento al que desarrolle actividades sin fines de lucro, con fines asistenciales, sociales, terapéuticos, recreativos, culturales, deportivos y afines que no cuenten con permiso o autorización municipal”; mientras que el artículo 10 “con multa del 0,30 al 60 por ciento y/o arresto de hasta cinco (5) días por la instalación, desarrollo, funcionamiento o explotación de espectáculos públicos sin obtener previo permiso municipal”.

La cuestión es que la ordenanza, concerniente al área comercial del municipio, plantea la necesidad de solicitar permisos que “los funcionarios nunca otorgan”, aseguró. Pero hay más: “Cuando nos sacan, nos dicen que tenemos que ir a pedir permiso a Cultura. ¿Cómo es? ¡O me mandás a pedir permiso a donde va el pochoclero o vení y sacame por una orden de Cultura!”, graficó Laura, en nombre de todos sus compañeros. Y el reclamo tiene un destinatario preciso: Julio Zamora, ex secretario de Políticas Sanitarias y Desarrollo Social de Tigre durante la intendencia de Sergio Massa que se convirtió en intendente interino cuando Massa fue nombrado jefe de Gabinete de la Nación.

La voz de Laura cambia de tono a medida que las palabras escapan de sus labios. “Cada vez nos fuimos enterando de más y más personas a las que los inspectores les secuestraban el paño sin labrar el acta correspondiente, con la excusa de la ordenanza”, señaló antes de llevar a lo concreto lo que las leyes siempre dejan en el aire: los artesanos deben pagar una multa de 200 pesos cada vez que le quitan el paño –y con él no sólo los productos terminados sino los materiales y herramientas de trabajo-. Lo mismo cabe para el malabarista, el actor callejero, el músico o el mimo. Sólo por su condición de “artista callejero”.

La formalidad en el día y la hora de los encuentros en las puertas de la estación ferroviaria surgió como una urgente necesidad. Luego de que a fines de noviembre un grupo de ellos fuera agredido por inspectores y efectivos policiales de Tigre. "Levanten porque hoy van todos presos” imitó la artesana la voz de un inspector. “Pero le quisieron llevar las herramientas y los materiales a uno de nosotros, entonces se armó el lío", terminó de pintar la situación de aquella tarde. El video de los incidentes está disponible en el blog del colectivo, donde se ve claramente que, irónicamente, los policías protagonistas no contaban con la identificación correspondiente.

“Uno de los artesanos terminó demorado en la comisaría de Tigre hasta esa noche, cuando lo largaron porque muchos vecinos llamaron por teléfono preguntando qué había pasado, cómo estaba. Muchos se acercaron a la comisaría. Y nosotros siempre estuvimos ahí", detalló. Sin embargo, debió ir a recuperar sus pertenencias puertas adentro de la oficina del jefe de inspectores municipales. Allí encontró sólo parte de ellas. El resto, nunca más.

Las razones sobraban para organizar un escrache frente al edificio comunal, que contó con el apoyo de vecinos, otros artistas e integrantes de murgas a las que no las dejan practicar en la calle. Por esa razón, varias de ellas nacieron y murieron. “Después de la represión, de todo el trajín de ese día, decidimos que nuestro compromiso en la defensa de nuestro trabajo tenía que ir más allá. Teníamos que mostrarles a todos lo que estaba pasando con nosotros, para poder tener un lugar en Tigre”.

El grupo sigue creciendo. De a poco, paso a paso. Muchos de los artesanos que hoy forman parte de Artistas en Lucha se sumaron cuando descubrieron que la feria que supuestamente iba a organizar el propio gobierno comunal fue sólo una promesa. "A mediados de 2008, gente de la Subsecretaría de Cultura pidió que nos inscribiéramos en un registro porque ellos estaban organizando la apertura de una feria artesanal. Hasta hubo reuniones. Pero después de un tiempo, y una vez que muchos de los artesanos del lugar estaban inscriptos, dijeron que la feria no iba a poder ser”, explicó Laura, una de las pocas que ni se acercó a la Subsecretaría.

Por eso, para el 28 de este mes están organizando un festival en el mismo lugar donde funcionó a principios de la década de 1980 una feria artesanal, y en donde iba a estar ubicado el “engaño” municipal. Y como el que realizaron a mediados de enero, la fiesta contará con obras de teatro, música, clowns y, por supuesto, los paños desnudos.

“No les pedimos permiso. Sólo entregamos una nota en la que avisábamos que íbamos a hacer el festival y nada más”, comentó Laura, aunque seguramente las autoridades ya debían haber estado enteradas por la pegatina de afiches de propaganda que los de Artistas en Lucha esparcieron por todo Tigre.

Siguen juntándose cada viernes, exigiendo que los que tienen "comprado" el lugar donde ellos nacieron les permitan, ahora, poder seguir creciendo allí.

Sitio:
http://artistasenluchatigre.blogspot.com

martes, 17 de febrero de 2009

Fuerte Apache: “No somos cultura, pero somos una realidad”.-

En tiempos donde las bandas nominadas con referencias geográficas tienden a europeizarse (Bristol, Glasgow, London), cuatro raperos decidieron llamar a su grupo como el apodo del bosque de monoblocks donde viven: Fuerte Apache. Antes de su disco debut, de reciente publicación, se hicieron escuchar fuera del barrio Ejército de Los Andes mediante su MySpace y el boca en boca. Luego de Estilo Monoblockero les sucedió lo irrisorio: los medios los apuntan como criminales y la policía los reconoce como artistas. “La idea es cantar la realidad, pero no para que todos se maten entre sí, sino todo lo contrario, para que vean lo que pasa”, releen para Agencia NAN los autores de un verdadero fresco de la vida en un tipo de comunidad demasiado volátil para los ajenos.

Por Luis Paz
Fotografía de prensa de Fuerte Apache

Buenos Aires, febrero 17 (Agencia NAN-2009).‑ Fuerte Apache, como Piedrabuena, Lugano o Flores, alberga un misterio difícil de resolver: ¿cuántos viven en ese gran camping de casas de cemento (en el mejor de los casos)? Los medios arriesgan que entre 40 mil y 90 mil, inconsistentemente. Promediando 65 mil, ¿cuántas combinaciones de habitantes pueden lograrse para un resultado artístico? Muchísimas. Lo mismo que las preguntas que esos mismos medios, inconsistentes y aleatorios, se hacen sobre estos barrios: ¿Cuántos homicidios por día? ¿Cuántas violaciones? ¿Cuántos afanos? Así es como, habitualmente, grandes conglomerados saltan al conocimiento público. Aunque, cada tanto, una cachetada de rock como Viejas Locas desbarranca las prejuiciosas fichas del tablero. Fuerte Apache es, quince años después, el grito irreverente del monoblockero de esta década. Y reúne, en su MySpace, la suma de todos los arriesgues de los medios, pero como oyentes de su música: tres cuartos de millón de visitas tienen los temas de su debut, Estilo Monoblockero. Cuatro veces la tirada de cualquier gran diario. Aunque muchos no lo quieran ver, eso los convierte en contracultura popular, en arte de base y en vox populi.

Tranzas, descuidos, migrañas policíacas aparecen cajeteadas en el primer disco de una banda que lleva diez años en el camino. “Meter todo eso en un álbum que esté al alcance de la mano en cualquier disquería, es todo un gesto”, concede Esteban, principal MC del cuarteto del barrio Ejército de Los Andes, como realmente se llama Fuerte Apache. Massi y Pato aprueban. Picky no está.

¿Qué tipo de gesto? Bueno, ellos creen que uno ciudadano y artístico, pero no necesariamente cultural. “No podemos ser ejemplos de nadie cuando hablamos de marihuana y de fierros. Por eso decimos que no somos cultura, somos una realidad”, fundamenta Massi. Y Pato arremete con una redefinición: “La idea es cantar la realidad, pero no para que todos se maten entre sí, sino lo contrario, para que vean lo que pasa. Fijate si en un tema nuestro un pibe tiene fortuna. No, ningún tema nuestro tiene un final feliz, no decimos ‘con esta te salvás’, estamos contando miseria”.

Cuentan que todo comenzó con charlas entre Edu y Massi, luego entró Picky, y cuando ya no intercambiaban cassettes sino discos, llegó Pato, hace cinco años. “Lo nuestro empezó ensayando y grabando en una casa. Una vuelta, el dueño de esa casa se lo pasó no sé a quién, porque le cabía y lo escuchaba siempre. De ahí, alguien subió eso a un MySpace y después fue todo boca en boca hasta que pegamos disco, video, sello y fechas. Pero F.A. se escuchaba de mano en mano en los barrios hacía más tiempo y con una aceptación re piola”, recuerda Edu.

Una escucha a Estilo Monoblockero o --mejor-- una charla con los del F.A. llevan a una certeza irrefutable para los que comparten lado en la raya divisoria: son vecinos de este lado de la General Paz, el de la marginalidad y el hambre, como definió Luis Alfa, de Resistencia Suburbana. Se conocieron entre pintadas al Gauchito Gil y avivadas de giles, entre sangría y sangre, entre papi fútbol, metegol y bailanta. Y sus palabras son, por tanto, no otra cosa que folklore.

-- Tal vez con ustedes pase lo que con Pizza, Birra y Faso, que fue “apología” y hoy es de “lo mejor” del cine independiente argentino.
-- Sí, capaz no están entendiendo que usamos la jerga de la calle como metáfora y por esa jerga no ven que es algo artístico. El fierro es el micrófono, las balas son las palabras. “Escuchen atrevidos como suenan las pistolas” quiere decir “escuchen como sonamos”, y en la tele te ponen placa roja, un cadáver y dos pistolas cruzadas atrás. Pero una parte de la sociedad es así y quiere simplificar los problemas que hay, sociales, en la educación, económicos, con “los cuatro negros”. Y les cuesta entender que estos “cuatro negros” hacen música y les pica el orto pensar que progresamos. El laburo suyo es odiar, el nuestro es cantar.

-- ¿Y cómo se llevan con ese odio ustedes?
-- No vivimos de los saludos de nadie, sino de la gente que compra nuestros discos y va a nuestros recitales. Si nos quieren sacar mano, que se vayan a diez cuadras y no los escuchen. Pero quieran o no, los escuchen o no, les tengan miedo o no, estas cosas pasan y la gente no es damnificada por esta banda. Es damnificada porque la seguridad no está. Y lo nuestro no es apología, es la denuncia de esa ausencia.

-- Hay quienes no quieren que su patio trasero sea dado a conocer…
-- Ése no es nuestro problema. Los problemas que tenemos son sociales, con una historia que se da en las calles, en los barrios bajos. Sentimentalmente no estamos para contar la vida de colores. Ojalá pudiéramos, pero no.

-- Esa historia que se da en la calle y que vivieron, ¿los inclina al rap?
-- Puede ser. Para hacer rap tenés que ser real. Hip hop hace cualquiera, metés un par de estrofas con rimas diciendo lo que te pareció tal cosa y fue. Pero decir un mensaje claro, siendo real y con buena música, no es tan fácil. Y eso es el rap.

-- Gangsta rap, en su caso, pero no necesariamente el soporte musical tenía que ser ése, pudo ser el reggae, la cumbia, el rock…
-- Conocemos y escuchamos cumbia porque en el barrio siempre estuvo. Incluso nos ofrecieron hacer cumbia y el F.A. aparece en compilados piratas de cumbia. Pero somos raperos. Fue. Elegimos remar en lo que nos gustó siempre y hacer un disco de rap y no de cumbia, porque no es la música que nos llama la atención.

-- ¿Por qué ser músicos y no otra cosa?
-- No nacimos músicos, la vida nos llevó donde estamos y acá andamos. La música nos sacó de la calle y nos metió en algo lindo. Para nosotros fue un descuelgue psicológico. Cuando estás con los pibes en una pieza y grabás, sabés que aunque te mueras tu voz va a estar ahí. Por eso decimos que la música gana vida. Y, mil veces, entre pasar cosas malas o buenas, uno va a elegir las buenas.

-- A la vez, esa decisión y ese trabajo tienen un efecto: ¿se dan cuenta de que están logrando sonar en todos los estratos sociales?
-- Los productores y los músicos estamos siendo más inteligentes. No te lo están dando así: “tomá, escuchá cumbia o rap”. En la industria hay un monopolio manejado por un par de tipos que te dejan seguir si quieren o te traban. Y ahí tenés que ser pillo: les das un beat y se quedan con eso, algunos incluso piensan en el negocio de dejarte contar cosas crudas porque la gente baila tus ritmos. Muchos capaz ni entienden las letras por vivir otras realidades, pero cuando se dan cuenta de que están tarareando la canción, conocen otra realidad.

-- ¿Esto tiene que ver, también, con la expansión del reggaetón, que cruza elementos de la música tropical con raggamuffin’ y hip hop?
-- Es como que a partir del reggaetón la gente le empezó a dar más bola al hip hop. Y lo nuestro, claramente, es rap pero tiene hip hop, arreglos tropicales y melodías rítmicas de la cumbia o la salsa, que es lo que hace a la gente bailar en nuestro barrio. Si el disco iba a ser un reflejo del Estilo Monoblockero, la parte tropical de la identidad musical del barrio no podía quedar afuera.

-- ¿Por qué creen que las entrevistas con ustedes suelen no hablar de música?
-- Porque somos músicos, pero antes de eso somos pibes del Fuerte Apache que vemos esas cosas toda la hora. Y somos músicos que quieren hablar de música, pero terminamos hablando de muerte y del barrio, porque hay gente a la que de verdad le interesa saber. Después tenés, qué se yo, un chabón de la tele que fue a vernos al Roxy y cuando terminamos vino, nos felicitó, nos contó que había ido por dos temas y se quedó todo el show porque le había copado la banda.

-- Buena onda…
-- No tanto, porque después prende la cámara y empieza: “La delincuencia, bla, bla”. Queremos hablar sobre el barrio para que se sepa lo que pasa pero nos preguntan por qué incitamos a matar policías, no están entendiendo nada de nada. En “Mañanas informales” hablamos de la depresión de un pibe al que se le murió el viejo y nos ponían “ahhhh, qué tierno”. ¡No es tierno, se le murió el viejo! Y después dicen que el F.A. incita a tirarse de un décimo piso. Falta que nos echen la culpa por tirar las Torres Gemelas, o como cuando culparon a Marilyn Manson por el loquito que se puso a matar gente. Capaz el loquito había escuchado cuatro discos seguidos de Serrat y le pintó el asesino serial.

-- Para eso basta con dos discos seguidos de Serrat.
-- Sí, con cuatro te ponés a matar hasta a las gallinas, jajaja.

Sitio:
http://www.elfuerteapache.com
MySpace:
http://www.myspace.com/fuerteapache

sábado, 14 de febrero de 2009

Libros: “No habrá más penas ni olvido” (Osvaldo Soriano, 1978).-

Un clásico de la literatura argentina que, tras la muerte en 1997 de su autor, sigue desapareciendo de los stands de las librerías. Una narranción ficcionada de los años anteriores al golpe militar de 1976 que, con momentos de humor negro, pocos adjetivos y lenguaje coloquial, pone de manifiesto los conflictos hacia dentro del peronismo y adelanta momentos de clandestinidad y exilio.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, febrero 14 (Agencia NAN-2009).- "Se fue un escritor de los que ya no quedan en la literatura nacional.” Con esas palabras, Adolfo Bioy Casares despidió, 12 años atrás, al escritor y periodista Osvaldo Soriano (1943-1997) con una entrevista homenaje. Pero pese al reconocimiento de varios de sus pares, la Academia siempre ninguneó al “Gordo”. Más allá de este rechazo del establishment literario, fue un gran narrador y el último gran best seller vernáculo: sus libros vendían decenas de miles de ejemplares, tanto que en 1995 la editorial Norma desembolsó medio millón de dólares para adquirir su firma y los derechos de sus crónicas periodísticas (tal vez la más emblemática sea aquella sobre el caso Robledo Puch, publicada por primera vez en el diario La Opinión) y novelas, como No habrá más penas ni olvido, reeditada por última vez en 2007. Agencia NAN rescata, entonces, esa breve novela para homenajear al artista, para poner su granito de arena, para que algún lector se acerque a su obra, ante el olvido actual de los libros de este autor, que siguen desapareciendo de los stands de las librerías tras su muerte.

Con momentos de humor negro e irónico notables, pocos adjetivos, enunciados cortos, lenguaje coloquial, Soriano narró en esta novela el enfrentamiento interno del peronismo en el preludio al golpe militar de 1976. La historia transcurre en Colonia Vela (un pequeño pueblo ubicado cerca de Tandil, que vuelve a aparecer en su siguiente historia, Cuarteles de invierno), durante el tercer y último gobierno del presidente Juan Domingo Perón, “líder” que unos y otros se disputaron a balazos y a gritos de “Viva Perón” y “Perón o muerte”. En fin, peronistas de izquierda (la Juventud Peronista y Montoneros) enfrentados con peronistas de derecha (de la estructura partidaria y la CGT).

“--Tenés infiltrados –dijo el comisario.” A partir de esa afirmación, Soriano construye la trama. En el pueblo, la disputa de ambas corrientes comienza con las acusaciones de “bolches”, “marxistas” y “comunistas” hacia un delegado (Ignacio) y un empleado municipal (Mateo).

--¿Qué pasa, don Ignacio?
--Dicen que somos bolches.
--¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política.


Los acusados se atrincheran en el edificio comunal, pero finalmente son derrotados a balazos. El delegado es capturado. Los que lo defendieron son brutalmente acribillados. Al mismo tiempo, el comisario es aprisionado por la izquierda. “Ustedes están locos. Me parece que si las cosas siguen así va a venir el ejército”, le dice un periodista a un militante revolucionario. “Nosotros también creemos lo mismo”, coincide él.

Ante ese escenario, el intendente pide ayuda al Ejército y dos aliados de Ignacio escapan en una avioneta. Quizá una metáfora del exilio ante el peligro inminente de la represión de los militares y el comienzo de la dictadura. Metáfora que el propio Soriano corporizaría luego, cargando sus historias hacia otras tierras.

Si bien la novela fue publicada por primera vez en el exterior en 1978, fue escrita dos años antes del golpe, en 1974. Recién en 1982 fue editada en el país. La obra, cuyo título refiere al tango “Mi Buenos Aires querido”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera (1934), fue traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés y checo, entre otros.

jueves, 12 de febrero de 2009

Culturama: con los pies sumergidos en el barro.-

La agrupación independiente de Florencio Varela --un distrito grande, pobre y de escueta coherencia política entre sus funcionarios-- propone a la cultura como una herramienta de trasformación social, con participación de los vecinos, para modificar la “modorra generalizada” y reactivar la cultura y el barrio, tomando al concepto de la cultura como “algo que va más allá, que tiene que ver con el trabajo social, la transmisión de valores, la educación, la salud y todas las cuestiones que hacen a la riqueza de un pueblo”. Su trabajo es la antesala al trabajo práctico y cotidiano de los vecinos, “chicos” de entre 12 y 40 años.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía de prensa de Culturama

En todo pueblo, grande o pequeño,
el pobrerío vive al otro lado de la vía.
Ahí, donde el humo de la basura que se quema
no alcanza nunca una altura digna.

[Jorge Durán]

Buenos Aires, febrero 12 (Agencia NAN-2009).‑ Al otro lado de la vía viven la mayoría de los habitantes de Florencio Varela, uno de los municipios más relegados del país que, como tal, pincela un bosquejo más que desolador. Como lo marcan las estadísticas oficiales, las carencias superan ampliamente a las suficiencias en un barrio en el que viven poco más de 400 mil personas, de las cuales el 54 por ciento subsiste por debajo de la línea de la pobreza, el 39 no tiene las necesidades básicas cubiertas y el 19 sufre un alto riesgo sanitario. Todo eso, sumado a que en algunas zonas ni siquiera llega el agua corriente, la electricidad y ni hablar de las calles de asfalto, termina de moldear una lúgubre pintura de esa dolorosa realidad que tienen que padecer los habitantes de Varela ante la vista gorda de las autoridades de turno. Por eso, en ese sinuoso terreno, con la intención de cambiarlo, trabaja desde comienzos de 2008 Culturama Re-activación Cultural, una agrupación independiente que propone a la cultura como una herramienta de trasformación social, con participación de los vecinos, para modificar esa “modorra generalizada” y reactivar la cultura y el barrio, “desde Varela hasta cualquier lado”.

Puede sonar raro hablar de reactivación cultural en un contexto como el reinante, en el que prima el individualismo y desde hace tiempo se dejó de lado el trabajo en y para la comunidad. No obstante, desde Culturama mantienen su compromiso social creyendo que ese objetivo es totalmente realizable. “Es una cuestión de despertarse y despertarnos para que la gente vuelva a tener una responsabilidad social y deje de esperar que le lluevan cosas de arriba”, le explica Emilse Moldován, una de las integrantes de la agrupación, a Agencia NAN.

La idea es simple y a la vez compleja: trabajar desde la cultura. Pero no entendiendo a la cultura desde el sentido común, lo que llevaría a cualquiera a pensarla sólo como una institución relacionada con el arte y el divertimento, sino algo más profundo: “Tomando el término cultura como algo que va más allá, que tiene que ver con el trabajo social, la transmisión de valores, la educación, la salud y todas las demás cuestiones que hacen a la riqueza de un pueblo”, remarca al unísono con el grupo, dejando explícita toda la labor social que existe por detrás del concepto.

Por ello, desde ese convencimiento, arraigado en esas bonitas pretensiones, utópicas quizá, la máquina de la organización comienza a engranar. Y las ideas no terminan muriendo como meras palabras, sino que se materializan en la realidad. Porque desde al año pasado, se cuenta en la lista de proyectos realizados por la organización una pila muy variada de actividades, que van desde una jornada de concientización para el 25 de Mayo hasta la refacción de una salita barrial. Desde actividades callejeras hasta talleres de alfabetización. Desde jornadas literarias hasta la creación de una sociedad de fomento. Y desde cursos de teatro hasta encuestas para conocer las necesidades de los barrios. Una serie importante de movimientos, que muestran con claridad que la agrupación tiene los pies bastante sumergidos en el barro.

“Se trata de abrir posibilidades, que lamentablemente escasean, sobre todo en Varela, con el objetivo de que conozcan lo que es un taller de teatro, aprendan música y además se concienticen de que es posible trabajar para el barrio”, puntualiza Leonardo Ojeda, otro de los miembros de la agrupación integrada por “chicos” de 12 a 40 años y más. “De todas maneras, la idea no es que trabajemos nosotros por nuestra vocación. La idea es más profunda: reactivar. Que el barrio se reavive y reaparezca esa solidaridad y que la gente se pueda juntar sola a hacer lo mismo u otras cosas”, ilustra Leonardo, dejando en claro que ellos sólo marcan el camino que pretenden surcar como antesala de la labor continuada por los vecinos.

De esa unión “en el camino” crece Culturama. Aunque su nacimiento, en el barrio La Colorada –a 3 kilómetros del centro de Varela-, fue a principios de 2008. De ese transitar progresa, trabajando hombro a hombro y ayudado por los vecinos, en los distintos barrios de ese distrito del Conurbano Sur. Y de ahí se completa, “con ese trabajo en conjunto”, como ellos sintetizan.

Como cuando para el Día del Niño, con el apoyo y la ayuda de la gente, pudieron llevar a cabo una jornada distinta, como las que no se veían hacía casi 20 años. Claro, créase o no, desde la década de 1980 que no se hacía algo parecido en ese barrio: simplemente una tarde diferente, para que los niños disfruten su día con payasos, juegos, globos, juguetes, caramelos y demás. “Algo inolvidable, que hicimos por iniciativa propia, pero que tuvo mucha repercusión en los vecinos. Unos compraron chiches, otros consiguieron leche, galletitas y facturas para que los chicos puedan tener una merienda, nosotros confeccionamos unos trajes de payasos, armamos los juegos y le pedimos un terreno a un vecino del barrio. Y así se hizo, todo de la mano”, detalla Emilse, que le tiende un mate al cronista.

“Sin embargo -interviene Alejandro Disiullo, otro de los involucrados- lo esencial de esa jornada (en la que disfrutaron casi 80 niños) fue, además, que teníamos carteles para concientizar que había muchos derechos de los chicos que estaban, y están, olvidados”. O sea, una vuelta de tuerca a todo lo lindo que representaba el festejo de ese día.

Desde la agrupación le dan un giro, una perspectiva distinta a todo, entre ello, a la idea de trabajo social. Porque no lo toman desde el asistencialismo, que muchas veces se hurta desde lo político, sino desde otro sitio. “Y eso no quiere decir que estemos en contra de los comedores o de la ayuda social, sino todo lo contrario. Nosotros lo que no queremos es pan para hoy y hambre para mañana. No queremos hacer algo que siempre llega un punto en el que no lo vas a poder hacer más. Tampoco queremos ningún tipo de poder. La idea es otra”, sostiene Alejandro y vuelve nuevamente al concepto central que embandera al grupo: reactivar.

¿Y cómo no imaginarse la posibilidad de esa reactivación, de ese resurgimiento, si en jornadas como esa del Día del Niño y cuando se refaccionó la salita, la respuesta de la gente fue mucho mayor a la esperada? Díganselo a los integrantes de Culturama, esos seis “bichos raros”, como se caracterizan, maestros, músicos, artistas y estudiantes, que transitan este camino acompañados por más de una veintena de colaboradores estables, entre ellos, sociólogos, médicos, trabajadores sociales, a los que se suman copartícipes pasajeros. ¿Cómo quitarles la esperanza en un barrio como Varela, en donde, si estos movimientos no hacen algo, los funcionarios de turno –ahora al mando del intendente Julio Pereyra- se quedan de brazos cruzados? Todo tiene que nacer de ellos y de los vecinos. Y de lo que puedan hacer como objetivo a largo plazo. No pueden depender de nadie más que de ellos mismos.

Y ellos lo saben. Por eso surgieron. Pese a que aquel proyecto “ya estaba latente” desde hace algunos años, “en la cabeza de alguno”, y recién prendió a comienzos de 2008. La idea era comenzar con el movimiento desde un centro cultural en el barrio, La Colorada. Pero con el tiempo entendieron que su trabajo no necesitaba un lugar fijo. Si bien “una de las necesidades más grandes de Varela es la construcción de nuevos lugares culturales y sociedades de fomento”, ellos entendieron que “el trabajo era otro y se hacía caminando”. Aunque en la Casa de la Cultura municipal no alcancen las vacantes para los cursos y talleres, y de inmediato haya que rescatarla para que no siga siendo pisoteada. Y supieron leer bien el contexto, porque ese centro surgió solo, después de caminar y de todos los trabajos realizados: ahora están encargados de la flamante sociedad de fomento del nuevo barrio Santa Rosa, en las afueras de Varela. Una nueva opción más para los vecinos.

Entonces, ese camino del arte, que se mezcla con la labor social, parece mucho más real. Y surgen nuevos proyectos, como la creación de un museo barrial, para recuperar datos, personajes, mitos urbanos y “sobre todo la identidad”. Surge la idea de organizar un festival o un carnaval. No obstante, desde Culturama aseguran que todavía no se hizo demasiado: “queda mucho por recorrer, queremos llevar estas movidas a todos los barrios. No sólo de Varela, sino de otros lados. Es poco lo que hicimos por el momento, se puede hacer más”.

Para algunos quizá sea demasiado, pero para ellos es poco. Porque empiezan a vislumbrar otros horizontes, empujados por esa utopía que los ayuda a caminar. Y aparece la idea de funcionar en otros barrios, como en Lanús, donde se están asentando, y se asoma otra idea más. Quizá la más relevante, que surge desde el inconsciente: la de intentar borrar a largo plazo, esa división marcada que produce la vía, “con el objetivo de que la sociedad progrese”.

Sitio:
http://culturamaong.blogspot.com

sábado, 7 de febrero de 2009

Discos: “Mostrance” (Mostrance, 2008).-

Otro debut homónimo, en este caso --en todos, en verdad-- con sus particularidades propias: que fue grabado durante nueve años, que ya fue presentado en Europa; que fue idea, show, sala de ensayo, banda de sonido, MP3 y podcast recorriendo en su factura todos los tablados (virtuales y reales) obligados; y que entrega, finalmente, hora y veinte de electrónica desquiciada.

Por Luis Paz

Buenos Aires, febrero 7 (Agencia NAN-2009).‑ El suplemento , de Clarín, definió la tapa de disco como “el Look” de alguna semana perdida en septiembre. El filorockerísimo Gori (Fun People, Fantasmagoría) lo eligió en el suplemento No, de Página/12, como el “mejor álbum nacional” de 2008. Habrá que ver qué dijeron en Vía Libre, de La Nación. Lo cierto es que de lado a lado, los Mostrance (no sus miembros, Jacho Lederkremer y Juan Manuel Lombardo, sino el Mostrance álbum y el Mostrance banda) empezaron a rebotar por la edición, inminente hacía ya años, de un trabajo discográfico que compilará nueve años de grabaciones (des)encontradas y experimentos de todo tipo.

El resultado es, finalmente, de muy buena factura. Está todo lo que se esperaba y más: diversión pero también riesgo, experimentación pero también una real revolución del sonido más allá del experimento, el trance de la electrónica pero también la emotividad de la canción, con sus climas, quiebres y exabruptos.

Los Mostrance (ahora sí Lederkremer y Lombardo, a los que a veces se les suman Cristian Delgado, Pablo y Leandro Trilnik, entre decenas de otros músicos) se las arreglan bastante bien para resumir su recorrido musical en 80 minutos distribuidos asimétricamente entre 13 temas y tres relecturas, reversiones y remixes (“Papi 2”, “Bienvenidance” y “Granix”). Aunque así no lo parezca al corroborar la duración final del disco, no es tanto si resume caminos y bandejas desde 1997 a la actualidad.

Por ejemplo, “Folk”, el tema que abre el disco, presenta la característica estética instrumental: emulaciones y programaciones, instrumentos sintetizados y efectivamente tocados conviven en el track más corto de los oficiales, donde Lederkremer (artista digital, periodista, director de arte de videoclips para Cerati, Los Piojos, Babasónicos, IKV y Aterciopelados, entre otros) y Delgado (poeta y “Paraguaya”, según su nombre performático) suenan como Bajofondo tocando un space folk.

“Mostrance”, por su parte, es la música de Lost antes de Lost: afrobeats sintetizados, ruidismo del que provoca pavura, una emulación de ¿quejidos animales? y, lo más Lost, los constantes flashbacks al inicio de la canción, durante casi ocho minutos. Los quejidos animales provienen del Talkit! 2.0, un soft que en su versión 1.0 venía con la revista Genios, que por lo tanto es poco serio, pero sirve para emular voces.

Lo que ocurre con “Papi” (1 y 2) es también muy curioso: las locuciones de radionovela los ligan con Austin TV y hasta con Pity Álvarez, sigue el clima sonoro à la Lost, pero ya no hay miedo sino calentura para la pista de baile. De “Cindy Frazz”, que inicia con unos cantos afrotibetanos desquiciados que se convierten en estandarte (“y bailamos y bailamos y bailamos”), ya no se escapa.

Si el disco terminara allí, sería un magnífico EP. Pero Lederkremer y Delgado no se contentaron y continuaron un disco que, al fin de cuentas, no fue sólo un EP con siete tracks de sobra, sino un álbum muy consistente, que tiene “Divina” como corte de difusión, un tema de 1998 con videoclip recorriendo MTV hace una década. Y “El chico granitos” y su remix porno (“Granix”, claro) terminan por demostrar que mientras aquí la música electrónica luchaba contra el acné, ellos ya se afeitaban.

* Mostrance toca el sábado 14 de febrero en la fiesta Créme de la Créme, desde la medianoche en Niceto, Niceto Vega 5510.

Sitio:
http://www.mostrance.com

jueves, 5 de febrero de 2009

Agustina y Mariana Iturri: “En todos los estilos hay grandes dosis de machismo”.-

Las jóvenes hermanas coristas de Chala Rasta son de las pocas representantes femeninas dentro del reggae, pero aseguran que no se trata de un machismo particular en esta escena, sino extendido en todo el ambiente de la música. Consultadas por esa notable asimetría de género, alzan la voz frente a Agencia NAN: “El estereotipo de mujer gordita de túnica fosforescente y pañuelo en la cabeza quedó muy marcado, como si fuéramos un adorno dentro de las bandas”. Las Iturri coquetean también con la bossa nova (en Phanta Rhei) y tributan a Pink Floyd (como parte de P.U.L.S.E.). Habrá que revisar el resto de la entrevista para entender qué más tienen para ofrecer este par de dulces hermanas que devolvieron al cronista con una sonrisa de lado a lado.

Por Adrián Pérez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, febrero 5 (Agencia NAN-2009).‑ El tren eléctrico avanza con prisa y sin pausa hacia Lomas de Zamora, al sur del Gran Buenos Aires, como un caballo de acero desbocado que corre por las vías a toda velocidad, en medio de un cielo plomizo y negro de verano que hace de telón de fondo, y bajo la llegada inminente del aguacero que alivie, purifique y aleje las penurias. Atrás quedó el murmullo de Constitución, con sus aromas a comidas rápidas recalentadas hasta el hartazgo, y el trajinar incesante de la gente que transita de un lugar a otro rumbo al trabajo, trocando dinero por un puñado de “amor” o en busca de un poco de complicidad en la ruidosa muchedumbre, esa que Baudelaire pintó como nadie en sus poemas dedicados a la Modernidad, o que el mismísimo Bob Marley bosquejó --en clara referencia a la Sociedad del Control--, en “Babylon System” (Survival, 1979): “El sistema de Babylon es el vampiro, aspirando a los niños día a día/Yo digo: el sistema de Babylon es el vampiro/chupa la sangre de los que sufren/construyendo iglesias y universidades/engañando a la gente continuamente/Yo digo: ellos se graduaron de ladrones y asesinos”.

Saliendo de la estación de Lomas, un poco más lejos de esas pinceladas que difícilmente se borran al terminar el día, treinta minutos separan a Agencia NAN del encuentro con Agustina y Mariana Iturri, coristas de Chala Rasta que dan la recibida con la cordialidad y la delicadeza de las grandes damas. Las chicas no superan los 25 años pero tienen un currículum rico y generoso en experiencias, con una formación intensa y un recorrido salpicado por música de cámara, bossa nova, jazz y otros ritmos que pintan su faena con acuarelas de mil colores; paleta que mancha las habitaciones de una casa que destila arte, donde se puede encontrar desde El Jardín de los Presentes, editado en 1976 por Invisible, hasta la partitura para piano de "Claro de Luna", una de las obras más exquisitas del repertorio de Ludwig Van Beethoven. Nada es incompatible en el mundo de las hermanas Iturri, cómplices en la vida y en la música.

El cuadro se completa con discos de Nina Pastori, Suna Rocha, Winston & Ellis Marsalis, Tracy Chapman y Dancing Mood, con un ejemplar del Corán, libros de Borges y Arlt, sobre filosofía y budismo. Todas esas obras conviven sin prejuicio alguno y describen los intereses de estas mujeres sin tiempo ni edad. Agustina y Mariana conversan sobre sus primeros pasos artísticos, la influencia paterna en la elección y el amor por los ecos de Brasil, sus proyectos musicales en P.U.L.S.E. (banda que tributa a Pink Floyd) y Panta Rhei (con la bossa nova como columna vertebral).

Lo que omite el currículum de las hermanas Iturri y se vuelve carta de presentación, es que durante toda la tarde ambas se muestran histriónicas, desenvueltas, como si tuvieran años en esto de generar climas. Y, en realidad, hay mucho de eso. Mientras la entrevista se tiñe de frescura --propia de una etapa de la vida en la que búsqueda y esfuerzo son dos caras de una misma moneda-- la nostalgia de los ritmos que florean las hermanas en sus voces se respira, se siente en el aire. Moneda bifronte que para Agustina y Mariana no tiene valor comercial sino de pura creación. Durante la hora de entrevista, ambas remarcan sus ideas, ríen y bromean sobre sus primeros pasos, y se ponen serias en más de una ocasión.

--¿Cómo y cuándo comenzaron a conectarse con la música?
--Agustina: Supongo que todo comenzó con nuestros viejos. Mucho de lo que hacemos tiene que ver con ellos porque se conocieron tocando la guitarra. Particularmente, a mí me encanta el tango y escucharlo me produce un profundo sentimiento de nostalgia. Por eso me metí a tocar violín hace tres años.
--Mariana: A mis 10 años, tocaba el piano en una banda que se llamaba The Kids Band, donde hacíamos canciones de The Wall. El conservatorio de música llegó cuando cumplí 12 y tiempo después me enganché con la flauta. Desde los 6 años, la formación que tengo está vinculada con la música clásica.

--Si tuvieran que pensar en los artistas que marcaron sus gustos musicales, ¿con qué músicos se sienten referenciadas?
--M: Creo que Paula Morelenbaum fue muy importante para mí. Para cantar bossa fue una de mis mayores referentes, incluso más que Ellis Regina, porque a Paula la escucho desde que era muy chica.
--A: Coincido con Mariana y creo que esto tiene que ver con que Paula es más contemporánea y por eso su forma de cantar cala más hondo. Otro músico importante para nosotras es Pedro Aznar, porque definitivamente se conecta con todo lo que amamos de la música.

--Además de Aznar y Morelenbaum, ¿escuchan otros estilos o artistas?
--M: Por mi formación clásica, hay algunas cosas de ópera que me gustan mucho, por ejemplo, los preludios de Chopin. Técnicamente, la base de la música clásica es la base de toda la música, Dentro del folklore, me fascina Silvia Iriondo y Aca Seca Trío, y Juan Quinteros.
--A: A mí me encanta el tango, me fascina porque es muy nostálgico, un estado que disfruto muchísimo. Las dos amamos la bossa nova por su fusión entre samba y jazz y ese género es el que nos produce más placer.

--Y de los grupos de reggae nacionales e internacionales, ¿cuál rescatan?
--M: Mis preferidos son Alpha Blondy y Skatalites, entre otros.
--A: Bob Marley & The Wailers, Steel Pulse y Natiruts, por nombrar solo tres.

--¿Cómo llegaron al reggae?
--M: Creo que tuvo que ver con un viaje que hicimos a Brasil como festejo de un cumpleaños de Agustina. Durante ese viaje, los sitios que visitamos y el reggae se nos pegaron mucho.

--¿Cuál es el balance que hacen respecto de su experiencia en Chala Rasta?
--A: Chala me divierte mucho pero lo vivo como parte de un proceso. Creo que cantar en la banda me sirvió para sacarme el miedo al público. En este sentido, rescato las presentaciones ante 1500 personas. La experiencia de aprender 30 canciones en una semana fue todo un desafío.
--M: Cuando ingresé a Chala Rasta tenía la ilusión de pasar a otra banda más grande. Recuerdo que Cristian (Gordillo, cantante y líder de la banda de Temperley) nos consultaba bastante sobre como armonizar tal o cual melodía o colocar un acorde.

--Algunos piensan que la presencia de chicas en la música está desproporcionada respecto del hombre. ¿Perciben cierto cliché sobre el rol de la mujer en el reggae?
--M: Sí. Supongo que el estereotipo de mujer gordita de túnica fosforescente y pañuelo en la cabeza quedó muy marcado, como si fuéramos un adorno dentro de las bandas. Desde que comencé a cantar y tocar siempre lo hice con varones y considero que en todos los estilos musicales hay grandes dosis de machismo. No encuentro mujeres en las bandas de reggae y por eso me cuesta pensarme cantando en alguna.
--A: Creo que la mujer que, por aparentar una presencia fuerte y competir con el hombre se masculiniza, pierde la esencia y toda su gracia. Es necesario que nos hagamos respetar en el ambiente sin perder nuestra condición de mujer.

Y las socias musicales no se equivocan sobre el monopolio de género en el reggae. Alika, Princesa e Ioja son de las pocas exponentes del reggae vernáculo. En la escena internacional, la cosa no cambia mucho: Sistah Joyce, Marcia Griffiths, Marlene Jonson y Doreen Shaffer hacen lo suyo en un universo donde los hombres tienen preponderancia.

Además de cantar en Chala Rasta, Panta Rhei y P.U.L.S.E, Mariana lleva 10 años formándose como estudiante de conservatorio, este año se recibirá de profesora de flauta y da clases de música para chicos de tercer ciclo de EGB. Agustina, que quiso ser bailarina clásica cuando era chica y se sacó las ganas en Sábado Bus, cursa el ciclo de ingreso a la carrera de Musicoterapia, toca el violín hace tres años y confiesa que tiene pendiente el trabajo voluntario. La visita a la casa de las hermanas Iturri es una fusión de belleza, inteligencia y una fuerte carga de sensibilidad. En definitiva, dos mujeres que tienen mucho que ofrecerle a la música.

Sitio de Panta Rhei:
www.myspace.com/pantarheicuarteto
Sitio de P.U.L.S.E. (Tributo a Pink Floyd): www.pulseweb.tk

martes, 3 de febrero de 2009

La Falta y Resto en La Trastienda.-

La histórica orquesta murguera uruguaya cambió de lado del Río de la Plata para dar una show en el boliche de San Telmo. Fueron casi dos horas de aquel ritmo que aquí intentó desterrar la última dictadura, aquellos sonidos perdidos cuando se perdió el Carnaval. La consigna estuvo clara --“Anarquía es Carnaval”--, la guitarra precisa y la batería por partes.

Por Nahuel Lag
Fotografía de prensa de Falta y Resto

Buenos Aires, febrero 3 (Agencia NAN-2009).- Las calles de empedrado que suben y bajan hacía el río, la arquitectura colonial, las esquinas con padres e hijos separando cartón para vender. Dos filas: una para quienes estarán de pie y otra para quienes eligieron recibir las vibraciones de la percusión y el timbrar de los vocalistas sentados alrededor de una mesa. Ese fue el marco para que la Falta y Resto --y sus cinco mil tablados de experiencia-- trajera, el último viernes de enero, la historia, los ritmos y las contradicciones sociales del Río de La Plata a La Trastienda de San Telmo. El mismo viernes mientras, del otro lado de la orilla, Araca La Cana, Los Demonios Verdes y La Gran Muñeca, entre otras, esperaban la llamada de apertura del carnaval montevideano.

Unos 400 filomurgueros coparon la capacidad del boliche porteño con ansias de escuchar lo que fueron a buscar: casi dos horas de ese ritmo desterrado por la última dictadura en la orilla occidental rioplatense y que desterró y resistió a la última interrupción militar en la orilla oriental.

El lugar para intentar una corrida, “Rey Momo” en mano, escaseaba. Una señora en la platea, decepcionada porque ninguna “bombucha” de agua iba a impactarla y refrescarla, sacó su abanico y sacudió el aire a su alrededor, cuando faltaban 20 minutos para que La Trastienda se convirtiera en La Trasnoche y una brisa de alegría uruguaya pusiera en escena a los 13 integrantes de la Falta.

“Rascá… la cáscara…” La guitarra criolla de Andrés Vazques lanza los primeros acordes y el coro calienta las cuerdas con el “Baile de más caras”. De galera, como corresponde al director de la murga, Gerardo “Alemán” Dorado es la primera voz que toma protagonismo por encima del colchón que forman las otras ocho, guiadas por él entre ademanes de directo de cámara, de espaldas al público.

El que le hace frente a los porteños es Raúl “Tintabrava” Castro, fundador de la murga junto al difunto Jorge Lazaroff, autor de la letra que presentó a la murga. Para no contrariar a la señora del abanico, reconoce: “Cálido el ambiente”, pero dice es porque están en su casa. Porque, claro, la Falta saltó el charco por primera vez para tocar en La Trastienda y grabó su primer disco en Argentina con el sello homónimo. “¡Volvió La Falta!”, segundo tema y fin de la etapa de presentación.

“Los hombres de corbata que quisieron ser murguistas y no fueron a ensayar”, entonan los primos, sobreprimos, segundas y tercias del coro rojo, negro y blanco --colores clásicos de la murga nacida en 1981--, salteado entre sacos, camisas, corbatas y pantalones. “El letrista” es el tema que condena el olvido: “Cuándo se resolverá el conflicto de las papeleras”, aparece el dilema que divide al “país grande” del “país chico”, en la voz aguda y áspera del más bajito e histriónico de la murga, Orlando Da Costa.

“El poder” y “El Deschave” se ponen en marcha entre los repiques de la batería formada por los platillos del debutante Sebastián Drego, el bombo de Gastón “Ratón” Angiolini y el redoblante de Franco Perdomo. “Si yo fuera el dueño de esta murga”, corean todos contra el poder de Dorado que, como el resto de los rojinegros, recrea el baile desarmado del murguero, sobre el corsé en que se convierte el angosto tablado porteño.

“Parece la momia de titanes en el ring”, lo deschava Da Costa en su rol de cupletero. “Se hacen los militantes y jamás fueron a una pegatina”, apunta el hombre con más carnavales encima. “Somos puros como el agua”, se defienden los murguistas, mientras otros resignados se retiran indignados por el pasillo que quedó entre las mesas, donde estallaron las primeras risas de la noche.

Pero el rulo del bombo los regresa al escenario para confesar: “Son los payasos simples hombres (…) esta es la Falta, que la acepten o la ejecuten”. Los aplausos cerrados dan el perdón.

“Desde hace”, “Ratón”, “Telenovela”, “Cada noche” y “Nunca vista” le pusieron música al popurrí de “Televisión en tercera dimensión” que, aún sin estar enfundados en tubos de lycra para representar monitores de TV (como lo hicieron en el Carnaval de 1993), continuó enlazando a la murga con el público a través de las risas.

Después del show televisivo, TV off. Se apagaron las luces del escenario para que sólo las voces se encargaran de trasportar a la gente a las calles de Montevideo, antes de “Nunca vista”. Ya con el clima montevideano envolviendo las mesas, y a los de pie, llegaron “Las luces del estadio” para retratar las noches de boliche “aguantando el mostrador”.

Preludio ideal para que Castro se calce saco y sombrero tanguero e interprete a “Tatita”, el borracho encargado de contar la historia del primer escrachador de la burguesía uruguaya, que quedó inmortalizado en el espectáculo de la Falta para el Carnaval de 2007: “Anarquía, la leyenda de la murga del Viruta”.

Tachito en mano a modo de redoblante, sombrero, lentes oscuros y traje, Da costa fue el encargado de dar cuerpo a las historias de Viruta. Cada escrache, una entrada a la “lonera” (cárcel). “Buenas tardes, señor agente. Yo estoy del lado de los pobres ¿y usted?” ¡Fiuf!, se lo llevan a Viruta, después de protestar contra los ganaderos, los textiles o las señoras ricas que veranean en el Este.

“Izquierda y derecha” pone en escena la crítica a la dirigencia política de todo credo y hace que se luzca en su función solista-tercia Jorge “Coca” Vidal, además de afirmar la idea con la que empezó el popurrí de Viruta: “Anarquía es Carnaval”.

Leonardo Monteverdi irrumpe con la voz más grave de los primos del coro y comienza “Bajada”. “Lara, lara, larai, rara” es la melodía de la bajada que logra despertar a todo el público. Se animan a hacerle sombra a las voces de arriba del tablado. Los aplausos y el revoleo de un buzo en la platea, al estilo La Sole, le dan el toque autóctono.

Toc, toc, toc suena la latita de Viruta, como preludio de su verso más triste, dedicado al “Último día” del Carnaval y al que Javier Carvalho, una de las voces jóvenes más reconocidas de Uruguay, le pone su impronta. “El cansancio de Pierrot --el payaso del carnaval--, se termina la trasnoche, se cierra el tablado. Nos vamos”. La murga se enfila en trencito antes de perderse atrás del telón.

Pero, fiel a las idas y vueltas que se acostumbran ver en los recitales de rock, la retirada es un amague y la Falta despliega, luego, los bises que quedan. “Colombina” rompe con el quietismo teatral del público de las mesas y logra que una mujer se levante de su silla: la música la induce y el cuerpo lo pide. “Adiós Juventud”, otro tema de Jaime Ross, incluido en el disco Brindis por Pierrot (1986), el más vendido en la historia de Uruguay; hace que el rulo del tambor repique y los rulos de la cabellera de una chica reboten bajo la escalera.

Entre muecas de baile, los rojinegros se desdoblan mientras suena la batería y quedan rígidos frente a los micrófonos, como marionetas que obedecen al manejo de Pierrot, cuando los versos deben seguir andando. Y cuando el clima cálido pasa a ser de carnaval, “Se va la Falta”. Un estreno que será la retirada del concurso, cuando la Falta vuelva a pasar un febrero en las calles de Montevideo. Con “Dicen”, la retirada del concurso de 1982, la batería baja del tablado junto a “Tintabrava”.

“Un verso que surge claro y que queda entre la gente, es mucho más importante que un cantar grandilocuente”. La frase queda y rebota, el tablado ya vacío. No hay ni murga, ni gente de pie, ni sentada, sino Carnaval entre todos. Las puertas se abren y el sonido se escapa por el empedrado a la Costanera sur y más allá.
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