Juan Mascaró y Mariela Bernárdez fueron profesores de la Universidad Nacional de La Matanza entre 2002 y 2008. A mitad de ese camino, crearon junto a sus alumnos DocSur, un colectivo de realización de cine documental que intenta hacer comunicación comunitaria; es decir: mostrar hechos desde ópticas distintas a las que normalmente circulan en los medios. Y todo sin recursos facilitados por esa casa de estudios. Cuando preparaban la cursada de este año, se encontraron con una carta documento que, sin aducir razones lógicas, los dejaba sin trabajo: "El problema viene por la forma en la que trabajamos en el taller y la postura política del grupo DocSur", consideran los protagonistas de este caso, demasiado cercano a la censura como para parecer una casualidad.
Por Ailín Bullentini
Fotografía de prensa de DocSur
Buenos Aires, abril 30 (Agencia NAN-2009).- Estudiaron Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Matanza. Allí formaron parte de la cátedra de Taller III de Televisión, primero como ayudantes, desde 2002; y luego a cargo de la cursada del turno mañana, desde 2004. Como una extensión del trabajo universitario, Juan Mascaró y Mariela Bernárdez --docentes-- y los estudiantes dieron nacimiento a DocSur, un colectivo de realización de cine documental con el que buscan hacer “comunicación comunitaria, mostrar hechos en otro espacio de los medios distinto del que les es dedicado usualmente”, afirma Mascaró. A principios de año, sin previo aviso y sin explicación de por medio, recibieron una carta documento firmada por las autoridades de la UNLaM, donde les comunicaban que ya no era profesores de esa casa.
Cuando terminaron el ciclo lectivo 2008, los docentes ya sentían algo extraño dando vueltas en el ambiente. El baldazo de agua helada les cayó sobre la cabeza en febrero y confirmó sus sospechas: “Nos llegó una carta documento de la universidad que decía que nuestros contratos habían sido dados de baja”, ilustró Mascaró. Nada más. Ninguna explicación al respecto.
Lejos de aceptar lo ocurrido en posición de resignación, los docentes --apoyados por los estudiantes del taller, algunos colegas de la casa y de otros lugares, como Osvaldo Bayer, Norberto Galazo y Pablo Llanto-- realizaron una jornada de protesta a principios de abril. Recién entonces el rector, Daniel Martínez, accedió a compartir con ellos una reunión, de la que hasta ahora no hay novedades.
Si bien los docentes aseguran que lo que ocurrió con ellos es una “práctica habitual” en la UNLaM, la realidad es que el tono público que tuvo su caso terminó con la gestión de Aníbal Binasco como coordinador de la carrera de Comunicación Social, que renunció al cargo al día siguiente a la protesta. También le costó a esa casa de altos estudios la suspensión de los acuerdos que mantenía con el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales).
Sacando cuentas, llegaron a la conclusión de que la medida es una mezcla de reclamos por recursos, escraches y choques de posturas políticas contrapuestas en la que “DocSur tuvo un gran peso, sin dudas”, subrayó Mascaró. Él y Mariela iniciaron el colectivo en 2004, a partir de la necesidad de extender el tiempo de los encuentros universitarios en el taller. El acople de los estudiantes fue inmediato.
"DocSur nace como un espacio donde seguir trabajando lo que no se podía continuar en el taller por falta de tiempo. Entendimos que los procesos de conocimiento eran más largos que los tiempos de cursada y eso nos jugaba en contra de las producciones que se nos ocurría hacer”, se explayó el docente, que junto a su par intentan, desde la materia, incentivar a los estudiantes a pensar la profesión de una forma diferente a la que propone la universidad del Oeste bonaerense.
“Como docentes, pero también como estudiantes que fuimos de la licenciatura en Comunicación Social, siempre nos llamó la atención y nos molestó que las materias que ofrecen salir del aula, abrir el juego, son contadas con los dedos de una mano. La carrera plantea que el periodismo se hace buscando información en Internet, que los temas ya tienen una postura dada y que no se puede salir de eso”, añadió Juan. Ellos proponen algo distinto: posar la visión en espacios donde nadie lo hace, contar las historias que siempre aparecen en los noticieros de una forma distinta, hacer documentales integrando a los protagonistas de las historias como sujetos de la narración. Ése es el espíritu que conformó la médula espinal de DocSur. Y ése es también el núcleo del conflicto con las autoridades académicas.
Otro modelo de construcción de sentido
Desde que nació, DocSur sirvió de paraguas a decenas de documentales que tienen más que ver con lo que los docentes llaman comunicación comunitaria: "Elegimos mostrar hechos en otro espacio de los medios, distinto del que les es dedicado usualmente como el de los policiales de los noticieros”, define Juan. No satisfechos con eso, también marcan la diferencia en la forma de hacer: en los documentales de DocSur, los protagonistas son los narradores de sus propias historias, volviéndose así “constructores de sentido”. Los sujetos de cada audiovisual participan de la hechura de todo el producto y hasta incluso del momento y lugar de exhibición “porque también ahí puede producirse una autoafirmación de los roles por los que fueron elegidos para que sus historias sean contadas”, agrega Juan.
Por lo general, luego de cada realización, los lazos entre el equipo de DocSur y las “estrellas” de sus audiovisuales siguen alimentándose. Incluso en algunos barrios, las relaciones se afianzan a través de la puesta en marcha de talleres de realización audiovisual y de educación popular que los integrantes del colectivo llevan a cabo o la proyección periódica de sus documentales.
Aunque los roces que desgastaron la relación con la dirección de la universidad son varios y extendidos a lo largo del tiempo, Mascaró logró sintetizarlos de forma clara: “El problema viene por la forma en la que trabajamos en el taller y la postura política del grupo DocSur, o quizás el hecho de que esas posturas se hayan vuelto públicas”. Es que, según él, en la UNLaM no hay problema en expresar posturas contrarias a la de la institución, “siempre y cuando se haga por lo bajo”. Cuando a las personas involucradas en el taller --profesores y estudiantes-- se les ocurrió dar a conocer esas quejas al resto de la comunidad educativa y a DocSur salir a la luz, se pudrió todo.
"Esto es una forma de cortar el semillero"
En noviembre de 2008, la facultad de Derecho invitó al periodista de Mariano Grondona a hablar sobre los 25 años de la democracia. “Nos parecía una ofensa para las organizaciones de Derechos Humanos que ese tipo sea invitado a hablar y bajo esa consigna”, explicó Mascaró. Como integrantes de DocSur, pero ante todo como miembros de la universidad, participaron del acto de repudio que organizaron estudiantes y docentes de todas las facultades de la UNLaM y lo registraron con sus cámaras. Luego, difundieron el documento a través de YouTube. “Al hacerse pública la postura, la universidad presionó”.
El choque se suma a varios otros. A finales de 2007, en la presentación anual de los documentales del taller, en cada audiovisual se pudo leer una placa en la que los estudiantes aclararon que “los recursos habían salido de su propio bolsillo”. Inmediatamente después enviaron una carta a las autoridades de la facultad solicitando la compra de elementos para trabajar en el taller. “Con la presión de los chicos llegaron tres cámaras, pero se enojaron mucho. Todo el mundo se enteró de que el taller laburaba sin recursos”, agregó.
La separación de Mascaró y Bernárdez como profesores titulares de la clase del turno mañana del Taller de Televisión III puede haber sido “una forma de cortar el semillero”, tal como supone Gonzalo Armua, uno de los estudiantes de la carrera que se plegó al colectivo cuando supo de su existencia.
Pero no. DocSur sigue vivo y funcionando a través de sus casi 20 integrantes, aunque Armua encuentra puntos negativos en la decisión académica: “Lo malo es que se perdió el lugar dentro de la universidad. Ahora sí que nos toman como un grupo que viene de afuera, cuando la realidad es que no, que pertenecemos a ese cuerpo de alguna manera”. Juan, en cambio, es más drástico: “Ahí dentro, cada vez fuimos más parias”.
Sitio: http://www.docsur.es.tl
Por Ailín Bullentini
Fotografía de prensa de DocSur
Buenos Aires, abril 30 (Agencia NAN-2009).- Estudiaron Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Matanza. Allí formaron parte de la cátedra de Taller III de Televisión, primero como ayudantes, desde 2002; y luego a cargo de la cursada del turno mañana, desde 2004. Como una extensión del trabajo universitario, Juan Mascaró y Mariela Bernárdez --docentes-- y los estudiantes dieron nacimiento a DocSur, un colectivo de realización de cine documental con el que buscan hacer “comunicación comunitaria, mostrar hechos en otro espacio de los medios distinto del que les es dedicado usualmente”, afirma Mascaró. A principios de año, sin previo aviso y sin explicación de por medio, recibieron una carta documento firmada por las autoridades de la UNLaM, donde les comunicaban que ya no era profesores de esa casa.
Cuando terminaron el ciclo lectivo 2008, los docentes ya sentían algo extraño dando vueltas en el ambiente. El baldazo de agua helada les cayó sobre la cabeza en febrero y confirmó sus sospechas: “Nos llegó una carta documento de la universidad que decía que nuestros contratos habían sido dados de baja”, ilustró Mascaró. Nada más. Ninguna explicación al respecto.
Lejos de aceptar lo ocurrido en posición de resignación, los docentes --apoyados por los estudiantes del taller, algunos colegas de la casa y de otros lugares, como Osvaldo Bayer, Norberto Galazo y Pablo Llanto-- realizaron una jornada de protesta a principios de abril. Recién entonces el rector, Daniel Martínez, accedió a compartir con ellos una reunión, de la que hasta ahora no hay novedades.
Si bien los docentes aseguran que lo que ocurrió con ellos es una “práctica habitual” en la UNLaM, la realidad es que el tono público que tuvo su caso terminó con la gestión de Aníbal Binasco como coordinador de la carrera de Comunicación Social, que renunció al cargo al día siguiente a la protesta. También le costó a esa casa de altos estudios la suspensión de los acuerdos que mantenía con el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales).
Sacando cuentas, llegaron a la conclusión de que la medida es una mezcla de reclamos por recursos, escraches y choques de posturas políticas contrapuestas en la que “DocSur tuvo un gran peso, sin dudas”, subrayó Mascaró. Él y Mariela iniciaron el colectivo en 2004, a partir de la necesidad de extender el tiempo de los encuentros universitarios en el taller. El acople de los estudiantes fue inmediato.
"DocSur nace como un espacio donde seguir trabajando lo que no se podía continuar en el taller por falta de tiempo. Entendimos que los procesos de conocimiento eran más largos que los tiempos de cursada y eso nos jugaba en contra de las producciones que se nos ocurría hacer”, se explayó el docente, que junto a su par intentan, desde la materia, incentivar a los estudiantes a pensar la profesión de una forma diferente a la que propone la universidad del Oeste bonaerense.
“Como docentes, pero también como estudiantes que fuimos de la licenciatura en Comunicación Social, siempre nos llamó la atención y nos molestó que las materias que ofrecen salir del aula, abrir el juego, son contadas con los dedos de una mano. La carrera plantea que el periodismo se hace buscando información en Internet, que los temas ya tienen una postura dada y que no se puede salir de eso”, añadió Juan. Ellos proponen algo distinto: posar la visión en espacios donde nadie lo hace, contar las historias que siempre aparecen en los noticieros de una forma distinta, hacer documentales integrando a los protagonistas de las historias como sujetos de la narración. Ése es el espíritu que conformó la médula espinal de DocSur. Y ése es también el núcleo del conflicto con las autoridades académicas.
Otro modelo de construcción de sentido
Desde que nació, DocSur sirvió de paraguas a decenas de documentales que tienen más que ver con lo que los docentes llaman comunicación comunitaria: "Elegimos mostrar hechos en otro espacio de los medios, distinto del que les es dedicado usualmente como el de los policiales de los noticieros”, define Juan. No satisfechos con eso, también marcan la diferencia en la forma de hacer: en los documentales de DocSur, los protagonistas son los narradores de sus propias historias, volviéndose así “constructores de sentido”. Los sujetos de cada audiovisual participan de la hechura de todo el producto y hasta incluso del momento y lugar de exhibición “porque también ahí puede producirse una autoafirmación de los roles por los que fueron elegidos para que sus historias sean contadas”, agrega Juan.
Por lo general, luego de cada realización, los lazos entre el equipo de DocSur y las “estrellas” de sus audiovisuales siguen alimentándose. Incluso en algunos barrios, las relaciones se afianzan a través de la puesta en marcha de talleres de realización audiovisual y de educación popular que los integrantes del colectivo llevan a cabo o la proyección periódica de sus documentales.
Aunque los roces que desgastaron la relación con la dirección de la universidad son varios y extendidos a lo largo del tiempo, Mascaró logró sintetizarlos de forma clara: “El problema viene por la forma en la que trabajamos en el taller y la postura política del grupo DocSur, o quizás el hecho de que esas posturas se hayan vuelto públicas”. Es que, según él, en la UNLaM no hay problema en expresar posturas contrarias a la de la institución, “siempre y cuando se haga por lo bajo”. Cuando a las personas involucradas en el taller --profesores y estudiantes-- se les ocurrió dar a conocer esas quejas al resto de la comunidad educativa y a DocSur salir a la luz, se pudrió todo.
"Esto es una forma de cortar el semillero"
En noviembre de 2008, la facultad de Derecho invitó al periodista de Mariano Grondona a hablar sobre los 25 años de la democracia. “Nos parecía una ofensa para las organizaciones de Derechos Humanos que ese tipo sea invitado a hablar y bajo esa consigna”, explicó Mascaró. Como integrantes de DocSur, pero ante todo como miembros de la universidad, participaron del acto de repudio que organizaron estudiantes y docentes de todas las facultades de la UNLaM y lo registraron con sus cámaras. Luego, difundieron el documento a través de YouTube. “Al hacerse pública la postura, la universidad presionó”.
El choque se suma a varios otros. A finales de 2007, en la presentación anual de los documentales del taller, en cada audiovisual se pudo leer una placa en la que los estudiantes aclararon que “los recursos habían salido de su propio bolsillo”. Inmediatamente después enviaron una carta a las autoridades de la facultad solicitando la compra de elementos para trabajar en el taller. “Con la presión de los chicos llegaron tres cámaras, pero se enojaron mucho. Todo el mundo se enteró de que el taller laburaba sin recursos”, agregó.
La separación de Mascaró y Bernárdez como profesores titulares de la clase del turno mañana del Taller de Televisión III puede haber sido “una forma de cortar el semillero”, tal como supone Gonzalo Armua, uno de los estudiantes de la carrera que se plegó al colectivo cuando supo de su existencia.
Pero no. DocSur sigue vivo y funcionando a través de sus casi 20 integrantes, aunque Armua encuentra puntos negativos en la decisión académica: “Lo malo es que se perdió el lugar dentro de la universidad. Ahora sí que nos toman como un grupo que viene de afuera, cuando la realidad es que no, que pertenecemos a ese cuerpo de alguna manera”. Juan, en cambio, es más drástico: “Ahí dentro, cada vez fuimos más parias”.
Sitio: http://www.docsur.es.tl








