jueves 31 de diciembre de 2009

Elogio Tácito de la Dificultad.-

Buenos Aires, diciembre 31 (Agencia NAN-2009).- Hacer Agencia NAN es, en muchos sentidos, como escribir un Elogio Tácito de la Dificultad. Uno de esos que cualquier teórico moderno podría haber teñido con poesía y que, sin embargo, por la naturaleza de nuestra profesión, puede a la vez estar bañado en el sudor de la complicación, en una búsqueda más allá de las formas de la información, o ser el objeto de la intención de la belleza. Porque Agencia NAN no es sólo periodismo, no se trata simplemente de entrevistas, reseñas, coberturas, historias de vida, una agenda cultural o una iniciativa discursiva. Agencia NAN es también un complejo de obsesiones, frustraciones, necesidades y, especialmente, imposibilidades.

De ellas nació hace poco más de tres años (el 14 de noviembre de 2006), cuando la juventud y la falta de práctica cerraban tantas puertas como la intangible recuperación luego de la crisis del primer lustro del siglo. De ellas --de las imposibilidades de los nosotros-periodistas, los ellos-artistas y los ustedes-curiosos-- se ha nutrido en estos cuatro almanaques que ya pronto cinco serán: '06, '07, '08, '09 y '10. Y por el fin de esas imposibilidades, para unos y otros, es que combate, contra todo romanticismo de origen: para alumbrar otras y nuevas posibilidades, para un cambio de forma, de mirada y, sobre todo, de política de la información.

Si con discursos se confiere sentido a las políticas, Agencia NAN hace política con los que decide emitir o reproducir. No con cualquiera: con los callados, negados, menospreciados, desoídos, reprimidos y desacreditados; los otros discursos, los de los Malos, los Feos y los Nadies del arte y la cultura, que son también los Nadies de esta sociedad. Para mostrarlos Buenos, Bellos, Alguienes. Para hablar a través de ellos y que hablen a través de este espacio. Para comunicarnos.

Cuando Agencia NAN comenzó a ser, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual era todavía una idea lejana, hacia adelante, en discordancia con otras que hoy lo parecen por idas: el compromiso con lo que se informa, lo genuino en el interés de informarlo, la militancia por la real verdad, que supone una (in)formación siempre: una idea del Mundo, de lo que es, ha sido y es de esperar que pase a ser o siga siendo. Como esta década ha sido, hasta hoy es y, para bien y para mal, en breve dejará de serlo.

Porque Agencia NAN es hija también de esta década, en la que el arte sufrió atropellos, accidentes y estupideces, una década que comenzó en una crisis económica y de representación, se continuó en una crisis social y cultural como Cromañón y acaba con la crisis de la sistemática represión política a la cultura independiente en la Ciudad de Buenos Aires y el histórico desinterés moderno por la cultura de la Argentina de las provincias y de la más profunda de nuestras Américas.

Agencia NAN es parte de la filiación de esa situación crítica sostenida en los últimos diez años y resultado de todas sus imposibilidades. Pero es también ese Elogio Tácito de la Dificultad, el resultado práctico de esa imposibilidad de ser por estrechez económica, académica, empírica o curricular… la solución mágica que le encontramos en un momento al hacer.

También es exponente de la década virtual, red social de artistas donde, además de "Me gusta", se puede decir "No me gusta", porque ningún derecho ha sido prohibido. Es un medio digital, pero analógico en lo artesanal. Es un medio que es entero, es una página con más de un pie, es una denuncia y una falla del sistema. Y entre todo aquello, lo mejor que podemos hacer es seguir elogiando las dificultades y las imposibilidades, porque si esto es todo lo que había para hacer, entonces habrá que hacer otra cosa.

Cuando Agencia NAN comenzó a ser no era imaginable que, tres años después, sería nominada al Premio Estímulo que la escuela de periodismo TEA entrega, en la categoría Sitios Periodísticos en Internet. No era de esperarse que alguna vez una celebración de la cultura independiente como fue la fiesta que ofreció en mayo en Banfield sería una acción posible en la que dar lugar al arte, el compartir y el construir juntos, lectores, periodistas y artistas. No era sospechable que los artículos aquí publicados se verían reproducidos en publicaciones académicas, gubernamentales, sociales y periodísticas de otra naturaleza. Ni que otros medios, periodistas y estudiantes vendrían a buscar estas voces para hablar sobre la profesión, la función social del periodismo y las verdades (las artísticas y las periodísticas) como herramientas de cambio.

No se podía imaginar a nueve mil personas leyendo estas líneas cada mes, ni a 130 mil en estos tres años. Menos fácilmente todavía era pensar en que más de 30 nombres propios de periodistas, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y escritores habrían fortificado un staff que hoy, en el cierre de la década, encuentra a diez comunicadores puestos al servicio de una militacia cultural, y a no menos de media docena de fotógrafos poniendo el ojo, retratando para verificar y, en simultáneo, hacer arte. Mire, ni siquiera podíamos pensar en que hoy usted estaría sentado frente a la pantalla, leyéndonos y leyéndose.

Pero sucedió. Y aunque nació de la imposibilidad, fue creciendo hasta que todo esto se hizo posible. Y aunque hoy muchas más cosas parezcan tan imposibles como aquéllas, el mejor camino posible es seguir creciendo, aprendiendo, contando... creyendo.

Gracias por confiar en Agencia NAN para enterarse o enterar a otros de los vaivenes de la cultura independiente.

Gracias por creer y hacernos creer.

Gracias, estimados lectores y artistas, por hacerlo y hacernos posibles.

Hasta el próximo paso, que inevitablemente llegará en 2010.

Agencia NAN
Diciembre 31 de 2009
www.agencianan.com.ar
lectores@agencianan.com.ar

miércoles 30 de diciembre de 2009

Oscar Gallichio y la tarjeta revolucionaria.-

También se lo conoce como Zam-bha a este hombre de pelo y barba blanca que, lejos del gordo que viste de rojo, ríe con "o" y todo lo acapara por estos días, no reparte regalos a los niños más privilegiados del mundo. Desde un sector de Plaza Italia, en La Plata, este canoso intenta “hacer la revolución con la Hippie Card”, una tarjeta de crédito intangible que creó para acercar gente a la lectura, intercambiando libros “por lo que se pueda”. “Hay quienes dicen que esto es una utopía, pero si hay alguien que se prende en la historia, deja de serlo y se convierte en realidad”, sintetiza en diálogo con Agencia NAN.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de Daniel Ayala

La Plata, diciembre 30 (Agencia NAN-2009).- Creer en el otro. Entregarle, con los ojos vendados y sin pedir nada, el único bien preciado, el medio de vida. Y creer. De eso se trata la revolución para Oscar Néstor Gallichio, el hombre que cada fin de semana se acomoda en un puesto de la feria de Plaza Italia, en La Plata, junto a un centenar de libros que ofrece a los visitantes a cambio de “lo que se pueda”. Con una historia ligada al hippismo, que lo ubica como participante activo en la fundación de una de las primeras fraternidades --la comunidad La Casa del Sol, de Los Hornos --, Oscar continúa riéndose del “sistema”. De ese al que esquiva hace ya muchos años; por el que más de una vez se sintió aprisionado; el que tuvo el tupé de intentar convencerlo de que no existe otro camino que el Capitalismo. Frente a eso, Oscar, que también se hace llamar Zam-bha, creó la Hippie Card: una paradoja que se traduce en una tarjeta de crédito intangible a través de la que centenares de personas pueden adquirir ejemplares de libros preciados sin pagar un centavo y con el único compromiso, aunque de palabra, de retribuir la gentileza cuando sea posible. El objetivo principal: “No traicionar al espíritu libertario de la feria”, ni el de uno mismo.

“Hay quienes dicen que esto que hago es una utopía. Yo digo que es una utopía si no me ayudan; si hay alguien que se prende en la historia, deja de serlo y se convierte en realidad”, afirma Oscar, de cabellos y barba canas. Lejos de permitirse ser persuadido por los pronósticos pesimistas que a cada rato le juran que la sociedad está yéndose al tacho, no teme demostrar la conmoción que le provoca cuando algún potencial cliente alienado y “de mirada opaca” se emociona ante su propuesta y no sólo la valora, sino que también aporta su granito de arena para solventarla. Así, no es raro presenciar en su puesto escenas en las que hombres y mujeres, “en tiempos del sálvese quien pueda”, no sólo pagan el monto correspondiente del libro que se llevarán a sus hogares, si no que además dejan dinero extra para ayudar a “paliar los gastos que provoque algún prestamista deudor”.

Con 61 años que no aparenta y más de 40 de trabajo en las ferias, Oscar dedicó sus días a buscar un modo de vida alternativo. Al principio, y “con el deslumbramiento del hippismo de los ‘70”, el deseo de reconectarse con la naturaleza y revertir el desamor lo motivaron a emprender un camino que lo acercara “más a las fuentes”, y que lo llevó a incursionar en artesanías de todo tipo. Después, con muchos de aquellos ideales en pie a pesar de las embestidas del paso del tiempo, y con un caudal de experiencias que incluyen viajes, naufragios y retiros a lugares deshabitados, Zam-bha encontró en la plaza su espacio de trabajo, “un ámbito público donde se dan encuentros y en el que históricamente se iniciaron las grandes manifestaciones culturales”. Allí, se convierte en librero.

Convencido de que la transformación social es posible y de que él es uno de los elementos necesarios para llevarla a cabo, Oscar asegura sin titubeos estar colaborando en “hacer la revolución” porque “la idea de tener confianza en un universo que tiende cada vez más a encerrarse en uno y a crear desconfianza en el otro, el sistema del ‘divide y reinarás,’” es, al menos, reaccionaria.

Sin caer en la ingenuidad, Oscar jura ser conciente de que su “pagame cuándo y cómo puedas, aunque se trate de mi única fuente de ingresos” es, por momentos, “como una ruletita con muchas balas adentro”. “Vivimos en una cultura que es complicada”, concluye. Sin embargo, y para evitar pesares, Zam-bha explica que su proyecto se sustenta en su mala memoria: “Vos te llevás algo del puesto y en el mismo momento en que te vas, me olvido de vos, de lo que te llevaste, de lo que me debés. En caso de que vuelvas, mi gozo y mi alegría son dobles porque me viene bien lo que me traigas y porque venciste la tentación de no venir, que debe ser grande”, revela, orgulloso.

A pesar de que el intercambio desinteresado que establece en torno a su negocio lo obliga a tener hábitos sumamente modestos, el creador de la Hippie Card se siente feliz de ello, mientras asevera ser un hombre afortunado que está rodeado de buenos amigos y que logra despertar “un nivel de solidaridad que, aunque a veces no es mensurable, ayuda a vivir y a hacer la vida más placentera”. Haciéndose eco de esa solidaridad acerca de la que habla con placer, Zam-bha no sólo regala libros a algunas escuelas del interior del país, sino que además ahora se sumó a la tarea de armar una biblioteca que funcionará en las Sierras de Córdoba “para los hippies y los locos de allá”. A pesar de que, luego de conocer una de sus máximas --“que el dinero no sea impedimento para que el que no tiene acceda al libro”--, el Estado aplaudió la labor que cumple Gallichio como promotor de Cultura, él sabe que ese reconocimiento ausente es lo mismo que el vacío. “El Estado se maneja con una retórica sin compromisos, en la que a pesar de haber declarado mi trabajo de interés municipal y de haberlo auspiciado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia, no me dió ni un plástico para taparme cuando llueve”, remata, en una especie de denuncia a medias. Aprovecha la reflexión y la suma a sus otras razones por las que “las cosas tienen que cambiar”.

Lejos de buscar únicamente difundir la lectura, Oscar procura echar por tierra varios de los males de estos tiempos. Por un lado, intenta desmantelar “la cultura represiva que está llena de ‘noes’ acumulados”. De manera explícita a través de un cartel que “ruega tocar”, invita a los paseantes a inmiscuirse entre libros ajenos que, por qué no, pueden ser también suyos. Ellos deciden. Por otra parte, Gallichio anhela cambiar el modo de relacionarse entre las personas, “sembrar una pequeña semilla de esperanza que demuestre que si se establece un vínculo de fraternidad, estamos construyendo un mundo mejor”. ¿Cómo? “Debemos apostar al otro porque es posible encontrarnos en la mirada, descubrir la posibilidad de las manos sin trampas y de los afectos no interesados”, sostiene. Aunque, después de meditarlo por unos segundos, Zam-bha se corrija y jure ser una persona sumamente interesada; aunque su centro de atención sea ese otro que lo convence constantemente de que no hay alternativas: “¿Qué otra cosa mejor puedo hacer a esta altura de mi existencia que hacer la revolución?”.

martes 29 de diciembre de 2009

"Una mirada diferente" sobre la resistencia.-

En 54 fotografías en blanco y negro, Sebastián Miquel retrata a Túpac Amaru, "una organización social que lucha contra la pobreza de manera exitosa", explica. Montada en el Palais de Glace, con entrada libre y gratuita, Abia Yala-hijos de la tierra pone el énfasis en lo humano antes que en los paisajes jujeños donde la Túpac funciona.

Por María Daniela Yaccar
Fotografías gentileza de Sebastián Miquel

Buenos Aires, diciembre 29 (Agencia NAN-2009).- La verdad no existe. ¿Y la mentira? Bueno, Einstein dijo que al fin y al cabo lo único que existe es la relatividad. Pero, momento. Porque los dichos populares también son sabios, y la que tiene patas cortas es una sola. En tiempos en que muchos medios de comunicación están acostumbrados a calzarse medias tres cuartos, Sebastián Miquel viajó a Jujuy para contar la otra mitad de las verdades a medias. Caminó por varios pueblos para poner el foco en el corazón de la organización Túpac Amaru y trajo a Buenos Aires el retrato de otro mundo posible: el trabajo en las cooperativas textiles, la construcción, gente en las escuelas, los domingos de pileta en familia. “El desafío fue mostrar una organización social que lucha contra la pobreza de manera exitosa, con eje en su rostro humano”, explica el fotógrafo a Agencia NAN. Su muestra Abia Yala-hijos de la tierra puede visitarse de martes a domingos de 12 a 20 en el Palais de Glace (Posadas 1725), con entrada libre y gratuita.

“Dar una mirada diferente”, añade Miquel sobre su cometido. Y lo cierto es que lo logra. Esas 54 instantáneas en blanco y negro son un claro ejemplo de la trillada frase que atribuye a la imagen el valer más que mil palabras --lo que se ve, de hecho, vale más que lo que muchos puedan haber dicho sobre la cuestión--, porque es casi imposible que quien se pare ante ellas no sufra un síndrome de semiosis infinita sobre todo lo que pasa en ese norte castigado, vapuleado, olvidado y triste que, de pronto, deja de ser desgracia. Es domingo y afuera hace calor. Mientras muchos escuchan tambores en la plaza Torcuato de Alvear, otros aprovechan para tomar un vuelo rápido y fructífero hacia aquellas tierras sobre las que algunos, deliberadamente, dicen patrañas.

Desde lo técnico, las de Miquel son fotos exquisitas. Tomas analógicas de impresión digital de 60 x 80 en su mayoría, distribuidas en uno de los pasillos del primer piso y en una sala que lleva un retrato más grande en el medio, de 3 x 2. Lo que rescatan, sobre todo, son momentos emocionales de rostros humanos, un propósito altamente logrado con el empleo de teleobjetivos. Lo que se ve es la organización popular liderada por Milagro Sala en su máxima expresión. Diferentes zonas de Jujuy donde funciona (Ledesma, San Andrés, Alto Comedero, Maimará y San Andrés, entre otros) y todo lo que siguió a un buen manejo de recursos: comedores, guarderías y fábricas. A la izquierda, una pantalla chica muestra videos de la Túpac, porque el centro “es ella, más que el evento fotográfico”, aclara el artista.

En las fotos también hay piletas, claro. Todo un lujo para un “grupo piquetero armado”, parafraseando al gran diario argentino. “No sé si me da la capacidad para generar un discurso, pero sí busqué dar un mensaje sobre un blanco de críticas: los sectores de la pobreza organizados. ¿Qué pasa cuando los pobres se organizan?”, dispara Miquel. Para él, lo que algunos responden se resume en otro interrogante: “Hay toda una cuestión de prejuicios muy adentrada en Buenos Aires y en ciertos sectores sociales, incluso en los más progre. ¿Por qué le dan plata a esa negra? ¿Por qué le dan cabida a esta gente? Lo que empecé a notar acá es que daba bronca que una organización liderada por una mujer fuera exitosa. Por una mujer, originaria de coyas, sin modales finos y morocha”.

Miquel, oriundo de San Luis y actualmente residente en la Ciudad de Buenos Aires, es un ex trabajador de diarios nacionales (varios, por caso) y medios alternativos que hoy se dedica a la fotografía de moda para costear proyectos como éste. El interés por la Túpac lo tenía desde hacía rato, ya que solía contactarse con los afiliados de la organización que viajaban a Buenos Aires a propósito de alguna manifestación. También conocía a Sala, a quien considera “una mujer extremadamente simple, que no tiene pruritos y que vive trabajando, haciendo cosas”. Pero aunque la idea ya estaba en mente, lo que lo terminó por impulsar fue el escándalo que rodeó a la organización cuando un grupo de personas le tiró huevos al senador nacional por Jujuy Gerardo Morales y que, después, cobró dimensiones poco felices. “Cuando se empezó a decir que eran grupos armados, narcotraficantes y violentos, dije: es el momento de mostrar desde otro lugar qué es lo que hacen”, recuerda Miquel, acostumbrado, desde la rama documental de la fotografía, a “ir a buscar desgracias, inundaciones, la peor parte del ser humano”.

El nombre de la muestra es contundente: “Tiene que ver con la unidad latinoamericana precolombina”, explica. Y a lo que remite, ante todo, es a “una comunidad organizada que vive con valores diferentes: la solidaridad, el trabajo, la verdad”. Simples aunque ingeniosos son los títulos que acompañan a las fotografías. “Plus valía”, un juego con el término marxista, retrata a una mujer trabajando feliz en una fábrica textil. “La plusvalía, justamente, es esa alegría que manifiesta”, explica Miquel. Otra mujer --verdaderas protagonistas de la muestra, incluso en los trabajos de construcción, llamativamente--, posó ante la lente luego de responderle al fotógrafo que su trabajo “estaba bueno porque no tenía patrón”. Y así se llamó la foto: “Sin patrón”. “La activista” muestra a una niña barriendo, y “Revolución” a un grupo de chicos en una guardería. También hay un buen número de fotografías destinadas a derecho a la información, una de las actividades solidarias que realizan los integrantes de la Túpac con el fin de acercar detalles de sus derechos a quienes no los conocen.

Abia Yala-Hijos de la tierra puede leerse de muchas formas. Ya sea como “reivindicación del Estado o de la política”, “otra mirada sobre los sectores pobres”, un acercamiento a “una forma de organización distinta” o una reivindicación de los pueblos del norte. Lo cierto es que es una vuelta de tuerca. Sobre lo que produce en el espectador, Miquel concluye: “No puedo decir si logré comunicar lo que quise, por más que haya salido conforme. Vi gente que salía llorando, otra muy contenta y otra a la que no le había pasado nada. Los comentarios que dejaron en el libro eran buenos, salvo uno que dijo que lo que vio le hizo acordar a la sociedad nazi. Ojalá la fotografía tuviera el poder de cambiar la imagen de algo en la gente”.

lunes 28 de diciembre de 2009

Discos: “La fiesta de la forma” (Los Reyes del Falsete, 2009).-

Espontáneo y artesanal, melódico y noise, bailable y fogoneable, el debut del trío de Adrogué es una celebración tan original como llena de huellas de la cultura rock adolescente de los barrios medios del conurbano sur de esta década.

Por Luis Paz

Buenos Aires, diciembre 28 (Agencia NAN-2009).- “El que quiera encontrar la voz, que cante”, proponen Los Reyes del Falsete en el verso fundamental de “La fiesta de la forma”, track epónimo y punto de ebullición de su primer álbum. Es una frase tan propia de la historia muerta del rock (del “hacelo vos mismo” al “si lo sentís, hacelo”) como viva en la impostura musical del trío de Adrogué: una batería, dos guitarras, muchas buenas ideas, momentos de terror, de algarabía y de descontrol, con odas a Yabrán, las chicas borrachas y el ferrocarril Roca, pero dirigidas maravillosamente por la actitud caprichosa y desfachatada de Tifi Rex, Juanchy Munchy y Niqui Rex.

“Puedo decirles lo que quiera, ¿quién se va a sentir peor?”, pechean en “Pacheco” y el sentido se reconstruye solo: lo que muestran estas diez piezas es el manifiesto conurbano, pretencioso y convencido de un grupo entregado por igual al proyecto melódico que al jugueteo noise.

Grabadas entre mayo de 2008 y junio de 2009 en Estudio Quinto y producidas por el ex El Otro Yo Ray Fajardo, las canciones suenan festivas y frescas, pero fundamentalmente bien pensadas, con duraciones precisas para cada segmento, arreglos que buscan poner en relieve a la canción en lugar de hacer demostraciones vanas y una lírica inevitablemente anclada en su estancia en el colegio secundario, con menciones a Yabrán (que “está vivo”) y Tinelli (que “idiotiza la nación”), una relectura de “Una vela”, de Intoxicados, y mucho más humo dando vueltas por prácticamente todo el disco.

Canciones que podrían ser de fogón si no estuvieran adornadas con tanta distorsión, beats que podrían ser bailables si no fuera por tanta deformidad descolocante y una mezcla que prefiere el golpe de los parches y las cuerdas por sobre las reflexiones cantadas (en falsete y en coro o todo a la vez) hacen de La fiesta de la forma un disco muy bueno y, lo que es más interesante, muy singular, dejándoles a Los Reyes el agrado de haber documentado el sonido que muchas bandas buscan durante años antes de pasar la barrera de los veintipocos.

Desde las bellas formas melódicas y percusivas y los cambios de dirección de “Las cosas como son” hasta el melancólico final con “Tifi Rex”, La fiesta de la forma propone un recorrido ascendente por la sonoridad desequilibrada del trío, con momentos de fino jolgorio, como “El gran cohete”, “Pacheco” y “Monseñor”, e instantes de verborragia etílica en la crónica del cariño más allá de lo viciosa de “Mi chica”.

Stoner, noise, post-rock, bailable, coreable y fogoneable, el disco debut de los hermanos Rex y Juanchy Munchy es, efectivamente, una fiesta de la forma con un sello tan personal que lo convierte en uno de los mejores debuts del año que este jueves dejará de ser.

Sitio: http://www.myspace.com/losreyesdelpacheco

viernes 25 de diciembre de 2009

Juan Martini: sobre mitos, realidades y chantadas.-

Cine, su más reciente novela, presenta a un director cinematográfico enfocado en un guión sobre el entrecasa de Eva Perón durante el 17 de Octubre. Lo que en los manuscritos del personaje prima es la caracterización de Evita como una mujer “dispuesta” a convertirse en la más importante de la historia argentina. “Me gusta pensar que tenía un deseo consciente de transformarse en un mito inmortal”, admite el rosarino.

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de Eterna Cadencia

Buenos Aires, diciembre 25 (Agencia NAN-2009).- “Eva ha pasado por demasiadas falsificaciones: novelas, películas, biografías, obras de teatro, musicales... La idolatría partidaria o el desprecio gorila. La hojarasca peronista. El mito que oculta el mito”. Eso es lo que se plantea Sívori, un director de cine que acaba de cumplir 51 años y trata de escribir el guión de una película sobre la vida de Evita que transcurre en la tarde del 17 de octubre de 1945, al tiempo que espía a una vecina, “la mujer de enfrente”, de nombre Pina Bosch, una mujer de 43 años, traductora de alemán y bisexual. En torno a la mirada que Sívori tiene de esas mujeres se articula Cine (Eterna Cadencia), la última novela de Juan Martini. La historia transcurre en Palermo, más precisamente en la zona del Botánico, donde actualmente vive el escritor rosarino, en el quinto piso de un edificio antiguo sobre Santa Fe. El departamento de Martini tiene algunas coincidencias con los del voyeur Sívori y su observada: el living es una amplia sala rectangular, con mesas, sillones, televisor, computadora y equipo de música. “Se parece al departamento de Pina Bosch, ¿no?”, desliza el novelista de 65 años durante la charla con Agencia NAN.

A Sívori no le interesa contar la vida de Eva ni su relación con Juan Domingo Perón, tampoco la épica del 17 de Octubre, sino narrar una charla de entrecasa entre Evita y la cantante Rita Molina --un personaje ficticio-- horas antes de la liberación del ex presidente, mientras los trabajadores marchan hacia Plaza de Mayo. En los diálogos del guión, se reitera que Eva “estaba dispuesta a convertirse en la mujer más importante de la historia argentina”. “Los mitos, en general, se construyen en poco tiempo: el Che Guevara, James Dean, Marilyn Monroe y Carlos Gardel murieron muy jóvenes, y en un tiempo corto construyeron una figura magnética”, comenta Martini.

-- ¿Por qué decidió que sea Eva Perón el personaje sobre el que escribe el protagonista de Cine?
-- Siempre me llamó la atención el muy poco tiempo en el que Eva construyó una figura leyendaria. En 1945, ella tenía 26 años y le iba bien con el radioteatro y con Perón, pero estaba lejos de ser la figura en la que se transformó en los siguientes siete años y hasta su muerte. En poco tiempo, se convirtió en una leyenda. Y me gusta pensar que tenía un deseo consciente de transformarse en un mito inmortal. Pero no es sólo su construcción lo que me interesa, porque también fue una mujer que se comprometió con los pobres.

-- Sívori no es peronista y hasta fue acusado de “gorila”, pero “la figura de Eva Perón le resulta una de las más sustantivas del siglo XX”. ¿Coincide?
-- De Evita dicen que era resentida y caprichosa, y aunque fuese cierto, no me interesa, porque la verdad es que nadie hizo tanto por los pobres desde el poder político. Eso es muy respetable. Aunque no soy peronista, no me gustan los gorilas que se ponen contra ella. Lo que termina prevaleciendo es lo que hizo por los excluidos. Y eso, más de 50 años después, la convierte en intocable para los pobres. Es diferente con Perón, dado que su figura fue controvertida, más polémica.

-- En un diálogo del guión de Sívori, Eva le dice a una amiga que tiene miedo de que Perón no tenga “pelotas” para ponerse al frente de una revolución. ¿Para usted fue así?
-- Es lo que Sívori piensa de Eva. De todas maneras, yo también pienso parecido. Me parece que ella estaba más decidida que Perón a hacer una revolución progresista. De hecho, el peronismo fue una revolución en el país. Pero también es cierto que como fenómeno político es uno de los problemas por los cuales la política argentina se divide en derecha y peronismo. No hay una izquierda fuerte en Argentina como en algunos países europeos o latinoamericanos, porque el peronismo es un fenómeno de masas tan fuerte que compromete al trabajador. Y esa polaridad derecha-peronismo es rara en el mundo, difícil de explicar. Eva tuvo un compromiso con un pueblo y trató de darle todo lo que pudo. Lo hizo como una chica resentida, pero lo hizo. ¿Quién, después de Eva, se ocupó tanto de la gente que no tiene nada? Casi nadie, ni siquiera este gobierno que se dice peronista.

-- En el libro, Eva dice que los oligarcas, curas y militares son el enemigo y que siempre van a estar en contra del país…
-- Palabra más, palabra menos, eso se mantiene: en vez de oligarcas, hoy está el campo. Con los militares hubo un cambio por los juicios y el fin del servicio militar obligatorio, pero si pudieran, seguirían siendo las armas de la ley del mercado. Los curas hablan de solidaridad y todos sabemos que viven como príncipes. Son pocos los que se comprometen con los pobres, que viven en las villas. Ellos son una fuerza muy conservadora, reaccionaria y funcional a la derecha en todo el mundo.

-- Usted dice que no es y nunca fue peronista, pero…
-- Parezco, ¿no? A lo mejor soy un poquito peronista en lo que quiero reconocer. A falta de un partido socialista al que pueda adherir, voto al peronismo para oponerme a la derecha. Al ser éste un fenómeno de masas, los partidos de izquierda no pudieron desarrollarse como ocurrió en países europeos o latinoamericanos, donde cuentan con la adhesión de los trabajadores.

A lo largo de la trama, el autor reitera oraciones o párrafos. “A veces las repeticiones son idénticas, pero otras, hay cambios, correcciones, que agregan nueva información. Es decir, por un lado desliza más información y por el otro, sirve para acentuar la mirada permanente de Sívori”, explica Martini. Asimismo, en Cine es notorio como Martini apela a la referencialidad espacio-temporal dada por la mención de marcas y hábitos de consumo, los cuales denotan códigos culturales. “Dan marcas de época, sirven para construir a los personajes, hablan de una situación social y crean entornos”, detalla el escritor, galardonado con la Beca Guggenheim en 1986 y el premio Municipal de Literatura en 1990, entre otras distinciones. Así, Martini describe a través de sus personajes los consumos y hábitos culturales del porteño ilustrado con poder adquisitivo.

-- Cuando Sívori se sienta a escribir el guión, se siente mortificado por las ideas: él prefiere guiarse por “chispazos” que le permitan avanzar en la escritura. ¿Le ocurre lo mismo?
-- Sí, el proceso es muy parecido. Por lo general, parto de una idea y comienzo a dar vueltas. Puede que tome notas, pero necesito un disparador, que casi siempre es una frase. En Cine se dio con la aparición de la mujer que se muda frente al departamento de Sívori. Esa es la matriz de la novela. Es decir, hay un proceso que es condesado por un chispazo. Faulkner decía que en las primeras frases de una novela está la novela completa. Yo creo lo mismo. Por eso necesito algunas palabras, una frase que permita desovillar la historia.

-- ¿La historia argentina, desde 1810 hasta la actualidad, es la de los “proyectos olvidados”, como plantea Sívori?
-- En un chiste y está dicho irónicamente, tanto para los proyectos más chiquitos como para los más grandes. Pero sí, Argentina es un país de proyectos que se archivan.

-- ¿A qué cree que se debe?
-- Argentina es un país un poco chanta. Y los argentinos somos a veces ilusos. Creemos que todo se puede hacer, nos entusiasmamos con ciertos proyectos, como publicar una revista literaria, y recién después pensamos de dónde sacar la guita.

jueves 24 de diciembre de 2009

Esteban Rodríguez: “Con sólo dos tonos se puede componer el sentido de la vida”.-

El sociólogo y abogado que coronó la Quinta Muestra Ambulante con la presentación de su libro Los caminos del rock, se sumerge en las entrañas del género y desnuda el fenómeno. “Me interesa su telón de fondo, esa particularidad que lo vuelve performático”, subraya. Y, además, vincula la “falta de representantes” en el rock de esta década con los avances tecnológicos: “Las maneras de acceder y escuchar música cambiaron”.

Por Guillermina Watkins
Fotografía de The Dark Flack

La Plata, diciembre 24 (Agencia NAN-2009).- Un año más termina, pero no cualquiera: se acaba la década que logró posicionar al sonido indie en las bateas internacionales, en el reproductor de algún DJ del mundo, en los oídos de algún sabelotodo que mira desde arriba y le pone play al decenio que se avecina. Habrá música nueva: más bandas sorprenderán a los que transitan por la ciudad de las calles sin nombre y estrenarán un lapso que quizás no sea muy distinto al que termina. Sin embargo, y más allá de quienes osen tildar a estos diez años de “vacíos”, es necesario hacer un flashback a esos lugares ambiguos que sólo pueden convivir en el rock. Por los caminos del rock, el sexto libro de Esteban Rodríguez, un balcarceño que adoptó a La Plata como “su lugar”, se propone como guía espiritual para el melómano, el rockero y todo aquel que no tenga miedo a subir a la Gran Maquinaria de la Historia.

El libro, que cuenta con varios ensayos escritos por Rodríguez durante los últimos diez años, tomó forma en una conversación entre él y la cantante Liliana Herrero. Esa noche, ocurrida no hace mucho, hablaron de rock: Liliana cuestionó el “caradurísmo” de los jóvenes que tocan siempre dos acordes y creen que inventan el mundo. La ingenuidad, la arrogancia, el querer ser “el punto cero de la historia” eran los problemas básicos para ella. En esa charla, Esteban la escuchó, atento, pero nunca dejó de resaltar que él pensaba lo opuesto: la inocencia, la necesidad de “resumirse en dos acordes dentro de un mundo cada vez más amplio”, la constante búsqueda de una identidad propia, era para él lo más conmovedor del rock.

En esa clave musical, el abogado, sociólogo y ensayista otorga un puñado de textos con mucho ritmo, cadencia y esa desprolijidad prolija que envuelve a toda canción del género. Tracks cortados y pegados, un todo que sólo busca comprenderse a sí mismo. El recorrido narrativo comparte totalmente la esencia de su objeto de estudio: la juventud, los estereotipos, el “detrás de escena”, el mercado, los disfraces y las groopies. Todo eso --y mucho más--, en ensayos rebeldes que son no sólo un simple análisis de letras o relaciones contextuales, sino más bien los telones de fondo que componen la matricula del rock, narrados por Rodríguez con la destreza de un guitarrista. Bob Dylan, Patti Smith, Kurt Cobain, Pity Álvarez, David Bowie, Norma, Babasónicos, Neil Young, Cash y Gustavo Cerati conviven en plena calma en las 386 páginas de los “tracks” de este “viejo cassette”.

-- En el libro, usted dice que el rock es “indefinible” y que “no tiene esencia”, ¿qué destino trazó con esa hipótesis?
-- El concepto clave del libro es el rock y el tiempo. Porque creo que una manera de explorar el tiempo y habitarlo es a partir del rock, porque brinda la posibilidad de salirse del tiempo. Quería rescatar lo que a Herrero le molestaba, que es lo que a mí me fascina: pibes de entre 15 y veintipico que tocan dos acordes que ya se tocaron mil veces y piensan que están inventando algo nuevo. Es por eso que digo que es una manera de salirse de la historia: el rock permite desplazarse y reinventar todo. Mientras que los músicos de jazz tienen que tener una paleta amplia de colores, aquí pasa lo contrario, porque, en una tarde y con sólo dos tonos, uno puede componer una canción e ir inventándose, ir construyendo el sentido de la vida.

-- ¿Se puede adoctrinar al rock, decirle qué tiene que hacer?
-- El rock no es solamente música o una canción, sino todo lo que la envuelve. Por eso no me gustan mucho las revistas del género, porque lo piensan solamente a través de la música. Me interesa volver sobre su telón de fondo, que no recae en su pintoresquismo o en hacer excéntrico al cantante de turno, sino en que tiene una particularidad que hay que averiguar, investigar. Ese telón de fondo es lo que vuelve performático al rock. Por ejemplo, en La Plata, las bandas cargan con un linaje que a veces es difícil de sostener, que no es sino un conjunto de otras prácticas que están boyando constantemente alrededor: el lenguaje de la parodia y el de la ciudad, la puesta en escena y otras cuestiones que no le son menores al rock. Hay una apuesta en el cancionero que no está exento de cierta ironía.

-- Hay quienes dicen que no hay representantes musicales de esta década que termina, ¿cree que es así?
-- Está bueno que así sea, y en parte se debe a los avances tecnológicos. Las grandes discográficas han eclosionado. “La información quiere ser libre”, decían los cyber punks, y me parece que se han creado las condiciones para esa circularidad, para el libertinaje de información. Uno puede acceder a una cantidad de bandas y música que antes era inaccesible. Hoy podés escuchar lo que se está escuchando en Oslo, Indonesia, Inglaterra, a la par de lo que se está escuchando en La Plata y en el país. Hay una cultura de la alternancia que es permitida a través de la tecnología. Han cambiado las maneras de acceder a la música y, por ende, de escucharla. Nadie queda afuera. La posibilidad de acceder rápido a la información ha permitido multiplicar las tribus, no hay un referente único. Eso es buenísimo. A los jóvenes de hoy no les gusta la “mantequilla demasiado mantequillosa”. Es decir, nadie tiende a quedarse encorsetado en un estilo, sino a ir de uno a otro, justamente por la gran cantidad de información que existe. Es una mochila más liviana en cuanto a obligaciones, pero es difícil moverse en una sociedad de la información.

Fanático de Norma, El Mató a un Policía Motorizado, Prieto Viaja al Cosmos con Mariano, entre otras bandas, Esteban compuso Por los caminos del rock como una especie de autobiografía, escrita siempre al compás de alguna música. Las canciones sobre las que vuelve constantemente son aquéllas que fueron fechando su presente continuo y que le permitieron eternizar momentos en su memoria rígida. En clave aleatoria, entre sus anécdotas y el mensaje de cada cancionero, Rodríguez convida las vivencias y aportes de cada generación para apropiarse de su cultura.

Blog: http://rodriguezesteban.blogspot.com

miércoles 23 de diciembre de 2009

Rosal: "La música under le demostró a los medios que podía difundirse de otra forma y funcionar igual".-

Ezequiel Kronenberg y María Ezquiaga le contaron a Agencia NAN de qué está hecho el "clima de intimidad" característico de la banda que integran desde 2002. “El oyente ideal para la música que hacemos es alguien que tenga su sensibilidad y sus sentidos atentos a escuchar”, disparó él. Además, revelaron el secreto de La casa de la noche, su último disco de estudio.

Por Sergio Sanchez
Fotografía gentileza de Rosal

Buenos Aires, diciembre 23 (Agencia NAN-2009).- Hay quienes dicen que escuchar música no sólo es dejar que ingresen sonidos por los oídos, sino permitir que entren en juego todos los sentidos. Y luego el cerebro debe seleccionar los aspectos vitales para la prolongación de la vida. Sí, escuchar música --y consumir otras artes-- es necesario para vivir. Y esa es la lógica con la que los integrantes de Rosal entienden la música. “El oyente ideal es alguien que tenga su sensibilidad y sus sentidos atentos a escuchar”, arriesga Ezequiel Kronenberg, guitarrista de Rosal, en una charla con Agencia NAN. “Que pueda meterse de lleno --continúa-- en lo que la música tiene para darle, y poner su parte. Ese publico sería un oyente comprometido con lo que está escuchando”, sostiene convencido, como si fuera un investigador alineado a los Estudios Culturales, una teoría que propone romper con el esquema clásico de comunicación (emisor activo-mensaje-receptor pasivo) y en su lugar busca un intercambio de mensajes en el que el receptor sea activo.

-- ¿De qué está hecho ese “compromiso”?
Kronenberg: -- Creo que es una entrega ante la obra. Rendirse entero con sus sentidos a la música, a que te entre, te cambie; a poder absorberla y que te inspire. Nosotros ponemos mucha dedicación para hacer los discos, y es lindo que alguien lo escuche de lleno y te pueda decir cosas detalladas. Entiendo que cada uno tiene su relación con la música. Hay personas que la escuchan para que les cambie la vida y otras no. Nadie puede obligar a nadie a escuchar la música de determinada manera. Esas cosas no están en nuestro control.

Pero lo que sí pueden los músicos de Rosal es orientar las canciones hacia un lugar, crear climas, generar ambientes. O proponer un relato, como en el último disco, La casa de la noche, un trabajo conceptual publicado hace apenas tres meses que pone el eje en la nocturnidad y que está pensado con un principio, un núcleo y un desenlace. “Un efecto interesante que tiene la noche es que los detalles no se ven con claridad. Ir más profundo produce miedo, no se ve el total, se ven partes. Y la luz apenas empieza a verse al final del disco. Para nosotros, La casa… es un disco de quiebre con los anteriores en cuanto a las letras, la música y el sonido. Las diferencias más notorias son la búsqueda de un sonido más ‘serio’ y que las letras se corren de la autoreferencia. Creo que tiene que ver con una madurez”, explica María Ezquiaga, cantante y líder de la banda de pop que nació en 2002, cuando la artista decidió dar un paso al costado de Baccarat, el grupo de Sergio Pángaro, y crear su propio proyecto solista, más acústico e intimista, pero sin abandonar los sonidos electrónicos.

-- ¿Qué huellas musicales hay en Rosal de tu pasado junto a Sergio Pángaro? ¿Y qué aprendiste de esa experiencia?
Ezquiaga: -- No creo que Rosal tenga huellas musicales de Baccarat. Creo que Pángaro tiene una visión artística que se refleja en su obra, de la que no puedo decir que sea sólo música, sino que se expande a la escritura y a la vida. De él, aprendí a buscar mi propia mirada, a confiar en mi búsqueda, a atravesar mis críticas y enfrentar mis miedos para construir; a ser clara con lo que quiero decir en las letras y a buscar la rigurosidad en lo que hago. Él fue una de las primeras personas que confió en mí como artista.

De manera independiente, Rosal publicó en 2004 Educación sentimental, del que se desprendió “Bombón”, un tema lindo pero empalagoso que sonó bastante en un comercial de Bon o Bon. Sin embargo, la banda es mucho más que eso: es un proyecto musical que busca calidad y belleza en todos los elementos que la componen: las letras, la dulce voz de Ezquiaga y las melodías. Sin duda, tal combo original la convierte en una banda con un gran presente y mejor futuro dentro del rock alternativo.

-- ¿Buscás una armonía entre música y letra?
E: -- En La casa de la noche muchas letras fueron escritas junto a Guadalupe Gaona, por lo cual es difícil que la música refleje exactamente lo que quiso decir el otro que escribe. Generalmente, eso produce un efecto interesante: llevar las palabras hacia un lugar diferente con la música. En otras canciones escritas por mí surgen la música y la letra a la vez. Allí, están unidos el clima de la melodía con las palabras. Luego está el aporte de la producción que de por sí le agrega algo que la canción no tenía.

-- ¿Cómo se consigue el clima de intimidad?
K: -- Eso nace de las canciones de María y algunas letras de Julieta (Ulanovsky), quien escribió con un tono más humorístico en los primeros discos. En el último hay más temas de todos, de María sola y junto a Guadalupe Gaona, que escribe poesía. Pero la búsqueda en sí la dictan las canciones de María. No es que está primero la búsqueda y luego la canción. La primera surge a partir de lo que propone la segunda. Y la mejor forma de potenciarla es acompañándola con la música de esa manera.

-- ¿Y todos componen?
K: -- En los primeros discos, ella componía más con Julieta y traía los temas casi cerrados. En el tercero hay temas míos. Y ahora se sumó Guadalupe. Pero no nos juntamos todos a componer. Generalmente María trae los temas cerrados y entre todos hacemos los arreglos.

-- ¿Rosal funciona como una banda o más como un proyecto solista con músicos?
K: -- En algunos momentos más y en otros menos, pero siempre trabajamos como una banda con roles bien definidos. O sea, Rosal es inconcebible sin María, pero concebible sin algunos músicos. Y no al revés. En mayor o menor medida, no somos una banda democrática al ciento por ciento, porque no todos tienen el mismo nivel de opinión y participación. Pero no es un proyecto solista.

-- ¿Y cómo trasladan su música al vivo?
K: -- La idea del vivo es potenciar más los elementos que están en los discos. El disco es una situación ideal en la que tenés el control absoluto de todo, en el estudio. Pero en el vivo eso no sucede, entonces tratamos de tomar elementos y potenciarlos para que lleguen de una manera más directa, más dramática. Tiene que ver con elegir algunos elementos fuertes de la canción y tratar de llevarlos al máximo. Es decir, pensamos los shows como un viaje con muchos contrastes, con cosas efectistas, no como algo plano ni lineal.

Luego de la disolución de la formación inicial y el paso por la banda del tecladista y actual solista Mauro Conforti en 2006, se sumaron Martín Caamaño en guitarra y Juan Jacinto en batería. Con la fusión de esos integrantes llegaron los sucesores de Educación Sentimental: Rosal (2004), Su majestad (2007) y el reciente La casa de la noche, producido por Kronenberg y distribuido por PoP Art.

-- ¿Cómo se manejan con el sello discográfico?
K: -- Tenemos un gran apoyo. Nos sentimos privilegiados, en el sentido de que no nos quita nada de libertad de acción. Es una situación bastante ideal. Las decisiones artísticas no se ven perjudicadas. No podemos imaginarlo de otra manera, y los shows siempre los organizamos nosotros, excepto que toquemos en algún festival como el Personal Fest o cuando nos llaman para un ciclo en el Konex. Pero generalmente preferimos armar nosotros los shows. A veces da mucho mas trabajo, pero de esa manera ponemos un montón de condiciones que para nosotros son necesarias.

Sin embargo, el guitarrista lomense analiza: “Más allá de la ayuda económica que te puede dar un sello discográfico, hay miles de métodos de difusión que usan que quedaron un poco obsoletos, sobre todo en el largo plazo. Me parece que es mucho más difícil ahora imponer un artista nuevo con una difusión agresiva. Desde el punto de vista que está probado que no necesitás una publicidad convencional para que la gente vaya a tus shows o escuche tu música. Tiene que ver con algo que está en el aire. La gente se deja llevar por su intuición y necesidades, y no por imposiciones externas para descubrir la música y los artistas que le gustan. Además, las cosas caen en el momento en que tienen que caer.

-- ¿A qué te referís con que “las cosas caen en el momento que tienen que caer”?
K: -- Quiero decir que un artista que alguien trata de imponer tal vez puede funcionar este año pero después lo van a quemar y es probable que quede en el olvido. En cambio, cuando la gente descubre algo por sí misma tiene muchísima más fuerza y valor. A la larga, es mucho mejor para el artista operar desde ese lugar: confiar en que la gente, cuando realmente necesite su música, lo va a tomar y si no lo necesita, no. Es algo muy bueno que pasa y que le prueba algo al sistema que tenemos. Es como que dejan una marca inspiradora y enseñan que se puede sin todo ese aparato. A la música y a cualquier arte no lo podés tomar como una cuestión de hacer esfuerzo y trabajo para llegar, porque eso es absurdo. El único esfuerzo o trabajo que podés hacer es mejorar tu música, poner tiempo y amor para preparar un disco. Si hay algo bueno que puede pasar es que realmente podemos relajarnos y saber que la música va a llegar, como a través de internet, uno de los espacios donde parece que está democratizado el acceso a la música. Los medios todavía no optaron por difundir la música under masivamente. Pero también la música under le demostró a los medios que podía difundirse de otra forma y funcionar igual.

La escena pop independiente

La (casi) primera década del siglo XXI trajo una nueva escena integrada por bandas y solistas autogestionados de pop-rock vinculados con expresiones folclóricas locales y ritmos latinoamericanos que comparten ciclos organizados por espacios culturales recurrentes, como Ciudad Cultural Konex, el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) o Club Atlético Fernández Fierro (CAFF). En rasgos generales, dentro de ese movimiento aparecen artistas como Lisandro Aristimuño, Gabo Ferro, Pablo Dacal, Juan Ravioli, Flopa, Alvy Singer, Hamacas al Río, Onda Vaga, Lucio Mantel, Tomás Lebrero y Rosal, entre muchos otros. Sin embargo, la banda liderada por Ezquiaga plantea cierta distancia. “No nos sentimos tan adentro de una escena. Aunque compartimos escenario con esas bandas desde el principio, nunca terminamos de entrar a un movimiento. En todo caso, con la persona con la que más compartimos shows y nos sentimos identificados musicalmente es Lucas Martí”, remarca Kronenberg, pieza fundamental en el sonido experimental de Rosal.

-- ¿Por qué considerás que comparten escenario con esos artistas?
K: -- Si compartimos escenario con alguien es porque tenemos afinidad musical, no por tener en común una forma de autogestionarnos. Consideramos que la autogestión en sí misma no es un elemento suficientemente fuerte como para generar un movimiento. Porque lo que nosotros hacemos es música. Entonces, si compartimos escenario con alguien es por términos musicales, no por estar en una situación parecida. Los escenarios en los que tocamos tienen que ver con un devenir que nos excede, no es que siempre elegimos tocar en el CCC. Y en el caso de los movimientos, no sé hasta que punto hacen crecer algo, sino que en algún punto tienen algo de cierre, limitan. El hecho de englobar en un movimiento a un artista es un poco matarlo. Sin englobarlo o encasillarlo tanto, permitís que cada cosa tenga un desarrollo más personal, infinito, sin preconceptos. Considero que es mucho más rica la relación que se puede producir entre un músico y un oyente, si alguien profundiza en algo.

-- Pero lo cierto es que un artista te lleva al otro, es como una red…
K: -- Eso es algo que ocurre mucho, más allá de que exista un movimiento o no. No sé hasta qué punto esa unión entre bandas es tan fuerte. La verdadera comunión entre los músicos es más que nada musical. Y me parece que la fortaleza la logra cada uno con su mensaje original y personal.

Sitio:
http://www.rosalvirtual.com.ar
Fotolog: http://www.fotolog.com/rosal

MySpace: http://www.myspace.com/rosalmusica

martes 22 de diciembre de 2009

Enrique Symns en El Pueblito.-

El monologuista ex presentador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota escupió sentencias fatídicas acerca del capitalismo, el sexo y el arte en un bar de La Plata donde, el domingo por la noche, intentó explicar por qué es "Un hombre extraviado".

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de The Dark Flack

La Plata, diciembre 22 (Agencia NAN-2009).- Enrique Santos Discepólo estaría de acuerdo. Como si se tratase de un homenaje al dueño de “Cambalache”, durante la noche del domingo pasado Enrique Symns se apropia del escenario de El Pueblito, un bar platense que recién empieza a acostumbrarse a la presencia de artistas, y grita que efectivamente, como en 1935, “el mundo fue y será una porquería”.

Con un vientre tan abultado que es imposible de ignorar, pasadas las 22, Symns se acomoda frente a Olguin, García, Rosal Trío --banda porteña de jazz que hace sonido sus estados de ánimo-- y sin preámbulos sentencia la perdición de la raza humana, asegurando que el mundo es “una gran concha”. De a ratos, el monologuista parece enervarse por su propio relato y, con el rostro contraído, eleva los brazos mientras grita improperios. Después, otra vez calma lo que parecieran ser ansias de justicia, aunque lo hace sin dejar nunca de lado su carácter de pensador maldito.

En el bar de La Plata, alrededor de 150 pares de ojos hacen malabarismos no sólo para encontrar un rincón en el cual refugiarse, si no sobre todo para lograr entender cada una de las palabras que el ex presentador de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota escupe sin anestesia. Por momentos, la pronunciación de Symns se hace gomosa, sólo llegan a distinguirse términos sueltos que, por provocativos, inducen al público a redoblar los intentos de descifrar cuál es el objeto de semejante rechazo.

Los músicos enardecen la escena. Con notas que acentúan el carácter fatídico del recorrido desenfrenado que representa una noche con Symns, secundan al hombre que sin reparos y con lujo de detalles relata los estados anímicos que experimenta mientras intenta comprar cocaína. Luego de describir a lo largo tres monólogos la decadencia de la sociedad, acompañado por su botella de whisky, que a los 20 minutos de iniciado el show ya está a la mitad, Symns mira al público de frente y pide un descanso. Cuando vuelve al escenario, lo hace dispuesto a convencer a quien aún dude de que la condición humana esté perdida.

Un monólogo acerca de su infancia es excusa para explicar por qué su espectáculo --y él mismo-- se llama “Un hombre extraviado”. Los insultos a los “estúpidos” nuevos modos de comunicación, atados al avance de la tecnología, no tardan en llegar, junto a los lamentos por la modificación de las viejas costumbres y la consecuente fragmentación del ser. Finalmente, Symns ladra que “un hombre extraviado es aquel que perdió su calle y su alma”.

Como si fuese un tópico imposible de no ser abordado, Symns se detiene en las relaciones humanas. Asegura que el sexo no tiene sentido si no se practica en una orgía y dispara sin piedad contra la pareja, a la que considera una “afirmación del capitalismo” que lleva, por egoísmo, a reconocer únicamente los frutos del propio semen como hijos. Sin refrescarse el aliento antes de hacerlo, exhala sobre el público la sentencia: “El comedor no es más que una excusa entre el baño y el dormitorio.”

Como si se excusara luego de haber ocupado el escenario durante casi una hora del domingo, Symns no intenta ocultar su rechazo hacia los artistas, a quienes categoriza sin titubear como “una mierda” que se alimenta de la curiosidad “vouyerista” del público que desea vivir otra vida. Luego, se disculpa mientras asegura desear no haber incomodado a alguien. Cuando se baja del escenario, las palabras aún rondan el lugar y resulta casi imposible no pensar que, definitivamente, “allá en el horno nos vamos a encontrar”.

lunes 21 de diciembre de 2009

Libros: “Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007)” (Leandro Donozo, 2009).-

Desde El Orfeo argentino, de la que solo se tiene por prueba un anuncio en un periódico de 1829, hasta la mendocina Zero, de 2007, el musicólogo intenta recuperar en su guía práctica todas las publicaciones locales dedicadas a las melodías. Y lo logra, creando una importante herramienta de investigación futura.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, diciembre 21 (Agencia NAN-2009).- El estudio de los fenómenos históricos y sociales ligados a la música goza ya de estatuto académico, aunque sea el propio carácter ortodoxo de las universidades el que rechace la utilización de ciertas fuentes que posibilitarían la profundización de las particularidades de la música popular. Entre ellas, las revistas. Es por ello que hasta que el musicólogo Leandro Donozo publicó la Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007), lanzada por Gourmet Musical, casa editorial que dirige, no existía una base de datos que censara las hojas vernáculas avocadas a las melodías.

Habiendo editado, hace dos años, su Diccionario bibliográfico de la música argentina y participado en la actualización del diccionario Grove, hace doce, Donozo continúa en su flamante libro lo que inició con las investigaciones para esos antecedentes: la creación de herramientas que sistematicen un universo rico pero aún caótico. Hasta ahora, quien encaraba un estudio sobre cualquier exponente de la música popular argentina contaba sólo con las pocas colecciones que se encuentran en algunas bibliotecas, casi siempre incompletas y mal catalogadas.

Tras la introducción de la profesora Melanie Plesch, de la Universidad de Melbourne, que fue profesora del autor durante sus años de cursada en Artes, en la Universidad de Aires, y un prólogo en el que Donozo define su objeto de estudio, especifica tipos excepcionales de publicaciones a tener en cuenta (como fanzine, cancioneros y reviposters) y rescata la publicación en papel antes que sobre un dispositivo tecnológico (en CD o en un sitio de Internet), el grueso del libro está dedicado, claro, a los detalles de las 450 revistas que el investigador recolectó desde el inicio de sus anotaciones en unas pequeñas fichas, circa 1997.

Entre los datos que figuran debajo de cada entrada están, entre otros, la casa editora, el director y los editores, redactores y colaboradores de cada revista, así como el detalle de los ejemplares consultados según año y número. Que las publicaciones aparezcan ordenadas alfabéticamente pareciera atentar contra la posibilidad de discernir cuál de todas fue la revista fundante y cuál la más reciente del periodo marcado, pero el autor salva esa dificultad con un índice cronológico de los títulos. La primera de la lista: El Orfeo argentino, de la que sólo se tiene por prueba un anuncio en un diario que Vicente Gesualdo cita en el capítulo VI de su Historia de la música en la Argentina 1536-1961. La última: Zero, editada en 2007 en la ciudad de Mendoza.

viernes 18 de diciembre de 2009

Milo Lockett: "El arte une a las personas y las iguala".-

Fue ajero, verdulero, cortó el pasto y fue dueño de bares. Luego, apostó a fabricar indumentaria, pero la crisis de 2001 lo dejó en bancarrota. A partir de allí, el chaqueño colgó la corbata y agarró el pincel, relegado por sus compromisos como marido y padre. Ahora hace "arte social", según él mismo define: entre Resistencia y Buenos Aires, reparte cuadros por encargo y acciones solidarias.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de PersonAllY


Buenos Aires, diciembre 18 (Agencia NAN-2009).-
La historia de Milo Lockett cumple con todos los requisitos para convertirse en una película épica de la posmodernidad. O, por qué no, en uno de esos dramones que llevan implícita la cuestión del ser o no ser y que emocionan hasta las lágrimas. De ese cine emerge un tipo de plot, con elementos tales como la rutina, la automatización, lo prefabricado de todos los días y la presencia de un deseo tan fuerte como para dar vuelta la página y escribir otra historia. O como para volver infeliz de por vida a quien no se anima. No obstante, como Lockett se volvió protagonista de su película sin predecir el final, quizás su vida sea más bien digna de ser encuadernada en un Elige tu propia aventura.

Los caminos eran dos: seguir manejando la fábrica textil de Resistencia, Chaco, o dedicarse de lleno al arte. Con miedo, pero también con determinación, Lockett se salió de la
matrix a los 40 años y tomó la decisión más difícil: pintar. Como sentía que le quedaba tiempo, combinó su arte con la solidaridad y, entre otras cosas, trabaja en su provincia natal con chicos con síndrome de down y con los aborígenes Wichi y Pilaga. A la par, envuelto por el reconocimiento inusitado que en los últimos años adquirió en Buenos Aires, por estos días pinta a toda máquina en su taller de Belgrano, y en Palermo dio vida a una criatura interesante: un parque navideño hecho con envases de Tetra brik, iniciativa de la fundación Tetra Pak para el reciclado. La maqueta --cinco árboles de navidad en altura, murales y tótems-- contó con la ayuda de los niños que se acercan y que participan de los talleres de pintura que Lockett brinda en la Plaza de las Naciones. Durante la inauguración, algunas de sus obras fueron subastadas a beneficio de la construcción de una Casa Garrahan en Chaco.

-- Resulta llamativo el material con que está hecho el parque…
-- Hoy nadie puede decir con certeza si una cosa es arte. Estoy seguro de que éste es un hecho artístico, una intervención urbana dentro de un modo de expresión. Si algo es arte o no, se mide cada cincuenta años, de acuerdo a lo que aporta al lenguaje. Estoy muy contento con el resultado, sobre todo por poner a los chicos en contacto con la situación del medio ambiente. Además, me gusta mucho trabajar con ellos. Tienen una energía muy particular y los que pintan, lo hacen de verdad.


Chaco, 2001


Se sabe: tiempo de crisis para todo el mundo, gran impacto en las fábricas. Contexto en el que emerge el nuevo Milo Lockett, empresario devenido en artista plástico autodidacta y full time, que antes fue ajero, verdulero, cortó el pasto y tuvo bares, “siempre feliz”. “Cuando sos chico querés ser Superman”, reflexiona ante
Agencia NAN al referirse al momento en que dio el giro a su vida, y pronto se da cuenta del exabrupto: “Bueno… ya no era tan chico”. Sí que era un niño cuando mostró por primera vez un cierto interés por el dibujo, en los talleres de la Escuela de Bellas Artes. Ya de grande, inspirado en Jorge de la Vega, descubrió su amor por la pintura. “Fue el artista que me movió la cabeza, el que me hizo tomar la decisión”, concluye.

-- ¿Cómo fue ese momento?
-- Por la crisis cerré la fábrica y decidí que me iba a dedicar a pintar. Antes lo hacía, pero no con la intención de mostrar. Tomé la decisión de un día para el otro. Y se modificó toda mi vida. Tengo una esposa y una hija, por eso fue difícil decir que quería hacer esto y abandonar el marco de seguridad que brinda un empleo. Pero me apoyaron mucho.


-- ¿No tuvo miedo?
-- Cada vez que uno hace una vuelta y decide cambiar la dirección, hay un poco de miedo. Era el temor natural, el de cualquier persona cuando siente ganas de hacer otra cosa sin saber cómo le va a ir. El artista tiene que arriesgar todo. No puede haber arte si no hay riesgo o incertidumbre. No se puede hacer desde un lugar de seguridad, más allá de la seguridad propia.

-- Es una buena recomendación para un artista desanimado…

-- Tiene que trabajar mucho. El gran problema de los artistas es que creen que la sociedad les tiene que rendir pleitesía por el sólo hecho de serlo. Después, la vida te va enseñando una cosa muy básica: no se puede recibir sin dar nada. No hay que ubicarse en un lugar de genialidad, porque no es propia del artista. Es del obrero, del ingeniero, del médico. Yo creo que el éxito se mide de distintas maneras.


-- ¿Y cuál es su forma de medirlo?

-- Fui exitoso en el momento en que elegí dedicarme a la pintura, cuando dije "mi mundo es este". No por todo lo que me pasó después. Y si esto tenía que pasar, no es porque yo era un genio. El arte es otra cosa. Es una necesidad. Y para mí, que tengo una mirada visual como artista plástico, es un modo de ver.


-- Y en ese modo de ver al arte, está el parentesco con la cuestión social…
-- El arte se ve siempre como una cosa inútil. La pregunta es para qué sirve un cuadro y la verdad es que más que para colgarlo en la pared… Por eso me parece interesante mezclarlo con lo social. Arte es la palabra más globalizadora. Une a las personas y las iguala. Las vincula sin discriminar socialmente, por diferencias de religión o por edad. Resume la comunicación, sea visual o no. Lo importante es que los proyectos que desarrollo junto a otros artistas son como un recreo para las personas que participan.


-- ¿Cuáles son los temas que más le preocupan?

-- Los dos extremos: la niñez y la vejez, el principio y el final de la vida. Son los sectores más desprotejidos. Y más allá de eso, me preocupa la distribución de la riqueza y la igualdad de oportunidades. También, la situación de los aborígenes. Tenemos que empezar a tratarlos como seres humanos y no como "comunidades". Y ser más respetuosos con su forma de ver el mundo. Me parece que les hemos hecho mucho daño desde la religión y desde lo cultural, y sobre eso hay que reflexionar. Los hemos invadido y abandonado a su suerte.

Buenos Aires, 2004


“Oportunidad es una palabra que gira en mi obra, porque la pregunta es por qué yo tuve la posibilidad de plantear este modo de vida”, dispara Lockett. Tal vez, la respuesta esté en el pragmatismo que caracterizó la toma de la decisión inicial y que se mantuvo en las posteriores. No por nada, hace cinco años cayó en Buenos Aires convencido de que quería vivir del arte. Y en poco tiempo, sus obras “poco pretensiosas”, coloridas, alegres, de “lenguaje primario” y con influencias del
art brut, lo volvieron uno de los favoritos del público. De hecho, en las ediciones de Arte BA de 2006 y 2007 fue el artista que más vendió. Pronto, con el merecido mote de “gran revelación”, sus cuadros comenzaron a viajar por el mundo.

-- ¿Cómo fue su llegada a Buenos Aires?
-- Áspera. Es una ciudad difícil y a la vez muy generosa. Llegué por una fisura del sistema. Vi luz y entré. No estaba dentro de las becas, no pertenecía a ninguna galería ni escuela de arte. Vine buscando un lugar, me animé a recorrer, a mostrar mi obra. Vivir de esto era lo primero que tenía en la cabeza. No quería pintar y manejar un taxi. Es difícil saber exactamente cómo fue. Sí hubo mucha gente que me acompañó, como Teresa Anchorena, mi galerista, con la que estuve casi cinco años. Y después, me eligió el público y estoy agradecido. Sin público no hay artista.

-- ¿El reconocimiento fue como burlar los límites de la centralización de la cultura en la Ciudad de Buenos Aires?

-- Se dijo que yo era un artista de una provincia pobre que ahora le vendía a la gente rica. Eso es interesante. Por mi parte, yo nunca me sentí inhibido por eso. Al contrario, siempre tuve mucha avidez de aprender y expectativas por conocer. Eso hace mirar de otra manera, estár más ávido y atento a lo que pasa. La gente que vive en las capitales no puede levantar la cabeza y darse cuenta de algunas cosas, está muy encerrada por el mismo sistema de la metrópolis.

-- No puede despegarse de su tierra natal. Por eso sigue viviendo allá, ¿no?

-- Vivo allá y, también, un poco acá. Trato de ir adaptándome. Si bien toda mi carrera sucede en Buenos Aires y afuera, cinco años para atrás sucedía en el Interior. Y yo no abandono esa primera etapa, la tengo muy presente. No hay que olvidarse de dónde viene uno, eso es lo que mantiene la identidad. Y yo siempre voy a ser de Chaco. Y claro, allá me gusta vivir porque están mis amigos, mis afectos, mi hija, a quien no le podría modificar la vida, y mi esposa.


-- ¿Y cómo vivió el traslado de su carrera de Chaco a Buenos Aires?

-- En una primera etapa sentí mucha presión. Cuando uno empieza a ser reconocido o referente, todo empieza a tener otro peso. Por ejemplo, la palabra. Yo estoy hecho, en mi mundo, pero a los 40 años soy referente de gente de 20. Tengo 20 más de vida, que de por sí no garantizan nada: podés transformarte en un pelotudo total. Hay que ser muy responsable. Una decisión incorrecta hace mucho daño, a veces irreparable.


-- También podría ser un referente para nuevos artistas. ¿Lo cree posible?
-- No sé si podría abrirles el juego. Sí siento que hay mucha gente que al ver lo que hago queda con ganas de pintar, porque el mío es un lenguaje primario. Mi obra no es tan pretenciosa. Y eso abre la puerta para que otro diga "yo también puedo pintar". No es que trato de bajar el lenguaje, si no de ser más legible, más entendido. Muchas veces los artistas pintan pensando en que están construyendo una obra de arte y eso les genera mucha presión. La mía no tiene esa pretensión de obra de arte y por eso es accesible. Generó mucho nuevo comprador de arte. Personas que nunca compraron un cuadro se acercan.


--¿Es ese el público que pretende conquistar?

-- Creo que no hay que ser prejuicioso con el público, ni con los coleccionistas ni con la gente que quiere comprarse un cuadro y no sabe nada de arte. En realidad, no sé quiénes son los que saben, es otra cuestión para preguntarse. Muchas veces me compro cuadros sin saber sobre los autores o los detalles de la técnica. Por eso decía que el arte une. De hecho, conocí mucha gente famosa, con una posición muy buena. El arte es maravilloso porque te permite sentarte en la mesa con quienes nunca te hubieras sentado.


-- Y para más adelante, ¿qué se trae entre manos?
-- Por ahora, creo que me voy a retirar para trabajar más en lo social. Me gustaría trabajar más en la problemática social, desde un lugar más activo. Me gusta dedicarme de lleno a las cosas. Hoy soy más pintor. Tal vez haga una etapa de mucha pintura y después la deje. No quiero hacer nada a medias ni por etapas.


* Mañana y pasado de 16 a 19 en el Parque Navideño Reciclado (Figueroa Alcorta y Austria, Ciudad de Buenos Aires) se realizarán los últimos Talleres de Arte con Envases para niños, a cargo de Milo Lockett. La entrada es libre y gratuita.

jueves 17 de diciembre de 2009

Un Lindo Quilombo en San Telmo.-

Los cuerpos de mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños llevaron una explosión de color al barrio sureño de la Ciudad de Buenos Aires el pasado fin de semana, cuando bailaron al ritmo de los repiques de tambores en lo que fue la 1º Llamada de Candombe Independiente, convocada por media decena de escuelas y colectivos de baile rioplatense.

Por Adrián Pérez
Fotografías de Mariano Iñiguez

Con vestido de azucenas
ante Dios tú llegarás
y ángeles con arpas doradas
tus versos entonarán.
Porque tú le cantaste a la vida
tú le cantaste al amor.
Te perdiste entre las nubes
en alas de una canción.
La Juana Negra - "Réquiem para Juana"


Buenos Aires, diciembre 17 (Agencia NAN-2009).- El sol del sábado disputa su espacio con las nubes en un cielo que se muestra ajeno e indiferente a la contienda. En la autopista Buenos Aires-La Plata, sobre el Riachuelo, la lucha por trascenderlas es abierta; de evidente resistencia. Pero no amedrenta el temple de tambores que comienza a las 17, en Balcarce al 1400, ante la mirada de sorprendidos transeúntes que bajan por la avenida Garay; de familiares y vecinos que sabían por anticipado o se enteraron por el “boca en boca” de la 1º Llamada de Candombe Independiente Lindo Quilombo. Convocado por la Escuela de Candombe Bonga, Bombelé, Kankalakan, Candombe del Callejón, Guariló, Iyá-Kerere y La Chilinga, el toque arranca en Balcarce y avanza hasta Cochabamba, toma esa calle hasta Defensa y de allí hacia Independencia. El encuentro, que este año lleva como leit motiv “Por la Unión y la Dignidad del Candombe”, se inspiró en el desfile de Llamadas que se realiza en los barrios montevideanos Sur, Palermo y Cordón, donde se concentra buena parte de la cultura afro en Uruguay. Junto con el tango, el candombe fue declarado por la Unesco en 2009 como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

Cuatro bomberos bromean sobre la vereda, entre dos micros escolares que trasladaron tambores, estandartes, bailarines y bailarinas. Los vestidos de las chicas de La Chilinga, hechos de tiras color celeste, naranja, verde y blanco, atraen las miradas --y los comentarios sexistas-- de los servidores públicos. A unos metros de los voluntarios, la comparsa El Puente va de riguroso blanco. Las cuerdas y colectivos candomberos descansan el cuerpo y templan los tambores frente a un inmenso graffiti dibujado en el paredón que sostiene los fondos del Instituto Nacional Antártico. ¿Frío? De ninguna manera; el calor de la tarde lo ponen las candomberas y candomberos, sus familiares, amigos y los curiosos que se acercaron para acompañarlos.

Quienes ejecutan los tambores en Bombelé llevan dominó y remeras anaranjadas. En el pecho, una media luna y estrellas acompañan el nombre de la cuerda que llegó desde Lanús. En Guariló, todas y todos visten pantalón con rayas negras y blancas, y remeras negras con franjas verdes y azules que zigzaguean el pecho. Todos menos las dos señoras que salen a bailar con largos vestidos blancos: son las mama vieja, personaje típico del Carnaval montevideano, “vieja gorda” que representa al ama de llaves que cuida la casa. La mama vieja siempre va acompañada por el gramillero, un viejo curandero de barba blanca que lleva en su valija los yuyos medicinales para curar a la comunidad.

Además aparece el escobero, que lleva un bastón que viaja por su cuerpo y vuela en el aire. Al igual que el gramillero, posee status de mago, en su caso, por los malabares que sólo él puede hacer. Recientemente, a esta pléyade se incorporó la vedette, personaje más cercano al carnaval de Río de Janeiro que representa a la feminidad. “En Montevideo, Marta Gularte y Rosa Luna fueron mujeres que vivieron en los conventillos y que militaron por la libertad, los derechos de los negros y de las mujeres; imponían su cuerpo pero también su resistencia cuando salían en las Llamadas”, recuerda Agustina Martínez, directora musical de Iyá-Kerere, el primer grupo de candombe de Argentina cuya cuerda de tambores es integrada únicamente por mujeres.

Mientras los culos de los tambores, divididos por su sonido en “chico”, “repique” y “piano”, forman junto con las lonjas, algunas sujetas con tensores y otras con tachuelas, forman un círculo en el piso y se calientan alrededor del fuego, la estrella incandescente se abre paso entre las nubes. Tal vez los soplidos del Rey Momo despejaron las borrascas para darle paso a la alegría del carnaval, una fiesta que, en momentos en que era protagonizada por los negros esclavos en ambas orillas del Río de La Plata fue prohibida por ser considerada escandalosa y desenfrenada. “Quien ejecutara bailes y toques de tambor recibiría 200 latigazos”, ordenó en 1770 el Virrey Vertiz en Buenos Aires. En el siglo XX argentino, la dictadura militar también aportó su granito de arena cuando borró de un plumazo el carnaval del calendario de feriados, con la firma del decreto 21329/76, que aún sigue vigente.

Aunque sin la amenaza de los azotes, este año el calor popular le ganó la pulseada al capricho del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, que no pudo --o no quiso-- garantizar el pedido de los colectivos candomberos independientes, de agua, vallados, refrigerio, micros, iluminación, permisos para ensayar en la calle, y, aunque suene paradójico, seguridad. Hace cuatro años que se organiza esta clase de encuentro en Buenos Aires. Pero este año, y por la falta de respuesta oficial a los reclamos, la organización de la movida se dividió. Así, el pasado 6 de diciemrbe, la Dirección General de Promoción Cultural de la ciudad llevó a cabo la “Llamada oficial”, en la que prometían 20 comparsas, 400 tambores, 200 bailarinas pero donde "la participación fue menor de lo que publicitaron”.

Al menos, así recuerda aquel “toque” Mario, un vecino de Flores que enfatiza que estos eventos culturales "tienen que ser organizados para todos y no sólo para quienes son consecuentes con la política cultural de Macri". Y hasta se atreve a darle una sugerencia al jefe de Gobierno: "Debería subsidiar a todas las comparsas; o hay para todos o no hay para nadie". Martínez se suma a la discusión y denuncia que “el Gobierno tuvo una organización bastante pobre y un poco irresponsable porque muchas veces prometió cosas que no cumplió”. La palabra resistencia brota varias veces de sus labios: “Para nosotras, tocar el tambor es una cuestión de resistencia porque el tambor pesa 10 kilos; te sangra la mano, hay que pegarle fuerte y se te forman cayos en los dedos”.

El Puente, de Tigre; Candombe Vecinal, de La Boca y Tambores No Callan son algunas de las agrupaciones que acompañan a las comparsas Kankalakan, Candombe del Callejón, Bombelé, Escuela de Candombe Bonga del Movimiento Afro, Guariló e Iyá-Kerere, que firmaron el comunicado "Gobierno sin cultura, Cultura sin gobierno" y donde anuncian que seguirán luchando por la "unidad y dignidad del candombe como cultura popular".

Casi llegando a Garay, La Escuela de Candombe Bonga del Movimiento Afro termina de afinar instrumentos y de organizarse para salir. Un ensamble de doce vientos compuesto por trompetas, trombones, saxos altos y menores ensaya Cuando los santos vienen marchando, canción que ejecutarán en el arranque de la Llamada junto a la comparsa Candombe del Callejón.

Cerca de las 18.30, los tambores de La Chilinga --a cargo de Daniel Buira, ex baterista de Los Piojos-- y los uruguayos de la Cuerda del Buceo abren oficialmente la Llamada. La gente que minutos antes se agolpaba para admirar los trajes y personajes del carnaval se abre en un abanico. Lentamente, los candomberos cruzan la avenida Garay. Dos vedettes bailan detrás de dos grandes banderas y, un poco más atrás, dos mamas viejas hacen lo mismo en círculos, manteniendo una sonrisa inmutable. Un escobero y una escobera hacen malabares con sus bastones mientras las vedettes se mueven al ritmo de un repique fervoroso y endiablado.

Garay y Paseo Colón. Los automóviles detienen su marcha ante el flamear de una bandera uruguaya. Detrás de La Chilinga, los estridentes tambores de El Puente comienzan a retumbar en las paredes y en los cuerpos de los presentes. El candombe de Tigre se hace escuchar. Hombres y mujeres, todos con remeras blancas, algunos con boinas color ocre, apuran la marcha tras los pasos de la comparsa del oeste. Mientras gritan "ohhhhh", cinco pibes de la familia Bonga, de entre 5 y 11 años, posan para las cámaras de padres y tíos que no paran de festejarlos. Esta llamada es, definitivamente, una fiesta de la familia candombera, y, por qué no, de la familia rioplatense.

Balcarce y Cochabamba. Las chicas de Iyá-Kerere cortan la esquina para que los tambores de El Puente puedan avanzar y girar rumbo a Defensa. En Cochabamba al 300, Olga sale a la puerta de su PH para aplaudir el paso de la cuerda, que se detiene para regalarle unos toques antes de continuar camino hacia Defensa. La Chilinga gana la calle rumbo a Plaza de Mayo y sus vedettes saludan a dos señoras que agitan las caderas desde el segundo piso de un edificio, mientras el cuerpo de 17 bailarinas y las mamas viejas cruzan San Juan.

San Telmo está alborotado como nunca. Más vecinos se asoman a los balcones y saludan el paso de la “serpiente musical”. El casco histórico de la ciudad atrae más y más curiosos, turistas y todo aquel que quiera bailar al ritmo de los tambores, retomando el viejo espíritu de “recuperar las calles para el carnaval”. Humberto 1º y Defensa. La serpiente asoma su cabeza en la Plaza Dorrego y los tambores chilingueros, que se habían aplacado momentáneamente, vuelven a vibrar. Los comensales del bar Dorrego son hipnotizados por el paso de la cuerda y salen del local para confundirse en un baile ritual con las vedettes y el cuerpo de baile chilingo.

La tarde muda su piel y refleja los últimos rayos de sol en el lomo de la “serpiente musical” y en el empedrado de San Telmo. Estados Unidos y Defensa. Un gordo y un flaco que ignoran el paso de la Llamada dejan su estela de verde maría. Las primeras cuerdas que encendieron el ritmo del barrio llegan a su destino final: Independencia. Los Tambores No Callan, colectivo que surgió de la autoconvocatoria para la marcha del 24 de marzo de 2008, se acerca a la avenida con un grupo de nueve bailarinas espontáneas. Los pasteles del cielo abren los brazos a la llegada de la noche, mientras un punk de chaqueta de cuero y pantalones nevados cruza Defensa con dos bolsas, en ambas manos, repletas de hamburguesas y gaseosas.

Un estandarte en el que se lee "Candombe, Barracas Sur, 98'-09'" en letras rojas, amarillas y verdes anuncia que Kankalakan se prepara para fundirse en un abrazo de parches y color con las primeras comparsas que llegaron a Independencia y Defensa. Cuatro banderas enormes abren paso a bailarinas y candomberos, entre los autos que se desesperan por cruzar, y un cuarteto de pequeñitas baila desenfrenadamente con los tambores de seis pequeños.

"Comunidad Afrocultural. Hermandad Bonga. Aruba (Asociación Residentes Uruguayos en Buenos Aires)", reza otro estandarte con dos banderas argentinas y uruguayas que aparece con el cierre de la jornada. Las chicas de Iya-Kereré hacen sonar sus tambores junto al cuerpo de baile que acompaña el toque y las decenas de personas que danzan junto a los parches. Todos los colectivos se funden en un abrazo musical en Independencia y Defensa, como protegiendo un movimiento cultural y político que llegó, en la tarde del sábado, para barrer con todas las nubes del cielo.

Iyá-Kerere: www.myspace.com/comparsaiyakerere
Bombelé: www.bombele.es.tl
Hermandad Bonga: www.myspace.com/hermandadbonga
Guariló: www.facebook.com/posted.php?id=96934694044
La Chilinga: www.chilinga.com.ar