viernes 26 de febrero de 2010

Estrella del Oriente: “Las potencias económicas quieren que pintemos gauchos y sandías y que no discutamos sobre qué es el Arte”.-

Marcelo Céspedes, Pedro Roth y Juan Capurro son tres de los cinco miembros del colectivo que “salió al ruedo” en 2007 con una revista abocada a la reflexión sobre la “desorientación” del arte pos-posmoderno. Además de sus intervenciones en los baños del Malba, entre sus proyectos se cuenta “La ballena va llena”, que pretende convertir a personas en obras de arte a través de una epopeya oceánica. Intentan demostrar que el régimen de legitimación actual “expulsa a las personas a la Nada, mientras coloca al arte en el Todo”. Aparte, opinan sobre el mercado del arte y el clima de “velorio” en los museos.

Por Facundo Gari
Fotografías de Cecilia Villegas

Buenos Aires, febrero 26 (Agencia NAN-2010).- Una locura: un gigantesco crucero de titanio con forma de ballena y una enorme réplica del mingitorio de Marcel Duchamp sobre cubierta. Una sensatez: hacer de hombres y mujeres, obras de arte. Una locura: un presupuesto estimado de ¡108 mil millones de dólares! Una sensatez: un cafecito con amigos por miércoles en asamblea en la confitería Lorea, en Congreso, siempre sobre la misma mesa contra un ventanal. Locos o sensatos, una gentileza: el cortado de Agencia NAN corre por cuenta del Círculo Social Artístico Deportivo y Cultural Estrella del Oriente (EO), conformado por los artistas plásticos Juan Carlos Capurro y Pedro Roth y el productor de Cine Ojo Marcelo Céspedes. El pintor Daniel Santoro y el cantante Tata Cedrón completan el quinteto (otrora sexteto, antes de la muerte del periodista de jazz Nano Herrera). ¿A qué se dedica el colectivo? Esencialmente, a la edición de una revista epónima que se puede descargar e imprimir desde http://www.estrelladeloriente.com/. Pero también a una miscelánea de iniciativas que se desprenden de su devenir reflexivo a propósito del estatuto del Arte.

Es que cada presentación de un nuevo número de la publicación --que va por su cuarto ejemplar-- está supeditada a ese punto cardinal pero a su vez alimentada por la multiplicidad de miramientos que contempla el colectivo desde su génesis y en su denominación --es decir, sociales, artísticos, deportivos y, englobando a todos ellos, culturales--. Ello, barnizado además con esa clase de humor que algunos padres insisten en adjetivar “sano” y con esa viveza que, tal vez por desprenderla de la “criolla”, acaece sobre el concepto tan poco consensuado de “inteligencia”. Para dar un ejemplo, lo antedicho: en junio del año pasado, EO presentó en el Centro Cultural Recoleta (CCR), y ante un auditorio lleno y jocoso, el proyecto “La ballena va llena”, que mejor lo explica uno de sus mentores:

Juan Carlos Capurro: -- “La ballena…” es una experimentación en campos muy diversos que estamos plasmando en una película. Nace porque trabajamos la idea de que en el mundo se expulsa a la gente que quiere migrar de un lugar a otro, que es como se desarrolló la humanidad. El hombre empezó a caminar desde África, se encontró con el neandertal en Europa y siguió hasta Tierra del Fuego. Y ahora, en los países industrializados, la legislación contra los migrantes es persecutoria y criminalizante. Por otra parte, la política para la protección de las obras de arte es extraordinaria, ejercida por la Comunidad Europea y EEUU. Lo que vimos es que, aplicando las mismas leyes, si una persona se convierte en obra de arte no puede ser expulsada. Al respecto, uno de los principios fundamentales es el de legitimación. Cuando uno lleva un cuadro a un museo, el legitimador decide: “Esto no, esto sí”. Y tenemos todas las herramientas necesarias para demostrar que una persona puede ser una obra de arte a través de un proceso alquímico en un barco de titanio con forma de cetáceo.

Una sensatez.

Pocos días antes de la última Navidad, otra conferencia en el CCR los encontró con un doble anticipo audiovisual que será parte del cuerpo del documental que Capurro menciona: un corto que ilustra la marcha de los cinco artistas en busca de financiamiento para la construcción del crucero (particularmente, la alegre insistencia de Roth y Céspedes por comunicarse telefónicamente con Begoña Guerrica, responsable del área de Arte de la Fundación Botín española, en busca de un subsidio); y la fotonovela titulada Cómo el CAYC nos cambió la cabeza. Fotonovela para adultos del mundo del arte, que muestra al quinteto en una peluquería situada en lo que durante los ’80 fue el Centro de Arte y Comunicación, corazón porteño de la vanguardia artística de antaño. Lo que intentan probar allí en sus propios cuerpos (en sus propias cabelleras) es que el “pasaje” a obra de arte es fáctico. Un desfile de melenas verdes, amarillas y rosadas sobre la calle Viamonte lo verifica. Resulta una pena que hayan tenido que cortarse el pelo para las fotos que ilustran la entrevista con esta agencia.

-- ¿En qué circunstancias crearon EO?
J.C.C.: -- En las circunstancias en las que estamos en este momento: en este bar, en esta mesa, en la que nos reunimos desde hace muchos años con Santoro. Luego se sumó Roth y con el proyecto “La ballena…” se incorporó Céspedes. También Cedrón, que se encarga de la cuestión musical (en cada aparición, interpreta el himno de la agrupación, una milonga cuya letra corresponde al poema “Lejos”, de Federico Peralta Ramos). Y Herrera, que se incorporó a la mesa. Entonces, se creó un espacio de trabajo semanal. Y, en 2007, decidimos salir con una revista. Por qué tomamos ese nombre es una larga historia…

-- ¡Por fortuna, el soporte virtual no pone límites!
J.C.C.: -- Bueno. Primero fue por azar, que es lo que gobierna todos los actos, en particular a los de la creación. Segundo, porque tenemos un particular imán por Oriente desde que Occidente es lo que es. Oriente es lo opuesto: lo místico, lo maravilloso. Y tercero, porque descubrimos en un libro usado de Almafuerte un sello de una asociación anarquista de Valentín Alsina que se llama así. Un sello realizado por un artesano…
Pedro Roth: -- En Argentina existe una tradición de grandes grabadores que son los que llevaron adelante la preocupación por lo social al arte, tema que no ocupan los pintores desde sus obras.
J.C.C.: -- Y eso es bueno, porque estamos completamente en contra de la orientación social entendida como una cuestión de realismo.

-- ¿Cómo es eso?
J.C.C.:
-- ¡Ah, claro! Estamos a favor de la absoluta libertad del arte y decimos que no debe estar condicionada por nada.

-- ¿Por eso no hay un “arte argentino”?
J.C.C.:
-- Claro. No hay un “arte argentino”, ni un “arte japonés”, ni un “arte mexicano”. Y ése es un tema muy polémico.
P.R.: -- Lo países centrales quieren obligarnos a hacer un “arte argentino”. “El ‘arte grande’ lo hacemos nosotros, ustedes hagan ‘arte argentino’. No nos jodan, no queremos que todo el mundo tenga cartas para jugar en la mesa en la que están Picasso y Andy Warhol. Pinten gauchos y sandías y no nos discutan sobre qué es el Arte”. Es una imposición que viene de allá.
J.C.C.: -- Por eso, si bien cada uno tiene su punto de vista, y esa amalgama va dando sus resultados, en general opinamos que en el arte no se puede estar sujetado más que a la ley de la absoluta libertad.

-- ¿Lo opuesto de ello serían las “industrias culturales”?
J.C.C.: -- La imposición de cualquier tipo de dogma, sea político, estatal o el que fuese. No porque desechemos lo político en sí, sino que el Arte está sujeta a leyes propias que tienden a ser las de la anarquía, en un sentido profundo. No puede trabajarse de una manera condicionada, no te pueden decir que tenés que sacar una foto en la que salga tal o cual cosa.
P.R.: -- Lo que realmente nos conjuga es pensar haciendo. Todo esto que estamos pensando, lo estamos haciendo para transformarlo en EO. No es sólo una mesa de café que termina cuando levantan las tazas.

-- ¿Pero cuánto tiene que ver en esta pérdida de libertad del artista la mercantilización de las obras de arte?
J.C.C.: -- La obra de arte es una mercancía como cualquier otra y un artista tiene derecho a vivir de ello. Una cosa no implica la otra, claro: se puede hacer arte sin dinero. Ese no es el punto. El tema es si eso condiciona…


-- Si quienes tienen dinero son los únicos que pueden decidir qué es una obra de arte…
J.C.C.: -- Claro. Estamos en una época de grandes elegidores. Por ejemplo, hoy las fundaciones condicionan el arte mundial. Eso no lo decimos nosotros, lo dice la revista The economist. El templo mayor del capital internacional sacó un dossier hace dos meses sobre la actuación del arte en el mundo como un tema financiero, con la explicación de las fundaciones involucradas, cuántos millones de dólares se manejan y la incidencia de la crisis en el mercado del arte. No es la forma en la que lo vemos nosotros. Intentamos comprender. Muchas veces los artistas no podemos pensar este problema, pero lo debemos hacer porque está incidiendo en el desastre que hay en el terreno del arte mundial, admitido por griegos y troyanos.

-- Eso dicen en la presentación del primer número de la revista. Allí hablan además de los “opinólogos” del arte. ¿Quiénes son?
J.C.C.: -- Aquellos que pretenden vivir del arte sin realizar. Nos parece bien que puedan criticar, siempre y cuando sean hacedores quienes lo hagan, que estén comprometidos, involucrados. Si alguien opina no es un opinólogo, sino alguien que se apasiona. No estamos en contra de los críticos, pero sí de los que hacen de ello una profesión vinculada al negocio…

“Negocio” no se escucha del todo, por el tumulto repentino que crece desde la vereda de la confitería: un hombre, tal vez de unos 40 años, toma del buzo camperita a un joven, quizás de unos 20 años, y lo empuja. El joven cae. Un policía se aproxima y hace que el muchacho coloque sus manos en la espalda. Lo tendrán en el piso al menos veinte minutos. Poco se le entiende al hombre, que grita enardecido, pero Céspedes balbucea lo que algunos curiosos pensarán al pasar: “Parece que alguien robó algo”. Capurro acota: “No me parece que haya robado… Lógicamente, el tipo agarró a un pibe flaco y es un gordo que mide 400 metros. Me hubiese gustado que fuera de otra manera.” Roth también mira a través del ventanal. El hombre continúa gritando, busca adeptos a su reclamo: “¡Ahora lo agarran y después lo dejan libre!”. Por una abertura de la ventana, Capurro le responde con un alarido: “¡A los gobernantes dejan libres, a los ricos dejan libres!” El de afuera sigue: “¡Hay que colgarlo, hay que colgarlo!”. Desde adentro: “¡Cortala!” Y, entre bocinazos y voces, Capurro no escucha el insulto del hombre (“¡Qué me gritas, viejo de mierda!”) porque, casi a la par, comenta: “Esto genera una violencia terrible”. Vuelve a mirar por la ventana y ahora son tres oficiales los que revisan al joven en el suelo.

J.C.C.: -- (Acude por la hendija de la ventana hacia los policías) ¡No tiene nada! (Vuelve a la conversación) ¡Ese “luchador de toda la vida” dice que “hay que colgarlos a todos”! (Exclama con el índice en alto. Luego suspira decepcionado) La realidad irrumpe y también es una forma de desenvolverse. Si hiciéramos una película mostrando esto, no estaríamos contribuyendo. El arte tiene caminos muy misteriosos. Porque confrontar con cuestiones, desde otro lado, ayuda a desenvolver el pensamiento.

-- Pero hay artistas que deciden mostrar este tipo de situaciones. ¿No es válido?
J.C.C.: -- Sí, todo es válido. No es nuestra búsqueda porque lo ve todo el mundo. Y el arte ayuda a mostrar las cosas que no vemos.

El que pedía la horca es visible, pero al menos ya no se escucha.

-- Volviendo sobre “La ballena…”, ¿cómo se produce lo que ustedes denominan “pasaje” del ser humano a obra de arte y qué analogía guarda el concepto con las formas de legitimación actuales?
P.R.: -- Antes, cualquiera podía decir lo que era arte y lo que no, por una tradición de dos mil años que venía de la religión. Con el cambio de diccionario, cuando la Verdad dejó de ser religiosa y pasó a ser científica, no fue acompañada de una nueva estética. Entonces, aparecieron los nuevos grandes expertos que deciden sin denominador común. Nosotros ampliamos las fronteras y decidimos que las personas también son obras de arte, y nadie nos lo puede discutir porque lo puede ser un pedazo de vidrio roto o un sistema virtual. Y hay antecedentes: en el Instituto Di Tella, La familia obrera, de Oscar Bony, era una familia real en exhibición.
J.C.C.: -- No pretendemos ser novedosos. Lo novedoso es la situación. Cuando Bony hizo La familia… fue para recordarle a la generación de los ‘60 que se llevó el mundo por delante en las empresas, que el que estaba trabajando era el obrero. Ahora es al revés: a la familia obrera la tiran a la calle. Si Bony hiciera lo mismo hoy, sería un fracaso. Para lo único que podría exhibir a la familia es para ver si le dan de comer. Entonces, esa indagación que hoy está vacante fue surgiendo en “La ballena…”, la de la expulsión de los seres humanos a la Nada, mientras el arte es colocada en el Todo.
P.R.: -- Por eso los que tienen algún tipo de sensibilidad social se concentran en los cartoneros, porque ahí sucede Algo, hay alguien que acciona sobre la realidad. Es muy difícil hacer la Nada visible: hay que rodearla y crear un dibujo. Y cuando esa Nada empieza a accionar sobre la sociedad, aparece porque hizo Algo, como este joven tirado en el suelo. “Osó dejar de ser la Nada.” Esto empieza con Martínez de Hoz cuando destruye la industria nacional pensando que así puede eliminar al movimiento obrero.

-- Y por el lado del Todo, ¿qué sucede con las instituciones? En palabras de Santoro, ¿cómo acciona el tiempo sobre las vanguardias, como lo fueron el Di Tella y el CAYC y lo es el Malba?
J.C.C.: -- El eje de nuestro trabajo no indaga a las instituciones, pero en el camino surgen estas cuestiones. En marzo, saldrá un nuevo trabajo de EO sobre la situación de las instituciones que son manejadas por el mercado financiero, con un Estado que resigna en parte su intervención. Hay un gran negocio en el arte que tiene que ver con el lavado de dinero, con las transacciones internacionales, el flujo de capitales.
Marcelo Céspedes: -- Por eso, cuando hablamos de financiación de los proyectos como “La ballena...”, me río. Acá no hay sino autogestión. Lo de la búsqueda de financiación es una crítica a esa búsqueda del arte para legitimarse.
P.R.: -- Estamos haciendo una investigación sobre cuáles son los dirigentes de las últimas bienales y grandes ferias, cómo se vinculan entre sí y por dónde pasan las decisiones que se toman en relación al mercado del arte y la estética.

-- Por último, ¿qué creen que debería suceder para que más gente se acerque a los museos?
J.C.C.: -- Tendrían que ser autogestionados. No puede ser que un comité o una persona anciana y del balero esté decidiendo qué hacer. Lo primero sería permitir que gente que esté interesada por el arte participe en asambleas para decidir qué se hace con el lugar. Tiene que irrumpir la vida, porque es un velorio. Y uno de los aburridos.

Pedro Roth:
http://www.pedroroth.com.ar/
Daniel Santoro:
http://www.danielsantoro.com.ar/
Cine Ojo:
http://cineojofilms.blogspot.com/

jueves 25 de febrero de 2010

Entrelíneas: el arte de la "In-Comunicación".-

Fundamentalmente a través de la danza, pero también de la música y la animación, el colectivo que empezó a emerger hace tres años “habla” de la “no comunicación”: una máxima de la actualidad que se trasluce en toda una serie de situaciones cotidianas que dejan al descubierto la “falta de conexión” entre las personas. Las brechas, las condiciones y las desigualdades son algunas de las temáticas que eligen poner en escena desde el colectivo que, en una charla con Agencia NAN, deja reflejado su trabajo.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Entrelíneas

Buenos Aires, febrero 25 (Agencia NAN-2010).- Aseguran que cada elemento que conforma su espacio escénico habla de lo mismo. Pero el verbo “hablar” se golpea de frente con su objeto, que es a la vez el eje central de In-Comunicación --el espectáculo que nació de ellos--, y “a la vez uno y miles porque nunca es el mismo”, apunta Laura Feijoó. Ella es bailarina y una de las tres fundadoras de Entrelíneas, un colectivo artístico que reúne la danza, la música y la animación en cada una de sus construcciones. Suena contradictorio que la puesta “hable”, justamente, de la no comunicación; pero es así: “La obra es una constante de situaciones cotidianas en las que la violencia de la incomunicación se hace protagonista: en la calle, la tele, el subte. En la vida. Buscamos trasladar las vivencias de esa falta de conexión entre las personas al espacio escénico”, continúa su compañera, Alina Marinelli, que también baila. Ambas coinciden con Georgina Forconesi, su otra colega, en recalcar que su trabajo sobre el suelo artístico --que es el que pisan los niños en una plaza, el de varios centros culturales o la calle-- no es mera mimesis, sino más bien una construcción discursiva que chorrea sentido. Ese que emana Entrelíneas desde su propia “manera de hacer arte”.

Laura es porteña, Alina llegó desde Hurlingham. Y Georgina, la tercera en sumarse al núcleo iniciático del colectivo, cambió su San Nicolás natal, de la provincia de Buenos Aires, por la urbe porteña para estudiar el arte que practica desde que tiene memoria: danza. Y aclararlo a esta altura ya es obvio, es uno de sus puntos en común. Sin embargo, niegan que sea el elemento que amalgame cada pedazo del colectivo --y por pedazo entiéndase artistas, objetos, sonidos e incluso teoría--. “El espacio escénico --quiebra Laura-- nos abraza y lo abraza a todo”. Luces, vestuario, sonidos, animación, músicos, bailarines, escenografía. Todo es en In-Comunicación pero también en el grupo pedazo de la obra, pedazo de su esencia. Todo habla. “Nos atraviesa la visión social del arte”, concluye.

-- ¿Cómo es eso?
Laura Feijoó: -- No están dadas las condiciones para que el arte por el arte mismo se dé. Son circunstancias que conllevan un montón de condicionamientos, tanto al acceso como a su producción. Consideramos al arte desde el centro mismo de esos condicionamientos. No estamos en contra de los teatros: si nos invitan a bailar al San Martín, vamos a ir. Pero no son lugares que el grupo elija. Sí elegimos los espacios públicos, no convencionales, porque son a los que tienen mayor acceso, y porque, además, eso habla: es una forma de decir que no nos queda mucha opción.

Como está a la vista, es una “decisión política”, asegura Alina. Como lo fue, también, tirarse el lance para participar del próximo Festival Internacional de Danza de Cuba Habana Vieja: Ciudad en Movimiento, que tendrá lugar del 7 al 11 de abril. Allí presentarán la obra “Nervio”, un solo de danza contemporánea interpretado por Feijóo. En Argentina, en plazas, centros culturales, veredas y hasta la propia calle son cinco los bailarines que “se suben” a cada escenario improvisado para poner en funcionamiento la comunicación de la no-comunicación, o --mejor llamarlo por su nombre-- In-Comunicación, el espectáculo que arman, desarman y rearman desde que se independizaron y nacieron como colectivo.

Todos esos artes se entremezclan en el espectáculo, se combinan para construir el mensaje: “In-Comunicaición está hecha de nuestra vivencias --abre el juego Laura--. Son miles las situaciones que a diario, en la calle, el subte y la tele presenciamos, en las no hay comunicación entre los individuos. Y eso es tremendamente violento. Que un nene esté pidiendo una moneda en la calle y que la gente que pasa por su lado ni lo mire, lo invisibilice por completo; eso es violento”. In-Comunicación es el traslado de todas esas situaciones al espacio escénico. “Al fin y al cabo, la obra termina reflejando el núcleo ideológico del grupo, las interminables desigualdades en las condiciones de acceso a ciertos bienes, productos, derechos”, concluyó la bailarina.

Se conocieron hace tres años en una mutual cooperativa del barrio porteño de Mataderos, en donde Feijóo era la encargada de formar un cuerpo de danza que lo representara. Las otras dos olfatearon y se plegaron, aunque “el proyecto de la mutual se cayó rápido. Y con él, la mutual. Así que decidimos abrirnos”, recordó Marinelli. El espacio ya no estaba, pero las ganas seguían fluyendo por sus venas: ganas de bailar, de investigar, de conocerse, de crear juntas. Las convicciones, también, sugiere Forconesi: “Siempre fue bastante clara la orientación de nuestra búsqueda: la de un trabajo influenciado por lo social, lo cotidiano y las falencias de las que esos ámbitos están llenos”.

Básicamente, lo que siempre tuvieron en claro es qué clase de arte querían hacer con sus dones, esos que llevan en la sangre y les permite, según ellas, “quebrar todo parámetro”. Laura piensa un momento. Es que eso de tenerlo venas adentro le provoca, muchas veces, la imposibilidad de acomodar las ideas para expresar en palabras lo que significa. “El cuerpo está totalmente educado para hacer movimientos mecánicos, para cumplir determinadas funciones durante el día, para ser percha de otras cuestiones. La danza rompe con eso: con el espacio, con el tiempo y el uso cotidiano del cuerpo”. Queda claro. Y no queda ni pizca de lugar para las dudas si se las ve bailar.

Sin un lugar fijo, lo primero que hicieron “en ese punto de inicio, esa especie de precipicio que es todo comienzo”, fue definir las temáticas que iban a ser ejes de su arte y de cada paso que dieran como grupo. “No fue casual. Queríamos hablar de la falta de comunicación y de la amplia brecha que separa a la sociedad según las condiciones de acceso a todo”. El segundo paso fue definir cómo decirlo. “Y ahí sí, nos surgió nuestra base: el movimiento”, culminó Feijóo, bailarina que hace no mucho tiempo decidió “largar todo a la mierda” para animarse a vivir de lo que ama. Hoy sobrevive dando clases de entrenamiento en danza contemporánea en centros culturales.

Entrelíneas no sigue un estilo específico de danza. Ni de música. Mucho menos de animación. “In-Comunicación tiene partes de lo que cada uno de los integrantes del colectivo trajo y trae”, señala Alina. “Somos muchos, cada uno de orígenes artísticos diversos. Es imposible, como grupo, cerrarse a los aportes que cada uno trae. No se podría llevar nunca a la práctica en la construcción colectiva”, agrega Georgina. Es que a ellas tres, con el tiempo se sumaron dos bailarines más, un cuerpo de músicos --“artistas amigos que hacen músicas con elementos-no-instrumentos”-- y una animadora encargada de los audiovisuales que se proyectan en sus espectáculos. Cada uno de ellos pone un poco de su esencia, en el versátil cuerpo del grupo Entrelíneas.

Blog: http://grupoentrelineas.blogspot.com/

miércoles 24 de febrero de 2010

Defensa y Carlos Calvo, una esquina en silencio.-

Allí sonaba, domingo tras domingo, la música de la Orquesta Típica Ciudad Baigón, un grupo de músicos que, desde 2007, sobrevivía con su arte “a la gorra”. Sin embargo, las quejas de algunos comerciantes de la transitada esquina --sobre todo por pies extranjeros y bolsillos cargados de dólares-- y las maniobras políticas de funcionarios del gobierno porteño callaron los instrumentos. “Se están persiguiendo a artistas callejeros que forman parte del paisaje cultural de San Telmo”, apuntó el abogado que defiende a los músicos en la pugna judicial por recuperar el espacio.

Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza Ciudad Baigón

Buenos Aires, febrero 24 (Agencia NAN-2010).- La calle es un espacio común. Nada mejor que ella para reunir en forma espontánea y sin obligación alguna a un grupo de personas para mostrarles lo que apasiona y se sabe hacer. En un espectáculo callejero, uno espía la puesta en escena con la que se topó y luego decide si será o no espectador. En la mayoría de los casos, no permanece hasta el final de la obra, puede que pocos minutos basten para satisfacerse. Incluso, puede retirarse y al rato volver a pararse frente al improvisado escenario. No hay horarios fijos, ni precios por butaca ocupada. Así, la mayoría de los espectáculos en la calle no imprimen reglas, su impulso es el ansia de ser, existir y llegar a vivir del arte; para lograrlo se debe subsistir en un espacio público de burocráticos obstáculos. Orquesta Típica Ciudad Baigón se encuentra en esa lucha por ser y trabajar, sin más reglas que la autorización del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para establecerse sobre los caminos porteños. Pero hace un tiempo, no encuentra más que complicaciones. A mediados de enero, inspectores de Espacio Público, acompañados por la Policía Federal, expulsaron de la esquina de Defensa y Carlos Calvo, en San Telmo, al grupo de músicos amenazándolos con confiscar sus instrumentos. Los hostigaron hasta el hartazgo con actas de contravención. Desde ese momento, el espectáculo callejero dejó de existir en esa esquina como era habitual cada domingo y, en su lugar, un patrullero se ofrece en exhibición.

La calle, para Ciudad Baigón, es el medio que hace mucho tiempo le permite un ingreso para subsistir y mantener sus proyectos. A mediados de 2007, la orquesta --bandoneones, violines, violas, chelo, contrabajo y piano-- comenzó su ejercicio en Defensa, la peatonal dominguera de San Telmo. Allí, durante seis o siete horas, ofrecía un espectáculo para quien quisiera detenerse unos minutos o más. Fue una calle de gran ayuda para el impulso y promoción de dos discos que “tuvieron muy buena repercusión, llegando a vender más de 14 mil unidades”, repasó el director de la orquesta, Hernán Cabrera, en diálogo con Agencia NAN.

El espacio público también le permitió el despegue hacia dos giras europeas --por ocho países-- y se convirtió en el puntapié para la creación --como cooperativa con otros grupos-- de un teatro independiente y un auditorio pronto a inaugurarse.

Todos estos logros sucedieron en dos años. Sin embargo, el 2009 no los recibió de la mejor manera. Según explicó el director, empezaron a recibir “denuncias, injustificadas,
por supuestos ruidos molestos por parte de algunos pocos comerciante influyentes de la zona”, que llegaron acompañadas de reiteradas amenazas de secuestro de los instrumentos por parte de la policía en caso de no retirarase de ese cruce de calles. Y las trabas no fueron sólo ésas. A principios del año pasado, cuando intentaron conseguir la renovación del permiso que la Dirección General de Uso del Espacio Público les otorgaba para hacer el espectáculo en la vía pública, la autorización les fue denegada con el argumento de que “en esa esquina se estaban realizando obras del programa Prioridad Peatón. Algo absolutamente falso porque pudimos constatar que no hay ningún tipo de trabajo ni señalización que indique su ejecución”, afirmó el abogado de la orquesta, Juan Manuel Di Teodoro.

Para denuciar la "arbitrariedad" de la decisión con la que se denegó el permiso, Ciudad Baigón presentó un amparo judicial en mayo de 2009. Como prueba, los integrantes de la orquesta adjuntaron fotos certificadas por un escribano público a través de las que se demuestra "la inexistencia de obras públicas en las calles Defensa y Carlos Calvo", explicó Cabrera. Entre las pruebas, también se incluyeron firmas de vecinos y algunos dueños de anticuarios que "apoyan nuestra actividad al considerarla de gran valor cultural", completó el director.

Los trabajos en la vía pública estuvieron ausentes hasta la actualidad y no sólo la orquesta lo testificó. Algunos vecinos de la zona indicaron la misma versión: “No estamos enterados de la existencia de ninguna obra en el lugar ahora ni antes. Lo que sí puede haber es alguna tarea de mantenimiento esporádica y, de haberla, es durante la semana” y no los domingos, cuando el grupo realiza su espectáculo. ¿Podría ser que algún tipo de programa o plan de infraestructura pasara desapercibido por las personas que viven y trabajan en la zona? Desde el Ministerio de Desarrollo Urbano porteño, responsble de las obras, se informó algo distinto. Sin mayores precisiones, fuentes de esa cartera indicaron que “efectivamente se están realizando obras hidráulicas y las que dependen del programa Prioridad Peatón”. Esa fue su única declaración.

Durante todo el año pasado los obstáculos se fueron acumulando. Además de las “visitas policiales” y las acusaciones de algunos comerciantes, los músicos debieron resistir a las más de diez actas de contravención que la Fiscalía General de la Ciudad levantó en su contra por exponer un espectáculo en la vía pública sin un permiso, afirmó Di Teodoro. Pero la música siguió sonando domingo a domingo, hasta que, hace poco más de un mes, llegó un desenlace muy poco sorpresivo. “Inspectores del Ministerio de Espacio Público y la policía nos obligaron a dejar la equina definitivamente, mediante las conocidas amenazas de que nos iban a secuestrar los instrumentos y a poner multas”, denunció Cabrera. Desde ese momento, la orquesta no pudo volver a tocar en Defensa y Carlos Calvo.

Un sector privilegiado del pintoresco barrio porteño vio con buenos ojos la medida tomada por el gobierno: “Nosotros pagamos nuestros impuestos como corresponde, por eso no me parece justo que ellos estén en la calle obstruyendo la vista de nuestros negocios. Así que me parece perfecto que los levanten”, manifestó algo enfurecida, pero satisfecha, una comerciante del barrio.

Sin embargo, Ciudad Baigón --como cualquier otra actividad artística callejera-- cuenta con un marco legal que la ampara: el decreto 1239/93, que crea un registro para que músicos y artistas ambulantes puedan inscribirse y tramitar el permiso para realizar espectáculos en la calle. Sin embargo, la ley se torna impotente ante las artimañas políticas. “Lo ridículo de esta situación es que se está persiguiendo a artistas callejeros y vendedores ambulantes, que forman parte del paisaje cultural de San Telmo”, cuestionó el letrado.

martes 23 de febrero de 2010

La Patrulla Espacial, Radio Interstellar, Trigal, Invisible Circle y Weirding Module en el Centro Cultural Favero.-

Ruidismo, krautrock electrónico y blues se combinaron la noche del viernes pasado en una maratón de bandas: a las vernáculas La Patrulla Espacial --que continúa presentando Todos los ocasos, sú último trabajo discográfico-- y Radio Interstellar, se sumaron las visitas de Trigal (España), Invisible Circle y Weirding Module (EEUU). Hubo garúa, Magical Mistery Tour, humo y hasta perros vagabundos infiltrados.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Facundo Arroyo

La Plata, febrero 23 (Agencia NAN-2010).- “Estás bailando sin poder hablar y sobre una nube (oscura) vas a naufragar”. La consigna que se anticipa en “El pefume”, segundo track de Todos los ocasos, único larga duración del grupo patagónico-platense La Patrulla Espacial, parece concretarse de manera progresiva durante la noche del viernes pasado en la ciudad de La Plata. Bajo una garúa filmínica, el público se da cita en el Centro Cultural Daniel Favero para iniciar una jornada espacial.

Pasada la 1, la puerta que da al escenario principal se cierra y el gran cortinado bordó se desliza por completo para que ningún haz de luz perdido se anime a molestar. Un proyector se enciende y, mientras los tres músicos de Radio Interstellar se acomodan en el escenario, la proyección de la película Magical Mistery Tour se refleja detrás de ellos, en otro cortinado oscurecido por el humo. Una computadora dispara una base y el show comienza. El krautrock electrónico, intimista y sideral, con bases repetitivas y una guitarra melancólica, seda a las más de cien personas sentadas en el piso que esperan la progresión de la música.

Cuarenta minutos después, el set termina. Las luces no se encienden, pero mientras el público se mueve de lugar, una luz se cuela entre los cuerpos. Sin poder distenderse del todo en los pasillos, los músicos de Trigal, Invisible Circle y Weirding Module se enchufan para comenzar su show importado que une música electrónica de corte experimental con un noise podrido, plagado de clarinetes y voces distorsionadas.

Estos tres músicos son la cereza del postre anticipada. Juan D'amico, un platense que vive en España y que formó su propio sello (Discos de la Flor Solar, desde el que editó dos vinilos de LPE); el estadounidense Dave Kadden, oboe bajo el brazo, con su proyecto solitario Invisible Circle; y Michael Troutman, bajista del grupo de rock psicodélico Awesome Color (banda apadrinada por Thurston Moore, de Sonic Youth), dan rienda a un show de lo más intimista. Ruidismo, glitch, gritos desgarradores y un clarinete agudísimo crean los climas subibaja, con guiños progresivos, para el público que aún sigue sentado en el suelo de madera. Cuatro perros callejeros caminan entre la gente y son bienvenidos a la comunidad del ruido, mientras los cuatro integrantes de LPE se acomodan para darle inicio a su show.

Diez minutos antes de las 3, la banda y su séquito fiel --incluso ante las adversidades del clima bonaerense-- están preparados para el viaje. Todos los ocasos se presenta oficialmente en la ciudad donde fue procreado y lo hace por partida doble: CD y vinilo editados por el sello de D'amico le hacen un guiño a su influencia más notoria, Pappo’s Blues, que resurge en cada canción ejecutada por LPE y la voz rockera de Bowie, su cantante.

La gente ya está bailando cuando suena el primer acorde de “El perfume”, un clásico rock que traza un puente entre los años '70 y la actualidad. Las ansias de rock brotan en un mes en el que la ciudad comienza a poblarse de los viejos estudiantes y de aquellos que recién llegan. Todos ellos presentes, se sumergen en el viaje, mueven sus piernas y cabezas al compás de las bases metronómicas de Tulio Simeoni y Werner Scheneider, mientras se deleitan con los solos de Lucas Borthiry y Bowie Vilche.

Los cuatro integrantes de LPE comandan una nave que ya tiene más de tres años y varios pasajeros a bordo. También un EP, Boogie en la luna, con su vinilo respectivo, y el primer larga duración en ambos soportes. Comandantes de una nave espacial que trasciende la luna del cuenco platense y sacude a sus viajeros con turbulencias en clave kraut, a esos que por más de una hora se animan a despegar.

La Patrulla Espacial:
http://www.myspace.com/lapatrullaespacial

lunes 22 de febrero de 2010

Libros: “El núcleo del disturbio” (Samanta Schweblin, 2002).-

Si bien el año pasado publicó Pájaros en la boca, su segundo libro de relatos, vale la pena rescatar éste, su ópera prima, editada hace ocho años. En ella, la escritora reúne doce cuentos inquietantes construidos entre lo fantástico y lo real.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, febrero 22 de 2009 (Agencia NAN-2010).- Gruner queda atrapado en una estación de tren de un pequeño pueblo porque no tiene cambio para comprar su boleto. Los días pasan y ninguna formación se detiene, los que quieren irse se quedan y los quieren llegar se retrasan. Mientras espera, se revela una rara hospitalidad entre el boletero y su mujer. Es el argumento de “Hacia la alegre civilización de la Capital”, el primer cuento de El núcleo del disturbio (Destino), de la narradora Samanta Schweblin (31), publicado ocho años atrás. Se trata de un libro de doce relatos inquietantes construidos entre lo fantástico y lo real. Este primer libro de Schweblin --quizá la voz más talentosa y reconocida de la Joven Guardia--, obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes en 2001 y el primer premio del Concurso Nacional Haroldo Conti.


En “Matar a un perro”, un hombre debe superar una prueba para entrar a una organización criminal. El rito de iniciación para saber “si uno es capaz de hacer algo peor” es matar a palazos a un perro en una plaza de Buenos Aires. Así, los perros aparecen como metáforas de lo humano. “Mujeres desesperadas”, relato sobre damas abandonadas al costado de una ruta desierta, es una alusión a la guerra de los sexos, contada de manera cruda. Ocurre lo mismo en “Adaliana”, que narra, incluso de manera más drástica, la violación de una joven. Aquí Schweblin --que el año pasado publicó su segundo libro de relatos, Pájaros en la boca-- narra con eficacia cómo un hombre selecciona a sus víctimas de entre sus empleadas domésticas. Ellas, “acostumbradas a los quehaceres culinarios, intuyen el espanto como un aroma que proviene de lejos”.

En “La pesada valija de Benavides”, el más extenso cuento del libro, un hombre mata a su mujer tras 29 años de matrimonio y enrosca el cuerpo en una valija. Luego, el cadáver es convertido en una obra de arte y espectáculo, pese a la oposición del asesino, por un psiquiatra y un experto en arte que especulan con los sentimientos de su paciente, el público. “Agujeros negros” es un cuento fantástico que cuenta el padecimiento de una señora que es transportada instantáneamente de un sitio a otro.

En primera persona, un narrador de nombre Segundo, con tres balas en el estómago, debe introducir una clave en una compuerta, pero se encuentra atrapado, siempre regresa al comienzo. Es la trama de “Mismo lugar”. El cuento “El momento” reúne al escritor y filósofo Jean-Paul Sartre, al novelista y dramaturgo Boris Vian y a un barman llamado Dios. Narra la historia de una máquina que produce luces que dan un segundo más vida. El lugar está ubicado a pocos kilómetros de una taberna en la que Vian discute a diario con un lector.

Finalmente, vale destacar que el título del libro no refiere a un cuento homónimo sino a una red de disturbios, trastornos y conflictos que atraviesan cada uno de los doce textos, logrando así un núcleo argumentativo a lo largo de todo el texto: en cada relato, los protagonistas intentan una salida a cada núcleo de disturbio.

Sitio:
http://www.samantaschweblin.com.ar/

viernes 19 de febrero de 2010

Juan Ravioli: “Hago pocas canciones pero quiero que duren".-

En esta foto está serio, pero Agencia NAN apuesta a que es dueño de una sonrisa perfecta. A la espera de sus siguientes presentaciones, el próximo viernes en Casa Brandon y el 14 de marzo en Ciudad Cultural Konex, el joven músico porteño se sienta en la mesa de un bar de Almagro a recordar sus primeras aproximaciones a las melodías, a hacerle el aguante a la independencia y a brindar por los amigos y por la música. “Es un lenguaje, un mundo aparte donde no hay palabras”, define.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografías gentileza de Bruno Dubner

Buenos Aires, febrero 19 (Agencia NAN-2010).- La sonrisa de Juan Ravioli es perfecta. Mientras su cuerpo solitario ocupa por completo el escenario y sus dedos recorren las cuerdas de la guitarra, esa mueca en su rostro domina la situación y exhibe sin mesura el placer que experimenta. Y contagia. Luego, cuando sus cuatro compañeros de banda lo secundan, se transforma, deja de ser ese chico que, en la más absoluta soledad, mira de frente al público para mostrarle sin tapujos cada partícula de su ser, y se convierte en un muchacho extrovertido que baila y bromea. Pero nunca, nunca, pierde la sonrisa. Ni siquiera cuando, lejos del calor de las luces del escenario y apartado de los instrumentos musicales que armonizan sus palabras, se sienta, encorvado, en una mesa de un bar de Almagro para hablar con Agencia NAN.

Para Ravioli es difícil pensar en su vida separada de la música: de pequeño solía escuchar a su padre cantar. “En general, lo que uno experimenta de chico, queda”, afirma demostrando la seguridad que siente al estar en el lugar indicado. La multinstrumentación, otro de los rasgos característicos del muchacho de rostro juvenil, que puede ejecutar con profesionalismo más de cinco instrumentos, también data de aquellos días, cuando sus padres lo enviaron a estudiar con una profesora que proponía abordar la música desde el juego, descubriéndola. Quizás desde entonces Juan piensa a la música de manera minuciosa. Tiene en cuenta cada detalle y logra que sus composiciones sólo puedan desmenuzarse en una infinita cantidad de partículas que juntas resultan, claro, perfectas. Como su sonrisa.

A pesar de que la producción de cada uno de sus discos es “lenta y ardua”, Ravioli no duda de participar en numerosos proyectos artísticos de sus colegas. Más que eso, de sus amigos. Así, desde hace tiempo toca con Pablo Krantz, Ariel Minimal, Flopa, Franco Salvador y Ulises Conti, entre muchos otros. “Soy un entusiasta: donde me llaman, si me interesa y hago falta, voy”, explica con sencillez. Más allá de esa inquietud constante, sostiene que las uniones se producen de un modo natural y, a la vez, están libradas a la suerte. “Son como una constelación que en ese momento se fusiona en la música, que es un lenguaje, un mundo aparte donde ya no hay palabras”, subraya con convicción. Y luego resume que esas conjunciones se materializan solamente por “una cuestión de piel, de entendimiento y disfrute.”

Aunque por momentos pueda parecer que el azar determina sus encuentros con otros artistas, esas comuniones no están absolutamente atravesadas por la eventualidad sino que Ravioli concuerda con las formas de trabajo y con “lo que dicen” esos hacedores. “Realizan canciones que a mí me gustaría hacer o que, tal vez, yo podría hacer, pero que por alguna razón no hago. Entonces, comparezco en eso; siento lo mismo que ellos”, puntualiza.

Como si su cuerpo fuese el de una hormiga que construye su lugar ocupándose de cada granito de tierra para lograr su cometido, Ravioli se toma todo el tiempo que sea necesario para que sus composiciones sean no perecederas: “Me las ingenio haciendo pocas canciones que me duren”. Ése es uno de los motivos por los cuales sus discos solistas (los dos LP Álbum para la juventud, volumen 1 y Álbum para la juventud, volumen 2 y el simple Noviembre) fueron editados por la cooperativa discográfica Azione Artiginale, sello que fue creado por los músicos de Pez. “Las circunstancias dan para que hoy elija la independencia. En un momento de mi vida, me crié con Pez y Flopa, grupos que me parecen muy sinceros y honestos con su trabajo. Relacionándome con ellos, cuando me tocó sacar un disco, no pensé en llevarlo a EMI, entendí que el camino era ése”, sostiene complacido.

Juan explica que sus dos larga duración, a pesar de parecer estar dedicados a una juventud generalizada, hablan sobre sí mismo, sobre los “problemas iniciáticos” que solía tener de joven y que aún conserva. Luego, la reflexión del hombre orquesta acerca de su futuro artístico llega sin titubeos: “Pienso que voy a estar ligado a una música más sin palabras que con ellas”.

Mientras Ravioli toca en vivo, y demostrando su absoluta carencia de egocentrismos ridículos, el músico no duda en recomendarle al público asistir a un recital de Defórmica, o en distinguir a las bandas que le gustan interpretando sus canciones. En ese sentido, desde hace un tiempo tiene entre manos la posibilidad de hacer un disco de versiones, en el que piensa incluir adaptaciones de temas de Mostruo!, Pequeña Orquesta Reincidentes, Avant Press y Julieta Rimoldi, entre otros. “Son temas que me acompañaron en un momento, que me gustaron, que escuché mucho, que no se tocan más, que conozco yo y un número muy limitado de gente. Entonces, me parece que sería un homenaje a esas canciones y un intento para que vuelvan a escucharse”, resume.

A pesar de sostener, entre risas, estar estresado y necesitar vacaciones, el lánguido cuerpo de Juan parece no poder detenerse. Como si los matices que tanto busca plasmar en su música fuesen los mismos que determinan la intensidad con la que transcurren sus días, no descansa. Ahora espera a que el 26 de febrero se abran las puertas de Casa Brandon y, luego, el 14 de marzo, la Ciudad Cultural Konex lo reciba para que su sonrisa vuelva a adueñarse de la audiencia.

Sitio:
http://www.juanravioli.com/

jueves 18 de febrero de 2010

Iyá-Kerere-Leli Kelén y Mwanamke-mbe: con tacto de mujer.-

Tradicionalmente, el candombe es considerado como singular y masculino; pero con el correr del tiempo comenzó a encontrarse una grieta que permitió la participación femenina en la percusión más allá del baile. Las responsables de esa ruptura fueron las chicas de Iyá-Kerere-Leli Kelén, primera cuerda integrada sólo por mujeres, y otros colectivos que siguieron el impulso, como Mwanamke-mbe, de La Plata. Las directoras musicales de ambos grupos charlaron con Agencia NAN, contaron sus motivaciones y explicaron por qué mantienen la esperanza de no estar pregonando en el aire.

Por Adrián Pérez
Fotografía de Sofía Esteban

Buenos Aires, febrero 18 (Agencia NAN-2010).- "Mujer que quiere ser, mujer que se libera saliendo de la quietud, mujer que se estremece tocando un tambor". Tal es la presentación de Mwanamke-mbe (en swahili, "mano de mujer"), formación de tambores de La Plata ejecutados únicamente por chicas, que nació de la influencia del primer colectivo de percusión argentino compuesto por mujeres: Iyá-Kerere (en yorùbá, "madre pequeña")-Leli Kelén (en mapuche, "abrir los ojos"). Con el calendario marcado por la llegada del carnaval al Río de La Plata y de las siempre atractivas Llamadas uruguayas, Agencia NAN conversa con Maricel Abayú, fundadora de la cuerda platense, y con Agustina Martínez, creadora del cuerpo de tambores porteño, quienes se atrevieron a derribar un viejo prejuicio: que ellas sólo pueden ocupar el lugar del baile en el candombe. Entre otros temas, las directoras musicales hablan de sus motivaciones para abrirse camino en un género dominado por los hombres y por qué mantienen la esperanza de no estar pregonando en el desierto.

-- No es habitual ver un grupo de mujeres tocando tambores. ¿Por qué eligieron ese instrumento?
Agustina Martínez (Iyá-Kerere-Leli Kelén): -- Viajé a Uruguay cuando tenía 15 años; de casualidad llegué a las Llamadas de Montevideo y me pasó algo medio mágico. Fue como que me metí de lleno en el mundo de los tambores. Lo viví como un ritual que nunca antes había visto. Cuando regresé a Buenos Aires busqué a alguien que me enseñara el mundo del candombe y así fue como llegué a la Escuela Lonjas de San Telmo, donde comencé a tomar clases con Claudio Martirena, un uruguayo que vivió en el conventillo Mediomundo, en el barrio Sur de Montevideo, donde mamó la historia del candombe. Tuve la suerte de aprender con él y de participar en Lonjas de San Telmo. Aquí, sólo había hombres en las primeras comparsas; la mayoría de ellos, morenos y uruguayos. Con el tiempo comenzaron a abrirse a blancos y uruguayos, después a todos los hombres, pero meterse en ese ámbito era muy complicado para una mujer. Nadie te iba a prohibir tocar pero te miraban mal, te exigían una fuerza que, por lo general, las chicas no tienen. Si bien no sabemos si realmente fue así, circula una historia que ubica a la mujer como quien ejecutó por primera vez un tambor.
Maricel Abayú (Mwanamke-mbe): -- Yo conocí los tambores sin saber que se trataba de candombe. Eso fue en 2005, cuando escuché la cuerda de un amigo a quien le pregunté sobre la música que tocaba. Le dije que quería aprender y me invitó a un taller de percusión. Tomé clases y al mes empecé a tocar en Lonjas 932, una comparsa de candombe de Tolosa. Luego me fui a Ensenada, a tocar con Tambores Tintos; fue ahí donde aprendí a tocar candombe. Si bien en La Plata no hay exclusión, sí predominan los hombres. En realidad, eso fue y es algo histórico.

-- ¿El tambor tiene una energía masculina?
M.A.: -- Te demanda resistencia y esfuerzo. En ese sentido, la fuerza que nos exige me remite más a lo masculino.
A.M.: -- Por eso creo que es sorprendente encontrarse con un grupo de 30 ó 40 mujeres tocando los tambores, porque esa energía masculina termina convirtiéndose en algo súper femenino que transforma esa situación. Es muy fuerte para la gente que viene a nuestros toques y eso lo observamos en sus expresiones; nos damos cuenta de que al público le sorprende vernos. No tocamos mejor ni peor que los varones.

-- ¿Cómo fue el proceso que nació de ese “a ver qué pasa”?
A.M.: -- Fue una incógnita que comenzó a movilizarme cuando dejé de sentirme cómoda en los grupos en los que participaba. Fue entonces cuando pensé en armar algo nuevo, con la premisa que fuera de mujeres y la inquietud puesta en saber cómo iba a funcionar. Abrimos una convocatoria para todas las mujeres que quisieran hacer candombe, tanto para las que ya tocaban como para las que comenzaban de cero. Iniciamos un taller donde hubo todo un proceso de aprendizaje. Actualmente, Iyá-Kerere trasciende lo femenino porque se preocupa más en cómo armar los códigos de esta comparsa: cómo nos comunicamos, nos organizamos, funcionamos en comisiones. Decidimos todo horizontalmente, y eso nos une mucho.

-- ¿Cómo germinó la semilla en Mwanamke-mbe?
M.A.: -- En mi caso, tenía la necesidad de conectarme con la energía femenina. La comparsa donde estaba (Tambores Tintos) me daba un montón de cosas pero no eso. Quería saber qué pasaba siendo todas mujeres y tocando los tambores. Aunque debo reconocer que me costó un montón irme porque los Tintos eran todo para mí. Pero la verdad es que necesitaba otra cosa. Al tiempo fui a ver a las chicas (de Iyá-Kerere) a Tolosa y me pasó algo fuerte: la energía que transmitieron en ese toque me impactó. Y pensé: "No voy a viajar hasta Buenos Aires para tocar porque vivo en La Plata". Y decidí armar algo acá. Fueron tres meses de dudas y miedos porque eran muchas cosas nuevas. Había que armar un grupo, dirigirlo, transmitir lo que sabía, buscar la forma de transmitirlo. Entonces, un día tomé la decisión y hablé con la comparsa para contarles. Después llegó la convocatoria por mail. El primer día llovía a cántaros, pero vinieron quince chicas; ya nos conocíamos con ocho de ellas. Fue ahí cuando pensé: "Esto es un camino de ida". Empezamos de a poquito. Recuerdo que éramos quince personas para tres tambores que nos habían prestado unos amigos; ninguna de las chicas tenía tambor, algunas recién comenzaban. Cuando les pregunté por qué habían venido, todas hablaron de lo difícil que era empezar de cero en otros grupos. No es fácil tocar candombe.

-- ¿Por qué?
M.A.: -- Porque es mágico. Podés explicarlo desde teoría o ritmos pero necesariamente tenés que captarlo desde otro lugar. Al menos, a mí me pasa eso. En lo personal, no me costó aprenderlo desde lo rítmico. Sí me costó esa cosa de la magia necesaria para ensamblar todos los tambores. Hay un momento en el que la cabeza te hace click. Entonces, por más que te expliquen o te canten, sólo vas a entender el ritmo si lo sentís. Es un proceso que lleva un montón de tiempo y que vas sintiendo a medida que vas tocando.
A.M.: -- Es como que hay que poner en palabras, llevar a un proceso racional algo que no aprendiste desde lo racional. A mí nadie me explicó los pasos. Me dijeron esto es así y tuve que copiar. Creo que el candombe, por lo general, se aprende de ese modo.

-- ¿Qué diferencias y similitudes encuentran entre la escena platense y porteña?
A.M.: -- En Buenos Aires, hay “cabezas” más tradicionalistas. Por ahí, en La Plata hay una movida de gente que aprendió, estudia y toca con mucho respeto pero esos grupos tradicionalistas consideran que allá se toca desde otro lado; no tanto desde la negritud, no tanto desde los esclavos que desembarcaron en San Telmo. El candombe tiene toda una tradición de resistencia que lleva al movimiento a cargar con eso, como un peso, y se cierren un montón de puertas.

-- Precisamente, en diciembre recordabas --durante la 1º Llamada de Candombe Independiente de San Telmo-- a Marta Gularte y Rosa Luna como uruguayas que vivieron en los conventillos y militaron por la libertad, los derechos de los negros y las mujeres.
A.M: -- El candombe es, claramente, una cultura de resistencia desde la negritud, desde aquellos esclavos a quienes se les prohibieron los tambores y que siguieron tocando en el Río de La Plata. Y desde los uruguayos que, como sus antepasados, continuaron haciéndolo durante la dictadura. Hoy, más allá de que el candombe fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, seguimos resistiendo, porque hay vecinos a los que el ruido les molesta y llaman a la policía, que nos persigue en la calle para levantarnos contravenciones. Estoy convencida de que, al alzar los tambores, también nos colgamos esa rica historia de lucha.
M.A.: -- Aunque en La Plata la policía nos obligue a apagar el fuego con el que templamos los parches, nosotras vamos a seguir yendo a la plaza donde nos reunimos todos los domingos.

-- Volvamos sobre la cuestión de género. Hace un instante decían que la mujer ocupó un lugar marginal --y lo sigue teniendo-- para ciertos sectores tradicionalistas.
A.M.: -- Hay un preconcepto que quedó cómodo para muchos: los hombres tocando y las mujeres bailando. En Uruguay, tenés personajes típicos: está el gramillero, que es hombre, es el viejo que lleva las medicinas; la mamá vieja, que es el ama de llaves. Otro personaje es el escobero, también, hombre. Las comparsas uruguayas tienen 150 personas bailando; acá tenemos tan sólo de 20 para arriba. Pero siempre, en casi todos los casos, el cuerpo de baile está compuesto mayormente por mujeres. En cambio, en el cuerpo de tocadores son todos varones. La idea está fija. También pasa que si un hombre baila y no toca el tambor, es como difícil de digerir. Asignar roles termina siendo una cuestión cultural y social desde el preconcepto: la mujer tiene que cocinar y el hombre salir a trabajar, cuando en realidad hay hombres que cocinan bárbaro y está buenísimo que así sea. Desde el surgimiento de La Melaza, muchas más mujeres empezaron a tocar el tambor en Uruguay. Acá pasó lo mismo con Iyá-Kerere, y si bien no vinieron con nosotras por cuestiones de distancias o tiempos creo que, en los últimos años, se incrementó el número de mujeres haciendo candombe, y se multiplica porque somos conscientes de que se puede hacer buen candombe y disfrutarlo mucho (N. del R.: La Melaza surge con un objetivo claro, definido: hacer escuchar sus tambores --y su candombe-- el 8 de marzo de 2005, durante las actividades por el Día Internacional de la Mujer).

--¿Qué provoca más dolor? ¿El preconcepto tradicionalista (por no decir machista) que proviene de un género al que ustedes abrazan o las manos al golpear las lonjas?
A.M.: -- En realidad, los golpes de tambor no duelen tanto (risas). Sí se forman cayos en los dedos pero cuando estás tocando no pensás en eso.
M.A.: -- Cuando imaginé formar una cuerda de mujeres no pensé en el feminismo. Más que nadapensé en que pasaba con la energía femenina en el candombe. Yo toqué en una comparsa donde éramos dos mujeres fijas y el toque era súper fuerte, al palo, pero en realidad quería conectarme con otra cosa. Lo que hay en Mwanamke-mbe es un amor que excede todo lo demás. En algunas oportunidades hemos tocado mal, pero no nos bajoneamos por eso. Porque es tal el amor que le tenemos al tambor que seguimos laburando para tocar cada vez mejor.

-- ¿Qué más rescatan de la experiencia de haber formado una cuerda de mujeres?
A.M.: -- Una cosa más maternal, que viene del tacto, de tener menos prejuicio al momento de abrazar al otro. En cambio, si dos hombres se abrazan es como que "eso es medio 'raro'". Podemos estar todas juntas una hora y hablar sobre cosas muy profundas que nos sirven para el crecimiento del grupo. Tejer lazos profundos que trasciendan al tambor hace que, mientras estás tocando, todas estemos súper conectadas, con la música y con la persona que tenés a tu lado.
M.A.: -- Una sensibilidad especial. El candombe genera algo maravilloso en las personas porque podes encontrarte, socializar, compartir y disfrutar cosas malas y buenas. Desde el afecto pasan otras cosas. Conozco comparsas donde se toca o se baila para afuera, para mostrarse, pero nosotras no tocamos para demostrarle nada a nadie; lo que hacemos, lo hacemos para nosotras.

-- ¿Dónde y cuándo pueden verlas tocar?
M.A.: -- Los domingos, desde las 17, en la Plaza España de 7 y 66, en La Plata.
A.M.: -- Los sábados, a las 18, en Pinzón y Antonio Zolezzi, en la Boca.

* Para celebrar sus tres años de formación, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, Iyá-Kerere invita a todos y todas, pero especialmente a las mujeres candomberas --tamborileras y bailarinas--, a desfilar el 8 de marzo, desde las 19, en Pinzón al 700 (La Boca). Y para festejar el Bicentenario, Mwanamke-mbe convoca a una gran Llamada, en la semana del 25 de mayo, en el Galpón y Centro Cultural de Tolosa.

Iyá-Kerere: http://myspace.com/comparsaiyakerere
Mwanamke-mbe: http://mwanamkembe.multiply.com/
La Melaza: http://lamelaza.com/
Galpón de Tolosa: http://galpondetolosa.blogspot.com/

miércoles 17 de febrero de 2010

“Extranjero” en foco.-

La muestra fotográfica que se inaugurará mañana en el Centro Cultural Borges con entrada gratuita, reúne casi 70 instantáneas de 22 artistas sobre una inquietud surgida en los talleres del colectivo FotoDoc: ¿quién no se sintió fuera de lugar alguna vez?

Por Nicolás Sagaian
Fotografía de Valeria Forster gentileza de Extranjero

“Fronteras que rigen los sumos lugares,
fronteras tangibles y siempre intocables”.
“Fronteras” - Silvio Rodríguez.


Buenos Aires, febrero 17 (Agencia NAN-2010).- Pueden ser reales o simbólicas. Separan ideologías, modos de vida, etnias, gustos, modas y mucho más que un territorio de otro. Discriminan un Nosotros de un Ellos, un Afuera de un Adentro; pero por sobre todo, las fronteras operan diferenciando, mediando y excluyendo. Acaso, “¿quién no se ha sentido fuera de lugar alguna vez?” ¿Quién no se ha sentido extranjero, incluso dentro de su mismo entorno? Ese es el eje fundamental de la muestra fotográfica que el grupo FotoDoc '09 presentará a partir de mañana hasta el 14 de marzo, de forma libre y gratuita, en el pabellón IV del Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín).

La búsqueda estará centrada en hacer visible lo que es una fija en la cotidianidad: las limitaciones simbólicas, la migración, las dificultades, la discriminación y la exclusión. “Una especie de relato, a través de varias imágenes, de la realidad de aquéllos que están inmersos en una comunidad pero no se sienten adentro por las nuevas configuraciones sociales”, adelantó a Agencia NAN Antonio Vázquez Brust, uno de los 22 artistas que forma parte del colectivo. FotoDoc 'o9 no está conformado íntegramente por fotógrafos de profesión: hay desde abogados hasta contadores, lo que promueve una heterogeneidad de miradas, enfoques o concepciones sobre un mismo tema en un movimiento que intenta escaparle a lo ya dicho u homogéneo.

Allí radica lo atractivo de la exhibición. Casi 70 fotos, de los más diversos tamaños, cuadros y contrastes de colores, generan un impacto visual y un nítido mensaje sobre la extranjeridad y las migraciones en el siglo XXI, si bien las puntas para abordar la temática pueden ser muy variadas y complejas. “Cuando hablamos de la migración, las fronteras, el adentro o el afuera, podemos tocar la adaptación, la incorporación de un idioma, el trabajo, las costumbres arraigadas, hasta los trámites por los que tiene que atravesar una persona para formar parte de una nación”, remarcó Leticia Pogoriles, y en esa aclaración puntualizó algunas de las materias sobre las que se constituye la muestra, que tiene implícitos aspectos del pasado aunque está anclada exclusivamente en la actualidad.

Es que cada extranjero o institución retratada conlleva sobre sus espaldas una historia. Como la de un anciano de Santiago del Estero, cuarta generación de esclavos, o la de la resistencia del tradicional hotel de inmigrantes de Avellaneda: mil y una anécdotas que en una imagen son difíciles de contar. Por eso, los artistas tuvieron que rebuscárselas para retratar todo este universo en un trabajo documentado. A tal punto que en muchas fotos se les hizo necesario utilizar un sintético texto adicional “para enriquecer la imagen sin dejar cosas afuera”, remarcó Teresa Pascual, fotógrafa innata que realizará su segunda participación en una muestra abierta, al igual que varios de sus compañeros.

Los artistas, en su mayoría jóvenes, masticaron la idea de esta exhibición desde un taller de fotografía documental que el grupo FotoDoc realizó como todos los años. Allí, tras varios meses de aprendizaje intensivo, “surgió la propuesta de encarar un tema de serio compromiso, y en un torbellino de ideas se impuso el pilar de la muestra: ¿quién nunca se sintió fuera de lugar?”, relató Matías Baruta. Él también sintió en carne propia ese conflicto de no pertenecer, durante los viajes que realizó por todo el país y algunas ciudades de Latinoamérica. “Cuando uno llega a un lugar al que no se puede integrar se siente atacado, desplazado”, comentó sobre su experiencia y la que le tocó vivir, como a otros, en el trabajo de campo.

Por eso, obstáculos no faltaron. Es que con el correr del tiempo y las modificaciones sociales, la inmigración desnudó, cada vez más, los conflictos que conlleva en sí misma, como la estigmatización, la discriminación y también la activación de mecanismos de defensa en esos “extranjeros” que intentan evitar el rechazo social. “Entonces, comunidades como la de los senegaleses o bolivianos se cierran mucho en su núcleo chico, y no se abren fácilmente”, afirmó Teresa, que primero tuvo que realizar un acercamiento relacional para después de varios encuentros fotografiar la autenticidad de los extranjeros.

Quizá tratar la cuestión de las fronteras y las divisiones no sea un tema nuevo en sí mismo; los artistas lo reconocen. Pero, de igual manera, defienden el eje fundamental de la muestra, ya que la situación de la extranjeridad cambió respecto a los años anteriores. “La xenofobia, la exclusión y la explotación se hacen cada vez más amplias en el mundo globalizado. Todo se rige por un input-output y, por lo general, lo que está afuera queda desechado”, sostuvo Leticia.

El problema de ello es que se toma como algo naturalizado, debido a que la discriminación está arraigada a cualquier estructura social. Y eso es lo que lleva a la visibilidad esta muestra no uniforme en la que participan, desde la orientación, consolidados profesionales, como Daniel Merle, jefe de Fotografía en diario La Nación y Victoria Quintiero, docente de una cátedra de Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, los artistas se mueven: van más allá y si bien aún no inauguraron la muestra, no se quieren quedar en una única presentación, ya que pretenden convertirla en itinerante.

“Sería muy importante llevar la muestra a otros lugares despojados. También tenemos pensado conformar un colectivo de trabajo para que el impulso no quede sólo como resultado de un taller”, consideró Antonio, entusiasmado como todos sus compañeros. Por lo pronto, están enfocados en plantar la muestra de la mejor manera, para que la fotografía como elemento de documentación deje bien marcada su idea de las fronteras como esa separación que divide el Adentro y el Afuera, que puede ser real o simbólica y que llega funcionar como fundamental, pero también (y sobre todo) como innecesaria.

Extranjero:
http://www.muestraextranjero.com.ar/
FotoDoc:
http://www.fotodoc.com.ar/

martes 16 de febrero de 2010

“Oh, Dios mío” en el Auditorio Ben Amí.-

Con ribetes de drama existencialista y de fábula pero en clave de comedia, la obra teatral de la autora israelí Anat Gov en versión de Juan Freund cita a un Dios abatido en el consultorio de una psicóloga. Aquí, Él se permite reír cuando tropieza con un corpiño de su interlocutora, aunque también se angustia: “Creé al hombre para darle de comer a los animales, pero destruye el mundo”, hace eco en la sala, cuyas dimensiones atentan contra la intimidad del texto.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Oh, Dios mío

Buenos Aires, febrero 16 (Agencia NAN-2010).- El hombre tiene un problema: Dios. ¿Cuántas veces ese de arriba --o cualquier similar envestido por estatuto de omnipotencia-- se llevó la culpa de pesares personales o de media hora de noticiero? “¡Dios me libre!”, “¡Me cago en Dios!”, o simplemente dejar de creer. Cualquiera que padezca, aunque de lejos, la guerra o el hambre podrá entender. Más aún, cualquiera que haya decidido convertirse al ateísmo. El razonamiento es Regla de Tres: Dios es todopoderoso; la guerra es mala; la guerra es culpa de Dios, que no se sabe para dónde cuerno está mirando. Pero la cosa no es tanto creer o reventar, sino depositar la miseria humana en un objeto externo. Sobre eso se interroga Oh, Dios mío, obra teatral escrita por Anat Gov y dirigida por Juan Freund, que se presenta todos los jueves y sábados a las 21 en el Auditorio Ben Amí (Jean Jaurés 746).

Aleccionadora --con moraleja y todo--, filosófica y existencialista, la pieza es aún así una comedia, ya que se permite bordear el humor. Sobre todo porque narra un encuentro bien particular: el de una psicóloga y Dios. Ellá (interpretada por Silvia Franc), una terapeuta especializada en niños con dificultades de aprendizaje, manda a su hijo a ver Shrek mientras aguarda a su próximo paciente. Se la nota alterada, histérica: percibe que quien está por golpear la puerta le representará un nuevo desafío. Quien ingresa se da en llamar Señor D. (Eduardo Wigutow), un hombre de sombrero, lentes, bigote y presencia potente, sin ánimos de develar su identidad. Actitud que, claro, no es bien recibida por ella y que da lugar a un comienzo tenso, amenazado constantemente por el abandono. Hasta que, en un momento, el Señor D. deja a un lado su misterio y decide responder el cuestionario propuesto por Ellá.

Él dice que es un artista mutifacético de 5.770 años. La terapeuta se inquieta y le propone derivarlo a un psiquiatra, pero él se niega. “Necesito que me escuchen. Algo terrible va a ocurrir.” Y ahí, sin vueltas, con la voz bien grave y con la advertencia de la música de Gabriela Goldman que no llega a ser tétrica pero que ilustra el enigma, el Señor D., hundido en la desesperación, se anuncia: “Soy Dios”.

Al principio, la relación entre ellos es de lo más tirante, porque ella tiene dificultades para creer en Dios. El diálogo adquiere calidez cuando finalmente recupera la fe, luego de varias pruebas. El Dios de Freund resulta tan omnipotente como para hacer llover según su antojo, pero tan humano como para llorar por el desconsuelo que le producen los errores del humano. Es un Dios que, cansado de escuchar las quejas de los hombres “que nunca agradecen nada”, pide a gritos compasión y hasta, parece, se esfuerza por dar lástima.

La humanización de Dios es uno de los puntos más interesantes de la pieza: Dios es capaz, incluso, de usar su poder divino para presionar a Ellá y continuar con la sesión. Lejos de valerse de arengas, es realmente un tipo deprimido que no sabe qué hacer con su vida y que se ríe cuando se sienta sobre el corpiño de su terapeuta. En cuanto al problema de Dios, justamente aquí se invierte la ecuación: es el hombre. “¿Por qué creé a ese maldito? Lo hice para darle de comer a los animales, regar las plantas…. Pero él destruye el mundo, contamina ríos, genera baños de sangre”.

En la indagación por su psiquis, no faltan las críticas a la deidad. De hecho, terapeuta y Dios llegan a la conclusión de que lo que él persiguió al crear al hombre es sentirse amado --lo que busca cualquier persona, según la terapeuta-- y que, cuando no lo consiguió, se vengó. Así, pasean por el texto bíblico para poner el acento en algunas desgracias, como la violencia entre hermanos --por ejemplo, entre Caín y Abel-- o la muerte de los hijos de Job --aunque habitualmente se le eche la culpa al Diablo--. En su afán por conseguir la atención de su amigo, y consciente de haberla perdido, Dios se habría dado la licencia de no garantizar su bienestar.

Por eso es que la cuestión no es creer o reventar. Freund explica muy bien la idea que gira en la obra y cómo conjuga con sus trabajos anteriores. “Todo lo que escribí o dirigí a lo largo de mi trayectoria profesional, tenía un fuerte contenido y preocupación por lo social. Vamo y vamo y Al fondo a la izquierda son dos grotescos sobre los recursos humanos para poder sobrevivir en situaciones límites. Bienvenido Sr. Mayer, pieza autobiográfica, habla de la ilusión de un holocausto perdonado y la culpa redimida. En Tribunal de Mujeres (escrita por Naomí Ragen), abracé la defensa de aquella mujer que lucha contra los fundamentalistas que le arrebataron a sus doce hijos. Y ahora con Oh, Dios mío mi búsqueda es realizar el siguiente interrogante: el hombre que mata, asesina a millones de niños y ancianos, ¿está hecho a imagen y semejanza de Dios o se ha creado un Dios a su imagen y semejanza?”

El hombre como proyección de Dios y Dios como proyección del hombre es la reflexión que recorre la pieza y que representa una inteligente lectura sobre la actitud del ser en el mundo y sus creencias o inventos, sin la violencia indiscreta que habitualmente caracteriza a algunos textos religiosos. En cuanto a detalles técnicos, se destacan la música y la iluminación, aunque las dimensiones de la sala --demasiado larga y angosta-- no permita que lo que ocurre arriba del escenario adquiera su merecida cuota de intimidad.

lunes 15 de febrero de 2010

Discos: “Quema” (Karma Sudaca, 2009).-

Al calor de estribillos pegadizos y espacios para la reflexión, peculiaridad resignada en vivo por una topadora de riffs y gritos, el quinto álbum de la agrupación tucumana rescata en 42 minutos la identidad regional antes que la nacional en un combo de “hard-reggae”, funk-punk y música popular.

Por Luis Paz

Buenos Aires, febrero 15 (Agencia NAN-2010).- En el aletargado abanico musical del hard rock y el heavy argentino, que sigue contando entre sus popes a artistas surgidos hace bastante más de una década (del Horcas de Walter Mezza al Almafuerte de Ricardo Iorio), Karma Sudaca aparece como un sorprendente vendaval tucumano de potencia, riffs y gritos que arremolina en Quema, su quinto registro, melodías válidas para el compilado cancionero del rock del año pasado, cortes de “hard-reggae” y funk-punk, música popular, fraseos raperos con aires a José Larralde, coros gospel y un rescate del Ser Regional por sobre el Ser Nacional. Quema es, en un juego de ironías, un disco fresco, repleto de historias interesantes, máximas ocurrentes y cambios de dirección.

Con el vocalista Tony Molteni y el guitarrista Fabián “Colo” Vernieri --quienes desde 1997 comparten junto al bajista “Calavera” Maidana y el baterista Adolfo “Cacho” Palomino un camino con punto de partida en Tucumán y recorrido federal-- al volante, Quema es el mejor vehículo para esa expansión, un disco pulido por la producción de Tony, el Colo y el ingeniero de sonido Néstor Tinaro, que presenta en sus canciones el mismo collage que Semilla Bucciarelli diseñó para el arte de tapa.

A diferencia de Furia interior, su disco de 2004, producido por Ricardo Mollo, este nuevo material es equilibrado y realmente no tiene puntos bajos: los once tracks se bancan una escucha lineal o en shuffle sin necesidad de pasar ninguno por alto. Donde la energía parece bajar (“Sin olvido”), la voz de Molteni teje frases sobre las que centrarse sin desconcentrarse. Donde las letras suenan repetitivas (“Quema”), la potencia del cuarteto directamente pega cachetadas.

En vivo, Karma Sudaca es, sino una aplanadora, una topadora. La base rítmica golpea el pecho, los arreglos de viola dirigen el movimiento y las letras atacan directo a la mente, no sólo en melodías disfrutables sino también, y fundamentalmente, propicias para la reflexión. Aunque, claro, en vivo no haya demasiado espacio para ponerse reflexivo.

Pero aquí se habla del disco, y entonces sí, el espacio aparece en “Vengo por ti” (“Perdonar al que peca por intentar, y no al asesino en nombre de la paz. Entender que la angustia es soledad, que el hambre es violencia y la mentira es letal”) o “Sacachispas”, una suerte de “La calle es su lugar” (GIT) modelo 2010: “Placeres perversos que se desvisten ante ella, sola en su esquina, con cada hombre una rutina, caricias que duelen y se desangra…”.

Así, Quema deja un puñado de estribillos pegados, anoticia a la fuerza de los problemas urbanos y rurales actuales y deja al escucha recargado de fuerzas. El disco Quema porque en sus 42 minutos no se apaga nunca.

Sitio:
http://www.karmasudacaweb.com.ar
MySpace:
http://www.myspace.com/karmasudaca