lunes, 31 de mayo de 2010

Libros: “Crear o caer” (Marco Antonio de la Parra, 2010).-

En 107 páginas conviven apuntes sobre la sociedad de consumo y punteos acerca de la potencialidad del hombre. Por más que el trabajo del psiquiatra y dramaturgo chileno tenga apariencia de texto de autoayuda, en realidad guarda un manifiesto sobre la posmodernidad con ingredientes heterogéneos.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, mayo 31 (Agencia NAN-2010).- Crear o caer, del psiquiatra, escritor y dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra tiene la apariencia de libro de autoayuda (ya lo dijo Leo Masliah, un oxímoron). Pero lo que guardan las 107 páginas publicadas en 2006 y reeditadas este año por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (Celcit), que lo tiene en descarga gratuita en http://www.celcit.org.ar/, es un manifiesto de la pos-posmodernidad con ingredientes tan (presuntamente) heterogéneos como Heráclito, Zygmunt Bauman, Maquiavelo, Cornelius Castoriadis, Richard Kelly, Michael Mike, Jacques Lecoq y Adolfo Bioy Casares.

A lo que apunta De la Parra es a la sociedad de consumo, y lo hace en 56 apartados: según el autor, a cada uno le corresponde una carta de Tarot. Pero además se sumerge en una reflexión en punteos sobre la potencialidad del hombre, su capacidad creativa sesgada. “Parte de la base que nuestra tendencia es hacer lo mismo cada día”, arranca. “La consigna de la modernidad: el cambio, ha socavado nuestros hábitos hasta revertir lo habitual en muerto, la previsión en algo movedizo, el piso firme en fango y la velocidad en una necesidad vital. Mutar es lo único que nos calma. Todo cambia a nuestro alrededor. La verdad sea dicha, siempre cambió, pero nos calmaba sentir que eso era parte de un cierto plan previo al cual pertenecíamos”.

Al menos tres veces intenta brindar definiciones sobre el texto. En una de ellas reseña que “una amiga me pregunta si es un punteo o un vómito. Le explico que sólo la potencia del verso libre será capaz de permitir al lector completar los espacios en blanco”. Y esto sintetiza a su vez la dificultad humana de percibir las circunstancias no como un devenir ontológico sino como la consecuencia de la suma de ciertas, y no otras, elecciones (y su restante ¿espacio en blanco?). “Cada vez que das un paso has dejado de dar cientos de pasos en distintos sentidos. Ignoramos (por necesidad) cuantas decisiones tomamos por segundo”.

Si el rigor del libro no puede ser digerido por el lector como revelación, queda la honorable partida de un trovador agitado, que brinda un puñado de frases acaso políticamente correctas en las que subyace, de todas formas, que la democracia, el cuerpo, el sexo, el mercado y la globalización están obsoletos, como: “El vecino no existe, el Messenger sí. ¿Estás conectado? ¿Estás en Google? ¿Estás en el mercado?”. Los cuestionamientos se disparan: ¿es sensato, entonces, pensar que la web 2.0 es a la actualidad lo que la plaza fue a la Polis griega? De la Parra responde: “La red es el cementerio de ideas más grande de la historia del mundo, donde Google resucita hasta al más grande de los muertos y puede mezclar a Platón con una fábrica de vajillas o un mal film bélico por una letra de más o de menos”.

Otro ejemplo: “No sacas nada con dejar de mirar el reloj. O adelantar la hora. El cuerpo camina derecho hacia la muerte”. Otra incógnita: ¿importa, entonces, producir y producir, trabajar diez horas diarias, ahondar en decrepitudes y nimiedades? Otra cita: “Los libros no muerden. Miento, sí muerden. Muerden para siempre. Te marcan de por vida. Anotar al margen: leer es un acto suicida. Leer es un acto de vida o muerte. Escoge muy bien qué lees porque puede ser que estés escribiéndote o te estén simplemente leyendo a ti. Tarea: leer varias veces en voz alta la palabra cuchillo. No resulta mientras no te cortes la lengua al decirlo”. Otra certeza: es necesario leer hasta que lo sientan las tripas.

Es difícil no seguir de esta manera, y es igual de conflictivo elegir transcripciones: “Miente que en mentir está la verdad. Miéntete a ti y considera mentiras lo que llamas tus verdades. Contradícete. Estarás más cerca de lo cierto. El mentiroso es más creativo que el honesto”. Una más, que sirva de cierre: “El proceso creador es bisexual, altamente erótico. Hay que ser duros y penetrantes pero también blandos, húmedos, cálidos y dilatables”.

Descarga: http://www.celcit.org.ar/bajar.php?hash=dHlwKzAwOQ==

viernes, 28 de mayo de 2010

Fantasma: “En las villas, los artistas no saben que lo son”.-

Las construcciones del modelo político, económico y social argentino producen un fenómeno raro con la cultura de los barrios más carenciados. Desde la cumbia hasta los murales, las técnicas del arte villero pueden virar de lo familiar a lo “cool”, por contagio de la estereotipación hegemónica. Ese es uno de los grandes temas que tocan los integrantes de este colectivo audiovisual (o banda de cumbia) en una entrevista con Agencia NAN. La música, el barrio, la estética, la educación y la gran novela villera.

Por Luis Paz
Diseño de Daniel Villalba y fotografía gentileza de Fantasma

Buenos Aires, mayo 28 (Agencia NAN-2010).- “En la villa, todos los que hacen algún tipo de arte, sin saber que lo es, trabajan en cumpleaños de 15. Las bandas de rock, de cumbia, los fotógrafos y diseñadores. Todos ganan más laburando en cumpleaños de 15 que haciendo un circuito artístico”, explica este fenómeno cultural, social y económico el VJ Martín Borini, miembro del colectivo audiovisual Fantasma, o bien una banda de cumbia villera o bien un proyecto incluso más integrador. Su gira Magic Cumbia Tour, una maratón de shows para mostrar su reciente debut Fantasma City, hará base en esos escenarios: “El circuito de los 15”, bautiza Borini. “Tocamos en clubes, salones, casas, lugares donde hay cumpleaños o aniversarios”, amplía Martín Roisi, productor musical del grupo que inicia hoy su gira en Niceto (Niceto Vega 5510) a la 1.

“Tener Fantasma City en la mano es cerrar un ciclo. Ahora viene el momento de mostrarlo”, pone el ancla Mr. Negro, pirotécnico cantante y compulsivo saludador en escena. La primera iniciativa fue iluminada: decidieron vender, durante una semana, su disco por Facebook a solo 10 pesos. No sólo recuperaron la mitad de la inversión, también mostraron otras posibilidades de las redes sociales de contacto virtual, aparte de la organización de rateadas. Pero Facebook no existía en 2001, al comenzar a delinear lo que sería Fantasma. “De la crisis de 2001 salió la inspiración para tocar cumbia. Fue para amoldarnos a esos tiempos”, admite Roisi, también creador de los tours turísticos por las villas.

De lo que se trata la cumbia

Cuando la mesera del bar de comida peruana Chabuca Granda, ubicado frente al shopping del Abasto, se acerca a dejar el libro de actas para que los de esta mesa anoten sus comentarios, se sorprende por el grabador. “Ah, ¿una entrevista? ¿Y ustedes qué son?”, les consulta. Mr. Negro explica que músicos. “¿De rock?”, sigue la amable mesera. “No, de cumbia villera”, especifica Roisi. “Ah, no parecen”, marca ella. Y él mira al cronista con gesto de “¿Viste? De eso se trata”.

“Escuchábamos cumbia antes, nos gusta mucho la cumbia amazónica de los ’60 y ’70, y teníamos un grupo de rock tropical. Pero era rock con batería, tenía otro funcionamiento a nivel música y a nivel actitud. En la cumbia hay obreros. Y en el rock, vagos”, saca chispas Roisi. ¿Cómo es esa diferencia? “Los cumbieros que conocí, en su mayoría son albañiles y músicos de oído, no hay tipos que hayan ido a estudiar música. El rockero está en la estratósfera. A diferencia, estos pibes laburan desde otro lugar, más humilde, y se ve reflejado en la música. No existe el que toca más o menos. Los que tocan, tocan muy bien. Si no, no tocan”, va describiendo la lógica villera, primero musical, luego estética, con la salvedad de referirse a artistas “de verdad” y no a las bandas de casting que adornan el único programa del género en la televisión abierta. El VJ se suma: “No hay técnicas en el arte villero, sólo una escuela del sentir, muy familiar, visual y del entorno, del ahora”.

--¿Cómo fue la entrada a esa estética tan nueva y, como bien dicen, tan del ahora? Hoy se sabe qué es la cumbia villera, pero en 2001…
Roisi:
--Claro, no era cool como ahora. En los ’90 me cruzaba con gente de clase media y les tenía que explicar a uno por uno qué era la cumbia, que no había una sola. Después de la crisis y del programa de los sábados de canal 2, tal vez ya saben. Pero igual hay que explicar que de lo que sucede ahí, el 90 por ciento son bandas de casting, pero hay artistas de cumbia grosos como La Nueva Luna. En cambio, a la gente de la villa no tuvimos que explicarle nada. Fuimos y aprendimos a tocarla. Si les gusta lo que escuchan, la bailan. Y si no, se van.

En el género existen diferentes tipos. Colombiana, santafesina, amazónica, guaracha, chamamé, romántica, testimonial, villera. Cada una con sus ramificaciones. “La cumbia no es una sola, son miles de situaciones, de ficciones y de testimonios. Y la nuestra es mágica”, cataloga Roisi. Que los pibes escuchan las bandas del momento y las que oyen sus padres, también explican. Y que, habitualmente, disfrutan de más de un tipo de cumbia. “En la villa, en los barrios, en la clase media y en la adinerada se escucha cumbia. El problema es unirlos, pero es un problema de públicos”, señalan a coro.

--El pibe que los va a ver a una fiesta de 15, ¿va a Niceto?
Roisi: --No por las suyas. Hay pibes que no conocen el Obelisco y viven en Lugano, a kilómetros. Conocidos que no saben leer y no pueden tomar un colectivo o ubicar una calle. Hemos puesto micros y ha sido una experiencia increíble para ellos, pero es jodido por el dinero.
Borini: --Todo el mundo escucha cumbia y lo he hablado con gente en ArteBA, en la Creamfields, donde a veces trabajo en producciones de puestas, aunque no entiendo qué pasa en la electrónica, y todos lo bailan. Que no se mezclen es un problema social y hay gente que utiliza esa división para hacer un manejo político o para montarse un negocio con eso, como lo que pasó con lo de las tribus urbanas.
Roisi: --Además, el argentino cree que sabe de todo, pero no sabe nada de cumbia. Lo que saben es lo de canal 2, pero no más. Entonces no distinguen y creen que todo es una mierda. Lo entiendo, porque ponés ese programa y es puro casting, pero creo que se trata de ignorancia y que no se dan la posibilidad de conocer, le tienen miedo.

--¿A qué? ¿Por qué?
Roisi: --Prendés la tele y no hay pibes de la villa haciendo murales o tocando, hay pibes fumando base o choreando, todo lo terrible. La gente cree que la villa es eso. Y no. Incluso si lo fuera, eso tiene una artística también. Nosotros estamos detrás de esas artísticas, en un trabajo de producción cultural. No juzgo al chorro ni al pibe que fuma base. En la villa cada uno hace su movida, y yo sólo los miro.

La artística de lo villero

Roisi miente. No sólo miran. Son los impulsores del proyecto Odisea 20, un muy valioso espacio de producción cultural en la villa 20, que ha logrado incluir una galería con talleres de artes plásticas para niños y adultos, un cine, una editorial, un sello de música, un club social y una productora de cine y televisión. El objetivo es ofrecer una plataforma artística para los habitantes de La 20. Todo es hecho exclusivamente por ellos, sin llamarse a sí mismos artistas. “La gente participa de los talleres y se apropia de los proyectos. Si nos surge una idea, se la llevamos, pero son ellos los que se la apropian cuando aportan su imaginario”, cede Mr. Negro. “El que dibuja muy bien en la villa, no sabe que es artista, labura de otra cosa y no pretende ir a cursos de dibujo. Pero si alguien le pide uno, lo hace”, lanza Roisi.

--¿Cómo es la artística de lo villero?
Borini:
--Es una artística de lo común. Un arte pop bien argentino donde están Gilda, Mickey, Campanita, el Gauchito Gil y Justice, lo más cool del momento y la pura tradición, como un Disney mágico.

--Pero entre el Gauchito Gil, San La Muerte y Mickey hay distancia…
Borini:
--Con el Gauchito no se jode, es de lo primero que aprendés. El que se hace un tatuaje del Gauchito es porque prometió algo, no es como ponerse una remera con la banana de Warhol para que te la vean.

--Una estética muy visual e instantánea se explica, en parte, por lo que citaban del analfabetismo y la falta de información no visual.
Borini:
--Agarran lo que está dando vuelta y lo usan. No hay tanto filtro, si les funciona bien, lo usan. Es algo muy visual, muy pop.

Ahora es Rosy, “la RRPP de Chabuca”, la que interrumpe para dejar un ejemplar de una revista de la comunidad y su tarjeta. “Rosy Suárez, locutora”, precisa el cartoncito. Sobre el borde inferior, una onda radiofónica en forma de ola. A la derecha, bien esquinada, una torre Eiffel. Inmediatamente el productor señala: “¿Ves? Es eso de lo que hablamos”. Le pregunta a Rosy por el origen del diseño. “Ah, lo hizo mi sobrino, le pedí algo que dé la idea de radio y usó la torre Eiffel como si fuera la torre de una radio. Es chico, tiene 17”, excusa. “Es un genio”, le celebra Roisi. A su lado, Borini asiente y retoma: “Es la estética Disney, los ‘90 en una licuadora con lo más de onda de 2010. Y eso es Fantasma también. Es algo mágico, como Disney on Ice. Cuando cruzamos mails con ideas de temas o visuales, los comentarios son ‘metele más Mirlos’, ‘ponele más brillantina de Campanita’. Así es la representación en la villa”.

La gran novela villera

--En lo social, ¿funciona esa misma lógica que en el arte?
Borini: --Hay construcciones muy fuertes de los ideales del mundo perfecto, sobre la existencia del Príncipe Azul, todo es de novela.
Roisi: --Y venganzas novelescas, algunas jodidas, como “te voy a hacer papá garrón” o el “pata de lana” que se coge a la que está “con el bombo”. Es real, eso sucede, los “patas de lana” andan a full y se cuelan por todos los techos. La villa es una gran novela de cogidas.

--Por cierto, ¿acuerdan con que la cumbia villera es misógina?
Roisi: --El rock es misógino, el pop es misógino, la cumbia es misógina y las chicas lo aprueban, no todas, pero hay muchas a las que cuanto más turro sos, más les gusta. Funciona de esa manera, no lo juzgo. Está ahí, existe, es de esas cosas socialmente autolegitimadas.
Mr. Negro: --Nosotros, en Fantasma, desde un lugar de juego tocamos esos temas. Pero desde el cliché: decir “mueve el culo, mami” es una cosa, pero no tenemos un desprecio hacia la mujer.

Uno de esos clichés relacionados con las chicas son las bailarinas del susodicho programa de canal 2. Fantasma tiene a Fantasy para el baile, al Negro para el agite y a los Martín para videos y sonidos. Llegarán hoy a Niceto plenos de energía: en las villas, el locro se extendió desde el viernes 21 hasta este 28, durante las 24 horas. “Hay mucho patriotismo y mucha tradición en la villa también”, remarcan. También solidaridad. Cualquiera de ellos puede dar fe de que visitar una casa humilde es visitar una forma del compartir inexistente en otro ámbito: “Te dan el último plato de comida y te dejan su cama”, asegura Roisi.

Lo mismo pasa en los bailes que se arman en clubes y salones de la villa. De repente, el baile se corta y sirven una cena. El productor recuerda haber disfrutado fideos retobados, al dente y pasados. “Cuando quise aprender a tocar cumbia, fui a bailantas de jueves a domingo y anotaba todo. Flasheaba porque los grupos no prueban sonido como en el rock, que van cuatro horas antes a pegarle a un redoblante. Después vi que todo era por línea, que no había micrófonos y no había batería sino octapad, afinado siempre y con un bombo que te destroza”, figura.

--Otra vez esa política de lo instantáneo…
Roisi: --Muy punk en un sentido. Toda esa época de 2001, la crisis y el surgimiento de la cumbia villera fue como estar en Londres en el ’77. Ibas a un cumpleaños y tocaba Pibes Chorros y no sabías dónde estabas. Era algo demasiado moderno e increíble, con audio perfecto, un tema atrás de otro, chau y la gente descontrolada bailando. Todo un negocio surgió montado alrededor: pagando 10 pesos te sacás una foto con tu ídolo y si te gusta le das un beso en la boca. Hay un montón de servicios y de producción asociados. Vas a bailantas de Constitución y hay 70 tipos de seguridad, nunca va a pasar lo de Cromañón porque es todo pro. Hay una radio adentro del boliche. Se mueve muchísima plata.

--Pero esa plata no va a los artistas…
Roisi: Por supuesto, va a parar al dueño de la bailanta. Además, no hay casi artistas con derechos de autor. Mucha cumbia villera está escrita por productores que hacen castings y contratan a bandas pero se quedan toda la ganancia, o que los hacen tocar temas viejos, de Leo Dan, de Dyango. Ponen mucha guita en difusión para que su grupo de moda suene en todos lados, toda la semana. A la otra, ya desapareció.

Como la luz en el bar Chabuca. Saltó la térmica. Sólo queda un discreto tubo de emergencia, justo sobre la mesa. “Qué bueno, no hay tele”, celebra Borini. “Es que la gente que mira tele, sobre todo ahora, está cada vez más cerca del fachismo”. Sin luz, como en la villa, al parecer el embrujo de la caja boba desaparece. “Sabés que en los ’70, la gente de Lugano fue testigo de muchos fusilamientos. Pero no tenían televisores y no les llegaban noticias. Pensaban que se trataba de asesinatos a sangre fría de chorros, ni sabían que había una dictadura”, revela Roisi.

--Sobre estéticas pop, televisores, policía represora y la villa, ¿qué opinan de Policías en acción?
Roisi:
--Es raro lo que pasa con ese programa, porque tiene una bajada de línea muy tendenciosa, pero le va muy bien. ¿Por qué? Tal vez sea el morbo de la clase media. En capital, están todos en sus casas, encerrados mirando la tele. Pero en las villas todo está ahí afuera, se ve todo, las piñas, los bailes, la droga y el choreo, y también el arte, los murales villeros. Pero eso nadie lo muestra, obviamente.
Borini: --Igual, lo de Fantasma va por el lado de la diversión, de pasarla bien. No hacemos bandera, no atacamos ni defendemos a nadie.
Roisi: --Lo nuestro en Fantasma es un trabajo artístico. Nuestras opiniones sociales y el laburo que hacemos en las villas no aparecen en el disco. El laburo que hacemos con la música es dar diversión.

*Fantasma comienza su gira Magic Cumbia Tour esta noche, desde la 1 en Niceto Club (Niceto Vega 5510, Palermo, Ciudad de Buenos Aires).

Sitio de Fantasma:
http://www.fantasmax.com/
MySpace de Fantasma:
http://www.myspace.com/fantasmax
Sitio de Odisea 20:
http://www.odisea20.com/

jueves, 27 de mayo de 2010

­“El precio”: una radio que no es tal en un centro cultural que tampoco.-

Cada viernes por la noche, una casa de familia se transforma en el centro cultural El Palo Borracho en el Oeste del Conurbano bonaerense y recibe en su living a Jorge Figueroa, el trovador a cargo de los ciclos radiales de literatura y poesía “El precio”, que no se emiten en ninguna frecuencia. “La magia es que todos creamos que estamos en una radio sin estarlo”, cuenta. El nombre del programa-espectáculo pertenece a la canción homónima del mexicano Alejandro Filio. “El tema dice que el mundo comenzó a decaer cuando las cosas empezaron a tener precio, cuando comenzó a comprarse la tolerancia, el amor, la justicia, el silencio”, apunta. Una perlita: su proyecto de “librería delivery”.

Por Ailín Bullentini
Fotografía de María Luz Carmona

Buenos Aires, mayo 27 (Agencia NAN – 2010).- Una línea imaginaria divide el living de una “casa mágica” perdida en las calles de Ramos Mejía en escenario y platea. Cada viernes, a partir de las 23.30, Jorge Figueroa, cuatro columnistas, trovadores y poetas “don nadies” del Oeste y otros puntos cardinales del Conurbano “suben” a las tablas como si ingresaran a un estudio de radio. Alrededor de una vieja mesa de madera, cubren sus orejas con grandes auriculares y empiezan a susurrar al micrófono palabras y melodías. Del lado de la platea, el público olvida por ese par de horas que tiene frente a sus ojos a todo el equipo de “El precio. Trova y poesía”, y se zambulle en un imaginario mundo en el que ellos se encuentran en sus propias casas, con aparatos de radio pegados a sus oídos. “La magia es que todos creamos que estamos en una radio sin estarlo. Si creemos que quien tenemos enfrente es el operador y el público se olvida de que nos ve, logramos el cometido. Es una cosa mágica”, detalla Figueroa, ideólogo y coordinador del ciclo.

Son varios los detalles que hacen de “El precio…”, si no una sucesión de momentos mágicos, un espacio que rompe con la linealidad de lo convencional de los ciclos literarios. Por un lado, el objetivo es extinguir el “aburrimiento que gobierna” esos espacios, destaca Figueroa, trovador y poeta por elección, vendedor de electrodomésticos por necesidad y viajero por pura suerte. “Hace mucho tiempo que camino el circuito literario y los formatos que ofrece son un aburrimiento total, muy solemnes, protocolares. Los ciclos literarios son una sucesión de poesías sin pausa: una hora y media de tipos leyendo sus trabajos. No te podés reír, no podés hacer un comentario. Quería divertirme compartiendo lo que amo, no aburrirme”, comenta a Agencia NAN.

No obstante, el alumbramiento de “ese algo nuevo” debía abrir la cancha de la poesía. Figueroa lo explica: “Siempre éramos los mismos en esos encuentros formales. Era ver las mismas caras, escuchar alabanzas de las mismas voces, felicitaciones sin sentido por nuestros laburos, que nunca terminaban de salir de nuestro pequeño círculo. Por eso, quería dar espacio a esos trovadores y poetas escondidos para que se expresen; hacer circular libros de poesía que se editan a pulmón; difundir la producción artística que, aunque no se vea, late de una manera que aturde”.

“El precio...” se llama así en honor al mensaje de la canción homónima del mexicano Alejandro Filio. “El tema habla de que el mundo comenzó a decaer, a estar así como lo conocemos, cuando las cosas empezaron a tener precio. Cuando comenzó a comprarse la tolerancia, el amor, la justicia, el silencio”, apunta Figueroa. Las ganas de zambullirse en la burbuja “en formato radio” que “El precio...” infla cada viernes en El Palo Borracho, ese hogar al que la familia que lo habita convierte cada viernes en centro cultural, es el único precio que las personas tienen que “pagar” para participar.

La idea maduró saltando de neurona en neurona en la mente de Jorge, gracias a la prepotencia que portan las personas corajudas. Esa misma que sostuvo su decisión adolescente de no continuar una carrera universitaria para “cantar en una banda de rock”; que lo acompañó junto con sus pelos largos a Chile en épocas de Pinochet; que le susurró que El Bolsón, “cuando era una comunidad, no como ahora que hay antenas de celular”, era su lugar en el mundo. La misma prepotencia que lo ayudó a saltar el charco en los '90 e invertir toda la plata que había ganado en una imprenta argentina “inventando frasecitas de señaladores y tarjetas”, en una editorial independiente en Uruguay “que además era librería delivery”, comenta. ¿Era qué? Sí. Librería delivery. Un socio llamaba a la librería, pedía cualquier libro como si fuera una grande muzza y un pibe en bicicleta lo llevaba al domicilio correspondiente, de donde lo retiraba cuando se cumplía el plazo estipulado. “Me fundí porque la plata que generaba la editorial la invertí en hacer una película sobre el proyecto. Un amigo me ayudó. Pero no resultó”.

Ese empuje, el mismo con el que contagió a otro grupo de amigos para que lo ayudaran a recopilar, editar, encuadernar y publicar su primer libro, y que luego lo llevó hasta una editorial independiente del Oeste del Conurbano para ofrecer un segundo, lo ayudó a superar la primera opinión sobre su idea: “‘Estás loco, es como querer ir a la luna en bicicleta’, me dijo Fabián. Se rió y soltó un ‘contá conmigo’. Listo”, recuerda el poeta y músico. Luego, en mayo de 2009, le pidió a los dueños de la El Palo Borracho cuatro programas. En ese tiempo nos vamos a dar cuenta de si esto funcina o no”. La “casa mágica” era el lugar ideal desde donde empezar a bicicletear rumbo a la luna.

“Empezamos siendo los amigos. Después, se sumó gente. Y ahora tenemos el problema de que no sabemos cómo manejar a 200 personas y su murmullo a veces se hace molesto”, relata el coordinador del ciclo. Bueno, bueno. ¿Qué se le va a hacer? Hasta los espacios más mágicos pecan de alguna pizca de normalidad. En “El precio…”, poesía y trova se combinan “para presentarle resistencia a la crisis, al descontento que la gente tiene, a sus problemas y sensaciones”, continúa. Es el propio Figueroa el que coordina cada noche. Elige los trovadores y los poetas que participarán, que como condición deben ser “desconocidos” en el circuito comercial. “Ni siquiera tienen que catalogarse como poetas o trovadores, cualquiera que desee leer lo que alguna vez escribió o aprendió a hacer escupir a un instrumento musical puede 'entrar al estudio de radio'”, comenta. También hace lo propio con la música, que “no es la que pasan en la radio, sino temas muy poco conocidos y música latinoamericana que pude traerme de mis viajes”, apunta. Tales elementos emsambla, junto con las columnas de cuatro participantes fijos del ciclo (estudiantes de Letras, Ciencias Políticas y artistas).

“Si por un lado 'El precio...' permite la difusión de artistas no conocidos, por otro ofrece al público alternativas culturales variadas. Ahora, si después de eso la gente sigue consumiendo a Tinelli, es problema suyo”, reflexiona el poeta, que asegura haberse negado varias veces a llevar el ciclo a la radio ya que “la magia es que todos creamos que estamos en una radio, sin estarlo”. Sin embargo, a un año de haber comenzado las “emisiones”, Figueroa reconoce que el próximo desafío es llevarlo a otros espacios. “Pensé en hacerlo itinerante. Empezar en Moreno y terminar en (el barrio porteño de) Once, sumar poetas y músicos de cada lugar y construir un mapa artístico del Oeste. Pero el gasto es demasiado grande”, remarca. Además de las ofertas radiales, también le dio la espalda a propuestas de sponsoreo: “No quiero tener un kioskito, quiero seguir cumpliendo desafíos. Hasta ahora logramos cada objetivo que nos propusimos sin necesidad de que nadie nos dé plata. Las cosas sirven más cuando te duelen, cuando te obligan a hacer trabajar el bocho y cuando no se achancha nadie para llevar las ideas a la práctica. Con plata lo hace cualquiera. Cuando las cosas están servidas, terminamos haciendo una hamburguesa”.

* "El precio, trova y poesía" revive cada viernes, a partir de las 23.30 en El Palo Borracho, Chacabuco 342, Ramos Mejía, bajo la coordinación de Jorge Figueroa y con la colaboración de Norah Lorenzo, Noelia Serra, Fabián Vique, Carlos Dariel y Damián Lamanna Guiñazú

Sitio: www.elpreciotyp.blogspot.com

miércoles, 26 de mayo de 2010

Un abrazo simbólico al museo del Bernasconi.-

La administración macrista quitó al instituto de Parque Patricios el museo que coordinaba históricamente y lo puso bajo su órbita. Dispuso su cierre para repararlo. La presunta intromisión de capitales privados y la intervención en manos de Hacienda sembraron el temor, con el antecedente fresco del cumpleaños en el San Martín. Además, el instituto se encuentra en estado de abandono desde 2008. La comunidad educativa realizará un abrazo simbólico para anular la medida y pedir presupuesto.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza de Instituto Félix Bernasconi

Buenos Aires, mayo 26 (Agencia NAN-2010).- Los museos no son meros depósitos, sino escuelas vivas para el enriquecimiento de la cultura. Por eso, es difícil de tolerar la intromisión de intereses económicos o privados dentro de semejante patrimonio histórico. Al parecer, el gobierno de Mauricio Macri no estaría enterado de esa contrariedad porque, en una muestra más de sus erradas políticas, quitó al Instituto Félix Bernasconi, de Parque Patricios, la coordinación de su histórico complejo museológico, que ahora quedó bajo la órbita de la Subsecretaría de Gestión y Administración de Recursos del Ministerio de Educación. Miembros de la cooperadora, docentes, estudiantes y egresados definieron a la resolución como un “atropello”, por lo que el próximo viernes realizarán un abrazo simbólico al edificio, desde las 8.30, para exigir la anulación de la medida y solicitar un mayor presupuesto con el objetivo de evitar el continuo estado de “abandono” en el que está inmerso el instituto desde 2008.

La problemática viene de larga data. Sin embargo, fue el 30 de marzo pasado cuando la alarma se encendió. Ocurre que la resolución 803/ME del gobierno porteño colocó al museo Rosario Vera Peñaloza en su coordinación y dispuso su cierre para realizar supuestos trabajos de reparación. “La museóloga Mirta Cobreros le puso el candado a todas las puertas y se quedó con las llaves”, comentaron a Agencia NAN miembros de la Cooperadora General del Bernasconi, que preside el abogado Guillermo Musi. Desde entonces, comenzaron a surgir una pila de innumerables dudas porque, según información que se filtró desde la Secretaría de Hacienda, la inversión sobre los gastos que se prevén para la remodelación (de 3 a 5 millones de pesos) la realizaría una empresa privada.

Todavía no está definido nada. Ni siquiera se explicó cómo se va a articular el trabajo con el instituto, si se realizarán las obras mediante una esponsorización o quién las efectuará. “Se ve que el interés es antes que nada entrometerse, como sucedió en otros lados”, remarcó Musi con un dejo de preocupación. Es que profesores y alumnos del instituto temen que la medida tienda a una “privatización de algunos espacios” del enorme edificio, ubicado en Cátulo Castillo 2750. “Los fines que se proponen no están claros y eso inquieta mucho más porque la intervención no la promueve Cultura, sino Hacienda del GCBA, donde no hay técnicos ni especialistas. Llama mucho la atención”, agregó el representante de la cooperadora que se apoyó en la experiencia del Quinquela Martín, donde se hizo una vieja inversión a cambio de la disposición del lugar para cuando haya fiestas o reuniones gubernamentales.

Si queda alguna duda de que la administración macrista es capaz de eso y mucho más, sólo hay que recordar lo sucedido en el Teatro General San Martín, donde el 2 de mayo pasado, el gobierno de la Ciudad autorizó una francachela privada a cambio de 80 mil dólares. “No vamos a permitir eso. Hay que defender la integridad de las instituciones públicas”, afirmó el abogado, al mismo tiempo que recordó que con la cooperadora vienen trabajando a pulmón desde hace muchos años para mantener el museo y el instituto, que posee cuatro escuelas primarias y dos jardines, además de enseñanza en coro, orquesta, natación y una biblioteca a la que tienen posibilidad de asistir 4.500 alumnos.

Aparte el Bernasconi es una institución abierta a la comunidad, cuyo edificio fue declarado monumento histórico nacional en 2009 y sitio de interés cultural desde 1996. Sus museos Geográfico y de Ciencias Naturales muestran restos fósiles, aspectos del suelo, alfarería, numismática y mineralogía. Pese a su importancia, para el mantenimiento del enorme palacio-escuela, desde el gobierno de Mauricio Macri en 2009 le bajaron sólo un subsidio de “23 mil pesos para todo el año”, según informaron a esta agencia desde la cooperadora. No obstante la situación fue mucho más complicada en lo que va de 2010, ya que hasta el momento en la tesorería del instituto no recibieron partidas.

“La situación de abandono se nota. Hay paredes resquebrajadas, pisos levantados. Por ejemplo, en la sala de teatro –conocida como el ‘Petit Colón’, por su acústica, sus palcos, sala de tertulias y 500 ubicaciones--, la estructura está cediendo, faltan butacas y se pueden ver telones y cortinas rasgadas”, ilustra Musi. Por eso, más allá de las donaciones recibidas y los esfuerzos de docentes, alumnos y padres para paliar algunas cosas, no es posible solucionar por completo todas y cada una de las problemáticas.

En ese punto se hace entendible que el reclamo no está centrado únicamente en la resolución dictada por el gobierno. “No podemos aceptar el estado en el que se encuentra el Bernasconi hoy. Es obligación de todos cuidar a uno de los símbolos de la educación pública argentina y latinoamericana e impedir su constante deterioro”, aseguró Gilda Tome, ex alumna de la institución. Ella, como muchos otros viejos estudiantes, y organizaciones sociales participarán del abrazo simbólico que se aferrará a un modelo de instituciones públicas como ésta, que tienden al enriquecimiento de la cultura, lejos de los intereses privados.


Por eso en la jornada de lucha buscarán defender el “sentido de independencia” que el instituto mantiene desde que se fundó en 1929. “Porque la escuela siempre tuvo un rol indelegable con la comunidad y no vamos a permitir que un gobierno comunal intente torcer el rumbo que lleva desde sus primeros tiempos”, afirmaron desde la Asociación Cooperadora. Desde bien temprano en la mañana, el próximo viernes, estarán “haciéndole el aguante” a la escuela. Más allá del frío, del viento o la lluvia. Para defender la educación pública.

martes, 25 de mayo de 2010

El Otro Bicentenario en la Plaza de los Dos Congresos.-

El mal clima y el frío otoñal no pudieron aguar el contrafestejo de los pueblos originarios. Apenas a pocas cuadras de la ceremonia oficial, organizaciones sociales, campesinas y estudiantiles participaron de una jornada que estuvo repleta de un gran abanico de presentaciones artísticas, muestras, paneles de debate y comidas típicas. Hoy, el encuentro tendrá su cierre para no olvidar “los saberes y rebeldías de los hermanos originarios”.

Por Adrián Pérez

Fotografías de Mariano Iñiguez

Buenos Aires, mayo 25 (Agencia NAN-2010).- A pesar de la amenaza constante de la lluvia que amagó durante toda la tarde con aguar la fiesta del contrafestejo, el Otro Bicentenario, el Bicentenario de los Pueblos, comenzó ayer, en la Plaza de los Dos Congresos, con la participación de organizaciones sociales, estudiantiles, ambientalistas y campesinas; intelectuales, trabajadores de fábricas recuperadas y medios alternativos que llegaron hasta el kilómetro cero para recuperar “los saberes y rebeldías de los hermanos originarios; africanos esclavizados y americanos oprimidos, historias y culturas silenciadas y menospreciadas por las concepciones racistas, elitistas y autoritarias que siguen dominando la vida social, los medios de comunicación y la educación oficial”.

La jornada comenzó con paneles de debate, radio abierta al aire libre y retransmisión de la Red Nacional de Medios Alternativos y FM La Tribu; recitales y comidas típicas; muestras de cine y exposiciones fotográficas; artesanías de los pueblos originarios, documentales y mesas con editoriales independientes que fueron acompañadas por el Frente de Músicos por El Otro Bicentenario, más un abanico extenso de ritmos folclóricos que se repetirán hasta el cierre de la actividad, que culminará con una movilización en la tarde-noche de hoy en Plaza Congreso para decirle “no al capitalismo devastador de la madre tierra, al modelo sojero y las extracciones corporativas contaminantes”. “Sí a la recuperación de las fábricas, al trabajo autogestivo y a los medios de comunicación comunitarios y alternativos”.

Otras de las banderas y consignas que levantaron los colectivos y organizaciones de base fueron “El agua y la vida valen más que el oro, no a la minería contaminante”, “Aquí se cocina cómo derretir los glaciares” y “Contra el saqueo y la contaminación”. Xuan González, miembro de Flia (Feria del Libro Independiente y Autogestivo) --iniciativa que nació en Buenos Aires y se expandió a todo el país--, explica que el colectivo literario decidió participar y sumarse al evento para solidarizarse “con los pueblos originarios y otros movimientos que plantean la necesidad de recordar que en este país hubo un genocidio” que hoy continúa adelante porque “los suelos se siguen contaminando”.

A unos metros de la mesita desde donde Xuan ofrece la obra de nóveles escritores, Marta y Fernanda acomodan DVDs en la misma línea política que las banderas. Hambre de soja de Marcelo Viñas, Otro Mundo es posible de Juan García, Trelew de Mariana Arruti o Cazadores de utopías de David Blaustein son algunos de los títulos que inundan la mesa. Frente a ellas, un cartel anuncia que “no hay otra historia, hay muchas otras historias”. La improvisada señalética lleva a Agencia NAN hacia una muestra de fotos que condensan la lucha en contra de “la patria sojera”, los potenciales efectos que provocará la pastera Botnia en el Río Uruguay o la explotación de la caña de azúcar en los ingenios del norte. “Azúcar El Chango se cobró la vida de nuestros abuelos, que murieron por resistir al avasallamiento sobre nuestras tierras como la que hoy lleva adelante el Ingenio San Martín”, denuncia una integrante de la Comunidad Guaraní El Tabacal de Orán, desde el escenario principal.

Wiphalas de todos los tamaños inundan el paseo que se extiende desde Rivadavia hasta Irigoyen, adornando los puestos de artesanos, medios alternativos y comidas típicas; también, de las carpas donde se proyectan películas para niños como El cuento de la buena soja y Abuela Agua se organizan paneles de debate. Precisamente, desde la mesa “Doscientos años de lucha y resistencia de las mujeres en América latina”, Moira Millán, referente en temas de género del pueblo Mapuche, apunta contra la Iglesia Católica y denuncia que su participación institucional en la historia “ha sido sumamente nociva porque se encargó de romper la cosmovisión de nuestros ancestros”, a la vez que reconoce que “no revisar la historia y los mecanismos de represión y tortura del Estado, nos obliga a seguir repitiéndolos”.

Cerca del cierre de la primera jornada, el documentalista Leandro Argañaraz presenta la mesa “La otra Historia” y remarca que “hoy estamos celebrando la vitalidad de los pueblos originarios y afrodescendientes y denunciando el genocidio que continúa”. Antes del debate, Diego Bonga, uno de los representantes del Movimiento Afrocultural, interpreta el canto de Shango característico de la cultura africana. Con un discurso crítico hacia el Estado, el músico y capoeirista destaca que aunque se festeje el Bicentenario con todo ese gasto y parafernalia, “el Estado argentino tiene que saber que todavía mantiene una deuda con nosotros”. Señala, además, que si bien el de hoy es un día de encuentro, también lo es “de protesta y contrafestejo”, y que a pesar de tanto palo y tanto daño, “el negro sigue brindando alimento para el alma”.

* Luego del acampe de anoche en la Plaza de los Dos Congresos, y con un documento consensuado con consignas tales como “Por territorio y autodeterminación para los pueblos originarios, movimientos campesinos y organizaciones barriales” o “No al gatillos fácil, la desaparición de personas, la criminalización de la pobreza y la judicialización de los luchadores sociales”, el Otro Bicentenario finalizará hoy con mesas de debate sobre las diferentes caras de la crisis y la resistencia de los pueblos originarios a ser echados de sus tierras, más un importante abanico de expresiones artísticas y culturales.

El Otro Bicentenario: http://elotrobicentenarioeldelospueblos.blogspot.com/

lunes, 24 de mayo de 2010

Discos: “Todos los ocasos” (La Patrulla Espacial, 2009).-

El cuarteto patagónico ofrece doce canciones que combinan el blues argentino y el kraut rock. Los climas envolventes, las letras cómplices y los mensajes oscuros que priman en sus presentaciones en vivo también componen la estética de su primer LP.

Por Guillermina Watkins

Buenos Aires, mayo 24 (Agencia NAN- 2010).-
“Toda la noche esperaste el blues, toda la noche”, canta Tomás Vilche (o Bowie, su nombre artístico) en el quinto tema de Todos los ocasos, primer larga duración de La Patrulla Espacial. Sin embargo, a esa altura, quince minutos del blues contemporáneo más espacial suenan en la cabeza del oyente predispuesto. ¿Por qué? Porque estos músicos de las provincias de Tierra del Fuego y Chubut que se mueven en el circuito de La Plata parecieran querer acercar la tradición de los memorables primeros cuatro discos de Pappo's Blues, pero también los vestigios de una tradición que viene del kraut y del camino repetitivo y expansivo.

Así como la fuerza que despliega en vivo, los climas envolventes que el cuarteto brinda en doce temas liberan los sentidos, con letras cómplices y mensajes oscuros para despertar a los quietos e incitarlos a tomar una
coupé antes de viajar por terrenos cordilleranos. Aquí, el noise de La Patrulla inicia su recorrido con “Blues de algún lugar”, tema clásico de riffs pegadizos, armónicas y wah wahs machacantes que hablan del amanecer después de la oscuridad. Luego llega “El perfume”, el hit, un rock and roll tan directo como cualquier tema de Pescado Rabioso: “¿Qué significan esos ojos hoy?”, grita Bowie en el final del estribillo y las guitarras de Lucas Borthiry van para adelante, dándole dramatismo a la canción.

A “El hogar de nuestras vidas” le sigue “Me voy de casa”, un blusecito de armónicas dylanescas, más alegrón e instrumental que el resto y que sólo dura 52 segundos. “Toda la noche” vuelve a marcar un momento de subida y “Blues para la última salida del sol” plantea la soledad de esa estrella, que pareciera morir mientras amanece. “Todos los ocasos” y “Boogie de humo” son bien rifferos, no terminan de arrancar y dejan con ganas de más.

Para esa ansiedad, “Psicodélicos sonidos boogie”, o el tema que podría ser el “Masacre en el Puticlub” de La Patrulla; “Hacé lo que quieras”, un blues bien
noisero y escéptico; “El alma de las cosas muertas”, un tema oscurito y de guitarras densas y acopladoras; y finalmente “El cuervo dorado”, canción colgada, corte western, de última resaca de algún viejo blusero, de esas que se repiten en alguna computadora de barrio un domingo por la tarde.

MySpace: www.myspace.com/lapatrullaespacial

viernes, 21 de mayo de 2010

Juan Carlos Romero: “El street art es cholulo y snob”.-

Represión, hambre y violencia florecen en sus grabados, fotografías, performances, afiches, arte correo y poesías visuales, en los que la palabra aparece como elemento fundamental. Integrante de Artistas Solidarios junto con León Ferrari y Luis Felipe Noé, entre otros, este obrero del arte de 78 años acaba de vender por primera vez una obra. “Ahora me consagraron. Antes no vendía ni un alfiler”, desliza. Militante universitario, sindicalista fabril y artista curtido en la calle, Romero invita a Agencia NAN a repasar su caleidoscópica vida.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Juan Carlos Romero

Buenos Aires, mayo 21 (Agencia NAN-2010).- La de Juan Carlos Romero es una vida caleidoscópica. Cuesta creer que una persona haya transitado tantas vidas en una. Romero es integrante del reconocido grupo de Artistas Solidarios pero, por algún motivo, no cuenta con la fama de León Ferrari o de Luis Felipe Noé, sin ser por ello menos apasionado, prolífico e innovador. “Si usted quiere formarse un concepto claro de la existencia, viva”, aconsejó una vez Roberto Arlt, dirigiéndose a un lector. Esa extraordinaria ley del conocimiento aplica para definir a Romero, cuya existencia no se ha restringido en absoluto a un taller. Por el contrario, lo suyo fue más patear la calle, alzar la voz por la injusticia en cuanta fábrica se metía, huirle a galerías y museos para poder llegar a todos, con ideas predominantemente políticas. Romero es, por todo esto, un obrero del arte.

Militancia, arte (o calle) y docencia son los elementos de ese calidoscopio. Claro que no son esferas separadas sino parte de lo mismo, siempre retroalimentándose entre sí. Un dato basta para comenzar a pintar a Romero: tiene 78 años y acaba de vender por primera vez una obra, pese a dedicarse al arte desde la adolescencia. “Ahora me consagraron. Antes no vendía ni un alfiler”, desliza, aún con sorpresa. Es que comercializar la obra nunca fue su meta. “Si te dedicás al arte para vender, estás muy condicionado por el coleccionismo”, subraya. Pero además --y auténticamente por elección-- Romero balanceó toda su vida entre trabajo y arte. “Hay algunos artistas que han trabajado sólo de eso y no conocen tanto el mundo. Conocen su mundo y no otras cosas. Yo trabajé en una fábrica de Avellaneda con obreros analfabetos. Necesitaban mucha ayuda, que alguien reclamara en nombre de ellos, sacara cuentas y les revisara las boletas”, detalla. Hace unos pocos años, al jubilarse, abandonó su puesto de técnico en una empresa telefónica y, hasta el día de hoy, se desempeña como docente.

Romero recibe a
Agencia NAN en su taller-casa, ubicada en el barrio de Monserrat. Dice que en algún momento fue “un tipo difícil”, pero no se le notan resabios. Invita a la cronista a pasearse por una enorme biblioteca, plagada de libros de arte; a su taller, en el que predominan máscaras procedentes de distintos puntos del globo y esqueletos diminutos --“tengo una obsesión por esos muñecos”, cuenta--; e incluso regala una pulserita traída de una iglesia brasilera que promete cumplir tres deseos. “No soy creyente, pero estas cosas son divertidas", aclara mientras hace el nudo.

Militancia

Que Romero tenga corazón obrero no es casualidad. Su padre era un industrial español. Al igual que él, su madre no había finalizado los estudios primarios. Y en el árbol genealógico de Romero predominaban los portuarios. A los 17, Romero era delegado sindical en una empresa metalúrgica de Avellaneda, su ciudad natal. “Un tornero me fue aleccionando --recrea--. Me acuerdo que los gerentes estaban enojadísimos, porque yo era casi un niño.” En Entel se desempeñó como técnico durante cuarenta años y siempre participó activamente. “Estuve en agrupaciones de izquierda y fui candidato a secretario general. Participaba muchísimo, era la voz cantante y era muy conocido. Soy muy discutidor”, se define. “La gente me tiene miedo. En el gremio era capaz de pelearme con veinte tipos, salía a la calle amenazado de que me iban a cagar a trompadas, cosa que nunca pasó. Tuve suerte y mis compañeros me protegían.”

Durante el gobierno de Isabel Perón, Romero la pasó mal. En aquél entonces era docente en la Universidad de La Plata --donde también estudió--, miembro de una agrupación gremial de profesores y militante de Montoneros. “Nos echaron a todos, terminó todo mal porque intervinieron el gremio”, reseña. Con el retorno de la democracia, decidió volver a la política pero a través del Partido Intransigente y ya no del gremialismo, “porque pensaba que sería el gran partido de la izquierda, pero fue un fracaso, por la corrupción”. Tras esa experiencia, sus esfuerzos pasaron por conformar un sindicato de artistas plásticos, pero quedaron truncos. “Es muy difícil agremiar a los plásticos y que tengan conciencia social. Tienen esa idea de que el artista es independiente, volador y pinta en su taller.”

Arte (o calle)

A través del arte, Romero se preocupa por las injusticias y las denuncia, tal como lo hizo en la fábrica. Represión en Kraft, hambre, violencia hacia la mujer y gritos desesperados --que colecciona en fotografías-- florecen en su obra. Pero ese ímpetu no apareció de entrada. Al principio, sus creaciones tenían más que ver con el arte cinético o geométrico. “Siempre tuve la idea de que el espectador tenía que participar. Era algo ingenuo: él se movía y el objeto cambiaba de forma”, explica. Pero, ¿cómo es que llegó al arte el líder sindical adolescente? Por consejo de una benévola amiga, su madre lo llevó a una escuela de dibujo cuando iba a la escuela primaria. Sin embargo, por mandato familiar --“alguien aleccionó a mi padre”, protesta-- hizo la secundaria en una escuela industrial. “Los fines de semana y a la noche estudiaba dibujo, y cuando terminé me anoté en la Universidad de La Plata”, cuenta.

Como el trabajo en la telefónica lo liberaba a las 14, tenía toda la tarde para crear. “Ni me di cuenta de que existía ese trabajo”, desliza. El destino final de sus obras fue escasas veces una exposición. Y el hecho de mantenerse alejado de los focos de venta le brindó independencia para moverse en el terreno expresivo en el que se sintiera más cómodo: grabado, fotografía, performances, arte político, geométrico, trabajo con objetos, afiches, arte correo y poesía visual son sus estadíos. La palabra aparece como elemento fundamental en su carrera: suele deformarla, unirla a fotos impactantes o sólo valerse de ella, como en el caso de los afiches. “Tiene potencia y te obliga a pensar. Además, hay imágenes que la gente no quiere ver porque son dolorosas”, remarca. A todos sus modos de trabajo los cruza eso que tanta fascinación le produce: la calle. “Con un maestro de grabado fuimos al Museo Nacional de Bellas Artes a hacer una demostración. Nos gustó la idea, pero era en un museo, cerradito. No pasaba nada. Entonces dijimos de hacer lo mismo en Plaza San Martín. Tenía una timidez, una vergüenza, no sabía dónde meterme... cuando se me pasó me enganché con el público, comencé a hablarle", recuerda Romero sobre su primera experiencia callejera.

Después de esos primeros trabajos “ingenuos”, la línea “editorial” que atraviesa la obra de Romero es el eco de una realidad político-social. Sobran los ejemplos. Sin ir más lejos, una de sus últimas incursiones en la vía pública fue un afiche --siempre con letras al estilo boliche bailable-- que colocó en Chacarita con la leyenda “Todos somos negros”. Y para este lunes, a propósito del Bicentenario, organizó junto con los Artistas Solidarios una movida frente al monumento a Mariano Moreno --ubicado en la plaza homónima de la Ciudad de Buenos Aires--, bajo la consigna “La revolución inconclusa”. “Pensamos que a Moreno lo tiraron al mar y se acabó su revolución. Lo envenenaron, no sé qué le hicieron, pero no llegó a ningún lado. Pedimos a la gente que vaya con cosas: papeles, pancartas, lo que quieran”, invita.

Llama la atención que, durante toda su carrera, Romero se haya manejado en grupo, empezando por Arte Gráfico-Grupo Buenos Aires y finalizando con Artistas Solidarios. El primero se paralizó en la última dictadura, momento en que el artista se volcó a obras “con doble lectura”. Así lo recuerda: “Usaba periódicos para hacer mis obras. Encontré una foto de un tipo muerto en una playa, porque le había caído una garrafa de gas. Y la puse en una muestra en Bellas Artes, con una inscripción que decía ‘el placer y la nada’, y hablaba de la vida y la muerte. Pero no pasaba nada, porque el arte visual tiene un lenguaje más encriptado y está en ámbitos más encerrados. A los músicos y a la gente del teatro los perseguían, a los plásticos no”, compara. También formó parte de Escombros, devenido hoy en un “grupo comercial”, según su criterio. “Nosotros éramos peleadores que estábamos en la calle. Ellos están en Arte BA”, diferencia. Y se vale del ejemplo para aclarar que no toda expresión artística es cuestionadora por estar en la calle. “El
street art es totalmente cholulo y snob. Hay pibes que imitan al animé sin un sentido de crítica o de militancia”, manifiesta.

“El trabajo en grupo potencia mucho. Si tenés una idea, te la multiplica. Te obliga a aflojar un poco la individualidad y te corta mucho las alas, pero en el mejor sentido del término. Te dicen muchas cosas que a lo mejor se contradicen con las tuyas y eso a veces duele”, reflexiona el artista. Claro que no faltan las discusiones. “Con los Solidarios, debatimos mucho con el asunto del campo. Ferrari estaba a favor del gobierno; (Diana) Dowek, del campo; y otros, de ningún lado. Por eso no hicimos nada en ese momento, para mantener la unidad del grupo. Nuestra afinidad artística pasa por la calle”, explica.

Docencia

“Estoy ya con cincuenta años de docencia. Cuando los cuento me impresiona“, esboza. Romero es de esos maestros apasionados. Y eso que ingresó a ese mundo tímidamente, como ayudante del taller de grabado de su facultad. Actualmente, da clínicas en su casa. “La gente viene, habla conmigo, critico su obra, le digo lo que tendría que hacer y vuelve”, explica. También es profesor en el IUNA. “Siempre trabajé para el Estado”, así sea en Córdoba, en Rosario o en La Plata. “Me gusta devolver lo que me dieron, lo que aprendí, y sin ocultar nada. Vengo de una tradición en la que los maestros ocultaban mucho de la técnica del oficio. Decían qué se hacía, pero no cómo. Vos tenías que ir descubriéndolo, perdías tiempo, sufrías. Yo cuento y muestro todo, tengo una biblioteca bastante grande como para mostrar mis libros”, destaca.

“Que le pasen cosas” es el deseo supremo de Romero en relación con el espectador, cuando se tope con una obra de golpe y sin pensarlo. Abrirse por completo a la búsqueda del otro, cuando tiene la necesidad y el deseo de aprender. La lucha política en su sentido más material ya quedó atrás. Quizás la extrañe un poco, confiesa, pero piensa que ahora su tarea es otra. El calidoscopio está completo. Sin embargo, quedan cuestiones por preguntar. ¿Cuántas historias tendrá para contar? Quizás tantas como los deseos que aguardan en las pulseritas de todos los colores que cuelgan en la pared de su taller.

jueves, 20 de mayo de 2010

Resaltando la imperfección.-

Ana Utrero es una artista ansiosa de fines del siglo XX. Desde Extremadura a La Habana, la diseñadora gráfica amante del cine, comenzó un viaje que la traería a tierras argentinas. Acá se quedó, y desde hace un mes organiza ciclos que están dando que hablar: Mamá Domingo propone un espacio de intervenciones artísticas con el fin de dejar afuera los prejuicios y darle rienda suelta a la imaginación.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Mamá Domingo

Buenos Aires, mayo 20 (Agencia NAN-2010).- Los afiches de Mamá Domingo llaman la atención por su característica estética punk y under. Sin embargo, al fijar la mirada en esas publicidades, muy lejos están de presentar
una matiné festihardcore. Contrariamente al ritmo de los bombos en negra y las guitarras distorsionadas, el festival que organiza la artista Ana Utrero propone tranquilidad, relajación, extrañamiento y dinamismo.

La propuesta es innovadora por donde se la mire. Consta de la intervención de artistas sobre la proyección de una película entre los márgenes del
libre albedrío, gran protagonista de cada encuentro. A saber, desde la experimentación personal, cada domingo el evento se materializa: diseñadores, actores, músicos, artistas plásticos y fotógrafos hacen lo suyo sobre una filmación rigurosamente seleccionada por Utrero, a partir de la espontanea creación y resignificación de las imágenes que se hayan despertado en ellos.

Desde luego que el rodaje deja de ser el mismo porque pasa a ser manipulado por el espectador. El concepto esbozado por Utrero es la psicomagia. Es decir, cada una de esas mediaciones, son actos de psicomagia, término esbozado por el director de cine chileno Alejandro Jodorowsky, que alguna vez planteó, como punto primordial de su manifiesto, que “todo lo que arrastramos tiene que retorcerse hasta sublimarse. Todo lo que hemos recibido es un tesoro, no es necesario eliminar una parte. Hay que fecundar lo que nos viene dado”.

Entonces, es desde esa concepción del arte que tiene como finalidad “curar porque sino cura no es verdadero” que Mamá Domingo pretende convocar a los artistas, pero también a otros públicos, para sublimar “las penas, las historias, aquellos problemas que se arrastran desde siempre a través de una acción concreta, algo que es materializado, realizado y que no queda sólo en palabras”, según cuenta Utrero en diálogo con Agencia NAN.

Así, a partir de ubicarse en escena y romper con los prejuicios
y lo que sólo dicen las palabras, los hechos salen a la luz y después de eso, ya no hay vuelta atrás. Actores que arrojan verduras u objetos sobre la filmación, al igual que proyecciones de otras imágenes sobre la misma película, teatro de sombras detrás de una cortina, actuaciones o reinterpretaciones de la filmación; todo puede pasar cuando Mamá Domingo empieza.

De todas maneras, ese espacio se convierte en “anónimo”. Por lo tanto, se lleva a una pérdida de identidad que es lo que más preocupa a los artistas a la hora de despojarse del miedo, en una cultura donde “el yo deja de tener tantas reservas y deja de sacrificarse por ser perfecto. Acá podés ser imperfecto, porque se trata de eso, de jugar. La finalidad del ciclo es que todo sea un juego”, concluye Utrero.

La próxima cita será el domingo. Entonces, se proyectará la primera película de Almodóvar, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, y tocará la banda Peter Pank & Los Chicos Perdidos, además del Dj Lima. Será en El Emergente Club Bar, Gallo 333, Ciudad de Buenos Aires, a partir de las 20.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Robo y misterio en El Corralón.-

Del espacio cultural del barrio de Floresta desaparecieron computadoras, luces, cables, una bicicleta y hasta pelotas para hacer malabares. Para los vecinos y artistas se trata de un hecho “dudoso”: como se produjo luego de que el gobierno porteño los dejara sin custodia policial, deducen que se trató de una señal para que abandonen el predio que recuperaron hace poco más de cinco años.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza de El Corralón

Buenos Aires, mayo 19 (Agencia NAN-2010).- La escena es cruenta por donde se la mire y le toque a quien le toque. Entrar a un lugar y ver que lo han saqueado o robado, ya sea parcial o totalmente, inquieta el humor de cualquiera: desequilibra. Pero si encima lo que le han quitado posee un valor mayor al de su simple materialidad, el acto no sólo intranquiliza: lastima. Ésa es la sensación que comparten los artistas del espacio cultural El Corralón, de Floresta, y los vecinos del lugar, que una mañana se desayunaron con la sorpresa de que los habían despojado de computadoras, luces, cables, una bicicleta y ¡pelotitas de circo! con las que trabajan diariamente. Un hecho repudiable desde cualquier costado pero, sobre todo, “dudoso”, según apuntan los perjudicados, porque el asalto se produjo después de que el gobierno porteño les retirara la custodia policial.

La incertidumbre se genera desde varias aristas. Ocurre que desde que la administración de la Ciudad quitó la vigilancia al enorme espacio cultural (ubicado en Gaona 4660) para ser relevada por un efectivo de la polémica Policía Metropolitana, la guardia nunca llegó. Para colmo, según comenta una de las representantes de la Asamblea Barrial de Floresta, Mabel Sampaolo, el robo se produjo días después de que “un grupo de la policía creada por (el jefe de la administración porteña) Mauricio Macri visitara el lugar, sacara fotos y filmara. Toda una coincidencia”. Por eso, ante estas vicisitudes, los vecinos creen que el objetivo de los desmanes trasluce una meta clara: que los colectivos artísticos y sociales del corralón abandonen el predio que recuperaron hace poco más de cinco años.

Fue el 1 de mayo de 2005 cuando organizaciones barriales pudieron rescatar ese espacio, antes utilizado por la Dirección General de Limpieza del GCBA. Con el correr del tiempo y con el empuje de chicos y grandes, El Corralón se constituyó como patrimonio cultural de la región. Así, lograron consolidar un Laboratorio de Arqueología Urbana dependiente de la Universidad de Buenos Aires, una biblioteca pública, talleres de fotografía, murga, canto, danza y hasta un grupo de teatro comunitario, conocido como El Épico de Floresta, declarado de interés cultural por la Legislatura porteña. Todas ellas piezas de un proyecto social concreto, que tiene entre ceja y ceja la finalidad de establecer en el predio una plaza cultural, consensuada en 2006 entre vecinos y técnicos de la administración macrista.

Sin embargo, ahora la propuesta corre peligro. Es que para asegurar la concreción del polo cultural “debería existir un compromiso de parte del gobierno que por el momento no se ve”, remarcó Sampaolo. Ni en materia de la tan ansiada “seguridad” que persiguen caprichosamente las autoridades de la Ciudad ni en materia cultural, eso está a la vista con sólo pispear los innumerables reclamos del colectivo. “Hace tiempo que venimos reclamando con notas a la Defensoría del pueblo, al Centro de Gestión y Participación Comunal Nº10 y nunca tuvimos respuesta. Claro está que lo del robo es producto de esa desidia”, sostuvo la representante de la organización barrial con un tono parsimonioso pero lleno de disgusto.

La denuncia por los saqueos fue radicada en la Comisaría Nº43, donde se comprometieron a patrullar la zona con más regularidad. En la carátula 1352/17, aún en proceso de investigación, los vecinos declararon el robo de “tres computadoras, luces, cableado, una bicicleta, dos espejos, y varios accesorios, entre ellos, pelotitas de malabarismo”. Llama mucho la atención que se hayan llevado elementos indiscriminadamente de El Corralón. Por eso, los artistas se animan a hipotetizar que “se ha puesto en marcha un proceso de abandono que tiende a un desalojo programado y delicadamente planificado”, tal como deslizó la representante de la asamblea barrial en diálogo con Agencia NAN.

Más allá de eso, los vecinos y cada uno de los colectivos artísticos están más unidos que nunca. Clara muestra de ello es la jornada de lucha que realizaron a fines de abril para defender la integridad del polo artístico y social. Del reclamo participaron grupos culturales como Mala Yunta, Tobas Bolivia y Cruz Andina, aparte de los legisladores porteños Gabriela Alegre, Francisco Nenna (ambos de Encuentro Popular para la Victoria), María Elena Naddeo (Diálogo por Buenos Aires) y Delia Bisuti (Proyecto Sur), quienes repudiaron en el recinto los saqueos con un pedido de informe e investigación elevado al Ejecutivo para que brinde las respuestas y soluciones correspondientes.

Al cierre de esta edición, el gobierno no se había involucrado de lleno en el tema. De todas maneras, los integrantes de El Corralón siguen trabajando. Y lo hacen con la misma mística que envolvió al lugar desde fines de 2001, cuando la crisis feroz empujó a los vecinos a organizarse mancomunadamente, a trabajar hombro con hombro para poseer un barrio mejor, tal como lo hacen sus hermanos del Centro Cultural Veintitrés, de Flores, que producto de su lucha pararon el desalojo del edificio, donde viven 55 familias que día a día comparten su espacio con grupos artísticos y actividades culturales.


Siempre corriendo atrás de un legado de memoria, desde el arte y las históricas asambleas populares que nacieron en el oeste del Gran Buenos Aires. “Porque el futuro es una construcción que está en progreso y no hay sueños imposibles”, señala Sampaolo, dejando en claro que no bajarán los brazos y seguirán trazando el mismo camino que vienen transitando desde hace casi una década. Lo seguro es que, pese a todo, no pararán.

martes, 18 de mayo de 2010

Melodías aunadas por el esclarecimiento de la muerte de Matías Pena.-

Durante el ocaso del domingo pasado, decenas de vecinos se reunieron por segunda vez en la Plaza Sarmiento, en Lanús, para exigir la investigación del presunto suicidio de Matías Pena en la Comisaría 2º de esa ciudad, ocurrido hace casi dos meses y medio. Humano Querido, Disconformes y Old Road, entre otras bandas, hicieron de la música un megáfono dirigido a los paseantes.“No pedimos seguridad, sino justicia”, enfatizaron.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de CFAVMP

Buenos Aires, mayo 18 (Agencia NAN-2010).- Como si una voz inmortal le hubiera susurrado al oído, el cantante de Old Road silenció su guitarra y, antes de interpretar el siguiente tema, imaginó: “Seguro que ahora Matías Pena está contento”. Y no era para menos. Porque vecinos, amigos y familiares organizaron por segunda vez un festival de rock con la “música que él disfrutaba” para exigir que su dudoso “suicidio” en una comisaría de Lanús sea esclarecido.

La tarde fría del domingo en la plaza Sarmiento no fue impedimento suficiente para que decenas de vecinos apoyaran el caso que conmovió a todo el barrio hace casi dos meses y medio. La idea del encuentro cultural fue recordarlo con una sonrisa y unir fuerzas para que el caso no quede impune. “Las bandas que están apoyando la causa son del barrio, como Matías, que era amigo de todos. Y nos unimos porque sabemos cómo la Policía trata a los pibes del barrio”, evaluó Pablo López, amigo de Matías y uno de los organizadores del festival. Antes de presentar a la siguiente banda, sentenció: “Somos muchos y algún día va a parar la costumbre de estos tipos de matarnos a todos”.

Es que en la madrugada del 4 de marzo, Matías Pena, de 29 años, apareció “ahorcado” en una celda de la Comisaría 2º de Lanús, cuarenta minutos después de haber sido detenido, sospechado de romper algunos vidrios de un bar. Desde entonces, sus allegados, aglutinados en la Comisión de Familiares, Amigos y Vecinos de Matías Pena (CFAVMP), denuncian que no pudo haber suicidio, como informó la Policía, porque la víctima habría sido hallada colgada en una ventana de altura menor que la de él.

A partir de este hecho, se inició una causa en la que intervienen la Fiscalía (UFIyJ) Nº 9 y el Juzgado de Garantías Nº 4 del departamento judicial de Lomas de Zamora. La carátula no habla de causales de suicidio, sino de “averiguación de causal de muerte”. Según Ariel Hernández, representante de la Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos del Pueblo (CADeP), la Policía es “responsable” por acción u omisión. “Si lo hubiera vigilado, Matías no se hubiera ‘suicidado’, si es que fue lo que pasó. Pasaron seis minutos desde que falleció hasta que lo encontraron”, explicó Hernández a
Agencia NAN.

Por eso, los que compartieron la vida con el joven fallecido se dispusieron a difundir el caso para que se conozca en todo el país. “El apoyo es lo más fuerte que tenemos. No haríamos este festival sin todos los que están acá. Lo bueno es que cada vez que hablamos siempre hay alguien de frente que nos escucha, nos entiende y sabe que a los pibes los matan como a perros”, resaltó a punto de quebrase David Güelfi, amigo del difunto.

La música no paró de sonar. Ni siquiera los distraídos podían ignorarla. Sin embargo, la plaza siguió su curso. Un grupo de pibes disputó el partido infaltable de cada domingo, ritual sagrado del barrio. En otro rincón, el vendedor de pochoclos y copos de algodón dejó por un momento su actividad para sumarse al pedido de justicia, un reclamo del cual todos se apropian. Porque Matías era un pibe de barrio, como cualquiera de los que asistieron al festival, y creció en la plaza con nombre de ése prócer de la educación amado y repudiado, según el modelo de país que se prefiera.

Entre los postes de los faroles aún dormidos, colgaban de una soga escenas inmortalizadas de la lucha que encabezan familiares y amigos de Pena para evitar que el caso quede impune. Las velas que alumbran el camino cada jueves en las marchas por el centro de Lanús; el rostro abatido del hermano de Matías; la parte trasera de un patrullero escrachada con un aerosol justiciero; y policías ordenados en fila dispuestos a cumplir con su trabajo, fueron algunas de las fotografías que integraron la muestra ambulante.

Luego llegó el turno de Disconformes, una banda joven y enérgica que le aportó la cuota de punk a la jornada. “Es groso estar acá porque una vida no es cualquier cosa”, consideró el cantante frente a adolescentes, niños y adultos que escucharon con respeto la presentación de cada banda. Así, los músicos le dedicaron una ingeniosa canción a las “zapatillas de Carlos Ruckauf” y le cantaron a un “amor de colectivo”.

“Vamos a hacer una versión de un tema que van a reconocer enseguida”, desafió el bajista y se despachó con “El pájaro vio el cielo y se voló”, clásico de Los Auténticos Decadentes. En ese momento, un nene entró a la improvisada pista de baile y saltó hasta que sus piernitas se agotaron.

Pronto, la noche se comió al día. Como luciérnagas en busca de protagonismo, las luces de los faroles comenzaron a encenderse. Entonces, coparon el escenario los más noctámbulos de la jornada: los músicos de Humano Querido. Con 12 años de trayectoria, los de Lanús regalaron una decena de temas originales, graciosos y que invitaron al baile. “Para Humano Querido existen cuatro malas palabras: injusticia, hambre, hipocresía y la concha de tu madre”, contó el histriónico Sergio “Resorte” Scarone con una combinación de humor y protesta.

Durante casi una hora, la banda de hombres de negro y sombrero enfrentó el frío. Al ritmo del sonido psicodélico de la trompeta, todos entraron en calor con “Paralíticamente”, “La persiana” y “La garchindonga”. Detrás de los músicos, el monumento a Domingo Faustino Sarmiento no formaba parte de la lista de invitados. Envuelto con una bandera granate que recordaba a Matías y con la cabeza totalmente tapada con un trapo, la estatua del prócer se mantenía en el anonimato.

En el final, después de que una pantalla gigante proyectara las emotivas marchas en las que cientos de almas reclaman “Justicia”, Hernández tomó la palabra: “Este es un caso que se repite. Si bien es verdad que la Policía es represiva, también es verdad que a quienes matan y torturan son siempre los mismos: los jóvenes, los trabajadores y los pobres”. Entonces, diferenció: “Ustedes piden ‘justicia’, no ‘seguridad’. Porque la seguridad la piden por lo general los que la tienen y quieren más. Y la seguridad de ellos siempre va en contra de la nuestra. Porque más seguridad significa más ratis en la calle, y más ratis en la calle significa más inseguridad para los jóvenes y los pobres”.

Reggae, punk, rock and roll stone, psicodelia y pop convivieron armoniosamente en un mismo lugar y con un mismo fin. No hubo lugar para las rivalidades musicales, esas que tanto se parecen a la de los estadios de fútbol. Todos juntos unieron su arte para fortalecer el pedido de justicia.

* Para comunicarse con la Comisión de Familiares, Amigos y Vecinos de Matías Pena escribir a justiciapormatias@gmail.com.

domingo, 16 de mayo de 2010

Libros: “Melodías descarnadas” (Eric Thiemer, 2007).-

Una de las inquietudes del además saxofonista de Siddhartha Spiritual Project es la poesía. En su ópera prima, el joven entrega un conjunto de más de 60 composiciones entre reflexivas y románticas: se pregunta por los muertos en una ciudad que explota constante y si podrá bajar un cielo estrellado para su amor.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, mayo 17 (Agencia NAN-2010).- El saxofonista Eric Thiemer (1983) es uno de los ocho inquietos de Siddhartha Spiritual Project (SSP), que cruzan su música con una multiplicidad de otras artes, desde las plásticas a la carpintería. Thiemer, además, es poeta, y Melodías descarnadas (De los cuatro vientos), su ópera prima. La tapa del delgado libro, una imagen abstracta, devela otra arista del saxo de SSP: la pintura. Lleno de simplezas y con pocos lirismos que edulcoren las más de 60 poesías del libro, el joven brinda un poemario cargado de romanticismo juvenil y reflexiones sociales.

Para empezar, en “La Danza del orbe”, el autor sabe que sólo es un número más en la maquinaria social. Con angustia, se reconoce alienado: “Sin opciones, mi cuerpo baila al son/ ¿Qué pasa?/ Mi cabeza va a estallar.../ ¿Qué pasa?/ Sigo en el baile/ No lo puedo evitar”. En “Me encuentro viendo al mundo”, Thiemer va un paso más adelante y ya no es introspectivo, mira su contexto: “Esta ciudad se quiebra/ el mundo explota/ los niños no comen”. Y cuestiona, atónito: “Quién puede divertirse hoy/ en este/ baño de sangre”. Y en “La medida justa de la libertad” se define como un río, que se defiende de los recipientes, es decir, de las normas, para proteger su libertad.

En Cartas a un joven poeta, el checo Rainer Maria Rilke considera que “una obra de arte es buena cuando surge de la necesidad de crearla”. Aparentemente, el autor de Melodías descarnadas encuentra su motivación en pagar “el cielo más estrellado, en la noche más oscura” a su amor. Y si bien este libro no innova, Thiemer confirma, en “Hay un poema”, que sus textos están escritos “sin adornos” y esboza un manifiesto estético: “No quiero leer jeroglíficos/ quiero que me tiren un corazón/ que lo escupan en la tela o en el libro”. De esta manera, retoma el viejo dictum de la musa inspiradora. “Mi mejor genialidad/ robarme la musa”, confiesa, humilde. En esencia, son poemas sin sobresaltos para leerle en voz alta a una persona que se quiere.

En “Hoy aquí en mi pueblo muere gente” cuestiona a los medios de comunicación, al confrontar el discurso mediatizado (Hoy oí en la radio,/ hay muerte en mi ciudad) con la “realidad” cotidiana (Hoy caminé por las calles de mi barrio:/ ¿aquí muere gente?/ Vi chicos reír,/ madres con sus hijos,/ el amor y su perfume no están ausentes). Para terminar, de todas ellas, hay una dedicada a la inclaudicable lucha de Madres de Plaza de Mayo, en la que el autor sostiene la indiferencia de la sociedad y reconoce el valor de la lucha del colectivo “en un mundo sórdido”.

Blog: http://ericthiemer.blogspot.com

viernes, 14 de mayo de 2010

Felco: “Lo simbólico que representa el arte como capital social está completamente relegado”.-

Así lo subraya Juan Morcillo, uno de los organizadores de la octava edición del Festival Latinoamericano de la Clase Obrera, que se desarrollará durante todo el mes en variadas sedes de la Ciudad de Buenos Aires, las localidades bonaerenses de Temperley y Quilmes y la provincia de Tucumán. El abanico de actividades, todas gratuitas, incluye talleres de lectura, obras teatrales, espectáculos de danza y recitales al aire libre. “El Felco no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de una lucha más compleja y grande que incluye no sólo al argentino, sino a todos los pueblos del mundo. Al fin y al cabo, la gente que trabaja es la mayoría de la humanidad”, afirma.

Por Ailín Bullentini
Fotografías de María Luz Carmona (2) y gentileza de Felco (1)

Buenos Aires, mayo 14 (Agencia NAN-2010).- Machete en mano, un obrero con exceso de energía que se acumula en sus venas y las empuja a romper las barreras de la piel, desmaleza un campo de pastos que cubren su altura, abriendo camino, a lo largo de América latina, a la unión de artistas que “por laburantes”, pero principalmente porque “el arte es la expresión más humana en la sociedad de hoy, en la que el resto es alineación para ir a trabajar, tratar de zafar y descansar viendo la tele”, se ubican “en la trinchera de la clase obrera”, en “la lucha por su liberación”. Esa es, probablemente, la escena que mejor representa la esencia del Festival Latinoamericano de la Clase Obrera (Felco), que está cumpliendo, en mayo y en Argentina, su VIII edición.
Agencia NAN recorrió junto a Juan Morcillo, uno de sus organizadores, la historia del evento que, en su paso por el país y Bolivia, Chile, Brasil y Uruguay, recogió experiencias artísticas y culturales que “tanto por la obra en sí, como por el tipo que la produce, apuntan y adhieren a la liberación de la clase obrera. Es un ‘contá con nosotros‘ que les decimos a los obreros, en esta ocasión, desde el arte”.

-- ¿Para qué sirve ese “contá con nosotros”? ¿Qué aporta?
-- Nadie puede comer un cuadro. Nadie se va a tapar de la lluvia con una película y se podrá vestir con una obra de teatro. No es la producción artística propiamente lo que ayuda, a pesar de que lo haga el desarrollo del capital simbólico, que es tan importante como taparse de la lluvia, comer o vestirse. Lo más importante es la posición de ese artista en la lucha de clases.

Durante un mes, todo aquel al que le venga en gana puede disfrutar, de manera gratuita, películas, obras de teatro, muestras plásticas y jornadas de lectura que luego generarán mesas debate y, hacia el final del festival, una asamblea general. La iniciativa nació en 2004, desde la agrupación de cine documental y militante El Ojo Obrero. “Formábamos parte de un conjunto de grupos que buscaba con el cine documental, registrar justamente la situación social y política de Argentina, básicamente desde el '99. Pero además de documentar el presente, también recuperar una historia de arte militante que creció a fines de los '60 y principios de los '70 que la dictadura liquidó. Pensábamos que debía haber en el resto de Latinoamérica gente haciendo lo mismo que nosotros, al calor de los devenires políticos y sociales, y se nos ocurrió construir una red que nos mantuviera en contacto. Entonces, hicimos la primera convocatoria de características políticas, por supuesto”, expuso Morcillo.

-- ¿A qué te referís?
-- La idea de invitar no era reunirnos para ver cuántos éramos; no era “vení, presentá tu película”, sino “frente al cuadro de situación de explotación, vamos a debatir”. La convocatoria estuvo siempre destinada a artistas de organización independiente que están de un lado de la trinchera de clase y al mismo tiempo tienen sus propias reivindicaciones por las cuales pelear; a tipos que saben a qué apuntan con su arte y por qué quieren luchar en su vida. Queríamos reunir todo el material que había surgido a partir del arte militante en Latinoamérica e intercambiar experiencias políticas de cada país, de cada grupo: queríamos compartir cuál era la visión de cada grupo documentalista o realizador individual de aquéllo que estaba filmando. Pero todo esto no era más que una intención nuestra, no contábamos con ninguna certeza. Lo primero que ocurrió fue que llegaron 150 películas, cuando los más optimistas pensábamos que no iríamos a recibir más de 20 o 40.

-- Respecto de sus sedes, el Felco parece una fusión de dos mundos: el de la circulación oficial y comercial del arte y el de la alternativa. ¿Lo ven así?
-- Es un debate que está vivo al interior del festival. El desafío se presentó no bien arrancamos, cuando recibimos las 150 películas: ¿cómo hacíamos para pasarlas todas? Salimos a buscar sedes: asambleas populares, comedores barriales, fábricas recuperadas, centros de estudiantes y culturales. Pero también queríamos que el festival tuviera una semana central, así que le pedimos al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) que nos cediera algunos de sus espacios. Finalmente, nos dieron un par de días en el Espacio Tita Merello y en el Palais de Glace, pero tuvimos que luchar, movilizarnos, porque estaban totalmente en contra. Para ellos no tenía ningún peso el festival. De hecho, el cine que nosotros hacemos, filmado en digital, no es considerado cine por la ley nacional porque no está terminado en (el formato) 35 mm. Las primeras respuestas del Incaa fueron que no teníamos nada que ver con ellos. Pero les ganamos poco a poco. En 2007, logramos una semana entera en el Tita y que el Incaa sacara una resolución apoyándonos. A regañadientes, claro, pero ya no lo podían ocultar.

-- ¿Por qué la necesidad de obtener el reconocimiento del Incaa?
-- Para tener una semana central, darle otra entidad al festival y, además, porque siempre fue parte de la intención del Felco el recuperar para el pueblo todos los espacios que el Estado no utiliza para la difusión de determinados géneros. Tiene complejos, espacios y recursos económicos que no pone a disposición del caudal de producción artística que nace del pueblo, sino al del mercado comercial, para subsidiar o publicitar arte de ricos para ricos. No apoya ningún tipo de producción, distribución ni exhibición de muchísimas disciplinas artísticas populares. La política educativa al respecto de las escuelas artísticas es de vaciamiento y cierre. Vivimos desde hace bastante tiempo un ataque permanente a la producción cultural; el capital simbólico que representa el arte como capital social está completamente relegado. Es un ataque directo a la superación propia del pueblo argentino, así que toda cosa que le podamos arrancar al estado, al respecto de recuperarla para la distribución y exhibición de diferentes disciplinas artísticas, es una victoria.

-- ¿Qué cualidad tiene que tener una expresión artística para formar parte del Felco?
-- Ninguna. Otro punto que sigue vivo en el interior del festival, en debate, sobre todo al calor de su crecimiento y expansión a otras disciplinas. Felco nació como un festival de cine militante, pero en la asamblea final de Brasil 2006 decidimos abrir el telón a otros rumbos del arte. No paraban de llegar propuestas de artistas que estaban completamente de acuerdo con la convocatoria política, pero su arte era otra cosa. Y ahí surge el punto gris: ¿cómo hace uno para determinar el posicionamiento político de la obra en sí? Si el tipo no la titula La toma del palacio de invierno, quizá el cuadro que muestra una serie de colores y formas no te lleva a su ideología directamente. Lo mismo pasa con alguien que hace música instrumental. ¿Al festival qué le interesa, entonces? La ideología política de la obra o el posicionamiento del artista. En 2007, tal debate devino en un documento con la postura del festival respecto a esto, en el que definimos “arte militante” como toda aquella producción artística que esté, tanto por la producción como por artista que la produce, del lado de los trabajadores y la lucha por su emancipación política. Nos colocamos del lado de la total libertad formal en la presentación al festival. Lo que nos importa es eso último. Así, logramos reunir un grupo de producciones artísticas tan ecléctico como éste, que cuenta con un graffiti de la cara de Julio López, una foto con una bandera que dice “Treinta años en lucha”, la instalación “El agua vale más que el oro” y un paisaje liso y llano. No existe período de selección para integrar el Felco tampoco. El arte no tiene que competir con el arte. Eso nos obligó a buscar más sedes y a hacer más grande al festival, y nos sigue obligando hoy en día.

-- ¿Cómo se sostiene la organización de un festival de las magnitudes del Felco, que cuenta con más de cien sedes en el país?
-- A partir de comisiones. Felco nació en Buenos Aires, de la mano de los integrantes del grupo de cine militante El Ojo Obrero, así que casi todos los integrantes de la comisión de Argentina tienen unión con esa organización. Pero además se conforma una comisión organizadora en cada provincia donde hay sedes, y en cada país adonde viajó el festival, como Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay. Estamos organizando uno en Costa Rica ahora. Y hace un par de años decidimos conformar una comisión de coordinación internacional para mantenernos siempre en contacto. Para que el Felco viaje a un país o se abra a una ciudad nueva tiene que haber un acuerdo con las tres patas que le dan entidad al festival: la convocatoria, que siempre tiene que ser política, más allá de cultural; la forma de organización, que debe ser horizontal; y la realización de mesas de debate en relación a las expresiones artísticas que forman parte del festival, y la asamblea, al final, que no es un resumen artístico de lo que sucedió durante el mes sino una reflexión política del encuentro. De las asambleas participan público y artistas, pero principalmente artistas.

-- ¿Alcanza un mes en el año para reflexionar políticamente sobre el arte y su relación con el movimiento de liberación de la clase obrera que propone el festival?
-- Una de las propuestas del Felco es que en cada lugar adonde llegue, el espacio generado siga funcionando durante el resto del año. Claro que no somos inocentes y sabemos que todos, o la inmensa mayoría de los artistas que participan, tienen una tendencia política previa al evento. No es que vienen vírgenes de toda posición y su integración modifica su manera de leer el mundo. Pero la idea es generar una red que nos una, que reúna a cada vez más artistas y espacios con esta visión. Un ejemplo fue lo que sucedió cuando la toma de Indugraf. No había un Felco en Buenos Aires en ese momento, pero nos reunimos varios y armamos un festival en apoyo a los laburantes de la fábrica recuperada. Esa red funciona permanentemente. No es que nos juntamos durante un mes y el resto del año nos vamos a dormir. Sigue funcionando como artistas unidos en sí.

-- ¿Cómo manejan la relación con el pueblo? ¿Cuál es la respuesta?
-- Es muy complejo resolver ese intríngulis, porque hay una historia previa que se basa en más de tres décadas de aplastamiento de la clase obrera. Vivimos un desgaste de todo, incluso y sobre todo la esperanza. Venimos de una larga historia de liquidación de la vanguardia del conjunto de la población. El descrédito hacia la política está construido sobre la base de la falta de respuesta. Como finalmente no se fueron todos, desde los partidos políticos no han hecho nada por romper el descrédito. Y esta situación se soluciona con compromiso en la organización social. Hay muchos movimientos de resistencia y de avance que hay que seguir nutriendo. El Felco no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de una lucha más compleja y grande que incluye no sólo al argentino, sino a todos los pueblos del mundo. Al fin y al cabo, la gente que trabaja es la mayoría de la humanidad.

* Horarios, sedes y días de las actividades del Felco: www.felcoargentina.com.ar
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