viernes, 30 de julio de 2010

Ignacio Portela y Hugo Montero: “Polo era un cachetazo a la TV que se burlaba de la gente”.-

Los creadores de la revista Sudestada y autores de Polo: el buscador recuerdan la labor periodística de Fabián Polosecki, que se suicidó en 1996 y que mañana cumpliría cuarenta y seis años. “Hacía política desde el lugar menos pensado”, concuerdan, y añaden que en sus programas televisivos “hay un cuidado más ligado al cine documental que a la televisión, que es una fábrica de hacer chorizos”. Además, rescatan su “real interés por lo que le pasaba al otro”.

Por Adrián Pérez
Fotografías de Lucía Baragli y gentileza de Sudestada

Buenos Aires, julio 30 (Agencia NAN-2010).- Su paso por la televisión fue tan intenso como su vida. Gustavo Fabián Polosecki fue el tercer hijo de Aída Prizant y Josué Polosecki y nació el 31 de julio de 1964 en el seno de una típica familia judía de clase media. Las calles del barrio de Belgrano encendieron su curiosidad desde muy pequeño, cuando los colores de las polleras que llevaban unas gitanas que conversaban con elocuencia le llamaron la atención. Curiosidad, pero también una buena cuota de sensibilidad llevaron al joven Polo a iniciar la carrera de Sociología en la UBA, mientras su compromiso político le abría paso en las filas de la Juventud del Partido Comunista. Todo eso quedó atrás cuando el periodismo llegó con una oportunidad de trabajar en Radiolandia, redacción que abandonó cuando el PC argentino fundó el diario Sur. Luego llegaría un fugaz paso por Página/12, pero su romance se plasmaría con la cámara cuando, el 19 de abril de 1993, El otro lado ganaba la pantalla del viejo ATC privatizado y en manos de Gerardo Sofovich.

Polo no sólo fue el creador de una estética particular que mechó jirones de cine negro norteamericano con historieta, literatura y la inquietud de un joven periodista que había mamado la militancia política y la bohemia de los bares. También generó una forma de relatar historias de gente común; de prostitutas y boxeadores, cantantes de cumbia y matarifes, policías y ladrones. Su vida se apagó, finalmente, el 3 de diciembre de 1996. Ignacio Portela y Hugo Montero, autores de Polo: el buscador. Vida y obra del periodista Fabián Polosecki, cuentan la cocina de la reciente reedición de este libro, que fue lanzado nuevamente para “rescatar su mirada”, la de un periodista que nunca apeló al golpe bajo y manejó los silencios haciendo que esas historias surgieran del alma de cada entrevistado. Para recordar legado y obra de Polo, que mañana cumpliría cuarenta y seis años, Agencia NAN entrevistó a los escritores.

-- ¿Cuándo y cómo se acercaron al trabajo que Fabián Polosecki inauguró con El otro lado?
Hugo Montero: -- Llegamos a Polo en 1993, cuando nos topamos por azar con su programa en Canal 7. Con 16 años, estábamos en una edad de muchas preguntas sobre nuestro futuro. Los programas de Fabián nos llamaron la atención, fundamentalmente porque sentíamos que iba a contramano del mensaje que surgía de la televisión comercial privatizada de aquellos años. Si bien lo seguíamos de manera irregular, salteada, cada viernes que podíamos, su programa nos empujó a elegir la carrera de periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Así llegamos a El otro lado, un poco percibiendo la estética que Polo proponía y esa cosa de ir a buscar historias y personajes en los barrios, por fuera del mundillo que la televisión mostraba.
Ignacio Portela: -- Aunque en esa época no nos conocíamos (con Hugo), cada uno lo miraba en la soledad de su casa. Fue en la facultad donde nos encontramos y nos dimos cuenta de que entre las cosas que nos unían, una de las más importantes tenía que ver con la mirada de Polo, con su sello. Desde Sudestada, consideramos que teníamos que revalorizar esa mirada por todo ese esfuerzo de producción y creatividad.

-- Pero con el tiempo hubo algunos que quisieron imitar esa estética que Polo había comenzado a desplegar a principios de los ‘90. ¿Encuentran huellas de su impronta en esos trabajos posteriores?
H.M.: -- Es necesario separar el trabajo que Polo propuso de la cáscara superficial, del plagio que considera que por fumar ante cámara o preguntar pausado se simula profundidad. Aquellos que intentaron copiarlo se quedaron a mitad de camino. Hablo de Juan Castro, Gastón Pauls, La Liga, producciones que intentan vincularse con un mundo que es ajeno para ellos. De personajes que viven en un lugar que nada tiene que ver con los sitios que recorren con las cámaras; que van a esos lugares con toda la carga de prejuicios que puede tener un tipo que cae en el barrio como paracaidista. No hay un intento de conocer al otro, sino una necesidad de que el entrevistado diga lo que ellos necesitan que diga. Nada más alejado de eso que la metodología que Polo y su equipo manejaban.

-- El libro desnuda un trabajo de investigación exhaustivo, cuidado, donde el equipo de producción realiza un trabajo de horas antes de que el periodista llegue con la cámara a registrar, a conversar con los entrevistados.
H.M.: -- Había un trabajo de campo previo. Polo enviaba un equipo de investigación --función que hoy no existe en el periodismo-- para relevar las historias, los personajes. Eso generaba un vínculo con los entrevistados en el barrio, en la casa, en el laburo. Después de ese trabajo de conocimiento que buscaba romper con la barrera que construye la presencia de las cámaras, Polo iba con el equipo y armaba el programa. Demoraba horas en una entrevista hasta generar ese momento especial donde el entrevistado --que a veces era un vendedor ambulante, un cantante de cumbia o un matarife-- bajaba la guardia y comenzaba a contar esas cosas de las que nunca antes había hablado.

-- Como emergente, El otro lado nace en un contexto televisivo cooptado por la cultura menemista, la frivolidad que se tradujo inmediatamente a los medios y la banalización de la participación política.
I.P.: -- En ese momento, la moda era reírse de todo, y lo de Polo era un cachetazo a esa televisión que se burlaba de la gente. Por el contrario, él transitaba esas historias con una belleza inusitada, pocas veces vista. Cuando uno hace un producto gráfico o televisivo se dirige a un público determinado. Pero a Polo lo miraba gente de la calle, universitarios, militantes, políticos. Le dieron cincuenta minutos de aire a un tipo que fue considerado inofensivo en la década menemista, en el canal estatizado por (Gerardo) Sofovich, en una época donde “política” era una mala palabra. Polo hacía política desde el lugar menos pensado para esa televisión. En las presentaciones que hicimos tanto en universidades de Buenos Aires como del Interior siempre nos encontramos con gente interesada en conocerlo o en volver a ver sus programas. Gente que no estaba ligada a la universidad nos decía: “No me perdía nunca sus programas”. Esa es otra de las cosas lindas que rescatamos de su trabajo.

-- El otro lado presenta una convergencia de varios campos. Por un lado, Polo abreva en la literatura y el cine negro norteamericano. Pero, con la llegada al proyecto de algunos realizadores de la Escuela de Cine de Avellaneda, también hay un aporte del cine documental.
I.P.: -- El programa mostró todo eso en distintas dosis. En un momento quiso imponer la estética de la historieta. Fueron sobre las historias sórdidas que (Ricardo) Ragendorfer quizás abordaba en Cerdos & Peces, y después lo metieron a (Alejandro) Dolina en un momento más de fábula. Era como que todos esos debates se daban naturalmente y sin ese acartonamiento que vemos hoy. En un montón de cosas, El otro lado funcionaba como un ensayo de prueba y error, donde todos tenían la libertad de hacer lo que querían.
H.M.: -- Cuando surge la oportunidad de tener cincuenta minutos de artística en un canal abierto, una persona que no tiene experiencia televisiva ni en producción puede llegar a pensar que es necesario vincularse con gente que tenga muchos años de televisión encima para que aporte algo. El tipo hizo todo lo contrario. Se sentó en un bar con los amigos de la militancia, con tipos de la Escuela de Cine Documental de Avellaneda, con otros que venían de hacer toneladas de sociales, casamientos y cumpleaños de 15 con la camarita; con tipos que venían de la literatura o la historieta, que les gustaba la novela policial, el cine negro americano. Exceptuando a (Rubén) Viñoles, que era productor de Torneos & Competencias, el resto venía de la gráfica y no tenía mucha idea sobre cómo hacer televisión. La apuesta salió bien, más que nada, porque se pararon por fuera del mundo de la televisión y porque no pasaron por el filtro de la fórmula sistematizada. Uno puede mirar los programas y detenerse en los detalles, no sólo en las veces que Polo se sienta a charlar con los entrevistados, sino también en los nexos ficcionales que se construyen con el personaje caminando por las calles de Buenos Aires. Hay un cuidado más ligado al cine documental que a la televisión, que es una “fábrica de hacer chorizos”, como él mismo decía.


-- En 1995, El Visitante era definido por su creador como un ciclo de “aventuras culturales”, en el sentido de narrar “la forma de vida y los gestos propios de un pueblo” alejado del periodismo.
H.M.: -- Incluso decía que con el ciclo hacía “antiperiodismo”, un poco la discusión que nosotros planteamos en el libro. Creemos que no es así, porque si encendés la televisión con ganas de conocer la vida cotidiana en Villa Itatí es más probable que te acerques a ese universo por un programa de Polo en la villa que por un informe de Canal 9 o Canal 13; que supuestamente son más objetivos y tienen más información sobre las últimas novedades en ese barrio. Polo iba por otro lado: eligió cuatro historias que permiten adentrarse no sólo en las historias de dificultades y penurias de la gente. Esta posibilidad que tuvo de insertarse en la vida del barrio, de pasar mucho tiempo allí, de hacerse conocido y respetado por su gente, le permitió rascar la cáscara de la visión superficial sobre los conflictos de cualquier barrio para entrar en los momentos de tranquilidad, alegría y festejo con los pares. Precisamente, la profesión de periodista tiene que ver con acercarse a esos momentos, no sólo con saber si mataron a dos o a tres o si hay diez pibes consumiendo paco. El acento del programa estaba puesto en un real interés por saber lo que le pasaba al otro.

-- ¿Abonan la teoría de que los testimonios que Polo fue recogiendo en cada historia, finalmente, terminaron abrumándolo?
I.P.: -- Difícilmente siendo periodista o militante uno pueda colgar la vida en un placard, en otro la militancia y en otro las entrevistas. Todo te afecta. No es fácil abstraerse. Se notaba que todos los problemas y las cosas en las que incursionaba surgían a partir de pasiones, de vida. Pero ese combo, que es jodido, a la vez te hace crecer como persona.
H.M.: -- Su muerte fue un tema muy jodido. Al principio no sabíamos ni siquiera si lo íbamos a abordar en el libro. Finalmente, decidimos hacerlo para romper un poco con los mitos, leyendas y burradas que se habían dicho sobre sus últimos días, sobre su muerte; para cotejar periodísticamente lo que se decía.

-- ¿Por qué decidieron reeditar Polo: el buscador?
I.P.: -- Para que el libro y Polo no pierdan vigencia.
H.M.: -- A nosotros nos encantaría repartir el DVD con la revista en todos los kioscos. Sería espectacular que un pibe lo copie para piratearlo, para difundirlo entre todos sus compañeros y que esté dando vueltas por todos lados. El libro es una interpretación de lo que fue el ciclo; una interpretación subjetiva de la vida de Fabián. Cuesta sacarse el tema de la cabeza, porque tenés todo ese material ahí, pendiente, mientras pasas con el control remoto y no encontrás nada para ver en la televisión.
I.P.: --Desde Sudestada, intentamos hacerle un digno homenaje para rescatar esa mirada. Si Polo estuvo desde los inicios, también tiene que estar en esta nueva etapa de los libros.

-- Entre las entrevistas y el trabajo de investigación, ¿cuánto tiempo demandó la publicación del libro?
H.M.: -- Comenzamos a trabajar a fines de 2001 y lo publicamos a principios de 2006. Si bien hicimos las entrevistas entre 2002 y 2005, en el medio surgió el proyecto de la revista y cada uno tenía su laburo aparte. Cada vez que teníamos un espacio se lo dedicábamos al libro. Costó muchísimo encontrar a alguien que estuviera interesado en editarlo, porque en ese momento no podíamos sostenerlo. Como dice (Pablo) De Santis en el prólogo, fueron cuatro años de laburo con paciencia, con la pasión de sostenerlo durante tantos años, de mirar los ochenta y pico de programas, de no desalentarse ni caerse durante todo ese proceso.

-- La vida de Polo fue tan intensa como su paso por la televisión. ¿Cuáles fueron los momentos o entrevistados que los marcaron durante la investigación previa?
H.M.: -- El tema de la familia siempre fue complicado por su final, que no tiene nada que ver con todo lo anterior. La disposición de Viviana (Gallardo, su última compañera) siempre fue buenísima pese a que, desde un principio, no quería hablar. Martina (Miravalles, su primera compañera) también dio testimonio. Eduardo (Hernández), el amigo de Tigre que cargaba con la mochila de que algunos amigos de Polo le adjudicaran su muerte también habló con nosotros. Con la entrevista de Viviana y Eduardo --que casualmente era lector de la revista y por eso pudimos acceder a él -- supimos que ya teníamos todas las piezas del rompecabezas.
I.P.: -- Por lo menos en el final de la vida de Polo esas fueron dos historias troncales. A Viviana la conoció en los últimos tres años. A Eduardo, en su éxodo a Tigre. Eso está reflejado con la mejor leche. No buscamos quilombo sino que cada uno aportara su mirada y que contara cómo se relacionaron con Polo durante esos últimos días, que fueron muy difíciles para algunos y para otros fueron normales.

-- Si bien existe cierta ambigüedad entre sus amigos y compañeros sobre cómo encontraron a Polo en los últimos encuentros personales --cuando ya había decidido instalarse en una isla de Tigre--, el libro rescata la imagen de un tipo luminoso, carismático, entrador y creativo.
H.M.: -- Todos opinaron que Polo no era un personaje sombrío, oscuro, de la noche, si no que era un tipo luminoso, lleno de amigos, muy sociable, muy carismático, cariñoso; que estaba enamorado de su hija y que tenía un montón de proyectos pendientes por concretar. Hasta que, en un determinado momento, le agarró una crisis como le puede pasar a cualquiera. Aunque la resolvió de un modo extremo nadie está libre de enroscarse en sus quilombos y dejarse llevar.

-- El libro también señala alguna dificultad en preservar sus ciclos en Canal 7.
H.M.:
-- Si bien casi todos sus programas fueron digitalizados, la mayoría fueron mal copiados. Lo que sí hubo fue un trabajo que lo rescató de la desaparición, porque el formato de video en el que fueron grabados hacía que la película pudiera desgastarse con el paso del tiempo. Todavía no está resuelta la comercialización o difusión de esos programas. Es una pena porque hay un montón de pibes de menos de 30 años que no han tenido la oportunidad de ver el programa. Volver a pasar el programa por canal abierto o cable le mostraría a los estudiantes de periodismo una alternativa de cómo producir un formato documental en televisión.
I.P.: -- Es insólito que canal 7, que tiene una copia de 15 minutos de todo, no lo vuelva a pasar . A su vez, no hay una decisión de la familia de qué hacer con el material de archivo. Para nosotros es completamente angustiante porque a donde vamos nos preguntan cómo se consigue. Es complicado porque uno habla de Polo pero lo más interesante es conocer su trabajo. Ojalá que algún gerente de programación que tenga algo de cabeza gaste dos mangos. Compran cualquier lata boba que no dice nada y esto ya fue hecho. En un momento, lo pasó un canal de cable, pero hay un desinterés completo de la televisión por el trabajo de Polo.

-- En agosto, Sudestada cumplirá nueve años. ¿Pueden hacer un balance del camino recorrido?
H.M.: -- Al principio, no teníamos tantas fichas puestas en la revista. Era un proyecto más que podía durar o no. Sin embargo, en este paralelo que hacemos con los programas de Polo nos permitió trabajar con amigos. Como ex estudiante de periodismo, recomiendo esa experiencia a todos aquellos chicos que sienten que no tienen un lugar en los medios comerciales, que no encuentran atractiva la carrera en cuanto al trabajo del periodista en los medios, que tratan de organizarse en forma independiente. Pero les recomiendo que lo hagan con gente que tenga cosas en común, que pueda defender sus ideas y proyectos. Eso puede ser más piola que terminar cubriendo la Fiesta de la Flor para Clarín, que puede ser más frustrante que editar un periódico con tus amigos que tire 500 ejemplares. Experiencia que puede ser más interesante que cobrar muy buena guita siendo movilero de un canal de televisión. En todo caso, resignamos eso porque entendimos que Sudestada era nuestro lugar y podíamos hacer lo que queríamos. En algún momento, la revista se transformó en nosotros.
I.P.: -- Rescatamos haber logrado que la referencia sea Sudestada, que no sea Walter, Hugo o yo. La revista va creciendo a partir de los lectores, que se convierten en periodistas, en diseñadores. A su vez, está en la base de los que arrancamos, que seguimos haciéndola. Esa mirada colectiva que tiene la revista de laburar en serio y no creernos que esto puede ser un escalón para laburar en otros medios. Las mismas personas que hacemos la revista, diagramamos, editamos o corregimos, somos los que vamos con mochilas cargadas y se las vendemos al kiosquero. La satisfacción llega cuando repartimos la revista el primer día del mes y vemos a un tipo leyéndola en el furgón del tren. Ese es el súmmum de por qué hacemos Sudestada: un proyecto totalmente independiente de las empresas y el Estado. Inventamos una manera de hacer periodismo y de sacar una revista todos los meses, de salir adelante.

miércoles, 28 de julio de 2010

Movida para preservar al Tita.-

El histórico complejo dedicado a la exhibición de films nacionales e independientes cerró sus puertas hace casi un mes, situación que intenta revertir un petitorio que ya firmaron 2 mil personas. Se espera que el Tita Merello, antiguo espacio Incaa, no corra la misma suerte que otras salas de similares fines, que acabaron como bingos o playas de estacionamiento.

Por Rocío Ilama
Fotografía gentileza de Yanaina Giurastante

Buenos Aires, julio 28 (Agencia NAN-2010).-
¿Qué le tendrá preparado el destino al Complejo de cines Tita Merello? Sus gigantes pantallas, encendidas durante años para la exhibición de películas nacionales e independientes, fueron apagadas en forma definitiva hace menos de treinta días, aunque se intenta que no sea para siempre. Alrededor de dos mil personas firmaron un petitorio que fue presentado el miércoles 21 de julio ante la Legislatura porteña para que el Tita Merello, ex cine Suipacha, ubicado en esa misma calle en pleno centro porteño, no ceda su espacio a favor del surgimiento de quien sabe qué emprendimiento o negocio. Es que los antecedentes demuestran que la suerte, por lo general, no estuvo del lado de la cultura cinematográfica en la ciudad de Buenos Aires, donde varias salas de cines tradicionales quedaron en el pasado para dar paso a proyectos de distinta naturaleza como bingos, playas de estacionamiento o algún otro tipo de comercio. “Las autoridades locales son las que tiene la capacidad de declarar la sala de utilidad pública y definir el modo para resguardarla, mediante el sistema de expropiación o de contrato administrativo”, asegura a Agencia NAN José Miguel Onaindia, ex presidente del Incaa y uno de los propulsores del petitorio.


A metros de la calle Corrientes, exactamente sobre Suipacha 442, se erige el Complejo Tita Merello, “el primer cine en Buenos Aires dedicado a la exhibición de películas argentinas, y su existencia permitió que películas independientes pudieran sostenerse en cartelera y llegar a mayores cantidades de público”, indica el blog (noalcierredeltitamerello.blogspot.com) que invita a firmar el petitorio para que el cine siga contando historias como desde 1997.

El Tita es una propiedad privada que estuvo alquilada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) desde ese mismo año, y se encargó de la programación y administración de las tres salas por más de doce. En diciembre del año pasado el Instituto rescindió su contrato con los dueños de la propiedad, al parecer, una familia de apellido Suñé, que tiene más de 70 pantallas en todo el país. Pese a que dejó de funcionar como espacio Incaa en 2009, el cine siguió brindando funciones --programadas por los propios dueños-- hasta el 1 de julio, cuando sus propietarios cerraron definitivamente sus puertas. “No entiendo muy bien cuál fue el criterio de la actual gestión del Incaa para no renovar, pero intuyo que pudo haber sido por una cuestión económica, lo mismo que pudo haber sido lo que impulsó al privado a cerrar” la actividad, se anima a disparar como una de las posibles causas, Fernando Madedo, profesor de cine del Instituto de Universitario Nacional del Arte (IUNA) y de la UBA.


Madedo y Onaindia fueron los que, como cabeza de la iniciativa, elevaron un petitorio el miércoles 21 julio a la Legislatura porteña para que “mediante el sistema de expropiación o de contrato administrativo, ceda su uso a una entidad no gubernamental con destino a la proyección de cine argentino independiente y extranjero que no es programado en las salas comerciales”, se detalla en el blog sobre el proyecto. Además, el documento busca que “se otorguen partidas para su renovación mobiliaria y tecnológica”. Asimismo, que se “adopten las medidas de seguridad y control que acompañan en todas las ciudades modernas y democráticas decisiones de preservación de espacios culturales de esta naturaleza”, se incluye en la página.

La idea del rescate del Tita llegó a los vecinos a través de la redes sociales, poderosos medios de difusión de llegada masiva e instantánea. Madedo y Onaindia subieron la iniciativa al blog y crearon un grupo de Facebook, “No al cierre del Tita Merello”, que a poco más de veinte días de su apertura logró captar la adhesión de alrededor de 5 mil seguidores. Más allá de los casi dos mil firmantes del petitorio, las adhesiones a través del blog también se siguen sumando. “Las redes sociales funcionaron como una herramienta muy importante para que la gente participe y se involucre”, asegura Madedo.

Este histórico cine “no sólo tenía un valor trascendental como espacio Incaa, sino que el edificio es portador de un valor arquitectónico y cultural muy importante, y por eso debe ser preservado tanto el inmueble como su destino”, resalta Onaindia. El edificio fue construido en la década de 1930 por el arquitecto Andrés Kálnay, artífice de otras tantas edificaciones emblemáticas de la ciudad de Buenos Aires, como la Cervecería Munich. Debido a su riqueza edilicia y como patrimonio cultural, el cierre de este simbólico complejo cinematográfico “atenta contra nuestra cultura”, sostiene el profesor de cine.

Para las salas que no pertenecen al circuito multipantalla, como el Tita, “es muy compleja la supervivencia, por todo lo que implica el sostenimiento de un lugar como éste: condiciones específicas y sus costos, la puesta en marcha de tecnología para exhibir cine tal como están acostumbrados hoy los espectadores. Además, se debe tener en cuenta que los hábitos sociales han cambiado”, expone el ex funcionario del Incaa. Justamente en estos casos, “es el Estado el que debe, si está interesado, intervenir a través de políticas públicas que garanticen la supervivencia de estos espacios culturales”.

La movida ciudadana que pretende la intervención de la Legislatura tiene por objetivo preservar al Tita para que no corra la misma y lamentable suerte que corrieron otras de las históricas salas porteñas. Es que este espacio cultural “era una de las pocas salas que se habían salvaguardado, porque todas las que estaban sobre la calle Suipacha y algunas significativas sobre Lavalle, que formaron parte de un importante circuito de exhibición hasta la década de 1980, han desaparecido", subraya Onaindia. "En el lugar del Cinema Uno hoy funciona un bingo, en el Cine Ideal se proyectan películas pornográficas, y el Cine Ambrassador se transformó en una tienda”, enumera. Incluso, “los cines de barrio se ha cerrado casi en su totalidad”.

Para Madedo, “el antecedente más claro” de estas transformaciones culturales, es lo que sucedió con el teatro Odeón, ubicado en Esmeralda y Corrientes. En él “se realizó el 18 de julio de 1896 la primera exhibición cinematográfica del país. En 1991 se procedió a su demolición, violando, de esta forma, la ley 14800 que concierta que si se demuele una sala se debe construir otra. Hoy en su lugar existe una playa de estacionamiento”, relató. Al caminar por Lavalle o Suipacha se encuentran distintas “placas que dan cuenta de que anteriormente algunos lugares eran salas cinematográficas, como si fuera un cementerio de cines”, grafica el profesor.

Aunque las luces de las pantallas del Tita Merello hoy permanecen apagadas, en su interior el movimiento todavía existe. Walter, que trabajó en el lugar por casi una década, sigue asistiendo para cumplir con su jornada laboral, pese a que el cine no abre sus puertas. De la misma forma lo hacen los demás empleados, alrededor de trece entre acomodadores, boleteros, operadores y la gente de maestranza. Su situación es incierta: “nadie nos dice nada”, comenta Walter. Sin rodeos pero con cautela, afirma que “el Incaa hizo contrato con otra sala en el (barrio) de Constitución”. Se refiere al cine Arte Cinema, ubicado sobre Salta, que hace un mes y medio se convirtió en un nuevo espacio Incaa.

El movimiento que mantiene aún con vida al Tita Merello, también está por fuera. Los vecinos, los seguidores de Facebook y todos los que firmaron (y los que firmarán) el petitorio aguardan la resolución de las autoridades porteñas. Mientras tanto, a través de la web intercambian propuestas sobre los pasos a seguir para no perder otro espacio que pertenece a la cultura.

martes, 27 de julio de 2010

Turdera Fest en el Centro Cultural Zas.-

La vigésimo primera edición del festival reunió a cuatro bandas bonaerenses y concluyó con la misma sensación que dejaron sus predecesoras: el under argentino sigue dando que hablar.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Frida Stecher

Buenos Aires, julio 27 (Agencia NAN-2010).- El under tiene un lugar específico. En el sentido más estricto de la palabra posee un área tangible y una identidad. Ese sitio físico y a la vez virtual, se llama Turdera Fest, que en su vigésimo primera edición logró posicionarse otra vez como un punto de privilegio de la música alternativa bonaerense. Más allá de eso no ancló su rastro en el viejo club Alumni, donde supo nacer, hace dos años, sino que Turdera se convirtió en algo tan grande que sus organizadores sintieron la necesidad de ampliar sus horizontes y salir a dar vueltas. La Plata, Zona Oeste, Capital Federal e incluso varias ciudades del país tuvieron la oportunidad de conocer este festival y vivir las sensaciones que brinda en carne propia.

En la noche fresca del sábado, la posibilidad fue para quienes asistieron al Centro Cultural Zaguán Al Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, cuatro bandas se reunieron para inaugurar el tercer encuentro musical del año. Javier Punga y su conjunto musical abrieron la velada con un recorrido por los temas de los discos caseros con más formato a canción, y con la nueva artillería de su disco Manzanas Deliciosas que incluye bases electrónicas y la increíble actuación de Luis, su bajista, que con sus ritmos no deja en paz a los espectadores. Así, el autor de “Multimillonario” o “Chica cheta” se subió al escenario cerca de la medianoche para comenzar un show de rock poderoso, basado en la monotonía y las fuertes entonaciones de su cantante.

Sin dejar un silencio, entre temas de New Order y Blondie, que el DJ de turno se encargó de poner para el público espectante, se hizo cargo de la escena Viva Elástico, una de las bandas del indie que más está dando que hablar por su capacidad de mezclar sonidos. Una fusión de Palo Pandolfo, con la época de Francisco Bochatón solista y hasta Las Pelotas o Interpol, los Elásticos no le tienen miedo a hacer un cover de Sergio Denis o frenar para volver a tocar un tema que empezó a destiempo. Con voz sacudidora y necesidad de libertad, su cantante va modulando emociones sin remedio de una generación de jóvenes rockeros a la que pertenece, acompañado por un buen séquito de músicos que no lo dejan solo. Con más de diez temas durante su repertorio, los Elástico dejaron bien en claro cuál es su arma secreta luego de ocho años de tocar juntos: canciones pop con existencialismo suburbano y una voz que pide a gritos un cambio.

Así, después de una entrada en calor de por más riffera, se subieron al escenario Los Reyes del Falsete para convidar al público de un poderoso trío de batería al frente y dos guitarras a falta de una. El trío de Adrogué, que viene moviéndose desde el año pasado con su disco La fiesta de la forma, irrumpió en el escenario de la calle Moreno para comenzar con un grito profundo de su cantante e incitar a la gente a la fiesta. Una fiesta sin forma ya que resulta complicado seguirle el ritmo a una banda que invita con canciones tranquilas pero que por su distorsión sacuden, o que por sus tempos podrían ser temas bailables y que por ser cortados con una batería noise, dejan al espectador atónito. Miedo, fiesta descontrolada, chicas borrachas, Yabrán y el ferrocarril Roca son los temas de los que hablan los hermanos Rex y Munchy con la clara influencia de los Flaming Lips o Sonic Youth.

Ni bien el power trío se retiró, el público parecía no querer dejar el calor que los abrigaba cerca del escenario. La manta de olores y humos contenía a la mayoría de las personas que fueron a ver a alguna de las bandas o a deleitarse con todas ellas. La gente bailaba mientras una rubia llamativa con vestido de satén- la bajista de Mujercitas Terror- se subió al escenario para colgarse el jazz bazz de colores oscuros que le pertenece. Diez minutos pasarán hasta que los primeros rasguidos de un bajo tocado con púa anuncien que el show comenzará. Doce temas en clave punk u otroyoianos, con una voz oscura y profunda de la rubia y los gritos del flaco de rulos que la acompaña, harán bailar a las más de doscientas personas que acudieron al Turdera Fest, para darle nuevamente el sí al under argentino.


Mujercitas Terror: http://www.myspace.com/mujercitasterroroficial
Viva Elástico: http://www.myspace.com/vivaelastico
Javier Punga: http://www.myspace.com/javierpunga
Los Reyes del Falsete: http://www.myspace.com/losreyesdelpacheco

viernes, 23 de julio de 2010

Eduardo Ojeda Ortiz: “Para pánfilos estoy yo con el estandarte al tope”.-

Es el colmo del antihéroe. Pide que, por contraste a él, sus lectores sean inteligentes, aunque pocos. En un intercambio de mails con Agencia NAN, el escritor habla sobre su último libro, Señor, dame tu fortaleza, y la editorial que creó y dirige, Malas Palabras Bucks. Una charla sin “sics”, pero llena de palabras “estrambóticas y bíblicas”.

Por F.G. (y E.O.O.)
Fotografía gentileza de E.O.O.

Buenos Aires, julio 23 (Agencia NAN-2010).- El periodismo tiene sus chotadas: hacer entrevistas por mail --al menos para los que gustan del cara a cara-- es una. Pero en caso de realizarlas, ¿es sensato que lo escrito por el entrevistado lleve la firma del entrevistador? ¿Por qué mentirle, lector/a, otorgando un texto disfrazado de solemnidad? Si quien ríe por escrito lo hace con un “jajaja”, ¿por qué recurrir a la frivolidad de un “(risas)”? La siguiente entrevista a Eduardo Ojeda Ortiz, que recientemente publicó Señor, dame tu fortaleza (dámela y no me la quites), por Malas Palabras Buks, la editorial que él mismo armó y dirige, fue realizada por correo electrónico y merecería un enorme “sic”. Pero, al cabo, es lo más (divertido y) coherente con la forma desplegada en 320 páginas de este escritor y artista plástico chileno radicado en Buenos Aires hace 34 años: su último libro compila más de treinta testimonios al hilo, sin anotaciones, avisos de cambio de voz ni obsesiones ortográficas.

De: Facundo Gari
Asunto: Entrevista para NAN

Para: Eduardo Ojeda Ortiz

Fecha: miércoles, 21 de julio de 2010, 01:30


Hola, Eduardo. ¿Cómo va? Soy redactor de Agencia NAN, proyecto periodístico sobre arte autogestivo creado hace unos cuatro años por un grupo de jóvenes (cuatro años son muchos sobre el límite, así que tal vez ya esté de más ese “jóvenes”). Me pasaron su correo para que le mandara las preguntas que quisiera hacerle, pues me comentaron que usted sólo da entrevistas por mail (de hecho, más abajo le pregunto por qué). Aquí van. Son unas cuantas, sí, pero entenderá que la limitación del correo electrónico me obliga a quitarme dudas que cara a cara serían resueltas sin tanta vuelta. Tiene libertad para añadir, acotar, tachar o reír. Es decir, a partir del momento en que este mail abandona mi casilla, es suyo, queda a su merced. Será mío cuando regrese.

Gracias y saludos.

De: Eduardo Ojeda Ortiz
Asunto: Re: Entrevista para NAN

Para: Facundo Gari

Fecha: jueves, 22 de julio de 2010, 11:26


A ver... Intentaré mentir lo menos posible, jajaja. Son las 21:17 del miércoles 21 de julio de 2010.

-- ¿Cómo surgió la idea de recolectar estos testimonios?
-- Siempre he estado en esto. A los 26 años, copiándole a Warhol, hice una serie de testimonios de 2 minutos y medio cada uno. En 16 mm blanco y negro los hice. Eran testimonios sin editar con cámara fija. En off, en tiempo real, se escuchaban el diálogo y el sonido ambiente mientras filmaba con una Bolex. Me acuerdo de algunos títulos: El mecanógrafo más rápido de Sudamérica, Nelson Soto dibujante de historietas cuenta su vida y El poeta Ricardo Becerra de la calle San Pablo. Diez años después, apróx, ya había leído dos veces Los hijos de Sánchez, mi visión literaria cambió para siempre. Ahí me desinteresé abruptamente por la literatura “de imaginación” y comencé a tomarme muy en serio “la vida real” y los diarios de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de la calle Agüero. En síntesis, la cantidad de material testimonial de todo tipo me superó en apenas una década. Por lo tanto, para Señor... simplemente separé algunos de los que más me gustan y, un poco al azar, los armé en la computadora para completar las 320 páginas. Dejé afuera muchísimos, claro.

-- ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué ciudades anduvo y en qué períodos para recolectar estas voces?
-- Yo soy de ciudades con autos, smog, cemento, bares y librerías. Me cuesta soportar los arbolitos, los animalitos y el agüita del arroyo bajo los verdes árboles propios de la descansada vida de los que huyen del mundanal ruido. No me interesan ni la cosa gastronómica ni la nieve ni las vacaciones... Lo que conozco: Buenos Aires, Santiago de Chile, Nueva York, París, Madrid, Barcelona, Montevideo, Río y San Pablo. Lo real: viví 30 años en Santiago de Chile y llevo 34 años viviendo en Buenos Aires. En todo este tiempo el género testimonial más importante y fundamental para moi ha sido la poesía. Comencé a los 16 años y nunca me he detenido. Mis monstruos son Catulo, Villón, Rimbaud, el Aretino, Artaud, Vallejo, Fijman, etc.

-- ¿Y el título? ¿Por qué optó por Señor, dame tu fortaleza?
-- Podría haber sido “Me caigo y me levanto” o “Dos señoritas de 30 esperando el 86 a las siete de la mañana” o “No somos nada sin los Pasteles Verdes” o “Nunca entendí a Sartre y Carlos Fuentes me da sueño” o... Mentiría más de lo que miento si les digo que lo puse xq tal cosa o tal otra. Nada, no tiene importancia, no le den bola, es como llamarse Juan o Washington o James, si uno es argentino, uruguayo o Bond, claro.

-- Usted alega que el libro “quedará como un vestigio de vida de una treintena de personas”...
-- Me siento muy bien con esta entrevista, porque veo que el señor periodista leyó algunas páginas de esta obra que tan dignamente hemos lanzado al mercado editorial argentino, jajaja. ¿Cómo era la preg? Y..., porque eso es lo que pasa con los libros. Quedan como unas manitos de humo en el fondo del patio haciendo señas para todos lados hasta que viene el Gato Félix y apaga la luz. En la primera página, les puse el resumen con que trabajé. Creo que son 33, la edad de Cristo, las personas... Algunas ya kaput, ojo, ¿eh? Calculen que del testimonio de María del Carmen, la chica de la funeraria que está atrás, hacia el final, es de 1977-78... ¡Qué fe que me tenía! Por “llegar” al libro, digo, jajaja. Han pasado más de 30 años, ¿qué talco? En realidad, más que vender libros, lo que a mí me interesa es tener unos cien lectores de fierro. Inteligentes, claro, porque para pánfilos ya estoy yo con el estandarte a tope.

-- ¿Usted no se cuenta entre ese “vestigio de vida”?
-- ¿Cómo que no estoy? ¡Uuuuh...! Cé muá el que está ahí en el Bingo Congreso, a las 2 de la mañana, arriba del coche, con la chica que putea al foniatra, con la psicótica de la historia del mundo, con don Jorge Luis, con el tanguero... Siempre estoy. Y si no estoy está mi sombra, yo manejo los hilos. 300 ejemplares… Nada impedirá que uno de ellos llegue, cuando en breve yo tenga que viajar hacia otras dimensiones (¡Hola, chocolatinero Sagan!) a las manos de una hermosa chica o un chico listo de Filosofía y Letras, y logre desentrañar sus significados ocultos and humanos and ¿literarios?

-- En el libro diferencia los tipos de testimonios editados, inventados y en bruto. ¿Podría repasar esa diferencia?
-- (21:34, cómo demoro...) Vamos, fast, vite... No se tomen en serio esa clasificación. Lo único cierto es que, inmediatamente después de haber superado mi curioso período de mala conducta juvenil, lo único que me importaba era la poesía y estudiar, saber, pero al no venir de una familia de fortuna, o sea que no sacara cuentas de lo que hay que pagar a fin de mes, se me mezclaron bastante mal las cartas que tenía en la mano. Ni dos pares tenía para luchar contra los dragones metálicos de los malos. En verdad, sin mandarme la parte, yo creo que soy una porquería al lado de Jean Paul Sartre y de don Stephen Hawking y del painter Cy Twombly, si es que captan de qué estamos hablando, claro. Entonces, no nos tomemos en serio ningún tipo de categoría. Digo, ¿no?

-- ¿Esa tipificación tiene algo que ver con no dar entrevistas en persona?
-- No, por favor. No doy más entrevistas xq me puse muy mal cuando Rocky De La Buena vino y hablamos como tres horas y después se mandó por su cuenta con cosas de Videomatch que yo no dije nunca. Está bien inventar, pero no conmigo. Si yo no soy nadie. No soy mister Sifón: “Pues, que no sé qué pasa conmigo y mi obra en relación con esos autorcillos de tiradas lastimosas que ponen en duda mi talento. Ellos publican 300 ejemplares y se burlan de mí, que he vendido un millón de ejemplares de mi primera novela... Jodé, tía con estos tíos”... Con lo que cuesta que te tiren una línea en Ñeñe, en The Nation o en los Radares del off-off, pfff. En sínt: no doy entrevistas xq nadie lee los libros. No tienen la más mínima idea... Entonces dije, no, basta, seremos una porquería, pero una porquería como el clavo enmohecido, jajaja.

-- ¿Qué valor tiene lo “no-académico”? Esto, vinculado a su interés por el arte de vanguardia.
-- Y... hoy, a los 63, ya no defiendo nada. Hasta los 46, sí, daba la vida por la vanguardia y por las teorías, y me caían bien o mal desde Léos Carax, Almodóvar, Nam June Paik, John Cage... hasta los pibes que vendían sus plaquetas de poesía en Parque Lezama o en Plaza Francia (una vez le compré todos los libritos cuadrados del Diego a un poeta mdh ahí frente al Palais de Glace y, el otro día, separando libros para regalar a fin de año a una Biblioteca Popular, ya he regalado 350 + 400 + 1218, me encuentro con uno de Fabián Casas y otro de Washington Cucurto, ambos, en ese momento, más desconocidos que SD, ¿no?... Mirá vos) No sé... Bon, de la pregunta, ya no peleo ni quiero discutir con nadie. Tampoco conocer gente. Ni importante ni de la otra. Hagan lo que quieran y sean felices si pueden. Y si no pueden, bueno, qué quieren, la vie es dura, Edith Piaf.

-- ¿Por qué desechó los puntos, los títulos y las anotaciones sobre quienes hablan?
-- Porque al final, cuando todos los que estamos vivos, ahora, hasta este minuto, 11:05 del 22, (uuuuuuuh...), ya no estemos, qué importancia puede tener nada específico. O sea, ¿deja sin dormir a alguien saber que lo que Olivari o don Roberto Arlt en realidad querían era ganar $ con sus libros...? ¿O que Pablo Neruda tuvo que ir a hacerse el simpático con Alone para poder publicar su primer libro...? ¿O que cuando Manuel Puig estaba trabajando en Miami y se contactó con don Sarduy, que estaba en París, lo único que deseaba era zafar de...? ¿O que don Vargas Llosa gana el Biblioteca Breve, a los 23 años, porque los catalanes no querían premiar a un escritor madrileño? Por eso me gusta lo que dijo el viejito Lévi-Strauss. Quedan pedazos de info, nada más... Nadie lee el Quijote, tampoco a Proust... Bah, lo leen algunos pocos con una reverencia que está bien que exista. No es mi caso. Basta de decir que hay que explicarle cosas al lector. ¡Si casi no hay lectores, nadie lee: ni la familia ni los amigos ni los profesionales de la pluma y el pincel!

-- ¿Cuáles son las fuentes individuales y luego colectivas de su interés por “lo testimonial”?
-- Hace unos meses me hicieron un cuestionario que no ha salido publicado, qué libro me voy a llevar a la isla desierta y eso. Lo busco y pego aquí una de mis respuestas. Ya lo dije, después de Los hijos de Sánchez, que fue un mazazo en el cráneo, perdí el interés en la literatura inventada. Carver, siempre lo cito y no sé si lo dijo él, porque no soy un gran lector de sus cosas, dijo algo como: “En ese tiempo tenía que pagar el alquiler y comprar la leche para mis hijos, así que tenía muy poca paciencia con la literatura que no trataba de realidad”... (22:15) (PEGAR). (NOTA: Perdón, no encontré esa entrevista).

-- Al comienzo del libro recurre a una entrevista a Lévi-Strauss, en la que él dice (y usted lo subraya) que “si tuviéramos aunque sea un cuarto de hora de película hecha en Atenas del siglo V antes de nuestra era, comprenderíamos más de Grecia que todo lo que se escribió sobre ella desde el Renacimiento”. ¿Una imagen vale más que mil palabras?
-- No creo que una imagen valga más de mil palabras, creo que lo más valioso es la palabra grabada. Me dan sueño los libros de don Lévi-Strauss, no los entiendo y no lucho por entenderlos. Pero me gusta esta entrevista que releo desde hace más de 20 años. Lo mismo me pasa con las primeras páginas de Clifford Geertz de El antropólogo como autor o con la entrevista al dealer de Puerto Rico de La miseria del mundo... O con Rimbaud: “Anoche senté a la belleza en mis rodillas/ y la encontré amarga/ y la injurié”... O con Vallejo y el pan al hombro. O con Villón y las deudas miradas desde la horca. O con Jarry y los ahogados.

-- ¿Por qué Ojeda es Artó, Nicolás Aguirre Pizarro, Ojeda Ortiz de Chile, Nicolás Guls y Jonas M.? Multiplicar los nombres con que se lo podría llegar a evocar, ¿tiene algo de manifiesto sobre el ser?
-- No, para nada... No tienen ninguna importancia ni tampoco ningún significado especial. Pero no me inquieta eso, porque ahora estoy en la época de publicar. Tengo un poco de enfisema y otro poco de hígado malo, jajaja. Entonces ya no tengo tiempo de buscar significados ni triunfos de ninguna naturaleza. Acumulé tanto material que no me di cuenta de que se me iba a terminar el tiempo. Es por esto que hoy me aburre casi todo y cada vez doy menos explicaciones. Esta entrevista es una excepción, porque vino bien, noté que se leyeron algunas páginas, entonces eso me doblega, me obliga a la cortesía... Es como si supiera lo que va a pasar. En 20 o 30 años más, alguien me va a descubrir y, oooooooohhhh, Ojeda, oh, y todos se rasgarán las vestiduras, jajajaja, qué palabras estrambóticas y bíblicas me salen esta nuit, y dirán que la sociedad literaria me ignoró y qué injusticia, y me van a hacer fascículos y páginas de Internet con los papelitos arrugados y libretitas y cuadernitos que yo no haya tirado a la basura. Y harán el Fondo Ojeda International para ayudar a los escritores menesterosos. Mentira, todo mentira... jajaja. Soy un artista de ciudad, de deptos de 2 y 3 ambientes, de subte, colectivo y taxi... Del restaurante El Mundo, que acaba de cerrar, parece que por el 35% de los gastronómicos, de Mitre, Colonia, Splendid, de Bayón, Roberto Galán, Darquier, Sachero, Nora Perlé, Juan Carlos Pascual, Ricardo Jurado, Eduardo Gimeno...

-- ¿Por qué optó por su Detalles de El Gato Fritz, Olmedo y Basquiat para ilustrar la tapa?
-- No, no opté, estos son los cuadros, mis dibujos de ahora. Estudié Bellas Artes y me pudrí xq no tenía $$$. Llegué hasta 1978 disfrazado de artista conceptual. Ese año mostré un cuadrito de 50 x 70 en la expo “Imagen y palabra”. Y de ahí, nada, con 5 hijos, me convertí en una topadora. Me olvidé de sutilezas y laburé. Cuando mi hija menor cumplió 23 años y la mayor 35, miré and me dije a mí mismo, ¿qué te gustaría hacer, Ojedá? Volver a pintar. Esto fue el año pasado. Siempre quise dibujar sobre tela y en grande, tipo 200 x 150 cm. Ojo, que cada telita de éstas sale uno $ 500 y el marco digamos unos $700, una luca dos en materiales cada cuadrito de éstos. Con la seguridad propia de quien ha dejado pasar 30 años, y retoma el lápiz y el pincel como si nada, amigas y amigos, este año he quedado seleccionado en el Salón Nacional 2010, sección Dibujo. Eran como 350 y dejaron 50 m/m. Estar en este salón for me es lo más grande que me podía haber pasado. Espero que ahora, en septiembre, cuando se abra la exposición, pueda conseguir una galería de cierta categoría, claro; si no, no me interesa. Para sufrir me voy a Lavalle, al Reino de Dios, jajajaja.

-- Y en esa línea, ¿cuál es el concepto con el que creó Malas Palabras Buks?
-- En un momento mis hijos crecieron y se fueron arreglando de a poco. Entonces, como a mí no me gustan mucho las relaciones públicas, y andar pidiendo y mostrando y, por favor, mire el talento que tengo en la cabeza, le ruego que, tendría la amabilidad de, dije: “Vamos a hacer una editorial para publicar mis libros”. Así empezamos en 2005. Y, claro, todos los años es una lucha juntar la plata para imprimir 3 títulos. Cada libro de 300 págs, hoy, sale como siete lucas, de impresión solamente. Hay que tenerlas. Además de mis libros, a los autores que yo elijo por razones de suerte, azar o estado de ánimo, les pago 300 dólares y les doy un montón de ejemplares. Pero no hago presentaciones, ni ando molestando a nadie con que soy o son (ellos) unos genios. Entonces, el concepto soy yo. Cuando me muera, chau, andá a preguntar en Fernández Blanco si tienen alguno. Malas Palabras Buks soy yo. ¡Hola, Flaubert!, jajajaja.

-- ¿Por qué se vino a Buenos Aires y por qué decidió quedarse?
-- Yo no he decidido nada en mi vida. Me fui de casa a los 18. Estudié en Bellas Artes. Por el lado de la neurona enamorada no me fue muy brillante. Me cansé de todo y de todos. Me voy a París, dije. Mejor a Barcelona. Conté los billetes, y dije, para llegar a Barcelona-París, primero hay que llegar a Buenos Aires. Llegué a los 30 años. Miré, me acomodé y tuve suerte, ésa es la verdad, me trataron bien, a las 48 horas tenía trabajo... Sentimentalmente me sentí muy cómodo. Y creo que me hice un poquitín el crazy y, gracias a esto, no la pasé mal. Luego de algunos meses bastante huracanados, conocí a una novia y estuvimos noviando como 28 años hasta que dije me parece que no me voy a ir a París ni a Barcelona. Luego quise con fervor ganar plata a manos llenas con Carmen Balcells, pero, a final, ellos se cansaron porque Anagrama, Mondadori & Co. dijeron nones, no vamos a ninguna parte con Ojedita... Entonces, ahí, triste y vencido, como una rata de alcantarilla, me sequé las lágrimas y paré la máquina. No escribo más, dije, y casi me hago el Kafka 2. Iba a tirar todo a la basura. Menos mal que no lo hice, jajaja. Tenía 46 años cuando dejé de escribir día y noche. Y ahí me di cuenta de una verdad fundamental: sin $, “hacer arte” es una ilusión, es de titanio el espíritu que hay que tener frente al NO. Mis chicos crecieron. Todo ok, no somos nada, me decía. Se murió mi vieja salamina. No manejo, no nado, no me interesa ir de vacaciones. Libros juntaba (teníamos como 6 u 8 mil, no sé). Un día me regalan un libro muy feo hecho con fotocopias en una cárcel de, qué se yo de dónde, de Estambul pongámosle. Y me ilumino, vamos a hacer una editorial, digo, con fotocopias, eso vamos a hacer. Después, nada, me puse vanidoso y qué fotocoipias, no, vamos a hacer una editorial con libros cosidos, que no se desarmen como los de L... ¡Vamos, rata tulipán Ojeda!

-- Desde los 45, ¿todavía no ha vuelto a escribir?
-- No escribo como escribía cuando quería ganar plata a manos llenas en el circuito internacional en spanish. 400 millones de personas esperando mis obras, me decía, jajajaja. Nada, cero. Repito, mi problema, hoy, es publicar lo que tengo y hacer los dibujos grandes. Y no morirme mañana, claro. Lo demás es papel picado.

Buenos días. Un gusto. Suerte en lo que sea para todos ustedes. M grcs. (11:26 de la mañana del 22 de julio de 2010). Fin.


Sitio:
http://www.malaspalabrasbuks.com.ar/

jueves, 22 de julio de 2010

La Perla Irregular: en busca de la canción imperfecta.-

Desde el error como motor principal de la rueda cotidiana surge el concepto central del grupo musical del suroeste porteño. Ese es un poco el combustible básico de LPI, que propone "no catalogar a la falla como un problema", sino convivir alegremente con ella; como lo ha hecho la banda durante sus dos intensos años de vida, en los que editó dos discos, un EP y un DVD.

Por Luis Paz
Captura de pantalla de Aquí no es real

Buenos Aires, julio 22 (Agencia NAN-2010).- La peculiar imagen que se muestra arriba es una captura de pantalla del DVD Aquí no es real, de la productora De Regreso a la Fantasía, que registra la grabación del álbum La novena utopía, segundo disco de La Perla Irregular. Esta visión aparece de un modo casual, casi por un descuido, en un momento que el reproductor ancla a los 10 minutos y 14 segundos de comenzado el audiovisual. Medio segundo antes, empieza a desaparecer por ese agujero en el chapón verde la boca de Marcos Fernández Mouján, corista y baterista de LPI, todavía esbozando “a su majestad”, cierre de una de las vueltas de una de las estrofas de uno de los temas del disco, “Un clavel ensangrentado”. Porque el DVD, además de relato documental, es un espacio artístico para intentar visuales para ciertos segmentos estratégicos de algunos temas, y un lugar donde imaginar teoría, donde en imágenes expresar una idea sobre el mundo. Esa aparente silla negra de plástico a la que no sólo se puede espiar porque la mirilla del portón está abierta, también porque la de la habitación lo está, ¿es un trono, acaso? Es probable que ni Pablo Vidal, compositor de LPI, ni Agustín Pisani, con quien escribió y dirigió el DVD, la hayan colocado ahí adrede. Tal vez se enteren de esa silla con esta lectura. ¿Alguien hay sentado allí? Parece que no, pero sobre ella descansa la filosofía de La Perla Irregular: la realidad siempre le escapa a lo ideal.

“En La Perla Irregular hay un misterio buscado que a veces nos gusta aclarar para dejar en evidencia esa construcción. Porque es el mismo misterio que sentimos con algunas cosas que se escapan a lo que puede ver La Perla Irregular. Ninguna hipótesis sobre ese misterio es la exacta, pero está buenísimo que suceda exactamente así.” Hace algunas semanas, Pablo Vidal, ideólogo y compositor de La Perla Irregular como concepto artístico y grupo musical (respectivamente), explicaba así los espacios de fuga de La novena utopía, segundo disco de esta banda con miembros que rotan, faltan o dan presente alternativamente, con origen en el suroeste porteño hace alrededor de dos años.

Sí, dos años. En ese tiempo han editado dos discos (el epónimo de 2008 y La novena utopía, de 2009), un EP (El nadir del rock, 2009), el DVD Aquí no es real (‘10) y, también a partir de su productora De Regreso a la Fantasía, el primer libro del escritor y actor Agustín Pisani, SinMonNefas. “De Regreso a la Fantasía es un sello abierto a una multiplicidad de expresiones, como un laboratorio artesanal de objetos artísticos”, la define Pablo Vidal en una mesa pequeña del bar La Perla (¿Irregular?) del Once. “Porque uno está atravesado por todo lo que vive y busca ser atravesado por todo el arte que experimenta”, define parsimonioso, con una juventud madurada que le cronometra 24 años.

“Todo lo que uno vive”: sueños, miedos, obsesiones, frustraciones, canciones, imágenes, clasicismo, modernidad, rock & folk, lo natural, lo urbano, lo ideal y lo real, La novena utopía tiene todas esas vidas posibles en doce canciones de formas pronunciadas y bien vestiditas. Es un disco embriagador, de los que llevan a un limbo de inocencia y rabia poética, que hablan de una naturaleza sensual, erótica y plena de vida y de una maldad a la que combatir con magia pero también con autocrítica. La composición, la interpretación y la producción puestos en él son impecables. El resto es cuestión de gusto. Posiblemente La Perla Irregular no esté creando nada nuevo. Pero, a ver…

Pablo Vidal: --Crear es retomar algo ya hecho. Dicen que esta música ya se vio o se usó y no es nueva. Pero si entendemos a la originalidad como lo que surge de la nada, bueno, creo que estamos equivocados.
Agustín Pisani: --La obra ajena siempre influye en la obra propia y es valioso. ¿Por qué negarlo? Hacerlo sería cínico, de ceguera.

--Y de zoncera…
AP: --
Hay algo innegable y es que hay una construcción hecha. Desde ella, hay dos modos de laburar: hacia el espacio no construido aún o para deconstruirla. El arte es memoria futura porque tiene una doble condición: te traslada hacia atrás pero también te proyecta al futuro. Ese movimiento te produce una incomodidad y el arte es eso, incomodar. En esa incomodidad o cambiás lo que te incomoda o cambiás de lugar.
PV: --Ése es un poco el concepto de La Perla Irregular, el error como motivación de la vida. Ese error es el que hace girar la rueda.

--Lo que habilita la existencia de un mecanismo para contenerlo.
PV: --
Es eso. Y lo que plantea LPI es cómo enamorarnos de esa falla. Siempre catalogamos a la falla como un problema y en realidad habría que ver su encanto y convivir alegremente con ella.

La novena utopía no tiene fallas, necesariamente, sino que más bien son puntos de fuga armónicos, melódicos, poéticos y energéticos. Si se pudiese determinar el código HTML del disco, estaría lleno de links. Tal vez no hallan inventado nada pero, ¡qué buenos son revisando! Y en ese proceso, es esencial el estudio La Nube, cuyos primeros dos discos grabados fueron… los dos de LPI (el EP fue grabado en Estudio Urbano, gratis, así que a investigad Estudio Urbano, músicos). “Aunque tienen un par de años más que nosotros, no tienen esa mirada de ‘a ver qué hace este pibe con la guitarrita’”, destaca Pablo. “Y eso está bueno porque en los discos hay muchas cosas que no están bien vistas desde la producción musical que hoy es estándar”, relaciona sabiendo de lo que habla. Estudió en conservatorio y entiende de lo bien visto y es docente en un jardín y entiende de la mirada igualitaria al más chico. “Grabamos doce bajos en un día y casi todas las guitarras y arreglos en otro. No quedaba otra porque los equipos eran alquilados y no podía pagar otro día.”

Con estos párrafos basta para introducir una idea sobre LPI. Ideal sería que el artículo ya hubiera acabado, pero habrá que aceptar la falla: lo real le escapa a lo ideal. Entrega intercambios libres y da también algún bonus track. “Y ahí hay un quiebre entre la ficción y la realidad. Es una idea muy vieja, platónica. Y la línea divisoria me parece que tiene que ver con lo que uno quiere y lo que puede. Es un espacio poético, un espacio de imaginación, deseo, memoria, belleza y frustración, donde muchas cosas conviven con muchas otras”, se niega a dejar de decir Agustín Pisani. “Recuperar la magia de la imposibilidad tiene que ver con no darle una respuesta a cómo se tiene que vivir. La historia de la Humanidad es la historia de las respuestas de cómo hay que vivir. Creemos en la pregunta, no en la respuesta. En los símbolos como posibilidades, no en íconos dados de realidades preestablecidas.”

--¿Y en la magia de la música como rayo ultravioleta que expande el agujero en la capa de ozono de la razón?
AP:
Sí, pero cuidado, la magia tiene algo peligroso. Porque te permite transformar tu realidad, pero también puede usarse para marcarte una única realidad posible, y eso es triste.

* La Perla Irregular toca el 27 de agosto a las 20.30 en el ciclo Acústicos de Vinilo del Emergente Bar (Gallo 333, Abasto), junto a Valentín y Los Volcanes.

martes, 20 de julio de 2010

“Imagen y semejanza” en Estrella del Centenario.-

Con una fuerte impronta dramática y guiños con la danza, el espectáculo circense creado e interpretado por los acróbatas Luciana Mosca y Gonzalo Mora gira sobre la soledad, el desencuentro y el amor. La historia se construye a través de la relación entre personajes sin tiempo ni lugar y la que mantienen con sus elementos, un mástil y una cuerda.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Imagen y semejanza

Buenos Aires, julio 20 (Agencia NAN-2010).- La gran tendencia del Nuevo Circo pareciera ser contar. No significa esto que el rigor físico esté ausente, sino que su intención sobrepasa la de generar sorpresa o temor ajeno en el espectador. Es decir: el contar una historia triunfa por sobre el muestreo de destrezas. Por eso, el teatro y la danza ganan cada vez más terreno en los espectáculos circenses, al igual que la iluminación y la música. El epicentro de este lenguaje en gestación es La Arena, la escuela que dirige Gerardo Hochman, pionera en eso de narrar a través de las piruetas y defensora acérrima de la fusión de disciplinas. Una de sus últimas apuestas es Imagen y semejanza, un espectáculo sobre la soledad, el desencuentro, el dolor y el amor entre un hombre y una mujer, creado e interpretado por los acróbatas Luciana Mosca y Gonzalo Mora, que puede verse los próximos cuatro viernes a las 23 en el Club de Trapecistas Estrella del Centenario (Ferrari 252).

En principio, lo que distingue a Imagen y semejanza de otros espectáculos de circo es la cantidad de intérpretes: tanto los de La Arena como los de otras compañías incorporan a gran cantidad de artistas en escena, hecho que establece un parentesco con el circo tradicional, por la vinculación casi familiar de sus integrantes. Por contraste, Mosca y Mora se proponen un clima de intimidad. Y no es que lo consigan por el sólo hecho de ser dos, sino porque construyen, gracias a la danza y a la impronta teatral que conlleva el fenómeno escénico, una atmósfera de tal sensualidad y tensión que produce la sensación de estar espiando por una mirilla los vaivenes de una relación amorosa.

Sorprende, porque lo que menos se espera es alguien que se acerca a un lugar llamado club. De hecho, su fachada no preanuncia un fenómeno de carácter teatral. Pero ahí están ellos, sucumbiendo ante el rechazo y entregándose por completo, detestándose y queriéndose en el aire o en el piso, los niveles en los que tiene lugar la acción. Pero no sólo dialogan entre ellos. Son acróbatas y, como tales, también deben hacerlo con sus elementos. En efecto, el primer bloque consiste en “monólogos”: él conversa primero con su cuerda, luego lo hace ella con su mástil o palo chino. Y sus instrumentos los acompañan durante todo el espectáculo.

En ese punto está el mayor logro del espectáculo. Los elementos en escena podrían haber ido en detrimento del componente narrativo, desvío que no sucede porque, precisamente, el mérito de Mosca y Mora es la renuncia al egocentrismo del artista en favor de un espectáculo armónico, en el que ambos personajes tienen la misma importancia. Y eso, sin que sea una cuestión de opacidad. En el mismo nivel están sus elementos, con los que se comunican de tal manera que pueden recrear conceptos, en muchos casos a través de símbolos. Esos monólogos iniciales intentan materializar la soledad: ella, desde arriba de su mástil, aislada del mundo; él, atravesando el espacio prendido de su soga, que pareciera dominar su cuerpo. Distintas formas de sentir la soledad.

La mirilla ofrece también la materialización del amor en imágenes, por ejemplo, cuando sujetados con la cuerda –como si doliera y al mismo tiempo gustara—ruedan por el piso. También de la agresividad, cuando ella lo empuja fuerte y él deambula por los aires, sin rumbo, colgado de su soga. Y la histeria, claro: él se le acerca y ella se le escapa subiéndose a lo alto de su mástil. Todo ocurre dividido en bloques, que parecieran ser temáticos: primero la soledad, luego el encuentro y, finalmente, el amor. Y así, la tensión y la distensión propias de los fenómenos teatrales.

Mosca y Mora son acróbatas, cada uno especializado en los elementos mencionados, pero llegaron al circo por caminos diferentes. Mosca se sumó a La Arena en 1997 y es fundadora de la compañía que lleva el mismo nombre. Antes, era bailarina y coreógrafa. En cambio, Mora, que es chileno, creador y codirector de la compañía Ciklos, es un bicho del teatro. Se conocieron en un festival de circo en Perú, se enamoraron y decidieron trabajar juntos. Es probable que las energías de cada cual en escena tengan, por sus distintas procedencias artísticas, pequeñas diferencias en ritmos o calidades. Los movimientos de él son un tanto más lentos y medidos, quizás hasta más pensados. Los de ella, un tanto más fervorosos, se caracterizan por la fuerza del impulso. La combinación y el correcto engranaje de las piezas --entre ellas también la música y la iluminación-- vuelven a las diferencias imperceptibles y en algún punto necesarias.

¿Una poesía o pintura del amor en estos tiempos? Puede que sí, aunque nada indica el contexto en el que la acción toma lugar. No hay escenografía, lo cual refuerza la potencia del cuerpo. La vestimenta tampoco actúa como referente. Esos personajes sin tiempo ni lugar intentan, al parecer, una aproximación a la esencia del amor, sin estereotipos. Los dos sufren, los dos se esconden, los dos renuncian. Y eso que el teatro suele caer en las trampas del imaginario colectivo, colocando a la mujer en el peor lugar. Aquí, por el contrario, campea el equilibrio. Quizás sea la relación soñada. Los datos están librados a la imaginación… y al espectáculo no le falta vuelo.

lunes, 19 de julio de 2010

Discos: “Armas de creación masiva” (Minas, 2009).-

El notable e ignoto cuarteto del sur del Conurbano entrega en su primer disco 38 minutos de rock clásico y moderno, punk y una leve dosis de funk con una mirada universalista, urbana y anacrónica .

Por Luis Paz

Buenos Aires, julio 19 (Agencia NAN-2010).- Como si los Strokes hubieran nacido en el Gran Buenos Aires, militaran en la universidad (pública, más bien) y se juntaran a zapar rock clásico & moderno, punk, psicoritmos y (un poquito de) funk, donde montar letras deudoras de Un mundo feliz, Los subterráneos, Orwell y algún diario de cabecera (un momento, ésa es la descripción de ¡Pavement!) En fin, así suena Armas de creación masiva, el analítico primer disco de Minas, un notable cuarteto del sur conurbano que es prácticamente inhallable por vías virtuales. Sí, están su Fotolog, su MySpace, su perfil en Facebook, pero no hay registros de su historia ni de su obra. O tal vez se pierdan entre los resultados ofrecidos por el buscador: “masivas manifestaciones contra las minas a cielo abierto", “minas que son una masa”, “minas en tanga” y su evolución “minas en bolas” (492 mil resultados en Google).

Pero bueno, el crédito para Minas no deviene de ninguna pichicata en la postproducción: Armas de creación masiva es un disco notable por la solidez del cuarteto y, en consecuencia, de sus canciones. Ninguna mina, todos con cohetes en el pantalón: Francisco Real en voz y guitarra, Gari Duarte en la otra viola, Ezequiel Sampedro en bajo y Lucas Cirilo en batería. Sus once temas, lejos del virtuosismo y cerca del buen gusto, con cortes, arreglos y derivaciones precisas y ningún exceso de postproducción, arman 38 minutos de música con una mirada aguda sobre la urbanidad en la Humanidad y, mejor aún, sobre lo humano en lo urbano. Una mirada ética, más que política (y a no confundir la ética de las ideas con la moral de la ciudadanía) presentada tan claramente que a ninguna canción le hace falta más de cuatro versos para darse a entender. Por supuesto, hay guiños, ciertos códigos que reconstruir sin mayor dificultad, a menos que nunca hayas vuelto a casa pasado el mediodía, ¡sin haber estado en otra casa!

Mucha noche sobrevuela Armas de creación masiva. “Mucha noche en los ‘80, mucha noche en los ‘80, mucho psiquiatra a los 40”, canta Francisco, a quien le falta década y media para los 40, en la apertura del disco, “Bonzo”. Citas notables, hay de sobra: “La difamo en alta voz y corro a buscarla después” (de “Todo es fuego y sigo sonriendo”); “Mi ojo está ahí donde estés. Intimidad, ¿para qué la querés?” (de “1984”); “Se llenó de turistas la casa marxista, ¡la bohemia está en coma! Por eso las bromas son siempre las mismas” (de “Piel y escamas”); y toda “Diez nuevas razones para cambiar su vida” (ahí hay muchos amaneceres también). Majestuosa la sentencia de “La gran apnea del sueño americano”: “Para el sueño americano, un yogurt es libre ser”.

Musicalmente, de nuevo, el mejor definidor de sus guitarras tal vez sean Los Strokes, pero los de esos midtempos casi up con puentes uppercut (“Reptilia”, por ejemplo), aunque su incidencia rítmica sea más amplia. Sí, hay canciones sobre violas de beat moderno, rasguidos ramoneros y de los otros (upstrokes, onda Franz Ferdinand), pero también mucho rock and roll sintetizado, barrial pero no separatista de la esquina y el club en detrimento de los puestos de diarios, los libros de teoría (y de saldo), los centros culturales y la sala de ensayo. Inclusivo.

La producción del propio Francisco y la mezcla de Rodrigo López en el estudio Quinto acaban de unificar el discurso en una única voz, la de Minas, superadora del grito o suspiro unívoco de otros cantantes viciados de la escena (y de la zona). Una voz universalista, urbana y anacrónica. Glenda Torrado Rodríguez no podría haber captado mejor la esencia para las ilustraciones del disco, realmente. ¡Ah! “Digamos Lucy” es tan suculenta como cualquiera de esos 492 mil resultados.

MySpace: http://www.myspace.com/minasalpoder

viernes, 16 de julio de 2010

Grupo Mascaró: “Un proceso histórico siempre está acompañado de un movimiento cultural”.-

El documental Un alma cargada de futuro realza el costado cultural de la militancia de los setenta, particularmente la del PRT y el ERP, con la participación de figuras como Roberto Santoro, María Escudero, Raymundo Gleyzer, Haroldo Conti, Nicolás Casullo y Daniel Hopen. “Queríamos desmitificar la idea de que el ERP lo integraban Roberto Santucho y un par de locos más que tiraban tiros”, recalca Omar Neri.

Por Nahuel Lag
Fotografía gentileza de Guadalupe Lombardo

Buenos Aires, julio 16 (Agencia NAN-2010).-
Ninguno tenía experiencia en el trabajo audiovisual, pero compartían una idea: contar historias no reveladas desde un punto de vista de clase. También un primer objetivo: reconstruir la historia de los talleres de alfabetización realizados por militantes peronistas, basados en la experiencia cubana, en una barrio neuquino durante 1973. La carrera de periodismo en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y la influencia del Grupo de Cine Insurgente como equipo docente de la materia formación audiovisual hicieron el resto. En 2002, después de la crisis económica y social más fuerte que sufrió el país, nació el Grupo Mascaró Cine Americano. En 2003, la experiencia de alfabetización peronista llegó a las pantallas con Uso mis manos uso mis ideas, que ganó el V Festival de Cine y Video de Derechos Humanos. Pero el futuro del grupo estaba escondido detrás del nombre. La historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y en ella la militancia del autor de Mascaró, el cazador americano, Haroldo Conti, son el eje central de la filmografía del grupo. Tras repasar los distintos períodos del PRT y el ERP en la trilogía Gaviotas blindadas, en Un arma cargada de futuro se muestra la política cultural de la organización como herramienta para la revolución de la mano de militantes como Roberto Santoro, María Escudero, Raymundo Gleyzer, Conti, Nicolás Casullo o Daniel Hopen.

Cuando Mónica Simoncini y Omar Neri comenzaron a investigar la historia del PRT y el ERP se encontraron con “una historia no revelada”. Poco a poco, fueron acumulando 190 horas de filmación producto de 120 entrevistas a militantes del grupo guerrillero, que respaldaron con 22 horas de material de archivo. Todas las filmaciones permitieron reconstruir en tres períodos 1961-1973, 1973-1976, 1976-1980, la trilogía Gaviotas blindadas y “desmitificar la idea de que el ERP lo integraban Roberto Santucho y un par de locos más que tiraban tiros sino que contenía cantidad de experiencias válidas para recuperar”, apuntó Neri.

Entre esas experiencias, estaban la del grupo literario Barrilete, creado por Santoro; el Cine de la Base, liderado por Gleyzer; y el Libre Teatro Libre, por Escudero. La política cultural del PRT-ERP, que no se manifestaba como estrategia política sino como conjunto de acciones de artistas que también eran militantes, se había disuelto entre tantas historias de lucha contra las dictaduras de turno. Un arma… recupera los orígenes culturales de la organización armada, aquellos que encontraban a un grupo de intelectuales reunidos por Francisco René Santucho, hermano de Roberto, en la librería Dimensión, de Santiago del Estero. Allí se formaría el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular (Frip) que en 1965 se uniría con Palabra Obrera para dar vida al PRT, guiado por las ideas de un poeta, médico y revolucionario: Ernesto “Che” Guevara.

-- ¿Influyó comenzar a trabajar en la investigación después de la crisis de 2001?
Mónica Simoncini: -- Se facilitó conseguir los testimonios, porque era un momento de apertura en el que parecía que se lograría un cambio, y se comenzaron a recuperar los relatos de militancia. Nos encontramos con muchas militantes del ERP y el PRT que nos decían que nunca habían contado su experiencia y que a partir de los documentales se lo contaban por primera vez a sus hijos. Entre los jóvenes había una imagen muy distorsionada de la época y si se le preguntaba por la década del '70 sólo conocían a Montoneros. Nuestra primera intención fue la de producir videos para la formación en las organizaciones sociales profundizando en una manera de contar que evite caer en el golpe bajo y logré una mirada más positiva de la militancia. Los testimonios están editados para que sean los militantes los que tengan la oportunidad de narrar el espíritu de la época, el porqué de su lucha y por qué creían en que la organización podía llevar al cambio social, a la revolución.
Omar Neri: -- Por eso, en los documentales evitamos usar voces en off. La idea es que parezcan estar hechos en los '70, no por la estética sino por la forma de contar, con el sentimiento de aquél momento. Poner varias voces también tiene que ver con el decir de los militantes de que “eran uno solo". Luchaban por lo mismo y lo individual se disipaba.
M.S.: -- En el transcurso nos dimos cuenta que los documentales no tenían que estar dirigidos sólo a la formación de militantes o buscar un público culto sino que debían llegar a todo el público. Investigando nos encontramos con preguntas que ya se hacía Raymundo Gleyzer y los integrantes del Cine de la Base como el uso del humor. El humor como recurso para que la gente se sienta identificada, se ría, lo disfrute. Entonces, la base está en lo planteado por Raymundo: los trabajadores tienen que comprender las películas a partir de recursos como el humor, después pueden seguir agregándose metáforas y demás recursos.

-- ¿La política cultural es la herencia más importante del PRT-ERP?
M.S.: -- Un proceso histórico siempre está acompañado de un movimiento cultural porque es el espacio de libertad en los momentos más difíciles, un lugar de resistencia.

-- ¿Qué encontraron de particular en el movimiento cultural del PRT-ERP?
M.S.: -- Las experiencias del grupo literario y editorial Barrillete, el Cine de la Base y Libre Teatro Libre fueron experiencias muy enriquecedoras y poco conocidas. Por ejemplo, cuando comenzamos a investigar la historia de Haroldo Conti encontramos que él tenía una fuerte inserción en el PRT, pero sólo se lo conoce como escritor, y nos pareció importante dar a conocer su militancia. Así, también se habilita el debate del compromiso político de los intelectuales, una discusión que mantiene en la actualidad aunque con menos intensidad que en los '70 y de una forma más lavada.

-- A lo largo del documental, las posiciones de Santoro y Conti parecen diferenciarse un poco en cuanto a la relación de su arte y la denuncia política.
O.N.: -- Haroldo decía que no podía escribir una novela que movilice a las masas porque no quería hacer panfletos, pero sus posiciones tenían en común que ambos buscaban aportar a la revolución desde su trabajo artístico. Lo que intentamos mostrar en el documental es que todos los integrantes del movimiento cultural del PRT-ERP intentaban perderse como intelectuales. María Escudero lo había escrito en una carta a Haroldo: “Ya no somos intelectuales, somos laburantes cualesquiera”. No se sentían distintos por ser intelectuales, ese mote lo entendía en una lógica de categoría burguesa. Antes que su condición de artistas o pensadores estaba el proyecto de la revolución. El movimiento era lo más importante y la cultura una de las experiencias que lo acompañaba junto al Movimiento Nacional de Base, el Frente Antiimperialista por el Socialismo y la creación del Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (Fatrac). Recuperar estas historias permite dar debate para pensar en la actualidad qué tipo de cine, teatro y literatura queremos.

-- Esa relación entre arte y militancia llevó a rupturas dentro de las disciplinas.
O.N.: -- En todas las artes se puso en cuestión el contenido y la forma. En el teatro se observa bien que la intención no era contar historias sacadas del pueblo sino que era el mismo pueblo el que debía narrarlas. Por eso la experiencia del grupo de Libre Teatro Libre de ir a los ingenios azucareros de Tucumán a intercambiar experiencias con los trabajadores (que concluiría en la última obra del grupo El fin del Camino, 1973). O el cine de Raymundo entregando la cámara a los obreros.
M.S.:-- En el cine había una corriente latinoamericana y mundial con el cine del tercer mundo. Hay cartas de Raymundo con compañeros chilenos que vivían el proceso de la Unidad Popular (partido que llevó a la presidencia a Salvador Allende). De hecho, el primer trabajo de Raymundo es La Tierra Quema en Brasil y después México, la revolución congelada. Libre Teatro Libre se forma al separarse de la carrera en la Universidad De Córdoba, por lo que rompen con la institucionalidad y eso se refleja en sus obras rompiendo con la convencional para llevar el teatro a sindicatos, barrios y organizaciones. Y el grupo literario Barrilete realizaba sus informes sobre la realidad política y social a través de poesías y dibujos que vendían en los kioscos. El último fue el Informe sobre Trelew (la masacre de militantes que intentaron escapar del penal de Rawson durante la dictadura de Agustín Lanusse).

-- ¿Qué ocurrió con el Fatrac?
O.N.: -- Cuando se da el golpe militar de 1976, el ERP casi no existía en Tucumán. Los mismos militares reconocían que ya habían sido exterminados los grupos guerrilleros. Sobre el final del documental se dice que la dictadura no estaba destinada sólo a la guerrilla sino al movimiento de masas del cual los artistas e intelectuales eran los voceros. Es así que la última obra de Libre Teatro Libre sólo puede realizar cinco funciones en Córdoba antes de que muchos de sus integrantes vayan al exilio. Y la editorial Barrillete fue cerrada en 1975 por la Triple A.

-- ¿El documental permite repensar el arte como herramienta de comunicación o estética?
O.N.: -- Ambas cosas van de la mano, hay que lograr que quien vea la película no sienta que está viendo un panfleto. Lo difícil es que el espectador actual no es el de los '70, tiene la influencia de Hollywood y la Tinellización de la realidad. La película tiene que llegar desde el humor, las emociones y el espectador debe llevarse algo que lo movilice. Para pensar los documentales usamos la figura del “espectador sentado” y el “espectador parado”. La intención es que el espectador no se limite a sentarse a ver la película sino que se vaya del cine parado frente a la realidad con la consciencia de que es posible cambiar el sistema y hay otras maneras de relacionarse.
M.S.: -- A pesar de que hay poco público organizado políticamente el cine es una herramienta de rápido impacto. Por eso, hay que desmitificar la tecnología y hacer el esfuerzo de realizar un buen trabajo. En el país hay miles de estudiantes de cine y sin embargo hay poca producción porque las universidades forman con el impedimento de la tecnología. Esa es nuestra ventaja de no habernos formado como cineastas.
O.N.: -- En nuestras proyecciones, nunca nadie nos criticó por una falla del sonido sino que nos felicitaron por la historia contada. Creo que la historia le va ganado a la tecnología.

-- ¿Creen que después del 2001 resurgió el espíritu del arte colectivo y de base?
M.S.: -- Con el surgimiento de muchos grupos de cine y contrainformación apareció otra vez la organización como esperanza. La primera película de Gaviotas… empieza con una cita de Rodolfo Walsh en la que indica que las clases dominantes nos hacen creer que no tenemos historia. Por eso creo que el objetivo del documental tiene que ser contar las luchas del presente, pero también recuperar la memoria de lucha para analizar los errores y a partir de allí recrear formas nuevas de pelea. Ese es nuestro compromiso. Y con tantas experiencias como la nuestra en cine, teatro y otros espacios, imagino que en algunos años los debates serán muchos más ricos.
O.N.: -- La actualidad del cine documental puede ejemplificarse con la formación de Documentalistas Argentinos (DOCA). Allí nos nucleamos 200 documentalistas, marxistas, peronistas, trotkistas, individualistas que trabajamos sobre distintos temas. Lo interesante es el debate, la pelea en común por ganar espacios de exhibición y dentro del INCAA. Pero estamos en un momento complejo porque las luchas no son tan efectivas como algunos años atrás. El enemigo no es tan claro y eso se refleja en los documentales donde se multiplican los informes, la denuncia y no se apunta al fondo de las cuestiones. El kirchnerismo es lo mejor que podemos obtener desde la burguesía, pero hay un paso más. Ojalá logremos hacer documental para generar consciencia crítica y profundizar el cambio.

* Un arma cargada de futuro se podrá ver mañana en el Espacio La Gomera, Quíquela Martín 1799, Ciudad de Buenos Aires.

jueves, 15 de julio de 2010

Contadoras Públicas: sobre cómo defender la riqueza y la dulzura del lenguaje.-

El grupo de jóvenes narradoras nacido en una escuela de Remedios de Escalada busca durante sus presentaciones imprimir al máximo cada una de las imágenes que contienen en su esencia las palabras. Sin ningún tipo de escenografía, ayuda de objetos, ni de vestuarios, en su último espectáculo, Homenaje -que se presentará el 25 de julio en la Biblioteca Mentruyt, de Lomas de Zamora- las mujeres intentan tocar como una cuerda, la fibra íntima de su público y lo hacen, según su coordinador Fernando Coloma.

Por Paula Sabatés
Fotografía de Mariana Meyer

Buenos Aires, julio 15 (Agencia NAN–2010).- La narración oral escénica, denominación creada por el catedrático Francisco Garzón Céspedes en 1975 y aceptada a nivel internacional, refiere a “la renovación del antiguo arte de contar oralmente” y se plantea como “la fundación de un nuevo arte oral escénico contemporáneo, un arte esencialmente comunicador”. Es decir, realza las leyes generales de la escena pero no las del teatro, evidenciando que son, contrariamente al pensamiento común, expresiones de distinta génesis. Surgido en una escuela pública de Remedios de Escalada hace siete años, el grupo de narradoras Contadoras Públicas --que el próximo 25 de julio presenta su espectáculo Homenaje en la Biblioteca Mentruyt de Lomas de Zamora a las 16.30-- toma prestado ese concepto y lo hace propio. “La narrativa es un compromiso, una defensa acérrima sobre la riqueza y la dulzura del lenguaje, algo que se está perdiendo absolutamente”, sostiene Fernando Coloma, coordinador del cuarteto de jóvenes narradoras, en diálogo con Agencia NAN.

Contadoras Públicas nació en 2003, aunque debieron pasar unos años hasta que se le diera ese nombre. Al principio, el grupo estaba conformado por varias chicas de entre once y trece años que se anotaron en un taller optativo de la escuela 16 de Escalada para ver de qué se trataba. “Muchas quedaron en el camino porque no lo sentían”, recuerda Coloma, que cargó con la responsabilidad de iniciar a nenas tan chicas en un arte tan grande. Tras varias idas y vueltas (que incluyeron una pelea con la dirección de aquella institución y la posterior independización del grupo), Tamara Aguilera, Cinthia Gallego, Agustina Molfesa y Cynthia Restivo sobrevivieron a la ardua tarea de convertirse en narradoras, y hoy, con tan sólo 19 y 20 años, conforman uno de los grupos más importantes y talentosos del Conurbano bonaerense.

“La narrativa es el arte de llegar a una persona y hacer que en su mente se grafique una historia mediante la palabra”, repite, como si tuviera un casette, una Aguilera mucho más madura que aquella que a los once años agarró un cuento por primera vez e intentó adaptarlo con el objetivo de contarlo en público en un acto de fin de año. ¿Qué es lo que hizo? Le dio una estructura, eliminó frases, párrafos, o descripciones muy extensas que provocasen que el oyente se perdiera. Y también escribió con otras palabras hechos, conversaciones, y descripciones para que fuese más sencilla su comprensión. Tarea nada fácil.

“La narrativa oral es la madre de todos las artes”, resume Coloma. “Es el arte de entretener a un auditorio contándole una muy buena historia, de la cual primero se tiene que estar enamorado, porque sino no se va a poder volcar nunca como corresponde”. Entonces, ¿por qué es distinta al teatro si se trata de contar historias que merecen ser contadas a través de personajes ficcionales? “Porque no hay vestuario, escenografía ni objetos y porque en una obra de teatro, uno es un sólo personaje y en la narrativa de un segundo a otro tenés que cambiar y empezar a pensar como otro y después volver de nuevo a ser el de antes. Y así todo el tiempo”, explica Aguilera.

“Es el arte de contar historias, pero se transforma en algo más cuando a lo sencillo de contar un cuento se le suma la ambición de trasformarlo en una experiencia compartida entre el público y vos”, agrega Restivo. Entonces ya no quedan dudas: la narrativa es para todas ellas un refugio. “Me meto en la historia y entonces dejo de estar en Argentina, dejo de ser Agustina y ya no existe más nada que esa historia y ese personaje”, resalta Molfesa apasionada. “Es un lugar de distracción. Es algo que nos gusta, sí, no lo hacemos por obligación sino con ganas, como una pasión. Pero también nos exigimos para que no nos guste sólo a nosotras sino también a la gente”, agrega Gallego.

Homenaje es su más reciente creación, espectáculo de once cuentos que tiene poco más de medio año gestándose y conserva intactas las tradiciones del grupo: vestirse de negro -porque de eso se trata, personificar con nada más que la voz-, narrar descalzas --porque como dice Aguilera “da un contacto mucho mayor con el piso, causa firmeza, libertad y es un cable a tierra absoluto”-- y terminar las cuatro juntas con un poesía que hayan elegido entre todas. Pero, además, Homenaje es más que los espectáculos anteriores: “está apuntado para arriba, vamos subiendo y se nota en la calidad de los autores y los cuentos que vamos eligiendo, que es cada vez más importante”, se enorgullece Coloma, que asegura además que ya no es un profesor y que ahora sólo coordina a estas chicas que “ya son narradoras y no necesitan aprender nada más”. “Noto una gran variedad de cuentos en este espectáculo. Hay cómicos, abstractos, dramáticos, y esa elección se ve en nuestro crecimiento como personas y narradoras”, dice Molfesa. “Tenemos muchas expectativas en este espectáculo. Por un lado porque es un lugar nuevo que nos abre las puertas a un público distinto. Y porque las esperanzas de superarnos a nosotras mismas cada vez que largamos con algo nuevo están siempre”, cuenta Restivo.

En esta oportunidad, el encuentro será por primera vez en un teatro, novedad más que interesante para ellas, que están acostumbradas a una narrativa más intimista (antes narraron en sociedades de fomento, escuelas, hogares de niños). La selección de textos de esta edición incluye a tres autores ganadores del Premio Nobel a la literatura, nada menos que José Saramago, Octavio Paz y Rabindranath Tagore, lo que demuestra que, de verdad, han asumido un compromiso mayor. Y no menos importante: por primera vez, y rendido ante la insistencia de viejos seguidores, Coloma también va a narrar un cuento, del escritor, dramaturgo, periodista y novelista portugués recientemente fallecido, a quien va dirigido el nombre del show. Con todo esto, el desafío es grande. Y la presión se les nota. “Aunque hayamos hecho cinco, siete o diez años de narrativa, hasta que no arrancas, te paras en el escenario y ves que todo va bien, te tiemblan las piernas siempre”, afirma Gallego, que además cuenta que después de cada espectáculo vive “feliz una semana porque todo salió bien”.

Así, Contadoras públicas apuesta. En primer lugar al grupo humano que forman (Molfesa afirma que son amigas y que si una de ellas está mal y no puede narrar, “el clima en todas es distinto”). Después, al placer de algo bien hecho, pero antes al trabajo que eso implica, para lo cual privilegian la relación con el público. “Si la gente responde, entonces seguís con eso. Ahí radica la inmediatez de receptividad que tiene que tener el narrador”, afirma Aguilera. “A mí me gusta mucho mirar al que está adelante. Hay personas que están con la boca abierta y otras que están llorando. Entonces ahí decís: llegamos”, resalta Coloma, que se enorgullece de sus chicas al asegurar que “hoy son capaces de transmitir un sentimiento a un auditorio y que sea creíble”.
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