martes, 31 de agosto de 2010

Siluetazo en El Olimpo.-

Por primera vez desde las jornadas que acompañaron la agonía de la dictadura, se realizó un Siluetazo en un ex centro clandestino de detención, convocado por HIJOS Zona Sur. Agencia NAN recorrió El Olimpo y capturó las voces del pasado, volviéndose presente en una obra de fuerte impronta artístico-política.

Por Adrián Pérez
Fotografías de Guillermo Kexel

Buenos Aires, agosto 31 (Agencia NAN-2010).- “De alguna manera, lo que la gente hace con las siluetas es ponerlas de pie. Entonces, mágicamente, cobran vida propia y le dicen a uno lo que hay que hacer”, destaca el artista plástico Guillermo Kexel, trazando un puente entre el Siluetazo de septiembre de 1983 y el que se organizó el fin de semana en El Olimpo, el Centro de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) que sembró de muerte y horror el barrio porteño de Floresta. “Pasaron veintiocho años y sigo pensando que si algo se ha logrado con esta mítica lucha por los derechos humanos fue gracias a lo que ustedes han hecho hoy. Así nacieron las siluetas, por esa necesidad de volver a poner en la calle a los que nos habían arrebatado”, cierra el docente de Imagen digital en Artes visuales del IUNA, en señal de agradecimiento a HIJOS Zona Sur, agrupación que organizó la actividad.

Por primera vez desde aquellas jornadas que se realizaron en la agonía de la última dictadura, el siluetazo --una obra colectiva con una fuerte impronta artístico-política, donde se dibujan siluetas para recordar a los desaparecidos-- tuvo lugar en un centro clandestino de detención. La actividad reunió a un puñado de militantes de organismos de derechos humanos que confluyeron en El Olimpo. Durante la tarde del sábado Agencia NAN recorrió el CCDTyE, recogió las voces de vecinos y familiares y los testimonios de quienes sobrevivieron al terrorismo de Estado en Argentina.

A fines de 1975, Oscar Arquez integraba la columna oeste de Montoneros. Su compromiso político había comenzado en la Unión de Estudiantes Secundarios. En la madrugada del 17 de septiembre de 1976 su casa fue allanada por una patota de la 7º Brigada Aérea de Morón. Cincuenta efectivos y dos helicópteros montaron un operativo de ribetes cinematográficos y lo secuestraron junto a su hermano, quien militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Ambos fueron llevados a la sede de la 7º Brigada Aérea de Morón donde se encontraron con varios compañeros. Luego de varios traslados, finalmente, Arquez fue llevado a El Vesubio, donde lo liberaron el 17 de noviembre de 1976.

“Me tiraron en el Bajo Flores y de ahí llegué a las 9 de la mañana, como pude, a mi casa en Morón”, relata el hombre de 54 años. Arquez se enteró de que sería pasado a disposición del Poder Ejecutivo en Coordinación Federal --antes de ser trasladado a El Vesubio--, donde uno de sus carceleros le acercó papel y lápiz para que escribiera una carta a su familia. “La patota entró con mucha violencia, al otro día que le entrego la carta, para llevarme a El Vesubio”, recuerda. Cuando llegó a su casa comprobó que la carta había llegado. El texto se encuentra, actualmente, en el juzgado de Daniel Rafecas, magistrado que lleva adelante el juicio contra los represores.

“Haber pasado por todo esto te deja un daño psicológico irreparable. Seguimos padeciendo la tortura --señala, visiblemente emocionado--. Me cuesta dormir una noche entera. Es la tortura psicológica que siguen manteniendo.” Si bien tiene que irse desde hace un buen rato, Arquez se queda mirando al grupo de chicos que juegan y corren entre las siluetas. Y en la alegría de los pequeños identifica a sus compañeros desaparecidos. “Ellos se la pasaban cantando, bailando, haciendo bromas. Íbamos a jugarnos la vida pero lo hacíamos cantando, alegres. Eso es lo que veo hoy en toda esta gente”.

Además de ser vecino del barrio, Alejandro Olmedo trabajó durante treinta años en el viejo correo ubicado en Carrasco 31. Si bien muchos sabían que en el centro clandestino había “movimientos raros”, reconoce que “nadie decía nada”. A partir de 1987 la gente de Fernández, Lacarra y Rafaela conversaba, en casuales encuentros con los empleados del correo, sobre los gritos que provenían de El Olimpo. Olmedo recuerda con precisión el día que detuvieron a Julio Simón (alias “Turco Julián”). “Después de su detención en un bar de Congreso comencé a mirar fotos de él y pensaba ‘a este chabón lo conozco de algún lado’”, rememora.

El jubilado del correo asegura haber visto al represor tomando café en la Pizzería Montecarlo, justo al lado de la parada del colectivo 107, donde actualmente funciona una farmacia. En aquellos años, Olmedo era soltero y “vivía en la joda”. “Entre el cagazo y el ‘no te metás’ todos estábamos inmersos en nuestras cosas”, destaca. Y aunque arrastra una pequeña discapacidad, el vecino se acercó a colaborar para “saldar una deuda generacional”. “Uno se siente mal porque, mientras cada uno ‘hacía la suya’, acá se cometían unos desastres bárbaros. Ahora me doy cuenta de que boludeaba en la vida. Lo único que me preocupaba era trabajar, tener mi coche y nada más”, agrega.

A los 75 años, Carmen Ramiro de Guede es la única Madre de Plaza de Mayo de Quilmes con vida. Al momento de su desaparición, Dante Guede, su compañero, tenía 47 y trabajaba en el Instituto Argentino de Radioastronomía que el Conicet tiene en el Parque Pereyra Iraola. Su hijo, Héctor Guede, tenía diecinueve años y estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad de La Plata. Ambos militaban en el Ejército Revolucionario del Pueblo “22 de Agosto” y se encuentran desaparecidos. Según algunos testimonios, padre e hijo habrían sido vistos en El Vesubio. “Me siento mal por las vidas que se han perdido en este lugar maldito –afirma cuando es consultada por su presencia en la actividad--. Pero estoy contenta porque, por suerte, veo que la juventud y mucha gente ha venido a trabajar para no olvidar a nuestros hijos.”

Cuando su compañero y su hijo desaparecieron, Carmen estaba radicada en Mendoza con Ulises, el más pequeño de sus tres hijos. “Mi marido viajó en septiembre para encontrarse conmigo en Mendoza, y regresó a Buenos Aires cuando su licencia terminó”, comenta. “Yo me enteré de que había desaparecido por mi cuñada”, resalta. Durante la dictadura, junto a Carmen, unas cuarenta madres caminaban los cuartos viernes de cada mes en la Plaza de Quilmes. “Soy la única que quedó viva”, apunta, en un breve descanso durante la confección de siluetas.

Milena juega con su prima Wanda entre los resaltadores indelebles y el papel que forra el piso y las mesas ubicadas en una de las naves del Olimpo; entre las manos de hombres y mujeres que trabajan con ánimo solidario y laborioso. Sobre la Biblioteca Popular Carlos Fuentealba una bandera reza: “Los lápices siguen escribiendo el país que ellos soñaron”. La pequeña de once años resignifica la frase y escribe la suya sobre una silueta: “Dignidad para los adolescentes de ‘La Noche de los Lápices’ que pedían un boleto estudiantil y recibieron muerte y tortura por tener una ideología política desfavorable para los militares. Los lápices siguen escribiendo.”

En el cierre del Siluetazo, Ulises Guede hace un balance de la actividad. “Parece que destacamos la ausencia pero dibujamos la presencia y el reencuentro. Todo esto habla de que estamos en el buen camino. (Los represores) jamás pensaron o imaginaron que íbamos a estar construyendo, desde otro lugar, aquello que ellos se encargaron de destruir; trabajando con alegría, con niños. Jamás pensaron que en un mismo centro clandestino de detención iba a transcurrir la muerte y la vida. Y la vida desde un papel, desde una silueta, pero también la vida que uno le da a ese papel”. Por último, el militante de HIJOS Zona Sur puntualizó: “Lo único que me queda es decirles gracias por estar compartiendo este espacio y esta actividad”.

* Cientos de siluetas unirán, el 16 de septiembre, los kilómetros que separan el Pozo de Quilmes y el Pozo de Banfield. El objetivo es exigirle al Estado provincial que la Policía Bonaerense abandone el centro de detención que funcionó en Quilmes, y que el predio recuperado en Banfield funcione como un espacio para la memoria.

lunes, 30 de agosto de 2010

Libros: “Apache, en busca de Carlos Tevez” (Sonia Budassi, 2010).-

La joven escritora y periodista bahiense asistió a todos los partidos de las Eliminatorias pasadas en busca el Apache. En el camino, derribó vallas de seguridad, aprehendió los códigos futboleros y caracterizó a los jugadores celebridades.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, agosto 30 (Agencia NAN-2010).- “Durante un año fui una intrusa, torpe, exploradora etnográfica en un campo extranjero tan hostil como seductor: canchas de fútbol, zonas mixtas, boliches reguetoneros y entrenamientos”, saca pecho Sonia Budassi en el prólogo de su último libro, Apache, en busca de Carlos Tevez (Tamarisco), para resumir el resultado de una búsqueda marcada por una lucha desigual contra el status quo del mundo del fútbol. En 70 páginas, la escritora y periodista bahiense construye un relato sobre el “jugador del pueblo” --¿invento de Clarín?--, pero al que ella define como un “Cuasimodo superstar” o una “una mezcla de pony coqueto y hábil, y de veloz caballo percherón”, pero siempre desde la admiración de una fan (¿?) que busca conocer al jugador millonario surgido en el barrio Ejercito de los Andes, estigmatizado por la pobreza y la “violencia”. Ahora bien, el mayor merito de la crónica es derribar las vallas de seguridad, contar los códigos del fútbol y caracterizar a algunos personajes que rodean a los jugadores celebrities. Esos, más o menos, son los ejes del relato, construido desde lo vivencial, con una visa de extranjera sin prejuicios para entrar a la cultura futbolera.

La búsqueda comenzó un año antes de la publicación del libro, con el primer partido en Argentina de la Selección bajo la batuta de Diego Maradona. Con el propósito de entrevistarlo, Budassi asistió a todos los partidos de local de las Eliminatorias 2009. Pero además reunió artículos periodísticos, analizó las jugadas del Apache por televisión mientras Argentina embrollaba sus chances de clasificar al Mundial y el entorno del astro se ponía más hostil con la prensa, salvo con sus amigos periodistas de TyC Sports, “que se saben amigos de Tevez”. Asimismo presenció entrenamientos y enmarañadas conferencias de prensa en el predio de la AFA o en los pasillos del Monumental.


Justamente allí, Budassi (también autora de Los domingos son para dormir, Mujeres de Dios y Periodismo) se encuentra con capas de periodistas deportivos, rankeados según el medio, aunque con una cualidad esencial compartida por todos: “Dan como datos sensaciones incomprobables”. Y sus preguntas son “predecibles, aburridas incluso para alguien no habituado a los códigos del periodismo deportivo”. Pero esos pasillos además se convierten en tierra de fans, donde florecen cazaautógrafos. De vuelta a la búsqueda, Budassi pronto se da cuenta que no será fácil una entrevista con Tevez (el conflicto de la historia), por varios motivos, entre ellos representantes y jefes de prensa con baterías de pretextos y que no valoran su credencial de escritora. Pero el mano a mano al fin y al cabo ocurre, aunque lo que se dice no es lo más importante de la crónica.

En paralelo, Budassi analiza la construcción marketinera del futbolista. Teoriza: “La pobreza, a través de la retorica populista, es comerciable. Es el marketing hecho persona, el estigma vuelto rentable”.
Ahora bien, la crónica de Budassi sólo funciona para lectores aún inmunizados a la cultura futbolera, donde Tevez es un jugador que salió de la pobreza al concretar el sueño del pibe que juega en un potrero y luego llega a Primera para después pasar a Europa y vestir la albiceleste.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Buenos Aires Gran, segunda edición.-

El evento reúne a espacios y artistas del área escénica independiente del sur del Conurbano bonaerense. ¿Sólo teatro? ¡Error! Títeres para grandes y chicos, clowns y danza por casi nada o directamente nada de plata. Además, talleres y mesas de debate.

Fotografía gentileza Abriendo Mundos

Buenos Aires, agosto 25 (Agencia NAN-2010).- Salas independientes de Longchamps, Lanús, Banfield, Lomas de Zamora, Temperley, Adrogué y Monte Grande serán los escenarios del II Festival de Artes Escénicas Buenos Aires Gran, que comenzará mañana con un espectáculo de clown de Víctor Stivelman a las 20.30 en el Teatro Ensamble (Larrea 350, Lomas de Zamora) y se desarrollará durante diez días. La propuesta incluye, además, presentaciones de títeres, danza y teatro callejero, para adultos y niños, con entradas gratuitas o a precios populares.

El sábado la jornada comenzará a las 17 en el Centro Cultural Libremente (Av. Meeks 1044, Temperley), con la obra de títeres para niños
Al agua morsa, bajo la dirección de Mariel Lewitan. Luego, a las 21, Daniel Campomenosi dirigirá en Las Nobles Bestias (14 de julio 142, Temperley) Empollando milagros, con dramaturgia de Ariel Barchilón, que propone la historia de un matrimonio que decide participar en un certamen televisivo de habilidades exóticas. A la par, Proyecto vacío+Nocturno, danza teatro dirigido por Silvina Linzuain, se presentará en el Ensamble.

El domingo a las 17, la Compañía Al Borde realizará la obra infantil
Don generoso, con entrada gratuita en el Teatro Brancaleone (9 de abril 935, Monte Grande). A las 19, Enrique Papatino dirigirá El paso de Santa Isabel en el Teatro de las Memorias (Sáez 227, Lomas de Zamora), que pone en escena el encuentro entre un guardabarrera de un paraje inhóspito y cuya rutina se interrumpe con la llegada de un supervisor. Una hora más tarde, Omar Aíta dirigirá Piernas entrelazadas en Disparate Casa de Artes (S. de Montevideo 1265, Lanús).

La penúltima jornada del festival será el sábado 4 de septiembre y arrancará a las 18 con
Salutte, obra de teatro callejero de la Compañía Circo in Pizza. Y el cierre será con Nochecitas Bestias, un conjunto de breves intervenciones escénicas que culminará con un brindis en LNB, con entrada gratuita.

Entre las actividades especiales, se destaca la realización del taller “El lenguaje del cuerpo en movimiento”, a cargo del actor, acróbata y director de teatro Gerardo Hochman, fundador de la Escuela de Circo La Arena. También habrá diversas mesas redondas.

El Buenos Aires Gran es una iniciativa independiente realizada en conjunto por dramaturgos, actores, directores, críticos e investigadores teatrales, bajo la organización del Centro de Documentación Doc/Sur junto con los grupos, y cuenta con los auspicios del Instituto Nacional del Teatro, la Comedia de la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Lanús.

Blog: http://www.festivalbuenosairesgranprensa.blogspot.com

martes, 24 de agosto de 2010

Godetia en La Ratonera Cultural.-

La puesta en escena del dramaturgo, actor y joven director Matías Vitali es un psicodrama revelador de las cruentas relaciones dentro de una familia y de la sociedad misma.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Carolina Japas

Buenos Aires, agosto 24 (Agencia NAN-2010).- Parece tratarse de un argumento simple a primera vista: la muerte de una madre complicada, la reacción de sus tres hijos, los secretos que hay detrás de la tragedia (que incluyen una gran fortuna oculta y un presunto asesinato), la pareja homosexual del hermano del medio que detesta a la difunta y el devenir de las relaciones de una familia retorcida y oscura por donde se la mire. Pero basta sólo con echar una mirada más profunda para que empiecen a surgir nuevas maneras de pensar Godetia, la tragedia moderna del joven dramaturgo, actor y director Matías Vitali, que se presenta como una alternativa más al teatro comercial de la escena porteña. A las 18.20, todos los domingos, la puesta que se exhibe en La Ratonera Cultural (Corrientes 5552) bien podría definirse como la viva expresión del teatro alternativo, disfrazada de un atrapante psicodrama revelador de las cruentas relaciones sociales de estos tiempos, a la vez desgarradoras y apasionantes.

Protagonizada por Valeria Ariosto, Carolina Japas, Andrea Capria, Mariano Romero y el propio creador, Godetia muestra la fragilidad mundana; no presenta una solución al caos familiar y social, sino que enseña sus distintas facetas. Todos los personajes ocultan algo y cargan con una experiencia de vida que determina y condena su presente. La clave está en cómo aprenden a vivir con ello, si es que se puede aprender. Por lo pronto, los hermanos parecieran ser arquetipos de lo opuesto y lo demuestran en escena: una, el orden reinante, la heredera aparente de la “coherencia” familiar y la sólida responsable ante el inevitable devenir de lo trágico. El otro, el distinto, el hijo homosexual que la madre nunca pudo aceptar, el incomprendido. Y la menor, Silvana, un personaje realista en un trasfondo caótico y grotesco. Los acompaña Junco, la carismática y desenvuelta pareja de Francisco, el del medio, que viene a oscurecer aún más los vidrios empañados de la casa. Y detrás de todos ellos, Godetia, la otra cara de la moneda, viene a contrariar el reconocido discurso de que las madres siempre aman a sus hijos; porque ella no lo hace.

La obra cautiva debido a que, como dirá el director, presenta temas de la vida (la homosexualidad es quizá el más trabajado, pero definitivamente no el único) pero en realidad no hace más que hablar de la cotidianeidad misma. Desestabiliza, porque sumerge desde el vamos a lo más intenso y crudo de la conciencia propia. Emociona, ya que esos tres hermanos no tienen idea de lo frágiles que son/pueden ser/están siendo, y hace sonreír, porque parecen tan lejanos a descubrir la debilidad propia y no la del otro. Es que Vera, Francisco, Silvana, Junco y Godetia no son, en efecto, más que los unos y los otros del mundo, son todos; sólo que desde arriba de un escenario de la emblemática calle Corrientes. Divierte de a momentos verlos pelear, sí, -las peleas en teatro, y más si son violentas, parecieran ser un plus-, pero entretiene hasta que uno le grita al otro cuan poco lo quiere y qué tan patético lo considera. Ahí radica precisamente el golpe de la tragedia.

Godetia es juego constante. Desde que abre la obra con un exabrupto de Vera, la mayor, que desespera porque no llega el remis que los llevará al entierro de Godetia, el espectador no puede terminar de acostumbrarse a los gags antes que las vicisitudes de la escena le pidan a gritos a la pieza un cambio brusco a la emotividad. Con frases que conectan al espectador con su propia moralidad, sus prejuicios internos y las construcciones de su discurso, abundan escenas en las que lo amargo de la muerte convive con el dulce (y a la vez ácido) sabor de estar vivo, produciendo una mezcla agridulce a la que el paladar teatral debe acomodarse; no faltan las risas que de pronto son llanto, y de nuevo, en un instante vuelven a ser risas (y después de nuevo llanto). Es juego constante porque los ojos no saben si prestarle atención a una Silvana que no tiene un pelo de tonta pero juega a pedirle plata a sus hermanos o a un Junco comprador que transforma el conflicto minuto a minuto; tampoco los ojos no saben si prestar atención o cerrarse cuando Godetia despotrica en off ante un decorado que representa a la vez la casa y la tumba de esa madre que se quedó con tanto por decir.

En un retazo que quedó para la eternidad, Anne Ubersfeld, una de las más grandes teóricas teatrales, escribió que “el teatro es el arte de la paradoja; […] es arte de hoy, […] arte intelectual y definido, […] de una sola persona, el gran creador, pero necesitado del concurso activo de muchos otras personas; […] arte peligroso y fascinante”. Y Godetia es todo eso: arte de la paradoja, porque no busca representar un tema, sino presentarlo, para que cada uno se relacione con él de la manera que pueda; arte de hoy, porque muestra que, como en la vida misma, Godetia es un costado de supervivencia, animal, salvaje, que lleva a los personajes a cometer actos inmorales. Arte intelectual y definido, ya que invita a la reflexión acerca del costado más oscuro de la personalidad del ser humano. Arte peligroso y fascinante, porque produce, como un arma de doble filo, que el público se encuentre todo el tiempo en el fino e imperceptible límite entre lo bello de la vida, y lo angustiante de la fragilidad humana.

viernes, 20 de agosto de 2010

María Inés Krimer: “Toda historia secreta tiene un potencial narrativo”.-

En Sangre kosher, su última novela, María Inés Krimer se detiene en un "capítulo negro de la historia del judaísmo": la Zwi Migdal, una red internacional de trata de personas fundada en Avellaneda por polacos. Entrecruza personajes históricos con ficticios y postula que la historia, más que repetirse, continúa. “Los traficantes se aprovechaban de la marginalidad. Es similar a lo que sucede hoy con las jóvenes del interior”, compara.

Por Esteban Vera
Fotografía de Mariana Meyer

Buenos Aires, agosto 20 (Agencia NAN-2010).- “Toda vida está hecha del entrecruzamiento de otras vidas. El pasado parecía fluir en el presente.” La sentencia, narrada por una voz femenina, sintetiza el esqueleto argumentativo de Sangre kosher (Aquilina), la última novela de María Inés Krimer. La trama se detiene minuciosamente en sórdidos detalles de la Zwi Migdal, una red internacional de trata de personas fundada en Avellaneda por rufianes judíos polacos, entre otros Noé Trauman (anarquista, agitador social, amigo de Roberto Arlt y modelo para delinear a Haffner, el Rufián Melancólico de Los siete Locos). En paralelo, el relato va palpando la superficie del tráfico de mujeres con fines de explotación sexual en la actualidad y revelando los recovecos de funcionarios cómplices de un negocio perverso, con historias de silencio e impunidad.

En esas líneas, la historia avanza en la resolución de un enigma, a partir de datos contextuales. La organización de Trauman nació con la identidad de Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia en 1906. Luego cambió su nombre por el infame Zwi Migdal. Y durante 24 años “importó” mujeres de una Europa devastada, sobre todo de pueblos campesinos de Polonia. Allí, los rufianes seducían a “polaquitas” con una nueva vida en Argentina, promesas de trabajo o matrimonio. Chicas que hablaban idish o polaco y que eran encerradas bajo la custodia de proxenetas. Hasta su final, en 1930, logró convertirse en una red mafiosa respaldada por policías, políticos y jueces a los que compra el dinero. No muy distinto a lo que viven las mujeres traídas de Paraguay, República Dominicana o el interior del país un siglo después. Así, Sangre kosher entrecruza personajes históricos con ficticios. Y plantea que la historia no se repite, sino que continúa.

La novela arranca cuando a una ex bibliotecaria le proponen hallar a una joven que desapareció. Chiquito Gold, un joyero de la calle Libertad, le encarga hallar a su hija Débora. Convertida en detective, la mujer indagará en un gimnasio, repleto de curvas, tetas plásticas e islas de Tigre.

--¿Por qué le interesaba explorar en la historia de la Zwi Migdal?
--Me presentaba personajes y situaciones más novelescos que cualquier ficción escrita. Además, es una historia bastante conocida, pero no por toda la sociedad. No todos conocen éste capítulo negro, oculto, silenciado de la historia del judaísmo. Una historia muy poca simpática para algunos apellidos que aparecen en las listas de la Zwi Migdal y que hoy son bastante conocidos. Y como toda historia secreta tiene un potencial narrativo. Es una historia que se oculto durante muchos años. Recién en los ’70, comenzaron a aparecer informes y ensayos sobre la Zwi. Pero aparecieron en el ámbito académico, no en la colectividad ni en el público masivo. Es una historia oculta, bastante embromada para la colectividad en relación al uso de la mujer y del cuerpo. Curiosamente, cuando leía sobre trata de personas reflexionaba y hacía reflexionar a la protagonista del libro de que no ha cambiado demasiado el modus operandi de las redes de trata.

--¿A qué se refiere?
--La explotación de las personas en situación marginal no cambió desde la época de la Zwi Migdal. Ayer y hoy se aprovechan de personas que necesitan una propuesta laboral. Antes, la Zwi reclutaba mujeres del este de Europa, en países con problemas de pobreza muy marcados, en una Europa post I Guerra Mundial. Más allá de que las chicas supieran o no a que venían a Argentina, indudablemente lo objetivo es que los traficantes se aprovechan de una situación de marginalidad muy similar a lo que sucede hoy con las jóvenes del interior del país. Son gente que se aprovechan de la fragilidad de las personas. Los paralelos me parecen interesantes sin intentar una explicación conductista.

--¿Para usted la novela tiene una función de denuncia?
--Yo creo que la literatura no tiene ninguna función social ni política. En última instancia depende de la lectura de cada lector. A mí lo que me interesa es hacer un trabajo serio, verosímil, acorde a la realidad. Es decir, no me propuse hacer una denuncia, aunque pueda leerse como tal. Y si es así, bienvenido sea. Pero me planteé que funcione como ficción, que entretenga, que despierte interés. Es el planteamiento que tengo con mis otras ficciones. Además, yo pienso la narrativa como una construcción de sentido. Una vez que se apropian del texto, cada lector tiene una lectura diferente. Para esta novela, pienso que un lector judío tendrá una diferente a un no judío.

--La narradora reflexiona que “si las polacas eran explotadas por rufianes de su mismo origen había que buscar las causas en la condición de las mujeres dentro del templo” ¿Cuál es la situación de la mujer en el templo?
--Históricamente, aunque tengo entendido que ya no ocurre en los templos más progresistas, los rezos son por separados. Los hombres están en un piso y las mujeres en otro. El protagonismo lo tienen los hombres, dado que las mujeres están en un piso superior.

Ellas

Maestra y abogada antes de dedicarse a las letras, Krimer, de 59 años, se formó en el taller literario de Guillermo Saccomanno. Publicó el libro de cuentos Veterana (1998), y las novelas La hija de Singer (2002), El cuerpo de las chicas (2006), y Lo que nosotras sabíamos (2009, ganadora del premio Emecé). Mientras Ruth Epelbaum es una detective judía, con vida propia, “una mujer grande, sin atractivos”, invisible a la miradas de los hombres, que vivió la mayor de su vida en Entre Ríos. A lo largo de la trama de Sangre kosher --que integra la colección “Negro Absoluto” que dirige Juan Sasturain-- Ruth irá formándose, hasta graduarse al final, con la ayuda de Gladys, su “shikse” (empleada), experta en “delitos tramontina”. Se convierte en el contrapunto de Ruth, su Watson, aunque más insolente y astuta que el personaje de Conan Doyle. De esta manera, dos mujeres serán las encargadas de tomar el rol de detectives.

--¿Tuvo dificultades para darle vida a una detective judía?

--Fue complicado. El género femenino está muy bastardeado en el policial. Me encontré con el problema de que las detectives mujeres que existen son policías o están relacionadas con la policía. Acá, no cierra una mujer policía como protagonista. No es creíble. Tenía que crear una detective un poco despistada, guiada por su intuición, lanzada a la calle y que le comiencen a pasar cosas. Que las mismas cosas que le van pasando la van conduciendo a la resolución del enigma. Fue la solución que encontré para que sea verosímil el personaje. Aparte, en la ficción argentina es complicado crear detectives, porque no es un personaje verosímil en la narrativa local. Después de la dictadura es imposible pensar un detective verosímil. Si uno piensa en uno tiene que pensar en un cana o en un servicio. Y ambas alternativas son pocos simpáticas como personaje. Una vez que decidí que iba a ser una mina judía, el desafío fue pensar cómo hacer para no pasará por la policía. Ahora bien, si lo logré o no, depende del lector.

--¿Es el principal problema de la novela negra en el país?
--Sí. De hecho, los otros autores de la colección lo resolvieron de otras maneras. Por ejemplo, (Osvaldo) Aguirre ubicó a su protagonista en los años del diario Crítica (de Natalio Botana, no la fallida remake de Jorge Lanata); Ricardo Romero ancló su personaje en un Bicentenario del futuro. Han buscado distintas estrategias para evitar el aquí y ahora para eludir el problema de la verosimilitud de los detectives.

--En la novela, se da una particularidad: las víctimas son ellas, pero las heroínas también son ellas. Incluso, una travesti comparte filas con ellas. En cambio, los hombres representan papeles negativos: son proxenetas, reclutadores, funcionarios corruptos o cómplices. ¿Fue una cuestión de género?
--Desde el inicio del policial, con (Edgar Allan) Poe todas las víctimas son mujeres, como en Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Roget o La carta robada. Y en el policial negro, a partir de (Raymond) Chandler todas las mujeres son asesinas. En resumen, todas son víctimas o victimarias. Y al menos desde mi lectura, notó un tratamiento de género no deseado. Acordemos, no es un podio muy deseable. Yo quería un personaje donde la mujer tuviera una entidad un poco superadora de esa visión misógina de los iniciadores del género, cuyas personajes femeninos son criminales o femme fatale. Yo quería un personaje que fuese querible, gracioso, con códigos éticos, que no se las supiera todas.

Por lo pronto, Krimer prepara la secuela, incluso una tercera entrega. “Sabía que se trata de una saga de tres libros. En Sangre kosher el compromiso estuvo en la creación del personaje. Hay un decálogo que dice ‘dale al lector un personaje’ y eso es lo que intenté hacer”, comenta la escritora.

martes, 17 de agosto de 2010

¡Legalizenla!.-

El documental TEMPO: sistematizando el hecho cultural traza desde el teatro de títeres una radiografía clave de la (no) regulación de la cultura en los países latinoamericanos y además saca a relucir la necesidad de una democratización del arte que permita a sus productores crear y desarrollarse. “La concreción del film es un ejemplo para concebir a la cultura y al arte como servicios públicos, que son tan o más importantes que la educación”, afirma Andrés Cedrón, uno de sus realizadores.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Matías Cibanik

“Para el artista, la cultura es un servicio.
Para el gobierno, la cultura es una obligación.
Para el pueblo, la cultura es un derecho.”
[TEMPO]

Buenos Aires, agosto 18 (Agencia NAN-2010).- Según la Real Academia Española, “cultura” significa, entre otras cosas, el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico e industrial en una época y grupo social. Se sabe de todos modos que la expresión moderna ha rebalsado esa categoría y que se perfila más bien como la representación totalitaria del modo de vida de un pueblo como productor de manifestaciones espontáneas o no, de las que se alimenta permanentemente. Sin embargo, no existe en ningún país de América latina una ley de cultura que obligue a los Estados a garantizar el reconocimiento de los derechos culturales, asegurando que los artistas puedan expresarse, actuar, crear y afirmar su propio desarrollo. En esta lucha, TEMPO: sistematizando el hecho cultural, documental rodado durante el Festival Internacional de Títeres Comunitario 2009 y que tomó como ejemplo el trabajo que realiza el Teatro Estable de Muñecos del Estado de Portuguesa (TEMPO), en Venezuela, tiene como objetivo central exponer la necesidad urgente de una democratización de la cultura.

El TEMPO es el teatro de títeres más importante de Latinoamérica y desarrolla, desde 1980, una estructura de trabajo y acción cultural efectiva que permite que el gremio de titiriteros pueda crecer, hacerse firme y mantener una actividad constante. Con sólo dos planteles estables para hacer quinientas funciones en un año, y dirigido por el gran maestro argentino Eduardo Di Mauro (84), esta embajada de los títeres trabaja constantemente para que se puedan establecer normas y condiciones que regulen y permitan brindar un servicio cultural permanente. “La concreción del TEMPO es un ejemplo para concebir a la cultura y el arte como servicio público, que es tan o más importante que la educación”, afirma en diálogo con Agencia NAN Andrés Cedrón, uno de los dos directores del cortometraje, que está en vías de comercialización. “Quisimos dignificar el camino de Eduardo Di Mauro en toda esta lucha, y también el de la profesión titiritera, que está tan dejada de lado en toda América latina”, completa Matías Cibanik, el otro realizador, orgulloso nieto del “maestro de los títeres”.

Di Mauro, también fundador del teatro, que tiene como característica principal ser itinerante, recorrió gran parte de Argentina (allí creó los primeros circuitos de títeres durante la última dictadura militar), Chile, Uruguay y Bolivia junto a su hermano Héctor, difundiendo la mágica experiencia del teatro de títeres. A partir de su obligado exilio durante los '70, encontró en Venezuela el lugar en donde poder crear un teatro estable y acercarse así a una sistematización de las funciones: su búsqueda consiste en llegar a un sistema que permita la regularización del hecho cultural, que llegue a los ciudadanos de forma gratuita, obligatoria y sistemática. TEMPO: sistematizando el hecho cultural” reafirma ese querer y muestra, como ningún otro documento audiovisual producido hasta hora en materia de títeres, la verdadera situación de los artistas. “Las imágenes de las sonrisas y en el aprendizaje de los niños durante las funciones de titiriteros latinoamericanos y españoles que se unieron a esta causa ayudan a comprender la importancia de esta experiencia”, dice Cedrón.

Pese a los esfuerzos del TEMPO, y al aporte documental de los jóvenes directores, Cibanik cuenta que la situación del titiritero “no cambió nada” desde que se filmó el material y que los artistas “siguen siempre en la lucha por conseguir dinero para tener una vida digna”. De todos modos, afirma que “en Argentina hay un movimiento de títeres interesante y una mayor posibilidad de vivir de ellos que en otros sitios”. Cedrón reafirma esta postura y sostiene que “la situación cultural en Argentina es un poco distinta, algo aún más preservada y atendida, pero no porque haya decisión política sino porque está impulsada casi por inercia a partir de un cierto gusto hereditario por las artes que subsisten”. Si nos remitimos a hechos concretos, el Teatro San Martín de Buenos Aires es una de las dos únicas instituciones/escuelas estables de titiriteros que hay desde México hasta Argentina (la otra es el TEMPO, claro), que obligan a los artistas del cono sur a trasladarse constantemente hasta allí para perfeccionar su oficio. De todos modos, “al igual que el resto de los países latinoamericanos, Argentina es parte de un mismo proceso de dominación cultural del cual debemos estar dispuestos a liberarnos”, retruca Cedrón.

“El teatro es revolucionario porque sensibiliza. Los títeres también; son una representación irónica del ser humano, una crítica constante; son ideología, teatro de protesta”, dice Cibanik, que sostiene que “los artistas deberían ser servidores públicos, empleados de un Estado que les demande una cantidad determinada de funciones y talleres por año y los retribuya por eso”. “El sistema cultural ideal sería el que permitiera la participación de todos y todas, y que tenga un claro sentido público, para que la vocación de uno sea volcada a la sociedad y no al dinero”, concluye Cedrón. Mirando el vaso medio vacío, las estadísticas que sostienen que sólo un diez por mil de la población de América latina tiene acceso a la cultura parecerían ser irremontables. Con una mirada más optimistam, en cambio, se puede llegar a pensar que la ley de cultura está cada vez más cerca, que la integración latinoamericana facilitará esa lucha profunda y que una vez que salga en alguno de los países, en el resto será cuestión de horas. Los directores de TEMPO: sistematizando el hecho cultural apuestan a eso y siguen a la espera de la democratización.

Que Gire! en El Pasillo de las Artes.-

Poesías regadas en papeles, un par de muestras fotográficas, una pequeña feria de ropa y las canciones de Suma de Vacíos y Salomar fueron la combinación perfecta para que la fría tarde de domingo en el centro cultural platense se convirtiera en la sede de las amenas artes.

Por Carolina Sánchez Iturbe

Fotografías de The Dark Flack

La Plata, agosto 17 (Agencia NAN-2010).- Un pasillo largo y oscuro es antesala. Mientras la tarde del domingo empieza a despedirse y la helada cae sobre la ciudad, en calle 6 algunos cuerpos resisten la pesadumbre que genera el ocaso del fin de semana detrás de ese pasillo, donde la luminosidad sepia es testigo de canciones e imágenes que buscan convertir a la jornada en un momento ameno.

Al ingresar a El Pasillo de las Artes, todo parece indicar que ahí nada pasa. Pero, luego de atravesar a tientas la oscuridad, ya en el medio del recorrido, la voz grave de una mujer indica que sí, que en realidad pasa de todo. Detrás de un cordel del que penden poesías escritas en papeles que parecen haber sido rescatados de algún viejo rincón, está el centro de acción y de atención del espacio cultural que hace poco tiempo reabrió sus puertas. Pura luz.

En la sala de exposiciones del Pasillo de las Artes la luminosidad tenue reina, en consonancia con el propósito de los organizadores de Que Gire!, la feria de domingo que ya llegó a su cuarta edición: que ése sea un espacio para las amenas artes. Contra una de las paredes del lugar, Sofía Ruvituso canta, recordando con su voz grave y profunda a las copleras del norte, que suelen entonar poesías populares al viento. Junto a ella, la guitarra de Felipe Ennis completa el dueto que es Suma de Vacíos y se encarga de ambientar los versos de la mujer con melodías que, con simpleza, dotan de calidez la escena.

“Quiero que sepas que voy a cambiar mi forma de ser, camino por los senderos y las flores se mueren a mi paso”, vocaliza Ruvituso, mientras a su lado las coloridas fotografías de Santiago Goicochea se exhiben sobre un panel negro que acentúa aún más sus tonalidades anaranjadas y verdes. Frente a ellos, cuarenta personas se acomodan en sillas y sillones formando un semicírculo desde el cual sea posible dejar al descubierto ese costado de la sala sobre el cual se despliegan músicos, fotos y ropa. Algún que otro distraído se acerca a los percheros, revuelve entre las prendas de vestir y luego, cuidando de no caminar por el medio del escenario --que no es más que un rincón al ras del suelo en el espacio--, vuelve a sentarse a la espera de algún mate o de alguna cerveza que se disponga a acompañar la escena.

Media hora es suficiente para que Suma de Vacíos realice un recorrido por su repertorio, atravesando momentos de introspección que pueden impregnarse de la más absoluta crudeza, cuando no parece haber mejor opción que “cortarse las venas”, o de profunda esperanza, cuando el sol sale y Sofía se permite jurar que desplegará “todo el universo partido para remendar lo que no está vivo”. Sin tiempo a bises, el dueto se despide, dejando el espacio libre para que Salomar, el cantautor de Mar del Plata, se apropie de él.

Mientras que el marplatense de cresta acomoda su guitarra en el escenario improvisado, la gente aprovecha la ocasión para invadir la sala y, recorriéndola, dejar sus huellas. Desaparece el silencio que hasta hace pocos segundos dejaba que sólo la voz de Ruvituso sea protagonista y completos desconocidos charlan y se acercan a las fotografías en blanco y negro que Sebastián Losada colgó en otro panel del lugar. Detrás de la barra de madera, Josefina Garzillo y Florencia Del Gesso, las organizadoras del evento, se sonríen complacidas.

Cuando Salomar empieza a tocar las primeras notas en su guitarra, el silencio vuelve a reinar. El muchacho celebra el clima que logró generar la música, decidiendo prescindir a partir de entonces de micrófonos y parlantes. Completamente desenchufado, le canta al mar, al viento y a las montañas, frente a la mirada absorta de los espectadores que logran oírlo perfectamente a pesar de la carencia de amplificación. En ocasiones, una guitarra bien ejecutada y una voz potente son suficientes.

“Sol en la ciudad, autopista a la felicidad, nada es tan complicado como me lo enseñaron”, entona Salomar, demostrando que las canciones de un cantautor también pueden ser odas a la despreocupación. El sonido pop del muchacho deja en evidencia sus raíces, rememorando a la playa, el surf y el viento suave de verano en la costa.

Cuando llega “Se nos escapa”, el artista anuncia que ésa será la última canción: el resfrío producto del invierno y el esfuerzo para cantar sin amplificadores no suelen ser buena combinación. “Oigo al viento y una laguna me trae el silencio, presiento que no podré olvidarte tan fácil, adentro las ruinas sólo recuerdan lo frágil y sostengo un paraíso de formas de arena que se deshacen con el viento”, canta Salomar para después concluir con el deseo de husmear el aire, mientras da un último golpe certero a su guitarra.

Finalmente, los aplausos son el preámbulo perfecto para que las voces vuelvan a elevar su volumen, a medida que se apropian del centro cultural que, con la llegada de la noche del domingo, ya tiene a su pasillo completamente iluminado tras el paso de las amenas artes.

Que Gire: http://quegire.wordpress.com/
Salomar: http://www.myspace.com/salomar
Suma de Vacíos: http://www.myspace.com/sofiayfelipe

lunes, 16 de agosto de 2010

Libros: “Elope” (Julieta Acosta, 2009).-

La escritora entrerriana brinda un conjunto de poemas que dejan al descubierto sus pasiones, cambios de humor, contradicciones y reflexiones.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, agosto 16 (Agencia NAN-2010).- Huir es un tijeretazo asesino. No tiene las dotes de un alejamiento paulatino, sino que se trata de un corte definitivo y del simultáneo pase a otra circunstancia. Claro que, interpretación de un código, la jurisprudencia de las palabras está apoyada sobre sus artefactos discursivos, que son lo que las resoluciones de los tribunales a las normas jurídicas. Allí, a grandes rasgos, la fuga tiene imagen de guillotina y no de inyección letal, y la tal y siempre saludable contradicción es lo primero a anotar cuando se lee Elope (En El Aura Del Sauce), conjunto de poemas y reflexiones de Julieta Acosta: su teclado tiene el tempo de una urgencia anacrónica. “Un día conmigo es diez años con cualquiera”, admite.

Como un mantel para mesa, todo texto lleva en implicancia las manchas del vino que su autor bebe, pero cuando el acento está puesto en lo introspectivo y visceral antes que en lo extrospectivo y racional, el resultado puede llevar tanto a una identificación inmediata como a un rotundo rechazo --por equis motivos--, y es entre esas dos cornisas que salta la joven escritora entrerriana. Porque sus abordajes son contradicciones candentes, auténticas, y casi se la puede imaginar afiebraba frente a un monitor, haciendo arte como terapia. Ojo, no por maña pierde verosimilitud, al contrario.

Mejor empezar con los ejemplos. En “Eras”, que abre la veintena de páginas, escribe: “Era de verdad, era de mentira, no-era”. Luego de una nostálgica enumeración, recuerda que “todo eso era mío”. Y si fuera hasta allí, se la vería sonriendo frente a un ventanal con imagen de otoño. ¿Ah, ahora que se le ha avisado espera un final como de Las troyanas? La autora lo hace agridulce: “También correspondía a un momento en el tiempo. Yo ya no sé lo que era”.

A veces se muestra histérica, perturbada (“Tengo un circo en la cabeza/ y un circo es esta vida/ papá ya me lo había dicho”), insatisfecha (“Me rompe soberanamente las pelotas/ terminar usando las mismas palabras/ para describir la misma basura”) y negada por las distancias (“Concordia encierra lo mejor y lo peor de mí, o sólo lo peor”) y el amor, que también expresa en espacio (“Por amor destruí paisajes enteros”). Pero en la contingencia del tiempo, que se advierte hacia adentro en los cigarrillos consumidos y hacia afuera en el transcurrir de los versos, afloran sus miedos: “Estoy en una guerra constante. No concibo la idea de bajarme del caballo o abandonar el campo de batalla. Me aterra imaginar la nada”; o “soy un viaje sin retorno, propensa a tener accidentes emocionales”.

Se relee y critica incluso en pasajes oníricos como “Brillantina”, donde se sobrepone a las “malas rachas”, pero no deja de bailar y sangrar, como cuando extraña a su familia. “Eso que les corre en el cuerpo es mi sangre, y es el llanto que me brota en este momento de estar mirando una foto juntos y saber, saber que están lejos”. Tal es así que se habla hablando de cómo habla alguien más, en “Mar”, cuando le solicita una reacción a otra, pero frente a un espejo: “Quería verle los dientes/ quería que me lastime con las uñas”.

Sus cambios de humor son repentinos, porque su pasión la obliga. Se pone sumisa en un pasaje de “Cielos”, por ejemplo: “Yorke decora toda melancolía o convierte en melancólico cualquier martes”; y hasta amorosa luego: “Cada segundo que te entrego, amor/ sé que es un segundo más en el que puedo afirmar que vivo”. Pero es en las contradicciones, como se dijo, es donde reside el encanto de la poesía de Acosta, que acaso esté huyendo ahora mismo con un amante, sentada a un escritorio.

Blog: http://le-targo.blogspot.com/

viernes, 13 de agosto de 2010

Jorge Larrosa: “La inseguridad es una creación política”.-

El fotógrafo y poeta uruguayo invita a zambullirse en la realidad detrás de las rejas, y como efecto reflejo obliga una mirada hacia el afuera. Con su primer libro, Postales tumberas narra la oportunidad de la banda del Gordo Valor de escaparse del Penal de Villa Devoto e invita a una reflexión sobre los códigos, el respeto, la legitimidad, la ilegalidad y por supuesto las libertades.

Por Luis Paz
Fotografía gentileza de Jorge Larrosa

Buenos Aires, agosto 13 (Agencia NAN-2010).- Por qué no comenzar por pensar que la libertad, en definitiva, depende de una oportunidad. Su propio historial libertario, lector, es el mejor ejemplo. Revise los casos típicos: ¿Se fue de la casa de sus padres? ¡Tuvo la oportunidad económica! ¿Vota cada cuatro años? ¡Tiene la oportunidad democrática! ¿Convino con su amante una relación libre? ¡Tuvo la oportunidad filosófica! Casi todo lo entendido como ejercicio de la libertad es, en el fondo, una oportunidad de acción, de elección o de reflexión. Postales tumberas, el primer libro del en realidad fotógrafo y poeta uruguayo Jorge Larrosa, es un compendio de oportunidades. Narra una oportunidad, la de la banda del Gordo Valor de fugarse del Penal de Villa Devoto. El libro fue, en sí mismo, publicado por la oportunidad editorial que ofrecía el año pasado el quinceavo aniversario de la recordada gesta. Y es, incluso más allá, la oportunidad de zambullirse en la cárcel al reparo de un libro, de espiar entre los barrotes desde un sillón al lado de una estufa, y de quedar desnudo y dejando a la vista la propia reclusión, aún quien nunca haya pisado una comisaría.

Jorge Larrosa asegura que en la cárcel, el espacio donde ocurren sus Postales tumberas, la búsqueda de la libertad va de la mano de los códigos y del respeto. De hecho, su primer libro narra una historia de libertades conseguidas a través de códigos y respeto, la de la banda del Gordo Valor. El Zurdo es el eje narrativo, el testigo y en parte el protagonista de aquella gesta. Pero lo más grato es que Larrosa, conocido como Poeta de la Zurda y como letrista de Andrés Calamaro, usa la oportunidad de que le presten atención y, tras de los hechos más duros y las situaciones más anecdóticas del tiempo que el Zurdo pasa allí, pone al personaje a mirar, a pensar(se) y le da una voz bien personal, muy rica para la narración pero más para la reflexión.

Las sonrisas escapan de las comisuras y buscan trompear a los pómulos en cada cambio de capítulo o en cada mirada ácida de Larrosa. Sus palabras escritas (e inimputables en tanto narración) reproducen el ritmo de los pasos del autor de “La ranchada de los paraguayos” y gen del Convoy Larrosa, la banda en la que los Nikita Nipone sí ponen la música y Calamaro la voz a las canciones de Jorge. Cuando el petiso uruguayo camina, va más allá de todo y de todos. Y cuando escribe, va igual: va, va, va. Hace ir al Zurdo a estudiar en la cárcel. Lo hace aprender a los gritos los códigos de los guardias penitenciarios. Lo hace pasear por el palito, las escaleras meadas, el pabellón después de una requisa, el camino de una fuga. Es tan gráfico, simple y en la mayor parte de las ocasiones ocurrente, que el que lee se va, va y va.

“El libro arranca en la insistencia continua, en ir a criar orín en la recepción de las editoriales”, cuenta Larrosa. La que finalmente cambió el balde fue Aguilar. Y la presentación del libro vino a fines de agosto del año pasado. Tal vez lo recuerde, fue el evento en el que Calamaro prendió un porrito y los medios recalcitrantes se olvidaron de Postales tumberas. Una injusticia, porque es un muy buen libro.

--Cuando la fuga ocurre, uno se siente libre, se va con ellos. Es como si al terminar Postales tumberas se hubieran recorrido tantos pasillos de Devoto como carriles de la mente, de la conciencia. ¿Por qué ocurrirá eso?
--Estas Postales tumberas son las sensaciones de quien perdió su libertad y cómo se maneja en el encierro. La mente humana es un cúmulo de sorpresas y cómo funciona en la cárcel o cómo cuando leés este libro es totalmente impredecible. Adentro, algunos de los más duros se entregan a la fosa de la tumba y se olvidan de todo. Cuando Robledo Puch pudo salir en libertad, no lo hizo, prefirió seguir adentro. Creo, no soy un experto en el tema, que entenderlo así se puede deber a la situación en que se encuentra el lector. Estar preso significa que uno debe encontrar una salida o quedarse en el molde.

--Como en la vida, en definitiva. Ahora, ¿qué pasa con la libertad del que no está adentro pero que tampoco es un lector? ¿Con la libertad del que está a la intemperie o el que no goza de otras oportunidades?
--Creo que en eso el libro marca una posición. La inseguridad la crea la política, al ser indiferente con la caída del sistema educativo. Con mayores penas no se solucionan las cosas que están ocurriendo. Si se ocuparan de crear y de mantener más establecimientos, con abrigo, con higiene y con una alimentación real, y no ésa que es un negocio para las empresas de los amigos del poder, los pibes irían a estudiar en vez de salir a delinquir.

--De hecho, el Zurdo va a estudiar, hace el CUD ni bien pisa la cárcel, rinde el primario libre, empieza el secundario en cana.
--Estudiar, en la cárcel, no es un tema de tiempo libre, sino que el tiempo libre se debe usar para estudiar. Estudiar en cana es estimular el músculo de la creatividad. Fijate el caso de Camilo Blajaquis… (el pibe que tras leer a Arlt en un penal fundó una revista literaria cuando salió en libertad). Además, estudiando zafás de tumbearte.

En un momento de su relato, en la página 99 precisamente, el Zurdo rinde el primario libre estando en la cárcel, frente a una docente que lo intriga. Cuando la profesora --a la que, en un rapto de liberación, él Zurdo llama “señorita”-- le comenta que se volverán a cruzar en el secundario, donde da Literatura, el Zurdo toma una decisión: “Seguir estudiando. Ya no lo haría simplemente para que pasara el tiempo; cuando estuviera en la calle también iba a estudiar, aunque siguiera delinquiendo. Porque él, de alguna manera, era un bandido revolucionario y urbano”.

--El bandido revolucionario, ¿es opuesto al tumbero?
--Hacerse tumbero es entregarse a la tumba, entrar en los bártulos de las pastillas o quedarse a vivir ahí. Es abandonar la búsqueda de una salida, de formas autodestructivas a veces. Es como estar afuera y abandonarse al alcohol hasta perder el conocimiento o a las drogas destructivas, como el paco. Tumberos hizo mal porque fue una ficción cachivache que confundió a tumberos con bandidos. El bandido que se precie de tal piensa en salir y no anda tranzando con la yuta. Los delincuentes de los cuales hablo en el libro no metieron la mano en la lata del estado, eran ladrones de códigos por naturaleza aprendida. Robaban bancos, sí. ¿Y los bancos no lo hacen a sus clientes?

--En la cárcel debe haber muchas cosas ilegales que se sienten legítimas. Como fuera hay cosas legales totalmente ilegítimas. ¿Es así? ¿Darías algún ejemplo?
--Ayudar a un compañero que está detenido en un penal es legítimo e ilegal. El corte ruralista de Gualeguaychú es legal pero ilegítimo.

--¿Cuánto de eso y del modo en que narrás la historia tiene que ver con el respeto y con los códigos?
--El respeto te lo enseñan los mayores pero los códigos son una regla para tener una identidad. En el libro apunto a que si estudiás nuestra historia y aprendés, entendés lo valioso del respeto, que hay que ganárselo pero aplicarlo con todos siempre que puedas. Los códigos son para el grupo que integrás. Hay bandidos de verdad, chorros que son chorros-chorros, que no han estudiado pero conocen los códigos. En los viejos códigos, el chorro es chorro. En la política no hay códigos. ¿Viste algún político robando de caño en un banco? Son acusados de narcotráfico, de sostener puteríos. López Rega, Stroesner, el de Pinamar, Imbelloni y muchos políticos más que estaban en otro país.

--Incluso sin delincuentes, con tantos hijos de puta como esos sueltos, ¿es posible un mundo sin cárceles?
--Antes que eso, ¿es posible un mundo sin policías? No, porque siempre habrá reglas que romper. Son hechas por hombres y siempre hay alguien que no va a estar de acuerdo. En eso, la Humanidad es como el Quijote de la Mancha.

--Tres cortitas como ducha de preso: ¿por qué sacás fotos?
--Porque cobro y es algo agradable de hacer.

--¿Para qué escribís canciones?
--Para lograr algún hit, ha de ser el ego.

--Y ¿para qué hiciste este libro?
--Para dar a conocer mi religión.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Des(al)hojando las flores de la cultura.-

Talleres artísticos, un bachillerato popular y una cooperativa de vivienda coexisten en el Centro Cultural Veinte Flores. El espacio, recuperado por vecinos en 2001, es otra víctima de la maquinaria Pro: corre riesgo de desalojo y remate desde agosto de 2009. El futuro es incierto para unas 150 personas.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza de Asamblea de Flores

Buenos Aires, agosto 11 (Agencia NAN-2010).- La topadora de expulsiones puesta en marcha por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no respeta historias ni barrios. Entre el centenar de desalojos impulsados por la maquinaria Pro ni siquiera quedó exento el tradicional Centro Cultural Veinte Flores, espacio recuperado por las barriadas del oeste porteño tras el estallido social y político provocado en 2001. Pese a que el lugar es un punto importante de gestación de asambleas, una docena de talleres artísticos, un bachillerato popular y hasta una cooperativa de vivienda para 34 familias, la Dirección de Fiscalización y Control macrista no dudó ni un minuto en certificar en agosto de 2009 que el lugar debía ser “rematado” por un proceso de liquidación a cargo del Juzgado Civil Nº3. Desde entonces, entre negociaciones, el desalojo y remate se mantienen en stand by; mientras, las 150 personas que viven en el lugar, acompañadas por los vecinos, resisten diariamente en busca de una solución a sus problemas habitacionales y al destino del espacio cultural. Todavía la cuestión no encuentra más que un futuro incierto, pese a que atrás de ese centro existe casi toda una localidad.

Es que con el tiempo el Veinte Flores se ha consolidado como un patrimonio social de la séptima comuna de la Ciudad. Por eso, los miembros y participantes de la Asamblea de Flores lo defienden ante todo y coinciden al afirmar que en el caso de que no se encuentre una salida satisfactoria, resistirán “juntos” frente a la Policía. “Hasta ahora no existe un acuerdo firme. Si bien en algunas reuniones nos propusieron desalojar el edificio a cambio de subsidios para las personas que viven acá y no tienen lugar, todavía no hay nada”, comenta Alexis Fasanando, uno de los referentes del organización social y cultural, anclada en Avellaneda 2177. Entonces, como queda claro, la espera se agudiza con el paso de las horas porque de buenas a primeras la jueza subrogante Raquel Bancalari, que lleva a cargo el remate, puede emitir sin problemas una orden legal y ahí no habrá mediación que valga.

Entre esas posibilidades, en medio de un tire y afloje, las soluciones que se barajan son dos. Como el inmueble está dividido en dos plantas, con una estructura principal y un edificio de cuatro plantas que tiene salida a la otra calle (Gavilán), desde el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) les propusieron “desalojar la residencia donde viven las familias y tramitar un crédito a 10 u 8 años para quedarnos con el espacio de centro cultural --explica Fasando-- o darles subsidios e incluir en planes de viviendas a las 150 personas”. Lo cierto es que, según cuenta otro de los representantes del espacio, Nicolás Lovarvo, lo “ideal” sería mantener el edificio del centro cultural y “resolver el problema de viviendas” de los chicos y grandes, que llegaron al Veinte Flores por comodidad o porque muchas veces en los hoteles y pensiones de la Ciudad no reciben a familias numerosas.

Allí fue donde el centro fue tomando relevancia. A partir de decisión de recuperar el espacio que dejó vacío la quiebra de la Mutual Portuguesa, una fría y ventosa mañana del sábado 31 de agosto de 2002, el centro fue tomando fuerza primero funcionando como un comedor y luego como una cooperativa de vivienda denominada “Casa Social de Flores Limitada” (de acuerdo a la Matrícula 31067 presentada al Instituto General de Vivienda según la Ley de “Soluciones habitacionales). Por eso, es contradictoria la situación legal del predio: “porque por una parte el INAES nos da una dirección legal, pero como organismo administrador de la propiedad en quiebra nos pide que nos vayamos o llegar a un acuerdo”, analiza Lovarvo.

Más allá de eso, el Veinte Flores siguió caminando. Con empuje y decisión, logró primero reacondicionar el lugar y brindar talleres, que lo conectan directamente con el barrio. A saber, brindan clases de circo, acrobacia, clown, danzas folklóricas bolivianas, taller de capacitación textil, de prensa alternativa, y por si fuera poco clases de inglés y apoyo escolar que sirvieron como pilares para armar el bachillerato popular. “Es decir, lo que funciona ahí, de lunes a viernes, es una escuela secundaria que permite a muchas personas conseguir un título a partir de un convenio con el IMPA, instituto que sí está legalizado como corresponde”, apunta Fasanando al mismo tiempo que trata de dar cuenta del elevado nivel de organización que han llegado a tener, por ejemplo enrolados en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

Como queda claro, el vínculo cotidiano con el barrio es muy estrecho ante el gran ofrecimiento de variantes artísticas y culturales que se les entrega los vecinos. Por ejemplo, es común que los fines de semana haya alguna peña o varieté, así como también jornadas de literatura con las que consiguen solventar algunos gastos mínimos y pueden también sostener las actividades. Después, dentro de la cooperativa, la Asamblea y el consorcio se arreglan de tres maneras distintas: quienes viven en el edificio forman parte de una caja mediante la que pueden pagar luz, agua y gas; dentro de la cooperativa todos aportan 15 pesos para los gastos legales y una especie de caja de ahorro en el caso de que puedan sacar un crédito; y desde la asamblea pueden sostener las actividades a partir de un aporte de 10 pesos. “Así, sobrevivimos, nos estabilizamos y buscamos una especie de solución habitacional”, afirma el representante, que llegó proveniente de Perú al país en el 2000.

Entonces, desde la Asamblea de Flores aseguran que no sólo defienden un espacio social y cultural, sino que también protegen “un lugar de participación ciudadana”. A tal punto, tiene una notable visibilidad ese espacio que el 4 de diciembre de 2008 la Legislatura porteña declaró de “Interés Social y Cultural las Actividades de la Asamblea de Flores (despacho 0927/08)”. Por eso, nuevamente queda en posición adelantada la postura de supuesta defensa hacia la cultura que dice fomentar el gobierno del procesado Mauricio Macri. En todo el transcurso de intimaciones, notas y visitas de fiscalizadores para avanzar en la expulsión, “ningún funcionario macrista se acercó hasta el lugar para intentar buscar una salida consensuada”, se queja Lovarvo.

Es más, el embate del PRO tuvo un primer capitulo en diciembre de 2008, cuando al Veinte Flores le clausuraron un espacio infantil, donde se cuidaba y se impartían talleres a niños mientras su padres trabajaban. También a principio del año pasado, cuando cortaron la comida que llegaba al comedor comunitario, pero luego de algunas gestiones lograron recuperarla. “Lo que intentamos brindar acá son muchas herramientas y servicios que no facilita el Estado en general. Desde hace tiempo que hay un vacío en algunas áreas y no podemos quedarnos de brazos cruzados”, apunta el joven.

Sin ir más lejos, la misma Justicia después de la feria judicial parecería con sus manos imposibilitadas. Por eso, Fasanando adelantó que con otros representantes de la Asamblea se movilizarán al INAES u a otro organismo en busca de una solución u acuerdo. Habrá que ver si finalmente el futuro incierto logra transformarse en un panorama más claro para esta experiencia autogestiva que merece un mejor trato del que está recibiendo en este momento. De eso no quedan dudas.

martes, 10 de agosto de 2010

Moscas en La Conrado Centro Cultural de Neuquén.-

Humor negro, danzas estrambóticas y una heladera que conecta el mundo exterior con una cocina que es el epicentro de una historia de violencia familiar son algunos de los ingredientes que condimentan la obra creada por el grupo que dirige Anahí Acosta en la capital neuquina.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Luisina Fontenla

Buenos Aires, agosto 10 (Agencia NAN-2010).- El nuevo camino del teatro independiente neuquino está signado por el absurdo de las situaciones comunes. Sin dejar, claro, la inventiva ficcional dramática de sus personajes, el teatro de la región patagónica pareciera estar transitando rumbos frescos donde la burla, el humor, el doble sentido y los gags más inesperados pueden cobrar sentido con vertiginosidad. Así al menos es lo que demuestran varias de las obras que están en cartelera en la capital de Neuquén, como la recién estrenada Moscas, dirigida por Anahí Acosta y que permanecerá en escena todos los sábados de agosto, siempre a las 21.30 en La Conrado Centro Cultural de esa ciudad (Irigoyen 138).

Las moscas no son las que el filósofo francés Jean Paúl Sartre denominó como la “conciencia que busca la libertad”, sino una excusa para empezar a hablar sobre esas cosas que molestan en los circuitos sociales más íntimos. El ejemplo más claro es la familia: epicentro de rencores, odios, alegrías, amores y decepciones. Así, el grupo de teatro concertado eligió trabajar sobre los vínculos estrechos que, a través de la frustración de los individuos que la componen para lograr sus aspiraciones, recurren a la violencia física y psicológica como solución al problema. Es decir, las moscas, su sonido molesto y la necesidad de aniquilarlas una por una, demuestran los rasgos enfermos de una familia en decadencia que a través de guiños al espectador, lo sacan de su lugar y le cuentan con gestos, palabras y silencios, un poco de las redes que se tejen en cada familia.

En principio, la obra transcurre en un escenario cotidiano: la cocina de un hogar. No son necesarios más que una mesa, varias sillas, un matamoscas en aerosol y uno analógico (manual), ollas, un boul y otros elementos útiles, además de bolsas de compras vacías en una heladera desvencijada que funciona de puerta de entrada y salida de los actores.

De esta forma, Carolina Encina, María Prieto, Laura Romero y Leandro Stepanchuc se ponen en la piel de Lucrecia –hija medio estúpida-, Catalina –abuela cómplice-, María Rosa –madre sumisa y violenta- y Braulio –padre alcohólico y violento- y narran en pocas palabras las peripecias de una familia signada por la violencia del silencio y la sumisión por parte de las mujeres a un ente mayor –Braulio- que las domina psicológica, física y económicamente.

Con este hilo, la obra transcurrirá durante una hora, a través de un viaje de humor negro. En ese movimiento se logran ver diferentes formas de ejercer la violencia: una espiral del silencio que va colocando a cada uno de los personajes en su rol de sometimiento y que sólo en un momento se pondrá en jaque cuando Catalina, la abuela, decida comenzar un juego de intercambio de roles. Así, cada uno de los personajes será partícipe del terror que ejerce sobre el otro pero durará poco la ilusión y el desencanto, y los personajes elegirán volver a sus pieles vergonzantes.

Escenas donde Braulio le pega a su hija y se desata una danza estrambótica muy bien lograda por la niña, o bailes eróticos que narran el momento en que el padre obliga a su mujer a mantener relaciones sexuales, contrastan con las intenciones de una Lucrecia liberada y decidida a vengarse de su progenitor. Ahí es donde la obra comienza a tener otro sabor. De la amargura temática –y no de sensaciones, porque, como se dijo, en ningún momento el tópico violenta lleva al espectador a la congoja-, se pasa a momentos graciosos, bizarros, donde las tres mujeres comienzan una emboscada contra Braulio, musicalizada por la excelente composición de Carlos Tendler, que no llega a completarse pero que tiene un final feliz ya que definitivamente Braulio las deja solas. O al menos, eso es lo que parece.

El resto cabría imaginárselo. ¿Cómo estas tres mujeres partícipes de un círculo vicioso podrán manejarse solas en un contexto tan desolador como el que Moscas anuncia? Sin embargo, a ellas pareciera no importarles y el amor comienza a materializarse en sus miradas. Así, las tres, con caras de mujeres maltratadas no sólo por un marido acosador sino por las últimas consecuencias del país que las dejó medio estúpidas, desamparadas y dependientes, comienzan un nuevo camino en sus rutinarias vidas.

¿Podrán, entonces, hacerlo? La obra no da indicios de eso y, de hecho, es complicado imaginárselas despegando psíquicamente de la realidad violenta. De todos modos, ellas sonríen estúpidamente. Con esa estupidez propia del humor negro y del poder reírse de las cosas más cercanas; esas que están a la vuelta de la esquina, dentro de nuestra casa, en nuestro ombligo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Discos: especial EPs.-

La Ola Que Quería Ser Chau, Ultravelocidad y 7iete Culebras recurren al formato musical del EP, que ha recobrado importancia en tiempos de cierre de escenarios, volatilidad en la convocatoria e hiperinflación en los canales de producción musical tradicionales.

Por Luis Paz

Buenos Aires, agosto 9 (Agencia NAN 2010).- Cabría consultarse cómo es que ha revivido con tal utilidad el formato musical del EP (a saber, un puñado de grabaciones con calidad como para ir a un disco, pero presentadas en lo que vendría a ser un álbum reducido). Desacreditado en tiempos de dinero en las calles, como durante buena parte de los ’90, cuando editar un EP era algo así como una holgazanería, el formato (entre tres y seis canciones, por lo común) ha recobrado importancia en tiempos de cierre de escenarios, volatilidad en la convocatoria e hiperinflación en los canales de producción musical tradicionales. Así, el EP es hoy el demo que te presenta a un boliche o a un sello, el disco que alcanzás a editar con la plata que tenés y, sobre todo, eso que te mantiene ahí, con canciones nuevas a cada rato, en un contexto donde la banda de moda puede durar de uno a dos… bloques televisivos. Aquí un repaso por tres EPs recientes de reggae, rock para las pistas y rock para los bailes del pogo-hardcore-buena-onda.

La Ola Que Quería Ser Chau - Entre un ladrón y una beba de seis meses (2010)

Tan tiernas como cotidianas y ocurrentes son las historias que el cuarteto platense entrega en el primero de una anunciada serie de tres EPs en un año. Con la frescura de Fun People, la migración adolescente de los primeros El Otro Yo y la reverberancia del noise, estos tres temas que no llegan a completar una docena de minutos piden repeat constante.

Entre el recurso a palabras, imágenes y relaciones añoradas en “Cariñito” --donde piden “Cómprame bocha de regalos, dame todas las vacunas y una medialuna, una”, muy en consonancia con el Día del Niño-- y la historia de amor de panadería de barrio de “Cómo te llevaría”, ambas canciones de melodías cercanas y efectivas, el gesto más ostentoso del EP es el de “Estamos”, una declaración de principios y a la vez una crítica de esos mismos principios: “Estamos cambiando, pensando todo el día lo que hacemos, haciendo todo el día lo que queremos”.

MySpace: http://www.myspace.com/laolaquequeriaserchau

Ultravelocidad - Dejame disfrutar (2009)

Lo que más agrada de Ultravelocidad, el cuarteto de Parque Patricios que hace su presentación con estos cinco temas, es la energía y cierto arengue que se podría proyectar maximizado desde el disco a sus shows. Los temas son entretenidos, están bien interpretados y son fácilmente inscribibles en la línea del nuevo rock argentino (cruzado con los Rolling Stones). Pero ahí está el problema: el “nuevo rock” de los ‘90 (aquí Babasónicos, Los Brujos, Juana La Loca o Martes Menta), deudor del rock bailarín anglo de los ‘80 (Happy Mondays, Stone Roses, Inspiral Carpets), fue una renovación, sí. Pero hace 20 años.

En esa tradición, Ultravelocidad comienza haciendo un cumplido homenaje, pero para nuevas obras queda el reclamo por una apuesta más personal, por un dejarse ir más satelital al género. Entonces será más fácil determinar el aporte de esta banda. Entre tanto, ofrecen en Dejame disfrutar algunos pedidos urgentes, un cuarto de hora de rockitos bailables y una llamativa versión de “Velocity Girl” (Primal Scream) con Rodrigo Martín de Juana La Loca en voces.

MySpace: http://www.myspace.com/ultravelocidad

7iete Culebras - El viento (2009)

El EP que anticipa el segundo disco de esta banda de reggae con arreglos latinos y percusiones progresivas es el típico caso del disco en versión reducida. Con una mezcla que bien podría ser la definitiva, canciones logradas y bien cerradas, el noneto adelanta cinco piezas de su inminente opus dos para alivianar la abstinencia de ocho años sin publicar discos. El convite es esperanzador, pues en El viento asoma una banda con condimentos novedosos dentro de un género que, tal vez por haber explotado en un breve y reciente lapso, tal vez por no haber contado durante años con un circuito desde donde expandir la creación, parece achatado.

El punto más alto de estos cinco temas se reparte entre el pulso bailable de “Prisioneros” y la potencia de “La vereda del dolor”, con Piro de Karamelo Santo en voces. Y claro que hay referencias a la marihuana (“Pedro Juan”) y el control social (“Prisioneros”), pues en definitiva, tendrá condimentos novedosos, pero el reggae no habla de matemática. Y está bien así.

Sitio: http://www.sieteculebras.com/

jueves, 5 de agosto de 2010

Los que editan en la penumbra.-

Producto de la aparición de los sellos transnacionales, que poblaron las mesas de saldo de las librerías con best sellers de efimera trascendencia, en los últimos diez años proliferaron los proyectos editoriales autogestivos, con una estética política vinculada al “hazlo tu mismo”: Tamarisco, Mancha de Aceite, Zorra/Poesía, El Fin de la Noche, El Asunto y Mil Botellas ofrecen una radiografía de un fenómeno creciente, que abarca a escritores que cosen a mano sus libros y emprendimientos editoriales que funcionan aún a su pesar como semilleros de la monstruosa maquinaria comercial de las letras.

Por Esteban Vera
Collage de Taikonautas

Buenos Aires, agosto 6 (Agencia NAN-2010).- En la última década apareció y se consolidó una nueva constelación de editoriales independientes, dedicadas a publicar a escritores no consagrados y nuevos. Quizá, la etiqueta más precisa sea autogestivas, puesto ¿en qué consiste la independencia? Cuentan con una producción heterogénea y catálogos diversos, que van de novelas, cuentos breves y poesías arriesgados y destacados a textos que sólo se quedan en lo colorido. Mediante un boca en boca y ciclos de lecturas fueron ganando espacio y visibilidad los libros confeccionados en imprentas hogareñas, a través de algunos programas de edición e impresoras, en los casos más artesanales. Uno de los principales factores que originaron el surgimiento de los sellos indies fue la aparición de las editoriales transnacionales en los ‘90, que coparon las librerías con best sellers, obras de efímera trascendencia o presuntas investigaciones periodísticas (aunque haya salvedades), libros de corta vida que dieron nacimiento a las mesas de saldo para liquidar el stock sobrante antes de ser guillotinado o transformado en pulpa de papel.

“Las transnacionales compraron el 75 por ciento de las editoriales nacionales y generaron una reconversión estructural en la producción editorial. A partir de la lógica libro-producto, la producción se orientó a la obtención de alta rentabilidad”, describe la socióloga Marilina Winik en el ensayo Ediciones Copyleft, aún inédito. Frente a ese contexto, surgieron, entre otros proyectos, pequeños sellos, ante la necesidad de jóvenes escritores de ser impresos en papel. “La estética política del ‘hazlo tú mismo’ invadió la esfera de la producción cultural, y en el caso editorial muchos escritores comenzaron a fabricar sus libros y a generar proyectos editoriales propios”.

El fenómeno también implicó una dosis de autolegitimación y otra de vanidad. Lo explica Noelia Rivero, editora y fundadora de Zorra/Poesía (www.zorrapoesia.blogspot.com): “Creo que se responde a algo muy de este momento, quizás de vanidad, donde se confunde el ‘editar’ con el ‘legitimar’ la escritura, aunque realmente no es así”.

Tamarisco, Mancha de Aceite, Zorra/Poesía, El Fin de la Noche, El Asunto y Mil Botellas son sólo seis de los tantísimos emprendimientos literarios autogestionados que apuestan por las nuevas voces, aunque con pocos y muchos matices, según las concepciones acerca de lo que debe ser una editorial indie. Agencia NAN esboza una radiografía a través de estos sellos.

Hechos a manos

Se trata de sellos pequeñísimos, orilleros, que tiran hasta 40 ejemplares por título. Su nicho es la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA). “Son proyectos que buscan mostrar nuevas voces, con una identidad propia y que muestren una idiosincrasia poderosa, sin tener que mirar siempre hacía el centro”, resume Walter Lezcano, editor de Mancha de Aceite (editorialmanchadeaceite.blogspot.com). En el blog del sello, Lezcano brinda una definición marketinera: “La primera editorial independiente de San Francisco Solano (Quilmes, al sur del conurbano bonaerense). La segunda más chica de Latinoamérica”. Publica sólo 20 ejemplares por libro. En Santo Tomé, Santa Fe, el sello La Gota tira apenas 12 libros por título. Realmente chiquita. De ahí en más, otras sacan 40.

Por lo pronto, Mancha de Aceite cuenta con dos libros en su catálogo: Partes de guerra, del propio editor, y Bailanta, de Matías Gómez, ficciones ancladas en el Gran Buenos Aires. “Nos parece interesante publicar a gente de la zona y alrededores. Son personas para las cuales el hecho de ver sus historias en un papel es una utopía”, explica Lezcano. Junto con su novia y coeditora, Patricia Giménez, confeccionan a mano los libros. Cortan, cosen, fotocopian, imprimen y encuadernan los ejemplares, cada vez que él regresa de dar clases de Lengua y Literatura en escuelas secundarias. Montaron un sello con pocos recursos: una impresora, cartón, hojas, hilos y agujas, inspirados en Funesiana, la editorial de Lucas “Funes” Oliveira. Son realmente artesanales y apuntan a revalorizar al libro como objeto material. “Son brolis hermosos que quedan muy lindos en cualquier biblioteca. Los cosemos con muchas ganas”, vende.

Con la consiga “individualmente unidos”, El Asunto (www.elasunto.com.ar) nació a mediados de 2001, poco antes de la crisis, cuando un puñado de escritores que vendían sus libros hechos a manos en Plaza Cortázar unieron esfuerzos en un proyecto que los envolvió. Desde entonces, lleva 221 libros publicados, en tiradas de 50 ejemplares por obras de 80 páginas. “Nuestro fin es editar y dar herramientas que permitan confeccionar libros”, apunta Pablo Strucchi. Tan así que en la página web del sello se pueden consultar pasos para armar un libro en casa.

Talle M

Con más estructura están las editoriales independientes medianas que publican como mínimo 100, algunas más conocidas e instaladas en el circuito alternativo, con puntos en común y diferencias, pero con el mismo objetivo: dar visibilidad a nuevas voces. El Fin de la Noche (www.elfindelanoche.com.ar), por ejemplo, es un sello que reúne en su catálogo escritores reconocidos con nuevos. Con un promedio de 14 libros anuales, es uno de los sellos más sustentables. Justamente, esa es una de las dificultades de las editoriales independientes. “Hay que ser sensatos y hacer tiradas chicas, que son menos costosas, pero siempre cuidadas: bien diagramas, editadas y corregidas. Y no depender de subsidios ni becas, porque son excepciones”, sugiere Carolina Sborovsky.

Una de las claves del sello es apostar por el soporte digital y la distribución gratuita on line. “La lectura es un derecho. Como editora, no le voy a cobrar a nadie por leer. Es una política de honestidad del catálogo. El lector puede leer, tantear en la web el libro de un autor que aún no conoce y si le gusta, tarde o temprano va a quererlo en papel”, analiza. Incluso, no está en contra de compartir los libros. Para la entrevistada, “las editoriales tradicionales ocultan su catálogo por temor a mostrar lo que hacen”. De todos modos, sus obras son impresas a través del Print on Demand (PoD), que permite encargar los libros por unos cinco dólares a través de la web.

Zorra/Poesía también apuesta al PoD. Tira entre 20 y 100 ejemplares por plaqueta o poemario. Se trata de un fenómeno que abre una nueva forma de relación entre los productores de discursos, arte (escritores y editoriales) y consumidores (lectores). De esta manera, bajo licencias Creative Commons, Zorra/Poesía publicó diez libros y 30 plaquetas, entre ellos, uno de la blonda Julieta Prandi, bajo el seudónimo Lucía Cavallero.

Nació en 2006 con la premisa de publicar a poetas de circulación under (Mercedes Halfon, la propia Rivero). También, “encontrarle un destino a los poemas que se acumulan en las computadoras y generar espacios de encuentro e intercambio”, detalla Noelia Rivero.

Entre las editoriales indies, Tamarisco (hojasdetamarisco.blogspot.com) es una de las más reconocidas en el circuito literario porteño. Nació a fines de 2006, con la premisa de publicar nuevos narradores. Tira entre 500 y 1000 ejemplares por título. “La literatura no vende tanto como la autoayuda o la investigación periodística --dicen al unísono Sonia Budassi, Félix Bruzzone, Hernán Vanoli y Violeta Gorodischer, fundadores del sello, todos escritores--. Entonces, no había lugar para los autores debutantes”. Así publicaron a Leonado Oyola y a Juan Diego Incardona, hoy publicados por editoriales comerciales. Incluso, Budassi (Mujeres de Dios, Sudamericana) y Bruzzone (Los topos, Mondadori) fueron publicados por grandes sellos multinacionales. No obstante, ese fenómeno se dio en pocos casos.

-- ¿Las editoriales independientes funcionan como semillero de los sellos grandes?
Tamarisco: -- Sí, así es. Pero en el marco de su estrategia de cooptar tanto autores consagrados como algunos “valores emergentes” para después hacer lobby ante proyectos como la ley del libro y la creación del Instituto Nacional de Libro Argentino. Así, buscan competir por subsidios o impedir cualquier ayuda a emprendimientos más pequeños para eliminar cualquier tipo de competencia. Por otra parte, los adelantos que pagan son tan chicos y las condiciones tan poco favorables que a veces decimos mitad en chiste y mitad en serio que la próxima hacemos una vaquita y les igualamos la oferta. Uno no le puede pedir a un escritor que resigne dinero, porque en un punto es su trabajo, pero también quizás sea el momento de que los autores asuman las implicancias de publicar en esas editoriales.
Sborovsky: -- Los sellos pequeños trabajan más, casi por definición, con el riesgo y la pasión. Tienen más margen para apostar por lo nuevo, no por la novedad. Entonces, autores muy interesantes que fueron publicados por primera vez por sellos pequeños, luego, al funcionar sus libros, fueron editados por editoriales grandes, que no arriesgan. Así, funcionan como probetas para los grandes sellos.

En este sentido, los Tamarisco coinciden en comentar que “más allá del resultado, siempre se encuentra más riesgo y diversidad en las pequeñas editoriales en comparación con las grandes. Aunque no es bueno o interesante sólo por el hecho de ser independiente”.

¿Falta de convergencia?

La FLIA --evento cultural organizado desde 2006 que permite conocer la fértil producción del under literario-- tal vez sintetice esas contradicciones. “Es un espacio de sociabilidad como lo puede ser cualquier otro, pensado como un pequeño mercado para proyectos autogestivos, en general, sin discriminar ámbitos. En cuanto siga planteándose así, está lejos de conformarse como una red desde donde dar pelea a la adversidad económica y cultural”, cuestionan Sofía Silva y Ramón Tarruella, del sello Mil Botellas (milbotellas.blogspot.com). Y agregan: “No hay debate que permita plantear los problemas comunes que nos atraviesan como editoriales. Cada uno arma su puesto el día acordado, y vende. No es un espacio ideado para reflexionar sobre este nuevo campo editorial y las estrategias para mantenerse en pie”.

Los integrantes de Mil Botellas se conocieron durante un taller literario. Allí, planearon crear un sello con los mismos objetivos que el resto de los proyectos editoriales, aunque con un agregado más: rastrear y rescatar a autores perdidos u olvidados. E hicieron justicia: publicaron Cuentos breves, del anarquista Rafael Barrett (de quien Borges supo rogarle a un amigo, “con lágrimas en los ojos y de rodillas” que compre un libro de él, al que calificó de “genial”). Publican de 500 a 800 ejemplares por obra.

Algunas editoriales buscan sobrevivir y levantar sus banderas de fuerza literaria, otras apuestan a consolidarse como alternativa, aunque sin iniciativas en común. “Pese a que son proyectos de militancia literaria antes que comerciales, hay un gran individualismo y una incapacidad absoluta de actuar colectivamente, más allá de compartir una mesa en la FLIA o un stand en la Feria del Libro”, se lamentan los Tamarisco. Algo parecido piensa la editora de El Fin de la Noche: “El desafío es transformarse en una opción realmente, y para ello es necesario es necesario plantearse hacer buenos libros, dejar de regodearse en las dificultades y dejar de convencer a los convencidos”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...