viernes, 29 de octubre de 2010

Anarkumbia Tirapiedra: “La música es un canal educativo con carga de disparador, de acción”.-

El grupo de militantes sociales forjó un movimiento cultural y político que reivindica las luchas populares. Por eso, desde hace un año, brinda su apoyo en movilizaciones y reclamos llevando su música. Todavía no tienen un CD pero, según sostienen, pronto se pondrán en campaña para grabar su primer material de estudio. Al mismo tiempo, desarrollan otras iniciativas: cada mes y medio publican “Libres del pueblo”, una revista que incluye poesías, crónicas y breves relatos sobre las causas que sostienen, como las tomas de tierras y las luchas de los pueblos originarios.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Anarkumbia

Buenos Aires, octubre 29 (Agencia NAN-2010).- A veces, para encontrar un rumbo, sólo es cuestión de detenerse a mirar alrededor. De parar la pelota y mirar a los ojos al otro, al par y no ser indiferente. En una de esas, hasta nos damos cuenta que tenemos los mismos problemas y deseos. Y quizás es posible extender una mano, construir juntos. Pero para eso hay que sacarse los auriculares y escuchar lo que suena. “Cumbia”, coinciden ellos. Sí, ese ritmo festivo que musicaliza los barrios del Conurbano. “En cualquier fiesta te ponen cumbia y la gente baila. Y evidentemente la alegría es necesaria. Porque si nosotros queremos multiplicar un mensaje, con la tristeza no llegamos a ningún lado”. Ese fue el motivo por el cual un puñado de militantes sociales decidió formar Anarkumbia Tirapiedra, un medio para expresar los pesares y las fortalezas de los “cumpas” de los barrios. Y claro, también para levantar las banderas de la organización y la comunión que supieron flamear con mayor fervor cuando el Estado no supo dar respuestas a la grave crisis, entre 2001 y 2003, mientras los desocupados no tuvieron otra opción que copar la calles. No podía haber sido de otra forma.

“Desde el principio nos pusimos de acuerdo en que tenía que ser una banda de cumbia”, recuerda Claudio Bareiro, saxofonista y guitarrista. Pero no se trata de un grupo musical que hace cumbia “convencional”. El objetivo fue crear otro estilo, uno que definiera el accionar cotidiano de los que eligen la militancia para reclamar la carencia o precariedad de derechos. Ahí nació la “cumbia tirapiedra”. “Ni villera ni santafecina, sino ‘tirapiedra’, piquetera. Porque los cumpas del barrio sentaron un precedente cultural. Y ‘tirapiedra’ es el que se cansa de la impotencia y lo único que encuentra su lado son escombros. La idea es que no sea con gomera. Pero bueno, es lo que hay y es la realidad que tenemos que afrontar. Cuando matan mapuches o las patotas asesinan a compañeros, ni el ‘tirapiedra’ alcanza”, le explica a Agencia NAN el también vocalista, con la convicción de quien recoge un legado con orgullo. El legado es la lucha, la resistencia, la solidaridad, la coherencia ideológica. “La cumbia ‘tirapiedra’ tiene esa carga de disparador, de acción. Desde el principio sabíamos que no queríamos plantear nada pasivo ni contemplativo o meramente reivindicativo. Quizás es una acción metafórica. Pero el arte es para que lo tomen de distintas maneras”, considera Bareiro.

De todas formas, se bajan del pedestal sobre el que suelen acomodar a los artistas. Según sostienen, en las movilizaciones y encuentros trabajan a la par del resto de los compañeros. “Tratamos de desmitificar esa división de decir ‘yo soy artista y mi trabajo pasa por esto’. La expresión popular, como la conocemos, sale de los sectores que más sufren. De ahí nace el folclore, del contacto con la realidad, donde se expresan los sentimientos.”, analiza el músico, con tono pausado, sin dejar que el tiempo entorpeciera la charla. “El que hace uso de esa herramienta también tiene que tener un contacto con la lucha, para no separarse de la expresión popular. Uno puede vivir en un palacete y escribir temáticas sociales. Pero no toca la calle, un piquete, nunca lavó una olla ni hizo un fuego. Por eso, nosotros nos quedamos en las actividades desde que empiezan hasta que terminan. Por más que sólo nos inviten para tocar. A veces nos catalogan de sonidistas o músicos, pero somos unos compañeros más. Bancamos la movida, tratamos de ser partícipes de la organización, del trabajo, y buscamos compartir y relacionarnos”, se sincera dejando en claro la posición.

Anarkumbia es mucho más que una banda. Es un movimiento cultural y político, que surgió antes que la experiencia musical, debido a la necesidad de identificarse con “una misma cuestión, hacer cosas territorialmente en los barrios y posicionarse orgánicamente”. Desde hace varios años, sus integrantes se ofrecen como sonidistas en encuentros, marchas y movilizaciones. “Vamos a los lugares donde se está trabajando en alguna medida en lo social y donde podemos dar una mano. Porque así arranca todo esto: con un compañero haciendo el sonido para otros compañeros. No sabíamos mucho, pero fuimos aprendiendo y en base a errores y aciertos nos fuimos perfeccionando. Una de las problemáticas principales que tienen los sectores que quieren organizar alguna actividad es que les faltan los equipos de sonido”, comenta Bareiro. El movimiento “Cumbia Tirapiedra”, según denominan, se desempeña en otras disciplinas: cada mes y medio publican “Libres del pueblo”, una revista literaria que incluye poesías, crónicas y breves relatos sobre las causas que apoyan y en las que colaboran, como las tomas de tierras y las luchas de los pueblos originarios.

Con apenas un año de vida, la banda compartió sus cumbias, guarachas y cuartetos el 26 de junio último para recordar a Darío Santillán y a Maximiliano Kosteki, divirtió a niños y niñas de un comedor del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), ayudó a juntar fondos destinados a mejorar las instalaciones de un bachillerato popular de Claypole y colaboró para que a las mujeres que viajaron al Encuentro Nacional de género se les hiciera menos costoso el viaje, entre otros shows. “Nunca cobramos un peso para tocar. Lo hablamos, lo pensamos, pero todos estamos de acuerdo en no cobrar” ¿Por quiénes habla el músico? Lo hace por Adrián Ávila (voz y wiro), Gustavo (clarinete y coros), Daniel “El Chino” (percusión), el colombiano Andrés (gaita y maraca), Natalio Picchini (bongó y cajón peruano) y por el joven Juan Pablo Ávila (bajo), de apenas diez años.

Tal vez, musicalmente, se puede trazar un paralelismo con Las Manos de Filippi y más aún con su pata zumbiera: Agrupación Mamanis. Sobre todo por ese estilo directo y desfachatado para manifestar las ideas. Otro precedente que se puede mencionar es Contravientos, la banda nacida de un taller de música del Frente Darío Santillán. “A ver a ver a ver/ Quien prende la mecha/ La molotov esta hecha/ ¿Quien se va animar? / Vos que estás explotado /Te pega la cana/ Te echan de tu casa / no tenés pa’ morfar (…) No seas avestru’/ saca la cabeza/ ponete a pelear”, invitan en “A ver a ver”, un tema registrado en una presentación en vivo. De hecho, la banda no cuenta con ningún disco, sólo tiene un “compilado de canciones recortadas de los shows”, como las reversiones de temas de Rafael Amor, la Mona Jiménez, Ricky Maravilla y Los Gardelitos.
Pero, pronto, se pondrán en campaña para grabar material en estudio, anticipa Bareiro.

Entonces, los luchadores sociales son los protagonistas de las historias que se cuentan en las canciones de Anarkumbia Tirapiedra. “Es sin S al final. Porque con S le quita lo popular y queda medio ‘pequebú’”, bromea el saxofonista. Y muchas de esas historias surgen en las marchas, a partir de los cánticos colectivos, del compromiso y la espontaneidad popular. Por eso, critican y buscan distanciarse de “la cumbia convencional y el reggetón, que hablan despectivamente de la mujer y son funcionales al sistema. La música es un canal educativo. Y la cumbia es una herramienta de reproducción en la sociedad. Los pibes y las pibas aprenden, la consideran trasgresora, rebelde. Eso es lo que en cierta forma genera atracción. Sin embargo, nosotros les cantamos a las mujeres desde otra perspectiva. O si le cantamos al amor lo vinculamos con otras cuestiones”.

Un ejemplo de ello es un tema dedicado a “la doña de los barrios”, un actor importante en las actividades sociales. “Reivindicamos a la mujer como sujeto activo y social. Es la que se mueve en el barrio, la que se organiza. Los hombres son un poco más quedados. Siempre se ve eso en las actividades. La mujer es mucho más desinhibida. Las miserias y las penas achanchan al hombre, muchas veces lo inclinan por el alcohol. Es como más vulnerable o débil. Y muchas veces las mujeres cargan sobre la espalda a los hijos, buscan el pan, se organizan y salen a luchar. Son las que se la rebuscan más pero a la vez son las más oprimidas de la sociedad”, considera el ocasional vocero de la banda.

Sitio: http://cumbiatirapiedra.blogspot.com/

jueves, 28 de octubre de 2010

Un reclamo para la cultura de los barrios.-

Más de tres mil organizaciones comunitarias que ven al arte como transformación social coparán este lunes las inmediaciones del Congreso para exigir una ley que las promueva. Pedirán el diseño de políticas y subsidios para que el pueblo pueda seguir haciendo --y disfrutando de-- la cultura.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Pueblo Hace Cultura

Buenos Aires, octubre 27 (Agencia NAN-2010).- Pueblo Hace Cultura. La consigna es clara en su señalamiento del pueblo como hacedor, fabricante, productor. ¿Cómo? ¿Lo hace cada persona que conforma ese concepto, hoy reemplazado por el licuado y traslúcido gente, por sí sola? ¿Lo hacen en grupo? “El pueblo se expresa a través de las organizaciones comunitarias, de base”, responde Eduardo Balán, creador de El Culebrón Timbal, una de esas tantas que “trabajan el arte y la comunicación como herramientas de transformación social y que, juntas, reflejan un arco muy amplio de expresiones de cultura popular”. Tienen una posición común: exigirle al Estado fondos de sustento para seguir existiendo. Allí la razón que justifica la consigna: un grupo de más de tres mil colectivos de esas características colmarán las inmediaciones del Congreso nacional con esa cultura que nace desde abajo, de los barrios, para exigir “una ley que promueva la cultura y el arte de las organizaciones comunitarias, autogestivas e independientes”, un apoyo económico, ya que “si los canales de producción cultural se cierran, se muere el país”, concluyó Balán. Nada más y nada menos.

Una luz de ilusión se abrió en el horizonte de posibilidades de los colectivos artísticos y comunicacionales comunitarios y autogestivos argentinos cuando los países miembros del Mercosur aprobaron en el Parlasur --el equivalente regional del Congreso de una nación-- el anteproyecto de ley de Puntos de Cultura, una iniciativa que a partir de la réplica de la experiencia brasilera que lleva el mismo nombre, vuelca sobre el Estado la responsabilidad de que la cultura de base no muera en el intento por subsistir. A través de Puntos de Cultura, el Estado brasilero detecta las expresiones autogestivas del terreno cultural que producen y reproducen y mantienen viva la identidad de ese pueblo, y las subsidia durante cuatro años para que puedan “generar un mecanismo propio de subsistencia, tan difícil de construir en los primeros pasos”, apuntó Balán.

El anteproyecto aprobado en Parlasur llegó al Congreso Nacional donde todavía aguarda una respuesta que las organizaciones protagonistas no esperarán de brazos cruzados. “Conformamos Pueblo hace Cultura porque creemos necesario hacer oír nuestra voz en el pedido de avance en la aprobación de la ley a la que le falta aún trabajo en su definición, pero que no obstante consideramos vital”, apuntó Walter González, integrante de Espacio Cultura Urbana, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, una de las tantas que integra el colectivo de colectivos que entienden la relación entre cultura y desarrollo como “una herramienta imprescindible en la lucha contra la pobreza y la exclusión”, un engranaje en el que ellas adquieren vital importancia.

Las razones se convertirán en voz viva y multitud el próximo lunes, cuando las organizaciones se concentren en el Congreso para exponer sus reclamos. Porque la exigencia de tratamiento para la ley incluye muchos otros pedidos. En primer lugar, los grupos comunitarios entienden que Puntos de Cultura no puede llevarse a cabo en Argentina, “si no es en marco de una reglamentación y una nueva legislación y políticas públicas que promuevan el fortalecimiento de las iniciativas culturales surgidas al interior de la sociedad”. Por un lado el diseño de tales políticas, entonces. Y por otro, el dinero con el que poder llevarlas a cabo: Pueblo Hace Cultura considera que “es necesario, por lo menos, el 0,1 del presupuesto aprobado para 2010”, indica Melisa Tibolessi, integrante del foro de teatro comunitario El Infierno de los Vivos, algo que equivaldría a 745 millones de pesos.

“La sociedad genera recursos que sirven para hacer funcionar al Estado. Las organizaciones sociales muchas cumplimos las funciones del Estado en esa sociedad”, indica Balán. Pues bien, dos por dos, cuatro: “Es perfectamente pertinente entonces, que el Estado destine recursos públicos para apoyarlas --concluyó--. No ayudarles es librar a esas expresiones culturales del pueblo a los vaivenes del mercado. Es como cerrarles una opción más a quienes son pobres y nacen con miles de puertas cerradas de antemano”.

Por eso el dinero del Estado, razón que amplió Tibolessi: “Las organizaciones comunitarias y autogestivas de arte y comunicación, en su mayoría, llevan sin fines de lucro, su trabajo, reflejo de la cultura del pueblo, a los barrios, las escuelas, los sectores que no cuentan con los recursos necesarios para poder pagar por la cultura que la industria del consumo les ofrece. Somos organizaciones que no contamos con apoyo alguno para sostener nuestro trabajo, tarea que muchas veces se nos vuelve imposible. La ley nos permitiría sostener profesores, actividades, materiales y construir una estructura para replicar esa subsistencia más adelante”.

Pero eso no es suficiente, porque si la cultura sirve para construir identidad, también, o mejor dicho, por ende, sirve para ejercer democracia. El referente de Espacio Cultura Urbana remarcó que el eje del reclamo es mostrar que hay una gran cantidad de espacios productores de cultura en el país que apuestan a una manera distinta de construcción democrática: “Implementamos una democracia participativa en contraposición a la democracia cultural impuesta en la actualidad, un mecanismo que entiende a los bienes culturales como algo establecido, intocable, que determinados actores bajan al pueblo. Lo que buscamos es incentivar la producción y el desarrollo local relacionado con la producción de creaciones artísticas y culturales de un lugar determinado, llevadas a cabo por sus propios vecinos. Es ponerle fichas a lo emergente, a lo que brota desde abajo y empapa a lo superficial, ya instituido.”

miércoles, 27 de octubre de 2010

Infancia y Dictadura: sobre cómo darle voz a lo que está “enquistado en el silencio”.-

Desde hace algunos meses Ángela Urondo le dio vida a un blog casi con la inocencia de una niña buscando su identidad. Así se embarcó en un proyecto mucho más grande que pretende construir las historias de esos chicos que vivieron la dictadura en carne propia y hasta ahora no tuvieron la posibilidad de contarlo. Hoy pueden hacerlo en un espacio que busca recuperar y resignificar parte de esos años duros que quedaron impregnados en la memoria.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Ángela Urondo

Buenos Aires, octubre 27 (Agencia NAN-2010).- La mujer se hizo fuerte. Angie, como la llaman los que la conocen, tuvo que tornarse valerosa a la fuerza. Sin embargo, aún hoy, con sus 35 años, algo la continúa manteniendo niña. Algo que tiene en su mirada, algo que se cuela en sus palabras, algo que ya la deja dormir pero aún la mantiene despierta. Esa niña que, como se autodefine, “está desarmada de las palabras aún no aprendidas y es portadora del sinsentido de no poder asignarle contexto a su tristeza”, intenta explicar en conceptos y términos algo más que un proyecto.

Angie es Angela Urondo, la hija menor del poeta, periodista, dramaturgo, funcionario y militante de Montoneros Francisco “Paco” Urondo y de Alicia Raboy, jóven periodista y militante, ambos asesinados durante la última dictadura militar en Mendoza. Por eso también Ángela es, esa nena de once meses que fue testigo de ese destino que ya había sido trazado semanas atrás cuando desde la cúpula de Montoneros decidieron mandarlos hacia terrenos cordilleranos.

Y ahora, cuando sonríe o habla en doble sentido o con el humor más negro que ella desee, puede detener el tránsito, puede atraer como una serpiente y devorar el momento en una sola palabra. Su voracidad se traduce hoy, en decir lo que antes era no dicho. No quedan dudas que el Gen Urondo, aquel que empuñó las armas para buscar la palabra justa, se traduce en la escritura de Ángela: se nota su vital necesidad de expresarse para sacar máscaras a la luz y desenfundar por primera vez su verdad a través del arte que, claro, nunca deja de ser político.

En diálogo con Agencia NAN Ángela no habla de su infancia de manera directa pero ése es el espíritu que rodea toda la charla sobre su último proyecto virtual “Infancia y Dictadura” (http://www.infanciaydictadura.blogspot.com/). Un blog que se posiciona como la continuación de su primer espacio “pedacitos de Ángela” y como un espacio colectivo que se va acomodando para que todo joven que haya vivido la dictadura de manera directa o indirecta, puede evidenciar su historia a través de relatos o imágenes. Así, el puntapié es la foto que apareció el año pasado con ella en brazos de su padre con la cabeza cortada.

-- ¿Qué te representa esa cabeza cortada hoy?
-- Y bueno, demuestra el comienzo del corte que tuvo mi vida. Por eso, ahora que encaré este proyecto, no lo encaro como hija de desaparecidos, sino que empieza a tomar más magnitud lo que viví en primera persona. Hasta hace un tiempo mis relatos siempre iban en el contexto de la muerte de mis padres y por eso empecé mi primer blog que es Pedacitos de Ángela donde conté mi historia e inicié un período de desapropiación de mi historia para reafirmar mis raíces.

-- ¿Y cómo viene ese camino?
-- ¡Bien! Ahora intento buscar los términos más simples para describir mi historia. Y así fue como llegué, tres años después de empezar a escribirla, a contar fuera de mi ombligo. Me interesó tratar el tema del impacto de la dictadura militar en los chicos. Hablar sobre esos sueños sin sentido y el absurdo. Para empezar a acordarnos de cosas a las que no les podíamos poner palabras por ser, justamente eso, chicos. Pero los sueños son recuerdos y la recuperación es parte de recuperar la identidad. Entonces, en ese marco, es abro el espacio y la gente se empezó a sumar. Es sorprendente cómo después de dos meses y medio, he publicado más de una historia por día.

-- ¿Y cómo surge el proyecto?
-- Hace tiempo que tenía ganas de hacer una convocatoria para el proyecto de arte de una muestra colectiva de hijos de desaparecidos, pero cuando pensé bien todo me dije “no tengo ganas de limitarme sólo a hijos”. Entonces, a partir del eje temático “Infancia y Dictadura”, me di cuenta que no sólo los que somos hijos tenemos un humor particular, sino que también, mucha gente que en algún punto vivió esos años de muy de cerca, también tenía secuelas. Hay un montón de pibes que tienen “efectos de la dictadura” sin tener a sus padres desaparecidos. Además, me pareció necesario romper con eso, con que sólo somos HIJOS, cuando en realidad vivimos la dictadura en carne propia, en primera persona igual que nuestros padres o no. Por eso la variedad de textos es amplia y cuando se mezclan esos relatos de afectados y otros que no, sale lo interesante. O sea, cómo esa dictadura les dejó un registro. Si hubo 30 mil desaparecidos, entonces hubo 30 mil procedimientos por lo menos, y su hubo 30 mil procedimientos, me imagino los vecinos, los familiares, los compañeros de todos esos también son víctimas de la dictadura. Esas son historias que quedaron sueltas y la consecuencia de que lo sigan estando se mantiene hasta hoy.

-- ¿Cómo es el proceso de escritura de las historias?
--Mucha gente empezó a mandarme sus historias después de que yo publicase la mía. Y abajo empezaban a comentarme los sueños que habían tenido. Entonces, lo primero que hice fue transcribir esos primeros relatos, armé el blog, los subí, les pedí permiso y publiqué. Esto hace dos meses y medio; ahora ya recibí como 75 relatos, más de uno por día. Aparte. Por el momento me escribieron de muchas provincias, de Salta, Jujuy, La Pampa, y de otros lugares como Chile y México. Con otra gente saqué relatos de comentarios, charlas y después armaba los textos. Hay un gran abanico de historias y ojalá algún día esto pueda ser un libro. ¿Por qué no?

-- Lo importante es decirlo, ¿no?
-- Sí, yo creo que ése es el objetivo central: decir las cosas que de chicos no podíamos decir por muchas razones. En mi caso yo no podía decir porque cuando era chica, no tenía palabras para decirlo y porque recién pude hacerlo de mucho más grande, más que adolescente. Yo no sabía lo que tenía que saber. Además, te decían que tenías que esconder una parte, reconciliarte con otra y, como toda buena niña de modales, agradeciendo siempre.

-- Encima que sos “perdedora” te hacían reconciliarte...
-- Decir esas cosas que no podían decir de chicos. Eso no se habla, eso no se dice, eso no se toca. Todo quedó enquistado en un silencio. Y de chicos nos dijeron eso le pasó a la generación de los más grandes. Y eso no es cierto, también nos pasó a nosotros. Hubo un impacto en todos.

-- ¿Consideras que está fuertemente arraigado a lo político a tu arte?
-- Sí, claro. Todo esto es escrito con mucha conciencia y desde que se me ocurrió la consigna estaba segura de que iba a tener respuesta porque la idea muy clara. Las vivencias tienen que ver con lo simbólico, es decir, cómo lo simbólico de la dictadura quedó en los sueños, y en los recuerdos. Pero también eso se nota en mi arte fundamental que es la gráfica. Yo me considero dibujante, de hecho he realizado muchísimas obras. La gráfica es mi lenguaje, mi herramienta natural. A través del arte, cuando era chica, salían todo el tiempo un montón de cosas a la superficie que no entendía cómo salían. Recuerdo que en una clase de teatro nos hicieron trabajar sobre un bebé en una cuna y que los profesores se quedaron en silencio cuando me vieron, porque a pesar que yo tuve un corte ahí, había algo en esa relación de madre-bebé que me sensibilizaba y que la podía mantener en vilo. En todos los Urondo hay una necesidad de expresarse: muchos somos artistas plásticos, otros músicos y algunos escriben.

-- Y ahora parece que la historia se va a empezar a escribir a partir de los juicios en Mendoza por la muerte de tus padres y de otros desaparecidos, ¿no es cierto? ¿Cómo empieza todo el proceso?
-- (En tono irónico) El 17 de junio de 1976 íbamos en un Renault 6 y tuvimos un “problemita” con unos milicos asesinos. En ese momento arranca la causa y yo me la pierdo porque estuve con una familia que no era la mía. Pero cuando recupero a mi verdadera familia, me entero de todo y que sus asesinos estaban sueltos porque (Raúl) Alfonsín y (Carlos) Menem les habían dado indulto. Entonces me enteré de mi historia en un contexto re “looser” a nivel legal. Y bueno, pasó el tiempo, en el que muchos luchábamos para no reconciliarnos con los asesinos hasta que se abrieron los juicios por la Verdad y se inició todo este último proceso. Hoy, la causa en Mendoza viene con todos los palos en las ruedas que los milicos vienen poniendo: que nos cambian de juez, que tal y otra cosa, y así no podemos empezar más. Por ahora tenemos fecha para el 17 de noviembre y ojalá de una buena vez por todas, esto arranque. De todos modos, la Cámara Federal de Mendoza está compuesta por jueces que fueron cómplices durante la dictadura en Mendoza, y todos tienen casos de haber aceptado la tortura. De ocho camaristas, cinco tienen muchas pruebas en su contra por haber sido cómplices y están haciendo miles de artilugios para que no los remuevan de sus cargos. Por suerte, somos 18 causas juntas las que tenemos fecha para el 17 y, aunque nos pongan piedras en el camino, ellos ya están muy acorralados por sus propias pruebas. Pero es difícil hablar de justicia en Mendoza cuando estos tipos siguen siendo parte del sistema judicial. Mendoza necesita una purga judicial urgente para seguir adelante.

Ángela continúa hablando de los sueños como espacio donde se puede vivir algo realmente verdadero, a pesar de la realidad. No es casualidad que ella, después de 20 años, haya podido reconstruir la causa de sus angustias a través de los sueños, mucho antes de saber la verdad sobre su primera ruptura fundacional. También habla de collages, de retratos, de caprichos, de pedacitos. Todas palabras en diminutivo, más ligadas a la infancia, pero que en ella siguen resonando fuerte aún siendo adulta, aún siendo madre.

Porque son los sueños, esos recuerdos o mundos paralelos, donde lo imposible se vuelve real. Ahí donde todavía ella es esa misma nena que siente el calor de su madre que la abraza, plantándola con su amor en el mundo para dejar de sentirse huérfana. Y Ángela, ahora es grande y sabe que su función en el mundo es destapar esos sueños, esas realidades, para buscar la palabra justa con los que nombrar esos abrazos no abrazos –como dijese su padre-.

martes, 26 de octubre de 2010

“El nombre” en La Carbonera.-

En la obra teatral dirigida por Analía Fedra García una historia de familia que no remite a la argentinidad pero tampoco la desmiente la acción no está en lo que se dice, sino en lo que se teje invisible en personajes atormentados. Y los vínculos están en lo que se oculta y aparece en un gesto descuajeringado.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de El nombre

Buenos Aires, octubre 26 (Agencia NAN-2010).- La palabra que se calla produce dolor de estómago, dijo --¿quién si no?-- Friedrich Nietzsche, en ese libro de tono autobiográfico que es Ecce Hommo. La palabra que se calla, da a entender aquella frase, no es sinónimo de silencio. O mejor: el silencio es sólo una parte, su cara visible. Resulta que hay, al mismo tiempo, algo que permanece escondido, que se guarda, que se cubre bajo el manto de la impotencia, la piedad, la vergüenza, la falsedad, la envidia o cualquier sentimiento de resguardo del que se trate.

¿Por qué comenzar con “la palabra que se calla” para hablar de El nombre? Porque el aspecto más atractivo de la obra que dirige Analía Fedra García --y que tradujo junto a Luis Cano-- los viernes a las 22.45 en La Carbonera (Balcarce 998) es que todos los personajes tienen algo para callar. El texto es del noruego Jon Fosse, dramaturgo poco conocido en Argentina --sus obras no han sido editadas; difícil saber dónde está el problema, si es de traducción o de edición--, aunque haya sido señalado por muchos como el sucesor de Ibsen. Y, precisamente, si la actualidad dramática tiene un amo de los silencios, ése es Fosse.

La historia ha nacido en un país remoto y eso se nota: no hay nada en la obra de García que remita a la argentinidad. Pero lo cierto es que tampoco existe algo que la desmienta. Para empezar, se trata de una historia familiar, y hay condimentos en las familias a los que les cabe la categoría de universales. Hay un embarazo no adolescente pero sí joven que podría leerse como no deseado. Hay una pareja que no se entiende demasiado bien. Hay un padre al que, supuestamente, no le gustará nada tener un nieto.

Beate (María Eugenia López) llega a la casa de sus padres con su futuro bebé a cuestas. Ella y su novio (Alfredo Staffolani) tienen menos alegría que un potus por ese futuro que los espera, inevitable. Por lo poco que conversan, se entiende que al padre de ella (Horacio Marassi) no le caerá bien la noticia. Completan la familia la madre de Bea (Fabiana Falcón) y su hermana (Verónica Mayorga) que, con sus extrañas personalidades --la realidad es que todos los personajes están envueltos por el halo de lo impredescible--, no hacen más que sumar tensión a la historia. Esa es la palabra que predomina en la obra, su clima: tensión, que gira alrededor de una espera inesperada, alrededor de un niño que todavía no tiene nombre.

La tensión crece cuando se incorpora a la trama Bjarne (Sebastián Raffa), un viejo amor de Beate. La historia es agitada, hasta incluye engaños, y sin embargo pasa poco. Porque, como en Chéjov, la acción no está afuera. No está en lo que se dice, está en lo que no, en lo que se teje invisible en esas personalidades atormentadas. Y los vínculos están en lo que se oculta, pero que a veces aparece en un gesto descuajeringado.

En eso de decir mediante gestos destaca el trabajo de Staffolani, el novio compungido al que nadie le concede demasiada atención, pese a que arriba a esa casa por primera vez. En efecto, a nadie le interesa, siquiera, saber su nombre. Sabe, Staffolani, transparentar su tristeza, con sus ojos celestes siempre vidriosos, al borde del llanto que nunca ocurre. Es interesante, en tal sentido, el juego que se le propone al espectador: será él el encargado de descifrar el por qué de las tristezas y de los silencios de los personajes. Todos callan por motivos diferentes, que por supuesto no son dichos.

Acompaña a ese silencio abrumador el escenario en que la historia transcurre, una casa de campo estancada en el tiempo. Y contrasta con él el constante soplido del viento, un acierto desde el punto de vista de la puesta, porque el sonido no se queda en la mera decoración; opera en sentido narrativo. Se cuela en los diálogos incómodos en los que lo que no se nombra vuelve, a la manera del espectro de Lacan porque vuelve transformado.

lunes, 25 de octubre de 2010

Libros: plaquetas del PLUP (varios, 2010).-

El Proyecto Latinoamérica de Unión Poética continúa editando artesanalmente trabajos de distintos escritores del continente para movilizar la poesía con un criterio unificador.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, octubre 25 (Agencia NAN-2010).- ¿Qué es la poesía? Quizá resulte oportuno recurrir a Leónidas Lamborghini, uno de los grandes poetas vernáculos, que sin duda echa un halo de luz: “Habla/Di tu palabra/y si eres poeta/’eso’ será poesía/que tu palabra sea irrupción/de lo espontáneo/que lo que digas/diga tu existencia/antes que ‘tu poesía’.” Aclaración, Lamborghini no apunta a una poesía autobiográfica, como indicaría una lectura surfista de los versos anteriores, sino por el contrario a una relación del poeta con el lenguaje y la existencia en términos más originarios. La flamante colección de poesías de PLUP (Proyecto Latinoamericano de Unión Poética) se enmarca en esa categoría, con una filosofía punk del “Hazlo tu mismo” (do it yourself), antes que el del “No hay futuro” (no future). La serie combina los beneficios de la globalización con la revalorización del papel ante tanta oferta literaria en la pantalla eléctricomagnética. Así, las plaquetas reúnen un puñado de textos por autor. Aquí un repaso de tres plaquetas (libros pequeños, a veces pocos parecidos al libro, a veces sólo una hoja doblada en cuatro como los reseñados por este periodista).

El trabajo Los Ganadores y Yo, del ecuatoriano Fernando Escobar Páez, pone el acento en experiencias cotidianas con “ellas”, pero también en la maquinaria del statu quo. Lo hace con una poesía llana y directa Por dar un ejemplo: “Siempre te dicen/que eres como ellos/y que tú también puedes/Yo les dejo el mundo/las grandes luchas/y los grandes amores/tengo los ojos en llamas/y árbol favorito para mear/que es lo mejor de todo.” Páez escribe como se habla, es decir, en un registro conversacional y con un lenguaje cotidiano, claro, accesible, que fluye naturalmente, como en “La Virgen”: “Deja de masturbarme la boca/porque si no/ voy a tener que violar/a todos tus muñecos de felpa/muñecas de porcelana/perros y gatos/o ir a buscar a tu amiga/que aunque medio feíta/es más legal que vos.”

En tanto, en la plaqueta del limeño Giancarlo Huapaya Cárdenas, Awa, muestra itinerante por el río Rimac, se lee poema con un registro bilingüe (español-ingles) que analiza con un aire de pesimismo el avance del hombre contra la naturaleza. En versos del Cárdenas: soldaditos en el water del mundo juegan con/una banderita de plástico que se desarregla constantemente/la imagen es idéntica a la del monumento siniestrado/el proyecto de nacimientos submarinos quedó en el nevermind/jalamos/el rito/que se proponía el artista/consistiría en chuparle un mililitro al cemento.”

La colección, integrada por 18 plaquetas, cuenta también con un relato corto del escritor (peronista) Juan Diego Incardona. Aunque los monstruos son británicos (Drácula y Frankenstein, de Bram Stoker y Mary Shelly, respectivamente), Incardona presenta en Los monstruos, una historia protagonizada por un niño de Villa Celina temeroso de la oscuridad de la noche, que se defiende de espíritus fantasmales con mantas: “Es que como cualquier chico sabía, las frazadas eran un escudo casi inviolable contra los fantasmas y monstruos”, dice el narrador de la historia, contada en clave autobiográfica. Ahora bien, no contradice el principio editorial ni el de Lamborghini, puesto queIncardona aporta prosa.

*Las plaquetas de PLUP se puede descargar gratis en el blog http://www.plupblog.com.ar y armar artesanalmente con una hoja A4.

viernes, 22 de octubre de 2010

Arte Joven: "un espacio de expresión para las nuevas generaciones".-

El festival de Esteban Echeverría lleva ya una década reuniendo artistas de la zona. Danza, literatura, teatro, plástica, dibujo conviven en él. Noelia Leiva, impulsora de la propuesta, cuenta que antes los chicos no tenían un espacio para expresarse y ser tomados con seriedad. “No éramos considerados artistas como los adultos. Esa ausencia quiso llenar Arte Joven.”

Por Facundo Gari
Fotografía gentileza de AJ

Buenos Aires, octubre 22 (Agencia NAN-2010).- Artístico, creativo, libre, divertido, desestructurado, inclusivo y multidisciplinario, enumera Noelia Leiva las características de Arte Joven (AJ), cuya décima edición arrancó el sábado pasado pero tendrá su cúspide mañana desde las 17 en el Cine Monte Grande (Mariano Acosta 58, Esteban Echeverría). La de la creadora del festival es una definición orgánica por cuanto esas propiedades tributan a un “espacio” también plurimodal, en el que convergen música, danza, literatura, fotografía, dibujo, pintura y teatro, por nombrar sólo algunas de las disciplinas que abarca. Sin embargo, no son ni su qué ni su cómo las aristas más distintivas de esta empresa independiente, que Leiva ideó cuando tenía apenas doce años: las producciones que se mostrarán fueron realizadas por artistas sub-21, mayoritariamente de la comuna donde la jarana juega de local desde hace diez años pero también de otros puntos cardinales, como Lomas de Zamora, Lanús, Almirante Brown y la Ciudad de Buenos Aires.

Según reseña la además periodista y escritora, AJ arrancó en 2001 “como un festival que sólo reunía a artistas que vivieran en Esteban Echeverría y se dedicaran a la música, la danza, la literatura y las artes plásticas”. Dos años tardó en sumar “artistas invitados” que viajaban desde otros distritos del conurbano bonaerense, y además la edad de participación se extendió de 18 a 21 y las obras teatrales se incorporaron al cronograma, así como para la edición de mañana se prendieron las acrobacias en tela sobre el escenario, la fotografía y “un primer acercamiento al cine, con una suerte de docu sobre los objetivos del festi y las actividades previas”, cuenta Leiva en diálogo con Agencia NAN.

Esas “actividades previas” fueron las que coparon las callecitas sureñas hace casi una semana. “Para festejar nuestra década había que salir del teatro, ir a buscar a las personas: el sábado pasado estuvimos en la plaza Grigera, de Lomas de Zamora, con el grupo de percusión Guariló y Milagros Bonato, una muchacha que hizo swing; y el domingo fuimos a la plaza que se encuentra sobre la calle Evita, en El Jagüel, con globos, hojas, lápices y crayones para invitar a los chicos y las chicas del barrio a dibujar al aire libre”, detalla. Además, AJ ofrece una exposición de artistas plásticos y fotógrafos en la Asociación Italiana (Irigoyen 187, Monte Grande) que mañana se trasladará al Cine Monte Grande como antesala del escenario principal.

-- ¿Qué la motivó a crear y sostener el festival durante diez años?
-- La sensación que tenía era que a los niños y las niñas que participábamos en los espacios artísticos que había en el distrito no éramos considerados sujetos y artistas a la altura de los adultos. Éramos algo así como presencias simpáticas, agradables, pero aún por “completar”. Sin duda éramos sujetos en construcción, como creo que es cada persona siempre, pero nada justificaba que no tuviéramos un ámbito para ejercer la palabra desde nuestra calidad de chicos y adolescentes. Esa “ausencia” quiso ser llenada con Arte Joven.

-- ¿Cuáles son los impedimentos con los cuales suelen chocar los jóvenes artistas?
-- Creo que, si bien depende de las disciplinas --por ejemplo, la música, y sobre todo el rock, tiene mucha impronta juvenil--, sobrevuela el preconcepto de que si sos joven primero tenés que contemplar el recorrido de quienes te anteceden para luego avanzar. De a poco, la creciente movilización y construcción de proyectos autogestionados en manos de gente joven va cambiando esa mirada, va abriendo puertas a espacios de participación más amplias en el campo artístico.

-- ¿Qué construcción de sentido cree que prima sobre la juventud?
-- Hay lugares de prejuicio a vencer. La palabra, la opinión, la proyección de la identidad de las personas jóvenes son menos valiosas por tener menos edad y supuestamente menos camino recorrido. Muchas de las personas que hacemos AJ creemos que todos tienen los mismos derechos y deben tener el mismo acceso a las oportunidades, de modo que la visibilización de su tarea artística debe ser tanto para una institución privada que viene desde el centro de Lomas de Zamora como para un ballet que ensaya en El Jagüel o en Las Colinas y que diseña su vestuario con lo que cada uno tiene en casa. Todo es testimonio de su realidad, sin olvidar que esos chicos y chicas tienen derecho a jugar, recrearse, expresarse; derecho que tantos no pueden cumplir aún. El arte también es un llamado a hacer, a cambiar su identidad.

-- En declaraciones anteriores, menciona una “esencia de niños”. ¿En qué consiste?
-- Es la posibilidad de “ser” desestructuradamente, de jugar, de expresar. Una “esencia” colorida aunque no por eso naïf. Con predisposición a la construcción de fantasía, de mundos propios, de magia, aunque no por eso condenados a ser separados de las decisiones que los atañe. Personas con voz, como todas, que deben ser oídas y valoradas.

-- ¿Y qué tienen los pibes para decir?
-- El Festi tiene el objetivo de generar un espacio de expresión para las nuevas generaciones. Entonces deberían ser ellos y ellas los que cuenten qué es lo que vienen a decir, porque justamente no queremos hablar de ellos sino que ellos hablen de sí, de su barrio. En primer término, la amplitud de convocatoria permite abrir una ventana a esos espacios de acción artística para dar cuenta de la variedad de ideas. Creo que tienen ganas de decir “presente” a veces desde el desarrollo de una “carrera”, otras desde la recreación inmediata.

-- De fondo, hay otra problemática que tiene que ver con los espacios que “homologan” al arte. ¿Por qué no hay dibujos de un niño en una galería del “circuito adulto”?
-- Porque la niñez es una “simple complejidad” no siempre valorada; de hecho, en general, subestimada. La sinceridad y la expresión, sin filtros convencionales que escondan los recorridos emocionales, abren el juego, interpelan. Tal vez es más fácil reducir el circuito artístico, sobre todo el que tiene fines de lucro, a pautas establecidas y conocidas que atreverse a jugar y a descubrir que, aunque la capacitación técnica puede abrir el juego a nuevas construcciones, el inicio de todo puede ser más diverso y creativo si va de la mano de ese mundo infantil, que también puede sostenerse a lo largo de los años.

-- Si el término “joven” puede ser a veces difuso, el “arte” siempre lo es. ¿Cómo lo define?
-- Arte es un camino que a veces se busca y otras aparece con cada quien. Puede ser una invitación a decir, a cambiar lo establecido por las convenciones de los colores, los sonidos, las palabras, las formas. Y en ese recorrido a modificar, a crear de nuevo, también es un camino favorable para defender la equidad del acceso a la palabra y a los derechos de las personas.

Blog: www.artejoven2010.blogspot.com

miércoles, 20 de octubre de 2010

Ningún Pibe Nace Para Chorro: una muestra itinerante para romper el discurso hegemónico.-

Con el arte como herramienta y la creación colectiva como disparador, pibes del conurbano bonaerense, Ciudad de Buenos Aires y Río Negro llevan adelante una exposición de fotografía, videos, instalaciones y teatro, que hoy termina su paso por el Centro Cultural Borges para celebrar el sábado en Mu.Punto de Encuentro. “El arte no tiene filtro. Se puede decir lo que se quiera sin preocupación de cómo lo va recibir el otro. Es lo que te pasa y lo sacás. Poner esas herramientas en manos de los pibes de sectores marginados y discriminados es muy valioso”, destaca una de las curadoras de la exhibición.

Por Nahuel Lag
Fotografía de LaVaca.org

Buenos Aires, 20 de octubre de 2010 (Agencia NAN).- El puntapié lo puso la realidad irresuelta en los barrios pobres de todo el país: los derechos como excepción y la discriminación y la violencia de bandas delictivas y de la Policía como constante. La alternativa la comenzaron a diseñar movimientos sociales, escuelas formales y de gestión social y LaVaca.org, con el arte como herramienta y la creación colectiva como disparador para romper con el mensaje hegemónico de los medios masivos. “Los vecinos del barrio al ver la obra de teatro que realizamos aprecian que alguien cuente su realidad y no se ven discriminados como pasa en los medios de comunicación, que nunca van a mostrar el barrio sino es para señalar a todos como pibes chorros que consumen paco.” Juan Muñoz cursa tercer año en la Escuela Media N°8 de Virreyes y está seguro de lo que dice e interpreta en la obra de teatro que gira con la muestra itinerante Ningún Pibe Nace Para Chorroo, que hoy deja el Centro Cultural Borges (CCB) para hacer fiesta el sábado en Mu.Punto de Encuentro (Irigoyen 1440, Ciudad de Buenos Aires) y seguir por las escuelas donde niños, niñas y adolescentes filmen, canten y pinten una nueva realidad a la que les fue impuesta.

Un grupo de adolescentes de la Escuela de Gestión Social Creciendo Juntos y los chicos del colegio primario N°58 de Villa Corina, de las localidades bonaerenses de Moreno y Avellaneda, fueron los primeros en ponerle el cuerpo a la campaña. La cámara hizo foco en la palma de la mano de Ludmila: “Libertad”. Jonathan y Nahuel resumían todo con dos carteles: “Soy pibe”, “No chorro”. Las fotos son parte de la muestra itinerante junto a obras murales, cortometrajes, instalaciones y esculturas como la de “Jonathan Laguna”, un pibe cartonero hecho del material que le permite llevar unos pesos a su casa. La muestra se puso en marcha en la escuela de Villa Corina, hoy cerró su paso por el CCB y continuará su andar por el Movimiento Social Dignidad, en Cipolletti, Río Negro.

“A través del arte aprendimos a conocer a los chicos y dar cuenta de todo lo que tienen para expresar. Se puede hablar horas con ellos, pero a partir de los dibujos, los escritos, los poemas se expresan y vuelcan sus problemáticas: violencia, ‘abandono presente’ por parte de sus familias que no pueden contenerlos, falta de comunicación”, apuntó Carla Guille, educadora del Movimiento Social Dignidad. El movimiento se unió a la campaña después de debatir una nota sobre Luciano Arruga -–adolescente desaparecido en enero de 2009, después de rechazar un ofrecimiento para robar bajo el amparo de los oficiales del destacamento policial de Lomas del Mirador--. Esa realidad que une al barrio de La Matanza con los rionegrinos de Las 1200, Mapu y Don Bosco. Los chicos del Dignidad plasmaron su realidad de pibes reclutados por los narcotraficantes en dos cortometrajes: Pichón y Dos meses.

¿Por qué el eje de Ningún Pibe Nace para Chorro es el arte? “El arte no tiene filtro. Se puede decir lo que se quiera sin preocupación de cómo lo va recibir el otro. Es lo que te pasa y lo sacás. Poner esas herramientas en manos de los pibes de sectores marginados y discriminados es muy valioso. A veces, con pinceles y pintura se llega a lugares mucho más profundos que con días de charlas”, apuntó Sasa Guadalupe, actriz, cuentista, titiritera y “curadora” de la exposición.

Si el arte no tiene filtro, los chicos y chicas que participan de la muestra tampoco lo tienen para utilizarlo. Samuel y Mauricio no dejan el lápiz y el libro, dicen que escriben cuando van al Dignidad, cuando van a la escuela, cuando están en su casa, cuando duermen no todavía. Escriben, corrigen, le leen a sus compañeros, tratan de buscar una rima para transformarlo al hip-hop. “¿Y Mustafá?”, preguntan por Mustafá Yoda, el cantante de hip-hop que se sumó al grupo de artistas que acompañan la muestra, que mientras siga girando permitirá leer las rimas de plumas como la de Samuel:

La sociedad discrimina y margina
a los guachos de la esquina
çque se ganan la vida
sobreviviendo del choreo
que permite la policía.
La gorra es una horma
que forma (y deforma) a
los pibes delincuentes
que no saben lo que sienten.
La yuta está caliente
porque la dignidad está también presente.

La Policía también es una realidad en el barrio Virreyes, en la localidad bonaerense de San Fernando, y el gatillo fácil es uno de sus rostros. La obra de teatro que ponen en escena los estudiantes de tercer año de la Escuela Media N°8 en cada muestra pone en juego la violencia policial, el abandono familiar, el embarazo adolescente, problemas que no parecieran entrar en una solo guión. “Durante la obra interpretamos roles que la gente del barrio vive en carne propia. Por eso, para nosotros es una gran experiencia poder interpretar la obra, no sé si podremos concientizar, por ejemplo, a las chicas para que se cuiden, que no queden embarazadas sino tienen un novio, una casa, pero en el intento no perdemos nada. Actuar es mostrar la realidad del barrio”, aseguró María Salazar, que cursa tercer año en Virreyes. “Los chicos están marcados por lo que se les dice: negritos, villeros, chorros, pero al empezar a expresarse sienten que pueden ser escuchados y no están solos. Al principio, no creen que poder pero el arte tiene la fuerza de la expresión propia y es valorada por la gente”, resumió Juan, otro de los actores de Virreyes.

Villegas es otro de los barrios del conurbano donde la propuesta de campaña llegó para hacerse arte y la artista Veroka Velázquez sumo su experiencia en arte plástico. “Los niños tienen el instinto de dibujar, al igual que el habla son las primeras formas de expresión. Por eso, incentivar el dibujo significa recuperar la infancia en barrios donde a los ocho años los chicos y chicas ya viven como adultos --explicó Velásquez--. Los pibes tienen un mundo que nunca pudieron exteriorizar y no es que a ellos les cuestes expresarlo sino que a los adultos les cuesta escucharlos y lo justifican estigmatizándolos.”

* La muestra itinerante Ningún Pibe Nace para Chorro es el resultado del trabajo colectivo de: lacava.org, Movimiento Social Dignidad, Escuela de Gestión Social Creciendo Juntos, Asociación Civil Vecinos de Villa Corina por un futuro mejor, Escuela Media Nº8 de Virreyes, Escuela de Formación Profesional Nº 24 de Flores, Cooperativa de Trabajo Chilavert, Cooperativa de Trabajo Hotel Bauen, Veroka Velásquez, Mustafá Yoda, Daniela Andújar, Sasa Guadalupe, Hernán Cardinale, Julieta Colomer, Adriana Maidana y Laura Gómez.

lunes, 18 de octubre de 2010

Discos: “Cancha rayada” (Javier Aguirre, 2010).-

En un vertiginoso trabajo de 15 pistas que se completan en media hora, el músico y periodista ofrece historias mínimas, relajadas, gozosas e inevitablemente divertidas.

Por Luis Paz

Buenos Aires, octubre 18 (Agencia NAN-2010).- Nadie pensaba en el Bicentenario el 8 de julio de 1990. Menos habría de hacerlo él: caso raro de mexicano nacido en el Uruguay. Estaba en Italia, con su bronceado de galán mesoamericano, vestido de impecable negro, con el ala ancha de su chomba más blanca que las líneas de cal de la cancha a la que salía, tal vez el más importante sitio del mundo en ese momento. Su nombre era y es Edgardo Codesal: el indigno referí que ese día expulsó a Pedro Monzón y Gustavo Dezotti, jugadores que defendían la albiceleste en la final de la Copa del Mundo de Italia 90, contra Alemania Federal. El cínico tipo que faltando cinco minutos les regaló un penal a los germanos y le puso para siempre esa angustia y esa bronca argentina a la brillante canción de aquel mundial. “Turro Edgardo Codesal / para ti seremos casi / lo que fue para los nazis / el tal Simón Wiesenthal / La concha de tu madre Codesal”, se venga Javier Aguirre, músico, periodista y treintañero.

Importa la edad porque en los mitos de su generación (Yeti), en sus héroes (Chuck Norris), sus gestas (la de “Domingo Lamas”) y sus caídas (Italia ‘90), toma forma Cancha rayada, un reciente disco digital que en verdad con una impresora y una grabadora de CD, simplemente, se convierte en disco para la batea personal. Entre todas esas referencias (y muchas, muchísimas más), brillan las historias mínimas de Aguirre: tiernas, relajadas, gozosas e inevitablemente divertidas.

Todo lo de Aguirre es, fundamentalmente, revelador, cínico y entretenido. Y si esas son tres características que marcan lo que es “un buen disco”, pues Cancha rayada es un discazo. Porque, además, lo que pasa es que no todo queda en esa picardía instructiva que muestra en el suplemento NO, en el periódico Barcelona, en el libro Puto el que lee o, detrás de escena, en la ópera cumbia Mueva La Patria. Así como allí hace periodismo, política y espectáculo, en Cancha rayada logra lo que un buen disco precisa más allá de revelaciones, cinismos y fuegos de artificio: canciones.

Son 15 en media hora, un ideal punk en el que Aguirre construye otro ideario de melodías beat, otro tipo de ternura pop y un Bestiario paralelo, ahora musicalizado, en el que cambia a la desazón del abandono a manos de su chica por los goles de la B; pese a todo pronóstico gana las caderas más preciadas; recuerda al Hombre de las Nieves (que “no tiene nada de abominable”) y a San Martín; cambia bar por salina y se pelea con los grandes del cine en el videoclub.

Sí, son como unas crónicas de viaje e historia de vida dispuestas a desentrañar lo más expuesto de la estupidez y la ternura humanas, como en “Esta canción es una mierda”, “Estribillos espectaculares”, “La empleada más linda del puesto de peaje” y “Nuestro amor”, esa en la que deja un destello que Elvis Costello debe estar envidiando: “Nuestro amor está escrito en las estrellas… pero con errores de ortografía”.

viernes, 15 de octubre de 2010

Ana González Vañek: “Es un error pensar que si el arte no se entiende, no comunica”.-

La bailarina y licenciada en Ciencias de la Comunicación acaba de presentar su ensayo antropológico y sociológico
“Lo que resiste sobrevive enquistándose”,
en el que analiza algunas problemáticas de la danza contemporánea. Por ejemplo, que
“s
e crea que el público tiene que contar con las herramientas conceptuales que algunos teóricos plantean que tienen que poseer para entender un espectáculo
”. A ello contrapone
trabajar sobre cómo quebrar con ciertas formas cartesianas de ver el mundo
.

Por Ailín Bullentini
Fotografía de Martín Lo Nigro

Buenos Aires, octubre 15 (Agencia NAN-2010).- Bailarina “de toda la vida” y licenciada en Ciencias de la Comunicación tras transitar por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Ana González Vañek logró encausar sus dos pasiones en la búsqueda permanente de respuestas y soluciones a un sólo interrogante: ¿por qué la danza es la hermana excluida de la familia de disciplinas artísticas? Así, desde dos proyectos de investigación que integra (por un lado Antropología y Cuerpo y por el otro Danza y Comunicación, que además dirige y del que nació DanzaNet, una publicación online dedicada a esta práctica artística) intenta dar con la tecla. Su más reciente publicación, “Lo que resiste sobrevive enquistándose”, plantea la problemática que la danza contemporánea experimenta en relación a su expansión en la sociedad. Agencia NAN dialogó con ella para ahondar en detalles.

-- A la danza contemporánea se la cataloga como un arte incomprensible…
-- Es un error. Desde el sentido común, se tiende a pensar que hay que entender sobre algo para ir a verlo, especialmente una obra de arte. Si no se entiende, se piensa que no comunica, que no transmite nada. Con la danza contemporánea pasa eso. En realidad, la danza contemporánea es una práctica social, un discurso que no se ha popularizado y que no apunta a generar un entendimiento en el espectador. El problema es el de la dificultad de acceso a las “razones” del emisor, más allá del trabajo que se haga sobre las condiciones de producción y de reconocimiento. El artista no es un semiólogo, un comunicador. Es una persona que está expresándose a través de la danza.

-- ¿Y cuál es esa dificultad de acceso?
-- La dificultad aparece cuando se cree que el público tiene que contar con las herramientas conceptuales que algunos teóricos contemporáneos plantean que tienen que poseer para entender el espectáculo. Allí se explica la falta de público en esas obras, que es real. A la primera función de una puesta van los familiares y amigos. A la segunda, los que no pudieron ir a la primera. En la tercera función hay sólo tres personas. Da lástima realmente. Para mí es un problema de comprensión y no de entendimiento. El entendimiento es una relación del sujeto contemplando a la obra objetivada. La comprensión propone dejarse afectar por la obra, en un vínculo en el que el público, al mismo tiempo, construye sentido y, de ahí, crea para sí. Cuando las personas cercanas a la danza invitan a otras que no lo están, al finalizar la obra, les preguntan: “¿Qué me quiso decir? Explicame vos que lo entendés”. Hay que trabajar sobre cómo quebrar con ciertas formas cartesianas de ver el mundo y hacer accesible la danza desde un lugar más sensorial, desde la percepción corporal. Salir un poco de ese sentido común.

-- ¿Por qué supone que pesa esa creencia de que sólo el que practica la disciplina es el que puede comprender la obra?
-- La comprensión de la danza contemporánea no debería estar encerrada en ese lugar donde la educación artística la colocó. Hay un monopolio del conocimiento en la danza que no está bueno y no ha contribuido a la expansión de la práctica.

-- ¿Qué herramientas tendrían que ponerse en juego para romper con los ejes cartesianos de los que habla?
-- La educación es fundamental. No sólo la educación del artista como comunicador de su arte sino también la educación de los espectadores. Uno de los puntos que proponemos desde el grupo de investigación es llevar la danza contemporánea a las escuelas primarias, ¡aunque a nivel inicial sería genial! Si desde chiquitos empiezan a distinguir ciertas capacidades que exceden el pensamiento, con el que después se van a entrelazar y lograr ampliar su percepción del mundo, es seguro que adquirirán otra mirada.

-- ¿La danza contemporánea tiene que ofrecer algo que el público no esté buscando, que le rompa la estructura? ¿Cómo afecta eso a la difusión de la disciplina?
-- Sí, eso sucede. Pero es una característica del arte contemporáneo en general, que plantea una salida de los cánones de comprensión del mundo de la modernidad. La danza contemporánea en particular, además, apela a otros sentidos. El tema de la corporalidad es fundamental. No existe una obra escénica desencarnada. Por otro lado, en la mayoría de los casos, prescinde del lenguaje, por lo que se genera mucha mayor dificultad de acceso en los espectadores. La difusión, entonces, es un problema muy grave. La difusión, impulsada por la crítica, debería estar constantemente presente en todas las prácticas sociales, más en el arte. Mucho más en una práctica como la danza contemporánea.

-- ¿Por qué si se habla de difusión y expansión de la disciplina, se acude a la figura del crítico?
-- El tema de la difusión no se puede desligar de la crítica, que es fundamental. La danza contemporánea habla en un lenguaje muy nuevo, en el que confluyen un montón de prácticas: la música, lo escénico, en algunos casos lo verbal. Entonces, a veces la crítica se encuentra con un problema. Existe el ruido, algo que no está funcionando bien en relación con el objetivo de su función, cuando los críticos, sobre todo los de los medios masivos de comunicación, no construyen puentes con el espectador para que éste vaya a ver danza contemporánea. Ser crítico no es criticar por la positiva o la negativa, sino ofrecer herramientas al espectador.

-- ¿Y cuáles son esas herramientas que el crítico tiene que ofrecer al espectador para que se sienta más seguro a la hora de elegir ir a ver una obra de danza contemporánea?
-- No sé si la enumeración de herramientas funcionaría porque es algo muy subjetivo lo que genera la obra en un crítico y en otro. Por eso, es una pena cuando lees diferentes críticas y todas dicen más o menos lo mismo. Me parece que en todo caso lo general y lo más importante es considerar al espectador, más allá de la obra y del artista. Muchas veces, se genera una especie de complicidad entre artistas y críticos que atenta contra el objetivo de hacer accesible la obra al espectador.

-- En
Lo que no...” plantea que crítico, artista y espectador conforman un triángulo fundamental para que la obra sea accesible al público. ¿Por qué?
--No es imposible, pero la figura del crítico no va a desaparecer. Es muy importante su función. Sobre todo en las artes contemporáneas. Aún así, creo que no es el único camino para hacer accesible la danza. La educación, como decía antes, es imprescindible. Es fundamental generar proyectos educativos que incluyan la danza en la educación. No me refiero a cambios en el sistema educativo, porque esos proyectos también pueden nacer desde lo independiente.

-- Anteriormente comentó que la danza contemporánea habla en un lenguaje nuevo, ¿cuál es el cambio que ofrece respecto de otros lenguajes artísticos, cuál es la ruptura discursiva?
-- El cuerpo es fundamental. Si bien en teatro el artista está presente, en la danza contemporánea es el cuerpo el eje principal. Más allá de todos los recursos escénicos o discursivos que se puedan agregar, la especificidad de lo que se tiene que trabajar está ahí, en el vínculo que se genera cuerpo a cuerpo. Y en este punto es donde también se puede trabajar, desde la educación y la difusión, para mejorar la accesibilidad a la disciplina. Hablo de la relación cuerpo a cuerpo del artista y el público. La educación se entiende como un pasaje de información. Lo mismo pasa en los medios: yo docente, yo periodista, yo crítico, te paso la información, convertida en objeto, a vos. Hay que transformar esa relación para no sólo descentralizar el vínculo, sino también para poner a ese objeto, la danza, en un lugar de práctica en relación.

-- ¿Qué aporta a la expansión de la disciplina el comprenderla como práctica social?
-- Es fundamental que se entienda como una disciplina que se manifiesta en un contexto, ubicada en un espacio y un tiempo concretos, que está atravesada por otras prácticas sociales. No es lo mismo analizar una obra creada en Buenos Aires que en el Interior. Todo esto apunta a generar un compromiso con el campo. Cuando voy a ver danza, no voy a ver algo que se objetiva frente a mí sino que yo soy parte de esa obra y esa obra es parte de mí. Con ella compartimos un espacio y tiempo particulares de la historia.

-- Habló de difusión y educación: ¿qué pasa en la relación con el Estado a la hora de pensar las dificultades de expansión de la disciplina?
-- Soy muy crítica en relación al rol del Estado. En primer lugar, me parece que existe una falta de evaluación y criterio para otorgar subsidios impresionante. ¿Con qué criterios deciden a qué proyecto artístico o de investigación subsidiar? Al ver los resultados, eso no queda claro. Me parece que no existe una reflexión acerca de qué se está subsidiando ni para qué. Por otro lado, no se subsidian proyectos que trabajen en la difusión de la danza. Pasa con Prodanza (instituto del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dedicado a la disciplina). ¿Cómo un organismo cuyo objetivo es contribuir al desarrollo de la danza independiente no cuenta con un rubro que apunte a su difusión? Otro tema, a nivel nacional, es la falta de recursos. El Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) Artes del Movimiento, no cuenta con un edificio propio. Cuando lo que yo llamo humus, el fondo de la cuestión, está funcionando mal, influye y repercute en todo lo demás.

-- ¿Considera que se debe a una cuestión de desconocimiento, de falta de compromiso o de falta de ganas?
-- Desde el Estado no hay desconocimiento. Esas cosas se saben. Es falta de compromiso y falta de ganas. Falta de que alguien que cuenta con el poder simbólico haga algo. Porque esas personas existen, pero podrían hacer mucho más de lo que hacen por cuidar intereses políticos y económicos. Entonces, cuando aparece alguien que tiene mirada crítica, les es incómodo y no los dejan crecer demasiado. Desde DanzaNet y desde los grupos de investigación, decidimos mantenernos corridos de las formas con las que se viene laburando y que se han popularizado en el funcionamiento de la danza. Hay regularidades que permiten el funcionamiento del campo. Por eso me parece interesante aprovechar la brecha de la que hablaba y meterse ahí, explorar y expandir.

-- ¿Debe la danza contemporánea ser crítica de un orden social? ¿Tiene que plantear un conflicto sí o sí?
-- No creo que tenga que ser así. El artista está creando. La crítica aparece sola. El artista contemporáneo, como cualquier artista, está creando. Está atravesado por diversas situaciones y está queriendo comunicar algo, despertar algo. Hay propuestas que hacen hincapié en lo estético, otras que lo hacen en lo conceptual. Hay otras que son súper críticas y que, así y todo, recaen en cierta incoherencia en la búsqueda del espacio donde exponer esa obra. Pero bueno, son contradicciones que te permiten vislumbrar esa crítica, esa brecha.

-- ¿Una puesta que sea crítica debe indefectiblemente ser expuesta en circuitos alternativos y darle la espalda a los medios masivos a la hora de difundirse?
-- Creo que no. Sobre todo si es una puesta crítica, debe buscar los medios y los espacios, aprovecharlos todos porque el desafío es pensar en el espectador, en quien recibe la obra. La danza contemporánea ocupa un lugar alternativo en la sociedad. Por eso titulé al ensayo “Lo que resiste sobrevive enquistándose”. La danza contemporánea es eso, es un discurso que resiste, pero que para sobrevivir, para existir, se termina enquistando a nivel mediático y a nivel Estado. Y está bien, porque es lo que le permite su propia existencia como práctica y en un punto su funcionamiento. Bueno, para que esto se expanda, sí, hay que apostar a abrir la llegada del sentido construido, incluso en los medios masivos. Aquí, la importancia de la figura del crítico, que debe lograr que no se pierda la esencia del sentido crítico --valga la redundancia-- de la obra.

miércoles, 13 de octubre de 2010

“Xiclo titiritero para toda la familia”: de los titiriteros que son solistas.-

Todos los domingos de octubre en el Guapachoza, el encuentro pretende combatir un viejo mito: el que liga a los títeres a las grandes compañías. Cuatro de los cinco espectáculos que lo integran son unipersonales, en los que titiritero se ocupa de la producción, la dramaturgia y la dirección.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Agarrate Catalina

Buenos Aires, octubre 13 (Agencia NAN-2010).- El debate respecto del origen del Teatro de Títeres, cuya estética y significación difieren ampliamente de otros tipos de representación escénica, gira en torno a los diferentes momentos históricos que señalan los especialistas del tema. Están los que sostienen que la tradición viene de las sombras de las cavernas, los que aseguran que es un fenómeno paralelo al teatro griego y los que declaran antecedentes en los juglares, trovadores y bululúes, entre otras corrientes. Lo cierto es que, sea cual fuere su verdadero origen, el teatro de muñecos ha sido históricamente asimilado a grandes compañías de personajes-titiriteros y, por defecto, a una gran cantidad de personajes-títeres en escena.

Frente a esa concepción, el “Xiclo titiritero para toda la familia”, ciclo de espectáculos de títeres a la gorra que se presenta todos los domingos de octubre a las 16 en el Centro Cultural Guapachoza (Jean Jaures 715, Ciudad de Buenos Aires), llega para combatir al viejo mito de las compañías multitudinarias y a imponer una nueva impronta: cuatro de los cinco espectáculos que allí se exhiben son de grupos solistas --el restante es de dos personas--, fenómeno cada vez más común entre los titiriteros contemporáneos. “El titiritero es solista por naturaleza”, sostuvo, en diálogo con Agencia NAN, Paula Vidal, organizadora del ciclo y fundadora de la compañía Lotítere, que se presentará junto a los grupos Agarrate Catalina, La Revoltosa y El Buscatiempos.

Adriana Sobrero es docente de la cátedra Plástica y Realización de la Escuela Municipal de Actores Titiriteros de Avellaneda y fundadora de Agarrate Catalina, compañía de títeres de diez años de edad. La luna como testigo, su último espectáculo, es un número pequeño y transportable, pensado para ser trabajado por una persona. “Siempre trabajé en grupos, pero por razones económicas y para poder vivir de esto que amo, decidí hacer el unipersonal”, confiesa la titiritera, que cuenta que es mucho más creativa en grupo y que es ahí donde surgen las cosas más interesantes a la hora de crear.

Para ella, contar con más titiriteros (y con más manos) da la posibilidad de construir una puesta mucho más compleja. “Obviamente, el trabajo solista carece de una cantidad importante de recursos, pero también aporta muchas herramientas de crecimiento en lo que uno hace”, afirma, y reivindica el trabajo colectivo porque “permite aceptar diferencias, congeniar coincidencias, compartir y disfrutar de un proceso creativo conjunto”, aunque no vivir de la profesión.

Actor, titiritero, director, dramaturgo y docente, Leonardo Vitale, de la compañía El Buscatiempos, que en diciembre cumple dos años, presenta Historias de vereda, un espectáculo que él define como “autosuficiente y popular”. El artista asegura que la primera razón por la que trabaja de manera solista “tiene que ver directamente con la libertad” y que surge cuando lo que se tiene para contar y proponer sale de uno mismo. El actor sostiene, además, que “todo titiritero tiene que tener su número solista ya que el proyecto se hace mas redituable y accesible”, aunque asegura que el producto cambia mucho si es de a uno, sobre todo técnicamente.

Para Vitale, “encontrar un compañero con el que se logre una integración sana y no contradictoria es muy difícil” y dice que en esa búsqueda juega a veces un papel importante el ego, “la dificultad para lograr la unión que hace que nos cueste caminar al lado del otro”. El titiritero sostiene que las contras de actuar solo son muchas, sobre todo escénicas, “porque a veces uno tiene ideas que solo son imposible de realizar”, pero también anímicas, “porque todo el peso de la energía de la función y la fuerza que hay que tener para llamar la atención del público están puestas en uno”.

Paula Vidal es titiritera egresada de la escuela de titiriteros de Avellaneda y de la escuela de titiriteros del Teatro San Martín y fundadora de la compañía Lotitere, de seis años. Con Culuti y amigos, el espectáculo que presenta el próximo domingo 17, asegura que trabajar como solista le da la independencia de poder moverse sola, y que eso es importante porque le permite disponer de su tiempo como quiere y puede. “Es difícil ponerse de acuerdo con otras personas en cuanto a fechas, ensayos y todo lo relativo a la obra, aunque trabajar con otros siempre es más divertido”, confiesa la organizadora del ciclo.

Para la actriz, el trabajo en equipo le brinda mucho al espectáculo porque “a la hora de trabajar, cada uno aporta su creatividad frente al proceso creativo, lo que hace que no sea tan agotador como cuando toda la producción, dramaturgia y actuación recae en uno sólo”. Vidal asegura que el titiritero “de por sí es solista”, pero que la decisión de encarar un trabajo de a uno a veces nace por una cuestión económica.

La actriz y titiritera Julieta Esteves, de La Revoltosa, compañía de títeres que tiene dos años y que “cuenta historias utilizando diferentes lenguajes”, entre las que se encuentra su actual espectáculo El reino del dragón, que se presenta el domingo 24, considera que el trabajo solista es un “desafío único” que ella vio necesario transitar, aunque siempre nutriéndose de las miradas de grupos amigos. Por eso, la construcción de su unipersonal fue de la mano de una directora que la ayudó en el proceso creativo de su espectáculo.

“Es otro tipo de propuesta, con mas limitaciones de acuerdo a las técnicas y posible gracias al sostén que uno le ponga a la escena”, cuenta la titiritera. Esteves celebra el crecimiento de los espectáculos solistas y “sobre todo el de titiriteras mujeres, porque hasta hace poco había muy pocas de ellas participando del movimiento solista”, pero asegura que una de las contras que tiene trabajar de a uno es “tener que girar solo todo el tiempo”.

El Buscatiempos: www.elbuscatiempos.com.ar

martes, 12 de octubre de 2010

“Peor que robar un banco es fundarlo” en La Tertulia.-

En tiempos en que las salideras bancarias ocupan el espacio mediático que antaño ocuparon los motochorros y antes los secuestros express, Alejo Beccar dirige una sátira teatral que se pregunta por la inseguridad. La respuesta es un mensaje concreto, gritado a los cuatro vientos y sin pretenciones de objetividad.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Peor que robar un banco es fundarlo

Buenos Aires, octubre 12 (Agencia NAN-2010).- Porque cuando Ecuador estaba en llamas algunos programas de televisión --en ocasiones como ésa, la gran ventana para acceder a una realidad cambiante minuto a minuto-- hablaban de eso. Porque es el caballito de batalla de la oposición, el tema que preocupa a los sectores más alejados del kirchnerismo, pero no los ocupa. Porque que la misma problemática sea siempre tapa en el mismo diario no es por falta de originalidad. Porque el mapita que diseñó Francisco de Narváez no parece surtir efecto. Porque en la víspera del censo ya hay argentinos que pusieron el candado en la puerta. Porque cualquier vecino no negará su existencia. Sí. La inseguridad existe. A esta altura nadie lo duda. Pero el gran problema podría ser otro y el eje estar corrido. Por eso, entre tanto bombardeo mediático, entre tanta noticia sangrienta y poco análisis, entre tanto candidato que promete, otros espacios de comunicación pueden dar la excusa para detenerse. Para preguntarse, al menos, si primero el huevo y después la gallina o qué.

Por todas esas razones Peor que robar un banco es fundarlo llegó a la cartelera en el momento justo. Y es un ejemplo de teatro como modo alternativo de comunicación. El teatro es por sobre todo un medio de comunicación cuando el autor, en este caso Alejo Beccar, monta una escenografía, convoca a un par de actores, piensa en un argumento que tenga que ver con la coyuntura, origina a partir de allí la seguidilla de diálogos y da un mensaje concreto, simple, llano. Todo lo que conforma el hecho teatral está al servicio de eso, más que de contar una historia o de subyugar estéticamente al espectador. Las últimas son alternativas más que válidas, también las más frecuentes. Es que por algún motivo, en el teatro no predominan las bajadas de línea. Es más: suelen estar mal vistas.

Por eso, la obra que puede verse en La Tertulia (Gallo 826) los sábados a las 21 vendría a ser al teatro lo que es el programa de Víctor Hugo a la televisión: la independencia, cuando hay algo que se quiere comunicar, no existe. El teatro independiente --vaya palabra-- también depende de la cabeza de los sujetos que lo crean. Y entonces Beccar no lo dice crípticamente, lo grita a los cuatro vientos a partir de la historia de un ladrón que toma un banco: “¡La inseguridad es un problema, pero miremos a los que tenemos al lado y analicemos el problema con un poco más de perspectiva! ¡La pobreza es una de las grandes causas de la inseguridad!”

Qué otro género podría haberle calzado mejor a ese intento que la sátira que pone de manifiesto un problema social, mediante la burla, la ironía y la ridiculización. Aboga también por una mejora, de ahí que se le atribuya cierto halo militante. En la obra, todos esos recursos parten de un interrogante que formuló, bastante tiempo atrás, Bertold Brecht: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”. Es fácil la respuesta, está en el título. Un ladrón sumamente inocentón ingresa a un banco para llevarse todo lo que el tiempo le dé. Un ladrón que poco sabe de robos y menos de malicia.

Son contados los segundos para que el espectador se prepare. Enseguida, las personas de la fila se convierten en rehenes. Es una buena radiografía de la cola de un banco. Y, yendo de lo particular a lo general a la manera del método inductivo, también la galería de una sociedad en decadencia. Están todos (más que personajes, podría hablarse de roles): la pobre embarazada a la que nadie le cede el lugar, el político corrupto, la mujer mayor sexuada, la pendeja que hace uso de sus atributos para sacar algún rédito, el tipo de seguridad más incompetente del planeta. Están todos, todos dispuestos a terminar con la vida de ese ladrón que se ha metido con uno de los grandes símbolos de la sociedad capitalista.

Peor que robar… erige situaciones disparatadas, como la participación de las víctimas --debería ir entre comillas, si se piensa en el mensaje de la obra y no en su contenido-- en el pedido que hace el ladrón para poder liberarlas. La embarazada pide helado de chocolate, el funcionario que le depositen dinero en alguna cuenta lejana. Por momentos, algunas situaciones dejan de ser disparatadas y se vuelven infantiles, como el hecho de que el ladrón ¡todavía! crea en Papá Noel. Allí es cuando el humor pierde su cuota de verosimilitud. Es que, quizás, el verosímil no sea condimento fundamental de la sátira y haya que reemplazarlo por lo que se encuentra a la vuelta de la esquina.

lunes, 11 de octubre de 2010

Libros: “Dueños de la encrucijada” (varios, 2008).-

El trabajo editado por Arte Brujo se trata de un análisis artístico y antropológico del culto africanista kimbanda, con la mira en Exu y Pomba Gira.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, octubre 11 (Agencia NAN-2010).- El año pasado, los artistas plásticos Juan Batalla y Dany Barreto montaron en el Centro Cultural Rojas una exótica muestra que reunió obras de Marcelo Bordese, Nora Correas, León Ferrari, Angela López Ruiz, Diego Perrotta, Nico Sara, Melina Scumburdis, Gustavo Tabares, Anabel Vanoni, Margaret Whyte y Guillermo Zabaleta, de escuelas, estilos y procedencias divergentes. El nombre de la exposición hacía de eje de la recolección: Dueños de la encrucijada: estéticas de Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata, etiqueta que portaba ya hacía un año el libro homónimo editado por Arte Brujo, casa que Batalla y Barreto dirigen desde 2003.

En resumen, se trata de un análisis artístico y antropológico del enigmático culto africanista de la kimbanda, con vista en las diferencias y similitudes entre sus prácticas en Argentina y Uruguay. Así, la mirada está puesta en Exú y Pomba Gira, entidades espirituales que integran el panteón africanista y que aparecen con frecuencia en los suburbios de uno y otro país, como contrapropuesta emergente frente al “monopolio” de la fe que es el catolicismo, ya que tan en vilo está la presunta intención de “democratizar” la participación cívica.

Poblado de fotografías de Guillermo Srodek y Barreto --de altares con estatuillas, botellas y cigarrillos y de personas en situaciones de ritual-- además de las litúrgicas producciones de algunos de los artistas que luego expusieron en el Rojas, el libro contiene ensayos del sociólogo y antropólogo Alejandro Frigerio (“Compadre en tiempos difíciles”), del sacerdote Milton Acosta (“Mi compadre Eshu y yo”), de la profesora de literatura e investigadora Amalia Satoy (“Exu”), de la sacerdotisa Susana Andrade (“Ella”), del sociólogo Reginaldo Prandi (“Corazón de Pombagira”) y del propio Batalla (“Representación y deslumbre”). En la mayoría de ellos, se describe al rito como performance y a la materialidad iconográfica y simbólica como instalación artística: esa es la mirada que aporta el libro, el valor estético de una práctica religiosa y marginal.

viernes, 8 de octubre de 2010

PLUP: “No nos interesa la poesía naif”.-

Las integrantes del Proyecto Latinoamericano de Unión Poética tienen bien en claro lo que buscan: movilizar la poesía a nivel continental con un criterio unificador de bloque. Entonces, con pequeñas plaquetas escritas artesanalmente recorren las tierras de la Patria Grande para difundir a poetas noveles o no publicados. “Ese es nuestro granito de arena. Queremos generar un lazo de unión poética a partir de una posición política”, afirman en esta entrevista con Agencia NAN.

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de Plup

“El año 2000 nos encontrará
unidos o dominados.”
[Juan Domingo Perón]

Buenos Aires, octubre 8 (Agencia NAN-2010).- Mientras vientos de unidad soplan por la Patria Grande, ese anhelo de próceres, corrientes que reaccionan ante la división de sectores dominantes o imperialismo recorren la nación sudamericana. En el camino, una novel editorial autogestionada, con pequeñas plaquetas artesanales cargadas a las espaldas de tres jóvenes poetisas. El 28 de diciembre pasado arrancaron con un viaje a Bolivia, que atravesó Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. Fueron más de seis meses deslizando poesías en bolsos ajenos, leyendo en fogones, olvidándolas en vagones de trenes. Incluso, reflexionando sobre poesía, cervezas de por medio, en bares. Ya el nombre revela la principal intención de las poetas: Proyecto Latinoamericano de Unión Poética (PLUP). De regreso a Argentina, Javiera Pérez Salerno, editora viajera, y Cecilia Eraso, comandante de la iniciativa --completa la tribu Ana Laura Rivara--, reciben a Agencia NAN en “una casa K friendly” de Almagro, aclara Eraso. “Acá, somos todas K”, bromea Pérez Salerno, la anfitriona.

Allí comenzó a cimentarse la propuesta a fines de 2009: mientras Javiera ahorraba para un viaje de mochilera por el continente, entre charlas de amigas y pares floreció la idea de publicar y difundir a poetas noveles o no publicados. “Entre todas, surgió el plan de generar ‘algo’ que movilizará un poco la poesía latinoamericana”, explica Pérez Salerno. Siempre con la necesidad de adherir “a la unificación de la región, al pensar desde un bloque y no aislados, para generar un proyecto de unión poética a partir de una posición política. Ese es nuestro granito de arena a la causa”, aporta Eraso.

Por lo pronto, PLUP ya editó 24 plaquetas, entre ellas, un relato de Juan Diego Incardona (ex director de la revista digital El Interpretador y autor de libros atravesados por el peronismo), y poesías de Sol Echevarría, Ana Laura Rivara y Valeria Meiller. Pero el feedback incluyó la publicación de poemarios de los peruanos Oliver Glave Raggio y Tilsa, el ecuatoriano Fernando Escobar Páez o el venezolano Sergio Parra, por nombrar algunos. “Somos una editorial transnacional”, dice un poco en broma, un poco en serio Pérez Salerno, autora de la plaqueta La gran aventura. Lo cierto es que la propuesta alienta la difusión y la lectura de poetas latinoamericanos, ubicados a la vera del canon literario de cada país. “El objetivo también es que los poetas latinoamericanos se conozcan entre ellos”, remarca la poeta neuquina de 31 años.

Confeccionadas artesanalmente en hojas A4, los libritos se pueden descargar gratis en el blog del sello, imprimir directamente en un minuto y luego de dos dobleces armar la plaqueta, lista para leer en el subte, el colectivo o el bar. Así, la iniciativa no se ancla en el ciberespacio, a raíz de una convención de leer en papel. O tal vez, un fetichismo. Para Pérez Salerno “tiene que ver con conectarse con ese objeto de papel, un objeto que sostiene los poemas y permite detenerse en lo que se lee, pero también con la idea de ir olvidandolo”. Menos abstracta, Eraso apuesta por la difusión de PLUP a través de la gratuidad y sencillez del formato: “Esperamos que los lectores contribuyan al recorrido del proyecto, creando una red que imprima, fotocopie, regale, recomiende, linkee los textos, porque el objetivo es sacar a la poesía de un espacio endogámico.”

Es que en el meollo del PLUP subyace la estética y la actitud punk del “hazlo tu mismo” (do it yourself) con el planeamiento de una célula literaria latinoamericana, fusión que sintetiza los mínimos recursos del proyecto con los ideales de impacto. Se suma así a la constelación de editoriales autogestivas, que con una producción heterogénea, catálogos diversos, que van de novelas a poesías arriesgadas, funcionan aún como probetas y semilleros de la monstruosa maquinaria industrial de los letras.

Antes del viaje, los poetas Cristian De Nápoli (uno de los organizadores del festival latinoamericano de poesía Salida Al Mar) y Alejandro Méndez (promotor de poesía latinoamericana) aportaron coordenadas literarias para avanzar por los caminos de la región y no perderse en el intento. “Nos pasaron contactos de poetas, así que cuando llegaba a un país ya tenía algunos nombres, gente que no hubiera conocido en un viaje tradicional. A partir de ahí, fuimos tejiendo redes, compartiendo cervezas, para difundir el proyecto, recibir material, seleccionar y publicar”, comenta Pérez Salerno.

-- ¿Y con qué poesía se encontraron en el camino?
Cecilia Eraso: -- A veces se nota que subyacen los cambios culturales y políticos que están pasando en la región en los textos. Pero si bien hay miradas continentales en las poesías, que se notan en las estéticas, no sucede en todos los países. Por ejemplo, nos llamó la atención encontrarnos con chicos muy jóvenes, graduados de la universidad, que están pensando el mundo grecorromano. Acá, no pasa.
Javiera Pérez Salerno: -- O el uso del inglés…
C. E.: -- Es casi bilingüe la poesía venezolana.

-- Si el presidente venezolano los leyera…
J. P. S.: -- Es que antes de (Hugo) Chávez, Venezuela estaba totalmente atravesada por la cultura gringa. Y esa penetración cultural es nítida mientras vas subiendo, mientras vas hacia el norte de la región. Encontrás que la cultura gringa está muy metida en la vida cotidiana de esos países, como Ecuador, Venezuela. Y eso se lee en sus poesías.
C. E.: -- Es muy evidente esa llamada penetración cultural. Ahora bien, eso nos pasó con los poetas peruanos, que tienen una afinidad, tópicos y miradas, similares a las nuestras. Pero Venezuela es totalmente diferente. Están dialogando con una coyuntura muy distinta a la que nosotros estamos vivienda. Incluso, se repiten similitudes con Ecuador.

-- ¿Qué les interesa publicar y difundir?
C. E.: -- No nos interesa la poesía naif, hoy, muy leída. Algunos poetas están trabajando el vínculo literatura-política: algunos de manera muy explícita, otros implícita, aunque no son obvias las referencias a sucesos históricos, políticos o culturales. Nosotros buscamos poesías que puedan dialogar entre sí.
J. P. S.: -- La poesía latinoamericana, por general, está bastante difundida, pero de poetas que ya editaron muchos libros, incluso muertos. Por eso, pensamos en la difusión de poetas que conocíamos o que fuimos conociendo por el viaje, que leemos, y que no estaban teniendo espacio.
C. E.: -- Pero no publicamos todo lo que recibimos sólo por tener un origen regional. Y cuando publicamos a una mujer, buscamos que sus poesías no sean de género, aunque la temática desde el vamos es súper interesante.
J. P. S.: -- En lo formal, buscamos que sean escritores que también reflexionen y lean poesía. Porque hay muchos poetas que sólo se dedican a escribir. Son principios fundamentales que hacen al buen poeta: escribir, reflexionar y leer poesía.

Entretanto, las jóvenes editoras se preparan para cruzar de país en país, llevando más plaquetas, conociendo más escritores y otras personas. Son editoras y distribuidoras mochileras. En Chile en noviembre seguirán deslizando libros en bolsos ajenos, tejiendo redes, cimentando una concepción de poesía latinoamericana. “PLUP viene a acompañar la integración regional, pero a la vez, aprovecha el movimiento de los viajes para hacer un movimiento poético”, recapitula Pérez Salerno.
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