El grupo Buenos Aires Sonora interviene espacios públicos desde 2003 con la idea de compartir un modo de percibir a la gran metrópoli, lejos del emporio de la imagen y de la visión. El método que proponen es infinitamente auditivo, para dejar que los sonidos ingresen y lleguen a tocar las fibras íntimas de los oyentes, ya que hay cientos de rincones urbanos dispuestos a hacerse escuchar. Por eso, sacan los parlantes a la calle, con una fuerte impronta artística, histórica y cultural, para otorgarle nuevos sentidos urbanos a los paisajes habituales de todos los días.Por Nahuel Gomez
Fotografía gentileza de BAS
Buenos Aires, junio 1 (Agencia NAN-2011).- El habitante promedio de una ciudad, como el de casi cualquier otro ámbito, siempre reconoce y destaca lo visual por encima de lo sonoro. La excepción a la regla la pueden llegar a aportar los músicos, que formados y ejercitados en lo auditivo, encuentran diferentes melodías o directamente música donde pocos ponen atención. Como consecuencia de este desfasaje usual, surge una de las premisas fundamentales del grupo artístico Buenos Aires Sonora (BAS) que es la de “compartir un modo de escuchar el mundo, en vez de verlo”, utilizando el espacio público colmado de potenciales instrumentos musicales y provisto de infinitas particularidades sonoras, como materia prima de sus creaciones, según cuenta a Agencia NAN Martín Liut, miembro fundador y director del proyecto. Salir de la sala de conciertos y “sacar los parlantes a la calle” parece ser la manera que elige BAS para concientizar que hay un paisaje dispuesto a hacerse oír en cada rincón de la ciudad.
En 2003 realizaron su primera intervención. Gracias a ellos, la Plaza de Mayo desempolvó su historia sonora: BAS colocó una considerable cantidad de parlantes diseminados en el interior del lugar y reprodujo sucesos históricos, a través un collage de sonidos de multitudes, ambientes, y discursos de los protagonistas particulares y figuras emblemáticas de ese espacio tan representativo de la historia argentina. Lo político, lo histórico y lo artístico se unieron en lo que fue la carta de presentación del grupo, teniendo en cuenta que, más allá de la esencia artística de su performance, contó, para su creación, con la ayuda de historiadores, archivistas y de documentos históricos en cantidad que llenaron de contenido la obra.
El Puente de la Mujer, en Puerto Madero, fue el escenario de otra de sus intervenciones. El lugar, siempre valorado desde lo visual, tomó protagonismo armonioso al convertirse en una inmensa sala de conciertos al aire libre, donde el sonido provenía de algo tan impensado para hacer música como es el caso de un puente. El parecido de esta estructura con un arpa fue un detalle a tener en cuenta a la hora de colocar pastillas por debajo y sobre sus cuerdas tensoras, amplificar la señal y percutir en cada uno de los cables para “hacerlo sonar”.
Las obras de Buenos Aires Sonora no le escapan a los centros culturales, ni a los teatros, pero con la condición de que las creaciones estén representadas en lugares no convencionales de los espacios artísticos. De esta manera, pudieron realizar intervenciones como “120 Máquina Lírica” en el Teatro Argentino de La Plata, función que se desarrolló como una visita guiada en espacios del edificio: las salas de ensayo, los pasillos, las escaleras o los ascensores. También lo mismo sucedió con “Tinta China Sonora”, experiencia musical improvisada, como parte de una muestra de esculturas de León Ferrari que se llevó a cabo en el patio del Centro Cultural Recoleta.
--¿Como surgió esta idea del Buenos Aires Sonoro?
--Estudié música en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. Mi formación tiene que ver con la música contemporánea experimental. En 1997, pude escuchar por primera vez música de Mauricio Kagel, que es un argentino que se formó acá y se fue a vivir a Alemania a los 27 años. Fue una sorpresa para mí, porque era alguien que hacía películas, música, teatro musical, obras para radio; un tipo con una cabeza muy interesante y muy diferente a lo que se habituaba a escuchar acá. Empecé a investigar sobre este tipo de experiencias y me enteré de que había una radio en Alemania, la WDR, que tenía un programa -que todavía existe- que todos los sábados a la noche pasaba obras de arte radiofónico. A partir de esto vi que existía otra forma de pensar los sonidos que no sea estrictamente lo musical. Con un amigo, Abel Gilbert, hicimos una serie de programas de radio para pasar esas piezas radiofónicas y hacer también experiencias propias sobre el ruido en la ciudad. Todo esto me llevó a pensar qué pasaba si sacábamos la experiencia musical que teníamos a la calle, si la alejábamos de la sala de conciertos. Lo primero que hice fue pensar la relación del espacio público con la historia del lugar, y lo que salió fue la intervención en Plaza de Mayo. Desde 2003 para acá hicimos 11 obras diferentes.
--¿Qué es lo que quieren transmitir con lo que hacen?
--La intención es compartir. En el grupo somos mayoría de músicos y lo que los músicos compartimos, sobre todo con la gente que le gusta mucho la radio, es esa idea de que oímos más que lo que vemos. Estamos en una cultura muy visual, pero como músico te formás y aprendés a escuchar. Lo que nos interesa es transmitir a la gente un modo de percibir la ciudad en el que predomine lo auditivo por sobre lo visual.
--¿Por qué eligen el ámbito de la ciudad?
--En una charla, ya me preguntaron: “¿por qué no el campo?”. En parte tiene que ver con lo que me pasa en particular: soy un porteño, urbano, y me interesaba trabajar con el espacio que me rodea, y compartir ese lugar, compartir y competir por el espacio público.
--¿Qué entendés por “espacio público”?
--El espacio público es un espacio social y político en primera instancia que está en permanente disputa. Cuando preguntan por qué salimos a la calle con lo de Plaza de Mayo, en algún punto pienso que es porque la política en ese momento estaba en crisis, y parecía que la respuesta venía desde el arte. Creo que en estos últimos años, la política ha vuelto a estar en primer plano en la calle y entonces esto plantea otros problemas: el espacio público no es sólo un espacio de lo social y lo político, sino también del mercado capitalista, dicho en términos crudos. O sea, el espacio público es un lugar que se utiliza para hacer difusión de venta de mercancías. Nuestra única ventaja hasta el momento (y esto no hay que decirlo en voz alta) es que el mundo de la publicidad se focaliza en lo visual. El espacio público tiene dos problemas: uno, cómo la publicidad quiere usar tus herramientas para vender cosas haciendo arte, y en el arte la idea es generar conciencia, romper con lo que está dado, desnaturalizar lo cotidiano; y lo otro es la disputa con los políticos que se han dado cuenta de que el arte es un buen modo de volver a legitimarse en la calle.
--Con respecto a la intervención en Plaza de Mayo, ¿intentaron privilegiar lo histórico-político o lo artístico?
--Bueno, es la historia de la plaza, pero no es un documental. Es un relato posible entre miles, están los documentos históricos, pero cómo está hecho el montaje, es una decisión política: no es que ponemos la voz de (Leopoldo) Galtieri o (Rafael) Videla y nos quedamos cruzados de brazos. Opinamos sobre eso siempre con sonidos, y aprendemos también a generar efectos de cosas siniestras, jodidas o eufóricas. De hecho tuve que convocar a un guionista amigo, que es sociólogo y periodista político, Ernesto Semán, para discutir mucho sobre eso. Lo bueno de todo, es que si vos no pasaste ese día no sabés lo que opinamos, y en ese sentido estamos haciendo algo que es anti-monumento, arte efímero. El problema de las esculturas es que están todo el tiempo, las hacen y están hechas para durar. Lo nuestro es una opinión política, es una opinión fuerte, pero es una más.
--¿Qué proyectos tienen para este año?
--El espacio público es muy complejo. Teníamos una idea para trabajar en la Plaza de los Dos Congresos, con la fuente de aguas danzantes, pero yo no encuentro la forma de hacerlo en un contexto en el que no se lea como un discurso anti-político, porque para nada lo somos. Lo que pasa es que el discurso del macrismo es muy anti-político, es por eso que el proyecto lo dejamos ahí, esperando mejor momento para hacerlo. Después, en cuanto a la línea más lúdica, estaba el proyecto de hacer una intervención audiovisual en el puente de La Boca, pero los factores a tener en cuenta son muchos, porque por ejemplo, para subirse al puente hay que pedir permiso a prefectura, hay que ver si pedís una ART. Porque, a diferencia del graffitero, nosotros sí tenemos que pedir permisos oficiales, porque tenemos que instalar equipos y es más complicado. En general, lo que estamos manteniendo son dos líneas de trabajo, por un lado, la intervención de espacios como una cosa de juego, de transformar el lugar en instrumentos y por otro, la cosa simbólica del espacio político y demás.
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