Pablo
Grinjot y Daniel Drexler regalaron un set acústico lleno de colores y texturas
de la región para homenajear a la República
Oriental del Uruguay en su Bicentenario.
Por Sergio
Sánchez
Fotografía de Agencia NAN.
Buenos
Aires, noviembre 8 (Agencia NAN - 2010).- Al argentino Pablo Grinjot y al uruguayo
Daniel Drexler los unen mucho más que una genuina amistad, el amor por la
canción o una cuestión regional. Los vincula, primordialmente, un universo
estético y filosófico ¿Y eso qué implica? Implica el abordaje y el
entendimiento de la música rioplatense desde un mismo marco de conocimiento. Hace
un tiempo, Drexler denominó Templadismo
a esa identidad cultural, a contraposición del Tropicalismo. Es que el clima templado de la región en cuestión
–que abarca Uruguay, Río Grande do Sul (Brasil), Entre Ríos, Santa Fe y la Pampa- tiende a sembrar
canciones “suaves”, nostálgicas y melancólicas. Por todo eso, caía de maduro que
tarde o temprano subirían juntos a un escenario como finalmente sucedió: desde
el año pasado presentan un show conjunto denominado Micromundo-Rocha, con una lista que repasa los últimos trabajos de
cada cancionista. Con la excusa de festejar los primeros doscientos años del país
charrúa, los músicos compartieron el sábado sus canciones en la Casa Nacional del
Bicentenario, ante un pequeño auditorio que disfrutó de un recital gratuito. Y,
sí, el clima intimista es el que mejor les cabe.
Apoyados por el contrabajista Fernando Mantaras y el
percusionista uruguayo Tato Bolognini, ambos regalaron un set acústico que
reunió versiones de ambos regadas con colores y texturas de la región. Según
cuentan, cada uno eligió las canciones que más le gustaban del otro. Sin duda,
los mejores momentos del show sucedieron cuando cruzaron sus voces –serenas y cálidas-,
como en “Cuando no estás”. Pero una escena primó en toda la noche: Grinjot sentado
al teclado y Drexler, al frente, con su guitarra criolla; todo bajo la misma
química que los une desde que se conocieron aquél verano en el balneario de La Paloma.
Si bien crearon una banda con todas las de la ley,
cada tanto uno bajaba del escenario y dejaba que el otro quedara solo con el
público, como si el objetivo fuera lograr un diálogo aún más introspectivo. Por
lo menos, esa sensación se vivió cuando Grinjot tocó la “Bella durmiente”-dueña
de una melodía única- y cuando Drexler cruzó el Río de la Plata primero con la inédita
“La serena” y luego con “Camino a la
Paloma”. Y en términos teatrales, se dieron el lujo de romper
“la cuarta pared”: inesperadamente, en “20-21”, el uruguayo se bajó de las tablas y caminó
entre el público: “Mis raíces son del XX / las flores son del siglo XXI / la
alegría es el presente / la esperanza es el futuro”, cantó, a capella, ante la
mirada atenta de los presentes.
Micromundo-Rocha, claro, es el resultado
de los universos sonoros y las experiencias de estos músicos contemporáneos que
llevan varios años en la ruta y que son exponentes de la nueva música de la
región. En vivo, se evidencian tanto los
elementos de la formación orquestal y clásica de Grinjot como el abanico
folklórico de Drexler. Por ejemplo, “Corazón” (Amor, 2011) fue una muestra de la sutileza compositiva y melódica
del cantautor argentino. Solo frente al público desnudó sus emociones más
internas.
El verdadero motivo de la velada –la excusa, bah-
fue la celebración del Bicentenario de la República Oriental
del Uruguay, en el marco de un ciclo que se realiza en el espacio que cobijó a
los músicos. Por eso, antes de la uruguayísima milonga “Rinconcito”, Drexler
dijo unas palabras. “Es precioso este homenaje que nos están haciendo. Los
uruguayos que venimos a Buenos Aires somos mejor tratados que los porteños
allá. Esta canción habla de mi tierra”. Y no quedó más remedio que bailar con
esa suerte de oda en la que describe: “Esquina donde se juntan los ríos /
ilusión de un horizonte que parece palpitar / rinconcito suavemente ondulado /
manto verde sobre el mar”. Para entonces, el contrabajo de Mantaras y el violín
de Grinjot ya eran uno.
¿El
final? Insaciable, el público hizo subir a las tablas nuevamente a la dupla y
entregaron la última de la jornada: “Descolgados”, una canción de Drexler con
aires funk que logró que todos se pararan y aplaudieran de pie. No fue para
menos: doscientos años no se cumplen todos los días.
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