Por Nahuel Lag
Fotografía de Tomás Ballefín
Buenos Aires, diciembre 2 (Agencia NAN-2011).- ¿Cómo seguir adelante después del terror? ¿Cómo elaborar el horror? “¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?”, lanzó el filósofo alemán y crítico Theodor Adorno para pensar la humanidad tras el Holocausto. Por estas tierras tenemos, al menos, 30 mil incógnitas abiertas sobre ¿cómo se pudo? y ¿cómo seguir? Sin duda esa tarea comenzó antes de la vuelta a la democracia, aunque la reflexión quedó relegada por la acción hasta conseguir el fin de los indultos. Por estos días, con centenares de represores siendo procesados y otros tantos ya condenados, los edificios donde el terror ocurrió transformados en espacios para la memoria invitan a revertir aquel legado, pero ¿cuál es su reflejo? ¿Cómo poner luz donde hubo tanta oscuridad? Con una “geometría artística” proponen los artistas plásticos Cristina Piffer y Hugo Vidal en la instalación El brillo de tu mirada (Serie: Labor de Luz), inaugurada hoy en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (exEsma). Redondos, convexos, cuadrados, rectangulares, enmarcados con madera, cinta adhesiva o sin; cedidos por madres, padres, compañeras, compañeros, hijas e hijos de desaparecidos o no, los espejos inundan de luminosidad la historia y traen con ellos la “mirada cautiva de quien se miró en él, de los que están, de los que no, de los que siguieron luchando y de los que vendrán”, resume Piffer.
La instalación –que podrá visitarse hasta el próximo 24 de marzo-- condensa una historia mucho más larga del vínculo entre la pareja de artistas y la luz como materialidad para simbolizar el hueco que en la sociedad argentina significa la desaparición de personas. El primer intento de “revertir esa carga terrorífica por la luminosidad de quienes ya no están”, según explica la artista la carga poética de la luz, fue la presentación, en 1999, del proyecto “la cruz del sur”, junto a Claudia Cronteras. Una instalación con boyas lumínicas sobre el Río de La Plata que reflejara la constelación homónima, el proyecto quedó preseleccionado para el Parque de la Memoria, pero no llegó a concretarse.
“Fue la primera vez que elegimos trabajar con la inmaterial de la luz, algo poético que podía transformar un espacio en cálido y simbolizar, recuperar esas vidas, esos recuerdos, esas imágenes, esas miradas luminosas de compañeros, después de tanta muerte”, indica Piffer, y Vidal agrega: “La luz tiene otra particularidad: se ve sólo cuando nos llega sino parece no estar. Con los desaparecidos ocurre algo similar, si no llega la preocupación, si no llega el reclamo, no pasa nada. Entonces, la intangibilidad no es tal, hay razones químicas o eléctricas por las cuales la luz se produce. En el caso de los desaparecidos toda la maquinaria que los hacía desaparecer tampoco era intangible, todo estaba muy bien planeado”.
La luz se hizo en otras intervenciones públicas de la pareja de artistas como en 2003cuando las trabajadoras de la fábrica Brukman lograron saltar el vallado policial que las separaba de sus puestos de trabajo con punteros lásers, que también las ayudaron a señalar y denunciar las oficinas de los empresarios que se habían marchado y dejado a ellas en la calle. Pero fue en 2006 cuando Hugo Vidal comenzó a acercarse a los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado para conocer sus historias y plasmarlas en los libros de hojas vacías que completaron una muestra en el exDepartamento de Inteligencia D-2 y actual Museo de la Memoria de Córdoba.
En 2009, tras varios de esos encuentros, de la luz como poesía y de la capacidad de los espejos para atraerla al interior del D-2 se realizó la primera instalación. Aquellos espejos e historias se multiplicaron hasta quedar colgados en el interior del Haroldo Conti, a la espera de los que seguirán alimentando esta Labor de Luz, que de la exEsma continuará camino en 2012 hacia la Casa de la Memoria del Chaco, edificio donde funcionó la Brigada de Investigaciones de la Policía provincial durante la última dictadura. Y en cualquier de ellos el impulso creativo surge de una misma pregunta: “¿Qué aportes podemos hacer los artistas en lugares donde funcionó el horror?”, señala Piffer. Y una punta del ovillo puede ser:
--¿Cómo infiere la arquitectura de los distintos espacios al momento de realizar una instalación?
Cristina Piffer:-- La escala, la arquitectura, el funcionamiento y las transformaciones o la conservación de los espacios modifican lo que se hace en el lugar. El Haroldo… se ha transformado en un centro cultural, por lo que ya tiene otra energía. Si vas a un edificio que ha sido menos tocado, se instala distinto. La ventaja de trabajar con luz es que brinda la posibilidad de no modificar absolutamente nada, lo que en muchos casos es importante (en muchos excentros clandestinos se realizan inspecciones oculares para los juicios en curso). Hay que aprovechar la arquitectura y la energía del lugar para generar tensiones.
Hugo Vidal:-- Un edificio modificado, como el Haroldo…, tiene otra impronta. Si el edificio estuviese en las mismas condiciones tendría la misma energía de entonces, continuaría siendo un lugar para el más aguerrido, para el que iba a entrar igual. Al maquillarlo parece un poco más seguro, entonces una persona que viene como simple espectador, a escuchar música o ver una obra de teatro, en un momento, se distrajo y participó, rompió una barrera, dio un paso: del “yo no puedo hacer nada porque no sé” comienza a ver cómo está implicado.
--¿A partir de la apertura de los juicios a los represores hay menos para revelar de aquella historia? ¿Desde lo estético, es un nuevo desafío para simbolizar, para contar?
HV:-- La idea madre del proyecto es saber si se alcanza a movilizar algo que no se movilizó con anterioridad. Hay muchos de los que escribieron las historias que acompañan los espejos que trabajan activamente para los juicios, pero también conocimos a la hermana de un desaparecido que nunca había dicho, y menos firmado, lo que contó… Los juicios ya tienen sus carriles, ya están en marcha; nos interesa aquello rezagado que aún está trabado, tratar de destrabarlo, de alentarlo. Si nos comparamos con Brasil, Uruguay o España hemos avanzado mucho, pero diría que todavía es más lo que no sabemos. Hay mucho remanente, mucha historia que las familias aún no cuentan, mucho que se tiene que elaborar para salir afuera. Por eso, a partir de los espejos como desencadenantes, algo tan doméstico, se puede comenzar a hablar. El espejo es una herramienta para reflejar: situaciones, problemas, qué era, quién era. Y reivindicar aquello y no dejarlo dormido.
--Una herramienta estética para llegar a lo más sensible…
HV:-- Vos podés traer todo a la memoria con imágenes crueles, pero el que está paralizado va a seguir paralizado. Los que estaban en el poder hicieron crueldades para que la crueldad inmovilice: te metían veinte balazos, con uno te morías, diecinueve eran para el resto. Quién era, qué quería, qué soñaba; era rubio, era negro, era amarilla; era amargo, era simpática. Es mostrarlos a ellos y hacia dónde miraban, no el miedo.
CP:-- Una chica de HIJOS nos trajo para la instalación una foto de su papá cuando era chico. Y eso significó traerlo a él mientras busca el espejo, cuando lo carga y lo traía hasta acá, cuando habla sobre él con nosotros… y, por un ratito, hacerlo brillar. Por ese lado viene la instalación, esa es su tarea. Es una herramienta poética de memoria y reparación.
--¿Con el avance de los testimonios en los juicios empieza a surgir un relato de lo íntimo? ¿Dejan de ser los 30 mil y empezamos a conocerlos por nombre y apellido?
HV:-- En un principio fueron los propios organismos los que no querían marcar diferencias: “somos todos los mismos”, “todos iguales”, “todos lucharon”. Era una etapa, había que fortalecer el reclamo. Una primera individualización se podría ver en lo gráfico de los nombres de las organizaciones: “detenidos-desaparecidos”, “ex-presos políticos”, “familiares”. Entonces, en un momento, se pensó que el dirigente Gutiérrez, reclamaba por los Gutiérrez y como era el dirigente de la organización iba a encontrar primero a su hijo, pero Gutiérrez no podía abocarse a reivindicar o averiguar por él mientras buscaba justicia para todos. Son etapas, los organismos avanzaron de una u otra forma, según creían lo más conveniente. En algunos organismos había profesionales y militantes; en otros eran padres y madres, amas de casa, que se encontraron con un protagonismo político que ellos no buscaron. En muchas de esas casas a habido desencuentros entre los hijos de desaparecidos y sus abuelos: ¿Quién habla por quien desapareció? Ahí está faltando una voz. A la larga es un problema para todos: cómo procesamos la historia que falta, hay una voz que no está y la reemplaza otro que no es. Hay un hueco que lo cubrís con lo que tenés. Falta un pasaje, un puente, una experiencia.
0 mensajes de lectores:
Publicar un comentario