martes, 29 de marzo de 2011

Beatriz Pichi Malen: “Me resisto a la globalización”.-

"Si una cultura desaparece es casi una tragedia para la humanidad”, apunta la cantante mapuche. Por eso, desde su lugar de artista, tiene su manera de contrarrestar la desaparición: canta en su idioma nativo. Comenzó hace dos décadas y, desde entonces, esta “mensajera de la palabra entonada” --como ella misma se define-- hizo de la música un bastión de resistencia.

Por Carla López Perelló
Fotografía de Santiago Meligeni

Buenos Aires, marzo 29 (Agencia NAN-2011).-Ella “cuenta y canta” cómo es su pueblo. Lo hace en su idioma nativo: es su forma de resistirse a la desaparición, porque “hablar en cualquier lengua hace a la esencia del ser dentro de la tierra”, relata a Agencia NAN, café de por medio, Beatriz Pichi Malen, cantante mapuche, que esparce su cultura por el mundo. “No quiero que me lleve la ola, como a todo el mundo. Nosotros somos distintos”, define. Es que de los 28 idiomas ancestrales reconocidos en Argentina, seis se encuentran en peligro de extinción, según un estudio publicado por la Unesco hace un año. La lengua mapuche es una de ellas. Y, con el objetivo de evitarlo, Pichi Malen grabó hace dos décadas “un puñadito de canciones para que quien se sintiera identificado pudiera escucharlo”. Sin embargo, la artista no tiene límites a la hora de difundir sus sonidos. Para que la repercusión sea global, ofrece, en el pequeño libro que acompaña los discos, las letras traducidas al español y al inglés.

Al cabo de unas cuantas idas y venidas entre citas con el dentista y viajes imprevistos, Pichi Malen aceptó charlar con esta agencia. En su entorno es denominada como “cantautora” mapuche, definición que, consideró, le queda “grande”. Más bien, prefiere ser tomada como “mensajera y transmisora de la palabra entonada”, de la cultura de su pueblo, uno de los que más lucha por la restitución de la tierra, para seguir existiendo. “La resistencia está en no desaparecer”, sentencia.

La artista proviene de Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Cuenta con un extenso repertorio de reconocimientos que cosecha desde 1990. Aunque su presentación en el festival de Cosquín de 1994 fue la que la llevó al lanzamiento de los discos Plata (2000) y Añil (2002). También participó del disco Me mata la vida de La Portuaria, hizo presentaciones en España, Francia, Eslovaquia, República Checa y la Secretaría de Turismo nacional la contrató como embajadora del arte mapuche, para realizar una serie de conciertos en Argentina.

Pero aún con galardones, flores y aplausos acuestas, sus temas no suenan en las radios del momento ni los grandes medios de comunicación tienen interés en el trabajo que realiza. “Es como si fuera que hay un coro y a mi me dicen que canto muy lindo, pero me ponen atrás. Yo no me siento discriminada personalmente. Pero no soy sólo yo. Atrás está todo el pueblo mapuche. Se trata de lo que encierra”, se sinceró la artista, al reconocer que la “invisibilización y el sojuzgamiento” a las comunidades ancestrales aún hoy se puede encontrar hasta en el mínimo detalle.

--¿Qué rol tiene el conocimiento de la lengua a la hora de enlazar la cultura de los pueblos originarios con la de la Argentina hispanizada?
--Me parece que es vital. Hablar en cualquier lengua es construir y ver la vida de determinada manera. Eso significa que un sonido me va a representar un color y otro sonido, otro color. Ahí está la diversidad. En el mundo mapuche, la pronunciación con énfasis una letra es una sutileza de sonido que está marcando una identidad territorial. Y hace a la esencia del ser dentro de la tierra. Yo lo veo desde ahí. Es enriquecedor, porque uno supone que dentro del mismo pueblo existe el mismo arte, las mismas costumbres, pero esas sutilezas son las que nos diferencian.

--¿Por qué eligió cantar en su lengua nativa? ¿Es una manera de resistencia?
--Sí. Me resisto a la globalización. Me resisto a decir que todos los ritmos son iguales. Para mi cultura la música refleja la manera de ser del cuerpo, hace que uno construya la vida de acuerdo a los sonidos que emite, construya y piense la vida de esa manera. Si puedo cantar en ese idioma quiere decir que veo la vida desde ahí. Partiendo de esa base, uno da cuenta de que tiene que empezar a explicar todo, en un recital, por ejemplo. Y lo hago porque puedo hacer que el otro conozca. No solo cuento que vivo en Argentina, cuento que vivo aquí, pero que soy mapuche y que mi pueblo es una comunidad más dentro del Estado-nación. Cuento cómo es y además lo canto. Y la resistencia está ahí precisamente, en no desaparecer. Es resistir a decir que hablo español y nada más. Yo no sabía mapuche y todavía no lo sé lo suficiente, porque uno no termina de aprender nunca un idioma. Sobre todo un idioma ágrafo, que recién ahora empieza a escribirse.

--Entonces, la lengua es la que deja la huella en las costumbres, en la cotidianidad…
--Justamente. Creo que las mujeres en el mundo tenemos la misión de transmitir culturalmente a los hijos y a las hijas. Por eso, siempre digo que, cuando algo llegó a la cocina de un espacio, literalmente, está asegurado, porque es eso de transmitirse, de pasarse y decirlo. A veces completo y a veces cercenado, porque en la oralidad pasan esas cosas. A veces mutan un poco, pero la esencia queda. Entonces, nosotras somos transmisoras de esa cultura. Por lo tanto, la lengua, las creencias, las comidas, la platería, la poesía, el canto, la interpretación de los sueños, todo eso conforma una identidad que pretendemos que no desaparezca. Aunque hubo una gran pretensión de que sucediera con la Campaña al Desierto. Pero empezamos a trabajar en esa cuestión y así sucedió que aparecieron los cantos (como modo de resistir). Por otro lado, en mi vida me acompañó siempre. Pero no solo a mí, a todos nosotros y en todas las cosas. En el agua de la lluvia, la corriente de los ríos, el mar, el viento, los árboles y la especie humana. Ahora, hacer de eso una profesión es otra cosa.

--¿Considera que lo hace como profesión?
--Sí, por supuesto. Pero no es que lo elegí. Dije: “ahora voy a cumplir”. Si hubiera sido una cantante étnica estaría cargada de esa cuestión exótica. Pero no. Quise simplemente ser una mujer mapuche que encontró el canto. Fue una expresión neta y genuina en mi vida. Me acuerdo que cuando era niña me gustaban los actos del colegio porque cantábamos el himno…Lo cantaba más fuerte que todos. Así la vida me fue llevando, me encontré con artistas que tenían unos sonidos que eran diferentes a los que pasaban en la radio, pero…

--Había algo que faltaba…
--Claro y, en esa búsqueda, me di cuenta de que lo que faltaba era el sonido genuino, pero que yo lo tenía adentro. Y lo hallo cuando me encuentro con mi gente. Como cuando uno se mira en un espejo. Me di cuenta de que ésos eran los sonidos que yo necesitaba. Entonces, sin saber muy bien la lengua empecé a cantar.

--¿Cómo fue ese proceso de aprendizaje de su lengua?
--El que busca encuentra. Pregunté a uno, a otro. Hasta que encontré una Asociación. Ahí había una chica mapuche que conocía muy bien el idioma y que se apiadó de mi ignorancia, empezó a darme clases y a explicarme el sentido de la oralidad, aunque ahora se está empezando a escribir. Eso es lo que pienso hacer y lo que hago: llevar poemas mapuches y traducirlos al español y otras lenguas. Lo entiendo como una resistencia a desaparecer. Es decir que nosotros somos diferentes, ni mejores ni peores. Un grupo de gente que conforma el ser nacional y pertenecemos a él, porque acá hay muchos pueblos que aún hablan su lengua y, lo que hacemos con el canto, es transmitirlo por todos los medios, por eso cuando pude abrazar la profesión me metí de lleno, sin pensarlo demasiado. Me puse a cantar y me dijeron de grabarlo, y lo hice en un casete que llegó a manos de la compañía discográfica. Ellos me dijeron de hacer un disco y yo no tenía la menor idea, pero empezamos a tomar todas las decisiones para ver cómo lo armábamos. Fue el primero y hace diez años que nos lleva por el mundo.

--¿En ese momento pensó en formar parte del proceso de transmisión de su cultura?
--En realidad hice un puñadito de canciones para que no desaparezca. Además, para que todo el mundo la hiciera propia, para que aquel que se sintiera identificado pudiera escucharlo. Por eso está escrito en la lengua mapuche, con los sonidos de la cultura, pero también está traducido al español y al inglés en el libro que acompaña el disco. No es nuestro y de nadie más. Esto es de una parte de la humanidad que yo pretendo que no desaparezca. Sin embargo, los cantos tienen una impronta, yo les puedo colocar la voz, la afinación, todo lo que quieras. Soy la que recibe los aplausos y las flores, pero en realidad el mérito es del canto. Porque tiene cientos de años, la mayoría de los cantos son recopilaciones, es decir, que fueron de voz en voz, alguien alguna vez los creó y les puso su voz.

--¿Cómo definiría a la música que hace? ¿Qué importancia tiene conocer y reconocer a otras culturas?
--Son sonidos colectivos. La gente viene y me felicita, pero yo digo que me sostiene mi pueblo. No es que lo digo desde el escenario y ya me olvido de todo. Cuando hago una presentación, primero voy a la comunidad que hay en el lugar, es una necesidad. Porque sigo buscando. Un periodista decía que soy una buscadora, porque yo no sólo canto, estoy buscando la identidad que en algunos lugares todavía está bastante sojuzgada y en otros se pretende que desaparezcamos, entonces ésa es una manera de persistir, de decir que estamos vivos. Seguimos cantando en nuestra lengua, cantando nuestras rogativas. Si uno incorpora conocimientos de otras culturas, eso se vuelve enriquecedor, y hace que uno afiance y afirme su propia cultura.

--A pesar de la resistencia que ofrecen los pueblos, hay muchos que se extinguieron y otros que van por el mismo camino ¿Qué significa para usted que una cultura deje de existir?
--Siempre me pareció que si una cultura desaparece es casi una tragedia para la humanidad. Porque si desaparece quiere decir que las generaciones venideras no van a tener la ocasión de conocer aquello, es una pérdida en la historia. En cambio, si desaparece en el tiempo por una situación lógica de la misma vida, no podemos preservarlo nosotros. Pero si hay un propósito para ejecutarlo para que desaparezca me parece que más allá de un genocidio, es una tragedia.

--Usted se quejó de la cantidad de trámites burocráticos que debía hacer en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), ¿alguna vez tuvo inconvenientes con la autoría de las letras?
--Jajá. Esa es otra de las cosas con las que peleo con Sadaic. Ellos dicen que es anónimo y, en realidad, no, alguien lo creó. Después, te dicen que tenés que saber música y algunas canciones del folclore. Es toda una situación de no reconocimiento.

--¿Siente que la entidad aporta trabas para la visibilización de los pueblos?
--Para determinadas cosas te piden ciertos requisitos, que no me parecen mal pero, por ejemplo, te piden que sepas leer y escribir. Y yo, a pesar de que sé leer y escribir, vengo de una cultura oral y no tengo la obligación de saberlo. Y me resisto a que tenga que ser a través de esto. No por un capricho, sino por reconocimiento. Es una manera de nuestra resistencia. No quiero que me lleve la ola, como a todo el mundo. No, nosotros somos distintos. Una fracción de lo que es la Argentina, que es la comunidad mapuche.

--Dijo que el concepto de cantautora le queda grande, ¿cómo se definiría?
--Creo que soy una cantora y transmisora de la palabra entonada. Porque llevo y traigo mensajes de las comunidades. Soy una mensajera, ese es mi rol seguramente. El canto está en mí para abrirme ese camino. Creo que mi esencia no es ser cantora, sino “mensajear”. Llevar, traer. Si fuera por mí sola no estaría en ningún lado. Entonces, intento no perder de vista eso. Uno tiene un compromiso, para algo nació, esa es una concepción mapuche. Y cuando me vaya al huenu mapu (tierra de arriba), bueno, tal vez habré cumplido con mi misión.

lunes, 28 de marzo de 2011

Libros: “El señor de los venenos” (Enrique Symns, 2009).-

En esta publicación extendida, el escritor maldito suma nuevos relatos a su diario de viajero, cuyos retazos dejan traslucir una autobiografía fascinante tejida con sus típicas herramientas inmortales: una prosa osada, ácida e insolente.

Por Pablo Sieira

Buenos Aires, marzo 28 (Agencia NAN-2011).- La prosa osada, ácida e insolente es lo que se espera de Enrique Symns. Pero en una autobiografía, sorprende ver semejante cosa. En El señor de los venenos, el “escritor maldito” desnuda todos los rincones de su vida asociados al sexo, las drogas, la noche, las mujeres y las tretas delictivas urdidas en lugares insospechados. Desde ese entramado, describe su íntima y tormentosa relación con la gente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, al tiempo que narra el nacimiento de las aventuras editoriales más transgresoras de las últimas décadas, pintando un cuadro impactante del under metropolitano. Symns desparrama en esta obra críticas y elogios para todo y todos. Y se muestra implacable al exhibir perversiones de todo tipo, incluso las propias: las asume y desafía a que alguien más se atreva a asumirlas. Responder o no a la provocación corre por cuenta del lector.

Esta 4ta edición aumentada de El señor de los venenos, publicada a fines de 2009 por la editorial El Cuenco de Plata, es un itinerario por la vida de Enrique Symns, un hombre que tuvo como única educación formal sólo tres años de escuela primaria y que dedicó buena parte de su vida a vagar sin horizonte, experimentando cuanta situación y sustancia se le cruzaran en el camino. Así devino en monologuista, periodista y escritor, luego de un viaje entre cósmico y mundano que lo llevó de los bares porteños a alguna cárcel de Brasil, pegó una vuelta por habitaciones de dudosa reputación en Europa y lo trajo de regreso a los ghetos argentinos en los que el destape democrático se vivió con mística hedonista.

Por ello, El señor de los venenos podría definirse más precisamente como un diario de viajero eterno cuyos retazos conforman una autobiografía fascinante. En sus páginas, Symns ofrece un recorrido desopilante por el bajo mundo porteño, describe sus mutaciones a través de los años y despliega un singular menú de personajes. Amigos de lo ajeno, mujeres propias y extrañas, dealers y fiolos conviven en esos capítulos dedicados a los bares de la calle Corrientes, al barrio de Once y a otros oscuros reductos que, en la pluma del autor, se perciben casi como un mundo de fantasía negra.

Con una estructura similar a la de Hunter Thompson, Symns desenvuelve impenitente sus fechorías como delincuente juvenil y sus transas de cocaína mientras describe su experimentación con esa sustancia, a la que le suma la marihuana y el ácido, entre tantas otras. Mide cada detalle de su vida y la de su entorno con la vara del crítico despiadado; esa que consiguió con capacidad autodidáctica en libreros superpoblados y en la “escuela de la calle” de la que egresó como un orgulloso Sarmiento anarquista, drogón y encantador. Todo el libro está cubierto por un análisis filosófico-sociológico con tintes de opinología callejera, acompañada del lenguaje cotidiano más grosero. Y esto es lo que hace de El señor de los venenos una obra cautivante: en cada anécdota atractiva asoma una evaluación cruda y a veces cruel de las cosas, contada con un estilo que resulta creativo y exquisito en lo soez y lo común.

Los análisis y las reflexiones que Symns vierte en esta obra siempre arrojan la misma premisa como resultado: “Estamos todos jodidos”. Para el autor, uno de los motivos de esa miseria es el manejo de la palabra, que en varios pasajes está calificada como una suerte de muralla casi impenetrable que nos impide llegar a un conocimiento superior de la vida. Y combinadas con todo este palabrerío están las historias de un hombre que siempre estuvo ligado al ambiente del under del rock. Por sus relatos desfilan algunos de los músicos que llegaron a ser íconos de la música popular argentina, pero Symns no deja a ninguno sano.

Si bien admite que el cariño que sintió por el Indio Solari “no ha desaparecido del todo”, no deja de calificarlo como alguien que “se encerró, como Macri o cualquier otro magnate en Parque Leloir, apartándose de los olores del mundo que impregnan sus canciones, lejos de su poética y de las emociones que fue capaz de provocar”. También cuenta que Charly García “escondía su merca en los rincones para no convidar a nadie y que Los Piojos, en su inicios, contaban con “la lucidez de un empleado bancario con un plan inexorable e inteligente”, en alusión a su ex líder, Andrés Ciro. Pero el que se lleva la peor parte es Pappo, a quien acusa de haber violado a una amiga suya e intentado violar a la periodista Gloria Guerrero.

Symns cuenta todas sus historias con sencillez y exhibe una asombrosa capacidad de escribir como se habla sin degradar por ello su prosa. Esa simpleza funciona a veces como conducto para que fluya un poco de humor entre las historias más escabrosas de músicos afamados pero, a su vez, genera algún estremecimiento cuando sirve para narrar las penas del autor. Y es que, de la forma más cruda, el periodista desnuda ante los lectores sus frustraciones, su sufrimiento físico y emocional ocasionado por la adicción a la cocaína y hasta expone algún intento suicida.

Lejos de ser una apología del uso de drogas o un estrafalario rejunte de anécdotas, El señor de los venenos es una invitación a liberarse de los tabúes imperantes en la sociedad contemporánea. A través de la narración de su tumultuosa vida, Symns ofrece la posibilidad de repensar las características humanas más básicas y más animales. Por ello, con este libro, convida el más dulce de sus venenos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Un Caballo de Troya para recuperar las obras del exilio.-

La estructura construida con cajones de madera, a diferencia de lo que narra aquella historia de la Odisea, contiene en su interior trabajos artísticos, académicos y culturales producidos por argentinos que sufrieron el destierro durante los años más violentos de la última dictadura militar. Hoy, a 35 años de ese golpe que dejó una herida profunda en la historia de nuestro país, dos compatriotas mexicanos se encargaron de restituir parte de esos retazos producidos por cientos de rioplatenses empujados a vivir en territorios alejados al suelo que los vio nacer.

Por Paula Sabatés
Fotografía de Federico Moscoso Feulliade

Buenos Aires, marzo 25 (Agencia NAN-2011).- “Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea”, rezaba el lateral izquierdo del Caballo de Troya, aquel monumental artilugio que los griegos idearon para destruir a su ciudad enemiga tras años de violenta guerra. Si cambiamos esos nueve años por treinta y cinco, a los griegos por los mexicanos, y a la venganza por un noble gesto de hermandad, nos encontramos con El Caballo del exilio argentino en México o El Caballo ArgenMex, una estructura al estilo del mítico equino, proyecto de los artistas mexicanos Yamina del Real y Rolando de la Rosa, construido con cajones de madera que contienen toda la obra artística, académica y cultural producida por argentinos exiliados en México durante la última dictadura militar. “La obra le devuelve mucho a la Argentina. Materialmente, porque traemos producciones muy importantes. Y simbólicamente, porque este es un trabajo que se debería haber producido aquí y se produjo allá”, cuenta a Agencia NAN de la Rosa, que con éste suma nueve caballos encausados en distintas luchas sociales.

El Caballo hizo su presentación formal el pasado miércoles en el campus académico de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y cabalgó ayer en la marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Sus jinetes fueron los propios ArgenMex, que orgullosos tiraron de sus riendas mientras por sus bocinas sonaban canciones hijas del exilio, que algunos recordaban y otros descubrían. “Nos parecía una asignatura pendiente que toda esta producción volviera a Argentina y construimos este proyecto pensando en que los argentinos que se quedaron acá se iban a sentir orgullosos de ver desfilar todo lo que sus compatriotas produjeron durante su ausencia”, sostiene Yamina del Real, fotógrafa, escritora e investigadora mexicana que vivió en Argentina durante seis años, donde -dice- pudo conectarse con el pueblo que hoy homenajea desde su arte. La estructura continuará ahora su recorrido y durante los próximos 35 días será exhibida en Buenos Aires como pieza de arte contemporáneo. El material, va a quedar en el centro de estudios México-Argentina de la UNLa, donde podrá ser consultado.

Entre los materiales –-que incluyen obra gráfica, audiovisual, escritos e investigaciones-- figuran desde un libro de poemas anónimos que escribieron presos en las cárceles, un documental de una hija de desaparecidos que tuvo que exiliarse y documentales sobre la Triple A, hasta estudios de los catedráticos Néstor García Canclini y Pilar Calveiro. “Toda esta obra, aun cuando se trata de la académica, está permeada por el dolor del exilio, por la lucha por la supervivencia, por las ideas, por la libertad y por la seguridad de que vale la pena seguir luchando por un país mejor. Porque, por más que estés aislado, uno es su obra, su historia”, reflexiona la artista. Es que el proyecto “crea un canal abierto de comunicación entre las dos Argentinas, la geográfica y la imaginada”, que a fin de cuentas no dejan de ser otras que aquella misma que en 1976 no le dejó a algunos más opción que refugiarse en otras banderas para pensar lo que querían pensar pero, fundamentalmente, para no morir en el olvido. “Traer el caballo lleno de esa producción es darle tangibilidad al proceso de transculturización que produjo el exilio, porque lo que crearon los argentinos aquí durante la dictadura es otra cosa totalmente distinta a la que hicieron los argentinos exiliados”, agrega del Real.

La escultura tardó tan solo 20 días en tomar forma y fue posible gracias al apoyo de la Embajada de la República Argentina en México y la UNLA. Tiene cuatro metros de altura, diez centímetros menos que la altura máxima permitida para pasar por los peajes bonaerenses. Para de la Rosa, “el caballo como animal tiene una tradición de lucha social muy importante, y en esta oportunidad permite unir a dos pueblos que de por sí se quieren mucho mediante una obra artística y no mediante una medida de un gobierno o un convenio entre embajadas”. El artista cuenta que ya planean un ciclo de documentales producidos por los ArgenMex y que tienen pensado pasear el material por todo el país antes de su resguardo definitivo en el Conurbano. “Lo importante de traerla no es que se guarde, es que se difunda”, afirma el escultor, que además hizo pequeñas maquetas-réplicas, una de las cuales ya fue entregada a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

“El valor máximo que tratamos de resaltar es la solidaridad, el mostrar cómo un país abre sus puertas para personas que no pueden seguir en el suyo, y cómo eso funciona más allá de los gobiernos. Porque nosotros convocamos a toda la gente que estuvo exiliada, y no sabemos si fueron peronistas, montoneros o si no fueron nada”, resalta del Real, dejando en claro que, por más de que contenga el sudor de manos argentinas, el Argenmex es un caballo indudablemente bicultural, creado por personas partidas en dos: con la pena de quien es obligado a dejar su lugar --nota el pie: muchos artistas argentinos no quisieron participar del proyecto porque sentían que en Argentina son mal vistos por haberse “escapado” (sic)-- y el agradecimiento hacia un pueblo que los recibió sin peros. Y además demostrando que quizás sea el caballo más fuerte de todos, el único que cuando cabalga la tierra realmente deja en claro que cualquiera, si así se quiere, puede ser tierra de todos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un Che para la infancia terrible.-

“Che, la estrella de un revolucionario” es el primer cuento infantil sobre la historia del revolucionario argentino. El Ministerio de Educación lo preseleccionó para que sea material de estudio en aulas y bibliotecas escolares. Sin embargo, la publicación de La Marca abrió el debate: las voces en contra no tardaron en aparecer.

Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza de La Marca

Buenos Aires, marzo 20 (Agencia NAN-2011).- Con una estrella como guía, cada página es un paso adelante en la historia de un personaje revolucionario. Y a cada línea, los colores vivos se funden para dar vida al protagonista de este cuento infantil. No se trata de hadas, duendes, súperhéroes u otro personaje de ficción. Las hojas de Che, la estrella de un revolucionario(Editorial La Marca, 2010) relatan por primera vez para los más chicos el pensamiento y los ideales que guiaron a Ernesto Che Guevara a lo largo del continente suramericano. En pliegos multicolor, los jóvenes pueden leer algunas de las frases que fueron de motivación a cientos para pensar un mundo mejor. Esta publicación infantil, que ya está en las librerías, podría incluso formar parte de aulas y bibliotecas escolares, a partir de una presentación al Ministerio de Educación. Sin embargo, la posibilidad de que llegue a las manos de cientos de estudiantes avivó el debate: ¿Qué pueden o no leer los chicos sobre historias de la vida real?

De póster, remera militante y merchandising, el líder revolucionario llegó por primera vez a la literatura infantil argentina. Con ilustraciones a puro color, el texto enhebra a modo de cuento hechos reales con algunos de los pensamientos de uno de los personajes más importantes del siglo XX. Y a su vez, es el relato de un viaje de aventuras en el que un joven llamado Ernesto descubrirá su propia estrella, para guiarlo el resto del camino. Justamente, el astro de cinco puntas en la historia es una metáfora de los valores que guiaron al Che en su proyecto latinoamericano. Las mismas cualidades que la publicación de La Marca quiere rescatar con el objetivo de inspirar a los lectores más pequeños: valentía, compromiso, dedicación. “Es un libro para que los lectores jóvenes y los más chicos guiados por sus padres y maestros conozcan la vida y los valores de uno de los mayores idealistas de la Historia”, remarcaron desde la editorial. El libro ya despertó las críticas. En poco tiempo, la web recibió cientos de mensajes contra la historia para chicos del Che, que tildaban al libro como “el manual ilustrado del guerrillero”.

De modo poético, entre palomas, flores y colores, el libro recorre de modo conciso la vida del Che. Todo empieza cuando Ernesto con su amigo Alberto deciden recorrer en moto América Latina, pasando por diversas experiencias, hasta que decide emprender otros caminos para nuevas revoluciones. Claro está que el cuento evita hablar de enfrentamientos armados, de episodios de violencia o del asesinato del Che, en Bolivia. “Como cualquier personaje histórico, su vida es compleja. Entonces, uno lo sintetiza según la posición desde uno donde quiere leer la obra o al público que va dedicada la obra. Este es un libro de chicos”, contó a Agencia NAN Guido Indij, fundador de Editorial La Marca y autor del libro junto a Constanza Brunet. Las páginas cuentan con coloridas ilustraciones del surcoreano Ju Yun Lee, que también se utilizaron en un libro sobre el Che para chicos en el país del dibujante. Por lo que la crudeza de la guerra y las luchas contra las dictaduras americanas quedan reservadas para otras biografías del Che dirigida a los adultos, que pueden guiar a los más chicos.

Bajo la premisa de L'enfant terrible --una expresión para referirse a niños ingenuos que hacen preguntas terriblemente embarazosas a los adultos--, la editorial lanzó este año una colección infantil llamada La Marca Terrible. “Che, la estrella de un revolucionario” es uno de los volúmenes que se publicaron con motivo del 18° aniversario de La Marca. Los editores ya tienen planeados otros títulos sobre personajes de la historia, pero esos proyectos aun están en proceso. Habrá biografías clásicas como las del astrónomo Galileo Galilei, el pintor Pablo Picasso y el científico Alfred Einstein. Sin embargo, La Marca Terrible va por más, y apostará a libros infantiles, menos habituales, como el relato de la vida de Eva Perón o The Beatles.

--¿Por qué decidieron contar la vida de El Che?
--Quisimos rescatar algunos de sus valores humanos que son posiblemente los que uno como padre le gustaría trasmitirles a sus hijos. El “Che” encarna la solidaridad, el trabajo por el prójimo, el compromiso con las ideas, la lucha constante frente a la adversidad… Sus actitudes y la forma en la que vivió, independientemente de otros aspectos de su pensamiento, son válidos. Esos son los que se rescatan en este libro. El hecho de que no pongamos énfasis en los aspectos de su vida ligados a la sangre, propia o ajena, no invalida el hecho de que tuvo valores por lo que es reconocido en todo el mundo como un icono de la lucha, del compromiso y de los ideales.

--¿Qué reacción provocó el hecho de que los más chicos puedan leer sobre el pensamiento de El Che?
--Los libros cuando están en la calle confrontan con el público y ahí vienen las respuestas. La polémica la instala el diario La Nación con una nota, que en 24 horas tuvo 1200 comentarios muy exacerbados y escandalizados. Los lectores respondieron a ese estímulo, todos comentaron sin leer el libro. Sin embargo, la recepción fue muy buena. Este personaje irritó a los lectores de La Nación.

Ernesto, el protagonista de la historia, avivó el debate sobre qué lecturas (políticas) pueden ser accesibles a los chicos y cuáles no. En poco tiempo, la web recibió cientos de mensajes contra el cuento, que tildaban a la publicación infantil como “el manual ilustrado del guerrillero”.

A pesar de esas críticas, el libro sobre Guevara fue preseleccionado por el Ministerio de Educación de la Nación para llevarse a los alumnos, aulas o bibliotecas de las escuelas. Por el momento, el trámite continúa su curso en el Ministerio. Así sigue en pie la posibilidad de que miles de chicos puedan leer la historia del líder revolucionario, como invitación para también después indagar en los libros de historia con la guía de los adultos. “Tras recorrer miles de kilómetros, la forma en que Ernesto veía al mundo ha cambiado. Es que un viaje puede transformar la mente y el corazón de un hombre…”, relata una de sus páginas.

martes, 22 de marzo de 2011

La Estafa Dub en el Teatro Español.-

De la unión de 11 músicos de diferentes estilos de la escena musical neuquina surgió esta nueva bomba del tiempo que, además de compartir escenario con The Wailers, Nonpalidece, Los Cafres, presentó su disco homónimo ante más de 500 personas en espacios más prestigiosos del valle.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Gisela Chandia

Neuquén, marzo 22 (Agencia NAN-2011).- ¿Cuándo empieza un éxito? ¿Con el reconocimiento de la gente? ¿Cuándo el “producto” está bueno? ¿Con el esfuerzo carnal de quienes lo componen; o con uno de esos golpes de suerte que te toman desprevenido y te hacen dar cuenta del tamaño de las cosas? En el caso de La Estafa Dub, la banda de reggae y dub neuquino, parecen haberse conjugado todos los factores de una misma vez. Por eso, no es casualidad que a casi 3 años de su formación, el éxito se haya dado con una fórmula que a ellos pareciera funcionarles en todos los sentidos de manera natural.

Es así que en estos 11 artistas, la música funciona como algo corporal, instintivo, animal. Algo que Luis Ferri, Mariano González, Juan Fort, Héctor Navarro, Lisandro Parada, Gerardo Armada, Lucas Debenedetti, Christian Massei, Franco Salas, Víctor Barria, Álvaro Castro Rivas, Víctor Zuccoli y Amadeo Bonaiuto demuestran con su arte y que más allá de las estructuras musicales y las formas, no necesitan pensarlo tanto sino más bien sentirlo. Eso quedó demostrado el sábado durante el show de dos horas que brindaron en el Cine Teatro Español ante más de 500 personas.

Cuando las luces se apagaron, cerca de las diez de la noche, el teatro entero se colmó de expectativas. Es que La Estafa Dub se ha convertido en los últimos años en la revelación del valle, una big-band neuquina que en cada show ha ido sumando canciones a su repertorio y el público ha respondido de manera gratificante. Como con el lanzamiento de su disco homónimo en febrero pasado, una obra de arte de 13 temas y una versión de "Guachi Guara" de Chano Pozo y Dizzy Gillespie. Un disco que además es una súper producción artística y musical que hace viajar al oyente por varias texturas y paisajes sonoros, siempre en clave dub.

Así, la presentación del disco fue eso y mucho más. Además de los 14 temas incluidos en La Estafa, se sumaron otros 11 temas al repertorio que alternó momentos instrumentales climáticos, versiones de temas clásicos del reggae y no tanto, y sacudones de jolgorio y alegría entre un poco de ska y dub. En una primera parte, más tranquila que el cierre, sonaron varios temas del disco como "Gordo volvé", "Cotorras", "Pasan Días", "Canción para Rico", "Para que entiendas", "Esclavo" y "La Razón del Dub", además de un cover de Morphine y de Sly & Robbie con la participación de Alex de San Lorenzo City grupo de rap neuquino. A esa altura de la noche, el público pedía más, festejaba con fogosidad las rimas que Alex deslizaba sin pelos en la lengua sobre la realidad del oeste neuquino y mucho más.

Hasta que llegó el momento de "Sin Razones" uno de los temas de autoría propia más antiguos que logró que muchos se parasen delante de sus butacas y comenzaran a moverse con la onda y el ritmo del movimiento dubbero; pausado, cansino. Es en este tema donde, además de la parte rapera de Ras Lucas, sorprende la melódica y precisa voz de Juan Fort que va tomando protagonismo en esta nave multiinstrumental de vientos, cuerdas, percusión, y teclas.

¿Un momento clave? Después de Sin Razones y a una hora de comenzado el show, el aire en el Teatro Español se fue tornando más distendido. Se subió el Mono León a tocar "Para Frattini" con una guitarra criolla para fusionar dub con tango; continuó una versión de "Perhaps" para calentar los ánimos y también se sumó al escenario Fox Collona para hacer "Cuándo cuándo cuándo" de Osvaldo Farrés en versión instrumental con los vientos adelante. La noche siguió con más invitados; con de Nora Reves en flauta traversa para hacer una versión del "Manicero", un clásico cubano en el que se destacó la única mujer que estuvo en el escenario.

A casi dos horas de iniciado el show, era inminente que iba a terminar. Pero, ¿cómo cerrar algo que no parecía querer cerrarse ni para los músicos ni para el público? La mejor manera fue con una increíble versión de "Baby I love you" de los Ramones y la invitación a todos los músicos para hacer "Guachi Guara" –el tema de Gillezpie- en clave de una zapada general y llena de virtuosismo, alegría y guiños amistosos.

¿Qué más hubiese faltado? Casi nada, quizás un poco más de espacio para bailar, pero aún estando en uno de los teatros más prestigiosos del Alto Valle, dónde han tocado grupos nacionales e internacionales de renombre, no faltaron las Coronas con limón para quienes desearon sentirse como en casa de la mano de una de las mejores propuestas musicales de la región.

lunes, 21 de marzo de 2011

Discos: “Tonolec folk, los pasos labrados” (Tonolec, 2010).-

En su tercera producción, la banda norteña de electrofolk ofrece versiones de temas de los grandes compositores del folclore latinoamericano. Estremecedor, el disco sorprende a lo largo de siete cortes no solo por lo logrado desde la fusión instrumental sino también por la versión de “Cinco siglos igual”, cantada por primera vez en lenguaje toba.

Por Laura Cabrera

Buenos aires, marzo 21 (Agencia NAN-2011).- Tal como sucedió con los trabajos anteriores, este nuevo material de Tonolec representa la resistencia y el resurgimiento de la cultura originaria. Con el objetivo de homenajear a los grandes músicos del folclore criollo y latinoamericano, la banda de Charo Bogarín y Diego Pérez realizó una selección de siete temas que luego reversionó con el estilo electrofolk que los caracteriza.

En esta jugosa entrega, las fusiones electrónicas se perciben entre las melodías pero a la vez se hacen a un costado para dar lugar a sonidos más desenchufados y primitivos como el de las chaschas, el acordeón y el n'biké --instrumento de una cuerda, típico de la comunidad toba--. Desde el primer tema, “Qué he sacado con quererte”, de Violeta Parra, hasta “Indio Toba”, de Ariel Ramírez y Félix Luna, Los pasos labrados es un constante juego entre temas clásicos y sonidos nuevos en los que el lenguaje del pueblo toba se presenta naturalizado, como si las canciones hubiesen sido escritas de esa forma.

A mitad de disco, el dúo chaqueño sorprende por la osadía de interpretar el histórico himno popular “Cinco siglos igual”, de León Gieco, en lenguaje toba y reposado sobre una suave melodía protagonizada por el bombo, la guitarra y una base electrónica perdida entre las cuerdas. Pero no es la única rareza, ya que también recrean “Cacique catalán”, de Luis Mendoza, en lengua mocoví y con una alegre melodía.

Más allá de las impecables versiones, Los pasos labrados no habla solo del camino de los grandes cantautores sino de la historia que la propia banda escribe: comprometidos con la realidad social y la necesidad de mantener viva la cultura de los pueblos originarios, la producción del disco contó con la colaboración de la comunidad toba de Derqui.

Como cierre de esta tercera placa, el compromiso se ve reflejado en una sentida interpretación de “Indio Toba”, cantada por Rosalía Patricio, una mujer de la comunidad qom, que acompañada por tímidos sonidos electrónicos deslumbra con una voz que convierte a la poesía en una plegaria.

Pero como el disco dura poco más de media hora (dicen por ahí que “lo bueno si breve dos veces bueno”), para los que se quedan con ganas de escuchar algo más, ofrece como bonus track el video de “Indio Toba”, en una propuesta más electrónica, interpretada por Charo Bogarín y Diego Pérez.

En otro plano, el arte de tapa llama la atención por su clara referencia a la naturaleza y su contacto con el hombre como parte del paisaje. Un tigre recostado en el brazo de un hombre, árboles, plantas y hasta un hombre con cabeza de caballo (o caballo con cuerpo de humano), dan la sensación de que todo es uno, y llevan a la idea de las raíces y el origen.

La sumatoria de detalles hace de Los pasos labrados un disco de clásicos imperdible. Tiene un sello particular por haber logrado parle otro aire a canciones populares que ya fueron interpretadas en varias oportunidades. Fresca e intensa, ésta es una producción recomendable tanto para los amantes del folclore como para los oídos acostumbrados a los nuevos sonidos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Marcelo Katz: “Hacemos acrobacias internas”.-

De lo que se puede y de lo que no trata el nuevo espectáculo de uno de los clowns más reconocidos del ámbito local. La piedra basal de Hazañas es, precisamente, la aceptación tanto de los éxitos como de los fracasos. “El clown toma en joda lo que le pasa en serio”, define Katz. La máxima clownesca se materializa en este espectáculo para grandes y chicos, y con músicos en vivo.

Por Lola Kuperman
Fotografías gentileza de Hazañas

Buenos Aires, marzo 18 (Agencia NAN-2011).-
El último mate se lo disputan los clowns que dan los toques finales al maquillaje con el que saldrán a escena. Está por empezar Hazañas, la nueva obra de Marcelo Katz, codirigida por Marcos Arano, en el Centro Cultural Recoleta (viernes 19.30, sábados y domingos a las 19). Los clowns, según Katz, eliminan el concepto de cuarta pared y dialogan sin tapujos con el público. Hasta abril inclusive, el espectáculo con músicos en vivo en el Patio del Aljibe se ofrece a quienes deseen una tarde-noche lúdica para reírse con las hazañas que salen. Pero sobre todo, con las que no.

Katz recuerda la frase “vos si que te divertís barato” y la relaciona con la esencia del mágico oficio del clown. Luego aclara que “barato” sólo entre comillas, porque es imprescindible mucho trabajo y entrenamiento previo. Sin embargo, cuando los clowns de Hazañas se hacen presentes en escena, se percibe que no necesitan nada más que a ellos mismos. Ante ese fenómeno efímero del teatro, Katz recalca ante Agencia NAN: “Eso es lo que al público le genera sorpresa, extrañeza y admiración, con nada generamos un mundo”. Lo que está claro es que ellos se divierten y que, definitivamente, divierten al público.

Nosotros y ellos, ellos y nosotros

-- ¿Existen reminiscencias de la cuarta pared en el clown?
-- Realmente trabajamos sin cuarta pared y en un diálogo en tiempo presente entre el clown y el espectador. El material escénico que se fue generando durante los ensayos comienza a cerrarse cuando se lo entiende con el público, ellos son los que indican qué lugar de paso finalmente se convierte en un lugar que engorda. Con cada función, hay más elementos fijados y menos espacio para moverse. La idea es estar abierto para latir realmente con el público, siempre existen pequeñas y casi imperceptibles modificaciones en cómo el personaje está sintiendo la escena, a sus compañeros y al público. Si existe la cuarta pared, cierra el teatro por detrás.

--¿Cómo pesa el público en la balanza de la construcción del clown?

--El primer eslabón en la cadena es el clown mismo, trabaja para sí mismo y después para el público. Una de las cosas que me interesan y me maravillan mucho del oficio es que cuando estás tocando las buenas cuerdas, te empiezan a pasar cosas de diverso calibre y color. Y luego, le regalas al público tu transito por diferentes emociones y sensaciones. Los espectadores no sólo disfrutan de lo que hace el clown, sino lo que hace con eso que le pasa. Y para que funcione, el clown no debe nunca olvidarse de pasarla bien.

-- La obra pasa por diferentes momentos, no apunta siempre al humor, ¿Cómo se logra un equilibrio orgánico?
-- Trabajo mucho con tres hebras: lo visual, lo poético-emotivo y lo cómico. Ahora, en el Patio del Aljibe del Recoleta, no hay cámara negra y hay demasiados estímulos externos, como los pájaros, los aviones, las campanas, las frutas que caen de las palmeras… Entonces en Hazañas a lo poético le doy poco lugar porque es más difícil armar climas tranquilos.

-- ¿Cómo se adapta el intérprete a las tres hebras que propone?
-- Hay algunos actores que van específicamente a lo motivo y otros a lo cómico. A partir de lo que esté necesitando en el espectáculo, propongo disparadores para su material interno y a través de ciertas consignas y propuestas que llevo al ensayo, los voy guiando entre lo emotivo y lo cómico. Mismo en las funciones, los actores me dicen, “la gente se río” pero yo no quiero romper el clima, quiero que pase otra cosa. Aunque está en la balanza si doscientas personas se ríen o no, muchas veces, la risa embriaga a los clowns. Por eso, es necesario estar afuera y no engolosinarte, poder meter distintos colores y decidir que querés en cada momento. De todos modos, a nosotros nos gusta mucho hacer reír, somos payasos.

-- ¿Cuál es el límite entre la creación individual y el papel del director?
-- Hay clowns que improvisan dentro de la línea de lo que tiene que contar el espectáculo y del olor que produce. De diez cosas que prueban, todas podrían haber quedado, mientras que con otros, de las diez, prácticamente ninguna porque no supieron entenderme, ni al espectáculo. Yo quiero que prueben, pero hay gente con la que hacemos tan poca empatía en ese campo de improvisación que prefiero que no jueguen nada. Mi rol desde afuera es marcar lo que fue un golazo, lo que no se debe volver a hacer y que hagan ciertas cosas por impulso.

-- ¿Un clown toma sus rasgos característicos y los exacerba?
-- No existen dos clowns iguales porque cada uno tiene colores distintos para poner en juego y porque no existen dos personas iguales. Así como una persona lleva una carga genética de sus padres y de sus antepasados, el clown lleva una gran carga genética del actor que lo está componiendo. El trabajo es uno puesto en juego. En la escuela decimos que es “tomarse en joda lo que te pasa en serio”. Lo que es tu paranoia, en escena puede hacerte divertir y que haga disfrutar a los otros. Cuando ves que no es tan terrible y que a la gente le divierte, se licuan muchas cosas que antes te pesaban.

-- Entonces, ¿es un medio para fomentar el amor propio?
-- Sí, porque cuando aprendés a tolerar lo que sos y quién sos, con lo bueno y con lo mano, es una gran manera de amigarse con uno mismo y usarse escénicamente. Ese enorme trabajo de hacer las paces con uno es duro y al mismo tiempo espectacular, y el camino, si uno no está buscando el resultado, también es un golazo. Yo hace seis años que no actúo y ahora estoy por estrenar un unipersonal que tiene que ver con la historia de mi vida. Espero estrenar antes de mayo, disfruto mucho estar en escena, actuar es mucho más fuerte que dirigir.


El estado lúdico


-- Ante una obra como Hazañas, ¿es necesario un retorno a la niñez o los adultos recuperan su capacidad de juego?
-- Creo que la gente que se sienta a ver un espectáculo de clown está mirando por una cerradura su infancia perdida. No se trata de juegos de gran tecnología, sino que tienen que ver con un universo que todo el mundo habitó. El clown recupera el jugar como los chicos, no haciéndose, sino como un adulto que ya creció y que tiene sus alegrías y sus cicatrices y a la vez, que logra recuperar la capacidad lúdica de los niños y los cachorros. Lo que hacemos nosotros, esas grandes acrobacias internas, todos las conocimos, la capacidad de divertirse con nada, de no controlar la cabeza y desde ahí, se recupera la infancia.

-- ¿El adulto perdió la capacidad lúdica?
-- Es muy difícil, estamos muy metidos en la educación occidental que te marca un camino que tiene que ver con la creatividad, con ser inteligente y educado. Y a la vez, hay una gran estandarización de la corporalidad, de los movimientos, y hay que desandar mucho camino para recuperar un cuerpo abierto, lúdico, espontáneo, con una cabeza que este a posteriori del “qué divertido”, y no a priori. Lleva años el entrenamiento del clown, el amigarse con el vacío y con el no saber, con el momento de caos que precede cualquier estado de orden lúdico. Una primera clase de la escuela me respondería la pregunta, cuesta mucho recuperar esa capacidad y ponerla en juego.

-- A fin de cuentas, ¿cuál es la gran hazaña para Marcelo Katz?
-- Poder vivir lo que te esta pasando con aceptación, con tolerancia, con alegría, eso es una hazaña. Hay algunas pocas cosas que es difícil vivirlas así, pero la mayoría de nuestras mufas y chinches y decepciones diarias son cosas que cuando estamos abiertos y livianos la podemos vivir de otra manera, que no son tan pesadas como para arruinarse la tarde. De eso trata el espectáculo, de las cosas que salen y las que no.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Unas 200 mil llaves para abrir las puertas de la visibilización.-

Con un enorme monumento de diez toneladas de bronce, el artista plástico Andrés Zerneri busca homenajear y “hacer visibles” a los pueblos nativos de la América irredenta. La imponente obra de diez metros tomará la forma de un cuerpo femenino; el de la mujer originaria. Pero la misión no estará completa hasta que se remplace la estatua de Julio Argentino Roca anclada en Diagonal Sur, en el centro de la Ciudad de Buenos Aires.

Por Natalia Arenas
Fotografía de Federico Moscoso Feulliade

Buenos Aires, marzo 16 (Agencia NAN-2010).- Sería como contribuir con el famoso granito de arena. Pero, en este caso, en términos prácticos y literales, para colaborar con el Monumento a los Pueblos Originarios lo que hay que aportar es unos 30 gramos de bronce. Una llave. Un instrumento que, de manera simbólica, abriría la puerta para dejar ver una realidad social histórica, sistemáticamente ocultada; la de los verdaderos habitantes originarios de América: mapuches, tehuelches, coyas, aymaras y tantas otras comunidades indígenas que se encuentran impregnadas genéticamente, ya que el 61 por ciento de la población argentina posee una vinculación sanguínea con los pueblos hijos de estas tierras.

El hacedor (en términos materiales) de la ambiciosa escultura será el artista plástico Andrés Zerneri, quien en 2008 llevó a cabo un proyecto similar, aunque de menores dimensiones, e inmortalizó así al Che Guevara en un monumento emplazado en la ciudad de Rosario, como resultado de una colecta de 75 mil llaves (tres mil kilos de bronce). El mentor, casi por casualidad, fue el historiador Osvaldo Bayer. “En el marco de la inauguración del monumento al Che, Bayer sugiere que sería bueno rendirles un homenaje a los pueblos originarios con el mismo sistema de recolección de llaves”, cuenta Zerneri, y destaca: “Él nos marcó el norte. La sugerencia fue lo suficientemente contundente como para que empecemos no a juntar bronce, en un principio, sino a consultarle a los hombres y mujeres de pueblos originarios qué les parecía esta idea”.

De las diez toneladas de bronce que se necesitan, ya se juntaron tres y media. “Cuando empezó el proyecto, pensé que en el marco del Bicentenario ya íbamos a ir terminándolo. Después fuimos aceptando que la donación de bronce es el proceso más difícil. Más, incluso, que cuando fue el monumento al Che, porque allí era todo más binario, te gusta o no te gusta”, explica Zerneri, quien se fue dando cuenta de que “hay mucha información sobre los pueblos originarios que no se conoce, por eso el proceso es mucho más lento”. Pero la lentitud propia de este trayecto es positiva para el artista: “Va a ser el camino más legítimo, porque para cuando esté construido el monumento, el efecto de que se conozca más sobre los pueblos originarios se habrá producido en 200 mil personas”.

-- ¿Por qué simboliza a los pueblos originarios con el género femenino?
-- En los pueblos originarios no hay lucha de géneros, porque sus propias culturas respetan mucho a la mujer. En términos simbólicos, hacer un monumento que habla de los pueblos originarios representados en el cuerpo de una mujer es como esta evolución que se está sucediendo en términos políticos, respecto a la presencia de la mujer en nuestra sociedad. Y a mí me parece una muy buena oportunidad por dos motivos: representar a la mujer para hablar de los pueblos originarios es una nueva forma de generalizar. Cuando queremos decir que hay compañeros y compañeros, para generalizar decimos “los compañeros”. Pero en términos escultóricos, para generalizar quizás es mejor decirlo a través del cuerpo de una mujer. Por otra parte, aunque no estoy en la lucha de géneros y no lo hago desde esa reivindicación de género, creo que en la historia de los monumentos, las pocas esculturas de indígenas que se hicieron en la Ciudad retrataban a un indio salvaje, ladrón, mezquino. Y en el cuerpo de una mujer, uno ya rompe con esta intención, con esta idea. Para mí, el monumento no es un hito pensando en los pueblos originarios hacia el pasado sino que de lo que queremos hablar es de su futuro.

Una vez terminada la escultura, la comisión a cargo del proyecto la entregará a la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de lo que se denomina “donación con cargo”, lo que supone que el pase se hace con una condición. En este caso, y para cerrar el círculo de este original proyecto, es que el monumento reemplace al que recuerda al ex presidente Julio Argentino Roca, ubicado en la calle porteña que lleva su nombre.

-- Usted dice que el proyecto estará completo cuando se reemplace la escultura de Roca por la de los pueblos originarios: ¿cree que la sociedad argentina está madura para aceptar ese cambio?
-- No. Justamente es un desafío porque las condiciones no están dadas. Y este proceso de juntar cada uno de los 30 ó 20 gramos que pesa una llave para llegar a las diez toneladas, que serían 200 mil llaves, es un proceso de transformación. Obviamente que con una escultura no vamos a cambiarle la cabeza a nadie, ni vamos a hacer una revolución, pero es darnos la posibilidad de una discusión, de un aporte a este proceso que los originarios llaman “visibilización”, porque durante tantos años fueron invisibilizados. En realidad, no nos importa que mida diez metros; lo que nos interesa es ganarnos más copetes en más diarios, incluso en medios que nunca hablarían de los pueblos originarios. Entonces, con la excusa de poder construir entre todos una escultura, se va a cumplir el pequeño aporte a esta maduración que es entender que en nuestra identidad somos una familia y que en esa familia seis de cada diez tienen un vínculo genético con los pueblos originarios. Entendemos que la escultura no es un objetivo sino un medio, una herramienta para hacer que todo esto se cumpla.

Pasar del discurso a la acción

“Estamos seguros de que esto tiene una viabilidad, en términos políticos, porque si participaron 14.700 personas cuando hicimos el monumento al Che y en esta obra, que es un 250 por ciento más grande, participarán alrededor de 50 mil personas, ningún legislador va a desoír semejante expresión”, arriesga Zerneri. “Es mucho más fuerte que una juntada de firmas. La gente está poniendo su voluntad pero también algo material”, explica.

El artista aclara, además, que “es un proyecto de profundo respeto, incluso para quienes lo estiman a Roca, para quienes quieren seguir pensando que es un prócer”. “No estamos pidiendo el bronce de su monumento para nuestra escultura, no estamos pidiendo serrucharle la cabeza, ni demolerlo. Lo que queremos, incluso, es sacarlo de ahí y ofrecerlo a la ciudad que lo pida, a ver qué le pasa a la gente con ese monumento”, expresa.

El espíritu del proyecto, democrático y con un objetivo simbólico fundamental, invita a hacerse cargo con acciones de lo que muchas veces muere en palabras. “No estamos concentrados hoy en la tarea legislativa de sacar a Roca. Porque primero queremos medir nuestras propias fuerzas. Cuando esté construida la escultura, sacar a Roca va a ser mucho más fácil, porque nuestras espaldas, en términos políticos, van a ser mucho más anchas”, afirma, y concluye: “Queremos que todo el acto esté más basado en lo que se construye que en lo que se destruye. Todo el proceso también forma parte de la acción, no solamente del discurso, sino de una acción concreta, real”.

* Para colaborar con el proyecto, pueden acercarse a cualquiera de los centros de acopio detallados en www.mujeroriginaria.com.ar. Para más info, llamar al 4862-8051 o escribir a zerneria@hotmail.com.

martes, 15 de marzo de 2011

“Pezones mariposa” en El Camarín de las Musas.-

La obra creada por Bernardo Cappa pone en escena la cruda realidad de los clubes de barrio que luchan por salir adelante mientras sostienen bien alto la bandera de la pasión.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Pezones mariposa

Buenos Aires, marzo 15 (Agencia NAN-2011).- La historia es sencilla, cotidiana, tierna, nostálgica; y en el buffet de un club de barrio logra la poesía a través de la pequeñez, a pesar de su costumbrismo y gracias a él (paradoja que resulta exquisita si se habla del under local). Del hambre de gloria trata Pezones mariposa, una de las últimas creaciones del director Bernardo Cappa, quien pone en escena la más intensa pasión argenta y al mismo tiempo suya personal, el fútbol. Ese hambre de gloria --que posesiona al personaje del indiscutible Lorenzo Quinteros-- contrasta con la quietud del buffet y con el paso de los días sin ton ni son, materializados en unos muebles añejos y venidos a menos que distan mucho de sugerir que algo está por cambiar.

Pezones mariposa no se llama así porque incluye entre sus personajes a un grupo de botineras. El título alude a Lionel (Fernando de Rosa), un joven chaqueño que trabaja junto a Cesáreo (Quinteros) en el buffet del club. Los une una relación “familiar”, pero más estratégica que afectiva: Cesáreo, que en su pasado fue un jugadorazo, proyecta en el joven sus deseos de triunfo, a pesar de que Lionel ya no juega hace tiempo y se dedica a limpiar los baños por estar notablemente excedido de peso. “Te han crecido los senos. Las tetitas no estaban tan grandes”, le dice Cesáreo a Lionel, que lleva ruleros y faja, y que se prepara para salir a la cancha con un curioso sistema de poleas. Ambos esperan una llamada de Bolivia que cambie el rumbo de los acontecimientos.

Mientras preparan la entrega de medallas para las chicas de patín --con quienes fantasean y se excitan--, cae al buffet Ricardo (Darío Levy), un miembro de la comisión directiva. Desde que ingresa a ese lugar detenido en el tiempo se nota que lo que trae no son buenas noticias: de movida pone en evidencia que el local ha entrado en la decadencia, al recalcar que sólo queda una mesa y pedir un café que deja ver que la máquina está en desuso hace quién sabe cuánto. En un segundo encuentro, claramente más hostil, Ricardo llega para decirle a Cesáreo que está endeudado hasta la manija. Y que se olvide de una vez por todas del buffet, que repiense su función en el club.

La trama de Pezones mariposa tiene su anclaje en la cruda realidad para los clubes de barrio, que data de un par de años atrás (la retrató en 2004 Luna de Avellaneda, la película de Juan José Campanella). “Teníamos una pista de baile, ya no tenemos más. ¡Esto era un club de fútbol, ahora patín! ¡Patín! ¡Putos, ahora somos todos putos! Acá había un escenario de cemento… hasta el escenario vendieron”, recuerda Cesáreo, en uno de los parlamentos que aluden a la decadencia de la institución. También es cierto que, si bien la obra parte de un acontecimiento real e innegable, construye su mundo propio y extraño, aunque verosímil (por ejemplo, el muchacho y el sistema de poleas). En esto influye la calidad de las actuaciones.

En su totalidad, Pezones mariposa funciona como metáfora del anhelo, como dice ese viejo tango que le entona Cesáreo a Lionel, “Pasional”: “No podrás nunca entender lo que es amar y enloquecer. Lo que es vivir muriendo de ansiedad”. Un hambre de gol que es tan intenso en el corazón de los personajes y que se hace visible en su sometimiento a las más intrincadas pruebas, así como también en inesperadas mentiras y traiciones. Y el anhelo es tan fuerte que parece ignorar el entorno, la geografía compuesta por una serie de cacharros inútiles y en desuso, que son paradójicamente el trofeo que ha obtenido Cesáreo de sus años dorados como futbolista. Tal vez sea por eso que valora tanto ese espacio. El diálogo se hace constante entre los objetos que componen la geografía, lo que dicen, sienten y hacen los personajes (Eliseo Verón hablaría de reenvíos metonímicos), y un afuera que es peligroso, censurador.

Finalmente, cualquier obra que hable de fútbol acaba en un sentido último, la identidad, camino que en el recorrido de la obra no es tan obvio ni necesario, porque la victoria y el fracaso parecieran ser las varas con las que se mide lo que sucede. Pero, efectivamente, la trama se va entretejiendo con retazos de argentinidad: el rechazo al boliviano, al chaqueño, la viveza criolla, la nostalgia tanguera, el peronismo, la pasión por las mujeres y el irrefrenable deseo sexual. Aunque los sucesos viajan rápido y los diálogos están cargados de sentido, el ritmo de la obra es siempre lento, pausado, como la vida del club de la esquina que todavía puja por sobrevivir. Y quizá, de eso se trate el triunfo...

* Viernes a las 23 y sábados a las 21 en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.

lunes, 14 de marzo de 2011

Libros: “herpes” (Mana, 2010).-

El primer libro de este autor novel que oculta su nombre en su imaginación y del que sólo se conocen oficio y estado civil es una verdadera piña en la sien: convivencia de poesía, prosa y teatro, sus textos son una voz que a veces etérea y otras sólida se pregunta por la existencia.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, marzo 14 (Agencia NAN-2011).- Mana invita a la fantasía, a la magia, a la alquimia literaria por la cual un libro puede convertir a su autor en personaje. Mana es un suceso, “ocurre en la intersección” entre un seudónimo que vela su identidad, que la diluye, y un heterónimo, al estilo de Fernando Pessoa, que funda una de la nada. Este seudónimo (si se opta por esta caracterización) toma su entidad, su razón de ser, de herpes (Viajera Editorial), el primer libro de este novel y talentoso escritor que oculta su nombre para confundirlo con los personajes de su propia imaginación. Sólo se sabe su oficio: redactor publicitario al que “nunca le llegó la época de la purpurina”, y su estado civil: “formalmente soltero, realmente suelto”.

herpes funciona como una lengua multiforme que hace de las palabras (esas que usamos para conversar, para realizar transacciones de negocios o para enamorar a una chica) armas que se vuelven contra el propio lector, e incluso (se intuye) contra el propio escritor. herpes mina el lenguaje, el ambiente y todos los objetos cotidianos, configurando un Buenos Aires que se enrarece en la mirada particular del narrador. En “Hoy no me prepares el almuerzo de mañana”, Mana describe la crisis existencial del hombre asediado por la opresión de un Tupperware, con desenlace trágico (“Si hubieses cooperado [...] Si me hubieses entendido”).

Este libro de tapa roja rabiosa y título en minúscula es un golpe inesperado que se expresa en diferentes facetas ante la imposibilidad de pronunciarse. Es un decir profundo, un decir que cala hondo, que atraviesa el cuerpo del lector cual personaje fantasmagórico. Unas veces se planta y mira de frente, cara a cara, con la extrañación de saberse entrando a un mundo que quizás no pueda dominar. Como en el relato “La Anticuaria”, ese lugar imposible donde lo conocido, lo normal (eso de todos los días) asume un halo de extrañeza que roza lo siniestro. Este ser irónico, en conflicto con su mundo, que de a ratos pareciera no asumir sus condiciones de existencia, llega hasta el lugar (la Casa de Antigüedades) a través de la indicación de “el Astro”, una suerte de amigo/alter ego del protagonista: “929. Fendase. Mano derecha. Tercer local. Así decía la tarjeta. La misma que el Astro me entregó ayer a la noche. La misma que si no hubiese tenido la pesadilla que tuve”. Otras veces esta voz llega desde otro lado, con historias o fragmentos de amor imposible. Como en “La helada pasó y quedamos en pie”, “Sin mediar con tus 140 teclas, o mejor dicho, tu código digital”, o en “La media sombra te dio ceguera”.

Lengua multiforme, o lengua imposible. Eso es, quizás, el nudo de herpes. Teatro, prosa, poesía. No es mixtura, no, tampoco un experimento, una alquimia de diferentes estilos licuados bajo un nombre común (herpes). Es una voz, por momentos etérea: entretejiendo mundos, hilvanando atmósferas siempre viciadas por la incomunicación, la soledad y la tristeza disfrazada de humor irónico. Por otros, sólida, clara y tangible. Logra el efecto de una trompada en la sien (“no hay billete que valga tanto/ para bancar esta convivencia).

De alguna manera, herpes es una lengua imposible, un intento desesperado por encontrar la forma de decir aquello para lo que aún no se crearon las palabras correctas. Es una voz que, como todas, nunca puede encontrar la palabra que la colme, que la llene, que la totalice. La voz en herpes sólo intenta decir, no experimentar con la poesía, la prosa o el teatro. Sólo pronuncia, sólo dice sin atender a las fronteras que los géneros o las categorías imponen. herpes pasa, dejándo al lector anonadado como por un golpe inesperado. Contaminado, perturbado, “ahora los estigmas/ -colonizado/ dermis, poros y lunas-/ son evidentes”.

viernes, 11 de marzo de 2011

Viva Elástico: “Si Callejeros es rock argentino, nos chupa un huevo serlo porque esa banda es una mierda”.-

La de Longchamps lleva como bandera el rock inglés de los ‘90 y la música electrónica, sin dejar de lado el punk arrabalero de 2 Minutos. Fue una de las revelaciones del año pasado. Alejandro Schuster, cantante que disfruta recorriendo hipermercados y escuchando cumbia, se baja del bondi del que vuelve de trabajar y cuenta:
Al principio nos la re creímos: llamaban de revistas que consumimos hace diez años... Después nos dimos cuenta de que lo que dicen los periodistas es lo mismo que vos pensás, solamente que con mucho más poder.

Por Emiliano Cabaleiro
Fotografía gentileza de Cecilia Salas

Buenos Aires, marzo 11 (Agencia NAN-2011).- Muchas bandas del under parecen estar destinadas al fracaso o bien a mantenerse vigentes pero con un número de seguidores muy limitado. Otras se vuelven más “comerciales” para triunfar. Viva Elástico se rehúsa a cualquiera de estas alternativas y busca el éxito a través de un estilo único y un líder que percibe un cambio paradigmático en la cultura musical. Mientras, toca seguido, su público crece, vende discos y la prensa especializada la llena de elogios.

Alejandro Schuster, cantante y compositor de casi todas las canciones de la banda, está convencido de que hay que entender la música desde otro lado. Lleva como bandera el rock inglés de los ‘90 y la música electrónica, pero no olvida sus orígenes, su admiración por el punk arrabalero de 2 Minutos, la cerveza en el barrio o las calles de tierra de Longchamps. Llegó en colectivo, directo desde su trabajo, para explicar el contradictorio ascenso de una banda suburbana que suena a britpop noventoso y aspira a la popularidad.

-- Al principio, Viva Elástico no era una banda seria, pero en el último tiempo se puso las pilas, sacó un disco homónimo y toca todos los fines de semana. ¿Cómo fue el proceso?
-- Cuando armás una banda con tus amigos y de repente ves que la pasás tan bien haciendo eso, te querés cagar de la risa. Pero de golpe, cuando ves que tenés una posibilidad laboral o salen cosas que por ahí más allá de la música te pueden beneficiar, te ponés un poco más serio. Hay que aprovechar las cosas que pasan acá, porque no pasan muchas y las que pasan son benditas. Tampoco es que ahora somos unos santos, pero por lo menos nos damos el gusto de empezar a tocar bien, de no estar afónicos para tal día, de que los discos estén buenos y no sean chamuyo.

-- ¿En qué momento fue ese cambio?
-- Teníamos 21 ó 22 años. Justo estaba cortando con mi novia y era un momento re difícil, no paraba de ponerme en pedo, súper descontrolado. Arruiné un par de recitales copados por esas cosas. Como la vez que tocamos con Rosario Bléfari, la de Suárez, y había 500 personas... Pero bueno, son cosas que se remontan.

A los 24 años, Schuster sigue viviendo con sus padres en Longchamps, al sur del conurbano bonaerense. Cuando era chico lo llevaron a estudiar pintura, pero él decidió que no era lo suyo y agarró la guitarra. En el colegio conoció a Mateo Zabala, quien hoy lo acompaña en la guitarra, y desde entonces recorrieron juntos el camino que deriva en Viva Elástico, una banda que con poca trayectoria y sólo un disco es para muchos una de las mejores del under bonaerense. Su música se destaca por estructura simple pero con un sonido ambicioso, su estética pop barrial y su impronta rockera.

-- Viva Elástico tuvo bastantes apariciones en medios reconocidos, ¿cómo toma eso?
-- No voy a mentir: al principio me la re creí, me llamaban de una revista que consumo hace como diez años... Pero después me di cuenta de que lo que dicen los periodistas es lo mismo que vos pensás, solamente que con mucho más poder. Ahí te planteas si realmente vale la pena escuchar un disco porque te lo recomiendo un periodista o si vale porque te lo recomienda un amigo.

Cuando Viva Elástico toca, Alejandro se lleva todas las miradas. Se expresa con la guitarra, con el cuerpo y con la voz. Su estilo es único, canta raro, pero bien. Evoca la expresión procaz de Palo Pandolfo y la delicadeza de Robert Smith. Mientras gesticula y baila, la guitarra parece una extensión de sus brazos. Cuando baja del escenario, se mezcla con el público: es uno más. “Hablo con todos. Me interesa saber quién me está viniendo a ver, por qué lo hace o porque por ahí te haces amigo de un chabón. Está bueno, siempre que conozco a alguien le digo: ‘Che, venite al camarín, vamos a tomar unas birras’, porque me divierto, me gusta mucho conocer gente”, explica.

-- Y cuando compone, ¿piensa en el público?
-- Al principio, cuando empecé a componer canciones, pensaba en cómo me verían cuando toque, pero después me di cuenta de que eso no era lo importante. A mí me gusta lo popular, lo que es para todos, lo que pueden consumir todos. Lo que puede escuchar mi mamá, tu papá, un arquitecto o un albañil. No es para que lo escuche sólo un tipo de persona, porque sino la comunicación es muy pobre, no se construye absolutamente nada. Si es para un grupo selecto se convierte en algo aburrido y autodiscriminatorio.

Alejandro comenta que se divierte recorriendo hipermercados y que se deslumbra con todo lo que hay para comprar aunque la plata no le alcance. Siempre tiene cerca una pantalla: le gustan las películas, los canales de dibujos animados y pasa horas en Internet. De este “exceso de comunicación” es de donde nacen las letras de Viva Elástico. “Las ideas surgen a partir de películas, de imágenes, de estar viendo todo el día información de todo tipo. De lo que pasa en la calle, en Internet, en la tele, en la radio. O de la gente que te habla, de su forma de actuar y de las cosas que te pasan. Esa es la poesía”, concluye.

Sus influencias abarcan desde Juana La Loca hasta los Sex Pistols, pasando por Pulp, Nirvana, David Bowie, Radiohead y The London Suede, pero también se vuelca hacia la música electrónica de los Chemical Brothers o Daft Punk. Este abanico musical carente de toda lógica puede ser útil para explicar cómo es que hoy escucha simultáneamente a Alfredo Zitarrosa, Julieta Venegas y la electrónica de vanguardia del sello europeo Warp Records. Además, confiesa sin vueltas que le gusta escuchar cumbia, y de esta forma le resta importancia a una rivalidad entre géneros que poco a poco va desapareciendo.

-- ¿Cómo ve la escena musical actual? Mucha gente dice que lo mejor de la música ya pasó...
-- La música atravesó una parte de producción y ahora no está avalada por lo que trasciende: música de diseño. O sea: se toman diferentes partes de diferentes épocas y se construye a partir de eso; se toma de los ‘60, ‘80 y ‘90 y se transforma en lo que es ahora. La validez que tiene como método la música ya no es la misma que la de antes. Por ejemplo, en los ‘90 las bandas tenían cuatro discos e iban buscando el quinto en base a lo que ya tenían. Ahora lo que se hace es sacar un disco que por ahí está re bueno, como en el caso de The Strokes y Is this it, y de repente en el tercer disco cambian completamente el género, suenan completamente distinto. Por eso no trasciende tanto. Sin embargo, me gusta lo que está pasando con la música: hay canciones buenísimas y ya no sólo discos o artistas. Lo cual es válido porque las canciones te acompañan.

-- ¿Encuentra exponentes atractivos en el rock argentino?
-- Es lo más aburrido que hay. Es muy triste eso del rock argentino en realidad, porque todo lo que sea de acá debería ser “rock argentino” pero se termina generando una suerte de chapa de bandas que no enriquece para nada la cultura musical en la Argentina. Toman bandas que por ciertos arquetipos o formas políticas se consideran rock argentino. Si Callejeros es rock argentino, me chupa un huevo serlo porque esa banda es una mierda. Lo mismo con La Renga, que a mí no me gusta para nada. Si eso es el rock argentino, la verdad que es tristísimo.

-- Sin embargo, esas son las bandas que acaparan mayor cantidad de público y Viva Elástico, como usted dijo, apunta a conseguir eso. ¿Cómo cree que pueden lograr el éxito en un ambiente tan inscripto en el mercado?
-- Creo en las formas de identidad. Las cosas que me pasan a mí le pasan a todo el mundo, no veo por qué un chabón que escuche a Los Piojos no pueda bancarse a Viva Elástico, porque no hay diferencias. Las hay solamente desde el punto de vista político o del hacia dónde vamos.

“Todo es para todos”, repite Alejandro. Por eso no distingue entre géneros y tiene una visión muy particular del ambiente musical. Por ahora, escucha atento los buenos augurios y aspira a que algún día sus canciones sean masivas además de innovadoras.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Los Colmillos, o el arte de “morder de a dos”.-

Es un dúo, pero suena como una banda. Integrado por Vanesa Rinón y Nacho Martínez, promueve desde Burzaco el contacto entre músicos de Latinoamérica. Sin un estilo definido, se caracteriza por un punk blues de sonidos crudos. Sus músicos charlaron con Agencia NAN sobre las ventajas de ser nada más que dos, su elección de cantar en inglés y sus intenciones de intercambiar experiencias con otros grupos del continente.

Por Laura Cabrera
Fotografías gentileza de Diego Giménez

Buenos Aires, marzo 9 (Agencia NAN-
2011).- Vanesa Rinón, la chica low-fi (conocida así por su programa en una radio on-line) tenía ganas de comenzar un nuevo proyecto musical. En esa búsqueda conoció a Nacho Martínez, un guitarrista --y hermano de uno de sus amigos-- con el que compartía algunos gustos musicales. Motivados por la idea de divertirse zapando, los ensayos consistían en intercambios de sonidos y estilos, mientras que pensaban en armar una agrupación con más músicos. Esa idea duró poco, ya que notaron que no necesitaban más que un bajo y voces comandadas por ella; y una guitarra con un bombo que marcase el ritmo, tarea de la que se encargó él. Y así fue como el dúo comenzó a sonar como lo haría una banda, con la única diferencia de que a la hora de discutir es mucho más fácil entenderse de a dos.

No hubo chance de que el par de músicos se llamase de otra manera: “Los colmillos siempre muerden de a dos, y cuando se clavan te dejan dos agujeros”, explicó Vanesa a Agencia NAN. Y tan a pecho se tomaron el nombre que de a poco
, clavándose y masticando los sonidos de Sudamérica, lograron instalarse como un estilo distinto y de renovación constante.

Influenciados por bandas como Gories, The Doors y Gun Club, la banda comenzó a armar rompecabezas que surgían entre zapadas y gra
baciones caseras que dieron origen a los primeros temas. Con sonidos crudos y letras simples, el dúo dio sus primeros pasos en Uruguay, allá por 2006, pero logró hacerse conocido al regresar, cuando mordieron por primera vez al público de Tío Bizarro, bar de Burzaco caracterizado por su estilo under. A partir de ese momento comenzaron a clavarse en diferentes escenarios de Chile y Perú. Este último país --al que llegaron en 2010-- fue el más importante para el crecimiento profesional de la banda, ya que logró ser una de las pocas a las que el sello Discos Gordos le reeditó su primer material discográfico.

“Mucha gente pensaba que se nos iba a agotar la manera de hacer música por lo limitado que era ser dos personas, pero la verdad es que le vamos dando vueltas a la historia y no nos parece que sea así”, analizó Vanesa, quien también aseguró que son
muy cuestionados por su estilo rock cantado en inglés. Pero el prejuicio al que se exponen no es algo que les preocupe. Por eso a la hora de responder al público todo se simplifica en razonar que ese idioma llega a todo el mundo y, por ende, su música llegará a todas partes.

Mientras el nuevo año los encuentra componiendo nuevos temas y llevando su música a los escenarios de Buenos Aires, el “dúo orquesta” hizo un repaso sobre su historia y sus preferencias.

-- En el escenario, el público puede ver que son un dúo, pero al cerrar los ojos y escuchar las combinaciones, suenan como si fueran una banda. ¿Cómo viven la experiencia de ser dos y sonar como cuatro?
Vanesa Rinón: -- Básicamente, hacemos lo que nos sale y como nos sale. Nunca hicimos algo que estuvo premeditado, esto funciona así y nos gusta. Sonamos como una banda porque no perdemos la parte “percusiva” y a simple vista somos un dúo, algo más simplificado y minimalista, más directo. Ser dos es mejor, más cómodo. Antes tocaba con una banda (las Courvets) y al ser muchas teníamos bastantes diferencias. De a dos es más fácil entendernos.
Nacho Martínez: -- Tocar así es mejor porque además de entendernos siempre llevamos todo a lo más compacto. Una de las cosas que musicalmente me atrae de todo esto es que sonamos como banda y a la vez usamos técnicas viejas del blues, de esas en las que veías a un negro tocando la guitarra y marcando el tiempo con el zapato.

-- Eso debe influir mucho a la hora de componer…
V.R.: -- Y sí, porque a veces nos juntamos a zapar, nos grabamos y al escuchar nos gusta un pedazo del tema pero no la totalidad. A veces nos pasa que volvemos a tocar y la parte de otro tema termina siendo la continuación del que habíamos dejado. Lo bueno es que no nos abocamos a componer, hacemos lo que va saliendo sin presiones. Tocamos juntos o por separado, y compartimos lo que va saliendo.

-- Se caracterizan por un sonido primitivo y bastante crudo, al estilo de los ’60 y los ’70, pero a la vez tienen cierto aire de actualidad. ¿Cómo se llevan con las fusiones?
V.R.: -- No tenemos mucho drama con eso. Sobre la marcha vemos qué queda bien y a veces al bajo, la guitarra y el bombo le agregamos algún otro instrumento. Vamos cambiando pero siempre sobre nuestras bases. Esto pasa porque si bien tenemos definida la crudeza de los sonidos, no tenemos un estilo marcado y eso nos permite cambiar. Mucha gente pensaba que se nos iba a agotar la manera de hacer música por lo limitado que era ser dos personas, pero la verdad es que le vamos dando vueltas a la historia y siempre suena distinto. La consigna es tocar para divertirnos y desenchufarnos de otras actividades.
N.M.: -- Lo del estilo predominante pasa porque nos gusta mucho la música de esa época, de hecho nuestras influencias tienen que ver con esos años. Pero con el tema de las fusiones estamos bastante abiertos a probar de todo porque no tratamos de recrear los temas o copiarlos tal cual, lo que hacemos es ponerle nuestro sello, utilizarlos como moldes para hacer lo propio.

-- Y dentro de esa lógica de “tocar para divertirse” se encontraron caminando por algunos países de América latina e intercambiando experiencias. ¿Qué les quedó de todo eso?
N.M.: -- Conocimos mucha gente con la que después nos seguimos contactando, los invitamos a tocar, organizamos fechas, intercambiamos ideas. Llegar a Perú fue una de esas experiencias. Allá conocimos a Manganzoides, una banda que además de gustarnos mucho nos ayudó para que el disco sea reeditado por Discos Gordos. Fue una linda experiencia.
V.R.: -- La banda comenzó con el intercambio. Nosotros debutamos en Uruguay. Después tocamos acá con la banda de Perú y el año pasado nos fuimos para allá. Nos gusta la idea de fortalecer los lazos entre músicos de Sudamérica porque si bien las distancias son grandes, esto no es como en Europa, donde hay más festivales, y está bueno que el intercambio se empiece a movilizar entre bandas de Latinoamérica.

-- Teniendo en cuenta esta idea de la unión entre músicos de América latina y su tendencia a componer pensando las letras en inglés ¿Se les cruzó alguna vez la posibilidad de cantar en castellano?
N.M.: -- Me resulta más difícil componer pensando las letras en castellano. Al escuchar tantas bandas que cantan en inglés me resulta más natural. De todas maneras, intentamos hacer un par en castellano pero nos gusta que sea como hasta ahora.
V.R.: --Es por la naturaleza del estilo. A veces nos critican por cantar en otro idioma, pero a nosotros nos gusta el soul y el blues, que se comenzaron a cantar de esta manera. Hacerlo en castellano sería como cantar un tango en inglés. Pensar que hay que componer en nuestra lengua es pensar en que esto no va a llegar a todos, ¿por qué tiene que ser todo de acá, tan nacionalista? Cantamos cosas simples pero en inglés, no nos matamos pensando letras para que después terminen siendo interpretadas de cualquier forma, cantamos sobre lo que nos pasa todos los días.
N.M.: -- En eso coincidimos, lo cual no quita que nos incomode cantar algo en castellano. No nos encasillamos pero nos sale mejor en inglés porque es lo que nos gusta.

Sitio: http://loscolmillos.bandcamp.com/

martes, 8 de marzo de 2011

“Otras mujeres” en La Tertulia.-

De la unión de los textos La otra y Dos mujeres, ambos del dramaturgo Javier Daulte, surge la vertiginosa obra de Aldana Contrera que tiene como eje la soledad, con sus enfermizos derivados: miedos, contradicciones y fantasías.

Por Facundo Gari
Fotografía gentileza de Otras mujeres

Buenos aires, marzo 8 (Agencia NAN-2011).- En Otras mujeres, pieza teatral que se muestra los viernes a las 23 en La Tertulia (Gallo 826, Ciudad de Buenos Aires), el medio de comunicación a través del que las hermanas interpretadas por las jóvenes Delfina Danelotti y Soledad Siri dan con un galán de citas a ciegas es un aviso en una publicación en papel, y basta ese apunte para consignar que esta obra que une los textos Dos mujeres y La otra, ambos del dramaturgo Javier Daulte, no fue aggiornada por la debutante directora Aldana Contrera a los tiempos en que buena parte de ese tipo de encuentros se gesta en la red 2.0. No es condición de necesariedad, más bien esa falta de actualización vuelve la atención sobre la presumible capacidad del arte para tratar temas esenciales, con textos de significados limitados y no obstante reconocimientos ilimitados.

Aquí el eje es la soledad, o sus enfermizos derivados, y es notorio que sea sobre la base de un trabajo colectivo de un grupo de estudiantes de puesta en escena de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. No es la primera vez que a alguien se le ocurre jugar con estas dos dramaturgias del guionista y director del “teatro como acto de celebración” (que la elección algo forzada de este axioma sirva a modo de brindis de Agencia NAN para con ustedes, lectores, por los gratos feriados de carnaval de ayer y hoy en la Argentina): Martín Ortiz lo había hecho en el mismo espacio teatral en 2007 bajo el título de Mujeres, con actuaciones de Cecilia Bruza y Magalí Melia. Empero, la originalidad aquí es formal, estética, antes que de contenido, y en ello la riqueza de la puesta.

Al comienzo, bajo el texto de Dos mujeres, Danelotti y Siri --de buenas performances-- se visten como muñecas, viven en una habitación de muñecas y se mueven como muñecas, hieráticas. Hasta hablan como muñecas, en un español neutro sobre todo exclamativo, que no va en detrimento de los giros lingüísticos y términos propiamente vernáculos, y que le abre la puerta a la comicidad. Van a toda máquina, con la velocidad que sus lenguas les permiten y que los cerebros de los espectadores logran absorber más tarde que pronto, si se atiende a la brevedad de la obra.

En términos argumentativos, la espera de ese encuentro pactado con un desconocido desvela en ellas sus contradicciones y temores, pero lo que aparece como un intento de concordancia con las subjetividades del público queda en orsai. Momentos oníricos mediante, la elipsis es posible, aunque no demasiado certera como estrategia discursiva. Lo mismo ocurre en la segunda parte, correspondiente a La otra, en la que una de ellas recibe a la restante con un cadáver en el baño y la resolución se agota en una conclusión que coincide con el punto de partida: lo dice la gacetilla con que se promociona el espectáculo, estas mujeres “no son capaces de dar ni recibir”.

El final es anunciado por una luz que se agota tenue sobre los cuerpos de las protagonistas, y el espectador se queda con ganas de verter más contenido en una forma que indudablemente cautiva.

lunes, 7 de marzo de 2011

Discos: “Autopunch” (ERP, 2010).-

No todo es olas y colas Reef en el sector costeño del país: así lo demuestra el Ejército Romántico de la Playa, banda de bañeros de Chapadmalal y Mar del Plata que acaba de lanzar un disco de rock insurrecto.

Por Guillermina Watkins

Buenos aires, marzo 7 (Agencia NAN-2011).-
Hace unos años una película pretendió retratar la vida de los bañeros argentos como un estereotipo que resaltaba el impulso animal a primera hora, el deseo de fiesta, la playa y la arena sucun dum sucun dum en porciones iguales. Pero no todo es olas bonitas y colas Reef en el sector costeño de Argentina. Como contracara, el ERP (Ejército Romántico de la Playa), una banda de bañeros de Chapadmalal y Mar del Plata, aparece en la escena musical con un disco de trece temas que es un baldazo de buena onda, alegría, panderetas y guitarras rockeras y un sabor oscuro entre tanta algarabía de pieles que sudan en verano.

ERP es un rock de cualquier otro lugar. No se parece a las líneas musicales de Buenos Aires con su estilo tan rock nacional ni tampoco a las bases indie platenses porque proponen otros códigos. Si no piensen en la aparición un poco melódica, otro poco melancólica y de canción de autor que tuvo Loquero en esos tiempos donde el punk rock era más cuadrado. Así, y con un integrante que alguna vez formó parte de Loquero, justamente, la banda formada por Jorge Areta, Juan Pablo Taglioni y Matías Arano propone un cálido sonido rockero y electrónico con el sello de una poesía que recorrió, como todo ejército, grandes márgenes del país y pretende dar cuenta de eso en sus canciones.

Autopunch, el primer disco de la banda, es una poderosa mezcla de rock, de voces que con delay pretenden extenderse en el tiempo y espacio de una nota, poderosas letras de amor y de calles y pasajes recorridos, de placeres ocultos y de crítica a determinados estandartes occidentales como la Iglesia, el Estado y el estado, también, de las cosas.

Aparecen matices y estilos que hacen surfear al oyente por sonidos como DDT, Loquero y alguna reminiscencia babasónica. “Martina” abre el juego a la diversión, ya que es una canción de amor con guitarras surferas con mucha onda, como también sucede con “Carcas a Cheo”, con voces a capela y un bajo bien al frente que se va tornando en el momento más bailable del disco y que termina cuando empieza “E” o “Sur-F” dos temas erpianamente chill-out que hablan de un paisaje ventoso de mar, donde “el viento trae la respuesta a una pregunta vieja”.

En esa clave más introspectiva aparece un tema que por su título tranquilamente podría ser del Indio Solari, “Virgen delivery”, que es una súplica a la Santa Evita Montonera, diosa de los caídos en Cromañón, una virgen madre que en su vientre lleva “a los hijos descarriados de la Revolución Guerrillera, ruega por nosotros Rolling Stones, perdidos entre el humo de las bengalas y las marihuanas. Amén”. O la canción oscura con toques de post-punk que relata, básicamente, la historia de un personaje desamparado por sus propias instituciones “¿qué vas a esperar de la Constitución Nacional? O ¿qué vas a esperar de la Sociedad Rural?” y al que llaman rockero y subversivo.

Para cerrar, cuatro temas bien abstractos, bailables, oscuros, electrónicos, que quedan a disposición de un oyente activo que quiera sumergirse en las profundidades del Ejército pacífico de románticos playeros. Trece canciones que nos hablan en clave rock, pero de un rock de algún otro lugar.
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