martes, 31 de mayo de 2011

Festipulenta, el tren de la alegría.-

Los jóvenes ávidos de rock independiente tienen en este festival su gran cita. El sábado fue el segundo día de su décima edición, en ese infierno que es el Centro Cultural Zaguán Sur. Un infierno hecho de calor, melodías de diversas bandas --Fantasmagoria, Los Reyes del Falsete, Javi Punga y su Conjunto Musical, La Ola que Quería ser Chau y SUB--, y mucha, pero mucha cerveza.

Por Juan Castiglione
Fotografía gentileza de Festipulenta

Buenos Aires, mayo 31 (Agencia NAN - 2011).- “Bienvenidos al tren, súbanse y disfruten”, brama áridamente Luis, bajista de Javi Punga y su Conjunto Musical. Mientras, da una pitada a su cigarrillo, el cual queda, hasta consumirse, suspendido entre sus labios. Hace sonar su precision bass cual campana de estación, y el sonido comienza a cabalgar como una locomotora diesel alimentada a base de fernet bien cargado. Los afortunados pasajeros de este viaje mágico y (ya no) misterioso fueron los jóvenes ávidos de rock independiente, alcohol y drogas blandas que se aglomeraron, como si fuera un tetris humano, en el Centro Cultural Zaguán Sur, en lo que fue el segundo día de la décima edición del festival “nacional y popular” del under: el Festipulenta.

El festival comenzó pasadas las 22.30 cuando subió al escenario la primera banda de la jornada, SUB. La agrupación de zona sur, al mando de José Noisé en guitarra, es un homenaje al significado más puro y menos peyorativo, del término “indie”. Eternos adolescentes de más de treinta años dibujando sonidos distorsionados, haciendo culto al movimiento alternativo de bandas como Pavement, Yo La Tengo y hasta el shoegaze de los irlandeses My Bloody Valentine y el noise de los inolvidables Jesus and Mary Chain. Son todas influencias que confluyen en el conjunto de Remedios De Escalada, que no pretende cambiar el mapa musical ni mucho menos. Sí revivir por un rato los lejanos noventa --en los que ser underground significaba una declaración de principios y no “La” pose de moda--, a través de temas como “Desaparecer”, “Yo que vos” o “Toco la bata”.

Adolescentes haciendo sus primeras armas en el fino arte del pogo y los excesos alucinógenos, fueron el público destacado en la presentación de La Ola Que Quería Ser Chau (LOQQSC), segunda banda de la noche. A la presencia permanente de Migue en guitarra principal y voz, y Ro Marques en bajo y coros, se suman las recientes incorporaciones del ex Lache Santi Nerone, en segunda guitarra, y Feche, en batería. Éste cambio de formación repercutió en un sonido más pulido, algo que podría definirse como un “caos bajo control”. LOQQSC suena más compacto y efectivo, pero esta prolijidad trae consigo la perdida de cierta frescura pasada. Aún así su combo de canciones pintadas de lo-fi, feedback y delays espaciales, completadas con letras que recorren de manera transversal el imaginario de la generación “Y2K”, como lo es Gokú y el planeta namek a punto de estallar; canciones de amores/desamores como “Gustan de vos todos mis amigos”, “Cariñito”, “Ey bonita!”; y exclamaciones viscerales plasmadas en títulos como “Te voy a matar”, conforman un placebo efectivo para calmar las ansias de rock de una nueva generación de (algunos no tan) pequeños rockeros a ilustrarse.

Los intervalos entre banda y banda cumplen una doble función: una es ir al baño, debido a la ingesta continua de cerveza de alrededor del 90 por ciento de los asistentes, y la otra, tomar un poco de aire sobre la calle Moreno, en pleno corazón de Once. Sentados en el cordón de la vereda, o en cualquier escalón que se encuentre, la mayoría aprovecha para descansar las piernas, charlar de cotidianidades sin tener que gritar para superar los decibeles que escupen los parlantes y, sobre todo, escapar del inferno que es, con su capacidad colmada, Zaguán Sur. “El calor que hace ahí adentro es insoportable”, exclama, a modo de queja, Julieta, que vino desde Quilmes a ver a las bandas. Del sudor al frío glacial de la madrugada de mayo, y unos minutos después, de nuevo a sudar. Así en cada intervalo. En algún lugar del globo, los fabricantes de analgésicos antifebriles sonríen de manera socarrona.

Pero el intervalo termina, y la marea humana se vuelve a estrujar delante del escenario para presenciar el show de Javi Punga y su Conjunto Musical. Al comando del platense Javi Punga, la propuesta del grupo --que también conforma el ya nombrado Luis--, apunta al optimismo, al amor fugaz y no tan fugaz, a las historias que deambulan entre la parsimonia de un sábado por la tarde y la angustia de un domingo por la noche. En el plano instrumental, el sonido forma parte del árbol genealógico de la generación de bandas platenses post-Cromañón, lánguidas guitarras rítmicas, melodías circulares, estribillos coreables y actitud por demás despojada. Todo esto en un set de alrededor de 45 minutos, durante el cual desfilaron temas como “Johnny Imagine”, “Asalto comando”, “Cecilia Brediche”, “Ahora soy vegetariano” y algunos de los temas que conforman su última y triple producción, “El árbol de la vida”.

Pasa Javi Punga y, a las 2 de la mañana, llega finalmente uno de los platos fuertes de la noche: Los Reyes Del falsete. Nicolás y Tomás Corley junto a Juan Cianfagna --mejor conocidos como Nica, Tifa y Juanchy Munchy-- los créditos del nuevo “Adrogué Sound”, repitieron su ya exitosa fórmula de melodías directas, potencia por momentos proto punk, y una prosa bohemia y despreocupada. La legión de seguidores no encontró mayores sorpresas en su repertorio, el cual hace tiempo permanece constante y en el que la oda a la promiscuidad juvenil de “Mi chica”, la ¿apología fumona? de “El gran cohete”, y los mitos urbanos de “Yabrán” ya no sorprenden como antaño. No obstante, permanecen todavía frescos y se han convertido en pequeños clásicos en la efímera carrera del trío. A su vez, la mayor novedad tal vez haya sido la inclusión de temas que suelen quedar generalmente fuera del set list, como “Ida y vuelta (a plaza)” y “El telefonista loco”. Un set, en definitiva, ya habitual, que se vio opacado por un volumen ensordecedor, acoples y desfasajes en el tempo de algunos temas, tal vez producto de éstas deficiencias en el plano sonoro, pero que no opacan la propuesta de los inefables Falsetes.

Y finalmente, llegó la última banda de la noche, Fantasmagoria. Acompañada por la merma de un público que se retiraba ya abatido por el trajín de presenciar las performances de cinco bandas en continuado, la presentación de Gori y los suyos fue, a pesar de esto, la más sólida de la jornada. Repasando temas de su breve pero fructífera discografía, y haciendo hincapié especialmente en su última producción, El río, el cuarteto que conforman Gori en voz y guitarra, Ignacio en batería, Juani en bajo y Volco en teclados y coros se despachó en un set contundente y homogéneo. Todo esto acoplado en un sonido que remite al Marc Bolan de la era pre Tony Visconti, resabios del folk argentino de finales de los sesenta y principio de los setentas, y un formato de canción que, a primera vista, luce apto para todos los paladares. Bises y hasta un cóver de Pappo fueron algunos de los condimentos que aderezaron el plato fuerte de la jornada.

El telón se baja cuando el reloj araña las 4 de la madrugada, y el éxodo se produce en cuestión de segundos. Ya no queda nadie en Zaguán. Ana, que tiene que viajar hasta Belgrano, pregunta “¿sabés por dónde pasa el 151?”. Rocío reformula la pregunta, pero ésta vez, preguntando por el 71. El viaje de Luis, el bajista histriónico, llegó a su final. Pero ahora empieza otro, al módico precio de un peso con veinticinco centavos. Lástima que no sea ni mágico ni misterioso.

lunes, 30 de mayo de 2011

Discos: Me arrepiento de todo (Tomi Lebrero & El Puchero Misterioso, 2011).-

Aunque comparte con el resto esa tejida por el cantautor con hilos del folklore, el rock y el tango, el tercer y último disco de Tomi Lebrero es el más moderno de sus trabajos.

Por Sergio Sánchez

Buenos Aires, mayo 30 (Agencia NAN-2011).- La música de Tomi Lebrero podría ubicarse justo en el medio del rock nacional de los años setenta y el folklore popular argentino –como lo entenderían Atahualpa Yupanqui o el jujeño Ricardo Vilca-, aunque con un sonido más moderno. Y eso termina de confirmase en su tercer disco, Me arrepiento de todo (2011), un trabajo que marca una continuidad con el anterior, Cosas de Tomi (2008), con una mínima diferencia: el nuevo es más urbano, menos rural. Lebrero, también, cruza el rock con géneros tradicionales del Río de la Plata, como el tango y la milonga. Y eso se debe, en parte, a la fuerte presencia del bandoneón –ejecutado por él- en la mayoría de sus canciones. Es que en su música aparece esa huella: tiempo atrás formó parte de la Orquesta Típica Fernández Fierro, una propuesta de tango con estética rockera.

El tercer disco de Lebrero posee una fuerte impronta rockera que lo vincula con los fundadores del rock argentino: Pedro y Pablo, Los Gatos o Tanguito, por nombrar algunos. Eso se hace evidente en algunos pasajes: en las interpretaciones vocales de “Noche en La Pampa” (a dúo con Lisandro Aristimuño, el productor del disco) y “Dicen Adiós”, y en la estructura musical de “Sentires que bailan”, que recuerda primero a artistas de la “canción melódica” y luego se torna experimental. En esta línea, el arte del disco también sugiere una estética vintage: tanto la foto de tapa como las pequeñas imágenes que aparecen en el interior están en blanco y negro.

Uno de los rasgos que define sus canciones es el diálogo con la naturaleza, que siempre busca la profundidad. Lebrero es un artista curioso y muy receptivo que a partir de los viajes intenta descubrir el mundo y sus personajes. De esas experiencias surgen temas como “Cantor de los pueblos” (“Voy a retratar el paisaje criollo del universo / voy sin show de televisión cruzando un desierto / vida llena de sueños viajeros) o “Quilpo” (“Ábreme tus brazos plenamente / déjame nadar en tu vertiente”), una oda al río ubicado en San Marcos Sierras, Córdoba. En líneas generales, las letras tienen una interesante dosis de poesía y se posan en los vínculos afectivos entre los humanos, dos rasgos que caracterizan a los nuevos cantautores. Entiende el “amor” y la “sensibilidad” como estéticas, como discursos y como fines artísticos.

Además, como buen artista de música popular, recurre al humor para contar algunas de sus historias. En la milonga “Choro de las estaciones” ironiza con el ego porteño y la vida ajetreada de la ciudad (“Ya para el verano entre el calor y el desgano uno quiere dejar de trabajar / son las fiestas familiares con sus brindis y regalos quienes nos invitan a aflojar), en “Mamami” recuerda los consejos que su madre le daba en su infancia (“La gente derrocha en pavadas / El oficio del artista no es rentado”) y en “Pericón de Hilda” cuenta la historia de una mujer de pinta el costado más íntimo y vulgar de su patrón.

Me arrepiento de todo también tiene sus bonus tracks flasheros –“algo fantasmas”, como los califica su autor en el disco-: “San Pedro Careta” y “San Pedro drogado”, en alusión a la planta iniciática que permite que los sentidos se agudicen.

viernes, 27 de mayo de 2011

Alex Heduvan: “Busco que lo que digo duela tanto como le duele a la gente que lo sufre”.-

El músico se enamoró de las rimas en su primera adolescencia e integró una banda con amigos de su barrio, en el Oeste neuquino. Tras andar en conjunto, se animó a caminar solo y está a punto de lanzar su primer disco. En diálogo con Agencia NAN, asegura que el arte le ayudó a entender la áspera realidad que lo envolvió desde su nacimiento: “Todo eso que mamé lo terminé escribiendo. El rap es mi habla y todo lo que no puedo decir hablando lo digo rapeando”.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Alex Heduvan

“Rapeo alto, porque en el largo camino del hip hop yo encontré el atajo,
por eso viajo, encajo donde sea, donde todo escasea,
donde veas lo que veas no va a ser lo que vos quieras”
San Lorenzo City


Neuquén, mayo 27 (Agencia NAN – 2011).- El rap y las rimas de los “chicos bravos” está pasando por un buen momento en toda América Latina. En los ‘90, 30 años después de su nacimiento en Estados Unidos, la movida desbordó las fronteras y se hizo fuerte en los trópicos. Lejos de allí, donde las pieles sudan, el sur alzó su voz y, parece, tiene mucho para decir. En Neuquén, uno de los principales referentes del rap es Alex Heduvan, un jugador distinto que llega con todo el agite del Oeste de la ciudad patagónica, uno de sus barrios más pobre y marginal. Hasta hace poco, Alex formaba parte de “San Lorenzo City”, grupo que compartió con el Negro Miguel, uno de los precursores del ritmo que aúna a varios raperos, otros tantos graffiteros, bailarines y algunos djs locales que se dedican al scratch o al mash-up. Aunque cada vez más fuerte, el rap neuquino es desconocido para la mitad de habitantes. En diálogo con Agencia NAN, Heduvan abre las puertas de ese mundo y adelanta lo que será su primer disco solista.

--¿Por qué empezaste a hacer rap y no, por ejemplo, cumbia, que es lo que más se escucha en tu barrio?
--A mí la cumbia no me gusta. Considero que, en vez de construir, destruye bastante la imagen de ellos mismos y de las mujeres. Si bien al igual que la cumbia, el rap viene de los barrios periféricos, es muy diferente. Hace un par de años, en 2004, nos juntábamos con un grupo de amigos en una casa, prendíamos un equipito con unas bases y grabábamos nuestras rimas en un cassette. Yo tenía 13 años en ese entonces y mis referentes eran el Negro y Joper. Ellos me incentivaron a escribir. De la junta de nosotros tres y un chico más, Isaías, salió San Lorenzo City, algo que nos agrupaba. El Negro era el mejor porque escribía canciones sobre las cosas que veía en las calles. A mí me encantaba. Los cuatro somos MC, maestros de ceremonia. Es decir, los que vamos al frente. El movimiento hip-hopero abarca también a bailarines, a los djs y a los graffiteros.

--¿Se puede hablar de la existencia de un movimiento hip-hopero en Neuquén?
--Sí, y en este último tiempo creció mucho. Los bailarines se juntan en el Parque Central, que fue un lugar del que empezamos a apropiarnos en 2005. Era la antigua pista de tango. El comienzo, no obstante, fue en la Municipalidad, de donde la Policía nos fue corriendo por bailar, rapear, vestirnos con pantalones anchos… Nos miraban raro, como diciendo ‘¿Y éste de dónde salió?’. Ahora, además de los que se juntan a bailar en el Parque, nosotros nos juntamos a cantar en recitales de dub, de reggae, en los sound systems cuando los djs ponen bases de rap, de hip hop.

--San Lorenzo City quedó atrás y ahora empieza el camino solista, con su primer disco. ¿Qué trae de nuevo?
--El disco va a tener entre 15 y 16 temas, de los que ya llevo 12 terminados. El proceso de grabación empezó en enero y ahora estamos ensayando con banda y con bases para poder salir a tocar solo o acompañado y las letras las rescaté de cómo 12 cuadernos que tenía llenos de cosas escritas. Para grabar, invité a varios artistas amigos: Joper, uno de los raperos que me formó; Noelia Pucci, que es una grosa y con ella cantamos un tema para (el docente asesinado durante una manifestación por la policía neuquina, Carlos) Fuentealba; con el Chakal de La Estafa Dub que, además, es el que está grabando mi disco en sus estudios La Toma; con el Tano Bongiovanni en saxos; con Gise Vega de Sinsemina; Pichuki, un chico del barrio; son muchos. Todos, alguna vez, me invitaron a tocar en sus discos o en sus recitales. Ahora yo los estoy buscando para que participen del mio. El disco tiene nombre, pero prefiero no decirlo por si cambio de idea. Quiero presentarlo en todos lados, tengo el presentimiento que va a salir todo bien.

--¿De qué hablan las canciones?
--En mis letras agradezco a todos los que me ayudaron con el disco, en su difusión, así que les canto a algunos programas de televisión, radios, a músicos. Pero, sobre todo, mis letras hablan de discriminación, represión y muertes, del fin de la tierra, de la globalización. Hablo de lo que sucede en el oeste, donde vive mucha gente que nunca salió de su barrio y se quedó allá, pero no se vive muy bien que digamos. El rap siempre está relacionado a la crítica, Tupac, Public Enema (ambos referentes del rap estadounidense), todos cantaban por la desigualdad de los derechos de los pueblos negros. Siempre me fijo de contar lo que no sale en la tele, en la radio y contarlo de una manera que le llegue a la gente. Busco que lo que digo duela tanto como le duele a la gente que sufre en el oeste y en todo el mundo. A nuestro barrio, el San Lorenzo, no lo conoce nadie. No muchos de los que viven en el Este de la ciudad pasan por ahí. Pero tampoco sé si todos los del Oeste ve eso como lo veo yo. La mayoría vive mal, con un sueldo de mierda que les da un político por seguirlo y votarlo y vivir en malas condiciones. Es como que si sos pobre te acostumbran a seguir siéndolo. Yo por ejemplo, a principios del 2000 no tenía ni un equipito de música y escuchaba música por los canales de cable, del que nos colgábamos en casa. Mi vieja cobraba un plan trabajar de 150 pesos y nos mantenía a 4 hijos. Por eso ya no soy tan materialista. Pero todo eso que mamé lo terminé escribiendo. El rap me ayudó en banda de cosas. El rap es mi habla y todo lo que no puedo decir hablando lo digo rapeando.

--¿Cómo es el recibimiento de la gente?
--Siempre me encuentro en situaciones insólitas donde comento que tengo una banda y la gente me dice que me escuchó y que les gusta. Ese reconocimiento es lo que me hace seguir escribiendo, seguir adelante. Una vez estaba rapeando en la Avenida Argentina mientras otros bailaban y cuando nos estábamos yendo apareció una abuelita, con una gaseosa en la mano, y me agarró de la remera. No me soltaba ni un segundo y me decía ‘chicos los felicito, ustedes dicen lo que nadie se anima a decir’; nos daba besos emocionada. Que una abuela que probablemente nunca haya escuchado rap me diga eso, me volvió loco. Eso es lo que me hace seguir escribiendo y pensar en el futuro, porque mis canciones se tienen que seguir escuchando.

--Por último, ¿qué bandas del valle te gustan?
--Yo soy mi fan número 1, me escucho todo el tiempo y hago la música que me gusta a mí. Dentro del estilo acá no tengo referentes, pero me gustaba Sinsemina y me gusta La Estafa Dub. Me gustaría llenar una mochila de discos y partir por el mundo. También tengo una banda de rap metal que se llama Cuchillos y, junto con la Fundación del Banco provincia del Neuquén estamos armando un proyecto que se llama “Graffiteando un futuro”. Estamos planeando traer a 10 o 20 graffiteros para embellecer las calles. Porque el graffitti también es parte de la movida hip hopera.

http://www.myspace.com/slcity
http://www.youtube.com/watch?v=9P1KdDd0CQM

miércoles, 25 de mayo de 2011

Páginas para vivir el jazz.-

Living Jazz Magazine viene a ocupar el lugar que la movida jazzera parece reclamar desde hace tiempo: se trata de una revista dedicada a la cultura de ese género musical, la primera en la Argentina en años. Nació en formato digital y, a fuerza de voluntades compartidas, pegó el salto al papel.

Por Natalia Arenas

Miles Davis dejó su impronta en el jazz al ir siempre un poco más allá. “Para mí, en la música y en la vida todo es estilo”, dicen que dijo, y no es difícil imaginarlo: tal como el jazz, Miles derrochaba estilo. No por casualidad ésa es la frase que abre la editorial del número uno de Living Jazz Magazine, la primera revista en años en la Argentina dedicada a la cultura jazz.

“Siendo agente de prensa, empecé a trabajar con músicos de jazz, sin saber nada del género”, cuenta Gabriel Cygielnik, director editorial y fundador del proyecto original que nació en 2009, en formato digital. “Teniendo que llevar un disco de un artista para poder difundirlo, empecé a ver en qué medios podía funcionar, entonces pensé en radios, en diarios, en la tele… y cuando pensé en revistas, me di cuenta que no había una revista de jazz en la Argentina. ‘Entonces, hagámosla’, me dije”.

Así, Cygielnik se propuso ahondar en un nicho poco explotado por el mercado editorial y decidió armar un equipo “tipo La gran estafa”. “Por supuesto que no soy Brad Pitt, ni George Clooney”, bromea quien empezó a reclutar gente para que lo ayude a armar su proyecto, que está anclado “en lo periodístico, más que en lo musical”. Costó encontrarle la vuelta, sobre todo, porque no contaban con los fondos necesarios e, incluso, en una primera etapa, el intento de conseguir un subsidio quedó en la nada. “Hasta que me encontré con Héctor Sánchez (el otro director de la revista), que tenía un proyecto digital que se llamaba Living Jazz: una página pelada, con dos tapitas de Miles Davis, y un logo que aún conservamos”, detalla el fundador. “Yo te la lleno de contenidos”, arriesgó Cygielnik, marcando el comienzo bimestral de la revista.

Fueron siete números digitales y la respuesta fue positiva. “A la gente le gustó la imagen que tenía la revista y el contenido, porque hablábamos de cosas que no se hablaban en los medios de jazz”, comenta. Además de las coberturas de eventos y las críticas de discos, Living Jazz fue más allá: la ley nacional de música, la prohibición de tocar en Buenos Aires, por poner sólo algunos ejemplos.

--¿Cómo pasan del formato digital al papel?
--Llegar al papel fue un camino arduo, difícil, de pelearse con muchas cosas, pero de sumar muchos apoyos. Muy manual fue, porque la base era de dos, tres personas, después empezó a armarse un equipo más grande y no es que vino un inversionista que puso la plata, salió todo de nuestros bolsillos. Y la difusión la vamos haciendo con los recursos que tenemos: mails, Internet, tratamos de meternos en los eventos, imprimimos algún volante…

--En este primer número, hacen referencia a la cultura jazz: ¿qué abarcaría ese concepto?
--Cuando decidimos pasar al papel, nos preguntamos si ésta era una revista de música o de cultura jazz. Y la respuesta fue de cultura jazz, pensando en todo lo que está alrededor de la música: no sólo del músico que está arriba del escenario, sino también del tipo que está abajo y lo escucha. Decidimos jugar un poco con el estereotipo de los años mozos del jazz: un tipo sentado en un sillón, que fuma habano, tranquilo, en su casa, disfrutando. Pero lo que nos pasaba es que cuando vas a ver un show, no ves ese estereotipo. Entonces, pensamos en crear nosotros esa cultura jazz, una imagen; siempre pensando en levantar la escena del jazz actual. Nos encontramos con que hay una diferencia grande entre el que escucha jazz y el que lo toca. Algo que no pasa, por ejemplo, con el rock o la música clásica…

--Porque quien escucha rock o música clásica se identifica también desde la imagen con esos géneros, ¿no?
--Claro. Pero esto incluso pasó con el jazz en Estados Unidos. Un tipo como Miles Davis, que cambió seis veces de paradigma, lo veías de traje, elegante. Pero ahora estamos hablando de otra cosa, todo eso quedó atrás. Entonces, en Living Jazz hablamos de música, pero también hablamos de intereses de otro tipo: los clubes de vino, la cocina gourmet, lugares turísticos... todas cosas que, creemos, tienen que ver con el jazz y que hacen a esta cultura de la que hablamos. Y todo, sin considerarla una música de elite. No es nacional y popular, pero tampoco es de elite. Hay un público amplio para esto. No masivo, pero sí amplio.

La primera edición en papel de Living Jazz Magazine tiene una tirada de 3 mil ejemplares y, en principio, se compra por suscripción vía Internet. En poco tiempo estará disponible en disquerías y librerías de todo el país. “Nos interesa mucho el interior, nos interesa descentralizar al jazz”, destaca Cygielnik, y reprocha: “Estamos en un país que todavía es unitario, pero el fuerte está en el interior, para todos los músicos”. Este primer número, dedica su nota de tapa a Mariano Otero, incluye una entrevista exclusiva al “Gato” Barbieri, un dossier de Miles Davis y un informe especial sobre el post Cromagnón, entre otros temas.

--Teniendo en cuenta la premisa de que Living Jazz no es una revista para músicos, sino para escuchas, ¿cómo armaron el sumario de este primer número?
--La elección de Mariano Otero fue polémica. Me incliné por un músico que se está yendo del jazz, está con un pie afuera, dedicado al teatro y a hacer canciones. Pero, sin embargo, es un tipo que los últimos años chocó mucho desde que pasó con su señora a ser oficialista, fue polémico, se peleó con un montón de músicos que no lo eran o que estaban del lado del gobierno de la Ciudad y desde ese enfoque me pareció jugoso e interesante. Entonces, ¿por qué ponerlo en tapa a él y no ponerlo a Barbieri, que es un histórico? Porque quería una revista que mirara al jazz para adelante. Siempre se mira para atrás: hablamos de músicos de antes, de gente de la historia del jazz. Y Otero es un tipo que se está yendo del jazz. Lo mismo con la decisión de poner a Miles Davis, podría haber puesto a Coltrane o a Charly Parker y me incliné por Davis, porque es un tipo que fue revolucionario varias veces en el jazz, con un estilo muy personal.

--¿Cree que encontraron un nicho?
--Sí, definitivamente. De hecho, en este momento, creo que es la única revista de jazz en habla hispana. Hace poquitos meses dejó de salir Cuadernos de jazz, que era la revista de España, que pasó a ser digital. En la Argentina, vaya uno a saber por qué, porque somos tradicionalistas o porque el gen argentino está ahí, consumimos revistas en papel. Si bien algunas cayeron, aparecen muchas revistas nuevas, aparecieron dos diarios nuevos, los kioscos de diarios son un sindicato fuertísimo. Quizás por ahí vino la decisión de saltar el charco de pasar al papel. A nosotros digitalmente nos fue muy bien, logramos instalar el nombre, instalarnos en el circuito, que nos conozcan… Yo creo que esta es una revista viable en Argentina, no sé si lo sería en otros lados.

http://www.livingjazz.net/
http://www.livingjazz.com.ar/

martes, 24 de mayo de 2011

Libros: "Los peligros de fumar en la cama" (Emecé, 2009).-

Mariana Enríquez despliega una inteligencia difícil de encontrar en la nueva literatura de terror. La escritora, una joven treintañera que cuenta con dos novelas publicadas y cuentos esparcidos por una decena de obras de recolipación, impregna de esa inteligencia a cada uno de los relatos que integran ésta, su última pieza literaria.

Por Juan José Burzi

Buenos Aires, mayo 24 (Agencia NAN-2011).- Los peligros de fumar en la cama es un libro que en muchos sentidos rema contra la corriente: son cuentos posiblemente ubicables en el género terror, cuya prosa no cae en facilismos ni es anacrónicamente florida. Son cuentos escritos con astucia, y eso se nota en pequeños detalles. Por ejemplo, cuando hablábamos con los muertos, donde se puede tener miedo a algún lugar común o a algún tipo de moralina (hay tabla Ouija, hay desaparecidos). Sin embargo el relato entra y sale de lo que es su tema principal, los 70s y, sin embargo, dice lo que tiene que decir.

En La virgen de la tosquera, al lector --tal vez-- le cueste entender cómo el protagonista masculino acaba embobado por una mujer que tiene menos atributos (a la vista) que las tres adolescentes que lo provocan durante todo el cuento. El lector caerá en la trampa, al igual que las chicas, cuando él les pida a estas que naden hasta “la virgen de la tosquera”.

Entonces, se producirá uno de los momentos más escalofriantes de todo el libro, por lo inevitable y oscuro que se torna el cuento: sabemos que todo va a terminar mal, con sangre y muerte.

Otro cuento muy cuidado en muchos detalles es El carrito: hay un cartonero, hay un barrio de clase media, discriminación, violencia, y una venganza. El relato, que cuenta con un “castigo” hacia las personas que obraron mal y un “premio” hacia quien obró bien, también tiene un detalle que lo ubica en otro plano, el esotérico: una maldición, y tras esa maldición se puede percibir que no hay moralina. Gana lo sobrenatural en ese cuento --como en otros del libro-- y así como a veces hay un “mal” que triunfa (las más), también hay ocasiones donde lo hace “el bien” o lo que representaría a ese bien.

El logrado clima de la familia que se encierra --por no caer en la maldición y para evitar la envidia homicida de sus vecinos-- y de la amenaza externa --sus vecinos-- hacen que el lector se quede con ganas de más.

Los peligros de fumar en la cama --tocayo del libro-- es un cuento claustrofóbico acerca de una mujer autodestructiva y destinada a morir quemada por el fuego de su cigarrillo. Afortunadamente, la resolución del cuento es más que ese mero hecho anecdótico.

Dónde estás corazón es uno de los relatos más logrados, donde se palpa tal vez el “mejor” de los horrores: el que proviene y es inherente a la propia perversión humana. Algo similar sucede con Ni cumpleaños ni bautismos, que trata sobre Nicolás, quien hace filmaciones “raras”, ideales para voyeurs. Es cuestión de usar la imaginación para ver las inquietantes implicancias que puede sobrellevar una profesión por el estilo.

Otros integrantes de la obra, como Chicos que faltan o Rambla Triste, tienen una virtud: Mariana Enríquez crea un mini-mundo en apenas unas pocas páginas, con varios personajes de peso, cuya tensión no se pierde. Si Chicos que faltan hubiera tenido alguna palabra o expresión de más o equivocada, habría podido ser interpretado como una especie de alegoría de los desaparecidos, y el cuento se hubiera banalizado. Otra vez se puede apreciar la astucia.

Carne será, tal vez, el cuento del libro con más tela para cortar en cuanto a aspectos sociológicos, pero lo dejo para los entendidos del tema. Solamente destacaré la obvia pero poco explorada relación entre fanatismo y canibalismo (remite a un cuento de Cortázar, Las Ménades, pero en versión gore).

Un libro sin desperdicio y de una temática poco explorada en la literatura argentina, encuadrado en una colección de jóvenes y destacados autores (Samantha Schweblin, Oliverio Coelho) que hacen de esta colección una de las más atractivas del mercado editorial argentino.

lunes, 23 de mayo de 2011

Si me colgás, te mato en el Centro Cultural Borges.-

La misma consecución de movimientos de pies, piernas, brazos, torsos y manos puede generar múltiples sentidos según la manera en la que se los ejecute. Eso queda en evidencia cada sábado en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, Ciudad de Buenos Aires), cuando nace y muere por la noche la obra de David Señoran.


Por Ailín Bullentini
Fotografía de Mariel Vélez (Si me colgás, te mato)

Buenos Aires, mayo 24 (Agencia NAN – 2011).- El tono de la voz. Los gestos que acompañan la pronunciación. La manera en que la mirada proyecta el sentido de la vista. De acuerdo a cuál sea la combinación de todos esos elementos, las palabras cobran diferentes sentidos. Lo mismo ocurre en la danza, si es que de movimientos corporales y su encadenamiento en un hilo coreográfico se habla. Si me colgás, te mato, una pieza de danza contemporánea creada e interpretada por miembros del grupo artístico independiente Proyecto Suelto, es el ejemplo que prueba de manera impecable que una misma consecución de movimientos de pies, piernas, brazos, torso y cuello puede hacernos viajar a paisajes y sensaciones completamente diferentes, casi contrapuestas, según la manera en que se los ejecute.

El coreógrafo David Señoran, que dirige y se encarga de la puesta en escena de la obra que nace, se reproduce y muere cada sábado en el Centro Cultural Borges, comprende perfectamente de qué se trata la multiplicidad de sentidos que se puede generar en el encadenamiento de distintos elementos y la modificación de algunos de ellos. Y hace de eso, el recurso base sobre el que construye la historia de Si me colgás te mato.

Los bailarines Belén Ortiz y Luis Sodá recorren, en la piel de Clara y Marcos, la historia de su relación sentimental a partir de una misma secuencia coreográfica de danza contemporánea que se repite en cada uno de los cinco pasajes en los que se estructura la obra. La pareja se conoce, se ama profunda y estúpidamente, se aburre, se maltrata y se parte al medio a partir de un mismo discurso corporal que, adornado con algún que otro ingrediente de baile adicional, cambia sólo desde sus matices: la fuerza con la que los artistas realizan los movimientos, el nivel de suavidad o tosquedad que le impriman a su baile, la manera de manejar sus cabezas.

Si en el período de enamoramiento primitivo nunca dejan de mirarse, se sonríen y buscan los roces corporales en todo momento hasta volverse chiclosos, se moverán bruscamente en los pasajes de crisis, cuando sus miradas se vuelvan esquivas y su ejercicio coreográfico, por momentos, hasta violento. Durante los primero pasajes, Clara no dejará de sonreír e idolatrar a ese ser que le quita el sueño. Lo seducirá con su baile, intentará pegarse a ese cuerpo que la enciende e intentará llegar a la perfección sólo para complacerlo.

Marcos, más medido, dejará escapar desde sus ojos la esencia de ese algo parecido al amor, que por momentos se parece a la admiración y por otros se confunde con puro deseo. Seguirá coreográficamente los sentires de Clara, pero como si la contemplara desde lo alto de la pirámide imaginaria de la superación. Marcos mantendrá distancia de Clara, su amor y la historia que los une; se alejará cada vez más hasta volverse hostil. Su baile entrará en el mar neblinoso de la duda que aparece cuando ya no se siente lo que al inicio y acabará por esfumarse en la certeza de la insatisfacción.

En este sentido, el trabajo de los bailarines, sobre todo el de Ortiz, es impecable. Bajo el amplio paraguas de sus estilos individuales, cada uno acierta en las elecciones realizadas de los recursos corporales que permite la disciplina para lograr el efecto de sentido requerido en cada momento. La crítica, en este aspecto, recae sobre el coreógrafo y tiene que ver con la saturación coreográfica que se da en ciertos pasajes. Excesivos giros, revoleos de brazos y contorsiones corporales cuya ausencia no modificaría el resultado final en cuanto a sentido y, en cambio, mejoraría la amabilidad de la que por momentos carece Si me colgás….

A estas alturas, decir que la estructura vertebral de la puesta es la danza contemporánea es innecesario. Sin embargo, bien vale el recurso literario para llamar la atención sobre un punto que aún no fue introducido en el artículo. Es que Señoran acompaña el baile con otros estilos de arte, como lo son la música en vivo, la proyección audiovisual y los elementos escenográficos que, lejos de permanecer quietos y ajenos a la trama dramática, ocupan roles centrales.

El trío que conforman Martín Freiberg, en percusión –su xilofón primerea la base instrumental e invita a un estado de soñolencia muy gentil--, Nicolás Franco en violín y Andrés Ferrari en piano, marcarán el pulso de la obra y acompañarán, por ende, los estadíos de la pareja protagonista y los ambientes que recorrerá ese binomio.

La proyección audiovisual aparecerá como cierre de cada pasaje e intentará demostrar el enrosque de fábula e histérico que el sentido común le atribuye a la mujer que se enamora. Las imágenes aparecen cada vez que Clara es abandonada –porque la obra nunca plantea el caso contrario--, y busca revelar qué le pasa a esa pobre joven enamorada por la cabeza cada vez que el objeto de su afecto no la corresponde. La vida de ambos, en sus pensamientos, es una novela de Andrea del Boca.

Un rol preponderante, casi más que el de las proyecciones crónicas, juegan un cubo ubicado contra una columna, una araña que pende sobre un sillón de dos cuerpos, y un anotador que se esconde tras un hueco de la sala que oficia de escenario –es que no existe diferencia de niveles entre el espacio utilizado por los bailarines y el destinado a los espectadores--.

El cubo será el soporte donde Marcos colgará, cual muñeca, a Clara cada vez que se canse de ella. En el sillón, la mujer llorará sus penas surgidas a partir de su reducción a objeto. Las hojas en blanco del anotador escondido serán el espacio de descarga/expresión de sus pensamientos, siempre referidos a Marcos, que enganchará luego de cada uno de los tentáculos de la araña, que girará y girará sobre ella mientras esté acurrucada en el sillón.

Es entonces aquí, en el nivel de contenido dramático, donde la historia no cierra del todo. O por lo menos, no lo hace para esta cronista. ¿Es Si me colgás, te mato una obra que discute las relaciones humanas de pareja? Si quiere serlo, pues no lo logra. En ningún momento se percibe la puesta en ridículo, el cinismo o el sarcasmo en la manera de contar la historia de amor entre Clara, una pobre joven enamoradiza que cambia su esencia de acuerdo a las exigencias de ese hombre que se vuelve su universo y sufre por no ser correspondida, y Marcos, un macho indeciso, frío y distante, que nunca se deja vencer por el amor y que acaba tratando a su enamorada como a una molestia. Y si la obra no busca discutir esa mecánica de relación y tan solo busca contar de qué va esto de construir una pareja, pues peor aún, ya que reduce a la pavada el amar y dejarse amar.


Si me colgás, te mato se presenta todos los sábados a las 21 en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525, Ciudad de Buenos Aires.
Proyecto Suelto:
http://www.davidenescena.blogspot.com/

viernes, 20 de mayo de 2011

PK: Los que hacen el camino al andar.-

Filosofía de vida, camino a la autosuperación, el Parkour es una disciplina francesa que se exportó al resto del mundo. Cada vez más jóvenes argentinos se le animan a este acrobático desplazamiento por el espacio urbano.

Por Soledad Arréguez Manozzo

Fotografía de Tomas Ballefin

Buenos Aires, mayo 20 (Agencia NAN-2011).- Los cuerpos se contraen y expanden por todo el espacio. Suben y bajan por los vericuetos del entorno urbano: burlan con saltos las barreras de concreto, escapan con agilidad de los abismos arquitectónicos y, por momentos, se suspenden en las cornisas de la ciudad. Ellos se desplazan de un punto a otro lo más fluido y rápido posible sorteando los obstáculos del camino trazado. Esta es la esencia del Parkour, una disciplina que desde Francia se exportó al resto del mundo. Para los traceurs, sus practicantes, es mucho más que un mero desplazamiento: es una filosofía de vida, la de un camino a la auto superación.

Correr, saltar, mantenerse en equilibrio, medir el riesgo, confiar en uno mismo, superar las dificultades, los obstáculos, y continuar avanzando. Es un trabajo físico y mental, al que cada vez más jóvenes se animan en la Argentina. La mayoría comenzó a practicarlo por la adrenalina que se desprendía de los videos que llegaban vía Internet desde Francia. En las plazas, daban los primeros pasos, solos o en grupos, en esta disciplina que debió luchar con los prejuicios de una sociedad, que los consideraba “locos” o “vándalos”.

El primer paso es estar en buen estado. Esta disciplina es una derivación del “método natural”, utilizado en entrenamientos militares. Tiene movimientos básicos como “catleaps”, “monkey”, “kong” después, es empezar a conocerse uno con el espacio. “Es una disciplina que requiere concentración y preparación. A medida que uno va entrenando va creando una visión periférica y más entrenada, cuando en principio veías una mesa, después ves una para pasar por arriba”, explica Hakim Cuperman, entrenador de Parkour Baires, una de las comunidades más grandes del país. En el club GEBA de Buenos Aires, Agencia Nan participó de un entrenamiento de ese grupo de traceurs. En un salón amplio, los jóvenes en medias o zapatillas se mueven por el piso como arácnidos, saltan por los recovecos de la pared, se abalanzan por los aros de gimnasia y caen en colchonetas.

No hay reglas ni normas: cada traceur ("el que hace el camino", en francés) se apropia del movimiento pautado y lo transforma en otro. Incluso, se suele hacer un recorrido y cada uno opta por hacerlo de una manera propia. No hay dos desplazamientos iguales: manos adelante o atrás, pies juntos o separados. Por eso, en diferentes regiones del planeta surgen otras escuelas del PK.

El factor común es la fluidez y su lema es “ser y durar”. Cuando un ejercicio termina, empieza otro. “La velocidad, la fuerza y el empuje se busca después de que el movimiento está naturalizado. Si uno hace bien el ejercicio no transporta el peso al piso. Así se mantiene la fluidez en un movimiento corto y conciso”, describe Gabriel Pons, entrenador de Parkour Baires.

Para muchos jóvenes el Parkour (“recorrido” en francés) es una filosofía de vida. “La idea es poder sortear los obstáculos para una auto superación personal. Es satisfacción personal. Uno después lo puede traspasar a un plano emocional y personal y convertirlo en un modo de vida”, asegura Cuperman. Esta experiencia se comparte con los que recién se inician. Para Pons, el PK le dio un giro a su vida: “Cambié por completo: aprendes a ocuparte de las cosas, disfrutar de lo que hay en el camino y no en lo que viene. De alguna manera, esto te cambia la perspectiva”.

Todo comienza en un espacio estudiado, para después salir al medio exterior. “En Europa, se ve cómo entrenan por las terrazas, acá no tenemos la misma suerte. En principio te asocian con un ladrón que salta por los techos”, cuenta. Un buen traceur, explican, busca no molestar al otro. Se concentra en sus movimientos. “No es una cuestión de transgredir. Está la obligación de respetar al resto: no vamos a saltar la reja de una casa”, remarca Pons.

Estos acróbatas urbanos emprenden la tarea de confiar en sí mismos y no tener miedo. Deben realizar los movimientos sin ponerse en peligro. “No es como las películas”, aclaran. El traceur no salta si no está seguro de que conseguirá realizar cierto movimiento. “Hay un estudio previo, porque podes pisar una pared de durlock y se hizo un agujero. Se hacen los ejercicios, porque son seguros. Es importante ver el espacio adonde te vas desenvolver. La duda es uno de los enemigos más peligrosos”, cuentan los entrenadores.

Para algunos, esta disciplina es como un juego traído de la infancia: trepar por los árboles, saltar vallas y escalones, correr por la terraza. Es buscar la alternativa al camino tradicional. Para aquellos que le imprimen un trabajo más acrobático, con mortales y piruetas, surgió con los años el “Free running”, una disciplina que se centra más en lo estético que en la fluidez.

No compiten contra otras personas. La meta está en superarse uno mismo. La motivación es el cambio. En Parkour Baires, no hay límites de edad. No se requiere equipamiento ni herramientas. El único consejo es utilizar calzado y ropa cómoda, que permita una gran movilidad para moverse sin trabas por el entorno urbano.

http://www.parkourbaires.com.ar/

jueves, 19 de mayo de 2011

Proyecto Vergel: “No intentamos llevar el dolor a la pintura”.-

Las artistas plásticas Florencia Rodríguez Giles y Catalina León recorren dos veces por semana los pasillos y las habitaciones del Hospital Gutiérrez. Con sus libros, óleos y bastidores en mano invitan a los niños y jóvenes internados a introducirse en un “universo compartido”, un instante de creación, a través de la pintura para salir de la rutina sanitaria y conocer en profundidad múltiples caminos de intimidad e imaginación.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza de Proyecto Vergel

Buenos Aires, mayo 18 (Agencia NAN-2011).- Proyecto Vergel nació oficialmente en marzo de 2010, cuando Flor se sumó a lo que venía construyendo Cata. Dos veces por semana, las artistas recorren el área de cuidados paliativos del Hospital Gutiérrez abarrotadas de libros de arte, óleos y bastidores para pintar junto a los niños y adolescentes internados. “El cuadro se vuelve un universo compartido, y por unas horas se vuelve todo nuestro mundo”, asegura Catalina León antes de que Florencia Rodríguez Giles agregue: “Es una instancia en la cual ellos hacen y son otra cosa que su enfermedad”.

Las jóvenes se formaron académicamente y llevan varias muestras en su haber. Ambas acuerdan que un posible rol del artista dentro la sociedad es en el ámbito de la salud, y que Proyecto Vergel se está consolidando con el nivel de compromiso necesario para instalarse y no irse más. En la experiencia que brindan a los chicos, de alegría y de descubrirse a sí mismos como pintores, aseguran en una charla con Agencia NAN que siempre hay algo de amistad en lo que hacen, y que finalmente son ellas las que les deberían agradecer a los chicos por permitirles entrar a su intimidad y a su imaginación.

A lo largo del año pasado, realizaron en el hospital obras colectivas, resultado de los pinceles de distintos pequeños artistas; y desde el lunes, estas pinturas encontraron un lugar de exposición: las creaciones estarán disponibles hasta el 6 de junio en Cecilia Caballero Arte Contemporáneo (Av. Alvear 1761, local 9, Ciudad de Buenos Aires).

-- ¿Por qué Vergel? ¿Cómo surgió la palabra?
Florencia Rodríguez Giles: -- Estábamos buscando algo aleatorio, bello, múltiple. Hicimos la lista de palabras y nos resonó.
Catalina León: -- Hay muchas cosas de salud y bienestar relacionadas, la palabra es apropiada también con la vitalidad y la alegría. A la vez, se relaciona con nuestro trabajo que va creciendo como un jardín, como la relación de chico con su obra.

-- ¿La esencia del proyecto es la intimidad, el uno a uno?
F.R.G: -- Sí, el encontrarse un humano con otro humano y que cada encuentro genere algo particular. Siempre intentamos ir a lo más profundo que se pueda dentro de nuestras posibilidades y de lo quiera o habilite el chico.
C.L.: -- También es una experiencia de amor, de crear y divertirse, y al igual que hacerse amigos, siempre es diferente. Intentamos que tengan un encuentro con cada una por semana, es interesante que pinten con dos personas que tengan una visión diferente del arte, donde no existe un “bien” y un “mal”.

-- ¿Cómo viven ellos la primera aproximación a la pintura?
C.L.: -- Les encanta, les divierte, les hace bien, quieren que después los familiares y los enfermeros vean las obras. Les llevamos libros de arte y eso les abre los ojos. Si vemos que lo están haciendo de manera automática, se lo marcamos: no todo se lo festejamos. Si vemos que lo están haciendo muy bien, quizás les exigimos un poco más.
F.R.G.: -- Pretendemos llevarlos a lugares que no sean lo obvio del colegio. Lo más importante para mí es no tener un plan y no saber cómo dar la pintura. Proponer esa idea, que pintar puede ser un enigma y no saber si el cielo va a ir arriba o abajo.

-- ¿Apuntan a que aprendan a pintar solos bajo esta concepción?
F.R.G.: -- Sí, desde un principio. Aunque muchas veces es muy difícil porque la familia no ayuda porque no tiene un sentido externo o porque no tiene recursos. Ahora tenemos kits de pintura para darles y vemos casos que ya pintan por su cuenta.
C.L.: -- Para ellos es un momento de alegría, de satisfacción consigo mismos y también, un terreno donde tienen mayor libertad para tomar decisiones en la situación restringida que viven al estar hospitalizados. Una vez estábamos con un chico haciendo un cuadro que no sabíamos para donde iba, era un delirio. De repente, decidió poner un personaje y un oso y se armó un cuadro con el estaba muy orgulloso. Es tan bello ver que se sorprendan de cómo llegan a lo que llegan con la pintura.

-- ¿Bajo qué rotulo se plantean frente a los chicos?
F.R.G.: -- La idea tiene que más ver con ser cómplices y hacer una obra juntos. Como si se juntaran dos artistas, aunque obviamente después los guíes y les enseñes técnicas.
C.L.: -- Antes de ser profesoras, la base de todo es el acompañamiento. Un encuentro entre dos seres humanos, uno en una condición muy diferente del otro, aunque siempre con la consciencia que nosotras podríamos estar en esa situación.

-- ¿Cómo se relacionan con la enfermedad?
C.L.: -- No nos súper interiorizamos, porque sino sería más difícil apuntar a su parte vital. No negamos su situación médica, y si el chico quiere hablar lo puede hacer con total libertad. No nos metemos en ese terreno porque no es algo que nos pueda servir para hacer mejor lo que hacemos. Aunque en el primer encuentro siempre les preguntamos por qué están internados, para saber hasta dónde quieren que nosotras sepamos.

-- ¿Qué relación encuentran entre la obra finalizada y la situación personal de cada niño?
F.R.G.: -- La pintura es un lenguaje en sí mismo. Es difícil saber cuánto están expresando porque no se trata de representar un sentimiento, sino un modo propio de hacerlo.
C.L.: -- Pocas veces se ve una relación clara entre la imagen y su situación. Aunque por ejemplo, un niño que pinta mucho accidentes en las vías del tren o que las casas estén a salvo de los rayos, evidentemente está proyectando la situación de peligro que siente sobre su enfermedad.

-- ¿Cómo se diferencia Proyecto Vergel del Arte terapia?
F.R.G.: --
Nosotras no intentamos llevar el dolor a la pintura. El arte es terapéutico para cualquiera que agarre un pincel, es una herramienta. Lo que nosotras hacemos no está conducido a una relación con su enfermedad o a encontrarse con determinados fantasmas.
C.L.: -- No vamos con la idea que eso los va a curar, si no simplemente proponerles pintar. Nuestro objetivo es que se descubran como artistas y que tengan otra calidad de encuentro consigo mismos.

-- ¿Una acuarela jamás puede hacer mejor que un remedio?
C.L.: --
Les puede hacer mejor, pero en general son situaciones de mucho dolor físico y no es un capricho que se ponen a llorar.
F.R.G.: -- Hace poco una nena que estaba llorando del dolor, y cuando se puso a pintar, se olvidó y cuando terminó, empezó a llorar de nuevo. Los despeja, pueden hacer otra cosa, pero su cotidianeidad está siendo llorar porque les duele.

-- ¿Y si el dolor supera las ganas de pintar?
C.L.: -- Ofrecemos hacerles Reiki, masajes en los pies o quedarnos al lado dándoles la mano, acompañándolos. La primera pregunta es siempre si prefiere que nos vayamos, ante todo respetar su situación de dolor y de intimidad.
F.R.G.: -- Aunque cuando dicen que no, generalmente es que nunca pintaron con nosotras.
Hay muchos casos de chicos o chicas que a pesar del dolor, se ponen a pintar.

-- ¿Cómo viven el proyecto a nivel personal?
C.L.: -- Causa mucha admiración. Pienso realmente que hay almas grandes, seres que tienen algo de extraordinario. Me veo a mí en esa situación de dolor y no sé si tendría la voluntar para pintar. Nos revitaliza y, a la vez, es una toma de consciencia, de responsabilidad hacia la vida.
F.R.G.: -- Inevitablemente reinsignifica tu propio dolor: la regla para medir, el parámetro favorable y desfavorable, se corre. Hacer cotidiano el hospital no es naturalizar, pero sí aceptar que muchos se mueren. Al igual que les proponemos a los chicos que no automaticen la pintura, nosotras tampoco tenemos formateado cómo nos relacionamos con la muerte, es una pregunta que hay que darle lugar. ¿Qué es estar enfermos? ¿Qué es hacer arte en estas condiciones?

--¿Lo consideran como un trabajo?
F.R.G.: --
Definitivamente, tenemos ganas que sea un medio de vida para nosotras porque lo estamos haciendo con ese nivel de compromiso. Queremos que el arte sea una herramienta más de la salud y que pueda ser un posible rol del artista dentro de la comunidad.
C.L.: -- Por el momento, lo venimos haciendo prácticamente gratis y es difícil sostenerlo en el tiempo. Tuvimos del apoyo del Centro Cultural España que nos ayudó para armar la página web. Los bastidores de Seurat y las pinturas de Eterna que nos donan posibilitan el proyecto. Si no, sería imposible.

--¿Qué planes tienen a futuro?
F.R.G.: --
Queremos pintar el hospital, transformar la visión cotidiana que tiene como institución, y en un futuro, que cada pieza pueda estar diseñada por un artista. También, nos gustaría ir al Garraham. Tenemos ganas de profundizar en el trabajo con chicos y adolescentes.
C.L.: -- El desafío ahora es quizás donde somos más discapacitadas, que es conseguir plata. Ahora estamos realizando una muestra que llamamos colectivas, porque un chico empieza una obra y otros la siguen. La venta de las pinturas nos ayudará a seguir desarrollando el proyecto.

-- ¿Observan un cambio formal en su pintura?
F.R.G.: --
Acabo de hacer una muestra, los chicos me hicieron agarrar un pincel después de diez años. Para mÍ, todo forma herramientas de conocimiento, una puede ser pintar, otra meditar y otra ir al hospital.
C.L.: -- Mi cambio fue en relación a mi trabajo, porque también Proyecto Vergel emerge dentro de una búsqueda nuestra. No vamos a ayudar nosotras que estamos bien y sanas. A nosotras nos interesa tener esa experiencia porque nos nutre, nos enriquece, nos cuestiona, hay un intercambio. Son ellos los que nos dan la posibilidad de estar acompañándolos, los que nos dejan entrar a su intimidad y nos dan su tiempo.

Proyecto Vergel: www.vergelarte.com.ar

martes, 17 de mayo de 2011

Prietto Viaja al Cosmos Con Mariano en Plasma.-

Durante la presentación de su primer vinilo, el dúo devenido trío genera un sonido que sube y baja y vuelve a subir, entrelazando canciones, voces y sensaciones desde un bólido que ruge y deja a su camino una estela luminosa como arco iris.

Por Juan Marco Castiglione
Fotografía gentileza de PVCCM

Buenos Aires, mayo 17 (Agencia NAN, 2011).- En los últimos años hubo un revival del vinilo. Fueron varias las bandas que lanzaron al mercado discos en ese soporte, en sintonía con un público que reivindica su calidad sonora en una era marcada por la compresión y la esterilidad del mp3. El vinilo de Prietto Viaja al Cosmos Con Mariano tuvo su bautismo en la noche del 14 de mayo, en el marco de la fiesta que el sello independiente Echo-Resonance organizó el viernes en lo que es la segunda casa de la banda, el club de cultura Plasma, en el límite de los tangueros San Telmo y Barracas. La velada mágica y misteriosa se completó con las presentaciones del francés Manuel Grotesque y los nativos Los Infantes a modo de preámbulo y calentando el ambiente para lo que estaba por llegar.

El público llenaba el reducto y las cervezas se entrelazaban en brindis y hurras cuando el dúo de Villa Crespo subió al escenario. Ahora bien, si Prietto Viaja Al Cosmos Con Mariano (PVCCM) no es el nombre más literal del rock, pega en el palo. La propuesta del dúo, devenido en trío con el agregado de un sintetizador, es justamente esa: un viaje surcando la galaxia, de la mano de capitanes Betos a bordo de una nave hecha con retazos de sonido lisérgico y envolvente. El trip espacial es el Ethos fundamental de PVCCM. Su set va de arriba hacia abajo y una vez más hacia arriba, como si el cielo fuera una gran montaña rusa: gira, desciende y cuando creemos que pisamos nuevamente tierra firme, la guitarra se envuelve en llamas, la batería hace estremecer los cimientos, y el sonido vuelve a ascender hacia los cielos del rock psicodélico, en un bólido sonoro que ruge y deja a su camino una estela luminosa como arco iris.

Los recitales de PVCCM no siguen el mandato habitual, sus temas no tienen principio ni final, sino que se entrelazan unos con otros, como una larga formación de vagones. Uno detrás del otro, entrelazados mediante puentes instrumentales. Las voces se mezclan con el eco y se disuelven en el infinito. Maxi Prietto comanda las guitarras con wah wah que hacen guiños a aquellos pioneros de la psicodelia, el eterno Jimi Hendrix y el Diamante loco de Syd Barret. El otro tandem instrumental, conformado por la bateria piloteada por el enigmatico y especial Mariano, dirige el pulso y nos excita o nos seda, con furia primal, o un swing por momentos casi jazzero.

Prietto, pequeño pero astuto, Mariano, gigante, demoledor, como si fueran los Asterix y Obelix del rock, le cantan a amores de verano. Pero no con la banalidad con la que supo hacerlo Airbag, si no con la sensación de que ellos, y también nosotros (público), vivimos la misma y fugaz historia. “Fue un verano fatal, con las resacas y borracheras/ y en medio de esta guerra, que era vivir así/ yo me enamoré de vos, yo me enamoré de vos”, reza un Prietto que jamás mira al público. Como un Jack White autóctono, canta casi de espaldas, mirando a Mariano, o a ese cosmos que a cada momento se encuentra más cerca. Y le canta, o mejor dicho le silba, al micrófono, en la dulce y melancólica “Cruzando el parque”. Y las metáforas antagónicas-apocalípticas de “Tu eres quien va” donde aúlla como un lobo: “Tu eres quien va, por agua/ en el pueblo cubierto de fuego”. Mientras, una nube de feedback púrpura se esparce sobre los oídos de la pequeña multitud en trance.

Y llega “el bombero” uno de los temas que integra el vinilo de 12'' a 45rpm, y llega la psicodelia hecha blues, los riffs agresivos de un Prietto devenido en un “Pappo en LSD”, los gritos desgarradores pidiendo fuego. Las almas también se prenden fuego. También se acerca un sintetizador que amenaza como una nevada mortal de Oesterheld. Entonces, de golpe todo baja, todos descendemos, “y ahora nos drogamos con gente que no conocemos”, y nos cantan sobre la tristeza, sobre los niños que se portan mal, sobre vacaciones. Ya pasó más de una hora de recital, y Mariano le pregunta a Prietto “¿ahora que tocamos?”, y el niño Prietto le responde: “Avenida Corrientes”.

Entonces llega Avenida Corrientes, ese himno a la soledad, a la avenida que nunca duerme. Uno puede sentirlo, puede sentir la madrugada en Corrientes, las madrugadas de sábado, la mugre y la furia. Se siente cuando Prietto canta con resignación redentora: “Caminando por Corrientes, los tontos se mordían los dientes, y yo, en soledad, fui a buscar dolor/ solo encontré a la felicidad de ser tan necio, de no estar sobrio/ de olvidar/ de recordar si me había olvidado a no extrañar”, coronado con esa declaración de principios urgente y desoladora envuelta en un último lamento donde el absurdo “es que uno, es uno, y ya”.

Desde allí, el recital termina. Termina con la sensación de estar presenciando un nuevo amanecer...aunque sean las 3 de la madrugada. Se sienten los rayos del alba iluminando el lugar, pero no es el alba, son Prietto y Mariano, que volvieron al planeta, en su nave incandescente, recién llegada del firmamento.

http://www.viajaalcosmos.com.ar

lunes, 16 de mayo de 2011

Discos: "Bailedonia" (13H, 2010).-

La banda nacida en Barracas apuesta a un simpático mestizaje, sin novedades en lo que a la combinación de ritmos respecta, pero con la suficiente agilidad, contundencia y buena música como para hacerse un lugarcito en la huerta de discos.

Por Luis Paz

Buenos Aires, mayo 16 (Agencia NAN-2011).-
Así en Barcelona como en Buenos Aires, el mestizaje es un caldo de cultivo en el que se incuban demasiados organismos sucedáneos a Manu Chao y muy pocos descendientes de la combinación de su fuerza, su capacidad melódica y su abierto albedrío. Puede que en la combinación de ritmos latinos, reggae, ska y punk exista a esta altura la imposibilidad genética de una frescura. Y lo peor, parece haberse puesto un punto final en la evolución intelectual de esta música. La banda 13H, nacida con la crisis en el barrio limítrofe de Barracas, puente de troncos entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano sur, no viene a enterrar ninguna de esas ideas, pero su disco debut trae las suficientes paladas de agilidad, contundencia, angustia adolescente, mambo y policromatismo como para reservarle a este octeto de juventudes encontradas un lugarcito en la huerta de discos.

13H es una banda que está a favor del amor, del sudor, de la despenalización, del autocultivo, de la unidad y la resistencia latinoamericanas y de la música festiva con posibilidades reflexivas, y en contra de la prohibición, del cipayismo, de la hipocresía y del peine: la mitad de sus miembros usa el pelo rapado y la otra mitad, dreadlocks. Cone, Tío, Duende, Chris, Keni, Chueko, Negro Pedro y Facu, con esos apodos tan singulares y universales, catalizan en este primer disco una decena de temas tan deudores de sus influencias (todo cruce de ska con punk, desde NOFX a Sumo, de los Cadillacs a los gloriosos Operation Ivy) como energéticamente propios: todo este bloque de tres cuartos de hora de música está revestido de instantaneidad festiva, tropicalismo urbano, raggamufinismo hardcore y llamados a la no concordia con las metas y necesidades impuestas.

Pero a todo momento enfrentan un peligro: su raíz en esos temas los expone a cierta liviandad adolescente para encarar sus realidades poéticas de un modo maniqueísta, por el que lo común es que la Maldad sea el problema y la Bondad, la solución. En un nivel más profundo, sin embargo, la simpleza es bastante excusable cuando versos como "reggae in primavera caminando en Costanera", de la dulzona "La manija", proponen soluciones concretas para la única revolución que la clase media y los profesionales que se consideran obreros están mostrándose dispuestos a hacer actualmente, que es la de pintar el frente de la casa que alquilan para pintar el mundo.

En lo profundo, su mensaje convence, más allá de escepticismos, gracias a lo que en definitiva hace que se trate de una banda y no de otro grupo de voluntarismos no orgánicos. Es decir, su música. Como en lo más notable de Kapanga o Karamelo Santo, la cordialidad de momentos como "probé un tiempo de albañil, uh oh no no" agarra cierta velocidad en sus irrupciones de poder y se matiza en sus cambios de ritmos, afincados muchas veces en momentos de raggamufin explícito, halos de rocksteady y claves de ska para fiestas de quince.

Babylon, la cannabis e Irak aparecen (obviamente) nombrando a lo que acaban siendo los tres macrotópicos de su relato musical: la relación del hombre con la sociedad, la naturaleza y los derroteros políticos. Si son encarados desde un manifiesto de banda como "Marihuano", un llamado a la paz como arma de construcción masiva como en "Gente" o una crónica de calle como "Pajarista", no interesa demasiado: en las texturas que 13H abarca, se desarrolla musicalmente con buenos resultados; los juegos vocales son algo toscos, pero están lo suficientemente pulidos y bien entramados, y aunque su plan tímbrico vaya por dos o tres vías, las caminan con buena gracia.

Completa este no sorprendente pero sí muy simpático disco una presentación que también va en la misma línea de revisionismo de género, con un collage de identificaciones simples (una trompeta, un corazón, un tótem o una hoja de cannabis valen igual para entender los conceptos), pero bastante destacable en comparativa con otras presentaciones similares. Allí es donde 13H termina de aparecer como un grupo que tiene mucho en común con muchos otros, pero también un par de cosas que no es común en aquellos. Dos virtudes que, curiosamente, se corresponden con sus rasgos distintivos: su naturaleza noble y su fortaleza de espíritu musical. Lo demás es ir a verlos, bailarlos y volverse en colectivo pensando en tirar tus zapatos y ponerte a preparar una huerta donde cultivar tus propios tomates.

Sitio: http://www.13hska.com.ar/

viernes, 13 de mayo de 2011

Vamos a imprimir, a significar, a darle vida!.-

En busca de alcanzar esas metas, en un improvisado taller de Palermo, un grupo de jóvenes ofrece un servicio personalizado para la presentación del arte de tapa: hacen “discos con amor”; trabajan en cartón, realizan el pegado a mano, al igual que los detalles. Le dedican tiempo uno a uno, porque les “gusta hacerlo tranquilo”, según Sebastián Olivera, uno de los fundadores de la imprenta que produce tiradas chicas --desde diez discos- y grandes -hasta mil-; siempre con paciencia, y cariño.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Vamos a imprimir!

Buenos Aires, mayo 13 (Agencia NAN, 2011).- El Grooveshark es genial. Nadie, ni el más férreo defensor de la lucha contra la piratería podría negarlo. El tiempo y el dinero que se necesitan para ir a comprar un disco a Musimundo nunca podrían ser comparados con la inmediatez y la universalidad del contenido, las hijas prodigias de Internet. Éstas les ganarían por afano. Y sin embargo, aunque los usuarios demuestren crecientemente su preferencia por los downloads y los archivos digitales, los artistas -eternos fundamentalistas de la concretización de sus obras- todavía insisten en seguir editando sus discos. Y con razón: porque, ¿qué click o qué hipervínculo pueden darle al fanático la emoción que siente cuando compra el disco original, con el librito todo abrochado y las fotos de estudio? En ese sentido, Sebastián Oliveira fue un romántico y, en 2008, fundó Vamos a imprimir!, un servicio artesanal de imprenta “para amigos de la felicidad”, que se dedica a hacer “discos con amor”. “Son con amor porque ésa es nuestra manera de relacionarnos con el trabajo, porque los hacemos como si fueran para nosotros, y porque no nos guiamos por la lógica de los comerciantes, sino por la de los artistas”, dice “Oli” en una charla con Agencia NAN.

El proyecto nació a partir de su propia necesidad: Oliveira es escritor y músico (tiene una banda de “rock-folk-modernoso-bailable”) y forma parte de la organización de la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA). Los otros integrantes del proyecto, también son artistas: cinco en el staff fijo y tres los colaboradores. “Empezamos con la idea de editar nuestro propio material de forma independiente. Yo hice mi primer libro y mi primer EP, y ahí me empezaron a decir, `eh, loco, está re bueno esto, porqué no me hacés mi disco´”, recuerda. Desde entonces, el grupo tiene su taller en Palermo, en una casa que también funciona como una galería de arte donde se hacen presentaciones de los libros y discos con los que trabajan. Por estos días, avanzan en la organización de la segunda edición del Festivamos, un evento multidisciplinario de entrada libre desde el que pretenden dar un poco de difusión a aquellas bandas que les dieron su confianza para la confección de su disco. “Nosotros vamos a lugares contraculturales a difundir lo nuestro. Y eso hace que los primeros que lleguen sean personas que circulan por esos espacios”, cuenta.

Todo el trabajo que realizan es manufacturado, excepto la impresión, claro. Trabajan en cartón, por lo que, al hacer todo el terminado y pegado a mano, el tiempo que les consume cada trabajo depende del volumen de producción. “Si nos piden mil discos, todo bien, los hacemos, pero a nuestro tiempo: trabajamos uno por uno y nos gusta hacerlo tranquilos, que las entrevistas sean amenas, que podamos charlar sin apuros. Por eso cuando vienen laburos grandes e inabarcables no los tomamos. Pero ofrecemos precios copados, por lo que en general los tiempos están a nuestro favor”, afirma Sebastián. Claro que al ser un trabajo manual el costo final es más alto que el de las imprentas industriales. Pero el fundador del proyecto cuenta que la ventaja de Vamos a imprimir! es que ofrece al artista la posibilidad de hacer tiradas chicas, desde 10 discos, cosa que no permiten las grandes imprentas-maquinarias. “No queremos que la guita sea un impedimento para que alguien pueda ver materializada su obra. La realidad es que esto a nosotros nos da trabajo y entonces nos preocupamos por darle la mejor solución a la gente”, sostiene.

La realidad es, también, que eso del “con amor” no tiene nada que ver con el contenido del CD. En Vamos a imprimir! editan a músicos de todos los estilos, profesionales o no. “No discriminamos a los artistas porque no nos interesa lo que hagan sino cuáles son sus necesidades”, aclara el músico. “Hicimos los discos de artistas que tienen premios, son reconocidos y tienen grandes trayectorias, pero no cien mil pesos para hacer un disco. Entonces por 600 lo pueden hacer con nosotros”, afirma. Entre sus clientes se encuentran Prietto, Vale Cini, Prana Pelu y Ana Cámera, entre otros. Pero claro que ningún diseño es igual a otro, y por eso los procesos son variados dependiendo del cliente: hay quienes ya llevan el disco armado y a Oliveira y su grupo sólo les queda cortar, imprimir y pegar; quienes deciden trabajar codo a codo con el equipo; y quienes se acercan en busca de asesoramiento desde el comienzo. “Los procesos se van evaluando. En general piden modelos básicos, pero también hay algunos personalizados y raros, y eso está buenísimo”, confiesa. Y así deja ver, en una frase, el espíritu del proyecto: más que técnicos de la impresión, los de Vamos a imprimir! disfrutan de llenar de sentido a un espacio acartonado y vacío. De semiotizarlo. De darle vida.

jueves, 12 de mayo de 2011

Todos los fuegos el fuego.-

La muerte de Miguel Ramírez, alcanzado por una bengala náutica en el último recital de La Renga en La Plata, golpeó nuevamente al mundo de la música nacional y retrotrajo a foja cero los pasos dados por los integrantes de ese universo en cuanto a la reflexión de la cultura rock: ¿Cómo se entiende que, a más de seis años de que 194 personas murieran intoxicadas producto del encendido de una bengala en el recital de Callejeros en el boliche República Cromañón, se repitan las mismas prácticas y los mismos resultados? Agencia NAN convocó a cinco bandas de la escena alternativa para repensar el asunto.

Producción Nahuel Lag y Sergio Sánchez
Fotografía gentileza Rock.com.ar

Buenos Aires, mayo 12 (Agencia NAN, 2011).- El sábado 30 de abril, Miguel Ramírez viajó desde San Miguel hasta La Plata, precisamente hasta el autódromo Ricardo Mouras, para disfrutar junto a unas 40 mil personas del recital que esa noche ofrecía La Renga. Puede ser que a ese hombre, padre de dos hijas a quienes dejó al cuidado de su esposa embarazada en la casa familiar, no lo asustara la multitud, los empujones, los pisotones e incluso el peligro latente de los tres tiros y el fuego de las bengalas. Estaba acostumbrado, tal vez, a resistir el mismo clima cuando iba a la cancha con su papá y hermanos. Aquel sábado, cuando la banda estaba a punto de salir al escenario, el humo y las luces del fuego, que algunos integrantes del público ingresaron al autódromo y nadie de Chacal Producciones, empresa que se encarga de la seguridad en los recitales de la banda oriunda de Mataderos, frenó en el control, lo cubrieron todo.

La banda que, tras el antecedente de 2004 en Cromañón, acostumbra a detener los shows cuando comienza el juego de pirotecnia no lo hizo esta vez porque, según los testimonios, cuando arrancó el primer tema todo había sucedido, y Miguel estaba siendo trasladado al Hospital Melchor Romero con una herida en el cuello provocada por una bengala náutica. El lunes 2 de mayo, dos días después de la internación del joven de 32 años, el Tribunal Oral en lo Criminal 24 establecía penas para los responsables del incendio y la muerte de 194 personas en Cromañón. Esas penas modificaron las de primera instancia, reduciendo la del gerenciador Omar Chabán y establecieron condenas a los integrantes de la banda, que fueron considerados culpables.

El lunes pasado, Miguel murió. La Justicia de La Plata detuvo al presunto responsable de arrojar la bengala y prometió investigar a los organizadores del recital, mientras el peligro del uso de la pirotecnia vuelve a ser debatido por la sociedad para salir de una vez por todas del “inconsciente colectivo”.

Para reflexionar sobre lo sucedido y lo que sigue, Agencia NAN consultó a integrantes de seis bandas que, desde el under, crecieron a la luz del postcromañón.

--¿Cree que la prohibición de la venta de bengalas o un control más estricto podrían conducir a una toma de consciencia?
Victoria Polak, cantante de Carmensandiego:-- Sí, aunque ninguna prohibición o limitación sirve de por sí. Debe estar acompañada de educación para llegar al cambio de conciencia. La bengala es sólo uno de los frutos de un problema cuya raíz está en cuestiones culturales y sociales; las tragedias han tenido que ver con la imprudencia de prender bengalas en lugares cerrados o arrojarlas al público.

Andy, cantante de Tracy Lord:-- La toma de consciencia es una cuestión mucho más profunda: toda la historia del agite, el pelotudismo del aguante nacional, el bardo y la contracultura. La única forma en la que podemos ayudar reflexionar es bajar al flaco que está prendiendo la bengala. Lo tiene que hacer el artista que está dando el show, cuando lo ve: dejar de tocar. Considero que el tipo que la prende lo hace por una cuestión de ser 'el capo de la popu', el bardero que la prendió y sale en el video. Se puede cortar, y se debe cortar desde arriba del escenario.

Lucas Kuperman, baterista de La Potoca:-- La teoría dice que sí. Yo soy un poco descreído. Si con Cromañón, donde murieron casi 200 personas, no se aprendió dudo que lo logre la prohibición. Todo lo contrario, a veces los prohibido llama más la atención. El control más estricto debería existir en los recitales. El Indio Solari envió un comunicado diciendo que los controles no se pueden hacer porque la gente llega sobre la hora a los recitales. El que llega tarde, debería perderse parte del show para ser revisado. La próxima vez llegará temprano y no tendrá ese inconveniente.

Mariano Valado, baterista de Maturana:-- ¿Cómo hacés para que no te pase una de 50 mil? Es obvio que uno o dos se te van a escapar con bengalas. No se puede revisar la mochila, las zapatillas, los pantalones de cada persona. Es una cuestión que la gente tiene que tomar conciencia. Si vos vivís en la costa y un Tsunami te tapó, no lo podés evitar. Pero estas cosas sí.

Damián “El Arabe” Ramil, cantante de Naranjos:-- El control es parte de una solución. No sé si lo es la simple prohibición de la venta de las bengalas porque si un tipo ingresa a un estadio con intenciones de hacer otra cosa que no sea ver un show y te ahorca con un globo, vamos a empezar prohibir los globos. El control puede ayudar, pero también tiene que haber un comportamiento responsable de liderazgo de quienes están arriba del escenario. Vengan, miren, aplaudan, abucheen y vamos a casa… No hay una sola respuesta.

-¿Por qué crees que la historia se sigue repitiendo a pesar del antecedente de Cromañón?
VP:-- Por cuestiones irresueltas en las que al rock le toca un lugar parecido al futbol: descarga, liberación y cierto roce con límites que muchas veces pueden devenir en tragedias. Pocos se toman el trabajo de comprender lo que le pasa a una generación, pretenden controlarla para no tener más titulares trágicos en su diario del desayuno.

LK:-- La historia se sigue repitiendo porque no tenemos conciencia ni memoria. Mucho menos respeto. Con un antecedente tan cercano y grave como lo es Cromañón, no se puede entender como todavía está en discusión el tema de la pirotecnia en los recitales.

A:-- El circo del rock sigue siendo el mismo en muchas cabezas. Igual, no creo que la historia sea la misma hoy que en ese momento. Quiero ser positivo y creo ver que hay una evolución en algunas cosas. Muchos de los lugares empezaron a contar con habilitaciones y personal de seguridad, puertas de emergencia abiertas....De cualquier forma, si no hay memoria y un cambio radical en la posición de todos nosotros, si no hay una postura diferente en lo que 'es rock and roll' y lo que no es, el circo va a volver a las mismas cagadas que antes y barranco abajo. Depende de nosotros.

-¿Estamos inmersos en una cultura que festeja más el show de la gente que el goce de ir a ver un artista?

DR:-- En algún momento dejó de importar lo que pasaba arriba de las tablas y empezó a tener importancia el show de las bengalas y las banderas que poco tienen que ver con el rock. Me parece que tiene que hay que centrarse en la propuesta de la banda y cómo lo asume la gente que te va a haber como lo siente. La futbolización quebró con que lo importante que sucede está en el escenario. Hay bandas que nos despierten estos entusiasmos y no por eso sus propuestas son menos válidas.

A:-- Si la cultura festeja más el show de la gente que el goce de ver a un artista, es porque quizás los artistas no estamos logrando transmitir lo que en otros momentos se alcanzaba. Los artistas nos tenemos que hacer cargo del show en todo sentido. Si un flaco le chorea el celular a otro en un show no lo vas a ver, pero si prende una bengala sí. He visto a muchos artistas que se hacen cargo de estos temas, frenando el show cuando algo se desborda, ahí hay una evolución.

LK:-- "El aguante" como se lo bautizó alguna vez, forma parte del público rockero. Eso tiene que ver con el lugar que la banda le cede al público. No está bien ni mal. Son distintas artísticas encaradas por los grupos. La responsabilidad de la banda aparece ahí. Si se elige dar ese lugar al público, los artistas tienen que hacerse cargo de lo que pasa debajo del escenario.

-¿Hay otros riesgos al que bandas y público se exponen en la escena under?
VP:-- En el under, las bandas no tienen los riesgos de los shows masivos, pero corren con los de tener que estar, a veces, al margen de la ley para poder mostrar lo suyo. Lo cual te deja en un estado de desprotección que hace tiempo le reclamamos al Estado que solucione. Desde Cromañón, el músico under es casi un criminal.

LK:-- Los escenarios que quedaron abiertos después de Cromañón siguen siendo un desastre. Las condiciones no están dadas, la infraestructura es insuficiente, el maltrato al artista por parte de los organizadores es enorme, y las estafas en los alquileres de los lugares es cada vez mayor. El público tiene los mismos, o mayores riesgos que en las escenas más grandes. Cromañón cambió mucho la escena, pero no las condiciones.

MV:-- Siempre hay riesgo, pero si el lugar tiene la habilitación pertinente para que se haga el show, es porque alguien lo habilitó. Si no el músico se transforma en bombero o policía. Este país es Cromañón. Vas por la Panamericana y tenés una camioneta de 1920 que va con la rueda toda destartalada que, si se le sale, te la pone en el parabrisa ¿Cuántos edificios en Capital Federal tienen escaleras de emergencia? Pasa en todos los ámbitos. Hay muchas cosas que no pasan por el rock. Nosotros producimos fechas. Y tenemos en cuenta pequeñas cosas: que no haya menores de edad en donde se prohíbe, que el matafuego o las puertas estén bien. Que la gente venga a divertirse: los papelitos o las serpentinas no matan a nadie.

DR:-- Nuestras sociedades y ciudades están colapsadas. Nunca hay controles severos y se va por las colectoras de las coimas. Eso excede al rock. Se derrumba un gimnasio, un boliche, no solo pasa en un lugar de rock. Las ciudades están emparchadas, nosotros como sociedad estamos así. Y resultado de eso es este fracaso que estamos viviendo. Pero algunas cosas se están revirtiendo y tiene que ver con una toma de consciencia social, con que los protagonistas de un década hagan lo mejor para la próxima generación. Venimos de una sociedad del abandono y la reconstrucción lleva tiempo. Hay que tener responsabilidad no como artista sino como simple ciudadano.

La Potoca http://www.myspace.com/lapotocarock/
Carmensandiego http://www.myspace.com/casacarmen
Tracy Lord http://www.myspace.com/lostracylord
Naranjos http://www.myspace.com/naranjosrock

lunes, 9 de mayo de 2011

Amor mito en Actors Studio Teatro.-

“Dos clowns en un sueño erótico” podría ser el lema de esta obra que recrea la historia amorosa entre Venus y Marte. Juliana Ramírez Gisbert y Santiago Legón derriban la cuarta pared con la fuerza de la pasión clownesca, en una representación onírica y fantasiosa de lo que puede ser el amor.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza Amor mito

Buenos Aires, mayo 10 (Agencia NAN-2010).- “Es triste quedarse dormido, separa a las personas, mismo cuando se duerme con alguien, se está solo”, sentencia Patricia Franchini en la película Al final de la escapada (1960). Leticia Torres, a cargo de la dirección de Amor mito (viernes a las 22.30 en Actors Studio Teatro, Díaz Vélez 3842), parece superar la profecía creada por Jean Luc Godard. Compartir un mismo sueño y los deseos más encarnados en el inconsciente se acompasan a la música ochentosa que baila Libido y al sanguche de milanesa tan ansiado por Ramonagletti. “Dos clowns en un sueño erótico” es el lema de una representación cuyo sistema de signos va transformándose bajo la mirada de un público atónito.

El sillón, único mueble de la puesta en escena, funcionará como precipicio, cama, camilla y el mismísimo infierno. El primer sueño dentro de un sueño, digno de las combinaciones de escaleras de un cuadro de Escher, cuenta la historia entre Venus, la diosa del amor y Marte, el dios de la guerra. Interpretados por Juliana Ramírez Gisbert y Santiago Legón, los dioses conciben a Cupido, el niño que con un arco y una flecha es capaz de hacer enamorar a cualquier mortal. Venus con su peluca morocha enrulada y su nariz roja cela de la princesa mortal Psique, poseedora de una belleza deslumbrante. Es su hijo Cupido quien cae perdidamente enamorado de Psique, y al estar prohibido el amor entre mortales y dioses, dan rienda suelta a una serie de pasionales encuentros anónimos.

“En el amor se debe confiar, el amor sin confianza no existe”, dictamina Libido, el personaje que sueña que su novio es un Cupido que viste con orgullo una malla platinada y ajustada. Ramírez Gisbert y Legón derriban la cuarta pared con la fuerza de una pasión clownesca que se proclaman a lo largo de una representación onírica y fantasiosa de lo que, en casos afortunados, puede ser el amor. La retroalimentación con el público irá adquiriendo cada vez más fuerza a lo largo de la representación, el espectador tendrá cada vez más espacio para manifestarse y el aplauso final lo convertirá en un protagonista más. Amor mito es una co-creación con los espectadores, quienes, más que nunca, concretarán el sentido de los signos escénicos.

La obra retrata un sueño o una utopía o una relación en la que ambas partes ya están cómodas y se permiten, con sus narices rojas y sus caras maquilladas, jugar y fantasear. Una puerta de empatía a cualquier pareja que apuesta a no juzgar y en la que se da por sentado que el amor es la base de todo lo que se está construyendo. El erotismo se sirve como aperitivo, como plato caliente y como postre. La obra abarca el momento previo, el mismo instante y las posibles consecuencias un acto sexual. Libido quiere tener un hijo, ¿de verás lo quiere o sólo en sus sueños? Posiblemente, el público no lo sabrá, sólo será responsable de responder posibles nombres al globo que Libido acarrea bajo su vestido.

El resultado de la creación colectiva de ambos actores y George Lewis bajo la dirección de Leticia Torres es perfecta para un viernes a la noche. Para ser testigo de una obra que persigue una linealidad onírica o para presenciar cómo un asesinato quizás se concrete gracias a la linterna de fricción que venden al por mayor en Once. A fin de cuentas, al público no le importará si esta presenciando (y vivenciando) un sueño o una fantasía sexual. Lo erótico y atractivo de Amor mito será jugar a espiar por una cerradura, donde dos clowns se liberan de los prejuicios y dan rienda libre a su amor.

domingo, 8 de mayo de 2011

Libros: “La azotea” (Fernanda Trías, 2010).-

En una novela breve pero contundente, la temática de la otredad se hace carne en un argumento que mezcla trasgresiones, opresiones y libertades de la vida en sociedad.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, mayo 9 (Agencia NAN-2011).- “El infierno son los otros”, decía Jean-Paul Sartre hace algún tiempo. En la mirada del otro, el hombre encuentra su propia vergüenza, porque sólo a través del otro, el ser humano puede ser consciente de sí mismo. La culpa, el pecado, la desnudez, se hacen carne en el cuerpo ante la mirada inquisidora de los demás. Esto es lo que La azotea (Puntocero, 2010), publicada por primera vez en 2001 por Trilce Ediciones, pone en juego. Una historia fuerte, sólida y conmovedora, donde la soledad, la angustia y la tristeza son, paradójicamente, productos de la propia convivencia humana (“Estamos enterrados vivos”).

La azotea es una novela corta y poderosa, distribuida en pequeños apartados de no más de seis o siete páginas cada uno, que podrían leerse como pequeños relatos independientes -cada cual con su propia carga emocional y con breves fragmentos argumentales- y van cayendo como gotas que, una a una, llenan una copa. La joven escritora uruguaya Fernanda Trías no cuenta todo de un envión, sino que dosifica el relato con una paciencia rítmica llamativa ante la fuerza del argumento.

La historia está narrada en primera persona. Clara es la protagonista y vive en un departamento junto a su padre desde que Julia, su madre, falleció en un accidente de tránsito. Ya en el comienzo del relato, un aire trágico ronda la obra. A medida que avanza, se lo puede ir reconstruyendo. Clara está encerrada en su departamento, su padre tirado en la cama del cuarto junto a un canario enjaulado. Las ventanas están tapiadas, sólo se abren para sacar el olor a excrecencias cuando éstas se tornan insoportables. Su único nexo con el afuera es Carmen, una inmigrante de extraño acento que, a cambio de unos pocos pesos accede a comprar los víveres, realizar los mandados y hasta actuar de partera. Clara decide entregarle a este personaje la responsabilidad de traer al mundo a su hija, Flor.

La trama tiene potencia. Clara y Julia siempre compitieron por el afecto de su padre, llegando hasta extremos insospechados. Tras el accidente, la protagonista asume el rol de su madre, iniciando una relación incestuosa con su padre que tiene como resultado a Flor, la hija de ambos. Al quedar embarazada, Clara decide cortar todo contacto con el mundo exterior y protegerse de la mirada inquisidora de la gente, en un acto desesperado por conservar lo único que cree tener: su padre. “El mundo es malo. Las calles son peligrosas, y no se puede confiar en la gente. Hasta el día de su muerte mi padre veneró un mundo que no hizo más que robarle todo lo que quiso”. El personaje de Clara encuentra en la mirada ajena el símbolo de su propia vergüenza, el reflejo de su propio infierno, entonces intenta conservar lo poco que le quedaba.

A partir de ahí, todo es paranoia y confusión. La poca plata de la que disponían empieza a agotarse, y el encierro se vuelve insoportable: “El silencio se come las paredes. Esta quietud tiene la presión de un globo a punto de estallar. Las orejas de los vecinos están pegadas a las paredes al otro lado de la puerta, la respiración de toda la ciudad contenida; les palpitan las sienes”. En esa cárcel autoimpuesta, Clara descubre un único rincón de libertad: la azotea. Desde allí las personas se ven diminutas e inofensivas, “como puntos negros”.

La azotea narra sobre la trasgresión. La decisión es arriesgada: evitar que la noción de incesto contamine con su densa carga valorativa el desarrollo del relato no es tarea fácil. No obstante, Fernanda Trías logra atravesar ilesa esa tentación del “golpe bajo”, haciendo de La azotea, una historia de soledad, tristeza y opresión, donde la idea de la culpa y del pecado se anclan en el incesto como podrían hacerlo en cualquiera de aquellas formas sociales que llevan impresa La marca de Caín.

viernes, 6 de mayo de 2011

Juan Manuel Caputo: “Somos animales del teatro”.-

Un buen día, hace seis años, este actor treintañero decidió cambiar el aplauso por pedidos de subsidios, envíos de formularios y largas colas para hacer trámites. La creación, y la puesta en marcha desde hace seis ediciones, de un festival teatral de Bahía Blanca fue el inicio de una travesía que arranca en la actuación y culmina en el de la gestión cultural. En el medio, también creó y coordina Pirologías!, en la zona oeste de Gran Buenos Aires, en donde no hay salas teatrales.

Por María Daniela Yaccar

Fotografía gentileza Bahía Blanca Teatro

Buenos Aires, mayo 6 (Agencia NAN 2011).- El tipo no atiende el teléfono, patea la nota, no la puede hacer personalmente, pero no genera rencor en esta cronista. Porque no es lo que en la jerga periodística se denominaría “estrella”. Juan Manuel Caputo es un actor treintañero desconocido que un día decidió “reafirmar” su narcisismo y poner el cuerpo abajo del escenario. Desde hace seis años conviven en él dos facetas: es actor y gestor cultural. Por eso --y porque está a la cabeza de un festival que él impulsó y que comienza mañana--, está hasta las manos, y se le perdona que, en lugar de hacerse una hora para conversar con Agencia NAN, mande las respuestas en un Word que, por cierto, destila onda (¡cuatro carillas completas!). Hay muchos ja! en los largos párrafos.

Juan debe haber abandonado a la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca --que se presenta el día de apertura-- sólo para ir al baño y responder el cuestionario, porque las pocas veces que atendió el teléfono estaba “en el medio de un ensayo”. Bahía Blanca Teatro 2011 se desarrollará hasta el domingo 15 en esa ciudad, y entre su programación incluye obras, cursos, seminarios, talleres y conciertos, además de la presencia de artistas locales, provinciales e internacionales. Hay nombres grosos: estarán Ernesto Acher, Carlos Belloso, Los Macocos, Leo Maslíah y Osqui Guzmán, entre otros. En total, se condensarán en la ciudad portuaria alrededor de 60 artistas, y se esperan unos 4 mil espectadores, la cifra aproximada de ediciones pasadas. Esta es la sexta.

Es sincero Juan. “Podría decir que el festival surge de una necesidad como actor, que es cierto. Pero más cierto es que nace un día en el que estaba deprimido. Ya había organizado talleres, seminarios y cursos junto con obras pero no dentro de un marco, hasta que un día se me ocurrió hacer lo mismo pero en el teatro municipal, invitando a un director de teatro de La Plata y un unipersonal de Buenos Aires”, se explaya en la primera pregunta. “Eso, y algunos grupos locales. La primera edición tuvo cinco obras y un taller… cambió un poquito nomás. Ja!”

Y sí, sólo ja! puede decir alguien que rasqueteó una pared de su aldea y, después, consiguió pintarla. Bahía Teatro no es la única iniciativa del inquieto Caputo. También está metido en un festival que se llama Pirologías y que inunda de teatro por un par de días al oeste del Gran Buenos Aires, una zona en la que hay poquísimas salas. Es decir, una zona en la que la palabra “teatro” suena raro. Lo lleva adelante con Paula Brusca y Cristian Palacios, dos colegas que conoció al invitarlos a Bahía Teatro. Ellos son los fundadores de la Compañía Nacional de Fósforos.

En lo que siguió del intercambio de mails con Agencia NAN, Caputo se explayó en su experiencia como promotor cultural: las dificultades en el camino, el manejo de los subsidios y los límites en cuanto al apoyo, la respuesta del público y las razones por las cuales un actor cambia el aplauso por pedidos de subsidios, formularios, cartas, llamados a la prensa y horas de espera.

--¿Por qué un festival en Bahía Blanca? ¿Cómo es la movida teatral allá?
--Básicamente porque yo soy de acá. Nací en Capital, pero acá me crié, y es donde comencé mis estudios de teatro y mis primeros pasos como gestor/promotor cultural (¡productor me parece demasiado! Ja). Bahía tiene muy buena movida, no tantos grupos estables como en otros lugares pero sí producciones todo el año. Además, cuenta con una comedia municipal muy bien organizada y muy bien paga. Y por cómo funciona el festival (en cuanto a público y asistentes a seminarios se refiere), hay mucho interés y no sólo en torno a los que son famosos.

--¿Bahía Teatro cuenta con apoyo o se hace a pulmón?
--Hace tres años que cuenta con apoyo de la Municipalidad de Bahía Blanca, el Instituto Nacional del Teatro y el Instituto Cultural Provincial. En cambio, las tres primeras ediciones no contaba con el mismo apoyo, era casi institucional, conseguimos canje con privados, la Universidad Nacional del Sur adhirió otorgándonos una casa de huésped y por la prensa local siempre fue bien recibido. A pulmón se hizo siempre y trabajamos con la misma intensidad y pasión desde el primero hasta este último. Pero el conseguir apoyo nos permite mejorar las condiciones: más grupos, cubrir estadías en mejores lugares, comidas, más cantidad de pasajes, y un seguro de espectáculo aunque tratamos de mantener la idea original de que el festival se autofinancie.

--¿Hay límites a la hora de aceptar apoyo, por ejemplo, algún subsidio que no recibirías?
--Nada que condicione la libertad de espectáculos ni que esté fuera de lugar (por ejemplo, si es un subsidio para un festival internacional y el festival no lo es). Recibir subsidio o dinero por publicidad no hace que uno sea esclavo de nadie. Si eso queda claro, entonces no hay problema.

--¿Cuál es el criterio de selección de artistas?
--La modalidad es por invitación, pero estamos abiertos a recibir información de cualquier grupo. La calidad del espectáculo es fundamental (en eso somos bastante estrictos). También vemos la escenografía, la cantidad de integrantes, de dónde son, la “historia” del grupo. La modalidad de invitación se debe a que nos interesa generar una relación más personal con cada uno de los participantes. De esa manera se puede generar un mejor intercambio, más relajado, menos protocolar pero no por eso menos profesional.

--¿Cómo conectan este festival con Pirologías?
--Cada uno tiene características y dificultades diferentes. Pirologías es muy interesante no solo porque es internacional y se pueden ver espectáculos interesantísimos a la gorra, sino porque se realiza en Villa Bosch, donde no hay teatros. Entonces, lo que hacemos es adaptar lugares como sociedades de fomento, club de leones, salones, plazas, pubs; aforando a negro con telas, poniendo luces de frente (esto limita muchas veces la puesta). Es difícil pero muy alentador porque con el esfuerzo y el apoyo de mucha gente se lleva a cabo el hecho teatral y el encuentro entre artistas nacionales e internacionales. Además nosotros les cocinamos, los vamos a buscar y los hacemos caminar un poquito para que no se achanchen, ¿vio? ¡Jaja! Bahía Teatro es diferente porque en la ciudad contamos con el teatro municipal, además de los Organismos Artísticos del Sur, como la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca. También hay otras cuestiones resueltas como la parte técnica, y la prensa no compite directamente con las de Buenos Aires. Ése es un mal que sufre el Gran Buenos Aires. Pero no por esas dificultades, ni de uno ni de otro, los vamos a dejar de hacer… Somos animales del teatro, qué le vamos a hacer (en todos los sentidos, ¡ja!).

--¿Por qué decidiste correrte del lugar de artista y abocarte a la gestión cultural?
--No fue una decisión que tomé un día sino que se fue dando por necesidad. Al principio me era imposible combinar ambas cosas (gestionar lleva mucho tiempo y atención durante varios meses antes del evento); de todas maneras es una lucha interna que sigo teniendo, entre el actor y el gestor. Cuando el festival finaliza, vuelvo a mis actividades como actor que tengo dentro y fuera de la Compañía Nacional de Fósforos. Este año voy a actuar en dos espectáculos del festival: Orquesta en Concierto de Música Mágica, concierto para grandes y chicos, y Alonso y Aguirre, perdidos en el Inframundo, para adultos, que es una producción de la Compañía…. cuando termine el festival te cuento cómo me fue siendo gestor/productor y actor,¡ ja!

--¿Por qué no probar con un cargo en la municipalidad?
--Quizás estaría bueno, quizás no. Cuando uno tiene proyectos propios tiene un mayor control y una mayor libertad. Además, el techo lo pone uno. En cambio, cuando se ocupa un cargo público, hay que estar atento a todas las demandas. Hacen falta planes de fomento y actividades a largo plazo de las que se pueda sacar un real provecho. Ni yo ni quienes me acompañan en el festival ni gente como Cristian y Paula, que hablamos con prepotencia de trabajo, vamos a dejar de hacer estos proyectos. Si por alguna razón alguno de los festivales se deja de hacer, vamos a generar otra cosa.

--¿Creés que los artistas devenidos en gestores culturales integran una tendencia? ¿Es esto cada vez más común?
--Puede ser un poco amplio hablar de gestores culturales, no cualquiera lo es porque haya hecho algo. Del mismo modo, uno no es actor por haberse subido a escena alguna vez. Pero sí creo que hay una necesidad de salir a pelear el lugar, al no tener los medios (generalmente económicos) para contratar a alguien que gestione o produzca tu espectáculo, hay que adaptarse y salir a hacerlo. No queda otra, y a los ponchazos se va aprendiendo. Si uno es atento, como todo en la vida, se pueden aprender y hacer muchísimas cosas, sino quedará en ese proyecto y a otra cosa….Consejo: no hay que dejar que el sistema te gane.

--¿Cómo repercute el lugar donde opera al trabajo del gestor?
--En la Ciudad de Buenos Aires está todo más “profesionalizado” y las comillas son más que importantes, porque si bien están definidos los roles (productor, vestuarista, iluminador, director, escenógrafo) no significa que esto siempre se cumpla ni que se haga correctamente, solo que cada uno de ellos cobra por su trabajo y el sistema funciona así. Es muy difícil pensar en hacer difusión en Buenos Aires si no tenés un agente de prensa. En el interior no es necesario, uno mismo puede hacer la prensa de sus espectáculos. Al vivir en Capital he conocido agentes de prensa y me han ofrecido hacer la prensa del festival. Por supuesto que les di las gracias por su ofrecimiento pero les dije que no, ya que eso lo manejo mejor que ellos por varias razones: sé con quien hablar, conozco el funcionamiento de los medios locales, la relación es más personal y encima me ahorro lo que me cobraría un agente de prensa. El interior tiene algo que en Capital escasea: la relación personal con las personas. Finalmente, en Capital hay mucha competencia, que es una dificultad no menor a la hora de preparar algo.

--¿Cuáles son las principales dificultades de ser gestor cultural?
--¿El sistema? ¡Jajaja!... Subsidios, cartas, horas de espera, formularios, pedidos, horarios que limitan (sólo de mañana y de lunes a viernes se pueden realizar algunas actividades administrativas, ¡que no te toque un feriado!), paros gremiales, el desprestigio de la cultura de algunas personas, el no reconocimiento del trabajo del gestor. Pero un maestro, un médico, un técnico de teatro, un portero; todos en todas las áreas tienen dificultades, tienen que dar vueltas y llorar por lo que no se tiene. Además está clarísimo que las dificultades te hacen ser creativo… si no sería aburrido, ¿no te parece?

--¿Ser gestor es correrse de un lugar narcisista típico del actor?
--No, todo lo contrario, ¡es reafirmarlo! Jajaja. Soy de Leo y muy inquieto. No solo organizo el festival sino que este año actúo también, entonces la suma hace que reciba más aplausos porque la gente recibe muy bien el festival ¡y seguro mis actuaciones serán fenomenales! Jajaja. Hablando en serio, no creo que pueda correrme de lugares que me expongan, no lo mido desde ese punto. Hago lo que se me va ocurriendo, lo que necesito, lo que me gusta, lo que puedo. Me gusta actuar, producir, gestionar… y bueno, ¿qué puedo hacer? Todavía soy un niño. ¡Quiero todo!

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