miércoles, 29 de junio de 2011

Allí donde la poesía se transforma en papel.-

Un grupo de amigos quería convertir sus textos en libro. Pero las editoriales “grandes” los ignoraban o pretendían cobrarles demasiado dinero. Entonces decidieron montar su propio emprendimiento, no sólo para autoabastecerse sino también para ayudar a otros escritores que se encontraban en la misma situación. Alquilaron una casa enorme en Floresta, donde viven, editan y organizan movidas de poesía y rock para solventar el proyecto.

Por Natalia Arenas
Fotografía de Iara Lag

Buenos Aires, junio 29 (Agencia NAN - 2011).- Vista de afuera --hay que reconocerlo-- no dice nada. Sólo es, apenas, una puerta altísima pintada a los apurones, con vidrios que traslucen la idea de una escalera. Los escalones de mármol llevan a un hall pequeño, breve, que comunica con otras habitaciones. Recién entonces se convierte en otra cosa. Seis habitaciones, pasillos, puertas altísimas y fuertes, ventanas enormes, vitraux en algún techo casi infinito y arañas de película europea que cuelgan bastante más arriba de las cabezas de sus inquilinos. Juan Alberto Crasci y Sebastián Realini serán los encargados del city tour por la inmensa casa editorial que hace 4 años decidieron alquilar para empezar a delinear el sueño de cualquier escritor: publicar sus textos.

Casi Incendio La Casa --o CILC a secas, como les gusta llamarla a ellos-- se dedica a editar libros de poesía, a difundirlos y distribuirlos. “Nos encargamos de la selección de los textos, la edición, el diseño y después hacemos un poco de publicidad y presentaciones”, cuentan sus ideólogos.

En la parte final de ese proceso es donde la poesía y las letras se funden con el rock. Porque, a prueba de prejuiciosos, en esa casa del estilo popularmente conocido como “chorizo”, con habitaciones que se comunican entre si y patios con baldosones cuadrados a dos colores, no se escuchan violines, ni canciones melosas, ni música clásica. En esa casa se escucha rock. De ahí los festivales Rocaenpoetry, que realizan cada tanto en distintos puntos de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires. Pero ellos lo explican mejor: “El Rocaenpoetry surgió por la necesidad de juntar dinero para poder editar libros. La idea era que no sea el típico festival de poesía, donde hay una mesita, un velador, cinco personas sentadas y un solista, sino que sea algo más rockero”, detalla Juan. Convocan a dos o tres bandas, a cuatro o cinco poetas e intercalan bloques entre unos y otros. La CILC lleva impresos más de 40 títulos, con distintos formatos. Pero, primero a lo primero:

--¿Por qué “Casi Incendio la Casa”?
Juan-- Uf… es medio raro. Esto empieza en 2003. Yo estaba chateando con Juan (Daza, otro de los fundadores de la editorial) y él estaba buscando un nombre no para la editorial, sino para un fanzine. De repente, me dice “Uy, casi incendio la casa”. Y yo le dije “Ah, mirá qué buen nombre”. Su respuesta fue “No, en serio, dejé la pava en el fuego y estaba todo al rojo vivo”. Y ahí quedó la sigla CILC. Él hizo el fanzine por su cuenta, pero, después de un tiempo, surgió la idea de armar la editorial, en 2006.

--¿Y cómo surge esa idea? ¿Cuáles eran las trabas que se les presentaban para publicar trabajos propios?
J:— Con Juan teníamos unos textos, habíamos armado un librito con cosas nuestras, con ilustraciones. Entonces empezamos a llamar y a averiguar en editoriales para ver cómo podíamos publicarlo. Nadie nos contestaba, y si nos contestaban, nos querían cobrar 6 mil pesos por 100 ejemplares… No podíamos hacerlo. Y ahí empezamos a ver cómo hacer para poder armarlo nosotros. Queríamos ver qué diferencia había entre simplemente armarlo y hacerlo nosotros a montar una editorial. La diferencia era mínima, había que registrar el nombre de la editorial, hacer un papelerío, cosas burocráticas, algunos trámites y ya está. Entonces, decidimos que todo lo que queríamos publicar, lo haríamos con nuestro sello. Fue por una cuestión económica.

--¿Empezaron con textos de ustedes y después se lanzaron a publicar textos de otros?
J:-- En principio queríamos sacar un librito que tenía 64 páginas, 15 por 15, cuadradito, pero no fue lo primero que sacamos. Empezamos a pensar cómo hacer para juntar plata y entonces se nos ocurrió organizar nuestro primer Rocanpoetry. Ahí pudimos juntar algo de plata y con eso compramos una impresora láser negra, una gillotina chiquita y empezamos a hacer unas plaquetitas de poesías. Compramos los papeles con textura, imprimíamos las tapas con chorro de tinta y el interior con la impresora láser. Habremos vendido como 3 mil ejemplares. Con esa plata pudimos comprar papel y empezar a armar los libros nosotros, todo bien artesanal. Hasta que pudimos dar un salto y mandar el material a la imprenta, que es más práctico y queda con mejor terminación.

--¿Sólo se dedican a editar poesía?
J:-- Más que nada, editamos poesías. Pero nos llega de todo: ensayos, novelas… Sin embargo, por un tema de costos y de formato, y también por una cuestión de gusto, decidimos editar poesía, en principio.

--¿Tienen la ilusión de algún día poder vivir de esto o es algo que no les preocupa?
J:-- Es muy complicado… Gracias que, más o menos, llegamos a cubrir los gastos, pudimos invertir en otra impresión, pero no logramos que nos quede un resto de plata.
Sebastián-- Si uno piensa en las editoriales que trabajan desde hace un montón de tiempo, ninguna vive específicamente de esto. Tal vez cuenten con algún subsidio, tal vez se convirtieron en fundaciones. Es muy complicado. Tenés que editar lo que a vos no te gusta. Podés empezar a vivir de esto, pero perdería la esencia. Nosotros editamos poesía porque nos gusta.
J:-- Nosotros nos vinimos a vivir a la casa más que nada para poder juntar más dinero y así editar. Ahora estamos organizando fechas todos los fines de semana, viernes y sábados tocan bandas y domingo por medio hacemos ciclos de poesía y música. Con la plata que juntamos mantenemos la casa y lo que nos queda de resto lo invertimos en la editorial. Se hace complicado, porque para entrar a la casa nos prestaron plata y todavía la estamos devolviendo. Por ahí, cuando terminemos con eso, nos quede un resto para la editorial. Esperemos.

A través de su página web, el perfil de Facebook y los blogs, la CILC recibe material de manera constante. La realidad es que no pueden aceptar todo el trabajo que les llega, por una cuestión de costos. “Todos los libros que publicamos los bancamos nosotros, los autores no ponen un peso”, dicen, orgullosos y explican: “Justamente, como a nosotros nos costó mucho llegar a hacer esto y las editoriales no nos daban bola o nos querían cobrar, la idea es que la gente no pague, porque sino es lo mismo que nos pasaba a nosotros”. Juan y Sebastián reconocen que de esta manera se hace mucho más difícil, pero que así lo prefieren. “Si hiciéramos pagar a los autores, todos los meses tendríamos cuatro o cinco libros en la calle, pero eso de under no tiene nada. Con plata de otro cualquiera puede hacer cosas”, resumen.

--Y en este caso, entonces, ¿cuál es la contra prestación?
S:-- El objetivo es que otros tengan la posibilidad de editar con el respaldo de un sello, aunque sea pequeño. Y que el sello se haga cargo de distribuir, de hacer una presentación y de venderlo.
J:-- Al autor no le pedimos nada a cambio, sólo un poco de colaboración: por ejemplo, si hacemos una presentación, que traiga gente. Por supuesto que él puede difundir su libro, pero sin obligación, digamos, porque de eso nos encargamos nosotros. El fin de un escritor es escribir, no salir a vender lo que escribe.

Editorial Casi Incendio La Casa - Avenida Rivadavia 8029, Floresta.
www.editorialcilc.com.ar
www.editorialcilc.blogspot.com
www.vamosarockearla.blogspot.com

martes, 28 de junio de 2011

Hamlet, el señor de los cielos en La Mueca.-

En la cartelera porteña, la pieza fascinante de William Shakespeare toma otra vuelta, de una forma solvente y novedosa. Si bien mantiene la estructura del texto original, en la obra de Rubén Pires el rey muerto es un jefe narco del cartel de Juárez.

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Hamlet, el señor de los cielos.

Buenos Aires, junio 28 (Agencia NAN-2011).- En Latinoamérica no hay bodas reales, por la sencilla razón de que no hay monarquías. Latinoamérica es otra cosa, por ende los reyes de Latinoamérica son otra cosa. Si en Europa los reyes son los de la felicidad triste, en Latinoamérica los reyes son los de la triste felicidad. Al releer Hamlet una y mil veces (como debe ser, pues es la pieza más fascinante de William Shakespeare), y con la intención de construir su propia versión del clásico, el director Rubén Pires se hizo una pregunta: ¿Cuáles son hoy los reyes latinoamericanos? Así comenzó a germinar Hamlet, el señor de los cielos (sábados a las 21 y domingos a las 20 en La Mueca, Córdoba 5300), una obra con arriesgado vuelo propio, a pesar de que la estructura es la del texto original.

Pires encontró en el narcotráfico el marco para justificar a Hamlet hoy, porque es el ámbito en el que gobiernan los reyes. El rey muerto, en esta versión, es quien da nombre al título: El señor de los cielos, Amado Carrillo Fuentes, jefe del cartel de Juárez, fallecido en una cirugía estética para no ser descubierto. Hamlet, el señor de los cielos, transcurre en los noventa, en México, y plantea una problemática que no es exclusiva de ningún país sino latinoamericana, y en la que incluso la Argentina aparece involucrada (con la instalación de laboratorios de efedrina). En este caso, el teatro se propone edificar, reconstruir y hasta analizar --todo depende de la predisposición del espectador-- un fenómeno real, que implica una desmedida lucha mediática, territorial, política y de sentido. Así es como, evidentemente, Pires entiende a Hamlet, y esto tiene mucho que ver con lo que su puesta nos dice.

Lo que Pires hizo con Hamlet equivale a adquirir una camisa en una feria americana y moldearla a gusto para que se adapte al propio cuerpo: el argumento está profundamente apoyado en el original. Aquí también hay un rey muerto, un hijo que debe vengar su muerte, un tío descorazonado que pretende adueñarse del poder de su hermano, así como también de su mujer. Hay, también, jóvenes perdidos y obligados a actuar de una determinada manera porque las circunstancias así lo requieren. Pero todo eso tiene un marco y no solamente eso, también un porqué.

Uno de los encargados de explicitar ese porqué es Marcos Camacho, preso en la cárcel de San Pablo, jefe del Primer Comando de la Capital (PCC), y otro de los personajes “reales” que aparecen en la pieza. Uno inventado es el joven H (Lucas Ferraro), que es el hijo del señor de los cielos, un cineasta que vive en Argentina hace mucho tiempo y que entrevista a Camacho --hermosamente compuesto por Miguel Terni-- para un documental. El narcotráfico aparece en las palabras de Marcos como la consecuencia directa de la implantación de políticas neoliberales, con su sello imborrable de exclusión y pobreza.

Más adelante en la trama será el mismo H el encargado de ponerle voz a esa hipótesis. Luego de que su padre le pidiera que dé muerte a Mauricio, su tío (Alejandro Dufau), H entra como Hamlet en el terreno de la duda. Obsesionado con las verdades que encontró en Marcos, el joven H le dice a su amigo Orlando. “Tengo la cabeza llena de gritos. Más de 20 mil muertes sin sentido. ¿Qué es un muerto más, al lado de los muertos que deambulan por las calles? Los muertos bajo el asfalto, en el río, en los sótanos, en las cárceles, en el campo… ¿Y todas esas muertes por qué?” Antes, el espectro de su padre le había dicho al joven H que estaban en medio de una guerra, y que no había “revolución sin sangre”. Además, le había blanqueado que fundó hospitales, iglesias y barrios enteros para los pobres.

Esta versión libre de Hamlet es solvente y novedosa (se sumerge en una problemática real y cercana, aunque parezca lejana, como pocas veces lo hace el teatro). La única grieta notoria que presenta es que resulta poco creíble el momento en que Ivonne (Silvia Dabove), la mamá de H, le cuenta la verdadera historia --o sea, quién fue su padre--, una vez que él retorna a México. La pieza adquiere aquí un tinte melodramático, y se percibe que la versión de Pires pujó por encajar con el clásico shakespeareno. Es el único momento en el que esta versión parece ser esclava del original. Por lo demás, la obra tiene ritmo a partir de la intercalación de monólogos al estilo brechtiano, momentos musicales (que todavía tienen que aceitarse un poco más, para no romper con la tensión) y una división en dos del espacio escénico que permite contar esta historia que, por cierto, es ambiciosa, compleja.

lunes, 27 de junio de 2011

Discos: "Casa rodante" (Paoletti & Los Acordes).-

El hecho y el concepto de las canciones del poeta de Monte Grande nunca dejaron de ser extrañados. Luego de una década sin publicar un disco, Adrián Cayetano Paoletti regresa con un disco que recurre contundentemente a lo doméstico, la vida impoluta que ocurre entre paredes.

Por Luis Paz

Buenos Aires, junio 26 (Agencia NAN-2011).- Una década pasó Adrián Cayetano Paoletti sin publicar un disco. Sin embargo, su espacio en el estacionamiento de la canción permaneció allí, vacío, llenándose de vecinos alrededor que supieron tanto como él dedicarle, más que tiempo o esfuerzo, su salud a la música. Pero la sensibilidad, la capacidad de identificar la palabra útil y, a la vez, bella, y la habilidad para ligarla con otras de su misma estirpe en un combinado que enaltezca el hecho y el concepto mismo de las canciones que tiene el gran poeta de Monte Grande nunca dejó de ser extrañada. Por más plenitud en el parking cancionero, por más cantautores en coche, bici o moto que se acomodaran en la explanada, la vista isométrica sobre la escena seguía dando al ojo la visión nefasta de ese lugar vacío. Se acabó: Paoletti se subió a su Casa rodante, ha vuelto al vecindario y ya está pintando nuevamente a su barrio para pintar al mundo de menos inmundo.

Pero además de eso, el regreso de Paoletti resignifica otro espacio: ya no sólo el del cantautor con sangre de poeta, sino fundamentalmente el del artista. Paoletti "desapareció" una década para completar su carrera en Abogacía y la suma de ese suceso con el hecho de su vuelta arroja un resultado por lo menos corrosivo acerca del arte: no es necesariamente un proceso continuo, no es que se ingrese a un estado de "arte permanente", no es que al arte no se lo pueda guardar en el cajón de las medias por un par de temporadas. El arte, así (y por lo menos en Paoletti), es tan sólo un espectro de la acción humana, es un espacio vacío en la banquina de la carretera de la vida, tan inmaculado, mágico y contundente como la banquina de las carreras universitarias, la banquina de la convivencia o la banquina de unas vacaciones. Se acabó: el arte no es una colectora profesional para los renegados del traje, el arte son los diez, cien, mil desvíos que vivir nos presenta viviendo.

Y Paoletti habla de esa vida, pero más aún de ese viviendo, éste sí como un continuo, como un estado de "vivencia permanente" que, en este disco, el ex Copiloto Pilato, elige mostrar con un recurso contundente a lo doméstico, a esa vida impoluta que ocurre entre paredes (pero no siempre, como propone en "Te enojaste" cuando canta eso de "con el cielo como techo desperté, ya no puedo aburrirme mirando a la pared"). La vida virtual que nos inventamos en nuestras casas rodantes propias (¿nuestras mentes o esas reglas que le imponemos al mundo cuando salimos de casa?) es lo que Paoletti viene a retratar con la inmensa capacidad y el ínfimo barroquismo de siempre. Se acabó: un gran disco no precisa de 15 canciones ni de una hora para desarrollar una idea conceptual, ni de arpas, ni de distorsión, ni de confeti, ni de cantantes invitados. No, un gran disco necesita sangre, necesita revelar una verdad, necesita denunciar una mentira. Y ser bello.

Paoletti hace todo a la vez, imprimiéndole a cada frase un sentido universal. Toda su sangre está ahí, y su sangre es ahora sangre con sabor a milanesas, olor a suavizante para la ropa y textura de champú. Su sangre es la de un tipo de 42 años que se pasó diez en casa (vale decir, a esta altura, que Paoletti fue coautor de letras en Fuerza natural, el último de Cerati), que estudió Abogacía, que no se comió la de vivir para la canción sino que sostuvo la de vivir como un cantautor que le da a su mejor canción posible (que en definitiva es su vida) un estribillo memorable. La verdad que revela se entiende con un par de escuchas: la vida es sueño y la vida es tener sueño, es el vórtice en el que se dirime la acción y la potencia, la realidad y la posibilidad, las ganas y el desgano, la necesidad y la energía disponible para saciarla. Eso nos sigue enseñando este tipo. La mentira que denuncia es justamente la contraparte de eso. "A su lado soy su sombra y es más de lo que merezco", ahí está comprimida la mentira de que la gloria es rimbombante. Se acabó: la gloria es silenciosa, como "la calma, la brisa, mi ola, tu orilla". La gloria no llega como un desfile de carnaval.

En un momento, Paoletti cuenta que "En un pequeño pueblo había una pequeña casa, donde nació un hombre pequeño, pequeño. Con el tiempo creció y, con él, la casa, por supuesto también el pueblo, el pueblo también. Nadie se dio cuenta, lo hicieron todos a la vez". Si eso no es belleza, juicio y castigo ya a todos los que en un casting deciden qué es bello para ser mostrado en una publicidad. Y se acabó: ya no hay más temas, "Mensaje" a "Manos nubes", todas se fueron recién, se escaparon en media hora desde ese pedazo de plástico circular. La bienvenida no alcanza a ser dada porque la Casa rodante ya parte, pira de nuevo y, otra vez, nadie sabe hacia dónde. Sólo él.

Sitio: http://www.adrianpaoletti.com.ar

viernes, 24 de junio de 2011

Grupo Matices: “La música popular representa las necesidades del pueblo”.-

El colectivo que reversiona canciones latinoamericanas de ese género tiene una trayectoria de 20 años y un circuito que todavía no afloja. Bares, teatros, centros culturales, manifestaciones al aire libre son algunos de los lugares que Matices sigue eligiendo para expresar su propuesta. Cómo un grupo de amigos construyó una banda profesional sin abandonar la fiesta de la amistad.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de The Dark Flack

La Plata, junio 24 (Agencia NAN - 2011).- Cuando la canción nace, lo hace por necesidad. Cuando Latinoamérica grita, lo hace como símbolo de lucha. Así surgieron canciones populares latinoamericanas que convirtieron a cantores en árboles folklóricos. Grupo Matices imagina la mirada de los grandes trovadores de nuestro continente y los canta, los recuerda, los proyecta, los reivindica; siempre desde un garaje lleno de madera amiga. Violeta Parra, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, León Giego, Mercedes Sosa. Grupo Matices sueña su repertorio y lo presenta una y otra vez, como lo hizo los últimos 20 años, como harán hasta donde sus canciones puedan.

Actualmente sus integrantes son seis: Juan Carlos Obregoso (primera guitarra, coros y arreglos), Luciana Buono (teclados, coros y arreglos), Claudio Arroyo (voz), Guillermo Byrne (guitarras, charango y cajón peruano), Ricardo “Poyo” Lombardi (batería y percusión) y Miguel Alonso (bajo y coros). Los mismos seis suspenden por un rato el ensayo y se amontonan entre una mesa redonda, una lámpara que rosa la cabeza de los más altos y el mate caliente y amargo.

--¿Qué sería una canción urgente para Matices?
Juan:-- Matices siempre hizo música popular porque cree que es el arte que representa las necesidades del pueblo. Por lo tanto todas las canciones que interpretamos tienen esa urgencia de decir lo que pensamos que el pueblo quiere expresar. Elegimos esas canciones porque reúnen las palabras que resumen todo nuestro proyecto artístico.
Claudio.-- Como cualquier cantor popular: tener la posibilidad de contar con un escenario y un micrófono y transmitir las esperanzas, los anhelos, los deseos del pueblo. Del hombre de la calle.
Guillermo:-- Es urgente porque no se puede guardar. Hay que expresarla.
"Poyo":-- La canción urgente también es la que viene. Vamos a seguir teniendo muchas canciones urgentes.

--Hace 20 años que tocan. ¿Qué rescatan de la música popular latinoamericana?
J:-- Lo central es la variedad. Existe una riqueza enorme en rítmica, en poesía, en referentes musicales. Nosotros hacemos nuestra humilde contribución. Tomamos muchas vertientes y las hacemos confluir en la banda. Tratamos de tomar pinceladas de lo que es toda la música latina. Hay una predominancia de nuestra zona, la música rioplatense: candombe, murga que es donde la banda se mueve como pez en el agua; pero por supuesto que estamos abiertos haciendo bossa nova, joropo.
C:-- Todo esto con una marcada ideología hacia la protesta, lo denunciante, hacia lo social. La premisa principal es el contenido que tienen las letras de las canciones. No nos molesta hacer un candombe festivo siempre y cuando el mensaje sea reflexivo.
P:-- Música incómoda.

El “Poyo” agrega una última cualidad a la descripción que elaboró Claudio. Con voz de locutor y corneta manual, le da forma a su mano izquierda y larga: “Matices música incómoda”. El Poyo es el más inquieto en la cocina donde Matices hace sus mates y sus canciones. Antes de empezar a charlar, habla de fútbol y a veces su voz rebota contra las paredes blancas. Agarra el grabador y le cuenta sus felicidades, sus odios. Le manda saludos a José María Aguilar (su nuevo héroe paródico) y vuelve a dejar el grabador. Luego cierra: “Siempre fui un rebelde, antes en el rock y ahora en la música popular latinoamericana”.

--En los 90, Matices formó parte de un colectivo de actores culturales que defendieron todos sus espacios. Entonces, organizaron un festival para que el programa radial más escuchado en su ambiente no sea levantado. ¿Qué relato tienen de eso?
G:-- Fue una época muy importante. Surgieron compañeros que todavía hoy perduran y otros que desgraciadamente no están. Nosotros humildemente formamos parte de esa movida que anduvo por los primeros centros culturales, los boliches.
C:-- Sucedió en un contexto en el cual era difícil cantar lo que hoy cantamos. Era mucho más incómodo. También era difícil encontrar colegas que estuvieran en esa movida.
J:-- Cuando el prejuicio era que te digan “te quedaste en el 45´, eso ya pasó de moda y ese tipo de cosas.
P:-- El miedo a ser observados también pesaba. Había varios vigiladores de López, no tantos como ahora, aunque sigue habiendo.
"Poyo" y Claudio (coinciden):-- Éramos militantes de la música y poníamos la cara en un escenario. Tal vez, mucha gente no se daba cuenta de lo que tocábamos. La que sí lo hacía, aún sigue viniendo a nuestros espectáculos. Era nuestra forma de expresar nuestro descontento con la porquería. Acá en La Plata éramos los únicos que cantábamos “Hasta siempre” (canción de Carlos Puebla donde despide al Che Guevara). Nadie lo cantaba, eh.
C:-- Noches memorables en El café de los poetas que fue como el bastión donde urgió toda esa movida: Canto americano, Todos juntos, Diego Dana, Los duendes de la salamanca, Hamlet Lima Quintana, Julio Lacarra, Rafael Amor.
P:-- La movida era apoyada por el programa de Olga Gómez, algo así como nuestra madrina, que se emitía por Radio Universidad. Había otros actores que no eran músicos. También salimos apoyarla cuando le levantaron el programa, ideas que salían desde el Café con el Tochi (otro integrante de Grupo Matices que ya no toca). Juntamos más de mil firmas en esa época, hicimos un festival que duró como doce horas en Plaza Italia y logramos que firme hasta Mercedes Sosa. Grandes artistas llegaron para apoyar y tocar en el festival sin ningún tipo de interés económico. Nadie cobró un peso.
G:-- No hay antecedentes en la ciudad de la movida de la gente en apoyo a un programa de radio de ese estilo. Sí ha pasado con el rock, pero con la música popular fue la única vez. A partir de ese programa se aglutinó todo el movimiento cultural, por eso fue que en la protesta aparecieron actores culturales que no estaban muy relacionados con la música. En esa época, que una fm local haga todo lo que hizo fue increíble, era como utópico.

Guillermo, que además de músico es profesor de Historia egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, se queda callado y mira para abajo. Juan Obregoso, que también es profesor pero de música, egresado de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, ceba un mate y se lo pasa. Los palos flotan y él ni se rescata, siempre ofrece una amena sonrisa.

--¿Cómo fue trabajar con una discográfica y cómo es ser independientes?
G:-- El tema es fácil: cuando acá en la Argentina se bifurcó el concepto de lo que es intérprete con lo económico se fueron perdiendo gran cantidad de cosas. Estar con una productora te obliga a determinadas cuestiones, desde las maneras de vestir hasta la temática a abordar, la presentación del escenario. Te quitan la libertad, te quitan la espontaneidad. Se supone que a cambio te da una exposición mediática más importante, una penetración en la gente mucho más directa, pero te acota en los otros aspectos. Por ejemplo, en los ’60, en mi opinión la época más importante donde se vivió la música popular en Argentina, Cafrune tocaba y él mismo era su representante. Él decidía dónde ir. Él decía lo que grababa y lo que no. Y bueno, no le fue tan mal. Después aparecieron los vivos, vieron que se hacía plata con esto y tomaron el mando. Han separado tantos amigos que venían tocando juntos desde siempre tan sólo por la tentación empresarial.

--De grupo de amigos a una banda profesional, ¿Cómo cuidar lo primero cuando lo segundo pasa a tener protagonismo?
G:-- Siempre se tuvo en cuenta de que yo me puedo pelear con algunos de ellos en un ensayo por un arreglo pero no mezclo los tantos. Y todos tomamos la misma actitud. La amistad pasa por otro lado. Es compartir muchos años, momentos lindos, momentos difíciles. Siempre tuvimos claro eso, sino no hubiéramos aguantado veinte años. Nosotros siempre priorizamos el grupo por sobre las individualidades, siempre tuvimos puesta la camiseta de la banda. Esté quien esté.

--Los amigos que pasaron por Matices, ¿cómo suenan en la música actual de la banda?
J:-- Cada uno que ha pasado por Matices ha dejado una marca. De alguna forma u otra los músicos que han tocado, los que han compartido escenario, han dejado su experiencia, nos hemos nutrido, hemos aprendido de ellos. En mi caso particular, la ausencia más grande es la de Chito (Pablo Peredo, primera guitarra y uno de los fundadores de la banda) porque fue el que me trajo a Matices. Lo tuve que reemplazar a él. Tocó la puertita de mi departamento y junto con el “Poyo” me fueron a buscar. Si Chito y el Poyo estaban conformes, pensé, ése era un lugar para mí. No me equivoqué.

--¿Qué andan haciendo este año y cómo tienen pensado cerrarlo?
C:-- Cuando arrancamos este año la idea era empezar a tocar más seguido en lugares más chicos, tratar de generar inquietud en nuevos públicos. El nuevo recorrido en vivo es una nueva experiencia.
J:-- Todos los conciertos de este año los hicimos con un músico invitado. Y ahora, en la próxima actuación, nos vamos a dar el lujo de tocar con nuestros hijos que también son músicos. La idea de compartir con músicos platenses nuestros recitales siempre fue uno de los pilares de Matices.
G:-- Fue como una regla del grupo que se planteó de manera natural: compartir y no competir. Jamás intervinimos en un festival competitivo.

Desde la puerta izquierda, donde está la entrada a la sala de ensayo, sigue saliendo una neblina particular. Al principio parece humo de tabaco, pero luego parece que esa bruma nace de sus candombes, su murga, su cercanía a la música rioplatense. El río que grita, Matices que canta.

Ya tienen confirmado que el cierre del año lo harán en un lugar donde han tenido grandes satisfacciones, entre las cuales la presentación de su segundo disco de estudio, Sembrar cantando, es de las más preciadas.
Matices:-- Sí, volver a un gran lugar, El Teatro de 43 entre 7 y 8. Es todo una apuesta pero nos parece que es un gusto que nos damos. El trabajo y la preparación de esa actuación es distinta por los espacios escénicos, el sonido, la estructura de luces, las proyecciones que vamos a pasar, el espacio para la poesía que será mayor y por supuesto la convocación de mucha más gente. No hay duda que el grupo donde mejor se maneja es en los escenarios grandes.

Grupo Matices limpia el mate, el “Poyo” sale haciendo sonido con su corneta manual y los demás salen pasivos, transeúntes de la cotidianeidad, a dormir porque al otro día los artistas deben salir a trabajar, de sus otros oficios, de las cosas que a veces ni siquiera se molestan en recordar.

Grupo Matices se presentará hoy en Mil 9 Once Bar. 12 y 71 a las 21.
Más información en http://www.grupomatices.com.ar/

miércoles, 22 de junio de 2011

Poesía sin góndolas.-

La idea de crear un Almacén Literario nació en Neuquén e intentará ser un espacio en el que confluya la historia de vida y las obras de cada escritor de la provincia. La iniciativa surgió de “la necesidad de trazar redes” entre los artistas de cada lugar, contó uno de sus creadores, el poeta Tomás Watkins. En diálogo con Agencia NAN, adelantó detalles de la nueva bitácora.

Por Mía Wallace
Fotografía gentileza de María Isabel Sánchez

Neuquén, junio 22 (Agencia NAN - 2011).- “Yo soy un escritor patagónico, pero ante todo soy un escritor gordo”, afirmará Tomás Watkins y esbozará millones de analogías, que sin ser poéticas, las convertirá en poéticas. El también es uno de los creadores de este proyecto audiovisual que fue becado por el Fondo Nacional de las Artes donde pretende reunir en una especie de “almacén” –o biblioteca digital con documentales – la vida y obra de los escritores más representativos de Neuquén.

Watkins trazó el plan junto a su par Cristian Carrasco. La iniciativa se basa en la necesidad de trazar puentes y coordenadas históricas de los poetas de cada ciudad. Además, se configura como una parte más de la relación que el creador tiene con la poesía: de por vida y a turno completo.

La militancia con la palabra del joven escritor neuquino es silenciosa pero contundente: sin ser un juglar mediático, su hoja de vida demuestra un gran recorrido literario. Con 33 años ya publicó su primer libro, 26, con las editoriales independientes Libros Celebraos y El Suri Porfiado, que recibió el primer premio de Poesía en la Universidad Nacional del Comahue. Además, el escritor participó de varias antologías entre las que se destacan Desorbitados. Novísimos poetas del sur de la Argentina, publicada por el Fondo Nacional de las Artes; Si Hamlet duda le daremos muerte, publicada en La Plata por Ediciones de La Talita Dorada y Aires contemporáneos. Asimismo, representó a Neuquén en la Feria del Libro que se realiza todos los años en Buenos Aires e integró Celebriedades, un grupo que fusiona poesía y música y con el que viajó por toda la Patagonia y Chile.

--¿Cómo surgió el proyecto del Almacén Literario?
--Nació a partir de una charla donde veíamos la necesidad de trazar redes entre los escritores de cada una de las provincias. En principio, se busca armar un espacio inédito en Neuquén para dar a conocer a los escritores residentes en la provincia. La idea se completa con la instauración del producto como un espacio de consulta permanente para la comunidad educativa y la sociedad entera en donde puedan encontrar vida y obra de los escritores neuquinos o residentes en la provincia, nacidos acá o porque hace tiempo que se instalaron, por motivos absolutamente diversos. El primer tramo es la filmación de 7 documentales con los primeros siete artistas seleccionados que son Miguel Ángel Sabatini de Cutral Co, Héctor Ordóñez de Andacollo, Mariano Villegas de Villa La Angostura, María Cristina Venturini de San Martín de los Andes, Raúl Mansilla de Neuquén capital, Eduardo Palma Moreno de Neuquén capital y Macky Corbalán también de la capital.

--¿Será un lugar virtual al que se podrá acceder libremente a la lectura de los escritores de la provincia?
--Exactamente. La idea fue plantear una analogía con el término almacén, como alacena o bien como esos viejos locales que se ven por los pueblos del interior. De hecho, su diseño, cuando se haga la presentación virtual, será como un almacén que dispondrá de los autores a simple vista como parte de la interfaz. Los documentales, que estarán a cargo del grupo Frame, durarán aproximadamente una hora y se filmará por un lado la entrevista al autor, y por otro se lo o la filmará leyendo sus textos. De un pelotón de 30 escritores iniciales seleccionamos siete para empezar porque intentamos mediar entre capital e interior. Fue difícil la elección porque, por suerte, tenemos grandes escritores en Neuquén. Algunos con mucha trayectoria y otros con mucha proyección. Corbalán me parece una de las mejores escritoras de la provincia, y Palma Moreno resulta uno de los más singulares dado que, junto con Sergio Sarachu (un escritor que entrará en la próxima tanda), recorrió la Patagonia en un Torino para trazar una red de corresponsalía para la revista Coirón, una de las primeras en la historia literaria de nuestra región.

--¿Hay una identidad en común entre los escritores seleccionados? ¿Cómo juega “lo patagónico” en esta selección?
--Hay muchas tradiciones, incluso hay distintas formas de encarar “lo patagónico”. Se ha intentado construir una tradición que de algún modo cierre filas y transmita ideas sobre la “unívoca” identidad patagónica. Pero los rótulos constriñen y terminan generando lo mismo de lo que intentan despegarse. Personalmente no estoy de acuerdo con esos corsés. Porque incluyas referencias de color local o porque tu obra opere sobre realidades de la región, no vas a tener más consideración que otros escritores. Debería ser que lo bueno se note, simplemente, sin que importe de qué se hable ni en dónde fue escrito. Hay muchos malos escritores prestigiosos en el medio precisamente por este corrimiento, por esta necia y establecida forma de interpretar la literatura regional. Si una obra es buena, ¿qué importa dónde fue elaborada o sobre cuáles tópicos trabaja? Finalmente, creo que en este sentido nos falta madurar culturalmente para poder despegarnos de las imposiciones regionalistas. A lo mejor también hay un contraste grande entre las generaciones de poetas porque nosotros vivimos en una Patagonia urbana cuando en realidad la Patagonia “for export” es más que nada una Patagonia árida, estéril con llanuras largas, un terreno hostil que impide la comunicación entre una persona y otra, entre los artistas. Así es como se la intenta vender, o bien como un sitio paradisíaco y caro con dinosaurios, petróleo, rally y vinos exóticos. Yo soy escritor patagónico porque escribo desde La Patagonia no sobre la Patagonia (aunque lo haga). Yo soy un escritor patagónico, pero ante todo soy un escritor gordo. Esto es lo que en realidad me da el perfil (más risas).

--¿Existe una disputa entre escritores del interior y de los Buenos Aires?
--Yo no tengo ningún problema directo en la actualidad con los porteños, digamos. A los 22 empecé a viajar y pude ver que entre algunos escritores patagónicos más grandes sí existía el recelo contra la capital del país y sobre todo contra el corredor “Buenos Aires – Rosario – Córdoba” como emblema de la centralización y el recorte. Pude ver, también, casos de alzas de banderas antiporteñas pero encarados de forma enclenque: o bien para disputar migajas o bien enarboladas por escritores mediocres. Si bien lo que no pasa por Buenos Aires es difícil que se masifique, si falta calidad en una obra no siempre será tenida en cuenta. No importa el origen de la obra mediocre, valga decir. Pero esto nos lleva a una discusión sin fin que es ¿qué es bueno y qué malo? Porque entra la cuestión del gusto, que es personal y arbitrario. Yo publiqué en Buenos Aires, en la editorial El Suri Porfiado. Paradigma de lo ridículo de las fronteras: la editorial es porteña, la lleva adelante el salteño Aldazábal y su catálogo es nítido ejemplo de la descentralización y el federalismo. Bueno, me queda por decir que hay “escuelas” literarias porteñas cuyos estilos escriturarios no me gustan en absoluto.

--Por último, ¿qué es la poesía para vos y cuáles son tus escritores fundamentales?
--Para mí la poesía es algo que está más allá del poema. Pero más acá, teniendo en cuenta la dimensión textual, recuerdo que siempre discutíamos con Carlos Blasco (poeta de Cutral Có con el que compartimos Celebriedades) porque él decía que no puede haber un buen poeta que no escriba buena poesía y yo le decía que puede haber poesía en otros lados, o bien sujetos que pueden leerse en clave poética y que no sean poetas; se pueden encontrar poemas (más precisamente, sintagmas poéticos) en lugares atípicos, o encontrar frases con algunas figuras en prospectos médicos, por ejemplo. La poesía no es voluntaria. Para mí, es algo tan cotidiano que no podría describirlo tanto. Escribir para mí es adictivo aún cuando estás en un mal terreno: cuando la autocomprensión duele mientras y después. Es una especie de carga, una enfermedad, un problema irresuelto, un problema cotidiano: no puedo dejar de escribir.

*Tomás Watkins participará del IV Encuentro Nacional Itinerante de Escritores que se realizará en Neuquén y Cipolletti entre los días 7 y el 9 de octubre.
Para leerlo: www.proyectobibliotecapatagonica.blogspot.com/2009/02/watkins-tomas.html

martes, 21 de junio de 2011

El guía en El Portón de Sánchez.-

Cuatro personajes se enfrentan consigo mismos y demuelen los comportamientos sometidos a los códigos convencionales. Un quinto, el psicólogo, los guía en la travesía, que recorre el Edipo, los matrimonios desgastados, la inseguridad y el mecanismo de transferencia.

Por Lola Kuperman
Fotografia gentileza de El guía

Buenos Aires, junio 21 (Agencia NAN-2011).- Las luces dan comienzo al primer round, resuena una campana imaginaria en cada espectador y cuatro personajes se enfrentan escénicamente en un rectángulo limitado por cuatro líneas blancas. Esperan, cada uno en la esquina que ya es suya y cruzan gélidas miradas, el silencio es el réferi del momento. La mujer que viste un ceñido traje anaranjado es la responsable de avisar a sus compañeros que el ansiado guía se retrasaría por un inconveniente.

“Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco”, aseguró Freud. La obra El guía parecería hacer su propia y única versión de dicho alegato. Bajo una aguda dirección a cargo de Horacio Acosta, los cuatro personajes encarnados por Adrián Fiora, Jazmín Rodríguez, Constanza Nacarato y Agustín Rodríguez demuelen los comportamientos sometidos a los códigos convencionales. Tras cada round, el psicólogo interpretado por Mario Mahler los obliga a deshacerse de las máscaras superficiales necesarias para mantenerse en pie.

Los cincuenta minutos que dura la obra no regalarán un segundo de tregua al espectador. El escenario, limitado también por una áspera y consistente luz, reservará una escenografía austera: cuatro sillas y una mesa son todos los elementos necesarios para llevar a cabo una terapia grupal. El espacio que se disuelve en la oscuridad será amplio y recordará una y otra vez al espectador que está presenciando un microclima, un universo sin fecha ni lugar. Una música pop que se hará presente en varias ocasiones será el único recurso para recordar que los pacientes aún pertenecen al mundo real.

“Cuando estoy deprimida, estoy bien”, sentencia Eve, la joven que explicita su locura por ella y por sus tres compañeros que la poseen a nivel subcutáneo. Es la encargada de plantear el primer sueño y a través de un microsegundo de quiebre semántico, nos encontramos en una escena pesadillesca que incluye un caballo, llanto, gritos y muchísimo caos. Mirko, Mecha y Augusto también traerán a terapia una situación, un recuerdo crucial que explica una rama de su comportamiento. La representación de dichos momentos traerá aparentada la incoherencia propia de los recuerdos, una realidad matizada por las emociones y los significados inherentes. Cortejando este caos, los personajes irán desprendiéndose de sus muros hasta que sus vulnerabilidades más recónditas queden desprotegidas.

El desgranado de la historia responderá a conflictos universales: la dicotomía Edipo/rechazo materno, matrimonios desgastados, dosis altísimas de inseguridad y hasta la transferencia erótica al terapeuta. En el caso de Mirko, encorvado en su camiseta de fútbol, se recreará como su hermano desea ganarse a su mujer mientras su madre lo reprocha como a un niño. Luego será el turno de Augusto, quién será verbalmente agraviado por el terapeuta hasta el knock out. En El Guía, los personajes aparentarán ser conscientes de que se encuentran frente a un público, un tribunal tácito que deberá darles la razón de que su estado es, definitivamente, el más crítico entre sus compañeros.

El guía, en la piel de Mario Mahler, llevará un grupo que necesita y pide de él hasta acabar con la escasa cordura que aún sobrevuela el ambiente. La obra, creación del grupo “Los Araóz” y producida por Carla Peterson, llevará al espectador por intervalos extremos. La obra tiene la intensidad de una pelea de box: no propone nada tibio. Sea el psicólogo, el menos estable del quinteto, que exacerbará sin cautela los temores de sus cuatro pacientes que de por sí, caminan sobre tierra fangosa. La inseguridad de Mirko, la promiscuidad de Eve, el Edipo de Augusto y la dependencia de Mecha serán los verdaderos protagonistas de cada lucha. En el escenario, los personajes más que enfrentarse a sus compañeros o a su tortuoso psicoterapeuta, se enfrentarán a sí mismos.

La obra, atravesada por el psicodrama, mantiene rasgos oscuros y cínicos que atrapan al espectador entre el horror, la risa y la compasión. En un proceso cíclico entre la identificación y el rechazo, el público será testigo de cómo aumenta el estado de desasosiego entre los pacientes. La catarsis llegará de la mano del temido y amado guía. Los personajes, tras la última campana del último ring, se derrumbarán.

*El Guía se presenta todos los viernes a las 21 en el Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034, Ciudad de Buenos Aires.

lunes, 20 de junio de 2011

Libros: “Si alguien tiene que ser después” (Juana Bignozzi, 2010).-

La obra establece una relación de diálogo retrospectivo con una vida que se entreteje en pinceladas con el correr de las páginas; es un viaje que lleva más allá de la poética de Bignozzi e invita a visitar pasajes biográficos ya conocidos.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, junio 20 (Agencia NAN-2011).- Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937) supo convertirse en una de las figuras centrales de la poética argentina. Con los años, ha ingresado a ese selecto mundo de escritores cuya fascinación comienza (tal vez a pesar de lo que ella desearía) con su misma presencia, con el poder simbólico que implica llamarse Juana Bignozzi. Si alguien tiene que ser después (Adriana Hidalgo, 2010) es el primer libro de la reconocida escritora luego de que se publicara, hace diez años, La ley tu ley, una suerte de antología que anticipó su regreso a Argentina luego de 30 años de residencia en Barcelona.

“Alguien lee a un desconocido/ recuerda para siempre unas palabras/ detrás de ellas hay una biografía/ a lo mejor también un luchador/ y a veces hasta la corte de una reina/ y ese lector feliz/ para gloria de la poesía/ lo ignorará”. Contrariamente a lo que se lee en estos pasajes del libro, de alguna manera la lectura de Si alguien tiene que ser después interpela una biografía. Aún para aquellas personas que desconozcan la historia de su autora, gran parte de la obra establece una relación de diálogo retrospectivo con una vida que se entreteje en pinceladas con el correr de las páginas. El libro invita al lector que se adentra por primera vez en la poética de Bignozzi a visitar ese más allá de la obra, lo estimula a evocar esos pasajes biográficos ya conocidos.

No obstante, su poesía tiene la fuerza suficiente para trascender ese umbral y adquirir una luz, una belleza, una musicalidad y una delicadeza única en sus versos. Como señala Octavio Paz en algún pasaje, la biografía es un insumo clave para estudiar una obra, pero jamás podrá develar la naturaleza última de esa obra. La verdadera poesía, como la que aquí ensaya Bignozzi, siempre está desbordando los cánones interpretativos.

En un sutil tono que recupera la continuidad de la lengua oral en un verso que no necesita de los signos de puntuación ni de las comillas para sostenerse y generar sentido, la autora reflexiona sobre una multiplicidad de temas: la familia, las ideologías, el arte, la poesía, la ciudad. Pero en todos los casos, estas temáticas adquieren su fecundidad y fuerza en la subjetividad de esa voz que habita los poemas. Como en toda buena poesía, la grandeza de los temas debe hacerse carne en la subjetividad que los evoca, en la voz particular que los revive para erguirse, lejos de la perorata teórica del discurso erudito: “Mientras mis colegas escriben los grandes versos de la/ poesía argentina/ yo hiervo chauchas ballina”.

El paso del tiempo, y la mirada retrospectiva a una vida que se sabe construida (“aunque sé que a veces me escuchan pensando que soy/ el mausoleo de una generación”) son una constante en el libro. La vejez y una resignificación de la propia existencia, de un nuevo lugar desde el cual mirarse, construyen con un aire paradójicamente rejuvenecedor una reconciliación con las grandes pasiones. La relación con una madre, con su poesía, con el prestigio o el reconocimiento, aparecen bajo una luz que se sabe nueva.

Con una envidiable firmeza, desde un lugar apacible y ajeno a la nostalgia, un lugar teñido de profunda libertad, Bignozzi sigue batallando. Sin reclamos y sin reproches, pero consciente de que “siempre se escribe para un fantasma/ para una cuenta pendiente y oculta/ para un fantasma íntimo y secreto/ su presencia hace a los poetas/sola con él cruzaré esta última plaza vacía”.

viernes, 17 de junio de 2011

CLDSCP: “No queremos ser la banda que toca con juguetes”.-

Calidoscopio graba de manera casera, y en los últimos discos toca con juguetes infantiles. En su última etapa, Andrés Andiñach y Leopoldo de Sarro eliminaron la batería y casi no usan guitarras. Los cambiaron por el charango y el beatbox. “No somos estudiosos de los instrumentos”, aclaran, y aseguran que “se avanza desde las limitaciones”.


Por Paula Sabatés
Fotografía de Sergio Parrella

Buenos Aires, junio 17 (Agencia NAN - 2011).- Se formaron en 2008 y ya tienen once discos: dos lanzados durante el primer año, siete durante el segundo (!), otro de 2010 y el último, Niños azules, grabado en la primera quincena de este año. Andrés Andiñach y Leopoldo de Sarro, o Andy y Leopo, los CLDSCP (Calidoscopio sin vocales, porque querían ser “los dueños absolutos de una palabra que no tuviera nadie y Calidoscopio ya estaba muy usada”), aseguran que “se comen los codos” para no sacar más temas porque después en los shows no les da el tiempo para tocarlos. Por eso mismo, para hacer las canciones que sus pocas fechas dejan afuera, tuvieron un programa de radio y planean hacer, dentro de poco, “transmisiones online-tipo tele”.

Los CLDSCP graban de manera casera y en los últimos dos discos tocan con juguetes infantiles tipo Hasbro o Mattel (en el medio de un tema puede llegar a sonar un “Barbie es una princesa”) y con instrumentos poco vistos en la escena under, como un beatbox o un charango. Tienen seguidores en Rusia y un sello de Polonia les financió su anteúltimo trabajo. “Nos mandaron veinte discos y con el resto no sabemos qué pasó”, cuentan los muchachos de zona sur del gran Buenos Aires a
Agencia NAN. Pero no les importa mucho, porque aseguran que, por sobre todo, les interesa llegar al público de Argentina.

-- ¿Cómo surgió la idea de tocar con instrumentos poco convencionales?
Andrés Andiñach:-- De la forma natural. Nos conocimos y empezamos a tocar con guitarras, que es lo que los dos veníamos haciendo. Y Leopo cantaba. Pero de a poco empezamos a pulir cosas y a sumar instrumentos, a descubrirlos. Aunque en realidad fue al revés: ellos nos eligieron a nosotros, y nosotros les dimos el uso que podíamos. Tampoco es que somos estudiosos de los instrumentos; los agarramos y los adaptamos para que sean funcionales a nuestra música. Más no, el resto no nos importa, porque saber de más en procesos artísticos a veces es un problema. Ser un poco ignorante en algunos casos es un límite copado.

-- Suman instrumentos pero no músicos…
Leopoldo de Sarro:-- Sí, es que es una cuestión de comodidad, de laburar entre los dos. Nos conocemos mucho, entonces nos ponemos de acuerdo fácilmente. Si hubiera cinco personas más sería todo un debate gigante.
A. A.:-- Y es que cuanta menos gente hay, menos democrático es todo, y cuando menos democracia hay más sencillo es para la persona que toma la decisión. Además es un formato que nos gusta. No queremos una música llena de detalles por todos lados, nos gusta una cosa más cruda, y eso lo lográs de a dos.

-- ¿Qué estilo hacen?
A. A:-- Es raro eso. Hoy los géneros están todos un poco licuados entonces uno toma algo de todos y termina haciendo algo medio único. Nosotros lo que hacemos son canciones y la diferencia con el resto de las canciones que se escuchan está en los arreglos. En nuestra última etapa decidimos anular casi la guitarra, que es un instrumento que se usa en el 98 por ciento de todas las canciones, y eliminar la batería, que es típica del rock. Y en cambio usamos el charango, que es un instrumento que está súper atado a una cultura, y al que intentamos desatar, sin faltarle el respeto pero sí sacándolo un poco de contexto.

-- ¿La decisión de no usar guitarra y batería tiene que ver con una cuestión formal y estética o con una forma de transgredir las convenciones?
A. A.:-- Con ambas cosas. Por un lado, nos criamos escuchando las guitarras de Radiohead y las veces que quisimos hacerlas sonar de esa forma fue imposible, entonces, para que no nos quede algo de medio pelo, decidimos omitirla y después resulta que por no imitar a nadie nos encontramos haciendo algo muy diferente a todo lo demás. Por otro lado, a veces uno avanza en un espectro artístico porque le surgen ciertas limitaciones desde el lugar del que quiere hacer las cosas. Donde grabamos nosotros no podríamos grabar una batería como quisiéramos, porque no tenemos la plata, no tenemos la acústica, no sabemos tocar batería y no queremos llamar a un baterista. Entonces pensamos “bueno, hay que hacer ritmo, ¿con qué lo hacemos?”. Y ahí surgen la pandereta, el beatboxing y los detallitos electrónicos.

-- ¿Y los juguetes que lugar ocupan?
L. S.:-- Generan una estética, es eso. Llaman mucho la atención porque cualquier cosa que rompe mucho lo hace. Pero tampoco hacemos una música infantil ni que tiene que ver con los sonidos que traen esos juguetes. El uso es más macabro, es como que aparece una cosa que no tienen nada que ver y descoloca.
A. A:-- Claro, el sonido tiene que, estéticamente, ver en el contexto de la canción, pero no la melodía que trae el juguete. Igual tampoco queremos ser “la banda que toca con juguetes”. Hoy somos un poco eso pero mañana, qué se yo, seremos la banda que toca con animales de granja y va a una granja y le pega a las ovejas.

-- Su último trabajo es comercializado en formato de cassette. ¿Esa también es una forma de romper con los esquemas?
A. A.:-- No, eso es porque nuestra forma de difundir la música es por Internet y de forma gratuita. El que quiere tener nuestro disco con el audio exacto a como lo grabamos se lo baja de Internet. Todo el resto es merchandising, algo que vos vendés porque la gente quiere tener algo tuyo. El fanático que compra el CD seguramente ya se lo bajó antes, pero quiere el objeto. Entonces, a la hora de hacer merchandising, ¿cuál es la diferencia entre una remera, un CD o un cassette? Es solamente estética y a nosotros, de todas las formas estéticas de hacer merchandising, nos gusta más el cassette. De hecho, el CD es lo último que haríamos.

--Parecería que en los últimos tiempos el under está ganando un terreno mucho más amplio del que tenía. En este escenario, ¿sigue siendo un lugar de transición hacia lo masivo o puede ser, para algunas bandas, un lugar de pertenencia, de elección?
A. A.:-- La elección es la música que uno hace. Después, el nivel de comercialización que puede llegar a tener ese arte es una eventualidad. Si vos podés comercializar tu producto y que te deje mucha guita sin tener que cambiar nada de lo que hacés, bienvenido sea. Ahora, si el comercio te va a venir a modificar, ahí nos encontramos con una disyuntiva. Y ahí, bueno, podés negociar o no.
L. S.:-- Hay toda una estética particular y un público al que le gusta esa línea y sigue esas bandas. Pero a veces también es la única salida. Hay bandas del under que prefieren quedarse en el lugar en el que están antes de que les digan cómo tienen que peinarse para hacer un video.
A. A.:-- Estaría buenísimo que la gente que tiene plata y quiere invertir en música lo haga para mejorar los shows y no para cambiar a la banda. Y eso pasa, porque, si bien el under tiene una estética que atrae, es una pérdida de guita. Hoy se trata de ser remisero para después poder tocar. De todos modos, está empezando a crecer y en algún momento va a ser un negocio fuerte, sin la necesidad de capitales. Claro Va a haber un under del under, que en cierto punto ya existe. Hoy tenés que pelear para estar en el under. Hay cinco o seis sellos independientes más o menos conocidos que se jactan de ser la movida independiente. Ellos hacen su negocio y está bien, pero parecería ser que el indie son ellos y el resto no.
L. S.:-- Alrededor de 2020 suponemos que se va a dar un proceso por el cual el under va a ser, sí, un lugar de pertenencia y no de transición. Muchas de las bandas están apostando a eso, a bancar la situación porque ven un futuro más allá. Eso no lo sabe nadie, pero esperamos que sea así y vemos mucho crecimiento.


--Y mientras tanto, ¿qué beneficios le encuentran a estar en ese circuito?
A. A:-- Todos. Putearás porque tenés que mover los amplificadores y por carencia de producción, pero en la artística tenés todos los beneficios.
L. S.:-- Principalmente la libertad. Querés ponerte un cono en la cabeza y tocar una tarantela y lo hacés. Eso sí, tenés que tener mucha constancia, porque si no le ponés huevo no va.


--¿Y las desventajas?
L.S.:-- Que la difusión está a cargo de nosotros. Y que te planteás como artistas y en realidad sos manager, diseñador, todo. Todo depende de nosotros: si lo movemos funciona, sino no. En el mainstream eso es lo primero que está asegurado, y eso te marca otra cosa.

--¿Los modos de producción con los que cuentan condicionan el producto estético?
A. A.:-- Sí, pero creo que para mejor. Por algo estamos haciendo la música que estamos haciendo, por las condiciones que tuvimos. Nosotros sí o sí tenemos que poder meter nuestras cosas en un baúl para poder ir a tocar adonde sea, entonces tenemos cinco cosas y con eso tenemos que tocar. Eso te obliga a ser práctico y esa practicidad se muestra en tu música. Te obliga a ser original, y eso es beneficioso.

--¿Y porqué no pensar que el under imitará los vicios del mainstream cuando crezca como sistema?
A. A:-- Es que eso va a pasar. Hoy el under tiene un discurso de hago lo que quiero y el mainstream es criticado por ser careta, por hacer las cosas por la guita y trabajar para un grupo de personas que no lo va a escuchar. Lo que no quiere decir que el día en que el indie sea redituable no se convierta en eso. Pero cuando eso pase van a existir otros pibes que nos peguen una patada en el orto a nosotros y nos digan “no, loco, la posta la hacemos nosotros”. Pero hay que separar, tampoco todo el circuito comercial tiene que ser una basura. Si un día nos piden hacer el tema del mundial, lo haremos, porque por algo nos llamarán y eso quiere decir que les gusta.

--¿Creen que son la mejor banda del mundo?
A.A.:-- No, es que no somos una banda.

--¿Cómo que no?
L.S:-- No nos pensamos con banda, nos da muy empresita. Esto es muy sincero, nosotros hacemos canciones y listo. Lo que funciona es la idea final, el conjunto.

Sitio: http://cldscp.com.ar/

jueves, 16 de junio de 2011

Bailar el tango, un ejercicio de libertad.-

Desde hace seis años, la iniciativa propone romper los límites utilizados por el género musical según el sexo de cada bailarín. “Buscamos un espacio donde cada uno no está condicionado: por ser mujer, no tenés que ser guiada ni se da por sentado tu identidad”, relata Mariana Docampo, profesora y coordinadora de la milonga.

Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza Milonga Tango Queer

Buenos Aires, junio 16 (Agencia NAN - 2011).- El típico macho tanguero pierde pista entre los nuevos espacios que buscan romper la fórmula definida por la que la orientación sexual debe presuponer la ocupación de un rol en la danza. Cada movimiento sobre la pista se convierte en un ejercicio cotidiano de la diversidad y libertad. En la Milonga Tango Queer, ser hombre o mujer no define una determinada función en el compás del dos por cuatro. Allí el género juega a cambiar roles: es una propuesta para bailar con quién uno quiere y en rol que desea. Es un tango abierto, que desecha las normas y códigos tradicionales de esta danza, y en la que se busca explorar nuevas formas de comunicación con el otro. En la pista, se baila bajo otros parámetros, en los que interesan las múltiples formas de comunicación y el placer por moverse al ritmo de arrabal. Para algunos, la experiencia se transforma en una interpelación sobre los estereotipos de la sociedad, y lo que se espera de uno por haber nacido hombre o mujer.

Durante los pocos minutos en los que suena una misma canción se instauran entre quienes bailan emociones profundas. A simple vista, puede parecer que se trata de una milonga como cualquiera, pero su rasgo fundamental es la apertura a probar otros modos de relacionarse con las personas. En un salón vestido como domino negro y rojo, parejas con distintas preferencias sexuales se funden en el abrazo tanguero y esbozan sobre las maderas los pasos del 2x4. Allí, no rige la lógica tradicional de la danza: el hombre conduce y la mujer obedece, roles bien definidos, uno activo y otro pasivo. Por el contrario, cada uno elige qué rol quiere ocupar. “Abrimos la posibilidad a hombres y mujeres a que bailen en el rol que quieran. Cualquiera puede guiar o ser guiados. En las parejas heterosexuales, suele haber más resistencia, porque el rol pareciera estar identificado con la persona que lo baila”, cuenta a Agencia NAN Mariana Docampo, organizadora y profesora de la milonga, que el próximo martes cumple seis años.

Sin duda, rompe con las pautas culturales que predominan en nuestra sociedad. Se convierte en una subversión del orden estático, y los mandatos sociales entran en crisis. “Intenté una clase, pero cuando tuve que abrazar a un hombre no pude y me fui diciendo que tenía que trabajar”, cuenta un hombre. Es que en la pista de baile, los roles no están fijos al sexo de quienes lo bailan. Es dinámico: el intercambio de posiciones en la danza permite a las parejas aprender a bailar desde cualquiera de los espacios delimitados culturalmente por el género que deseen o proceder a intercambiar esos lugares dentro de los límites de una misma canción. “Vienen parejas hetero que se animan a explorar y cambiar roles. Buscamos un espacio donde cada uno no está condicionado: por ser mujer, no tenés que ser guiada ni se da por sentado tu identidad”, relata la profesora.

Los cuerpos bajo la luz tenue de la milonga hablan un lenguaje corporal, en que fluye la sensualidad y el erotismo, en un pentagrama de gestos, roces y miradas. Pero esto no se cierra a la atracción del polo hombre-mujer. “Este binomio simplifica notablemente la compleja red erótica que existe entre los individuos –explica Docampo- que, si bien representa a una mayoría identificable en la sociedad, instituye una forma de sentir admitida, condiciona y censura formas de sentir diferentes”. Afuera de ese modelo, quedan las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transgéneros e incluso las parejas hetero que pudieran concebir su erotismo de manera distinta.

El tango no es sólo para machos y así lo demuestran las decenas de parejas que llegan a Perú 571 cada martes por la noche, en Buenos Aires Club. Si bien la milonga queer (significa “raro” en inglés y era utilizado de forma peyorativa para referirse a la comunidad gay) todavía genera impacto a los ojos curiosos que llegan a la milonga, aunque los fuertes prejuicios quedaron atrás. “Era terrible al principio, casi no había mujeres que bailen con mujeres. Hoy es distinto”, cuentan ellas.

La danza queer es también una ventana para repensar el rol en el compás de la sociedad. “Haber hecho todo este trabajo dentro del tango me ayudó a reposicionarme y creo que le pasa a mucha gente. No estoy condicionada, tengo la posibilidad de cambiar mi posición subjetiva a lo que hago y con respecto a los demás”, cuenta Docampo. ¿Por qué el hombre tiene que guiar y las mujeres disfrutar siendo guiada? Algunos ni se lo preguntan. Otros, sí.

martes, 14 de junio de 2011

Junio de Autor: que hable la música ríoplatense

Pablo Dacal, Miro y su fabulosa orquesta de juguete, Fer López Camelo y Lucio Mantel fueron los platos fuertes que concretaron elobjetivo con el que nació el proyecto, organizado por Carbono 14 y el Centro Cultural Islas Malvinas. Intimidad, sorpresas improvisadas y el calor de hermosas canciones, en este invierno que asoma infernal.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de Eliana Graziano

La Plata, junio 14 (Agencia NAN - 2011).- La pared que da al fondo del escenario ya no es blanca, ni se infecta de luces coloridas como ocurrió hace 15 días, cuando un Centro Cultural Islas Malvinas se había ambientado de manera distinta para recibir a Pablo Dacal y una banda de bestias formada para la ocasión. En ésta, la segunda entrega del ciclo Junio de Autor, que el programa radial Carbono 14 y el espacio cultural están recién estrenando, Fer López Camelo hace música mientras The Dark Flack la arropa con proyecciones que mixturan los instrumentos del trío de músicos que la acompañan. López Camelo llega al segundo sábado de la iniciativa, que empezó el primer fin de semana de junio y se extenderá hasta el último, con Suspendida, un material próximo a editar. El formato reducido de lo que antes era un octeto suena más rockero y algo más agitado. “Todos saben que soy fanática de la música de los ‘70”, advierte Fernanda mientras afina largo rato su guitarra roja. Roja, también, era la campera de cuero que Fernando Samalea usó hasta el momento de subir al escenario en la primera fecha de Junio de Autor. Allí, el músico, escritor, productor y colaborador de Gustavo Ceratti, Charly García, Andrés Calamaro y Daniel Melingo, entre más de 60 artistas –sin contar con su prolífica producción personal—acompañó con su batería a Pablo Dacal durante el estreno de un proyecto que tiene como fin mostrar el desarrollo de los nuevos cantautores platenses.

La largada
La canción es urgente y los protagonistas que se asoman desde el Río de La Plata las muestran en un ciclo de autor que bien llega para bancar las primeras heladas sobre la ciudad. En el primer sábado de Junio de Autor, Pablo Dacal luce encantador. Apenas muestra su sonrisa mientras asoma su nuevo material, El progreso. Al calor de las palmas largan “Desorientado”, el track que abre el disco. Sólo unas semanas habían pasado desde que levantaron el telón en un mercado popular de Primera Junta, que también se llama El Progreso.

Sobre el escenario del Centro Cultural toca varios de los temas nuevos. “Vengan adelante, no se queden sentados, sería hermoso”, pide, insistente. Dedica “Nazarena” a todas las chicas que buscan nuevas ciudades y Natalia Cabrera, bajista de la banda, mira al suelo y sonríe. El Progreso, un futuro que suena a pasado, se mete en la sala que está completa y Marcelo Ezquiaga, en teclado y coros, se saca los guantes negros con sus dedos recortados.

La banda se atreve a quebrar la presentación e interpreta una canción de Os Mutantes. Dacal, pícaro, sonríe a la primera fila mientras versa en portugués. Los ojos achinados y la sonrisa marrón se apoderan de la cara del músico de salón que se educó con Charly García y se rajó a Rosario para formarse académicamente.

En una de las últimas intervenciones de la noche, Dacal se queda solo con su guitarra. Con “Más allá del bien y del mal” llega la crónica de actualidad. Sus críticas a Rodrigo, al “mundo del espectáculo” y su reciente polémica con los suplementos de orientación joven ya son conocidas. De eso no se escapa la canción que en una de sus estrofas escupe: “Los suplementos no quieren mirar / dicen que sí y que no y a cobrar”. La canción es reflexiva para algunos años transitables, pero quizá no lo suficientemente certera como para convertirse en hit resistente al paso del tiempo.

Su pedido surte efecto cuando pasa a ser una afirmación: “Ya fue, párense”. La presentación cierra con “Desorientado”, la canción que aplaudieron para llamar la atención de los primeros curiosos que se acercaron para escuchar y enterarse de qué va la nueva cancionística del Río de La Plata.

Antes de que El Progreso tomara forma, el Míster y su ejército (Miro y su fabulosa orquesta de juguete) abrieron las puertas pasadas las 22. Enojo, ironía, todo en Miro; su ejército suena sucio y desprolijo, fuerte, seductor. Dice el Míster: “Hoy tocamos sin Lautaro Barceló, el mejor guitarrista de la ciudad”. Miro sigue presentando el celebrado disco Los caminos, en el que habla sobre la felicidad, los amigos y los tontos que atienden a Rolling Stone. Se despide con “Muchachos”, algo así como un manifiesto de la amistad largo y sentido, y luego llama nuevamente a la banda para decir que hay “Canciones que nadie escucha”.

Ritmo sostenido
La segunda edición del ciclo está a cargo de Fer López Camelo y Lucio Mantel. Esta vez, no hace tanto frío, pero lo mismo sirve el Islas Malvinas para acovachar a los deseosos de escuchar mansas -y no tanto- canciones. Un nuevo sábado de junio, la misma hora, las mismas cuerdas. “Había preparado unos videos para proyectar pero el formato lo impidió. Cosas que suelen pasar”, justifica la cantante, antes de que The Dark Flack le haga mimos con sus proyecciones. Mientras el bano de Germán Giuliodoro marca el ritmo de la canción, el vestido rayado de la intérprete se sumerge en un mar de ondas verdes y frecuencias encerradas en una sola pared.

Pasan las canciones estipuladas y el agradecimiento va saliendo por la escalera que despide el escenario. “Ahora viene Lucio Mantel”, dice Fernanda y se pone un tapado marrón que le llega hasta las rodillas.

El porteño que escuchó el eco del folklore aparece con su guitarra y enfrenta una melodía que crea para la canción. Sus canciones. Su música. Lucio Mantel tiene la voz aguda y se peina con raya al costado. Sonrisa de mil dientes tiene el cantautor, una cara casi desconocida para La Plata. “Hacía dos años que no veníamos”, dice simpático, bastante gracioso.

Editó dos discos, Nictógrafo y el reciente -y agotado- Miniatura. Cuando Lucio está acompañado, los instrumentos son dos violines, una viola y un chelo. Pero la banda entera se completa con percusión y contrabajo, “el que quiera verla entera vaya el próximo domingo (19) que vamos a tocar gratis en el festival Ciudad Emergente”, comentó sin dejar su sonrisa cómica.

“Zamba desnuda” nace de la oscuridad y duerme al fuego. El rasguido casi no se mete en la metodología del género y la canción surge desde el talento de Mantel. Suena una zamba dulce y el público devuelve con esmero uno de los momentos más hipnóticos de la noche.

En “La memoria” aparecen los riesgos que Mantel decide tener, algo que no es un problema sino más bien la virtud del hombre flaco que camina por el abismo y no se cae. “Afuera y adentro” usa el lenguaje que más cómodo le queda a sus canciones. Los arreglos caseros se lucen en las cuerdas tonales cuando Lucio suena en Islas Malvinas.

En los 90, el músico tocaba en QUE, una banda de rock progresivo; acaso los mismos pasos de Gabo Ferro que anduvo por Porco y también decidió abrigarse con la guitarra, la tinta y la voz clara, definida. Si bien hay raíz folklórica en su música también salen de sus poros Brasil, Medio Oriente y el inevitable Mediterráneo. Lucio Mantel se pone una fina campera colorada y se mete al baño. Cuando sale sus manos blancas parecen estar frías por el agua que lo acaba de higienizar. Su estuche de guitarra es lo último que se ve por el pasillo que te invita a salir del Centro Cultural Islas Malvinas.

Cuando la segunda noche del ciclo Junio de autor termina, los whiskys aparecen rotundos en la flamante noche de invierno que, parece, será infernal. Ya lo advirtió Dacal. Seguramente, las próximas canciones que todavía andan con bufanda esperando su turno para Islas Malvinas, lo terminen de comprobar.

*El 18 de junio se presentarán Fede Kempff & Tarantinos y Alvy Singer Big Band. El 25 de junio será el turno de Javier Maldonado y Alfonso Barbieri. Siempre a las 21 en el Centro Cultural Islas Malvinas de la ciudad de La Plata.

lunes, 13 de junio de 2011

Rio Madre (María Suárez Grupo, 2009).-

Simpleza es la mejor palabra para definir este disco de María Suárez, dosis justa de música popular y canciones bellas, más que femeninas. La voz de Suárez encaja perfecto en la búsqueda, poética y callejera al mismo tiempo.

Guillermina Watkins

Neuquén, junio 13 (Agencia NAN-2011).-
La música no te puede pasar por alto, está ahí, esperándote, para llevarte, traerte y volver a dejarte en el mismo lugar, pero ya no de la misma forma. Por eso a veces cuesta comprender cómo a alguien le puede gustar sólo un grupo musical o, simplemente, se confiesa escuchadores pasivos de alguna FM de moda. Seamos realistas: una persona no es la misma después de sumergirse en la cadencia de algún disco musical.

Por eso hay tanta música como escuchantes en el mundo. Está el disquito para hacer la previa con algún chico/chica, está el disquito que nos lleva a algún tiempo pasado (que no siempre fue mejor), está el que nos trae buenos o malos recuerdos, el que nos remonta a un lugar, un olor, un recuerdo y están los que conjugan un poco de todo y hacen bello un momento al eternizarlo. Así, escuchar el disco de María Suárez Grupo es como ver una mañana, con una mujer caminando descalza por una casa con pisos de madera y con vista al lago, donde unas tostadas se hacen de a poco y el sol, atrevido, intenta colarse por una ventana y se refleja en una jarra con el agua más pura.

El disco dura lo que un buen desayuno otoñal: apenas un poco más de 40 minutos. Y al llegar al segundo tema surge una pregunta, ¿por qué amamos a la Epumer, a Pj Harvey o a la Negra Sosa? Es por lo mismo que podríamos (y quizás a partir de ahora) empezar a querer a esta cantante platense pero neuquina por adopción: porque puede hacer de un día de sol algo tan perfecto con su regalo: una dosis justa de música popular y canciones bellas, más que femeninas.

Río Madre fue grabado entre La Plata y Neuquén durante 2006 y 2008, y está inspirado en la maternidad y en el mundo de esta compositora que, además, convoca con su bella pluma. María Suárez logra un disco acústico, casi folclórico y fundamental, despojado de academicismos y con pinceladas de acordeones, tambores uruguayos, y los clásicos bajo, batería y guitarra criolla.

Doce temas que inician un viaje hacia el centro mismo de la feminidad: la sensibilidad ante la naturaleza, la maternidad, los miedos, el amor, la simpleza. Eso, simpleza, es la palabra que podría definir a este disco que Suárez compuso sin saber que estaba embarazada y lo denominó Río Madre. Simpleza es lo que caracteriza el recorrido de temas de esta mujer, que cautiva con su voz grave y aguda, suave pero rapaz, poética pero callejera.

viernes, 10 de junio de 2011

La Dársena: “Todos hacen hincapié en la misma campana hegemónica”.-

Desde el espacio de “pensamiento e interacción artística”, anclado en un ex kiosco de Almagro, Gabriel Serulnicoff, Azul Blaseotto y Eduardo Molinari buscan romper diariamente con el discurso unívoco, el consenso obligado y la falta de curiosidad ¿Cómo? Intentando encontrar “nuevas políticas de distribución y recepción del arte”, mediante nuevos lenguajes estéticos, imágenes de montaje, espacios en blanco (ávidos de debate), varias preguntas e infinitas respuestas, siempre teniendo en cuenta el contexto que se gesta alrededor de esa plataforma de creación y no sólo en el resultado material.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza de La Dársena

Buenos Aires, junio 10 (Agencia NAN-2011).- Una caricatura de un hombre de maíz sentado en una butaca de avión es el primer indicio de que ni la muestra ni el espacio que Agencia NAN está por descubrir responde a los parámetros artísticos convencionales. Tras esa puerta diferencial se esconde la obra de Gabriel Serulnicoff, artista inminentemente conceptual, preocupado por el discurso de sujetos políticos reales, como lo definirán sus compañeros Azul Blaseotto y Eduardo Molinari, con quienes comparte, junto a tres artistas más, La Dársena; un proyecto colectivo que ya tiene su espacio propio en un ex kiosco de Almagro y hasta cuenta con un “archivo caminante”.

Allí, en una de las paredes, un rectángulo amarillo delimitado por triangulitos de colores enmarca los textos del suplemento Radar, de Página/12, que tratan lo ocurrido con Roberto Jacoby en la Bienal de San Pablo. Jacoby, quien se jactaba de haber creado una obra no ideológica, gestionó junto a una ¨Brigada Argentina en apoyo a Dilma¨ elementos publicitarios a favor de la candidata presidencial que, finalmente, fueron censurados por la misma Bienal. La cobertura mediática y el debate en torno al episodio disparó la obra de Serulnicoff que se reflexionó, se trabajó y se concretó (y sigue concretándose) en La Dársena.

En esa “plataforma de pensamiento e interacción artística”, junto a Gabriel están sentados Molinari y Azul. Ellos le dan la espalda a la pared que contiene la segunda mitad de la muestra: epígrafes que en algún momento acompañaron fotos de Ernesto “Che” Guevara y Serulnicoff los salvó de la basura. Con ellos construyó un nuevo lenguaje estético, un marco que delimita un espacio en blanco, ávido de debate porque, como aclara Gabriel, “hay formas de pensamiento que pueden estar sin imágenes”.

Por quién

--¿Cómo se gestó la idea de la obra?
--Nace a partir del envío del trabajo que realiza Roberto Jacoby a la Bienal de San Pablo titulada “El alma nunca piensa sin imagen”. A partir de la censura de la obra, se arma un debate vía mail y no se contempla lo que a mí más me interesaba: qué hacía que una obra no sea ideológica. Quedarse sólo con la imagen o con si hubo o no censura era un vaciamiento de contenido. Entonces, como no estaba en San Pablo, comencé a seguir la obra por Radar, el suplemento que sale los domingos con Página/12.

--¿Cómo fue el proceso de analizar los documentos para luego convertirlos en un elemento estético?
--Fueron meses de discusión y de hecho, hay material que quedó afuera. No me interesaba que las notas de Radar vayan pegadas a la pared como un cementerio de documentos, sino que fue una búsqueda de la imagen del montaje. El fondo amarillo y los triangulitos en el borde son sacados de la propaganda de Mauricio Macri (actual jefe de gobierno porteño), quien hace uso de la palabra “ideología” como si fuese un problema de la izquierda. La búsqueda acerca del discurso, de Macri, de Jacoby, entre otros, duró seis meses y la ficha de cómo colgarla cayó media hora antes de inaugurar.

Un año atrás, La Dársena nació como un espacio que privilegia “fortalecer los contenidos de trabajo, más que salir con bombos y platillos”, subraya Molinari. Dos pisos, una escalera y una vidriera con cortinas, “normalmente abiertas”, aclara Azul, constituyen el microclima que propone talleres de pensamiento, de reflexión del arte, siempre inmerso en un contexto socioeconómico, preguntas y, casi nunca, unívocas respuestas.

“Una obra no es sólo resultado material, sino todo el proceso y todo lo que se gesta alrededor”, explica Azul, y Molinari interviene: “El proyecto de La Dársena es trabajar con la construcción de pensamiento alrededor de las imágenes, en casi 360º”. Si bien el proyecto está integrado por artistas, el espacio está abierto a quien quiera plantear un tema para debatir, para analizarlo transversalmente, a quien quiera desintegrar su inmunidad frente a los discursos.

--Los epígrafes de las fotos del Che Guevara en un formato de marco, ¿se pueden ver como otra obra?
--Pueden ser una o dos obras. La del Che es mostrable en otro lado, pero la de Jacoby es específica de La Dársena, donde se hizo un seguimiento. Los epígrafes, en cambio, los encontré destinados a la basura y me pareció increíble como leyendo cualquiera de ellos y sin haber visto ninguna de las fotos, te podés imaginar al Che tomando mate. También me llamó mucho la atención cómo eso es lo viejo que ya no sirve mientras Jacoby es el nuevo “artista político”, el “nuevo revolucionario”, como lo etiquetaron Página/12 o Clarín. ¿Dónde está la revolución hoy? ¿Jacoby es la revolución y el Che va a la basura?

--¿Qué espacio dejás para el interlocutor en tu obra?
-- Los artistas visuales nos expresamos poniendo cosas en las paredes con contenidos que dialogan con el espectador. En la imagen, tiene que haber algo que le llame la atención o le dispare cosas. Siempre pienso en qué va a ver el otro y apunto a un interlocutor activo. Me interesa que los que vengan a ver la muestra entiendan un poco lo que yo hago.



“La intención de ‘Proyecto Hegemonía’ no es representar sino presentarnos como personas, como encarnaduras, como sujetos políticos reales con una voz propia”, precisa Eduardo. Los autos, ambulancias y otros ruidos urbanos interfieren con lo que Molinari tiene para decir, pero él lo repite, porque en La Dársena se lo toman en serio: están construyendo con convicción, sobre todo, un espacio que “más que arte social, es arte en contexto”. Azul se mueve, se detiene, hace ademán de interrumpir y finalmente agrega: “Trabajamos sobre discursos que ponen en juego determinados personajes en el contexto sociopolítico y económico real sobre el que estamos inmersos”.

Para quién

--¿Cómo llegás a La Dársena?
Gabriel Serulnicoff: -- Ellos me invitan por una obra anterior (Subrayar una acción), donde se pone en movimiento un texto de Rodolfo Walsh. Creo que las sucesivas obras de un artista siempre van en la misma línea y el motor que me mueve a mí siempre es el mismo: me enojo con algo. Cuando estalló lo de Jacoby no había pregunta o debate con contenido. La idea con “Desmontando el museo de la revolución” es debatir qué es lo nuevo, qué es lo que se viene. No son muestras cerradas y eso se enmarca en el proyecto de La Dársena.

--Al respecto, precisaste lo tuyo como lo pop-lítico, ¿continúas en esa definición?
--Cuando empecé a ver qué o quién me generaba preguntas, uno de los primeros artistas fue Andy Warhol. Por qué podía comprar una caja de jabón y ponerla una galería o por qué su serigrafía de la silla eléctrica se vendía al lado de una de Elvis Presley. De ahí sale un poco lo pop-lítico, necesitaba que lo popular estuviese en una línea más marcada y que los que lean mi obra tengan el abanico más cerrado de posibilidades. Quisiera que los que vengan a La Dársena no se queden solamente con la caja de jabón, me interesa dirigir lo que estoy diciendo.

Molinari remata: “El silencio de los artistas es una hegemonía construida en los 90´, es hegemónica la idea que los artistas producen cosas que hay que venderlas y es hegemónica que la mayor legitimación pasa por el mercado”. ¿Qué paradigmas culturales necesita hoy la Argentina?, es una de las preguntas que atraviesa la obra de Serulnicoff y preocupa a La Dársena. Si bien las obras cuelgan en unas paredes pulcramente blancas, posiblemente aprobadas por el establishment del arte, nada indica qué es ni qué sucede allí adentro. “Las puertas están abiertas a cualquiera, pero pocos se animan. Está todo teñido por la lógica del mercado porque si dijese galería de arte y habría algo que consumir quizás sería más fácil entrar que los talleres de pensamiento que tenemos para ofrecer”, recalca Molinari.

“A nosotros nos interesa romper con los mismos diez exitosos de siempre, `el artista político´, ¿dónde viste revoluciones protagonizadas por una sola persona?”, consulta Azul mientras sus compañeros asienten. Molinari, medita la sentencia y con el frenesí que va dominando la charla lanza: “nuestro desafío es construir nuevas políticas de distribución y recepción del arte” y es Azul quien explicita las trabas: “va a ser difícil mientras la cuestión de base sea el pensamiento hegemónico con una sola voz cantante, el consenso obligado y la no curiosidad”.

--En ese panorama, ¿cómo se integran ambas partes de Desmontando el museo de la revolución?
--Hay muchos idas y vueltas. Entre los discursos de Macri y Jacoby el punto más fuerte puede ser la estrategia publicitaria o “la amistad”. Tanto en las obras de Jacoby como en los panfletos del jefe de gobierno porteño como en el mundo hegemónico del arte se pretende reflejar lo mismo: colores y amistad. No existen los enemigos, no existen los problemas. A su vez, el contenido de los epígrafes colgados son consecuentes con la obra de Jacoby, “Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en una pared”. Todos se interesan y hacen hincapié en la misma campana hegemónica, van todos por el mismo lado.

--¿Estás subrayando una acción?
--El proyecto “Subrayar una acción” tuvo dos intervenciones callejeras y la muestra en La Dársena no forma parte. Sin embargo, tengo ganas de volver a la calle, de que los transeúntes cuestionen: por qué pegás cosas si no estás vendiendo nada, que el policía te frene y no sepa qué decirte. Mi obra mantuvo siempre el mismo hilo, lo otro fue pegar carteles en la calle, esto es dentro de un cubo blanco, y es lo mismo.

*Desmontando el museo de la revolución (el alma nunca piensa sin imagen) se puede visitar hasta el 16 de junio en La Dársena, Mario Bravo 298, Capital Federal. Blog: http://plataformaladarsena.blogspot.com/

miércoles, 8 de junio de 2011

Talle M, el festejo de la multiplicación cultural.-

Dos jóvenes artistas plásticos crearon el proyecto a partir de la recuperación de La Asociación Cultural Alborada, un espacio al que convirtieron en cuna de intercambio artístico donde talleristas pueden vivir de sus profesiones, mostrar sus trabajos y, claro, producir nuevos encuentros con el arte como eje.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografías de The Dark Flack

La Plata, junio 8 (Agencia NAN-2011).- Que los espacios artísticos parecen ser cada vez menos, es una sensación constante en la ciudad. Será que los artistas se reproducen con mayor velocidad que la arquitectura de La Plata. Tal vez tenga que ver con que, día a día, son más quienes deciden plantarse y, lejos de la resignación, bucear paredes, escenarios, cuartos y salones desde los cuales mostrar su obra y, en definitiva, producir encuentros. Sin embargo, los lugares nuevos acaban surgiendo y, cuando en la capital de la provincia una construcción abre sus puertas al arte, gambetando la tentación de transformarse en una torre de departamentos, es motivo suficiente de celebración.

Rodrigo Acra y Romina Ortaz, dos jóvenes artistas plásticos locales creadores del colectivo Talle M que pusieron sus manos para restaurar paredes y limpiar habitaciones, tuvieron su día de suerte hace poco más de un mes, en la Asociación Cultural Alborada. Gracias a su dedicación, el espacio volvió a abrir sus puertas tras años de actividad pasiva, que se reducía al préstamo de más de 50 títulos desde una biblioteca y a algún que otro encuentro entre personas de la tercera edad.

“En La Plata nunca sobraron los lugares. Por lo general, la persona que recién se recibe no tiene muchas herramientas para vivir de su arte. En las galerías los que exponen son siempre los mismos consagrados, chabones que ya son grosos dentro de la pintura o las artes visuales en Argentina, entonces todos los demás terminamos trabajando en un quiosco”, arrancó Acra.

Aunque pueda parecer un acto de filantropía increíble, el plástico jura que no fue la solidaridad lo que lo empujó a restaurar un caserón para que un montón de artistas como él pudieran dar clases y realizar actividades. La decisión se debió a que el cuadro de situación resultaba ineludible: “Cuando la comisión directiva de la Asociación nos convocó, tranquilamente podríamos haber elegido usar el espacio para dictar nuestros talleres y nada más, pero íbamos a caer en la misma postura en la que están la mayoría de los lugares, que no suelen abrirse. Tenemos un montón de gente conocida que tiene ganas de hacer cosas pero no tiene dónde. Entonces, decidimos ponernos la camiseta de Talle M y salir para adelante, dándole oportunidades a la persona que quiera dedicarse a la docencia artística”.

A un mes de la reapertura de la Asociación Cultural como tal, Talle M se dedica no sólo al mantenimiento de un espacio histórico venido a menos, sino que además persigue su mayor anhelo: resignificarlo dándole un nuevo sentido capaz de abordar las distintas ramas del arte y, si todo sale bien, transformarlo en una escuela alternativa donde docentes y alumnos puedan intercambiar conocimientos a partir de la construcción grupal.

“Talle M somos los quince talleristas que estamos acá. Nosotros coordinamos, pero no seríamos nada sin el resto y sin todo el esfuerzo que pone cada uno tanto en sus clases como en los encuentros que se organizan”, asegura Ortaz. Su compañero coincide: “Esto es un proyecto colectivo pensando en colectivo y para el colectivo, donde cada individuo aporta lo que sabe y lo que tiene para dar, pero siendo siempre conscientes de que nosotros no somos más que el nexo”.

Las paredes del edificio de dos pisos resguardan a alrededor de quince docentes que decidieron sumarse a Talle M y dictar clases ahí. Pero allí dentro también se realizan con periodicidad las Pantufletas Refrescantes, el evento en el que numerosos artistas provenientes de diferentes disciplinas se reúnen y festejan, nuevamente, que ahora hay un lugar más donde trabajar. “Buscamos que Talle M se nutra de la multidisciplina. Los que pintan siempre son una bandita, los que tocan siempre se juntan con los que tocan; entonces, lo que queremos es generar un diálogo entre todas las artes, así provengan del sonido, las visuales o las audiovisuales, para hacer algo en conjunto, para generar otra cosa”, sostiene sin dudar Acra, quien está a cargo del taller de graffiti y arte urbano.

Ortaz, la muchacha que emprendió junto a él este camino de recuperación del edificio y que actualmente encuentra satisfacción en las clases de plástica para niños que encara, reconfirma: “La música puede reforzar lo que un ilustrador está diciendo, es así”.

La tercera edición de Pantufleta Refrescante, los 25 y 26 próximos, prevé música, trabajos en vivo de ilustradores y clases abiertas de tangueros. Además, 36 artistas urbanos y graffiteros pintarán las puertas de la Asociación y VJ’s realizarán proyecciones, a la par que un grupo de artistas plásticos intervendrán la fachada del lugar.

“A partir de ahora, la puerta de entrada de la asociación y la vereda serán intervenidas artísticamente una vez por mes. La idea es tener diálogo con la gente que está afuera, que si bien pasa y ve un edificio pintoresco, no sabe qué está sucediendo adentro. A partir de la intervención de la puerta, buscamos que quienes pasen caminando sepan que éste es un espacio abierto donde hay actividades y se pueden hacer cosas”, detalla Acra.

Y aunque Talle M se proponga en el futuro recuperar aún más construcciones, por el momento piensa en descansar en el edificio de La Alborada para así “aprovechar la oportunidad enorme de explotar la Asociación” y, claro, de paso, evitar “empacharse”.

Es que el festejo de inauguración es tan sólo el comienzo. Aún resta que ése nuevo viejo espacio se transforme del todo y alcance su versión superadora. “Queremos que aquí se geste una movida contracultural que contenga arte en todas sus disciplinas y que, al mismo tiempo, logre generar la consciencia en los demás de que hay un montón de lugares que están cerrados y necesitan de gente que se organice para que se abran”, resume Acra, dispuesto a reflexionar: “La experiencia muestra que es posible recuperar edificios abandonados y evitar que se conviertan en cajoneras llenas de departamentos”.

*La tercera edición de Pantufleta Refrescante se realizará con entrada libre y gratuita los días sábado 25 y domingo 26 de junio desde las 15 horas en La Asociación Cultural Alborada, ubicada en 58 entre 10 y 11.
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