viernes, 29 de julio de 2011

Las cosas por su nombre.-

Desde hace años, docentes y directivos de las escuelas públicas de arte lomense trabajan bajo el rótulo de “agentes municipales”. Pero ahora, sin dejar de enseñar, gritan “basta” cansados de la falta de reconocimiento institucional: exigen ser reconocidos por la labor que desempeñan y a la par reclaman un aumento de los sueldos que “están congelados desde 2005". Según denuncian, los profesores no alcanzan a llevarse “en mano” más de 400 pesos al mes, cuando por la misma labor en Almirante Brown o Avellaneda los salarios llegan a duplicarse incluso triplicarse .

Por Nahuel Lag
Fotografía de Iara Lag

Buenos Aires, 29 julio (Agencia NAN-2011).- Desde hace veinte años, los habitantes de Lomas de Zamora a los que les pica el bicho del arte pueden adquirir, en las escuelas municipales, las herramientas necesarias para desarrollarlo o enseñarlo. Sin embargo, desde principios de mes sus docentes y directivos comenzaron a movilizarse para ser reconocidos como tales y no como “agentes municipales”, además de reclamar un consecuente aumento de los sueldos que “están congelados desde 2005”, denunció Leonardo Salvatore, integrante del cuerpo docente de la Escuela Municipal de Artes Visuales (EMAV) y la Escuela de Medios Audiovisuales (EMMA) que el 8 y el 15 de marzo diálogo con representantes de la intendencia.

La EMAV podría resolver su problema docente a partir del reconocimiento que en junio le otorgó la Dirección de Cultura y Educación bonaerense, según confirmó a Agencia NAN el subsecretario de Cultura, Omar Lauría. Pero en la Escuela Municipal de Medios Audiovisuales (EMMA), junto a otras como la de Danza y Cerámica, profesores y directivos continúan sin ser reconocidos ni institucional ni económicamente. “Es un problema que se resolvería con 35 mil pesos al mes por parte del municipio. Es claro que es una decisión política el no darle importancia a la cultura”, aseguró el regente de la EMMA, Roberto Müller, apuntando directamente hacia el gobierno local que hace poco trajo al cantante español Joaquín Sabina.

En la Escuela Municipal de Artes Visuales (EMAV), en triple turno y de lunes a viernes, se forman como docentes jóvenes y adultos, algo “de gran importancia para la comunidad porque son con títulos reconocidos a nivel nacional para dar clases en las escuelas de todo la zona sur del conurbano”, destaca Salvatore, docente de la escuela ubicada en Piaggio 168.

La piedra fundacional se plantó en 1984, cuando desde el municipio habilitaron una serie de talleres de dibujo y pintura. En 1992, el edificio de un estudio de abogados se transformó en un buffet para pinceles, lienzo, arcillas y demás. Paso a paso, se alcanzó, quince años después de la apertura del primer curso, oficializar la carrera de profesorado y, en 2006, la habilitación para que los egresados lleven la enseñanza del arte al tercer ciclo.

Por estos días, basta con pasar por la puerta de la escuela para ver que entró en una nueva etapa. La arena y los andamios muestran como el instituto, reconocido a fines de 2010 por la Dipregep, ajusta su infraestructura, con fondos del municipio, al corsé burocrático que permite formalizar el nivel educativo. Entonces, los logros que fueron consiguiéndose por goteo les abrió un abanico más amplio a quienes dejaban la escuela con un título bajo el brazo, pero los directivos y encargados de formarlos aún no son reconocidos por las autoridades comunales.

Es que los docentes, la mayoría de ellos con formación universitaria, que se encargan de preparar a quienes replican el arte en las escuelas o en obras que resumen un pedacito de la historia local o mundial, no son más que “agentes municipales”. “Sin desmerecer ningún trabajo, desde el ‘ñoqui’, pasando por el peón que pinta un cordón, hasta el docente de arte, todos cumplimos el mismo rol para el Distrito”, resume Leonardo Salvatore.

Fueron los “agentes municipales” de la EMAV, la EMMA y otras escuelas de artes como la de Danza y Cerámica, dependientes del municipio, que el 8 y 15 de julio pasado se movilizaron al edificio de gobierno local y cortaron la Avenida Hipólito Yrigoyen para reclamar el “¡reconocimiento Ya!”. En el caso de Leonardo, el “Ya”, carga una demora de seis años.

Tras dos reuniones con el secretario de Gobierno, José Antonio Romero, y el secretario general del municipio, Guillermo Viñuales, los docentes consiguieron la confirmación de que la Dirección de Cultural y Educación bonaerense reconocía a la EMAV y la promesa de que “a partir de agosto comenzaríamos a ser reconocidos y el gobierno provincial se encargará de los pagos”, señaló el representante docente, repitiendo las palabras, que según él, dijo Romero en la primera reunión. Y aclaró: “Se logró el reconocimiento docente para la escuela de Artes Visuales por parte de la provincia, pero hay problemas pendientes. No vamos a olvidar el resto de los reclamos”.

Hasta que la dirección provincial se haga cargo, administrativamente, del EMAV, los docentes y directivos continúan en la situación que todos los educadores de las escuelas municipales vienen soportando hace años y que “no ha cambiado con este gobierno municipal”, resaltó Müller, regente de la EMMA, una de las que continuará bajo la órbita municipal y que hace 20 años forma fotógrafos y realizadores para cine y TV. Incluso los trabajos de sus estudiantes son reconocidos por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).

Como “agentes municipales”, según explica Müller, los profesores cobran 35 pesos por hora cátedra (de 40 minutos), cuando en la práctica dan clases de una hora, unas cuatro horas promedio por semana, y la liquidación se hace semanal, cuando la cantidad de horas se repita las cuatro semanas del mes. Por tanto, los profesores no alcanzan a llevarse “en mano” más de 400 pesos al mes. “Por el mismo trabajo, en Almirante Brown o Avellaneda, los docentes perciben entre 1000 y 1400 pesos”, ejemplificó el regente. Además, Salvatore agregó que “los sueldos están congelados desde 2005, por eso, exigimos un aumento”. En ese panorama, los profesores tampoco perciben aguinaldo o bonificaciones por presentismo.

Claro, en la categoría laboral en la que están ubicados no hay ningún estatuto docente que los resguarde. Y Müller, que lleva 20 años de trabajando en la escuela, explicó que tampoco se cumple el estatuto municipal, ya que “por la responsabilidad de tener un cargo directivo tendríamos que tener categoría 12 o 13”.

A esas irregularidades se le suman la de los profesores que no se encuentran ejerciendo su tarea como personal de planta sino como “contratados”, denuncia Salvatore. “Después de la primera movilización, le emitieron un recibo por junio a compañeros que trabajaban sin contrato desde abril”, continuó el integrante del cuerpo de docentes que participó de la reunión con las autoridades locales. A esta serie de pedidos, Müller le sumó otro: “En un decreto de 2010, el municipio decretó un aumento de 400 y 500 pesos que llegó, por ejemplo, a los jardines municipales, pero a nosotros, nunca”.

Condiciones laborales precarias mediante, los docentes de la EMMA y de cada escuela de artes municipal continúan manteniendo un trabajo de calidad institucional que en el caso de audiovisuales la llevo a estar reconocida por la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina (FEISAL) y por los más de cien estudios quedan fuera del cupo, acotado por los recursos económicos. “El municipio se encarga de pagarle a los docentes y nada más. En mi caso, quemé dos reproductores de DVD por llevarlos a la escuela”, cuenta Salvatore.

Para eso, sus 200 estudiantes, a cargo de la cooperadora, pagan 50 pesos mensuales para poder tener los equipos necesarios para desarrollar sus trabajos: tres islas de edición, cámaras digitales, proyector y un mini estudio de televisión desmontable, ya que la EMMA no cuenta con un edificio propio y ocupa, en turno noche, las aulas de la escuela Nº 20, ubicada en Viamonte 423.

“Lauría es alguien al que no le interesan las escuelas de arte. Tenemos una carpeta de diez centímetros de alto de pedidos que entregamos por mesa de entrada y nunca recibimos una respuesta. Y el intendente (Martín Insaurralde) está perfectamente enterado de la situación de las escuelas”, explicó Müller, que desde hace cinco años viene realizando reclamos junto al resto de los regentes.

“El subsecretario de Cultura no quiere a las escuelas, siempre patea cuanto pedido presentemos. Para lo único que nos ha llamado es para actos políticos. Se abre el Coliseo, las escuelas exponen sus trabajos, se juntan cinco mil personas para mostrar cómo Lomas trabaja la movida del arte… A nosotros no nos importa que hagan política, pero escarbás y te das cuenta que no nos reconocen”, agregó Salvatore.

Agencia NAN se comunicó con el subsecretario de Cultura para consultarlo por los reclamos y mantuvo un diálogo muy breve:

AN: -Estamos realizando una nota a partir de los reclamos realizados por los docentes y directivos de las escuelas de arte…
OL: -Venís muy atrasado, dos semanas atrasado. Ya salió el decreto, Oporto les va a pagar a todos los docentes.
AN: -Sí, en Artes Visuales, pero en el resto de las escuelas siguen igual…
OL: -Sí, eso sí, pero hablá con Secretaria de Gobierno.
AN: -Pero como usted es el subsecretario de Cultura quería tener su opinión…
OL: -Sí, pero Cultura depende de Secretaria de Gobierno, hablá con Romero. Yo todo lo que podía hacer ya lo hice. La gente me conoce muy bien y sabe que trabajo bien en eso.

Luego de esta conversación, Agencia NAN se comunicó con Secretaria de Gobierno y Prensa del municipio, pero hasta el cierre de esta nota nunca devolvieron la llamada.

miércoles, 27 de julio de 2011

Julia González: “Sueño mucho con el fin del mundo”.-

La poeta y periodista propone en Full of love, su primer libro de poemas, una “invitación para vivir un poco mejor”; esto es, “con amor”. Los ejemplares ya están agotados. Además, la joven de guantes recortados organiza un ciclo en un bar de Chacarita. Frente al cementerio, vive la poesía.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de Cecilia Salas

“Comíamos bien y barato,
bebíamos bien y barato,
y juntos dormíamos bien y con calor,
y nos queríamos”.
París era una fiesta, Ernest Hemingway.


Buenos Aires, julio 27 (Agencia Nan-2011).- El bar queda en Newbery y Rodney, justo frente al cementerio de la Chacarita. Si está cerrado parece un viejo almacén, con su galería encorvada y su olor a óxido. Si vas atento y levantás la vista leés en letras rojas --gastadas también-- Bar Rodney. La cita con Julia González, poeta y periodista, es ahí adentro, en una de las mesas frente a un ventanal donde hay una frase escrita con dolor.

“La vida son canciones. La mía por lo menos es así todo el tiempo”, dice Julia cuando ya está hablando del contexto de sus composiciones literarias. Full of love se llama su primer libro de poemas. “El nombre va por el lado de que en todas las cosas hay amor. Permitite ver que hay amor, ver lo bueno en las cosas. Una invitación a vivir un poco mejor”.

--¿Durante todo el trayecto del libro existe una esencia de niñez?
--Creo que el tema del niño interior existe y es algo que no quiero abandonar. Sé que soy una persona adulta, que hago cosas de adulta: trabajo, tengo responsabilidades (en todo). Pero me parece que los niños tienen algo muy fresco y muy lindo: la ternura, la simpleza de reírse de algo. Encontrar en algo muy hostil algo que lo haga sentirse bien. En lo que va de mi vida hubo momentos chotos y me parece que se logra salir con otra mirada porque vos podés decir lo típico “el vaso medio vacío o medio lleno”. Entonces lo redefino, para mí no está medio vacío siempre lo voy a ver medio lleno. Eso tiene que ver con la ingenuidad del niño que prefiere reír o ver las cosas que están llenas de amor antes que deprimirse y amargarse. Siempre hay una salida y va a estar todo bien, en cualquier ámbito, sea donde sea. Se puede redefinir las cosas con una actitud de vida, es decir “hay amor”.

--Te gusta ponerte porno pero no llegás a ponerte hardcore. Están los besos…
--Claaaro. La pornografía es muy violenta pero… hay que desmitificar un poco el tema, porque las mujeres también miramos porno. Nos gusta. Pero en realidad me gusta sacar más a la niña que al lado agresivo del porno y el hardcore. Me gustan los besos, pero lo otro también existe.

--Tu diablo es de baba…
--“Mi diablo es de baba” (N.de R.: título de uno de los poemas) viene un poco por el cuento de Cortázar. Necesitaba un diablo y no estaba. Estaba más cerca del diablo (lo porno, lo hardcore) que de los besos y el periodista Luis Paz me dijo que hay una tensión constante en el libro de sexo y amor. El cíclope del capítulo 54 también es de Cortázar. Siempre pienso que cuando te ves cerquita con otra persona le ves un solo ojo. Al capítulo 54 lo venimos leyendo desde que teníamos quince años y ¿ahora qué es? Futurama con un solo ojo. También está Kerouac, Steve Ryder y Elliot Smith. Cuando viajás y va cambiando el paisaje, eso me encanta. Viajar en micro veinte horas, genial, no me duermo ni a gancho toda la noche, me gusta ir despierta. Siempre tengo mi revista, un libro, la música. El kiosco de Retiro siempre algo interesante tiene. Está todo dado para viajar, para pasar un momento muy introspectivo. Siempre flasheo con que las montañas se caen. Sueño mucho con el fin del mundo, ponele desde una postal muy urbana: estoy con mi familia en una plaza y veo caer balcones. Tenemos que resolver a dónde vamos. Sueño con deshielos, mucha nieve, gente corriendo.

Cuando Julia habla del fin de las cosas le brillan los ojos. Cada oración que arma y dice la tira con una porción de rocío casi helado. En “La muerte y el autoestima”, el primer poema de Full of love, aparece El mató a un policía motorizado como banda de sonido. Compuesto en una noche tétrica y con una dosis infartada de algunos discos la redactora del Suplemento No de Página 12 recuerda: “A veces pasás más tiempo influenciado por algunas cosas. Se ve que en ese momento estaba muy influenciada por ese tema y fue eso… la música. Decir, bueno si me muero hoy tiene que estar bueno, más para las personas que quedan. Ya sé que va a ser triste y demás, pero yo les quiero dejar algo. Hay cosas que uno les tiene cierto afecto”.

Full of love está sobre la mesa. Se mueve con el viento, es chiquito. “Pocket”, dice Julia. Justo se abre en el poema que se titula “Pies de Pez” y ella cuenta: “No tiene relación con Pez, que mañana vamos a verlos. Pez no aparece en el libro, no sé por qué, capaz que esté en otras cosas que no están publicadas. ‘Pies de pez’ es porque me gusta mucho hablar de cosas que se contradicen y que son imposibles. Los peces no tienen pies, y ahí se habla de algo imposible para llegar a lo más bajo, al fondo. Que lime la aspereza. Te va a costar algo mucho como para que yo me abra nuevamente y me deje acariciar los pies de pez que no existen”.

Adentro del Rodney la música va subiendo y ahora suena Arcare Fire. Las paredes están llenas de posters de rock, la pieza soñada de cualquier adolescente. El libro de Julia González está agotado y ella explica: “Tengo que reeditar el libro porque me quedan muy pocos y me gustaría que siguiera girando, y vuelva a agotarse nuevamente. Me parece genial que se haya agotado. En cuanto a hacerle modificaciones o correcciones, lo estuve pensando, ya que Full of love en sí, es ése. Tal vez más adelante corrija algunas cosas, pero por ahora puedo aceptarlo así como está. Las cosas nuevas están acá, siempre hay cosas nuevas, pero las tengo que trabajar para ver de publicar el año que viene. Hay algún título posible, pero todavía falta mucho por trabajar en ese libro del futuro”.

--¿Qué significa ¡Que viva la poesía!, el ciclo que organizás acá adentro?
--¡Que viva la poesía! nació porque mi amiga She Vali, que es la dueña del Rodney, me pidió una mano para limpiarle la cara al bar. Como recién había editado el poemario, me convocó. La poesía está viva y se mete en nuestras historias cotidianas. Hacía menos de un año que había leído “¡Que viva la música!”, del colombiano Andrés Caicedo con prólogo de Fabián Casas, y me pegó muy fuerte. Tenía el recuerdo de esa noche de rumba eterna en la que la protagonista se va y conoce las drogas --que cada vez son más fuertes--, el sexo, el rock, hasta llegar a la locura. La novela es una gran gira mágica y misteriosa de alguien que vive en el límite. Al margen de la historia, valoré la prosa de Caicedo; hermosa, poética, emotiva, y me remite a su propia historia de joven suicida. Significa todo lo marginal que se ansía vivir cuando se es joven. La poesía en sí misma está viva y en estas veladas se manifiesta en frente del cementerio con poetas que son amigos y son urbanos. Es decir, frente al Rodney están los muertos, y de este lado, nosotros, celebrando la vida. Además, el Rodney me parece el mejor contexto para estas veladas por su impronta rockera. Es el mejor bar, lejos, y yo tengo una fuerte cultura de bares.

En ese París de 1920 donde había fiesta, el reventón de Hemingway se metía en el Café des Amateurs, en el Le Bal Bullier o en La Closerie des Lilas. ¿Por qué no descubrir el Rodney y estar de fiesta, celebrar la poesía y con la pierna que sobra bailar un poco de rock and roll?

“Hay que besarse más”, ya lo dijo Julia y termina su taza de vino: “No simplemente juntar las bocas sino tirar un poco de buena onda. Que sea algo copado, hagas lo que hagas”.

martes, 26 de julio de 2011

Adhikari en el Teatro del Viento.-

La banda que nació cuando los casetes recién asomaban ofreció un espectáculo con un sonido impecable. En poco más de hora y media, el trío recorrió los puntos salientes de los 17 años de camino artístico recorrido y hasta se dio el lujo de reversionar sus temas favoritos.

Por Guillermina Watkins
Fotos gentileza Innsanitaria

Neuquén, julio 26 (Agencia Nan- 2011).- Guitarras prolijas, melódicas y rockeras, un bajo fuerte, grave y denso, y una batería que en ningún momento dejó de marcarle el camino a sus compañeros, fueron la clave por la que el sábado por la noche en el marco del Lifestyle III en el Teatro del Viento, Adhikari demostró ser una auténtica banda de rock.

Constituida actualmente como un power trío, quizás la formación más típica y fundamental del género, la banda comandada por Brooklyn realizó un repaso por sus 17 años de carrera en el que, si bien cambiaron muchas veces de integrantes, el sonido se estableció como algo compacto, sólido y único.

Si durante los años noventa no hubiese sido una sorpresa encontrarlos en el medio de un escenario montado en el centro de la ciudad, vestidos de plateado o con ropa femenina al grito de “Adhikari es tu estado del ser, espiritualmente competente”, con una fuerza musical acorde a lo que se estilaba en ese entonces en el que Babasónicos lanzaba Trance Zomba, Kurt Cobain se volaba la peluca y Blur editaba Parklife, hoy sería impensable escuchar ese sonido que amalgama la dureza del rock con la voz suave y afinada de Carlos “el Negro Brooklyn”.

De este modo, el evento “Lifestyle” (o como su traducción lo indica: estilo de vida) los colocó como los representantes musicales en un encuentro que reunió los pilares de la cultura a la que Adhikari representa: el rock, los tatuajes y el skate. La reunión musical también sirvió para que los muchachos presentaran su sello y sala de grabación Machina Records y adelantaran algunos temas de su tercer disco que saldrá en septiembre, Entre el caos y la tormenta mental, que contará con la participación de César Andino de Cabezones.

Mientras que afuera los skaters de la ciudad se turnaban para pasar por la rampa y lucirse ante los que no le hacen a las tablas, adentro VIX! amedrentaba la velada con música electrónica. En las paredes, una exposición de fotos de rock de Innsanitaria y Manu Urbano aguardaban por el público atento.

El nuevo Adhikari se subió a tocar a eso de las dos de la madrugada. Brooklyn, único integrante histórico de la banda, apareció en el escenario acompañado de su hermano Bigo en el bajo y Puchito en la batería. El trío comenzó con el repaso por las canciones de El estado del Ser (1998) y Resplandece (2007). Sólo Bigo tuvo participación en la segunda producción, mientras que Puchito recién está participando de la tercera edición. Como los dos integrantes afirman, “ellos son nuevos pero sin embargo se sienten parte de ese legado en la escena local”.

El show de Adhikari fue rock a secas, donde no hubo despliegues de virtuosismos ni de instrumentos extravagantes, sino simpleza escénica, actitud rockera, cuerpos transpirados que resaltaron el brillo de tatuajes “tradi” y piercings platinados, y un sonido bien al frente. Un rock “de acá” que ellos se encargan de llevar como bandera ante la defensa de un sonido neuquino que, en realidad, tiene que ver más con una actitud que con un estilo.

De este modo, el guiño con los noventa comenzó en el inicio de la hora y media que duró el show y se acabó con él. Los músicos se animaron a hacer tres versiones de bandas que los influencian constantemente: “Malón” de Babasónicos, “Una noche como esta”, de The Cure y “Sueles dejarme solo” de Soda Estéreo.

Adhikari, que nació a los albores de los primeros cassettes y que es uno de los proyectos artísticos más longevos de la ciudad, cerró la noche con la emoción de haber ofrecido un espectáculo con un sonido impecable y bien cerradito. Parece, entonces, que habrá Adhikari por otros 17 años más.

http://www.myspace.com/sonicojardin

lunes, 25 de julio de 2011

Discos: Miscelánea (Ignacio Boreal, 2011).-

En su primer disco como solista, el artista recrea historias del sur inmersas entre baladas country, melodías arpegiadas y algo de rockabilly, ritmos tallan la identidad de cada uno de los ocho temas del trabajo, que invita a viajar a rumbos diversos cualquier tarde de invierno.

Por Laura Cabrera

“¿Qué hacés acá,
tan lejos del mar?”,
me preguntó.
Buscaba un lugar
Adonde volver
Después de escapar…”

(Fragmento de “Oda”)

Buenos Aires, julio 5 (Agencia NAN, 2011).- Ignacio Boreal, músico fueguino y ex Boreal 54, presenta su ópera prima como solista. El disco, que cuenta con ocho cortes, nació de la mano de la joven Editora Cultural de Tierra del Fuego, un proyecto que apoya la obra de músicos, escritores, fotógrafos y artistas plásticos del sur argentino. Si bien ya fueron varias las producciones publicadas en cada una de estas disciplinas artísticas, Miscelánea se transformó en el primer disco de estudio editado por este ambicioso emprendimiento cultural.

Miscelánea: compuesto de cosas distintas o géneros diferentes. En la creación de Ignacio Cano (conocido como Ignacio Boreal) la palabra da identidad a una obra cuyo primer atractivo se encuentra en el arte de tapa: un mapa, un reloj, árboles, un hombre con cabeza de pingüino, el mar, aire sureño. Adentro, el disco con forma de brújula anticipa que el contenido recorrerá diversos rumbos de principio a fin. Y así se presenta, como una colección de materiales diversos y heterogéneos.

Ignacio Boreal abre el juego con “200 pingüinos”, un tema cuya poesía denuncia y critica los males que el hombre genera en el medio ambiente y a sí mismo; grita por las enfermedades que la sociedad se genera a través de la contaminación y asegura sentirse “un pingüino en el mar”, cubierto de petróleo, en peligro constante. He aquí el costado más observador del hombre. Pero Miscelánea también relata historias de amor, recuerdos de la vida, historias del sur que entre cálidas melodías no dejan de lado el origen del autor que se presenta casi como diario de vida, como el costado más sensible y mejor guardado.

A lo largo de ocho temas, Ignacio Boreal canta sobre la fuerza interior, como sucede en “Al que busca”, se pregunta en “Oda” adónde ir una vez alejado del sur, sortea los caminos del amor –o el desamor, según como se mire- en “Los días sin ti” y abre la puerta a las sensaciones a través de la calidez o el frío de melodías que van entre lo enérgico de las guitarras enchufadas, la batería, el bajo y el piano; y el frío de los arpegios acústicos de guitarras tristes.

Así como comienza en forma enérgica e invitando al cambio de actitud de los hombres con el medio ambiente, en “Invierno” (último tema del disco), Boreal llama a la reflexión e invita al pretencioso ejercicio de que cada uno se conecte con lo natural y con su interior. “Árbol bandera dime quien sopla/ quien sino el viento sabe de vos”, predica.

En estas pequeñas cosas, las que llaman a la exploración interna de cada hombre, es donde se observa el complemento de las actividades del artista que además de músico es psicólogo, cuestión que se refleja claramente en las letras plagadas de metáforas, descripciones y sentimientos traducidos en palabras. El primer disco, relajado e ideal para escuchar una tarde de invierno, encuentra a un músico solista acompañado por ocho artistas invitados que con arreglos de guitarras, pianos, bajos y baterías, tallan la identidad de cada tema.

viernes, 22 de julio de 2011

Lo complejo de las cosas simples.-

Martín Piroyansky pasó de estar frente a las cámaras de cine a trabajar detrás de ellas. Tuvo una idea, la propuso a un grupo de estudiantes de la FUC (Fundación Universidad del Cine) con los que había colaborado actuando en otro corto con anterioridad, y juntos crearon "No me ama". La difusión por internet hizo el resto.

Por Nahuel Gomez
Fotografía de Federico Moscoso

Buenos Aires, julio 22 (Agencia NAN – 2011).- La paranoia y la neurosis amplificada hasta el absurdo en un joven que necesita nada más –y nada menos, para su mente en particular- que un “te amo” para confirmar la autenticidad de los sentimientos que su novia demuestra constantemente en acciones. Esta es la temática que desarrolla el guionista, director y actor Martín Piroyansky, en el cortometraje No me ama, escarbando en los pensamientos íntimos de un personaje principal que mucho tiene que ver con él mismo.

El cortometraje rodado a lo largo de las costas uruguayas en 2009, presenta las típicas imágenes de una pareja de enamorados de vacaciones en un lugar apacible, alejado del stress que normalmente se asocia con las grandes ciudades. “Las costas uruguayas son lindas, tranquilas, tan para descansar, que me gustó la idea de que ese paisaje esté en contraposición a lo turbio, lo oscuro y enroscado de los pensamientos del personaje. Me gustaba que las imágenes reflejaran unas vacaciones felices, que a ella se la vea contenta, pero al mismo tiempo a él le esté pasando todo lo contrario; que esté todo bien menos él”, cuenta Piroyansky.

Además, y como para develar el funcionamiento del atrayente triángulo que atraviesa al corto entre lo que se ve, lo que se dice y lo que se piensa, Martín advierte: “Con la voz intenté que se diga algo y con las caras que se complete el sentido de lo que se dice, pero buscando que la cara esté consciente de los pensamientos, que el rostro sostenga lo que se piensa. Me gustó emplear para eso el recurso de la voz en off porque es algo divertido para actuar. como director intento generar situaciones que me hayan gustado trabajar como actor”.

Los conflictos internos del joven enamorado surgen de la propia experiencia de Martín: la idea del corto nace de una frustrada historia de amor propia, que él siempre quiso desahogar transponiéndola a una pantalla. Su personalidad está plasmada en la del personaje, pero los rasgos, las reacciones y los pensamientos que componen a la misma están exagerados de manera que generen el efecto humorístico deseado por el autor en cada una de las secuencias. “Es un poco yo, una caricatura mía, soy yo extremado. Me parecía divertido contar mi neurosis con tono de humor, si el corto hubiera sido más realista, estaríamos hablando de algo bastante turbio”, comenta Martín.

Más allá de su reconocida trayectoria como actor (Cara de queso, XXY, Socias y Un año para recordar, están entre otras películas y series de televisión en las que participó) la tarea de hacer un filme propio no contó con un camino allanado por el respaldo de un productora, ni de cualquier otro tipo de empresa del ámbito. El dinero para conseguir los medios que permitiesen realizar el filme fue obtenido del esfuerzo y el espíritu autogestivo de los participantes del mismo.

Todo empezó a tomar cuerpo cuando Martín les propuso la idea de No me ama a un grupo de estudiantes de la FUC (Fundación Universidad del Cine) con los que había colaborado actuando en otro corto con anterioridad. La propuesta gustó, y con el mismo equipo, pero con él en el rol de director, pusieron manos a la obra. Finalmente el factor económico fue solventado cuando este grupo de estudiantes organizó una fiesta para recaudar fondos, en la que se consiguió una suma importante de dinero que fue complementada con lo que cada uno puso individualmente de su bolsillo.

Lo complejo de la difusión es otro de los problemas que surgen a la hora de pensar en crear un cortometraje, ya que el circuito de exhibición de un corto es bastante reducido en la Argentina; el reconocimiento por parte del público empieza y acaba una vez que se expresa por medio de los festivales en los que el filme es proyectado. Esto reduce la posibilidad de un corto de exhibirse a lo largo de un tiempo prudencial que permita asentarse dentro de un público más amplio; se acorta la “vida útil” del mismo.

Sin embargo, No me ama es un caso particular: el hecho de que haya sido subido a internet por su creador, alargó en tiempo y amplió en cantidad de público el proceso de difusión, hasta niveles que su creador nunca hubiera sospechado. De hecho, en este último año en el que publicó su trabajo por la web fue donde el filme se hizo reconocido por fuera del mundillo cortometrajístico. Pese a las ventajas descubiertas, y más allá de las infinitas posibilidades de difusión que permite internet, Piroyansky fue en un principio reticente a publicar su trabajo en este medio: “15 minutos es mucho tiempo en internet, uno ve videos de uno, dos, cinco minutos como máximo en Youtube. Aunque finalmente lo terminé subiendo a otra web y en 20 días ya tenía más de 80 mil visitas” sostiene.

A pesar de que este es uno de sus primeros trabajos como director, Martín hace palpable el hecho de que prefiere la simpleza como una herramienta para contar historias. “Trato de ser claro con los planos, de no ser para nada raro, contar lo que tengo que contar. Creo que siempre hay un plano para cada situación. Me gusta lograr una manera didáctica de contar, parece simple, pero es muy difícil de realizar eso. Es lo que busco a nivel estético, ser claro e ilustrativo”, afirma Martín. Este dato parece marcar un contraste más, en el juego de lo complejo del protagonista y la simpleza que lo rodea, también representada en la forma de filmar.

miércoles, 20 de julio de 2011

La repetición como rescate.-

Miles de cuadernos repletos de símbolos de identidad son la plataforma donde los nombres de mujeres y hombres desaparecidos por acción del Estado terrorista de la última dictadura militar son “rescatados”: “Cuando uno escribe los nombres, los revive muchísimo, desde la memoria, rescatándolos”, señala Andrea Fasani, la artista responsable de Treinta.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza del C.C. de la memoria Haroldo Conti

Buenos Aires, julio 20 (Agencia NAN-2011).- En el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ubicado en la ex ESMA, se extienden tres columnas de cuadernos Gloria a ras del suelo. En total, las libretas suman 2340 y en el interior de cada una de ellas se encuentra una historia. Cada tapa lleva un número, y cada primera página lleva un recordatorio que denuncia, revive y extraña a una víctima de la última dictadura militar.

Su nombre es Andrea Fasani, permaneció 45 días en el centro clandestino de detención El Banco y es la ideóloga de Treinta, la obra que aspira a llegar a los treinta mil cuadernos y a recordar, rescatar y revivir a los treinta mil desaparecidos. En la segunda página, y en algunos cuadernos hasta la última, se puede releer el nombre y apellido del dueño del cuaderno escrito a pluma por la artista o por alguno de sus amigos, a quienes invitó a compartir el andar cuando el proyecto ya era obra. De aquellos pasos nació Acciones Sonoras, que se llevará a cabo el próximo domingo (a las 19 en el Conti). “No es una performance teatral, es una situación", aclara Fasani sobre Acciones...

Sobre una de las paredes del sitio que el Conti reserva para la puesta se ordenan alfabéticamente los nombres a lo largo de cuarenta hojas. Por primera vez en la historia de Treinta, el público agregó nuevos nombres que pronto también tendrán su cuaderno. "Es una obra de arte visual, interactiva, política, muy conceptual y relacional”, asegura la artista.

--¿Cómo nació la idea de Treinta?
--Comenzó concretamente con los recordatorios que publica el diario Página/12 sobre personas desaparecidas durante la última dictadura. Los empecé a recortar, juntar y guardar y luego los implementé en dos performances distintas. A fines de 2005, comencé a imaginar utilizarlos para una instalación concreta, una piel de memoria que se pudiera extender, que pudiera revestir, que pudiera adaptarse a cualquier espacio.

--¿Por qué elegió el cuaderno Gloria?
--Fue inmediato: la tapa color anaranjado, la banderita y la palabra misma, son todos elementos muy significativos. Me gustaba la potencia visual de tener metros y metros del mismo color. Los fabrica Ledesma, que no es menor, y además, era el cuaderno que teníamos para repetir las faltas de ortografía. Me interesa la idea de repetir y de intervenir la tapa con números.

--¿Los números representan un aspecto lúdico en la obra?
--Definitivamente hay un juego: 24 hojas y 24 de marzo. Comencé Treinta a 30 años del golpe militar, 30 mil desaparecidos, los tres ceros. A la vez, es también un ejercicio nemotécnico: rescatar historia por historia de las estadísticas. Al hacer las listas de mi trabajo, puedo seguir la progresión de la obra y ordenar numéricamente y en orden alfabético, aunque ese orden, a la vez, sea completamente azaroso.

Las tres columnas de cuadernos están rodeadas por nueve cajas de madera en cuyo costado se lee en negrita e imprenta “Treinta”. “Decidí hacer los cajones por una cuestión práctica y estética”, puntualiza Andrea y explica que las cajas de cartones se deshacían ante el peso de los cuadernos. “Quería un cajón fuerte y que funcione como archivo móvil, donde se pueda ubicar rápidamente un cuaderno y que también uno se pueda sentar para escribir más cómodo”, resalta y demuestra una vez más que en esta obra no hay nada librado al azar, excepto claro, la obra misma.

--Además de individualizar a través de números, abre su actividad íntima de escritura a un grupo de artistas y luego al público. ¿Cómo trabaja en su obra la dicotomía individualidad y colectividad?
--Hay varios cuadernos íntegramente escritos por mí, se produce un efecto visual muy fuerte cuando todas las hojas están escritas por una misma caligrafía. Es una acción solitaria y privada que cobra sentido cuando uno la abre. Invité a mis amigos a escribir. Algunos de ellos, los músicos Fabiana Galante y Jorge Manzini, comenzaron a capturar los sonidos. Luego abrí masivamente la invitación y me encontré con una gran receptividad. Es en esa acción repetida de escribir donde todo cobra sentido, donde se produce un clima particular, un “mantra” donde realmente se los recuerda.

--¿Cómo fue el primer acercamiento del público hacia los cuadernos?
--El 30 de agosto de 2006 instalé la muestra por primera vez en la vía pública, en la Plaza de Mayo. Fue una muestra de siete horas y media y el público reaccionó directamente con la pregunta. Ese día escribió muchísima gente y me encantó descubrir luego que no sólo repitieron nombre y apellido, sino también incluyeron cartas, frases y citas.

Treinta es un trabajo en construcción que comprende un público que, al participar, preguntar y escribir, desarrolla y a la vez fortalece la trama que crea. En el cuaderno 1811, Manuel le escribe a Roberto: “Ayer fue la primera vez en mi vida que entré a la ex ESMA. Fue duro pensar que mamá pasó por este lugar pero en mi interior sirvió para fortalecer aún más los principios de lucha que me dejaron. Gracias viejo, te quiero mucho, hasta la victoria siempre, ni un paso atrás”.

--La idea clásica del arte prohíbe al espectador la intervención de la obra, ¿Cómo cree que este inconsciente colectivo repercute en Treinta?
--En el Conti no dejé un instructivo o una indicación porque establecí tres jornadas colectivas de escritura. Por suerte, la gente pregunta y escribe, siempre hay algunos cuadernos abiertos más de los que abrí yo. Hay muchas reacciones diferentes aunque, por lo general, siempre conmociona bastante.

--¿Cómo cobra sentido al estar en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, en la ex-ESMA?
--Para mí, era uno de los lugares emblemáticos en los que quería que Treinta esté. Cuando conocí el espacio del Conti me pareció fantástico; sobrevuela un silencio tan significativo y particular que yo no lo quería interrumpir. Entonces reservé el diseño sonoro de Treinta para los mp3 y las performances.

--Sin embargo, forma parte de la muestra el documental de Alan Verrúa sobre Treinta.
--Siempre fui registrando los distintos momentos a través de fotografías o videos. Cuando me invitaron a exponer en el Conti, le pedí a Alan que hiciera con su lenguaje una especie de historia de Treinta. Decidí incluir su documental en la instalación ya que muestra muy televisivamente el traslado que es tan importante como la obra en sí. El traslado fue la concreción de la idea, al pasar frente al Hospital Militar y luego al ingresar al predio acompañada por una caravana de amigos, convertimos la idea en acción.

--¿En qué consiste la performance “Acciones sonoras”?
--Nosotros venimos a escribir, no somos actores sino escribientes. La conexión con el cuaderno, con la persona que estás reviviendo, es inmensa y aún en una situación no performática la unión es igual de profunda y de personal. En Bahía Blanca, invité a escribir y la gente local comenzó espontáneamente a tomar los cuadernos, a leer en voz alta los nombres y a comentar, éramos un colectivo recordándolos y reviviéndolos.

--¿La obra continuará en movimiento o le gustaría asentarla en un lugar definitivo donde se pueda visitar?
--Yo estoy llena de preguntas. Por ahora, esta obra es el movimiento, su carácter es itinerante y va trazando una ruta, circula. Sí pienso en que después esté en un lugar particular, estable y abierto. Aunque, ¿cuándo termina la obra? ¿quiero tener treinta mil cuadernos? Por ahora continúa (con preguntas) y se fortalece en cada destino armando redes cada vez más extensas.

Treinta reconoce como propios los tres ejes que Alan Verrúa toma para el documental: “memoria”, “rescatar” y “revivir” ya que “cuando uno escribe los nombres, los revive muchísimo, desde la memoria, rescatándolos”, señala la artista. En el cuaderno de Patricia Graciela Dell´Orto de De Marco, en la página número seis, se puede leer: “Felicidades, van a ser abuelos de nuevo”. Andrea Fasani muestra este cuaderno como un tesoro y concluye: “Sería muy lindo tener los treinta mil cuadernos, así se podría rodear bien la Pirámide de Mayo”.

*El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Av. Del Libertador 8151, está abierto de martes a domingo de 12 a 21 horas.
**El documental se puede ver en: http://www.treinta.arredemo.org/

martes, 19 de julio de 2011

La Fabriquera en el Teatro Argentino.-

El grupo de teatro independiente e itinerante cumplió quince años y lo festejó donde la elite cultural elije abandonar sus desechos: en el subsuelo. En el marco de “La Plata arde, Parte II” el complejo artístico delimitado por las calles 9 y 10 y las avenidas 51 y 53 fue sede de una celebración debajo del mundo de los que son capaces de apropiarse de la ciudad.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de The Dark Flack

La Plata, julio 19 (Agencia NAN-2011).- “Hemos recorrido varios lugares desde que La Fabriquera se ha hecho itinerante, raros espacios, contextos oscuros”, y sin sonido el Cabe Mallo, encargado de enlazar la noche de la fiesta, señala: “como éste”. Mientras los más de 300 espectadores sonríen en voz baja. El encuentro entre sombras forma parte de la celebración de los quince años debajo del centro de la ciudad de La Plata de La Fabriquera, grupo de teatro independiente que se convirtió en itinerante en 2008, cuando decidieron vender la casa que los albergaba como a las expresiones que ellos mismos desafiaban. En el marco de “La Plata arde, Parte II”, el Teatro Argentino fue sede, también, del teatro independiente. La predisposición del equipo del lugar, las promociones y la gestión no están a gusto con sus apoyos a estos espacios, pero de todas formas la fiesta se hace debajo del mundo y los espíritus oscuros cantan. Actúan y gritan. Ríen y bailan. Los festejos de La Fabriquera son puro aire en la elite del arte y su ritual celebra la apertura de variadas disciplinas.

Explica Laura Valencia, directora artística del colectivo: “Cuando salimos a buscar en el interior del Teatro un lugar viable para hacer la retrospectiva, recorrimos las entrañas del edificio y nos perdimos en pasillos oscuros y escaleras zigzagueantes que conducían a espacios aún en obra. Cuando di con un lugar posible, lo elegí -entre otras cosas- al vislumbrar lo interesante que sería contrastar el cemento con cuerpos más bien frágiles y descubiertos. Después advertí, además, que el espacio era inabarcable a la mirada. Encontré un enorme triángulo escaleno, poblado por columnas de hormigón y recovecos que proponían otro recorrido, y ahí surgió la idea de intentar que el público se traslade y abandone la comodidad del asiento de la sala. Imaginé un público paseante, en la noche del subsuelo”. Es el lugar donde los desechos del Teatro Argentino descansan entre paredes de tierra y aire húmedo. Hay ventanas que muestran la ciudad pero es gracias al diseño del lugar que ha quedado a medio terminar.

Expulsados (obra teatral de La Fabriquera) abre la celebración al fondo de un subterráneo oscuro, con reflectores que marcan el camino, estufas altas que hacen la tarea de candelabros y espacios donde se percibe que hay gente moviéndose pero no se alcanza a ver qué es lo que demonios hacen. Cuando termina la obra, la estética de la fiesta se deja descubrir: hay visuales (Muestra del único día), un video “institucional independiente” (Imágenes crudas. La fabriquera, 1995 / 2011). También hay cóctel, música e invitados especiales: Al Triángulo, Mamichula! Cocinería Mutante por la diversidad inclusiva, los cuales presentan: “MACUMBA, manada culinaria!”: cocina casera y cóctels para vivir y revivir alimentando el amor expansivo y el trabajo artístico.

Algo de eso y algo más. La Fabriquera tiene preparado un verdadero escenario itinerante: hay muestras de todas sus obras esparcidas por los restos, tarimas que van cambiando de lugar -esos espacios donde buscan la incomodidad-, y luces por los recovecos y rincones; hay luz. Lucen sonrisas los artistas, ríe el subterráneo del Teatro Argentino -siempre en silencio, sumido en la soledad, sucio y desprolijo-, gritan los ardientes ciudadanos que se apropian de la ciudad.
“La idea de retrospectiva supone re edición, pero no ignoramos que esa repetición, en el arte, es imposible, y algo más imposible en la danza y en el teatro. En el intento de re editar las obras del pasado, recuperar proyecciones y fotos, mudar escenografías y cuadros, realizar entrevistas, seleccionar música, creamos una nueva obra, una fiesta debajo del mundo”, comenta la artista Valencia mientras acomoda un reflector para el último número de la primera noche.

Una mujer, con un tapado de piel mentiroso y un piso de nylon negro, aparece entre la oscuridad del cuarto más frío del lugar y se tira un termo lleno de agua. La mujer, ahora desnuda, resbala como si fuera una niña por su suelo oscuro y libera su propio cisne negro. Luego esa ventana que da a la superficie se abre y todos salen corriendo para bailar la resurrección de los despelotados, los sentimentalistas, los rufianes melancólicos, los que son capaces de apropiarse de la ciudad desde sus raíces. Una de las últimas frases de Laura Valencia se altera y se pintan sus palabras en las barandas del edificio municipal: La Fabriquera hundida circunstancialmente en una esquina de la ciudad se transforma en un inmenso museo laberíntico.

El público pudo ver cómo se articularon la danza, la plástica, el teatro y la música, en torno a un proyecto mancomunado que acaba de cumplir quince años de vida. La insurrección del teatro independiente, como si fueran esas enormes sombras gigantes que se ven desde el sótano el sábado, ya en el grito final de la fiesta. Sombras enormes que danzan bajo la noche fría comandadas por los reflectores que se escaparon de la cueva. Una fabriquera gigante que también tiene cumpleaños de quince como esas muchachas que sueñan con ser princesas oscuras danzando como cisnes negros en un pantano de nylon.

La Fabriquera: http://lafabriquera.blogspot.com/
Pájaro Cazador: http://www.pajarocazador.com.ar/

lunes, 18 de julio de 2011

Libros: “Una manera de mirar” (Mariana Faierman, 2010).-



El de Faierman no es un libro convencional, sino un bello y corto poemario en el que lo artesanal se entrelaza con la búsqueda poética. Una voz sutil aunque incisiva invita a extrañarse del propio cuerpo, de los propios límites físicos.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, julio 18 (Agencia NAN-2011).-
Y pese a todo, el libro sigue cautivando. Algo hay en ese compendio de hojas impresas, repleto de viejas palabras enhebradas una y otra vez, que hechiza. Más allá de esos pocos seres iluminados que de vez en cuando nacen y le dejan su ofrenda de palabras al mundo, los libros tienen cierta autonomía, una magia que los hace únicos. No son sólo un contenido o un conjunto de palabras ordenadas según determinadas reglas lingüísticas, sino también objetos, cosas. Pedazos de mundo.

Una manera de mirar (Colección Valijita, 2010) es, más que un libro, un objeto artístico en el que la poesía no se agota en el contenido, sino que avanza sobre el “soporte”. El de Mariana Faierman no es un libro convencional, es más pequeño; pero sus 14 x 10 centímetros y su aroma artesanal le sobran para transformar y alterar. En fin, para hacer de la vida algo un poco más seductor.

No tiene el respaldo de las grandes editoriales (ni de las más chicas). Este libro es --como tantos otros desconocidos-- un libro de autor, realizado de punta a punta por su misma hacedora. Pero eso, lejos de representar un obstáculo para lograr un buen producto --qué frío suena referirse a un libro de ese manera--, logra, a través de la autogestión, un sentido de totalidad maravilloso. “La mano” de la autora en la edición, en la confección y en el diseño, tiñe el texto aún antes de abrir la primera página o de leer sus primeros versos. En épocas de tanta contaminación visual-digital, de tanto artificio tecnológico, esta edición artesanal invita al viaje profundo al interior de una poética fresca y cautivante.

“Una vez/ creí/ ser otra/ más chiquita/ entonces pensé/ que debía recortarme/ reducirme/ pero no cuidé los bordes/ me pasé/ tanto y tantas veces/ de la línea punteada/ que un día no me reconocí/ (mi cuerpo me había olvidado)/entonces miré a mi alrededor/ y no había miguitas de pan/ intenté pegar nuevamente mis retazos/ y nada encajó/ en su antiguo lugar / (yo creía ser una versión mutilada de cuerpo)”. Leer los versos de Una manera de mirar, es extrañarse del propio cuerpo, dudar de los propios límites físicos.

Con una voz sutil pero incisiva, en muchos tramos evoca a un otro que aparece como una especie de fantasma que interroga la unidad y la forma del propio cuerpo. Ese otro que es, en definitiva, un él (“ella le pedía/ inventar otro dolor/ él intentaba/ no descoserla cada noche”) que introduce una duda, una pérdida --por momentos permanente y por otros no-- de los límites que marcan el fin de uno y el comienzo del otro (“estábamos partidos/cada uno/ era uno”). El amor se introduce en la percepción de uno mismo, es la fuerza que une y que separa, en la que Feierman explora su capacidad creativa, como en aquel poema en que ese yo poético, le pide a él que la dibuje, que la cree. Pero no desde el lugar idílico y trillado del hombre retratando a la mujer, sino desde una zona perturbadora, de a ratos invasiva: “Cuando me recortes/ apiadate de mi contorno/ intentá no lastimarme/ (hoy no tengo ganas)”.

Una manera de mirar es un bello y corto poemario en donde lo artesanal se entrelaza con la búsqueda poética. Es un libro cuidado, en donde cada palabra, cada espacio, cada pausa, está cuidadosamente pensada, buscada, trabajada. Es artesanal no sólo por el delicado cartón corrugado que cubre su encuadernación, o por el decidido tono violeta de sus tapas. Lo artesanal está en cada sucesión de palabras, en cada verso logrado que indica un trabajo, una dedicación y un esmero indispensable en todo arte que se precie de tal, más allá de los filtros y restricciones que el mercado editorial le impone a los jóvenes escritores, y por tanto, a la literatura en sí.

viernes, 15 de julio de 2011

Compipulenta: una torre de Babel de música under.-

De uno de los espacios que brotó con más fuerza de la escena independiente local, se erige un album inédito como la obra recopilatoria más importante del rock bonaerense de los últimos tiempos. En ese trabajo, 32 temas, un bonus track y 33 bandas se combinan para darle forma a un compilado doble que puede conseguirse en el universo de links y bites pero también ofrece la posibilidad de armarse de forma artesanal a criterio de quien lo desee. Un proyecto musical, un tipo de política cultural y una idea gestada en tiempos de férrea discusión entre los defensores del copyleft y los protectores del copyright, entre miles de artistas que buscan hacer lo suyo para abrirse espacios, tocar, crear, innovar, difundir, multiplicar, expandirse…

Por Juan Castiglone
Fotografía gentileza de Compipulenta

Buenos Aires, julio 15 (Agencia NAN-2011).- El posiblemente mejor álbum del año no se encontrará en las bateas de las disquerías, ni será reseñado por los medios hegemónicos consagrados a la música o, como algunos rezan, a la cultura joven. Sin intermediarios y a un click de distancia, el Compipulenta se erige como la obra recopilatoria del under bonaerense (y aledaños) más importante hasta el momento. Una torre de Babel underground compuesta por 32 temas más un bonus track que terminan por conformar el catálogo definitivo de una de las etapas más prolíficas de rock argentino. Nicolás Lantos y Juan Manuel Strassburger, periodistas y organizadores del Festipulenta, uno de los festivales más convocantes de la escena, fueron también los responsables de la compilación del trabajo de las 33 bandas que componen el disco: de 107 faunos a La Ola Que Quería Ser Chau, de El Mató a Un Policía Motorizado a Fútbol, pasando por Androide Mariana, Los Pus y Sr. Tomate, entre muchas otras que desfilaron por los escenarios de la fiesta más pulenta de Buenos Aires.

Un festival que comenzó con el leit motiv “Hagamos una fiesta. Una a la que quisiéramos ir”, y que ya lleva diez ediciones de muchas otras que ya vendrán. Un compilado que perpetúa ya no en vinilo ni cassette, sino en bits bajados desde un servidor y distribuido, enlace de por medio, por el universo de unos y ceros, la obra de una generación que creció y se formó musicalmente dentro de una industria puesta en jaque como modo de difusión preponderante desde los últimos albores de la década del '90. Y entre medio la materialización de algo que se moldea y expande, a través de la tarea realizada a pulmón y con pasión por la música, como lo hacen los cientos de artistas, Nicolás y Juan Manuel, quien además fuera en los inicios de la movida parte del público que concurría a ver a las bandas en antros como El Tío Bizarro de Burzaco o Pura Vida de La Plata, y hoy, tiempo después, da cuenta de toda una interesante experiencia que a pesar de todo se mueve.

--¿Por qué surge el Compipulenta?
--Brota como forma de materializar lo trabajado todo este tiempo. 33 temas inéditos de las bandas que pasaron por el Festival en sus primeros ocho volúmenes, del 2009 al 2010. Un muestrario de una generación y de una movida que nos emociona.

--Una característica del compilado, además de recopilar gran parte de los músicos y bandas que pasaron por el Festipulenta, es que cada uno de ellos ha aportado temas que podrían considerarse rarezas o lados B (versiones acústicas, covers, temas inéditos) ¿A qué se debe esto? ¿surge desde el momento en el que se concibe el compilado o se da por otros motivos?
--Se da por motivos concretos: queríamos que el Compipulenta diera, además de una muestra del festival, un compendio de canciones nuevas. Enteramente nuevas. Un disco doble fuerte y poderoso con todos temas inéditos de las bandas que participaron del festival. Nos costó porque no siempre las bandas estaban con material disponible y en varios casos se pusieron a grabar especialmente para la ocasión, lo cual también lo hace más valorable.

--¿Cuánto tiempo les ocupó la elaboración del compilado?
--Llevó alrededor de 9 meses. ¡Un parto! La verdad que toda la logística y la reunión del material llevó mucho tiempo. Por momentos las bandas se colgaban y había que insistirles. Pero siempre bajo la idea de un proyecto en común. El librito también nos llevó bastante tiempo, pero por suerte “Chaume”, el guitarrista de El Perrodiablo, encargado del diseño, laburó a full y pudimos armar algo tan copado como nos imaginábamos.

--El compilado está pensado para que el que lo baje tenga la posibilidad de imprimir el libro y realizar una edición física artesanal ¿Pensaron en realizar alguna tirada física del disco?
--Nos encantaría realizar una edición física, pero es extramadamente cara. Tal vez en el futuro veamos alguna forma, con la recaudación que surja que vaya al “pozo pulenta”, el fondo impersonal que se usa para todo lo relacionado con el festival: pagos a colaboradores, pasajes a bandas extranjeras y gastos generales.Como Nico y yo somos periodistas, por un tema ético nos impedimos ganar plata con las bandas de las que hablamos. Por ende, nada de lo que recauda el festival va a parar a nuestros bolsillos sino a ese pozo que utilizamos para reotralimentar la movida.

--Esta recopilación abarca los primeros ocho volúmenes del Festi..., ¿dejan la puerta abierta para una nueva recopilación?
--Y... estaría bueno. Un Compipulenta cada dos años sería ideal. Pero bueno, no siempre lo ideal se cumple.

--El trabajo se inscribe en una tradición que completan producciones como Invasión 88 o No le pidamos peras a mandioca, quienes además de servir como fuente recopilatoria, han funcionado como testigos de una época, ¿creen que la escena independiente de la que se ocupa el Compipulenta representa una etapa crucial, o por lo menos un quiebre, en el rock nacional?
--No sé si un quiebre, pero sí una realidad: la de un under o indie emocional, interpelador de la sensibilidad, más auténtico, artesanal y barrial.

--Que el prólogo sea de Santiago Rial (cantante de D-champions) y la tapa sea ilustrada por Mosquito (cuya historieta “El granjero de jesú” suele venderse en la feria de historietas del Festipulenta), no es casual, forman parte de la fauna de los festivales. Ahora, su producción para el compilado ¿es una manera de dotarlo de valor agregado?¿ Es una especie de vuelta a la época donde el diseño de tapa y el libro que acompañaba al disco eran parte central de su producción?
--Claro, algo así. Todo el disco fue hecho por gente relacionada con el festival. La portada por Mosquito, un comiquero pulenta que leemos desde chicos y que publicaba en Comiqueando, una revista de crítica independiente, dirigida por (Andrés) Accorsi en los ‘90 y muy grosa. El diseño, por Chaume, guitarrista de El Perrodiablo y autor de todos los volantes oficiales del festival. La masterización por Satur, tecladista de SMK y actual sonidista de El Zaguán, y el prólogo por Santi Rial, además de cantante de D-champions, un pionero de toda esta movida con Perdedores Pop en los ‘90, cuando nos hablaba de Pavement sin que nadie los conociera. Santi, además, es un periodista que admiramos y nos educó. Es un gustazo que haya escrito el prólogo del disco.





Hablar del Compipulenta lleva de manera inevitable a hablar del Festipulenta. En una era de conectividad en red y saturación mediática donde, como postula el crítico inglés Simon Reynolds, los festivales recrean la idea de “underground” y permiten al público adquirir sentido de sí mismo como comunidad, esas dos noches que conforman cada nueva edición del evento ideado por Juan Manuel y Nicolás permiten además que un cúmulo cada vez más grande de personas le dé al movimiento, a la música, a los artistas y a su público, un modo de pertenencia. En un circuito diezmado, donde después de la tragedia de Cromañón se hizo cada vez más difícil lograr regularidad en la organización de eventos y donde las clausuras y las coimas están a la orden del día, el Festipulenta es por momentos una avanzada heroica por territorio minado.

-- El Festipulenta ya lleva dos años ininterrumpidos ¿Qué cambios notaron en la movida, ya sea en términos de infraestructura en las bandas, público, evolución del sonido..?.
--Cambios, bastantes. Casi todas las bandas son más conocidas que antes. Cuando empezamos, Viva Elástico no la conocía nadie, y 107 Faunos recién empezaba a tocar seguido en Capital, por más que a ambas les sobraban méritos para tranquilamente tocar seguido en el circuito under. Pero bueno, un poco la idea original del Festi fue esa: lograr que las bandas que nos gustaban tocaran seguido en Capital y en condiciones similares a la que lo hacían en La Plata y la zona sur. Creemos que en algún punto lo hemos logrado.

--La escena post-Cromañón se ha caracterizado por ser cada vez más hostil, tanto para el músico como para el productor independiente. En este nuevo mapa, donde se han reformulado las reglas del juego, ¿qué inconvenientes han encontrado para la realización del festival?
--El inconveniente principal es la inseguridad respecto a la habilitación del lugar. Y no porque esté en malas condiciones, todo lo contrario; sino porque realmente estamos en un momento en que cualquier boludez puede ser utilizada como excusa para suspender o clausurar un lugar. De hecho, nos pasó este año, en febrero, cuando por un tema de bromatología la Municipalidad suspendió el Zaguán a dos semanas de realizarse el Festipulenta y debimos mudarnos de apuro al Marquee. Por suerte pudimos. Porque habíamos invitado a una banda uruguaya (Carmen Sandiego) y ya teníamos los pasajes pagos...

--La catedral por excelencia del Festipulenta es Zaguán Sur, aunque se ha realizado en otros lugares ¿Pensaron en expandir la propuesta a otras ciudades o provincias?
--Sí, claro. Nos encantaría extenderlo al conurbano, La Plata y el interior del país. Incluso fantaseamos con hacer un Festipulenta en Montevideo, acorde a las varias bandas uruguayas que tocaron. Ojalá podamos.

--¿El formato del Festi… se circunscribe sólo al rock o cabe la posibilidad de incorporar nuevos géneros?
--Hace hincapié en el rock. Como todo, como el rock mismo, está abierto a otras posibilidades. Tal vez algún Festipulenta acústico o un tecno pulenta. Quién sabe...

--¿Queda alguna materia pendiente con los festivales?
--Siempre hay objetivos a cumplir. No los revelaremos para no quemarlos. Pero esperamos cumplirlos.

Un bastión de la independencia sónica en épocas de recesión músical. Un compilado doble y superlativo en días del downloading aislado de temas sueltos. Un festival donde el que gana es el músico autogestivo y no el productor corporativo. En el reproductor de Juan Manuel suenan, en repeat, los temas "Ahora soy vegetariano" de Javi Punga, "Habeas Corpus" de Hernán Martínez y "Las estrellas", "Vigilante de la Oscuridad" de Antolín, "El día del huracán" de El Mató, "Balada para otra mujer" de Los reyes del falsete y "Tabaco y yerba" de Revolutiva. En el marco de un disco en el que tanto a él, como a Nicolás, les gustan todos los temas; porque tal vez esa haya sido la idea del Compipulenta: hagamos un disco. Un disco que nos gustaría escuchar.

jueves, 14 de julio de 2011

Larga vida a la cuna del arte local.-

El Teatro Brancaleone de Monte Grande es uno de los espacios donde la cultura existe, persiste y pisa fuerte en el sur del conurbano Bonaerense. A diez años de su nacimiento, corre peligro de desaparición ya que el edificio donde funciona va camino a ser ofrecido a la venta. El grupo humano que lo sostiene intenta, a través de movidas culturales, generar los recursos necesarios para mantenerlo con vida.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza del Teatro Brancaleone

Buenos Aires, julio 13 (Agencia NAN-2011).- El circuito de teatro independiente de la zona sur del conurbano bonaerense tiene una parada obligatoria en Monte Grande. A 15 cuadras del casco céntrico de la ciudad, funciona desde hace casi una década Brancaleone, la sala ideada, creada y construida por el reconocido actor Claudio Rissi y su mujer Mariana Agüero. En ese escenario, toma forma el “primer espacio autogestivo” de toda la localidad --según los coordinadores, profesores y artistas--, pero su obra corre riesgo de tener un rotundo final a pesar de su larga trayectoria. Es que la propietaria del lugar necesita vender el inmueble y en la compañía no cuentan con el dinero necesario para comprarlo como habían imaginado desde siempre. Entonces, con la idea de mantener el telón abierto, los artistas buscan capear el temporal a través de una serie de eventos solidarios y a beneficio. Para juntar los fondos que se requieren o al menos acercarse a comprar el lugar, el domingo pasado organizaron una jornada de encuentro barrial de la que participaron alrededor de 400 vecinos. Ahora planean hacer un bingo cultural, mientras avanzan en el tramiterío específico con la meta de conseguir un crédito en el Fondo Nacional de las Artes o un préstamo en alguna sucursal bancaria.

La situación no es nada fácil, pero los que sostienen diariamente el “Branca” le dan para adelante. Lo que pretenden rescatar es mucho más que una estructura edilicia: es parte de la historia personal de sus integrantes, patrimonio artístico del barrio y una iniciativa donde el arte se activa como una llave de encuentro y ventana de comprensión de la realidad circundante. “El teatro brinda un aporte maravilloso a cada uno de los que le dan forma, tanto o más como a el entorno que lo rodea; todo eso es lo rico”, destaca Agüero en diálogo con Agencia NAN. Por ello, a contracorriente, seguirán resistiendo con la idea de sostener estos pilares que hacen a la esencia del arte independiente y cada una de sus plataformas. En el lugar, actualmente se brindan talleres de actuación para todas las edades y en todos los niveles, clases de música para niños, arte en cuero, danza y movimiento corporal. Aparte, todos los fines de semana, hay presentaciones de música, títeres, obras de teatro y hasta recitales para los más chicos que pueden presenciar hasta 60 personas, siempre y cuando reserven su alguno de los asientos que esperan ansiosos en la sede ubicada en 9 de Abril 935. Es su lugar en el mundo.

El espacio, hace 15 años, no era ni un poco parecido a lo que hoy es. Cuando Claudio Rissi, cara conocida del teatro y la televisión, decidió alejarse de fugacidad porteña para instalarse en aquel rincón del Conurbano, en Esteban Echeverría, el inmueble era sólo una casa. Allí se mudó donde desde entonces vive (hoy en la planta superior), y se encargó de darle forma con sus propias manos a lo que fue primero un taller de teatro y luego una sala con escenario. “Lentamente lo fuimos acondicionando, lo preparamos, le colocamos las luces, los soportes siempre pensando que cuando llegara el momento en el que la dueña quiera vender, íbamos a tener la chance de comprarlo. Pero mantener abierto un teatro cuesta horrores”, cuenta Agüero. Entonces, cuando en diciembre pasado la dueña anunció que necesitaba deshacerse del edificio, la cuestión se transformó en un camino cuesta arriba constante: le pidieron tiempo de espera y la tregua duró hasta junio cuando la propietaria “dijo que no podía aguantar más”.

Ahí fue cuando salieron en busca de nuevos lugares en la zona, pero de repente se dieron cuenta que las inmobiliarias piden montos “imposibles”. En algunos inmuebles, por ser considerado un “emprendimiento comercial”, les pidieron desde 9 mil pesos hasta 11 mil, más las garantías y el adelanto que en los casos más exagerados llega a los 64 mil pesos, explica la actriz. Entonces entendieron que no se podían ir de Monte Grande y los estudiantes y profesores resolvieron armar festivales solidarios bajo el lema “Brancaleone de Pie”. Así organizaron la jornada cultural que se realizó en el Club Unión Vecinal de Luis Guillón, donde hubo un almuerzo con un bono contribución de 30 pesos y espectáculos de grupos de música, solistas y compañías de teatro. “Fue un éxito. Más de lo esperado. Incluso pudimos sobreponernos a un hecho desafortunado: hicimos 300 kilos de lentejas, fermentaron y se pudrieron. Todo con la ayuda de los vecinos”, comentó ahora más tranquilo Rissi, de amplia experiencia en cine, teatro y televisión.

No obstante, el dinero para intentar adquirir el lugar, únicamente no saldrá de las jornadas solidarias. Al menos necesitan conseguir un piso del 50 por ciento del total (que se estima entre 45 mil y 65 mil dólares, según distintos tasadores) que podría salir de un crédito otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. El fondo es un ente nacional creado por decreto (N° 1224/58) con el fin de prestar apoyo económico para fomentar las actividades artísticas, literarias y culturales de Argentina. Sin embargo, es complicado conseguir ese empuje de un momento para otro. “Lleva tiempo. Hay que cumplir con una cantidad de requisitos increíbles: garantes, papeles, demostrar una actividad constante; y garantías”, señala la creadora de la compañía.

En tanto, continúan produciendo obras, sosteniendo los talleres y masticando ideas nuevas. Para las próximas semanas, están gestando una kermés para niños con juegos teatrales, alguna que otra subasta de arte con piezas que se comprometieron a donar artistas amigos; e incluso cranean hacer encuentros a beneficio para “dar una mano” el músico Marcelo Gillespi y el periodista deportivo Alejandro Apo. La lista de los que se pusieron a disposición es larga. “La idea es seguir haciendo lo que más nos gusta, buscando marcar una tendencia”, acota Rissi. Por lo pronto, en las vacaciones de invierno, las presentaciones se extenderán para que chicos, jóvenes y adultos se acerquen a la sala a disfrutar de Carola Nadal en concierto; las obras infantiles “Pinocho y el anillo mágico”, “Chanchito campeón” y “Don Hilario”, así como Identikit, un cúmulo de obras breves de teatro, danza y tango, de Griselda Gambado.

“Más allá de las piezas, Brancaleone tiene una impronta dramática, un estilo logrado y una búsqueda que si bien ha encontrado un camino, aún no lo ha concluido. Por eso queremos seguir caminando”, remarcó Claudio Rissi con la esperanza brotando desde sus labios.

martes, 12 de julio de 2011

Esperante…, en Elefante Club de Teatro.-

Esperante, no tan pronto hagas de mi un ausente, pieza de Eliseo Barrionuevo y Francisco Grassi, deja vislumbrar de a ratos algún acierto, sobre todo desde lo dramatúrgico. Pero no es sino hasta el final que la dramatización cobra un sentido global y da sentido al espectador.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Esperante, no tan pronto hagas de mi un ausente

Buenos Aires, julio 12 (Agencia NAN-2011).- Si todas las obras del off tuvieran la fuerza del final de Esperante, no tan pronto hagas de mi un ausente (domingo a las 21 en Elefante – Club de teatro, Soler 3964), ningún puestista de ese circuito podría defenderse ante una crítica alegando la falta de recursos o la precariedad de las condiciones de estreno. No serían necesarias entonces grandes escenografías ni teatros bien situados: alcanzaría con una pequeña salita con no más de cinco filas de asientos porque la fuerza del texto dramático sería tan avasallante que hasta el más agudo espectador quedaría asombrado por el poder de la dramatización. Y es que resulta realmente liberador, después de cincuenta minutos de (quizás demasiado) insistentes tensión y sufrimiento, ver al joven Macedonio Fernández que encarna Eliseo Barrionuevo (también dramaturgo) liberarse de todos sus fantasmas y romper con la locura (o con la cordura, depende de cómo se lo mire) que lo atormentaba.

El drama --un unipersonal que no podría no serlo-- hace foco en la peor época del escritor, cuando la ausencia (no queda claro el motivo en la obra, pero Google dice que fue por muerte y si lo dice Google muerte será) de su esposa Elena lo paraliza de tal modo que no sabe cómo seguir con su vida y por ende cómo encausar su obra. Durante la hora que dura la pieza, el actor pone en escena recuerdos de su pasado que no son más que eso: secuencias y sujetos que viven sólo en su memoria y a los que no puede revivir siquiera escribiendo sobre ellos.

Es emocionante, y desesperante a la vez, ver cómo Barrionuevo se pone en la piel de ese hombre y se juega su propio cuerpo en la representación, aunque puede criticársele que en los momentos de gran tensión, que son varios --y lo verdaderamente entretenido de la obra-- se apresura a decir el texto sin interpretarlo como lo hace en ocasiones donde prima la calma.

Pero, aunque es justo empezar por lo bueno, no sería justo obviar el detalle de que para apreciar el clímax final y cerrar como espectador la propuesta global de la puesta, hacen faltan unos largos cincuenta minutos en los que, salvo alguna que otra revelación y acierto desde lo dramatúrgico (Macedonio era grande, y muchos pasajes están basados en sus textos), la escena no hace más que mostrar a un escritor enloquecido (que no es lo mismo que actuar de loco) arrancar escritos nostálgicos de una pared repleta de ellos, una y otra vez, sin más motivación --ni explicación, símbolo de solidaridad con un público que hasta ahí mucho no entiende-- que traer de regreso a esos seres perdidos (además de su amada, su padre y su amigo imaginario de la infancia). Cosa que no estaría tan mal si el juego de luces cumpliera la doble función que en un principio se cree que cumple, pero que no es más que una idea que luego se deja de lado al ver que es un uso mecánico el que en verdad se le da: el de marcar, mediante rojos y blancos bien delimitados, los estados mentales del personaje. Lástima que el recurso se abandone demasiado rápido, antes, incluso, de que el público pueda notar esa dualidad que hubiera sido de lo más interesante.

De todos modos, el esfuerzo es válido: el unipersonal, y más cuando se trata de uno que retrata la vida de un tipo del 1800, es algo difícil de escenificar y Barrionuevo (que comparte co-autoría con Francisco Grassi, quién también dirige) deja la vida en esa sala de 15 x 15. Los desaciertos --básicamente de dirección, cabe decirlo-- quedan momentáneamente olvidados por la superación final, un momento verdaderamente admirable donde todas las partes de la representación están a tono, y la trama cobra sentido allí donde parecía no haber más que una sucesión de monólogos inconexos (última objeción: el unipersonal no debería ser eso, o por lo menos no debería notarse).

lunes, 11 de julio de 2011

Discos: "Tres tristes temas" (Atráshaytruenos, 2010).-

Fiel al estilo del quinteto neuquino, el EP propone un sonido diferente de noise en estado puro. Su bomba de canciones se enreda de una forma difícil y veloz y se convierten en melodías y tensa calma en un simple segundo.

Por Guillermina Watkins

Neuquén, julio 11 (Agencia NAN-2011).- Digamos la posta: la ciudad más divertida del país es Buenos Aires (o Córdoba para los que prefieren la cháchara, el fernet y el requeteque). Allí, todos los días hay algo para hacer, algún lugar donde ir, algo que inventar. El resto del país (sí, maldito centralismo), se las arregla con sus bares y con sus, a veces buenas a veces no, producciones locales y algún que otro evento de renombre. Pero generalmente el tempo es cansino, relajado, lento –al menos un poco más lento- y, a veces, parece no pasar nada. En una de esas tardes neuquinas de aburrimiento, donde seguro soplaban vientos fuertes y el día parecía no pasar más, Robi, Nacho, Maxi, Tito, ahora el Pájaro y Diego (y en algún momento el Bicho Bolita y Charles y muchos que pasaron por la formación), conformaron Atrashaytruenos, una banda que en realidad es, antes que nada, un grupo de amigos con afinidades musicales muy particulares.

A principios del siglo XXI, los cinco chicos se encargaron de renovar el rock y la estética neuquina, acercando la ciudad a sonidos indies que tienen su cónclave musical en Buenos Aires, La Plata y Rosario, con influencias que van desde lo más clásico de Floyd y Beatles hasta Stereolab, Sonic Youth y Yo la tengo.

Así, Atrashaytruenos logra matar a la canción y propone un sonido diferente de noise en estado puro. Su bomba de canciones se enreda de una forma difícil y veloz y se convierte en un puñado de melodías de tensa calma en solo un segundo.

Mientras graban su primer LP en los estudios Moloko Velocet de Buenos Aires, la banda sigue viajando por ese sin fin de sensaciones que salen desde las pulsaciones noise e invitan a degustarlos con su EP, Tres tristes temas, que incluye los instrumentales “Citrueno”, “Mi amigo Bela” y “Y yo que me había perfumado”. También se los puede encontrar en el myspace donde, entre otros, están sus clásicos “Árida Astucia” y “Budín”.

Esta banda megaguitarrera, podrida e instrumental logra atrapar al oyente (y al que tiene la suerte de verlos en vivo) con un ruido atrapante que no pareciera salir de sus tímidos cuerpos ejecutantes sino de la vivacidad de los instrumentos que llevan la cadencia, arman la estructura, poseen a los muchachos e hipnotizan al público. Los “truenos” son una especie de Go-Nekos, uno de los tantos indie porteños, pero más podridos y sin cortes aparentes.

Atrashaytruenos es también, una tormenta de sonidos ajenos a nuestros oídos, donde lo que prima es la experimentación y el ruido. Escucharlos lanza un pronóstico asegurado de tormentas, vientos huracanados del oeste con presencia de cenizas volcánicas y turbulencias sonoras con destino a una isla desierta sobre el Río Limay. No digan que no les avisamos.

viernes, 8 de julio de 2011

La poesía como una escalera hacia la libertad.-

Como peldaños, cada uno de los versos de Olga Guzmán le permiten burlar el encierro. La morena, de 34 años, nacida en Paraguay, ya pasó casi la mitad de su vida en la cárcel y allí descubrió su verdadera vocación por la escritura que recientemente se transformó en Esta vez decido yo, su primer libro de poemas editado con prólogo de Osvaldo Bayer. Desde allí intenta quebrar los eslabones de la cadena represiva de la prisión, para contar lo que no puede decir con la voz, sobre lo que ve, siente y sufre adentro de la Unidad 3 de Ezeiza.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Argentina Indymedia

Siempre anhelé una casa grande
Y mi deseo se cumplió.
De repente me encuentro
en un lugar donde sobran las puertas
Prefiero estar en la calle,
poder caminar hasta desvanecerme
Sin puertas, sin rejas, sin muros.
¿será que mi suerte está en algún lugar?

(Fragmento del poema Anhelo, de Olga Guzmán)

Buenos Aires, julio 8 (Agencia NAN – 2011).- En las cárceles, la libertad juega al disfraz. Aquellos que cargan con el peso del encierro hablan con ella a espaldas de las rejas y negocian una simulación, una mentira a medias que se convierte en la única verdad posible. Así, la libertad puede jugar a ser guitarra o canción; libro o biblioteca. Mate, flor e incluso veneno. Puede vestirse de rayo de sol para entrar a la cárcel de Devoto, donde las ventanas son lo suficientemente altas para evitar que el día se abra a los hombres que la habitan. Simular ser papel y palabra(s) para acompañar las horas de Olga Guzmán, condenada a morir en la Unidad 3 de Ezeiza. Pero un día, tanto para unos como para otras, puede convertirse en una ronda que les permite verse las caras, compartir tristezas de fondo y sonrisas de paso. El centro de esa ronda, nacida hace una semana en el salón del pabellón donde funciona el Centro Universitario Devoto (CUD), puede ser Esta vez decido yo, poesía desde el encierro, el primer libro de Olga.

Una libertad disfrazada de encuentro
Luego de un arduo tramiterío que significó la negociación con el Servicio Penitenciario Federal, la hermosa mujer que además de poeta es artista plástica, cocinera y jardinera en los confines de su propio buzón (celda), logró el permiso para llevar su libro, su cuerpo, su voz y el sonido de todas las de las mujeres presas en Ezeiza, al encierro masculino en el barrio porteño.

El logro no fue gratuito. De bienvenida, los penitenciarios usaron dos palabras y un par de risitas socarronas para denigrar aquerosamente a la poeta y a Karina “La Galle” Germano, compañera de encierro, presa política y huésped de Ezeiza desde 2002.

--Vienen a presentar un libro-- explicaron los azules del Conurbano.
--¿Ah sí? ¿Cómo se llama?--, consultaron sus colegas porteños.
--Las hemorroides--.

“Situaciones como esas son las que me dan las herramientas para poder escribir. Aprendí a convertir esas situaciones violentas en valentía, en fuerza, en respuestas”, reveló la morena ante la medialuna que la abrazó y la protegió del frío de ese viernes –el primero de julio--. Es que los penitenciarios tampoco se olvidaron de distinguir a los muchachos de Devoto. Poco menos de media hora antes de que Olga llegara a Devoto, una requisa “especialmente brutal e inesperada (suele suceder por la tarde, pero el viernes de visita especial arrasó pasadas las 11)” llegó como regalo de los carceleros. “Usualmente prendemos un horno grande que siempre está acá para calentarnos. Pero la requisa se lo llevó. Deberemos soportar el frío, compañeros”, explicó suave, respetuoso, un hombre cubierto con un composé celeste de prolijo jean, camisa y pulóver.

“Tuvimos que lavar lo que ensuciaron, tratar de arreglar lo que rompieron y descubrir lo que robaron”, continuó. Desde el anonimato, uno de miles que purgan la debilidad del sistema social imperante con el encierro obligado en Devoto, se paró detrás de un improvisado micrófono y se excusó por el asunto como quien le pide disculpas a sus huéspedes por el desorden de su casa.
El abrazo colectivo para Olga. Rondas incesantes de mate cocido para los invitados –los locales, los de afuera, los coordinadores de los centros universitarios de ambas cárceles, periodistas, escritores, curiosos, militantes--.

La gloriosa sensación de ejercer un acto libertario para los muchachos de Devoto. Es que, en ese par de horas, el mimar a quien viene de visita fue la libertad hecha acción. También lo serían, con el correr de la tarde, la poesía en la voz de la locutora Liliana Daunes y de algunos habitantes de Devoto; la música de Diego y Noemí; el debate posterior con docentes del CUD. “Estamos aquí para celebrar a Olga, pero también para compartir maneras de resistencia a las injusticias, a los abusos, a la violencia, al encierro”, destacó Claudia Korol, coordinadora editorial de la producción literaria en presentación y miembro de América Libre, la editorial que permitió su existencia física del libro.

Una libertad disfrazada de lapicera y papel
“Este libro fue un accidente”, aseguró Olga, en diálogo con Agencia NAN. La morena de ojos pardos y pesado pelo lacio, nacida en Paraguay reveló que encontró en la lapicera, el papel, y las palabras el puente perfecto para “decir a quienes necesitaba aquello que no salía con la voz”. “El papel cuenta lo que no puedo decir. Me es incondicional, no tiembla, no teme, no se apaga”, describió. Se aferró a esos instrumentos para “romper el encierro. “La poesía libera”, añadió.

Los versos de cada uno de sus poemas son tenazas que quiebran los eslabones de diferentes cadenas: el tiempo, el encierro, la injusticia, la lejanía de la tierra nativa, de los afectos personales, la falta de amor y las nuevas clases que inventa junto a sus compañeras.

La liberación comenzó en 2003, cuando la Justicia paraguaya decretó su encierro, y continuó en la oscuridad que vivió –y aún vive-- en Argentina. Sin embargo, la poesía de Olga recibió de sus compañeras el empujón para dar el paso desde la privacidad de los buzones y pabellones a los extramuros que permite la edición de un libro. “La Galle me dijo que escribía cosas lindas. Juntas se los mostramos a los docentes del Centro Universitario Ezeiza –depende, al igual que el CUD, del programa UBA XXII— y a los coordinadoras del taller de periodismo que Pañuelos en rebeldía y la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh desarrollan en la Unidad tres de ese penal. El camino hacia la publicación fue un hecho. “Nadie puede hacer nada solo”, sentenció la poeta.

La libertad disfrazada de humanidad
Con una paz que cuesta enhebrar como carácter distintivo de una persona que sólo puede y podrá pisar unos pocos metros del siempre mismo suelo, la artista intenta sacarle el jugo al encierro: “Al tener tanto tiempo libre, uno puede descubrir los talentos con los que cuenta. A mucha de la gente en libertad le pasa que, por correr con las rutinas de su vida, acaba borrando su talento”. En la cárcel, ella desempolvó el suyo, lo lustró y hoy disfruta de su brillo permanente.

Sonriente, Olga se siente dueña justa y soberana del talento de la escritura –y también de la pintura--. Lo demuestra al caminar, al hablar, al compartir. Lo demuestra en su manera de ser quien es. Sus poemas cuentan tristezas, rabia y huecos desde la autoridad indiscutible que le permite una inquebrantable confianza en sí misma. “Sigo escribiendo, quiero publicar otro libro. Pinto sin cesar, sin reparos, sin límites”, remarcó.

Allí en los límites que imponen las capacidades con las que Olga supone que se deben contar para escribir es en donde la artista deposita las diferencias entre la escritura y la pintura. “En la pintura no existe la perfección. Pero la poesía es mil veces más pasional”, sostiene.

La Olga “mujer”, imposible de ser escindida de la Olga “poeta”, de la Olga “pintora”, entiende sin escatimar en reproches a sí misma que esa que alguna vez soñó ser es inalcanzable; acepta y conoce hasta el último detalle de esa que es hoy; y se niega rotundamente a rendirse como “un producto del Servicio Penitenciario federal”.

En esa estructura, el arte y la confianza que las personas que desde la libertad coordinan talleres de estudio y otras actividades pabellones adentro depositaron en ella así como también en el resto de los presos y presas que se integran en ellos, tienen mucho que ver. “El sistema de encierro busca limar hasta la última pequeña condición de ser humano que tiene un preso. El arte, el estudio, me permitieron recobrar esas características. Me devolvieron ese sentimiento de ‘ser persona’. Redescubrí que puedo hacerme escuchar, puedo hacerme sentir”, reconoció ante Agencia NAN. El mensaje alentador fue para los muchachos de Devoto, casi en exclusivo: “Fuimos proyectos de delincuentes, pero somos otra cosa”.

miércoles, 6 de julio de 2011

Relatos de Una Muñeca Rusa.-

Hace no más de dos años, cuatro fotógrafas se reunieron para, sin querer, convertirse en una gran artista. Trabajando a la par y entregando sus obras --y consecuentes firmas-- al colectivo que crearon, Florencia Del Gesso, Muriel Lamarque, Licia Mussaccio y Daniela Neila creen que el poder de síntesis es lo que realmente importa.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografías de The Dark Flack


La Plata, julio 6 (Agencia NAN-2011).- Una mujer camina en el desierto y sostiene cinco globos rojos. Sus pisadas son evidentes, pero el trayecto que queda por delante es uno de esos misterios indescifrables, imposibles de resolver. A su alrededor la nada se desvanece mientras que otras chicas, sus pares, son intervenidas por el color, continuando ese relato que, hasta ese momento, era puro suspenso. Entonces, con la unión de sus partes, la historia se completa. Como esas féminas retratadas, Florencia Del Gesso, Muriel Lamarque, Licia Mussaccio y Daniela Neila forman una única mujer capaz de nutrirse de sus detalles individuales para, así, narrar grandes historias. Una muñeca rusa las reúne, las engloba y, lejos de encerrarlas en su interior, logra impulsarlas.

Todo empezó en 2009, cuando Neila convocó a las demás fotógrafas para un evento. Poco después, el hallazgo de nuevas posibilidades creativas las atrajo hacia la formación de Una muñeca rusa, el colectivo que hoy las encuentra unidas en el desarrollo de imágenes, exposiciones y planes. “La idea de Daniela era colgar fotos de autores que, para ella, tenían un hilo conductor en común. Entonces hicimos la primera muestra, que se llamó Versiones. Y como el resultado fue lindo y había onda y ganas, surgió la idea de seguir trabajando”, rememora Mussaccio.

Poco después, Daniela ahonda y explica cómo evolucionó el proyecto que tiempo atrás ideó junto a sus compañeras hasta, incluso, hoy conseguir deshacer las individualidades: “Ahora hay amigos que no logran distinguir quién es el autor de cada foto. Ya no identificamos los trabajos con nuestros nombres, pasan a ser identitarios del grupo”. Así, el resultado consiste en obras que abordan temáticas y estéticas que recorren un mismo camino y que pertenecen a todas las muñecas y a ninguna al mismo tiempo.

Por ello, no es casual que el concepto con el que distinguen a la producción que elaboran juntas rememore a las bondades de las matrioskas: “Cuando pensamos en un nombre para el grupo, la idea partió de las partes de un todo y de lo que queríamos proyectar: el trabajo de adentro hacia afuera. Entonces, se nos ocurrió que la imagen de la muñeca rusa se adaptaba a lo que buscábamos porque ella engloba a en una sola muñeca a muchas otras”, explica Licia para luego aclarar que, finalmente, la identidad del colectivo terminó de verse reflejada cuando Dimas Melfi, un dibujante catamarqueño, le creó un logo y una tipografía propia.

Más allá de los inicios, Del Gesso, Lamarque, Mussaccio y Neila juran que el trabajo de las muñecas les permite aprender y avanzar con sólo mirar a sus compañeras. Es que lo cierto es que todas ellas, por sí solas, tienen un fuerte desempeño en el mundo de la fotografía artística de La Plata. Así, en su caso, la suma de las partes alteran el producto, consiguiendo obras en las que lo que parece primar es la delicadeza, aunque, según declaran, no una visión de la femineidad. “Tranquilamente, podría haber un varón en el grupo y funcionar. No me parece que la nuestra sea una fotografía femenina o de género. Por ahí, justo coincide que somos chicas y es más fácil ver el lado femenino así. Sin embargo, los temas que abordamos surgen de las charlas que mantenemos. Se trata de una inquietud que alguna tiene y que sirve como disparador. Luego, en el transcurso del trabajo, la temática va mutando: arrancamos por un concepto, una palabra, que después va cambiando con las diferentes visiones que tenemos sobre él. Amén de esos pensamientos distintos que tiene cada una, el resultado comparte un único hilo conductor”, asegura Licia.

De ese modo, la producción de Una muñeca rusa se sustenta en una gran sucesión de reuniones en las que se analizan los avances individuales sobre un mismo concepto y, de igual manera, se realiza lo que Muriel define como un “trabajo de curaduría” que les permite reformularse y unificarse. De ese modo, en alguna oportunidad ese trayecto de meses resultó en la exhibición de una sola fotografía capaz de englobar la labor desarrollada por las cuatro chicas. “Todo tiene su razón de ser. Está bueno dejar algo librado a la imaginación de quien mira. Si el tema se resuelve en una foto, entonces ya está. Cuando me preguntan ‘¿Por qué tan pocas?’, yo podría responder ‘¿Por qué exponer más?”’, sostiene convencida Mussaccio.

Con el transcurso de estos dos años, el colectivo logró una síntesis capaz de apostar a esa identidad propia que consiguieron construir y además avanzó hacia un terreno en el que la presentación de sus obras no se limita a sólo colgar imágenes fotográficas sino que también incluyen instalaciones a gran escala, en las que los espacios de muestra se ven intervenidos por Una muñeca rusa. De esa manera, recientemente inauguraron en El Solar su última exposición, “Escondites”, en la que el local de venta de marcos para cuadros terminó completamente empapelado. “Lo de las instalaciones fue una inquietud que se fue dando en la última etapa porque cuando empezamos era foto contra la pared. Cada vez nos vamos animando a más cosas”, resume Lamarque, dando paso a que Neila desarrolle cuáles son las intenciones del grupo: “Buscamos que haya un diálogo entre la obra y el lugar”.

Y como si el desarrollo de las instalaciones fuese poco, Del Gesso, Lamarque, Mussaccio y Neila actualmente también construyen el Almacén de Arte Efímera --una suerte de biblioteca de arte contemporáneo que funcionará como una extensión de La Alborada y reunirá piezas únicas, libros de autor y soportes digitales-- a la par que planean el establecimiento de su propio laboratorio fotográfico, un lugar en el cual sea posible dictar talleres y brindar un servicio a colegas, sueño para el cual decidieron valorizar sus obras y, consecuentemente, ponerlas a la venta.

Abocadas al desarrollo de sus proyectos en conjunto, las cuatro fotógrafas no esperan a descolgar la exposición que montaron en El Solar para idear una nueva muestra. Por el contrario, ahora preparan su próxima exhibición, en la que llevarán al hostel Vendrás alguna vez una resignificación de una de las obras que presentaron durante el año pasado, “Rouge”, esa producción en la que una mujer carga en el desierto un quinteto de globos rojos, mientras a su alrededor la nada se desvanece cuando otras chicas, sus pares, son intervenidas por el color. Y, entonces sí, la muñeca rusa se desarma y presenta por fin a todas las muñecas que esconde, ésas muchachas capaces de contar un gran único relato.

* “Rouge” se inaugurará el viernes 15 de julio en Vendrás alguna vez, 2 nº 1029 entre 53 y 54, La Plata. Actualmente, se puede visitar “Escondites” en El Solar, 10 nº 380 entre 48 y 49, La Plata.

Blog: http://unamuniecarusa.blogspot.com/
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