miércoles, 31 de agosto de 2011

DistriBULLA: “Nuestra idea es reinventar las formas de distribuir un libro”.-

La iniciativa forjada en 2008 por un grupo de escritores y editores busca a través de cajitas de madera intervenidas artísticamente romper con las lógicas de difusión de la gran industria editorial. En ellas, llaman la atención, en general, libros de autores independientes que hechos especialmente a mano o que directamente no cuentan con la clasificación ISBN. El objetivo -según Pablo Struchi, uno de los impulsores- es que las obras sean consideradas por lo que son y no como un mero "objeto de consumo", visible en los estantes de las liberías.



Por Nahuel Gomez
Fotografía de Mariana Mayer

Buenos Aires, agosto 31 (Agencia-NAN).- Existen muchas razones por las cuales un libro puede perderse entre otros en el ámbito de una librería. Es sabido que, como en cualquier empresa cuyo fin primario sea el lucro, en las grandes librerías la razón comercial parece determinar la suerte de casi cualquier obra literaria, sin distinción de contenido. Los que sufren más este problema, son autores y editoriales denominadas “independientes”, quienes, sin el envión que aporta la gran industria editorial, comparten junto a sus libros la inadvertencia por parte del lector, en contraposición a la omnipresente publicidad que poseen tantos otros ocupantes de espacios privilegiados. De esta manera, quedan sepultados talentosos autores sin renombre, como también otros sin tanto vuelo pero que siempre merecen ser difundidos. Se genera así algo constante: el libro que no se vende se pierde en los estantes, y el que ya se perdió nunca más se va a vender.

Atento a esta situación puntual, en 2008 un grupo de escritores y editores creó DistriBULLA la cajita, la pata distribuidora de la editorial cooperativa el asunto. El proyecto funciona como nexo para la difusión e inclusión de escritores, artistas y lugares, unidos por la premisa fundamental de la autogestión como forma de progreso. Estas conexiones se cimientan sobre un elemento simple, pero no por eso de poco valor: se trata de cajitas de madera intervenidas artísticamente, donde se colocan obras de autores independientes para llamar la atención, enfocar a los lectores en libros y escritores relegados por la industria editorial.

Pero el manejo de un proyecto como DistriBULLA se vuelve complicado cuando la escasez de recursos y de voluntarios con tiempo libre apenas alcanza para costear la creación de nuevas cajitas. Pablo Strucchi, uno de los ideólogos del emprendimiento, señala al respecto: “Si decimos que manejamos el proyecto estamos exagerando. Nosotros ponemos las cajitas en los lugares, pero no tenemos una estructura para ir y reponer los libros, a veces, cuando podemos, va uno de nosotros y los repone. Estamos acostumbrados a trabajar de una manera que llamamos ‘individualmente unidos’, es decir, en conjunto aunque de una manera bastante caótica”. A pesar de todo, DistriBULLA se mantiene: “No es que ganamos dinero, pero por lo menos logramos mantener las cajitas ahí; y como en general el proyecto gusta, seguimos trabajando”.

Strucchi participó, y aún lo hace, en otros emprendimientos culturales; pero este, sin duda, resume y reformula el espíritu de todos los anteriores. Ya no es importante sólo la tarea de crear y editar. Ahora el trabajo de poner en foco, difundir y sobre todo distinguir libros autogestionados, de los que no lo son, parece tomar mayor relevancia. “Al estar dentro de una cajita especial, ya uno sabe que ahí entra cierto tipo de material relegado por las librerías: libros que quizás no pueden ser clasificados por que no tienen ISBN (International Standard Book Number) o están hechos a mano. Recién ahora después del éxito de la FLIA o este pequeño auge que están teniendo los escritores independientes se está aceptando incluir este tipo de publicaciones. La editorial Eloisa Cartonera hizo un trabajo de base para todo esto, al introducir sus libros en el circuito comercial” sostiene Strucchi.

Justamente, en las librerías es donde más dificultoso se vuelve vender el contenido de las cajitas. Los centros culturales parecen ser el lugar, sin duda, más adecuado para alcanzar el éxito. Pablo explica que esto se da porque “los centros culturales tienen la particularidad de ser espacios donde uno se choca con el libro en vez de ir a buscarlo. Además, la cajita puede estar en un lugar, funcionando autónomamente, sin necesidad de que haya alguien que la esté cuidando; se dejan los libros en la cajita y se olvidan de lo que es el manejo de los libros. En general uno tiene que “estar” con los libros, y como los centros son lugares en los que no se tiene esta costumbre, si no estuvieran las cajitas, los libros se perderían”.

Otro factor que incide a la hora de elegir el lugar donde colocar los soportes tiene que ver con la amistad y el compañerismo que debe primar en cualquier emprendimiento autogestivo: “Uno conoce un lugar, a la gente y se pone a charlar. Nuestro trabajo se basa en la confianza y en la amistad. Si la cajita queda como un mero negocio no le sirve a ellos ni a nosotros. La idea de todos, en general es apoyar nuestros proyectos recíprocamente” advierte Pablo. Si bien esto se da la mayoría de las veces con los lugares, quizás no se experimenta con los artistas o escritores, acostumbrados a una lógica más individualista. Es la esperanza de quebrar con ese individualismo lo que también impulsa a los creadores de la movida.

La disyuntiva entre difusión o contraofensiva, que concierne sobre todo al papel de lo alternativo en relación con lo dominante, es algo que permanentemente genera debate. Sin embargo, por lo menos por parte de uno de los creadores de la cajita, queda clara la elección: la difusión de determinado material está por encima de cualquier disputa con las industrias culturales. El entrevistado aclara al respecto que “uno no está en contra de las editoriales grandes, ellas hacen su negocio y están en la suya. Nadie le va a pedir a una editorial grande que edite un libro de poesía, porque ellos están en un negocio ¿Para qué lo van a editar si no se vende? Nuestra idea es tratar de reinventar las formas de difundir un libro. Que el libro vuelva a ser libro y no un objeto de consumo como el que muchas veces vemos en las librerías”.

Ser oposición no es el objetivo del proyecto, la idea es crear caminos alternativos. Según Strucchi “si las puertas están cerradas, no hay quedarse golpeándolas. Por eso, no es estar en contra, es estar a favor”.

martes, 30 de agosto de 2011

Mujercitas terror, Las Kellies y Trueno Blanco en Salón Pueyrredón.-

El escenario palermitano sufrió el avasallante ataque de tres bandas que, el último fin de semana, echaron por tierra la creencia popular del rock como territorio masculino. Las ladies le pegaron una patada en el culo a la misoginia y al descrédito.

Por Juan marco Castiglione
Fotografía gentileza Mujercitas Terror

Buenos Aires, agosto 30 (Agencia NAN – 2011).- Olympe de Gouges nació en la París del siglo XVIII. Escritora y dramaturga, fue la autora de la Declaración de los Derechos De La Mujer y de la Ciudadanía, unos de los primeros documentos históricos donde se propone la igualdad entre la mujer y el hombre. Si la historia hubiera sido otra y Olympe hubiera nacido en Buenos Aires, a finales del siglo XX, seguramente habría estado en la primera fila de la fecha que el sábado 27 de agosto reunió a Mujercitas Terror, Las Kellies y Trueno Blanco. En un Salón Pueyrredón rebosante de actitud femenina, las tres bandas conjugaron con gracia y carísma la potencia del rock y la efervescencia new wave. Por momentos a un volumen ensordecedor, el cóctel explosivo de rimmel y powerchords mostró una paleta de colores y texturas más que contundentes en el escenario de la avenida Santa Fe.

Trueno Blanco, acaso la agrupación más joven de las que conformaron la fecha, fue la encargada de abrir la jornada. Comandada por la cantante y guitarrista Claudia Buttignol, la banda formada en zona oeste en 2007 sacó a relucir su propuesta descripta como “Mugre Indie Infantil”, con reminiscencias tanto del indie pop platense como del hardcore de la escuela Fun People. A su vez, en temas como “Diente De León”, “Horrible”y Monkey”,el cuarteto demostró que en vivo sabe conjugar hábilmente la estética sensible del pop de parte de Buttignol y la tecladista Mercedes Galcerán, con la base rítmica en la batería de Franco Italiano y en la mano derecha de su bajista Eva Victoria Martinez, deudora del Joy Division más post punk y abrasivo. Entre estas dos aguas, entre la calma y el caos, surfeó el set de Trueno Blanco. Una contradicción dulcemente amalgamada, como un martillo de terciopelo, acariciando y golpeando en un mismo movimiento.

Segundas en subir al escenario y en su primer recital luego de su última gira por tierras europeas, fueron Las Kellies. El trio oriundo de Palermo, que conforman Cecilia en guitarra, Sil en Batería y la inglesa Julia en Bajo. Las autoapellidadas Kelly desplegaron, con sus atuendos alla 50's y su actitud garagera, el set más encendido de la jornada. Es que si lo de las Trueno Blanco pasa por los estados de calma y caos y lo de Mujercitas Terror es noise tremebundo, lo de Las Kellies es pirotecnia surf y corazón new wave. Mientras temas como “Keep the horse” y “Prince in blue” remiten a los Gang Of Four de vacaciones en Mar Del Plata, piezas como “Perro Rompebolas” suenan a Los Saicos experimentando con alucinógenos. Guitarras crudas y filosas cortan sobre una base agresiva que funcionó en la noche del sábado como una locomotora sin frenos. Ritmo frenético, algún cover de The Sonics, voces bañadas en echo y toneladas de actitud condimentaron el recital de unas Kellies que si bien no representan un quiebre de esquemas, se manejan con soltura dentro del garage rock, el pop de raíz surf y el minimalísmo del primer post-punk. Simple, compacto y efectivo.

“La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”, postulaba, hace casi 200 años, De Gouges. Lo de Mujercitas Terror es eso, igualdad de derechos entre mujeres y hombres a la hora de dinamitar el escenario de Salón Pueyrredon. El doble pivot que fusiona a Marcelo Moreyra (guitarra) y Daniela Zahra (bajo) en voces se suma al galope casi progresivo de la batería de Federico Losa. Un sonido oscuro, lúgubre y denso que responde sobre todo a la tradición del noise pop de los primeros discos de Jesus And Mary Chain. Pero mientras los escoceses eran ruido blanco y atmósferas asfixiantes, Mujercitas es eso y más.

Sonido por momentos ensordecedor, lírica intrincada y poética y una estética que remite a una hipotética opera rock de Tim Burton. Todo en el marco de la presentación más larga de la noche, donde el trío repasó algunos de los temas que conforman su nueva y flamante placa, “Excavaciones” y otros de su debut de 2007. Densas como nubes de carbón son las atmósferas que crean en temas como “Excavaciones”, la perturbadora “Pájaros descuartizados”, “Ceremonia” y otros, como “Actriz”, que recuerdan al “Lullaby” de The Cure, pero hipereléctrico y desgarrador.

Las voces de Moreyra y y Zahra se yuxtaponen, se entremezclan y terminan conformando una sola. Igualdad de Fuerzas, conformando un relato hipnótico que se posa como un cuervo sobre guitarras garageras y bajos furibundos. Y debajo del escenario un publico que respondió con la misma energía que recibió desde las cajas de sonido que, por momentos, parecían a punto de estallar. Esto debido a un volumen en varios pasajes excesivo para las dimensiones de Salón Pueyrredón.

Como saldo final quedó el de tres bandas que echaron por tierra la creencia popular del rock como territorio masculino. Una patada en el culo a la misoginia y al descrédito. Girl power, actitud y potencia en grandes cantidades. Sensibilidad, criterio estético y crudeza. Emancipación femenina en el under nacional, aggiornando a nuestros días lo que alguna vez pregonó Olympe de Gouges. Ya no en la París convulsionada del siglo XIX, sino en los escenarios de la Buenos Aires, circa 2011.

lunes, 29 de agosto de 2011

Libros: “500 lugares para vivir” (Kosice, 2010).-

Al poner en crisis los cimientos de la urbe, el fundamento de la Ciudad Hidroespacial de Gyula Kosice es contrario al positivista: su proyecto --de más de 60 años-- tiene la forma de los deseos y las frustraciones de sus habitantes y es, por eso, revolucionario.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, agosto 29 (Agencia NAN-2011).- Si el arte tiene una tarea fundamental más allá de la sublimación de las pulsiones asesinas, tal vez sea la de suponer mundos, aunque a primera vista se trate de proyectos irrealizables. Albert Einstein dijo que “si lo puedes imaginar, lo puedes lograr” y en la literatura abundan las ficciones anticipatorias, luego realidades consumadas. El de Julio Verne es el caso más resonante y romántico.

Pero la imaginación no sólo permitió vislumbrar —en su intrínseca vinculación con la ciencia— el submarino o Internet antes de existir, sino además ciudades completas que no existen, con lógicas propias y complementarias, caso Macondo, la Ciudad de los Inmortales o las urbes de Ítalo Calvino. Mayormente, se trata de ciudades que anteceden los deseos de sus habitantes. Son, en ese sentido, crueles: es el ser humano el que debe adaptarse a sus mecánicas. No parecen, además, civilizatorias, en tanto requieren de una tensión de conciliación que también primaría si la humanidad aún habitara las selvas, amén de las distancias.

No se trata de suprimir las ciudades, sino de poner en crisis sus cimientos. En ese camino, el fundamento de la Ciudad Hidroespacial de Gyula Kosice es contrario al positivista: su proyecto —de más de 60 años— tiene la forma de los deseos y las frustraciones de sus habitantes y es, por eso, revolucionario. En 500 lugares para vivir, el artista plástico hace un racconto de los ámbitos de esa arquitectura pulsional, valga el oxímoron.

Sirvan unos pocos ejemplos:
- Lugar de vacaciones intermitentes.
- Lugar para destruir la angustia.
- Lugar para alentar el fluir de la pasión.
- Lugar para exclamar ¡basta de libros de quejas!
- Lugar para que la tendencia a la notoriedad esté impugnada desde la conducta marginal.


Se notará que, en desmedro de la forma habitacional, prima el contenido, siempre orgánico con respecto a los principios del elemento fundacional de la obra del escultor y teórico húngaro, argentino por elección: fuente de energía, movimiento, fluidez, pureza, fuerza lumínica. Prima porque lo importante es la relación entre lugar y habitante y no esas instancias individualizadas. Prima porque “no puede haber una ciudad en verdad nueva si no se diseña en función de unas formas de vida igualmente inéditas”, como entiende Rodrigo Alonso en el prólogo del libro.

“El hombre no ha de terminar en la Tierra” es la inquietud que Kosice declaró en la revista Arturo que dio origen a la Ciudad Hidroespacial, aparecida en el manifiesto de 1946 del movimiento Madí, del que el artista de 87 años es mentor: su arquitectura debería ser “ambiente y formas desplazables en el espacio”, a 1500 metros de altura. Ese carácter móvil de esta ciudad (¿por qué no?) en ciernes justifica la vinculación de la arquitectura con la poesía, de la realidad con la metáfora, de la metáfora que es la vida con la metáfora que es la metáfora en la metáfora que es la vida. Ad infinitum.

viernes, 26 de agosto de 2011

La vuelta de la canción popular a su tierra.-

Entre la trova y los saberes académicos, una nueva generación de músicos busca otros horizontes donde expresarse. Trascendiendo las fronteras del rock, ancla sus raíces en cada región desde donde suena, con un signo de pertenencia notable. Así lo asegura el periodista Martín Graziano que recientemente publicó “Cancionistas del Río de La Plata”, libro en el que analiza este nuevo panorama extendido en toda Latinoamérica con la vista centrada en su contexto cultural en busca de resistir "un poco más el paso del tiempo".

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Eliana Graziano

El futuro llegó hace rato /
todo un palo, ya lo ves!
Veámoslo un poco con tus ojos /
El futuro ya llegó!

("Todo un palo" - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)

Buenos Aires, agosto 26 (Agencia-NAN).- La frase “el futuro está a la vuelta de la esquina” parece cobrar fuerza con la publicación de Cancionistas del Río de la Plata, libro del periodista Martín Graziano. No. No se trata de un libro futurista, sino que es bien atento a los tiempos que corren. Tiempos de movimientos en la cultura. De relecturas y revalorización de las raíces. Aires frescos que sientan muy bien. Después del rock: una música popular para el siglo XXI, se puede leer debajo del título ¿Acaso el rock es parte del pasado? ¿O será que ya no increpa a las nuevas generaciones? Entonces, ¿cuál es esa “música para el siglo XXI”? ¿Cuándo sucederá? Para Graziano, está sucediendo ahora. El libro vendría a ser “una fotografía de un momento, una fotografía colectiva”. El monstruo ya está entre nosotros, aunque aún sin forma definitiva. Y así lo describe: “Son cantautores, compositores, ‘cancionistas’ -como los llamo yo- que vienen del rock, cuya formación afectiva tiene que ver con ése género. Sin embargo, en algún punto de la década pasada, por un montón de razones, entre ellas porque el rock se convirtió en un mercado y sintieron que los asfixiaba o no hablaba por ellos, decidieron dar un paso al costado o saltar del barco y salir a buscar otras cosas, otras culturas, el folklore, lo latinoamericano, el tango, la chanson y la música académica”.

Y ellos tienen nombre y apellido: Pablo Dacal, Gabo Ferro, Pablo Grinjot, Lisandro Aristimuño, Ezequiel Borra, Alvy Singer, Julieta Rimoldi, Lucio Mantel, Alfonso Barbieri, Juanito el Cantor, Nacho Rodríguez, Tomi Lebrero y tantos otros. Del otro lado del Río de la Plata ocurre algo similar. Ana Prada, Martín Buscaglia y Eli-U Pena son algunos de los “cancionistas” uruguayos que “encontraron un espacio inédito” y que aparecen retratados en el libro. En el paisito, según analiza el periodista, “llegaron naturalmente a ése estadio estético al que los cancionistas de acá les constó más llegar, porque allá hicieron un proceso intelectual, nacieron en una casa donde se escucha todo eso”. En cambio, del otro lado el proceso requirió más tiempo. “Muchos de los cantautores argentinos fueron a estudiar a los conservatorios, aprendieron la música africana, la trova renacentista. Entonces, cuando volvieron para llevar ese caudal a la canción, la canción ya era otra cosa, se había metabolizado todo ese influjo. Y ya no era un cantautor de rock haciendo folklore, sino otra cosa. No es fusión, algo que quizás muchos músicos de los setenta quisieron hacer. Es una canción donde el rock se escucha como un cauce más”. Algunos de los precursores -entiende Graziano- fueron primero Luis Alberto Spinetta (en la etapa de Almendra), Lito Nebbia, Fito Páez y más tarde Palo Pandolfo. “Desde Los Visitantes trabajó con la estética del rock acercándose a los géneros criollos, a la identidad latinoamericana”, recordó quien escribe en Rolling Stone, G7, Rumbos y La Pulseada.

“Cuando hablás de referentes con estos cancionistas, no terminan en Los Gatos o Los Beatles, van mucho más atrás: desde el ‘Cuchi’ Leguizamón a Caetano Veloso, pasando por Ramón Ayala. En la Argentina, esos campos estuvieron compartimentados. Hubo un intento de diálogo pero no se llegó nunca a construir un espacio. Por ejemplo, León Gieco intentó construir algo. Y ahora eso cambió. Es evidente que a partir de esta generación se construye un espacio. Ahora hay un contexto para esa música, existe. Por ejemplo, en Tomi Lebrero está la música del noroeste y el tango, como si fueran de la misma familia afectiva. Por eso, me parece importante buscar una genealogía musical y cultural”. Claro, se trata de un campo en construcción. “Hay toda una búsqueda que primero tuvo que ver con lo musical, con lo ideológico, con lo estético, y recién ahora está llegando a lo ‘letristico’, que curiosamente quedó para el final. Forjar una cultura es también forjar un campo ‘letristico’, y eso es lo que le faltaba a esta generación. O sea, lo musical se logró bastante rápido, pero quizás todavía no lograron un campo temático. Por ejemplo, el rock, el tango y el folklore tuvieron sus tópicos”.

--A diferencia de otras épocas, abandonan la canción de protesta ¿Cuáles serían los rasgos de la “canción política” de la que hablás?
--Es una canción política, como lo eran las de Invisible en los setenta. No me extrañó para nada que cuando se hizo Por Algo Será (un disco que buscó la mirada de 19 músicos de esta escena sobre la última dictadura cívico-militar) los convocados fueran ellos. Toda esta generación, toda esa búsqueda cultural, estética y de identidad, está en sintonía con el país. Durante el neoliberalismo todos los músicos miraban afuera porque era fácil comprar los discos importados. Pero eso se cortó violentamente. Entonces, tuvieron que empezar a mirar hacia dentro del país, a construir de vuelta. En toda Latinoamérica está pasando esto. Cada lugar con su signo de pertenencia, está revalorizando lo suyo. Es una canción política porque habla desde un lugar. A pesar de que no esté presente la jerga política. Pero, por ejemplo, la obra de Gabo Ferro es política de acá a la China. Sin embargo, las canciones hablan de amor, muerte, de la tierra, de la gente, del hoy. Pero en su mirada está la carga política y también en el contexto cultural en el que la produce, desde donde se para. El tipo construye desde un lugar independiente. La idea de esto también es buscar una canción que pueda resistir un poco más el paso del tiempo.

Oportuno y coherente con su época, Graziano entrega un libro documental sobre “lo que se ha venido incubando durante la primera década del siglo XXI” y que funciona como una continuidad de Cómo vino la mano, de Miguel Grinberg, una clásica bibliografía sobre la historia del rock en la Argentina. “Me importaba que saliera ya –dice Graziano-. Porque podría haber salido antes de ayer o dentro de un año. Pero me pareció que, como estaba sucediendo ahora, era importante que en el libro se sintiera ese caldo de cultivo que está eferveciendo”. Compuesto por un jugoso ensayo sobre los rasgos y antecedentes de la escena, y una veintena de retratos –a partir de entrevistas en profanidad- de sus protagonistas, el libro registra un novedoso acontecer cultural desatendido –y en ocasiones banalizado- por los medios hegemónicos. Esa escena no sólo está integrada por músicos. “También son bares, libros, casas, fotógrafos, escenarios, periodistas, discos, programas, un público y, sobre todo, canciones”. Un puñado de ellos, fueron convocados para escribir acerca de sus aportes a la escena. Una fundamental es la fotógrafa Lula Bauer, acaso quien mejor retrata este movimiento colectivo. Además de haber esbozado unas palabras, una selección de sus fotos acompaña los retratos de los músicos. El dibujante Liniers, Talata Rodríguez –creadora del espacio La Aromática-, el periodista Humphrey Inzillo y Carla Sanguineti, del sitio web Sonido Ambiente, suman sus plumas a esta publicación editada por Gourmet Musical.

--El objetivo de la escena es conseguir un cierto federalismo, ¿no?
--Si bien todos confluyen en la cuenca del Río de la Plata, el anhelo y la intención es federal. Incluso hasta geográficamente: Aristimuño y Julieta Rimondi vienen del sur; Lucio Mantel se la pasa yendo a Brasil, Alfonso Barbieri vivió en Córdoba y Dacal en Rosario. Tomi Lebrero y Faca Flores están todo el tiempo en el noroeste. Y Seba Ibarra es chaqueño. Es como si quisieran volver a tender un puente con esa fuente rural. En otros casos, es mucho más urbana, como el de Alvy Singer. Su música es urbana al punto “woodilanesco”: es muy de la noche, de la ciudad, del hot jazz, el fox trot, esos ritmos urbanos de la cosmópolis. Está todo, como en el tango. A veces uno pierde de vista que Gardel tenía la edad que tenían estos muchachos -30 años- cuando organizó la canción popular. Era una estrella pop: organizó la música criolla (huellas, milongas, ritmos de La Pampa) de la que él venía con la vanguardia. Pero la vanguardia de la villa, la de Pablito Lescano, era la música que iba más allá, que contestaba, que dialogaba con la ciudad en ése momento. No sólo conectó el pasado con el presente, sino también con el mundo: porque el incluyó fox trot, que era la música pop.

--¿Y ese legado recogen estos músicos?
--Un poco la intención de esta generación es volver a organizar una canción popular, muy coralmente, a través de un montón de personas que no son solamente compositores. Y en el contexto cultural de un país. La intención también es luchar por recuperar la dignidad del oficio. Por eso se vuelve a instalar el ciclo, como hacían las orquestas típicas de tango. Y por eso salen a pelear, como cuando salieron a protestar (para que se aplique la Ley de Concertación Musical en la Ciudad de Buenos Aires). Es una generación más horizontal, menos personalista que el rock. Es como si hubiera pasado a otra instancia.

--¿Y en qué medida los medios atienden a este movimiento?
--En muy poca escala. Hay actividad todos los días ¿Qué medios deberían dar amplificación a lo que está sucediendo? Porque para los medios especializados hay una dificultad allí que radica que, en algún punto, esta generación está criticando el status quo del rock. Sostienen que el rock debería ser otra cosa que la que los medios dicen que es. O si lo llevás más allá, el rock no es más la música que late en la ciudad, que la representa ¿Y por qué hay tantos festivales? El mercado fue creado por el rock. En los sesenta, en el mundo (y acá en los ochenta) el mercado de la música joven nació para el rock. Todos los que organizan los grandes eventos vienen del rock ¿Qué va a pasar con esta generación? ¿Se va a meter por el nicho que le permite el rock y se van a convertir en cantautores neo-hippies acústicos? ¿O va a ser otra cosa completamente distinta que va a discutir con el rock en tanto música joven? Y ya no joven como consumo adolescente. Ya no el Si! (de Clarín), porque si ese suplemento es lo que hoy es la música joven, estamos en problemas. Es como un mercadito para adolescentes, el vaciamiento de sentido.

--¿Y qué sucede con los periodistas?
--Muchos periodistas especializados sólo saben de rock ¿Por qué no se toman el trabajo de escuchar bien a esta generación y criticarla? Porque esta generación no dialoga sólo con la cultura del rock, sino también con la música académica y la folklórica del noroeste. Pero los periodistas de rock se encerraron en sí mismos: saben de películas y libros que tienen que ver con el rock y no se permiten otra cosa. Si no es rock, no existe. No les interesa Macedonio Fernández o (Juan Carlos) Onetti. Esta escena obliga a que los periodistas tengan que capacitarse. Conozco bien la historia del rock argentino y escribí mucho sobre el tema, pero me parecía que el mundo no podía ser sólo eso. Todo esto no significa que no se haga buena música en el nombre del rock. Pero ya es música para gente que le gusta sólo eso y no para la que está por fuera. El rock ya no quiere articular el inconsciente colectivo.

-- Ante eso, ¿cómo se diferencia la nueva escena?
--Hacen canción popular. No se trata de música para entendidos: ellos están tratando de establecer contacto. Por eso, sería una pena que quedara atada al gueto. Porque lo que están haciendo es hablar ¿A quiénes? Es una generación que está en contra de las dictaduras del consumo, los medios masivos y las tecnologías. Esa es la clave. Así como el rock en los setenta estaba en contra de la dictadura de los que tenían uniforme. Si bien usan internet como herramienta fundamental de difusión, reconocen que es sólo una herramienta y no es el fin. Hoy la cultural del rock es la cultura del consumo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Shaman y los hombres en llamas y el regreso de tanto calor.-

Luego de su primera gira por Europa, junto a El mató a un policía motorizado, el hombre de overol y galera vuelve para presentar oficialmente su segundo tdisco plateado, producido por Daniel Melero.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de DanPeople

La Plata, agosto 24 (Agencia NAN - 2011).- Shaman es un hombre enorme, con voz enorme, con labios enormes. Tiene rasgos que lo identifican con un monje brujo, un ser mongol pero de otra dimensión oscura. Grandes lunares en el lado izquierdo de su mentón, ojos achinados, bigote Dalí y pelo lacio, pajoso.

Su firma aparece en todas las bandas que supieron ganarse un lugar en el under indie platense y que de a poco van saliendo de su closet: Sr Tomate, La Patrulla espacial, El mató a un policía motorizado, entre otros. Hace las veces de productor en todos estos espacios pero lo importante es que Shaman también tiene su mundo de fuego --sus Hombres en llamas--; su nuevo disco lo viene a confirmar.

Recién llegado de su gira por Europa, tras la que asegura que "en el sur de Francia está la posta, no tienen nada que ver con los parisinos”, el chamán del barrio Mondongo muestra por primera vez su nuevo material que terminó produciendo Daniel Melero y editado en simultáneo por Laptra, Mandarinas Records y Peatón discográfica. En su regreso, tuvo como primer escenario el Centro Cultural Estación Provincial, en una nueva edición del ciclo Bomba Texto que se llevó a cabo el domingo pasado, y sus discos se ofrecieron en la mesa de publicaciones independientes.

“Sí, va a ser la primera vez que estén a la venta pero la presentación oficial es en el Centro Cultural Recoleta con la banda completa este miércoles (hoy) a las 19 puntuales. Para esa presentación vamos a estar trabajando mucho porque de alguna manera es el paso final de todo este recorrido. Se extendió bastante el lanzamiento pero estuvo bueno porque finalmente me gusta mucho como quedó”, explicó el músico a Agencia NAN.

En cuanto a la relación con Melero, el músico apuntó: “Nació a partir de una locura mía. Yo quería que me lo produzca otra persona y sabía que él podía ser el puente para llegar a contactarlo. Fijate qué locura: teniéndolo a él yo pensaba en otra persona. Lo que pasa es que lo tenía identificado con otro tipo de música, más pop. Pero bueno se lo pasé, lo escuchó y le gustó. La mezcla quedó genial, impresionante. Quedó otro disco”.

Estando en el interior de su casa, que años antes fue de su abuela, la postal es reveladora: todas las fotos que se publican de él salen de distintos puntos de su vivienda. Hay una colgada en su pared, en la que se lo ve tocando la guitarra en el fondo de su patio; alguien la sacó desde adentro, a través de una ventana mojada. Parece un escenario fijado y pensado, una película inspirada en Carrol, pero no. Es Shaman haciendo una de sus canciones, con su sombrero de copa negro y sus ojos oscuros, cerrados.

El arte del disco homónimo del chamán está a cargo de Rodrigo Gorosito. “Iba a la escuela conmigo –dijo el músico y sonrió--. Allá en Comodoro suele ocurrir eso”. Pasa el tiempo y para el hombre del sur los recuerdos no se borronean. Shaman siempre tiene una sonrisa para la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia. Muchos de su troupe han caído tanto en La Plata como en Buenos Aires y cada tanto se juntan. Algo grabado queda. La fotografía quedó en manos de Juan Francisco Sánchez y el diseño en las de Silvestre Herrera.

El cd escondido en una pequeña caja de cartón tiene grabado un dibujo donde está Shaman atado de pequeñas cuerdas como si fuera el gigante de Los viajes de Gulliver. Solo y dormido en un desierto plateado, un cañón partido por las nubes se ve a una distancia considerable. Los pequeños demonios no han dejado nada a azar y ataron hasta su gorro de copa, ese negro que lo personifica en cada escenario donde se sube a tocar.

“La niebla” es el tema que abre el disco. El mismo con el que unos amigos europeos decidieron dejar plasmado algo de lo que fue su gira en un video casero. Shaman tocando en bares ocultos, en ciudades a las que se llega en bicicleta, países que se cruzan en tren o metrópolis adonde te llevan aviones. “A veces te conviene ir en avión porque el tren está muy caro, lo cobran en libras. Hacé la conversión y sacá la cuenta”, explicó. Luego, detalló aquel festival en el sur de Francia: “Había como pequeños muelles donde se alojaban los cantores y el público pasaba por el agua, como una laguna. Se juntaban algunos y vos tocabas tres o cuatro canciones. Luego ese público se iba y llegaban otras “bicis acuáticas” y volvías a tocar esas canciones. Lo hice durante toda la tarde, estuvo buenísimo porque toqué las mismas canciones como seis horas seguidas”.

Shaman giró por varios países de Europa (España, Holanda, Inglaterra, Alemania y Francia) y en el medio de su gira llegaron unos amigos desde Buenos Aires con los discos fabricados. Allí dispuso de su material nuevo y dejó los plateados por varios lugares. Cuando el video cierra, un amigo callejero de Shaman es interceptado por unos policías en rollers y en la escena siguiente aparece el músico besando una bandera de Gimnasia y Esgrima La Plata.

Shaman giró por el viejo continente, como si hubiera sido “un viaje de aventuras” y volvió para avisar que tiene uno de los trabajos más interesantes de 2011. “La niebla” arranca diciendo: “Ahora que la noche ya pasó puedo volver al lugar donde todo esto empezó y romper la maldición. Esa niebla en mi portal ya va a desaparecer, volveré a ser uno más, otra mente bajo el sol”.

El músico llegó desde el sur y se radicó en La Plata; siempre tuvo la certeza que la música era primordial en su bosque personal. De los barrios El Mondongo al Meridiano V siempre hubo vueltas y ahora desde su casa chorizo reflexiona sobre sus espacios: “La Plata. Disfruto mucho de la ciudad, es muy linda, es una ciudad zarpada. Con mi vuelta de Europa flasheé eso, no hay nada que envidiar. Me gusta el ambiente que hay, la tranquilidad y también el agite, hay un agite en las personas”.

Mientras que sus amigos caminaban entre las barras y las eternas charlas, Shaman siempre estuvo al borde del escenario. Cada noche platense se lo podía encontrar con su sobretodo y su galera, atento, quieto, solo. Era un encantado del sonido, de las bandas, de las canciones. “Un poco me desconecté de todo por salud. Antes salía mucho más a ver bandas. Pero en un momento hay que bajar y cuidarse un toque (risa bruja), tanto rock and roll… Ahora es como que quiero volver, ver a las bandas, creo que hay una renovación en el ambiente. Me pasó un poco eso: me tocó participar de toda la movida indie que se armó en torno a El mató a un policía motorizado, y los Faunos, y Laptra, y en un momento iba a ver bandas y todas me sonaban igual. Pero ahora me parece que están pasando otras cosas, lo siento a mi alrededor. Hay un cambio en el sonido sobre todo”, explicó, además de recomendar a Los Curandeiros.

Hay un diseño conocido sobre la cara de Shaman en el que aparece su cara con varios ojos, muchos. Siempre con su galera, la figura cíclope metamorfoseada de alguna manera lo muestra al gigante tal como es. “La niebla” sigue sonando y ahora justo cae en la frase “cientos son los ojos que miré, los tuyos los pude ver y fueron dagas de cristal”. Luego dice que le cuesta ver con tanta luz y entonces canta en el Meridiano V, y entonces mueve su guitarra entre la oscuridad y cuando larga el hömeii, -canto gutural y místico que utilizan los pastores en las planicies rusas de Tuva- envenena de placer a cualquier demonio de las tinieblas.

*Shaman y los hombres en llamas presenta hoy su nuevo disco en el Centro Cultural Recoleta, sala El Aleph, a las 19.


Sitio: www.shamanenllamas.com.ar

martes, 23 de agosto de 2011

Independencia y autogestión en el sur.-

Agencia NaN formó parte de la primera FLIA que se llevó a cabo en el sur del Conurbano bonaerense. Más de treinta propuestas literarias, musicales, plásticas y de diseño participaron de la iniciativa itinerante.

"Nos hemos acostumbrado
a leer textos y escritos de gente lejana.
Nos hemos olvidado
de escuchar cuentos orales
de gente a la que apreciamos
o de los desconocidos de la ruta"
(Fragmento de un manifiesto que tapizó algunos sectores de las paredes de La Toma el sábado 20 de agosto)


Por Ailín Bullentini
Fotografía de Federico Moscoso

Buenos Aires, agosto 23 (Agencia NAN - 2011).- Bajo el toldo de los varios comercios que se disputan a los peatones emergentes del lado Oeste de la estación de Lomas de Zamora; escondida entre verdulerías, carnicerías y locales de accesorios para celulares típicos de la fauna de los alrededores ferroviarios del sur del Conurbano, una angosta escalera se abre a media cuadra de la estación de Lomas de Zamora. Esa hendija condujo, el sábado pasado, hacia un mundo nuevo: el universo de autogestión, de quehacer colectivo, de horas y vidas de arte literario, dramático, musical y de diseño encerrado en una sola iniciativa, la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) que por primera vez se realizó en el sur bonaerense.

Más de una treintena puestos, por llamarlos de alguna manera, comenzaron a tomar forma en el Centro Cultural y Comunitario La Toma, ubicado en el segundo piso de un gran edificio lindero a la estación de Lomas de Zamora de la ex línea de trenes Roca. Allí, desde el mediodía, varios planchones de madera y algunas tantas puertas de viejos armarios fueron convirtiéndose en el sostén de diferentes expresiones de arte que, durante esa jornada, sirvieron de amalgama de cientos de historias lejanas, distantes, diferentes.

¿Quién eligió el lugar? ¿Quién trajo la FLIA al sur del conurbano? ¿Quién la organizó? Son preguntas que sólo surgen en las cabezas de las personas que nunca fueron a una. Estas ferias, infinitas comuniones de arte y construcción social comunitaria, no tienen cabeza ni pies, derecho o revés. Nacen de las organizaciones sociales y culturales locales, a las que se suman las de otros puntos, más cercanos o lejanos. Su carta de presentación y testimonio de existencia es la horizontalidad, lisa y llana. Quien lo desee podrá sumar su arte en la oferta, su cuerpo en la organización y/o sus manos en el trabajo de orden posterior.

Algunos portadores y a la vez protagonistas de esas historias son viejos militantes de las FLIAS, una iniciativa que nació hace una década como contraferia de la ampulosa, sofisticada y paga Feria del Libro que se celebra año a año en la Rural, y que con el correr del tiempo se extendió a diferentes barrios de la ciudad de Buenos Aires, del territorio bonaerense y del resto del país. Los destinos cercanamente futuros ya se marcan por fuera de los límites de Argentina.

Sebastián Bruzzesse, escritor y creador de Editorial Folia, es uno de aquellos. Intenta no fallar a ninguna edición de la iniciativa "siempre que no implique gastos grandes de traslado. Me hubiera encantado estar en Córdoba, pero no llego con el pasaje", explicó a Agencia NaN, mientras acomodaba los ejemplares editados por Folia, algunos obras suyas, otros de escritores, investigadores, ensayistas y poetas noveles como él.

Mientras, por debajo de la tabla que hace de biblioteca horizontal y entre los caballetes que la sostienen, varios miniferiantes se arrastran por el piso y juegan a que aquello es un universo de fantasía repleto de obstáculos. Son los integrantes más pequeños de esa gran familia de escritores, poetas y editores; dibujantes y músicos, actores; diseñadores de ropa y cocineros vegetarianos. Más tarde improvisarán el cuerpo de baile especial de la FLIA Sur y frente al escenario dibujarán con sus cuerpitos los más diversos ritmos que desfilarán sobre el escenario de La Toma.

Dúo Gatos del Agua, Occhipinti, El Hagabal, Hongos de Jacinto, Matu Kocens fueron algunos de los colectivos que, durante las siete horas que duró la feria, musicalizaron la jornada con folklore, rock y reggae. El momento álgido de aquellos bailarines insipientes será cuando el sonar de tambores, raspadores, cajones peruanos y maracas se sumen en el centro del espacio cultural y construyan --colectiva y horizontalmente, claro... ¡¡se sumaron todos!-- un set de 20 minutos de ritmos latinoamericanos sin pausa.

Para Bruzzesse, las FLIAS son "un espacio de encuentro con colegas" y la expresión de "una forma de militancia que funciona en términos particulares": "No nos reunimos para exigir en pos de una carencia que sufrimos todos. Nos aunamos con el objetivo de generar espacios nuevos, nuevas posibilidades de comunicación con otros que hacen lo mismo que uno o que hacen cosas diferentes, con colegas y con el resto de la sociedad", define pausado, tranquilo.

Las bandas y colectivos musicales compartieron el poder amplificador del micrófono de la FLIA con copleros y narradores que salpicaron la tarde con su arte. En la biblioteca de La Toma se sucedió una variete de charlas y proyecciones temáticas que ofrecieron desde la presentación del libro El Crimen Educativo de Andrés Sarlengo, pasando por un debate sobre los ejes centrales de la Permacultura y cómo es "comer con conciencia", hasta los audiovisuales del colectivo No definitivo y La Clara Luz y un documental sobre anarquismo. Más cerca del final de la jornada llegaron los títeres y las cámaras de la señal de televisión comunitaria Antena Negra TV.

Las góndolas construidas con el devenir de la tarde --los puesteros fueron más y más a toda hora-- recibieron el ir y venir de cientos de personas, algunos habitués de las FLIAS, otros curiosos al pasar. Las miradas recorrieron creaciones incipientes y pujantes por abrirse un espacio en la cultura local. No se dan cuenta --o tal vez sí-- de que sólo necesitan nacer para obtener ese espacio. El resto, es apostar a la circulación colectiva.

Hace dos años que Braulio, impulsor, redactor, editor, creativo y vendedor --junto a otro par de locos amigos-- del fanzine humorístico de Hermanos Bladimir, apuesta a las FLIAS. Las elige porque las considera "un lugar divertido", además de ser un experimento que "fomenta la creación independiente en una sociedad que te empuja a lo masivo". Nahuel García puede tomarse como prueba satisfactoria de ese experimento: es un joven poeta que decidió "dar el primer paso de prueba solo" en la rueda que propone la industria cultural de la que quiere, decididamente, formar parte.

Nacido, a la vida y al arte literario, en Lomas de Zamora, eligió la 1º FLIA del Sur para tal aventura: "Necesitaba ver la reacción de la gente acerca de lo que yo como escritor tengo para ofrecer". Sin darse cuenta, la prueba fue doble, porque al armar su pequeño puesto el sábado pasado, él también puso su capacidad de compartir espacios. Cero competencia, pura ganancia. Extraño gozo. "Lo que importa en estos lugares en la comunión de todos nosotros. Al sur le faltaba algo así. Aquí, todos los que estamos en un camino similar nos vemos obligados a vernos las caras, y la posibilidad de comenzar a caminar juntos se vuelve gigante. Si mirás alrededor, te das cuenta de que somos muchísimos", concluyó. Una FLIA más acabó, como tantas otras que lo hicieron en una década de itinerancia sin pausa. Una más que deja mucho detrás: porque somos muchísimos y ahora nos conocemos un poco más.

lunes, 22 de agosto de 2011

Discos: “En este mundo ideal” (Amor Fizz, 2009).-

El cuarteto neuquino presenta su disco primogénito: un espacio punk donde no sobran las palabras ni los sonidos para dibujar la perspectiva de un mundo no del todo feliz, pero que igual deja entrever una buena dosis de luz en el horizonte.


Por Guillermina Watkins

Neuquén, agosto 22 (Agencia NAN -2011).- Escuchar Amor Fizz es como volver unos cuantos años atrás y remontarse a la época de la adolescencia. Es escuchar un disco que puede describirse en una sola palabra: punk. Es introducirse en un mundo en el que no sobran las palabras ni los sonidos, y volcarse, sobre todo, en 16 temas que no alcanzan los tres minutos, pero describen desde bien adentro el pensamiento de cuatro venteañeros neuquinos.

Los Amor Fizz –nombre que hace referencia al amor por la música y las burbujas y la efervescencia que desarrollan en cada show- viajaron a Buenos Aires a grabar su primer LP, en el “Vintage Studio”, de Pablo “Priya” Blogna (guitarrista y productor de la banda bonaerense de pop-punk Tipsy), aunque finalmente lo masterizaron en “Steps a Head”. Desde entonces, los creadores de este disco no paran de presentarlo por todo el valle.

En este mundo ideal –editado por la Unión de Músicos Independientes- en realidad no habla de lugares donde abunde la buena onda y los chicos y chicas felices corriendo por las praderas verdes; tampoco de la construcción de un lugar nuevo. En realidad, lo que se describe con tan solo dos acordes, es una perspectiva de mundo para nada feliz, donde abunda el desamor, los desencuentros, la hipocresía y el desgano. Una descripción de una realidad que no los contiene e historias que fueron escribiendo y recopilando en demos de sus primeros años musicales que sólo se pueden escuchar en su página oficial (http://www.amor-fizz.com.ar).

Guitarras al frente, cortecitos clásicos del punk de corte californiano, con claras influencias de Boom Boom Kid; voces agudas, jamás líricas y letras adolescentes, son la propuesta que Amor Fizz presenta en cada show. La música, sobre todo, sorprende más que sus letras.

De este modo, el mundo que no cambia y pareciera no querer cambiar, las mujeres que, tristemente, al guiarse por la imagen que imponen los medios y los estereotipos terminan en la bulimia o “entregando” sus cuerpos para lograr la fama, los miedos a la noche y a la soledad y la necesidad de una buena compañía, pero sobre todo muchos mensajes anti violencia, con algún que otro dejo de esperanza, y –sobre todo- la necesidad de estos cuatro chicos punk rockers de intentar desdibujar un mundo lleno de prejuicios para empezar a escribir su propia historia musical.

Sitio web: http://www.amor-fizz.com.ar/
My Space: http://www.myspace.com/amorfizz

viernes, 19 de agosto de 2011

La importancia de democratizar la cultura.-

A la espera de una ley que los ayude a mantener en pie la bandera de lo popular y barrial en el campo cultural y artístico, y a horas de arrancar un nuevo encuentro nacional Pueblo Hace Cultura –tal como se llama el amplio colectivo de colectivos que los auna--, referentes de tres agrupaciones que trabajan desde la periferia de la gran maquinaria cultural cuentan sus experiencias de trabajo dentro de la autogestividad de los proyectos que viven a través de la voluntad de los vecinos.

Por Laura Cabrera
Fotografía gentileza Pueblo Hace Cultura

Buenos Aires, agosto 19 (Agencia NAN, 2011).- Ariel Tcach es integrante de Faro TV, un canal comunitario que desde la Ciudad de Buenos Aires ofrece a la población un espacio para crear y compartir proyectos, además de difundir actividades culturales a partir de la diversidad de ideas y opiniones. Gustavo Rohdemburg es guitarrista de la banda Sugestión Masiva y socio de la Unión de Músicos Independientes de Argentina (UMI), una organización sin fines de lucro que otorga herramientas de producción musical a quienes se encuentran dentro del circuito de la autogestión. Adhemar Bianchi forma parte de la compañía Catalinas Sur, un grupo de teatro comunitario de La Boca, hecho por y para los vecinos desde hace veintiocho años. Las historias parecen aisladas, pero llevan consigo un patrón común: vivir el arte y la cultura a partir de proyectos comunitarios, autogestivos e independientes. Esta triada de principios es la que se reúne en cada actividad y la que predomina en las más de doscientas agrupaciones culturales y sociales que forman parte del colectivo Pueblo Hace Cultura, una organización que desde hace tres años realiza congresos a nivel nacional para debatir el Proyecto de Ley para la Cultura Comunitaria y Autogestiva.

Con años transitados por ese sendero y con otros tantos esperando que la idea de lo popular vuelva a ser valorizado a través de un reconocimiento material y artístico por parte de otras disciplinas, Ariel, Gustavo y Adhemar dialogaron con Agencia NAN a poco de realizarse el Encuentro Nacional Pueblo Hace Cultura (que se llevará a cabo mañana a partir de las 10, en el Hotel Bauen –Callao 360, CABA-). Los artistas relataron sus experiencias sobre cómo vivir el arte desde la periferia de la industria cultural, la tarea de lograr que la población se sume y los avances que se dieron en el último tiempo.

Antes de comenzar, bien viene una refrescada. La necesidad de agruparse y iniciativa del proyecto de ley nació tras visualizar una problemática constante que obstaculiza la actividad de las agrupaciones comunitarias: la falta de presupuesto y subsidios para llevar adelante actividades culturales y comunitarias, “hechas desde y para el pueblo”. Por este motivo, la ley que impulsan propone que, del Presupuesto Nacional, al menos el 0,1 por ciento se destine a garantizar el funcionamiento de este tipo de trabajos colectivos, que revalorizan los espacios barriales e invita a los vecinos a sumarse a la elaboración y concreción de proyectos. Aunque parece insignificante, la cifra equivale a 70 mil pesos que sostendrían los gastos básicos anuales de un proyecto cultural comunitario cada 15 mil habitantes, sin lugar a dudas, un importante avance sobre la democratización de la cultura.

--Las experiencias de trabajo que llevan adelante tienen que ver con la presentación de un proyecto y la posibilidad de que la población se sume a este. ¿Cómo es el trabajo con los vecinos de cada barrio?
Adhemar Bianchi:-- Nosotros, como todo grupo de teatro comunitario, somos territoriales. Esto significa que llegamos a las organizaciones de base que nos rodean, como comedores y otras entidades de La Boca. Trabajamos sobre la unidad del territorio para que los barrios dejen de ser lugares a los que el vecino vuelve para dormir, la idea es que vuelvan a ser lugares de vida con organizaciones que generen un proyecto común a todos. Por otra parte, el trabajo con vecinos se realiza a través de talleres que damos, por ejemplo, en la Villa 20.

Gustavo Rohdemburg:-- En mi caso, soy guitarrista y formo parte de una banda independiente y autogestiva. Trabajamos desde lo musical, a partir de la idea de crecer como banda, pero por otro lado también nos juntamos con amigos para armar proyectos solidarios que involucren a la población completa. La idea es llevar la música a otros ámbitos del arte, proyectos audiovisuales, teatro o circo; de manera que nuestra labor se complemente para salir a la calle y llevar la cultura a todos lados, a los lugares a los que esto no llega, ahí donde lo comercial es lo único que golpea las puertas. Esa es nuestra idea de trabajo con la comunidad.

Ariel Tcach:-- Faro TV siempre estuvo vinculado a los vecinos desde su inicio, en 2008. En ese entonces, el proyecto nació de la conjunción de personas que venían de diferentes experiencias de la comunicación comunitaria y popular en los barrios. Comenzamos a trabajar a partir de la necesidad de crear un canal de televisión comunitario, convocamos a vecinos y se acercaron alrededor de 150. Con el objetivo de finalizar ese año con un canal en funcionamiento, vecinos y profesionales de la comunicación pusimos manos a la obra para preparar lo que sería la programación que a ellos les interesaba también como espectadores.

--Sin una ley que subsidie las actividades, ¿cómo hicieron y hacen para sostener económicamente los proyectos?
G.R:-- Sugestión Masiva se autogestiona a partir del aporte de los integrantes de la banda. Nosotros pagamos sonido, salas de ensayo e instrumentos. Esto es una decisión que tiene que ver con tener libertad para hacer lo que nos gusta y no lo que tenemos que hacer porque alguien banca el proyecto, así logramos mayor libertad para denunciar a través de la música lo que nos resultaba injusto y hablar de lo que nos interesa. Además, UMI nos facilita la grabación de discos mediante convenios realizados con sellos discográficos y la posibilidad de aprender a trabajar en grupo a partir de experiencias colectivas.

A.T:-- Nosotros nos sostenemos con los aportes que realizan los mismos participantes del proyecto. El problema de la asimetría existente en cuanto a las posibilidades de todos los medios de comunicación e información nos dificulta la percepción de ingresos. Todavía no tenemos licencia, entonces ¿qué posibilidad tenemos de pedir algún tipo de subsidio? Es realmente difícil.

A.B:-- La realidad es que Catalinas Sur nunca tuvo demasiado apoyo del gobierno porteño, pero ahora conseguimos subsidios por parte del Ministerio de Desarrollo Social. También obtenemos dinero con la sala, a partir de la venta de entradas solo para aquellos que puedan pagarla, acá si no podés pagar entrás igual. También hay espectáculos que salen a la calle, pero por sobre todas las cosas es el apoyo de la gente el que nos ayuda a seguir trabajando.

--Y dentro de esta tarea, ¿cuáles fueron los mayores logros alcanzados?
G.R:-- A nosotros como banda nos costaba mucho el tema de la organización. Moverse en grupo para resolver algunas cuestiones era realmente difícil. Cuando nos acercamos a la UMI nos sumamos a un grupo de trabajo que se llamó UMI Red, ahí comenzamos a vivir experiencias colectivas y aprendimos a trabajar en conjunto, organizamos fechas para salir a tocar y aprendimos a solucionar problemas que antes nos parecían muy complicados.

A.B:-- Lo más importante fue haber empezado a trabajar para recuperar los espacios públicos y reencontrarnos con esa sociedad que quedó perdida durante la última dictadura. En ese marco fuimos cumpliendo varias etapas. Trabajamos en la calle, en las plazas, a partir del ’97 en la sede...Lo mejor de todo es que desde que arrancamos hace 28 años siempre tuvimos la mano de los vecinos. Ellos ayudaron a levantar la sala y hoy representan a una nueva generación que de a poco va tomando diversos espacios para la construcción de actividades comunitarias y autogestivas.

A.T:-- Los logros de Faro tienen que ver con la producción realizada por los propios vecinos. Desde que empezamos en 2008 hasta ahora, elaboramos más de 18 programas, documentales, ficciones, cortometrajes de terror, programas de cocina, historias de ciudades, de los pueblos originarios. La programación fue diversa debido a la fuerte participación de todos los sectores sociales, eso nos parece lo más importante para resaltar.

--Teniendo en cuenta la necesidad de la ley que reclaman, ¿qué cambio generaría para la cultura comunitaria el hecho de contar con un sustento económico por parte del Estado?
A.T:-- Para nosotros sería fundamental porque al no contar en este momento con una licencia, no tenemos espacio para presentar proyectos. No somos legales y la existencia de una ley para la cultura comunitaria sería muy importante para continuar con nuestra tarea. Además, si bien nosotros no nos basamos en otras experiencias, es cierto que en Puerto Alegre la ley de Puntos de Cultura funciona muy bien a través del financiamiento a proyectos comunitarios que rotan cada año.

G.R:-- En mi opinión, hay herramientas que está bueno que las otorgue el Estado para poder difundir la cultura de los barrios. No se trata solo de plata, la sustentabilidad a lo largo del tiempo requiere de conocimiento, transporte y apoyo material. La idea es que a partir de una Ley para la Cultura Comunitaria, el Estado acompañe a las organizaciones en el camino de la construcción. Hay que entender que hablamos de políticas de Estado y no de gobierno.

A.B:-- Es muy importante porque facilitaría la obtención de recursos para continuar con el trabajo. Parte de esto lo está aportando el Ministerio de Desarrollo Social nacional, desde donde se reconoce la tarea comunitaria y desde donde actualmente se financian actividades barriales.

--A pesar de la falta de una reglamentación específica para la cultura comunitaria, avances como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o el proyecto de Ley de la Música ¿generaron un cambio?
G.R:-- A nosotros la ley de medios nos beneficia. Logramos que en el artículo 65 se exprese la voluntad de pasar tanto en radio como en televisión un 30 por ciento de música nacional, y de ese número un 15 debe corresponder a autores independientes. Con respecto a la iniciativa de música, conseguimos la plata para concretar el proyecto del Instituto de la Música, pero todavía faltan cuestiones por resolver más allá de la cuestión de los recursos económicos.

A.T:-- La realidad que vivimos las emisoras comunitarias no es tan favorable, ya que muchas no tenemos licencia. Para conseguirla debemos pagar 140 mil pesos y otros 25 mil mensuales para acceder a la transmisión digital (que son para la empresa que brinda al servicio). Sentimos que el corazón de esta ley, ese que habla de la pluralidad, está restringido porque muchos de nosotros no podemos pagar una licencia. Tenemos el espacio pero nos hace falta el recurso económico.

A.B:-- Creemos que los cambios no se dan de un día para otro, pero sí vemos que ya no se considera cultura a las Bellas Artes. De a poco las autoridades están tomando en cuenta a la cultura comunitaria, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación comenzó a notar que la cultura es un derecho de la gente y no solo una cuestión de existencialismo. Por otra parte el Instituto Nacional de Teatro ahora tiene en cuenta a la Red Nacional de Teatro, logramos conseguir subsidios y reconocimiento artístico. En lo que sí queda mucho por hacer es en la cuestión del público, pero no desde lo comercial sino desde el derecho de tener lugares públicos de teatro para ver y hacer entre todos. A pesar de los avances, este tipo de entretenimiento sigue siendo para un sector, nosotros queremos que sea para todos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

La feria de los libros se muda al sur.-

Por primera vez se realizará en la zona sur del Conurbano ese inmenso espacio para la cultura alternativa que es la Feria del Libro Independiente y Autónoma. Charlas, proyecciones, teatro, música y letras se condensarán este sábado en el Centro Cultural La Toma, con entrada libre y gratuita.


Por Carla Perelló
Imagen gentileza de FLIA /Búho Artes Gráficas


Buenos Aires, agosto 17 (Agencia NAN 2011).- Conformar un espacio en el que la cultura que no responde al modelo hegemónico sea el centro de atención. Reunirse para intercambiar conocimientos, lugares en común. Generar nuevos espacios alternativos que difundan libros de autores independientes, revistas que no cumplen con la agenda mediática y documentales. Debatir sobre lo que sucede en la actualidad. En fin, nuevos objetivos que surgen bajo la premisa de que "la cultura no es mercancía". De eso se trata la Feria del Libro Independiente, Autogestiva, Autónoma, Alternativa, Anárkica, Apasionada y Agitadora (SurFLIA) que se realizará por primera vez al sur del Conurbano bonaerense el sábado 20, en el Centro Cultural La Toma, en Lomas de Zamora.

La iniciativa, que comenzó en 2000 como contraferia de la Feria Internacional del Libro, y que esta vez tendrá como punto de encuentro el sur, se llevará a cabo de 14 a 21, en República Autónoma de Siria 75, 2º piso, con entrada libre y gratuita. La novedad, que no da lugar a perderse la oportunidad de conocerla, es que no se suspende por lluvia.

Hace una década, unos cuantos puestos se instalaron en el predio municipal de la Ciudad de Buenos Aires con el propósito de darle voz a editoriales y poetas independientes que no estaban en el circuito comercial. En 2006, fue cuando finalmente la idea se consolidó y con una forma de organización horizontal -cada uno que participa es también un poco organizador- se engendró este espacio que recorre todo el país y que logró germinar en Chile y Bolivia.

En esta ocasión, la propuesta para atraer espectadores y visitantes del sur y otros pagos es amplia. Unos cincuenta puestos con libros de poesía de autores independientes y revistas que van a contramano de las noticias que vemos cada día, son algunas de ellas, para cumplir con el propósito de promover el trabajo autogestivo y, por qué no, sembrar la semilla para que sean más los que se animen y sumen a transformar la visión sobre la cultura.

Asimismo, es la primera vez que la feria se lleva a cabo en un espacio tomado. Aunque un poco la razón tuvo que ver con las inclemencias del tiempo, también existe la posibilidad de pensar que por algo las cosas suceden. Desde 2002, cuando el edificio fue recuperado, las asambleas que quedaron a cargo lo transformaron en un lugar de construcción social, cultural y comunitaria.

¿Con qué podrás encontrarte en la FLIA? En esta nueva edición, por ejemplo, integrantes de GratiFerias -un proyecto que le da batalla al capitalismo- ofrecerán una charla en la que enseñarán a vivir sin dinero, una alternativa para quienes prefieren darle la espalda a la moda y los carteles publicitarios que incitan a comprar constantemente. El escritor Andrés Sarlengo, hará la presentación de su libro El Crimen educativo, en el que incita a discutir y problematizar sobre las políticas educativas en la actualidad argentina. Asimismo, integrantes del Foro Hídrico local, promoverán la concientización sobre el estado ecológico actual lomense.

También, habrá charlas sobre cómics, de la mano del periodista Andrés Valenzuela, y la participación de la editorial Eloísa Cartonera, encargada de difundir la literatura latinoamericana en libros encuadernados con tapas de cartón elaboradas por las manos de los integrantes de la organización. Cine documental sobre anarquía, títeres, música con raíces latinas en vivo y hasta la transmisión de lo que suceda minuto a minuto por Antena Negra.

Para quienes ya la conocen, sabrán de qué se trata, pero eso no es sinónimo de repetición. El secreto de la FLIA es su constante innovación. "Cada una de las ferias por sí sola es innovadora y distinta, porque siempre hay distintos puestos, distintas charlas, proyecciones y, cuanto más grande es el lugar, más tribus se forman. Tal vez alrededor de una guitarra se forman escenarios nuevos", comentó a Agencia NAN Paulo Giacobbe, integrante de la revista Refugio de Monos y el programa radial Refugio de Bípedos, de Industrias Gandolfo.

La revista como la radio, son propuestas que rompen con la lógica en todo sentido. "Dejá de leer, escribí y dibujá", es el lema para el proyecto gráfico e invitan, de esa manera, ir al hecho concreto de escribir o dibujar porque de así es como "sale la literatura que hoy tenemos", sostuvo Giacobbe. Desde el espacio radial portátil (que puede oírse a través de la página web: http://www.refugiodebipedos.com.ar/) ofrecen una serie de noticias (reales, ficticias y satirizadas) que aportan una visión ácida sobre la realidad con efectos especiales que logran sobresaltar al oyente.

Según la visión de Giacobbe, la feria, "tiene una importancia distinta" para cada uno que participa. Puede ser por interés personal, "para conocer gente que hace lo mismo que uno, que le gusta hacer arte y que es difícil de encontrar" en lugares comunes que pueden ser propuestos por empresas, sostuvo. Pero también es cierto que la propuesta va más allá. Porque la variedad de aristas que abarca es enorme: puestas en escena de obras de teatro, una charla sobre Permacultura (un sistema que integra armónicamente la vivienda y el paisaje, que permite ahorrar materiales y producir menos desechos), son algunas de propuestas de esta nueva grilla de la FLIA.

Para envíar propuestas: surfliando@hotmail.com.ar
Facebook: http://www.facebook.com/#!/pages/FLIA-Sur/154285401314113

martes, 16 de agosto de 2011

Los días de la Comuna en el Teatro IFT.-

La legendaria comedia musical, dramática y "combativa” de Bertolt Brecht toma cuerpo a partir de la puesta en escena del grupo de actores “A 16 pies” que le incorporan a esta pieza de casi dos horas un formato de ensayo abierto, además de música, baile y canto.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza de Los días de la…

Buenos Aires, agosto 16 (Agencia NAN-2011).- Los primeros minutos de Los días de la Comuna* darían la impresión de que el espectador está a punto de presenciar una obra fresca, distendida y con un repertorio que incorpora amores y desencuentros. El cuadro “La libertad guiando al pueblo” (Delacroix, 1830) que se proyecta a través de los personajes, las luces rojas y las boinas que descansan en el suelo, contrarrestarán inmediatamente ese preconcepto mientras el grupo conformado por ocho actores dilucidan históricamente dónde transcurre toda la situación: Comuna de París, 1871. El baile inaugural es sólo un gesto.

La estructura horizontal de lo que podría catalogarse como una comedia musical de Los días de la Comuna, de Bertolt Brecht, se opone a tomar una escueta radiografía de la época y traducirla a didascalias y a escenas. Sino que, al igual que un texto se debe parir en escena y metamorfosear según quien le preste su voz, el dramaturgo creará personajes que funcionarán como la representación del objeto deseado. El grupo de actores “A 16 pies”, dirigidos por Roberto Aguirre, ha adoptado como propia la necesidad de agregar un escalón más entre el levantamiento espontáneo del pueblo de París y su propia representación. Un nuevo espacio, que sólo puede ser producto de la reflexión, al que le incorporan música, baile, canto y el formato de ensayo abierto.

Al ingresar a la sala, los actores reciben al público y una vez cerrada la cortina, comienza el verdadero deleite. Acompañados por un excelente manejo de las luces por parte de Martín Hoffman, el grupo se reúne en el centro del escenario y los espectadores observan lo que tranquilamente podría ser el comienzo de una clase de teatro. Tras presentarse y suspirar ante el nombre de Brecht, amablemente para quienes no conocemos el desarrollo de los sucesos parisinos, explican el qué, cómo y cuándo. En pocas palabras, a los quince minutos de haber comenzado la obra, los ocho actores y el genial músico ya se han ganado el amor del público.

Los días de la Comuna fue escrita en el año 1948 en Alemania y cuenta en cinco actos el resurgimiento de la comuna parisina, la toma del poder y la masacre final bajo el regocijo de la burguesía de Versailles. Roberto Aguirre, el director de la obra, incorpora al bajista/guitarrista Nicolas Fagioli que pone ritmo y música ese retazo de historia europea. Los cuerpos y voces están a cargo de los actores mendocinos Amanda Bond, Santiago Borremans, Leandro Cóccaro, Agustín Daguerre, Gisela Di Lauro, Diego Nogara, María del Valle Pereira y Laura Wich. Llamativamente, no sólo logran transmitir el espíritu democrático y justiciero a la historia verídica, sino que también lo logran con la estructura teatral: allí no caben protagonistas.

“La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora", sostuvo Karl Marx; y en menos de dos horas, el grupo logra tomar las riendas de uno de los episodios más significativos de la historia con semejantes dosis de humor y drama.

Brecht lo dijo, la sustancia gestual o el gestus no le pertenece a un hombre individualmente, por el contrario, le pertenece a una clase, a un medio, a un grupo y se encuentra en la intersección entre el objeto real a ser imitado y el sujeto que percibe esa realidad. Aguirre trasluce el gestus brechtiano entre la piel de los actores y los sentidos de los espectadores, de ese intercambio nace la dialéctica teatral y une a todos los presentes en uno: el pueblo.

El 22 de agosto de 1974, un atentado de la Triple A voló el frente del Teatro Payró mientras se representaba Los días de la comuna. Si todo lo que sucede en una representación teatral, dentro de una obra, dilucida sobre qué premisa camina la pieza, en Los días de la comuna dicha escena nos revelará el final trágico y la convicción, pese al desmoronamiento moral y físico, que una vida en comuna, en democracia, en armonía y en respeto podría ser posible. “No puede haber reconciliación entre la libertad y el despotismo”, sentencia la actriz disfrazada de personaje y asienten también, los ciudadanos disfrazados de espectadores.

*Los días de la Comuna se presenta los días sábados y domingos a las 20hs en Teatro IFT, Boulogne sur mer 549, Capital Federal.

lunes, 15 de agosto de 2011

Libros: "Literal" (García, Gusmán y Lamborghini, 2011).-

Edición facsimilar de la legendaria revista de vanguardia de los agitados años setenta que cruzó el ensayo con la ficción. El libro reúne en un volumen de 520 páginas los tres números de la publicación.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, agosto 15 (Agencia NAN-2011).- “Cara oculta de la luna literaria, verdadero Lado B de los 70”, ilumina el prólogo de la edición facsimilar completa de la revista Literal, publicación de vanguardia que acaba de publicar la Biblioteca Nacional. El libro reúne en un volumen de 520 páginas los tres números del impreso: Literal/1 (1973), Literal 2/3(1975) y Literal 4/5(1977). En sus páginas --que cruzan ensayo con ficción-- se leen las preocupaciones de la época, se enfrenta al concepto del “escritor comprometido”, en boga en aquellos años post Revolución Cubana; se exhibe un rechazo al populismo y al realismo como estéticas hegemónicas y se sentencia: “La literatura es posible porque la realidad es imposible.” De esta manera, Literal buscó analizar el presente separando a la literatura de la función políticamente correcta de referir a esos años. Osvaldo Lamborghini, escritor maldito resucitado en los últimos años, fue uno de sus hacedores.

El primer número irrumpió en noviembre de 1973, tras una pegatina de afiches callejeros encabezados por el título “Literal N°1: Una intriga”. El panfleto era una serie de principios, entre lo que se destaca “no hay propiedad privada del lenguaje, es literatura aquello que un pueblo quiere gozar y producir como literatura, como lo comprende cualquiera que sepa escuchar un chiste”.

Intriga es además una palabra que se repetía a lo largo sus textos y explica su síntesis de ficción y ensayo. “Escritura literal se piensa a partir de la diferencia, pero no confunde diferencia con frontera. Montada como intriga literal, el juego donde el texto teórico podrá ser portador de ficción, y la reflexión semiótica tejerá la trama del poema”.

Literal fue una publicación estructuralista de crítica literaria, cultural y psicoanálisis, fundada por un colectivo de escritores emergentes. Sus principales fundadores e impulsores fueron Germán García, Luis Gusmán y Lamborghini, quienes no firmaban los ensayos para relativizar la noción de autor. Entre sus colaboradores se destacaron Héctor Libertella, Oscar Steimberg, María Moreno y Josefina Ludmer. Pero sus referentes fueron el psicoanalista Jacques Lacan y escritor Macedonio Fernández. Justamente, el autor de Elena Bellamuerte fue reivindicado por los literales como escritor vanguardista y uno de los principales fundadores de las letras vernáculas. Ahora bien, en sus páginas, nunca se menciona a sus antagonistas.

La flamante edición facsimilar rescata el diseño original, la composición y el numerado de las Literal originales (libro estándar). Incluso, sus paratextos y publicidades. Así recupera también a aquella revista como “cosa”, objeto material.

viernes, 12 de agosto de 2011

La Moto, una gran familia unida por lazos de rock.-

La banda neuquina que cumple veinte años quintuplica su apuesta: a 4 años de la muerte del alma mater del proyecto, la formación se prepara para lanzar su quinto disco y atesora canciones de sobra “para sacar dos más”. Algunos de sus integrantes repasaron junto a Agencia NAN el camino recorrido.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de Omar Novoa

Neuquén, agosto 12 (Agencia NAN - 2011).- Son varias las historias que se esconden dentro de la de La Moto. Por un lado, el sueño de un porteño “vagamundos” que llegó al sur con su guitarra al hombro y se instaló en Neuquén, enamorado de las bellezas naturales y la tranquilidad que esas tierras representaban veinte años atrás; también la historia de muchos rockeros de la vieja escuela, ligados al sonido de los años 70 y que soñaron con vivir del rock. Podría ser también la historia de una familia que encontró en la música su razón de ser y que, despojada de cualquier vicio material, vivió de lo que más les gustaba. Por eso, el cuento de La Moto, sus cinco discos (uno a punto de salir), sus giras, la relación con amigos “famosos” como Iorio, Walter Meza de Horcas y Pappo Napolitano, los reencuentros y las despedidas, es el de la banda más importante del rock regional, leyenda under en los circuitos del rock “a secas” de la Argentina.

Eso quedó demostrado el fin de semana pasado cuando, a días de conmemorarse su vigésimo aniversario, la banda hoy encabezada por el “Mono”, Jonas y “Fito” Salvi, Gabi Quiroz, Willi Mariani y Adrián “El Perrito Blues” Pérez, armó una movida de cuatro días durante los que relataron su propia historia con fotos y recortes de diario, organizaron una colecta de juguetes para los chicos internados en los hospitales de la ciudad y se dieron el gusto de hacer dos shows, uno eléctrico y otro acústico, que convocó a centenares de personas a pesar del frío de agosto.

La historia que hoy cuenta La Moto ya no tiene a Esteban “Rulo” Salvi como líder y voz, ya que su existencia física terminó el 7 de diciembre de 2007, pero sus restos descansan en el eco de un río Limay que lo vio crecer espiritualmente.

Una radiografía por el rock callejero de La Moto
Un buen día y ya con muchos kilómetros recorridos desde la provincia de Buenos Aires, los Salvi pisaron Neuquén. Habían sido canillitas en el tren que conecta Ezeiza con Temperley, lustra zapatos en Constitución, vendedores ambulantes en la línea Roca, entre otros varios oficios. “Nosotros somos hijos de entrerrianos que se instalaron en Buenos Aires, en un conventillo cerca del Obelisco y después nos fuimos a Glew. Mamamos la calle desde muy chicos, siempre fuimos vagamundos, hicimos de todo para sobrevivir. Hoy, es un logro ver que nuestra familia sigue haciendo lo mismo y saber que, a pesar de haber vivido siempre en la calle y no haber tenido ninguna propiedad, pudimos criar a los pibes con la rebeldía, con la locura y la poesía del rock sin que nunca hayan empuñado un arma y sí una guitarra”, comenta el Mono, portavoz de la bohemia rockera de la familia.

El “Rulo”, su hermano mayor, fue el alma Mater de La Moto y el “Mono”, el manager. Dicen que éste se subía a una motito cuando salían de gira en “la camioneta” y, con su voz grave, producto del cigarrillo que “por suerte dejó hace un año”, conseguía las fechas. De aquellos años, todavía forman parte Willi Mariani, en segunda viola, que llegó de Punta Alta a principios de los noventa, convocado por el rumor que se estaba armando una banda de rock. “Me había armado un estudio allá, pero me cautivó la poesía, las letras, el estilo del “Rulo”. Vine a comer un asado, a tomar unos vinos y cantar unas canciones y me quedé”, comenta Mariani. También sigue en la gira permanente Gabi Quiroz, baterista entrerriano al que conocieron en un viaje y, convocado poco tiempo después por el “Rulo”, que llegó para quedarse.

Les costó –y aún les cuesta- solventar los gastos que demanda el mercado discográfico de la región, pero los Salvi y cia. siempre buscaron la forma alternativa para poder hacer música y vivir: la venta ambulante, sin horarios ni jefes, y las horas destinadas a componer, ensayar, grabar y pasar momentos en familia.

“Desde chico mi viejo tenía un destino para mí. Yo era arquero, pero como se le iban los violeros un día me dijo ´Loco, preparate´ y bueno, acá estoy. Desde los 16 años que toco la viola en La Moto. Pasé por muchas giras, por nueve colegios (risas). El rock es un sacrificio, en los días de grabación dejás el laburo, la familia. Una banda de rock se tiene que dedicar a ser una banda de rock”, relata Jonás, que con 27años ya tiene tres hijos con la hija de Willi Mariani y uno de ellos ya se cuelga la guitarra.

Jonás y Fito se criaron en esas sesiones musicales que podían ser en una chacra de Plottier, ciudad pegada a la capital neuquina, o en una casona, entre el “Rulo”, el “Mono”, Horacio Durán y Ariel Velázquez, Gabriel Quiroz y el Willi Mariani, quienes fueron los primeros en rondar por el proyecto. ¿Por qué La Moto? “El Rulo venía de una época medio motoquera y Velázquez hacía un efecto con la guitarra que parecía una moto, entonces bueno, quedó ese nombre”, agrega Mariani.

En septiembre de 1990 debutaron en Punta Alta, y después regresaron a Neuquén donde hicieron dos shows. A los meses armaron Sobreviviente con el que salieron de gira por de Buenos Aires a principios de 1991. Ese año debutaron en Capital Federal en New Order, con Los Piojos. La Moto presentaba su primer disco y la banda que lideraba Ciro Martínez Chac Tu Chac. Después tocaron con Pappo, Almafuerte, Vox Di, Rubén Patagonia, Horcas y fueron soporte de B B King en el gimnasio Ruca Che. El año pasado, Iorio grabó “Imágenes Fugaces”, un tema de Astral, segundo disco de la banda. “Nos llenó de orgullo compartir el disco con versiones del Flaco, de Vox Dei, Manal y Pappo”, comentaron.

La historia no terminó todavía
A meses de sacar la quinta placa de la banda –primera con esta formación- La Moto le contó a Agencia NAN qué significa ser la banda más longeva de la ciudad, el haber decidido vivir para el rock y cuáles son los pasos a seguir.

--¿Qué es La Moto?
Jonás Salvi:-- La moto es la familia.
Mono:-- es la columna vertebral de una familia de músicos, con amigos. La amistad como hermandad. Somos una piedra en bruto a la que estamos intentando sacarle brillo. Yo no cantaba y me entusiasmó hacerlo así que parece que seguiré. Estamos más que contentos con esto la grabación de No terminé todavía, letra y música que dejó el “Rulo” antes de morir.
Willi:-- Nosotros pensábamos que El Tío no iba a poder cantar y al final se puso las pilas y le salió. Es difícil “reemplazar” al vocalista de una banda de rock and roll con 4 discos atrás, con toda una obra y una historia. Pero el público ya lo conocía y entendió que no se trata de reemplazar, sino de continuar. Además canta el Mono pero en otros temas está Adrián (por Pérez), que fue buscado por Rulo para cantar y tocar la armónica.

--¿No terminé todavía, tiene que ver con el legado vivo que dejó el “Rulo”?
Mono:-- Nosotros no hacemos más que continuar el legado tan rico que nos dejó con Sobreviviente (1991), Astral (96), Te regalo una estrella acústico en vivo (2001) y Aguante Corazón(2006). Todavía quedaron temas afuera de No terminé todavía (2011) con los que podríamos grabar dos o tres discos más.
Jonas:-- El disco íbamos a comenzar a grabarlo con él. Habíamos reservado sala para el 8 de diciembre de 2007 pero mi viejo ya andaba mal. De hecho se murió un día antes del que habíamos pautado para grabar, aunque ya habíamos desistido, claro está. Sus letras nos hacen pensar que vive, tocando sus canciones lo tenemos cerca.
Mono:-- Igual nos costó mucho sacarnos la pena, pero hoy ya podemos subirnos y tocar con la alegría que tocábamos cuando estaba él. Hoy por hoy se nota que la banda sube contenta y alegre al escenario.
Willi:-- Creo que el rock and roll se lleva en la sangre. El año de su muerte estuvo internado más de 15 veces por su cirrosis, y él no quería que bajásemos los brazos. Después nos pidió ser cremado y lanzado al río. Por eso hicimos el ritual. Después de su muerte, nos aferramos todos a la Moto, a la música. Fue una forma de no morirnos con él. Hicimos el recital tributo homenaje, el 30 de diciembre del 2007, 23 días después, porque él siempre quería tocar gratis en el centro para los pibitos de la calle y fue tanta gente que nos sorprendió. La gente aplaudía igual, como un reconocimiento y un apoyo espiritual por la muerte del Rulo, mucha gente llorando. Fue algo muy emotivo.

--¿Cómo será el disco y cuándo la presentación?
Gabi Quiroz:-- A comparación de los otros discos de La Moto, en éste nos permitimos hacer variación de estilos, mezclando las generaciones que forman parte de la banda y sus diferentes conocimientos musicales. Vamos del rock and roll, al blues, al reggae, algo ska, rythm and blues, guajiras, bosanova. Todo pero siempre con la misma esencia del rock. Y en esa mezcla de estilos nosotros nos definimos como rock callejero, porque las letras se vuelcan a la vida cotidiana y a las vivencias con la gente.
Mono:-- Además del rock está la jerga que usa mi hermano en la composición. No es lo mismo decir “me voy” que “me tomo el palo”. Eso tiene que ver con expresiones callejeras. “No terminé todavía, sobrevivo porque soy parte de esta jungla que es la vida, parte de este mundo donde estoy, transformando en arena las piedras que son pruebas que pone el destino. Voy tirando zapatillas viejas que gastó el camino, ¡ey!, soy feliz, de posta que lo soy. Y ¿cuántas carcajadas aún me quedan? Sospechá”, dice la letra que le da nombre al disco.
Mono:-- La idea sería presentarlo en noviembre en el Club Pacífico, con un show de más de dos horas, que recorra también los temas viejos. Y, como somos “viejos” queremos que salga el disco con la entrada, así, fetichistas, nada de internet. Aunque sabemos que en México, Perú y Ecuador se venden discos pirateados y nos encanta que lo hagan para escucharnos.

No alcanza el espacio físico para describir una historia que le da larga vida al rock. Una banda mensajera, aplanadora, familiera y, sobre todo testimonial, cuyas letras no dicen lo que hay que hacer, sino que dan un punto de vista. No es “ahí, en la villa”, sino “descalzo y con poca ropa el pibe de la villa va, pidiendo en las estaciones diez mangos para morfar, y le cortan el rostro y lo mandan a laburar. Tiene hambre y siente frío y sigue caminando igual”. Resuena a lo lejos la voz de un hijo de la vida que no terminó todavía de escribir su propia historia.

martes, 9 de agosto de 2011

Al sur de la frontera, el cine.-

Por segundo año consecutivo, las producciones audiovisuales surgidas de los barrios se reunirán en un único lugar para abrirse paso en el ambiente: el Festival de Cine del Conurbano (FECICO) que propone ser la ventana y el impulso de las obras de la zona, las más independientes de todas. La cita al público será entre el 13 y 17 de septiembre en el Centro Cultural Padre Mugica (Hipólito Yrigoyen 7913, Banfield).

Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Fecico

Buenos Aires, agosto 10 (Agencia NAN-2011).- Grandes cineastas reconocieron en el hombre una inclinación natural a contar historias. Hasta ahora, en la zona sur del Conurbano bonaerense esa pulsión se concentraba más que nada en el teatro independiente, con Lomas de Zamora como epicentro y unas 25 salas desperdigadas por todo el heterogéneo territorio. Pero en los últimos años, parece, viene creciendo otra tendencia: la de hacer cine. Así lo demuestra al menos la buena respuesta que el año pasado tuvo el Festival de Cine del Conurbano (Fecico), que tendrá su segunda edición del 13 al 17 de septiembre, en el Centro Cultural Padre Mugica (Banfield).

Guillermo Roig, titiritero del Teatro San Martín durante veinte años y actual cineasta, es uno de los organizadores de este evento junto con Aníbal Maza, profesor de cine; Romina Rocha, estudiante de publicidad; Rubén Veizaga, conocedor del cine latinoamericano; y Julio Rivero, director del centro cultural. Según se desprende de lo que le cuenta a Agencia NAN, el festival adquirió la impronta que traían consigo las primeras películas que se recibieron cuando se abrió la convocatoria el año pasado. “Yo había conseguido un montón de películas que estaban bajo el ala del INCAA. Pero empezó a llegar un montón de material que nos interesó, que no tenía ningún tipo de subsidio. Eso tenía que ver con el perfil del festival”, explica Roig. Enseguida, la grilla tuvo un giro.

En síntesis, el Fecico propone ser la ventana y el impulso de las producciones de la zona, las más independientes de todas, hechas “sin buscar más que el hecho de hacer y mostrar”; un espacio en el que el público pueda ver lo que se produce a pocas cuadras de su casa, así como también de formación, con talleres de montaje, sonido y producción. Según Roig, el hecho de que el Conurbano haya comenzado a volcarse al cine tiene que ver con que las nuevas tecnologías son más fáciles de usar. “La posibilidad de acceder a una buena cámara y una computadora da pie a que la gente se ponga a producir sin pensar en nada comercial”, opina. “Como aparecen grupos de teatro, aparecen otros que hacen cine alternativo.”

Hasta el 22 de agosto hay tiempo para enviar materiales (hay que presentarlos en el espacio cultural ubicado en Hipólito Yrigoyen 7913). La programación estará dividida en tres secciones: “Patria Grande” (películas de toda Latinoamérica), “País real” (documentales sobre temas nacionales) y “Desde la vereda” (producciones del Conurbano). “A lo mejor incluimos algo de países europeos --adelanta Roig--. La gente que hace cine está conectada por internet, entonces nos está llegando mucho material. Encima, ahora están conurbanizando en Europa”. Entonces, la novedad de esta edición sería la incorporación de una nueva sección con producciones de los países más lejanos.

A diferencia de otros festivales que se realizan sólo con el fin de mostrar, Fecico premia al mejor film. Pero no con dinero. “Simplemente podemos darle al ganador una estatuilla de un artista de la zona y el reconocimiento de haber ganado el festival”, explica Roig, quien no obstante cuenta que están intentando conseguir respaldo de la Secretaría de Cultura, “unos 2 ó 3 mil pesos para devolver lo que invirtieron entre cinco para hacer una película”. Este año, integran el jurado el cineasta Gustavo Fontán y el montajista Darío Tedesco. Ambos juegan de local.

--¿Qué tendencias perciben dentro de este aumento en la producción de cine en el Conurbano?
--Uno pensaría que hay muchos cortos, pero hay cosas que se acercan al largometraje, que es lo que tratamos de incentivar. El mediometraje es un formato extraño que no tiene mucha cabida. Estamos viendo si el INCAA compra la película al ganador para pasarla en su canal, y es mucho más fácil que pasen un corto o un largo que un medio. De hecho, no hay festivales de mediometraje. Tratamos de asesorar y de que tenga el espacio esta actividad.

--¿Y en cuanto a temáticas y géneros; notan patrones comunes?
--Los materiales tienen que ver con lo más marginal y atacan la problemática social. Siempre hay una referencia a eso. No vimos un policial. Hay alguien que agarra una cámara y tiene ganas de contar algo de lo que pasa en su sociedad. No hay cine de género o algo así. Los temas del año pasado fueron la falta de trabajo y el cierre de la fábrica en la década del ‘90, la marginalidad, la criminalidad que produce la pobreza, los conflictos con la Policía y la corrupción política. Hay cierta cosa de denuncia, de búsqueda de la identidad. Hay más documental que ficción, porque la ficción es más complicada de realizar, necesita actores, vestuario, locaciones… Por eso, cuando hay una ficción buena hecha a pulmón es una cosa muy llamativa.

--¿Los que realizan son en su mayoría grupos?
--Hay grupos, pero también gente con arrestos individuales, que tiene una cámara y se junta con dos o tres. No hay tanto grupo como en teatro, que en el Conurbano tiene un marco con la Ley de Teatro Independiente. El cine es más complicado, porque hay intereses muy fuertes. Quizás con la ley de medios, con la posibilidad de tener salida en canales locales, pueda generarse una movida. La revolución no es la ley sino lo que hagamos con ella. Si no agarramos la cámara y salimos a producir no es nada. En Fecico somos intermediarios de la gente que está desbandada y armando de manera anárquica. Lo segundo que queremos hacer posibilitar que ese material pueda trascender.

--¿De acuerdo a qué parámetros seleccionan el material que proyectan?
--Se eligen por calidad, no por temática. Si está en VHS y dura seis horas no lo podemos pasar. Tiene que verse y escucharse bien. En el Mugica son todos peronistas y la peli que ganó el año pasado tiraba contra los punteros peronistas. Eso es lo que debemos hacer en un ámbito cultural.

--¿Qué suelen hacer los realizadores con este tipo de trabajos?
--Por lo general terminan en alguna sociedad de fomento. Se hace alguna función para veinte personas, los amigos y un poco más, y después se cuelga en internet. Hay un grupo que vino el año pasado, Humus, de Tres arroyos. Ganaron un premio y este año hicieron un corto para abrir el Bafici. El Fecico es la otra cara del Bafici, no sólo geográfica sino estética e ideológicamente, porque busca otra cosa. No contamos con ningún subsidio, estamos tramitándolo. Necesitamos mucho menos que el Bafici, unos 5 mil pesos por año, para mantener la página y hacer afiches.

--¿Qué reacciones notaron en el público? ¿Quiénes se acercan?

--La gente viene con otra mirada. Más allá de la calidad técnica de la película, se sienten identificados con el material. Porque aparece el barrio propio, con temáticas reconocibles. Ven una panadería, una fábrica, un hombre andando en bicicleta…. El público viene con una mirada especial, de beneplácito para la gente que hizo eso.

--¿Se tocan problemáticas o temas específicos de un barrio?
--No tanto. Sí en eso de pintar a un político o policía corrupto. Pero la especificidad está en la mirada. No es que hay documentales sobre la falta de cloacas en Fiorito, por ejemplo. Conozco a un chico que estaba filmando sobre la masacre de Pasco y paró porque dijo “me van a matar”. Es difícil hacerlo cuando no tenés a nadie detrás.

Juan en el teatro Luisa Vehil.-

La llegada de un hombre al seno de su familia, del que estuvo ausente durante treinta años, es el nudo a través del que la puesta anda y desanda las miserias más profundas del ser humano, en sus deseos e intentos más primitivos por sobrevivir a la realidad cruel.

Por Paula Sabatés
Fotografía de Martín Lo Nigro

Yo soy Juan, el último aparecido
Todas las sombras ya danzaron
Alrededor y adentro mío
León Gieco


Buenos Aires, agosto 09 (Agencia NAN-2011).- Juan, pieza teatral de Miguel Tabarovsky, habla de los silencios. O, mejor dicho, de los silencios de alma, de lo que ésta es capaz de callar con tal de alivianar un poco los dolores más crueles. En la obra, un hijo regresa a su casa materna luego de treinta y cinco años de exilio y su llegada, lejos de unir a la familia, produce un profundo estallido interno que desbarajustará todos los lazos. Alberto -así se llama- descubre que en su hogar no todo funciona tan bien como le contaban por carta: en ellas, sus padres le decían que su falta era evidente y dolorosa, pero que se alivianaba por la presencia de Juan, un hombre que había llegado al pueblo y se había instalado en su casa, y que los hacía muy felices. Una vez de regreso, Alberto pide conocer a Juan y desde entonces todo se vuelve un mal sueño, un caos irresoluble, una puerta a las verdades que nadie quiere asumir.

La puesta también habla con los silencios, aunque eso suene contradictorio. Es, muchas veces, en ellos donde está la clave para entender las roscas de la pieza (ah, sí, Juan es una obra de misterio). Y es también en ellos donde se pueden ver claramente los aciertos actorales, centralizados en parte en algunos miembros del elenco (aquellos, curiosamente o no, a quienes les tocaron papeles menos realistas, como la hija-hermana alcohólica y el empleado idiota), pero bastante parejos en general. Los secretos ocultos, las deudas pendientes y las culpas conocidas, pero no asumidas son situaciones que se sostienen a lo largo del espectáculo. Aun así –y esto es siempre grato-, el final se muestra como revelador y sorpresivo, dando cuenta de un texto dramático y con una trabajo minucioso.

Como en una buena película de la Nouvelle Vague –ese fantástico movimiento cinematográfico de mediados de los 50´ que se oponía al cine clásico a través de toda una serie de procedimientos estéticos y narrativos-, Juan intenta una exploración del tiempo, sobre todo en lo que tiene de vivencia subjetiva. La investigación sobre éste aparece en la obra como un elemento de importancia estética, que además tendrá que ver con el final de la historia y, en definitiva - se entenderá cuando se vea la obra-, con toda la trama. En este camino de búsqueda, hay una valoración, también, de los tiempos muertos en el relato, sobre los cuales se investigan los elementos dramáticos y las posibilidades actorales.

María Marta Viladesau, Eduardo Ezon, Gloria de Luca, Juan Carlos Muñoz, Miguel Tabarovsky, Alicia Lambré y Rubén Hernández, también director junto con Claudio Tumminello, le ponen el cuerpo a personajes que están puestos en un primer plano, cada uno con sus “quiero” dramáticos bien determinados (esto es, los medios que los conducen a sus fines). Y aunque si bien al final lo importante es la ligazón de causas y efectos, durante todo el relato el énfasis está más bien puesto en la acción, en detrimento de algunas historias que en muchas ocasiones tienen lagunas (aunque esto sea a propósito, y no una mala jugada del dramaturgo).

Juan es una pieza para pensar. Por un lado, en el mensaje que intenta dar. En las miserias más profundas del ser humano, en sus deseos e intentos más primitivos por sobrevivir a la realidad cruel. Por otro, en las múltiples posibilidades de la puesta, de la nueva escena si se quiere. En que es posible generar climas con muy poco, en que pueden combinarse los diferentes elementos de la representación (la escenografía, sobre todo, que hacia el final juega un papel más que determinante y bien logrado) para llenar los baches que la lingüística, el texto dicho, por su carácter insípido, incoloro e inodoro no puede.

*Juan se exhibe los viernes y sábados a las 20.30 en el Teatro Luisa Vehil, Hipólito Yrigoyen 3133.
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