viernes, 30 de septiembre de 2011

Noticias de ayer (de hoy, de siempre).-

Una hoja en blanco no le sirvió. Unos pinceles como herramienta para transformar esa hoja, tampoco. La artista plástica Mariana Etchegoyhen encontró en las páginas de los diarios el elemento preciso para hablar de ellos y de la relación que la sociedad entabla con la realidad que crean.

Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza Marina Etchegoyhen

Buenos Aires, septiembre 30 (Agencia NAN-2011).- Un diario puede tener múltiples lecturas. Más aun en estos tiempos, en los cuales los medios de comunicación están en el centro de debates académico-sociales. Algunos son tildados de panfletos opositores, otros de amiguitos del gobierno. Algunos son objeto de risa –pareciera que eso buscan (“Sofía-Gala-Porro”)- y otros demasiado elitistas para ser leídos por la gran masa. Todos despiertan sensaciones diversas y por eso las lecturas del mapa mediático son tan variadas como lectores hay. “Los diarios permiten ver un contexto y elaborar un pensamiento crítico”, dice a Agencia NAN la artista visual Marina Etchegoyhen. Y ella lo sabe bien: desde hace cinco años realiza y expone instalaciones artísticas con los principales diarios nacionales (Clarín, Página/12 y La Nación) como materia prima conceptual, en el intento de “crear metáforas visuales que denoten algún aspecto crítico sobre los medios de comunicación masivos y lo cotidiano”.

Empezó pensando en que los diarios como soporte podían servirle para partir de algo que tuviera que ver con la realidad, y no de una hoja en blanco. Así, probó con pintar algunas noticias y armar con ellas relatos pintados. Pronto, de esta técnica surgieron otros formatos, como Germinaciones, su primera serie concreta con este material, que comenzó a armar en 2006. En ella probó plantar semillas de plantas en frascos de vidrio rellenos de papel de diario, para ver, metafóricamente, si lo que “germinaba” dentro de los diarios realmente crecía o no. El resultado fue positivo: las semillas crecieron como si hubieran sido plantadas en la mejor de las tierras fértiles. Frente a este éxito, la artista decidió ir por más y preguntarse qué pasaba con eso que crecía en los diarios. Fue así que, “probando un poco de casualidad”, pegó unos diarios con otros y estos empezaron a pudrirse, a generar hongos y largar olor a podrido. De esa experiencia surgió Paisaje Mediático. “Me gustó la idea y la fuerza que tenía esa metáfora: que la información, como todo lo que se pone viejo, se transforma y se pudre”, cuenta.

El problema de esas obras era cómo exhibirlas al público. De Germinaciones mostró algunas fotos sueltas, porque “obras así funcionan más como instalación que como obras para ser puestas de la misma manera siempre en una galería”. Y Paisaje Mediático fue temporalmente un mural de la muestra Papel Sujeto/Objeto del Palais de Glace, pero al tiempo se le complicó seguir mostrándolo porque ya empezaba a tener demasiado olor a podrido. Hoy, esa obra está guardada en un taper en el balcón de la casa de la artista, esperando encontrar algún formato o dispositivo para ver la luz de nuevo.

Pero esas obras no le bastaban a Etchegoyhen para entender y explicar la manera en que los medios estructuran el contenido de lo comunicado. En esa búsqueda, y también a partir de pruebas semi casuales de taller, surgió su última serie con diarios, a la que tituló Microacciones en bares y que expuso recientemente en la muestra Proyecto Circular III del Palais de Glace. Se trata de pequeñas grandes intervenciones en diarios: noticias cambiadas, fotos trucadas e información manipulada. “Fui probando, haciendo collages, pegando y cambiando cositas pequeñas. Pronto, todo eso se convirtió en una forma de saber si la gente se da cuenta de lo que lee o no”, afirma la artista, quien pronto se dio cuenta de que no tenía mucho sentido exhibir esa serie como objeto de galería porque la gente apenas hojeaba los diarios y decidió llevarlos a un espacio donde sí hubiera lectores de noticias. Fue a bares, robó los diarios que había y los cambió por los suyos. Fue sola, con una cámara, en grupo. Todas las veces obtuvo la misma conclusión.

--¿Qué pasaba?
--La gente no se daba cuenta. Y si se daba cuenta, pensaba que era un error del diario y se iba del bar pensando cualquier cosa de los medios de comunicación. Al principio mis intervenciones eran muy sutiles porque no quería que se note mucho y además porque lo hacía de manera mucho más artesanal. Fotocopiaba epígrafes de otros diarios y los transfería o pegaba pedacitos de notas arriba de otras. Pero como nadie se percataba de nada, empecé a exagerar todo, a poner cualquier cosa con cualquier cosa.

--¿Cómo qué?
--Y… llegué a cambiar toda la información. Lo más evidente fue poner que Néstor (Kirchner) estaba vivo o que (Gustavo) Cerati, cantando. Cosas de mal gusto, quizás, pero necesarias de seguro para llamar la atención de la gente, para generarle algún tipo de pensamiento crítico. Y aún así muchos miraban el diario y si me conocían me preguntaban: “¿qué cambiaste, che? No lo encuentro”. Eso tiene que ver con la forma en que se lee. Muchas veces sólo se ven los titulares y no se le presta atención a lo demás. Después de ver eso, mi trabajo se fue simplificando a medida de que entendía qué era lo que daba resultado y que no. Y una idea me fue llevando a otra y así traté de ver qué funcionaba con qué, dejando siempre de lado los prejuicios de si lo que estaba haciendo era arte o no.

--¿No creés que lo sea?
-- Cuando hacía las acciones en los bares a nadie le importaba si eso era arte o no. A mí tampoco. Por eso fui trabajando y haciendo cosas por intuición y descartando, y así descubriendo qué es lo que me interesaba. El problema es que hoy todos los concursos te piden que escribas doscientas palabras sobre cosas concretas de las obras, y a veces no sabes qué escribir porque la obra es y ya. De todos modos, después de los bares volví a mostrarlos en el Palais de Glace, donde además llevé un video sobre lo que había filmado de los bares. Y así estoy: probando diferentes maneras de mostrarlo, buscando diferentes reacciones. Porque no hay que olvidar que los públicos también son muy distintos. Por eso no busco una legitimación de mi trabajo como obra de arte. Mi idea es que sucedan algo, no que eso sea solamente contemplado como arte. Después de todo, los diarios no son un hecho artístico en sí, sino que se transforman cuando son exhibidos en una galería o un museo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Imágenes no prediseñadas.-

En pocos días, un centenar de libros de fotografías cocinados en Buenos Aires viajarán a Córdoba, a la 2° Bienal de Fotografía. Sus autores, participantes de la Feria de Libros de Fotos de Autor (FELIFA) en el Espacio Ecléctico de San Telmo, cuentan aquí las historias que capturó la lente.

Por Laura Bernatené
Fotografías de Mariano Frisoli y Débora Devicoor

Buenos Aires, septiembre 28 (Agencia NAN-2011).- ¿Cuántas cosas se pueden contar con imágenes como materia prima? La muerte de un ser querido, un extraño vínculo familiar, paisajes amables y otros no tanto… Pero con imágenes se puede más que contar: también construir una historia. La palabra puede estar como no. Así se desprende del testimonio de cinco fotógrafos que Agencia NAN entrevistó antes de que se subieran al micro a Córdoba, a la 2° Bienal de Fotografía, que ya está en marcha (comenzó en septiembre y culmina en noviembre). Este evento, que reunirá a artistas emergentes y consagrados de la República Argentina, recibirá el 6, 7 y 8 de octubre a la Feria del Libro de Fotos de Autor (FELIFA). Todos estos fotógrafos comparten una particularidad: han hecho un libro. Y, además de brindar detalles sobre su trabajo, comparten visiones sobre la experiencia, reflexiones en tanto a forma y contenido.

Un espacio personal

Adentro es un libro de una alta carga íntima. Aquí Inés Tanoira relata el proceso de desarme que atravesó el hogar de su abuela luego de su muerte. “Era el departamento de mis abuelos donde nos juntábamos con mi familia. Somos una muy grande, de 15 nietos. Y cuando ella murió, me dí cuenta de que todo eso que estaba ahí se iba a ir, iba a desaparecer”, relata Inés.

Al principio la idea había sido fotografiarlo tal cual había quedado, como estaba para recordar. En esos días Inés comenzó un taller con la fotógrafa Florencia Blanco, quien le sugirió que siguiera haciendo fotos. “Entonces seguí yendo durante un año y medio, al mismo tiempo que mi papá y mis tías iban desarmando y repartiendo las cosas. Hasta que no quedó nada”, cuenta la autora.

Inés hace fotos desde los 18 años, de manera que para ella la fotografía se ha convertido en una gran compañera. “La semana que presenté el libro en la feria yo me estaba mudando. Era increíble que lo estuviera presentando el mismo día que yo estaba desarmando mi casa, donde había cajas y cajas”.

La tercera cosa

Salud es un pequeño libro blanco con hojas rugosas. Son apuntes que construyen una símil biografía de El Conde, tío de Eduardo Carrera, autor del libro. Este personaje de carácter autodestructivo, fue uno de los pocos integrantes de la familia con el que Eduardo mantuvo una relación cercana. A pesar del vínculo que los unía, Eduardo dice que no fue esa la razón por la cual eligió el tema, sino que él acostumbra a relatar y fotografiar lo que le es cercano y tiene más a mano. Eduardo se sirve de la primera persona para contar con sus ojos de niño, adolescente y adulto, conforme iba pasando el tiempo la historia de este personaje.

El libro no es de texto ni es de fotografía, sino que es una tercera cosa, hecha por texto y fotografía. En él hay mapas, cartas, fotos de álbum familiar y otras tomadas por el autor. Incluso los textos de máquina de escribir, con sus matices y golpes de teclas estampados, funcionan como fotografías. “Para mí siempre había sido imposible trabajar con fotografías y con textos. Era algo que lo había visto hacer por otras personas y que nunca me gustaba. Me parecía que siempre algo complotaba con lo otro, lo boicoteaba”.

Un día su hermano le regaló un libro del alemán W. G. Sebald y ¡zaz! “Fue leerlo y que automáticamente me surgiera empezar a juntar algunos textitos que yo tenía escritos y otros que empecé a escribir como loco (el primer oficio de Eduardo fue el periodismo; también estudió letras). Empecé a pasar horas en una especie de laboratorio chiquitito donde tenía una ampliadora, una notebook y la máquina de escribir”, cuenta Eduardo. Y parece que esta vez el experimento funcionó: la Feria de Libros de Fotos de Autor le otorgó el primer premio y con él una edición por La Luminosa de 200 ejemplares.

Pero antes de ser un libro “de librería”, en sus comienzos allá por el año 2003, Salud fue un cuaderno anillado con fotografías pegadas con plasticola. Eduardo cuenta que en una primera instancia Salud “viajó de mano en mano, dio muchísimas vueltas y quedó muchos años intacto”. Tiempo más tarde, pudo editarlo como objeto único, muy prolijo, tapa dura, cosido y hasta en cajita. Pero al final del año pasado ocurrió algo inesperado: “Aparecieron fotos nuevas que yo nunca había tenido a disposición. Fotos de la infancia y de la juventud. Estas fotos que para mí son increíbles y que hablan del sol que viene desde esa época no estaban, entonces el libro quedaba muy oscuro. El libro tenía una densidad que yo no le quería dar. Yo quería también contar los momentos luminosos”, concluye el autor.

El libro interactivo

Jardín interior es un cubo mágico que nació de la dupla conformada por Débora Devicoor y Victoria Villalba. Está compuesto por imágenes macro de flores plantas e insectos, elementos que a Débora le obsesionan. “Podés quedarte un montón de tiempo jugando y te metés en otro universo. Te acercás y vas descubriendo cosas en otra escala, es como si estuviera jugando con una lupa.”

A diferencia de otros, este trabajo fue pensado específicamente para la feria, donde libros en formato no-libro también son bienvenidos. “Queríamos jugar. Para ver las fotos hay que ir explorando los cubos, como si se deshojara una flor o se abriera camino en una jungla”, relata Débora. Sin embargo, esto de involucrar al lector fue el mayor desafío para las chicas: “¡Casi terminamos cortando un pedazo de pasto sintético de un lugar público!”, se ríe Débora.

Fotografiar con la identidad

Viaje Conurbano, de Emiliana Miguelez, surgió espontáneamente como una necesidad de retratar los espacios del sur del conurbano bonaerense, de donde la autora es oriunda. Como también trabajaba por la zona (colaboraba en el suplemento zonal de Clarín), el libro comenzó como un cuaderno de tapa dura con apuntes y fotos tomadas por ella pegadas en las hojas blancas, una especie de diario de viaje donde tomaba apuntes. “Relevé siempre lo que pasaba alrededor, ya que son lugares que transité toda mi vida. Lugares donde yo iba con mis amiguitos cuando éramos chicos”, señala Emiliana.

“Si bien he encarado otros trabajos siempre vuelvo a este porque es algo que está latente. No sólo vuelvo a hacer fotos, sino que vuelvo a buscarle otro sentido. Y en la última edición, la del libro, después de mucho tiempo entendí por donde venía”, sostiene Emiliana. Venía por el lado de la denuncia de la propiedad de la tierra y de cómo la apropian unos y otros. Es un trabajo que muestra la modificación constante del territorio a lo largo de diez años, de cómo de un terreno baldío puede surgir tanto un country como un predio tomado.

Se trata de contar

Franco Verdoia es dramaturgo, actor y director. Para él la fotografía conforma un espacio de disfrute, una herramienta que con el tiempo surgió para seguir contando historias. “De alguna manera mi relato como autor habla de lo mismo en el cine, el teatro y en la foto. Siempre estoy tocando los mismos temas, dándole vuelta a lo mismo. Lo que me permitió la fotografía es empezar a ser un poco más puntual en quién soy, en qué tengo para decir”, dice Franco.

Ensayos fotográfico reúne tres series de tipologías fotográficas. El primer capítulo consta de fotos de frente de casas de Las Varillas, Córdoba, su pueblo natal. La segunda está compuesta por imágenes de palieres de edificios, mientras que la tercera son fotografías de mueblerías. Todos ellos espacios de tránsito que no son ni serán habitados: “Me atrapan, justamente por mi formación teatral, los lugares en donde se me disparan historias, donde yo contaría algo”, dice Franco.

Franco hojea el libro y señala una fotografía de un palier revestido en madera y vidrio. Dice que allí podrían suceder muchas historias, pero elige imaginar a una chica que baja a atender un delivery. Sigue mirando y se detiene en una imagen de una televisión vieja apoyada en un mueble de madera terciada y brillosa, acompañada por mesa y sillas de aspecto similar. “Yo me imagino: acá se sentaron un padre y un hijo a tener una charla terrible, acá pasó algo tristísimo”, fantasea Franco. Esta idea se ve resaltada en la tapa: “Para mí es un escenario que ocurre detrás de un telón que en cualquier momento se va a abrir. Habla del teatro, de lo escenográfico y de lo ficcional, hay una historia que se va a contar en este lugar”.

martes, 27 de septiembre de 2011

Arte primaveral en el Espacio Benoit.-

Dentro del Parque Saavedra hubo música en vivo, feria de publicaciones independientes, performances de telas, la intervención de una muestra del muralista Lumpen Bola y artesanías.

Por Facundo Arroyo
Fotografía de F. A.

La Plata, septiembre 27 (Agencia NAN-2011).- “La música que escuchan todos”, fue la propuesta que lanzó Patricio Asorey, encargado del evento, desde las redes sociales. Así se llamó al Día de la Primavera (¿el más lindo del año?) en el Espacio Benoit, que se encuentra dentro del Parque Saavedra de La Plata. La propuesta contó con bandas en vivo -Las Culebras, De la tierrita, Javier Maldonado, Chico Ninguno y Pájaros-; una feria de publicaciones -Demo, suplemento “Joven” de Diario Diagonales y De Garage, diario de rock-; la presentación de la muestra de pintura “Identificación del artista”, del muralista Lumpen Bola; y también intervenciones de telas, así como música relajada desde las bandejas de DJ Pega.

Para el 21 de septiembre, pero un año atrás, la fiesta de la primavera se suspendió abruptamente por los incidentes en Plaza Moreno. Ese día Norma cantaba: “No les importa perder, no quieren actuar; no les importa coger o pelear si se quieren distinguir” en la canción “Chics” y el sonido se cortó de repente. La Municipalidad decidió interrumpir la jornada, varias horas antes, frente a los choques entre tribus urbanas que iban y venían por la plaza. Esta vez, la apuesta pareció estar diagramada en torno a esos incidentes y en Plaza Moreno tocó Vicentico. Hubo fiesta en El Bosque platense con La Cumparsita como número central, una propuesta electrónica en Plaza Islas Malvinas y más rock en Plaza San Martín.

En el Espacio Benoit la propuesta fue amplia, pero pensado para un sector determinado: los estudiantes. Las Culebras abrieron la tarde -a eso de las 16- con su punk rabioso pero colorido; las flores tatuadas de Santiago Casiasesino (su cantante) lo reflejaban. Luego siguió la sección más folklórica de la tarde con De la tierrita, promoviendo el bamboleo dulzón para que el público comience a acercarse un poco más al escenario. Continuó el cantautor de corte inglés, Javier Maldonado con su banda, para recibir las primeras brisas frías. Y el cierre estuvo a cargo de los electrónicos Chico Ninguno y la canción arrabalera de Pájaros, esos cuarentones entre los que figura el batero de Peligrosos Gorriones, Rocky Velázquez.

Entre banda y banda hubo una presentadora que anunciaba los rumbos de la tarde y las otras propuestas que rodeaban al Espacio Benoit. Sobre la izquierda estuvieron durante el día las telas colgadas por los inmensos eucaliptos del Parque y distintos grupos de esa disciplina ofrecieron su performance para el que andaba alejado con la torta y el mate.

La tarde se fundió con el sol regulando contra los árboles que dan a calle 64 y el eco de Maldonado recitando los versos de Ansiedad: “Sale de lleno a la luz del Parque. Aves, peces se asoman. Dentro de un rato los verás brillar… Te verás envuelto en sombras”, canción que le dedicó a este Parque de música, para que escuchen todos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Libros: "Los muertos de la arena" (Elvio Gandolfo y Gabriel Sosa, 2011) .-

La historia transcurre en Puerto Madryn, "el Far West" patagónico. Allí, un congreso de cultura y un cadáver encontrado en la arena son las excusas que devuelven a Jorge Lucantis, un personaje ya conocido en las historias de los autores, al ruedo de la investigación.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, septiembre 26 (Agencia NAN-2011).- La dupla de narradores y periodistas (Elvio) Gandolfo & (Gabriel) Sosa cumple la promesa de su primera novela, El doble Berni: “Negro Absoluto asegura que Jorge Lucantis volverá.” Y Lucantis regresa, de la mano de la colección dirigida por Juan Sasturain, en Los muertos de la arena: otra historia que lo tiene de investigador accidental, más bien inconsciente, en una serie de crímenes seriales en Puerto Madryn. Asesinatos que rozan a un amigo eventual (sí, todo es una peripecia en la desdichada existencia de Lucantis). El libro termina con una advertencia que da pie a una tercera entrega del dúo.

En la precuela, la trama comienza con la muerte de un pintor que admira a Antonio Berni, que empuja a Lucantis --amigo del artista finado-- a cobrar una deuda y enredar en una intriga. Algo parecido le vuelve a suceder en Los muertos de la arena. Ahora, la historia inicia con el hallazgo de un cadáver en las arenas de Madryn. Pero las peripecias de Lucantis empiezan cuando decide viajar a la Patagonia, seducido por las ballenas e invitado a un congreso de cultura. Involuntariamente --incluso, sin saberlo-- queda enredado en una conspiración. Inclusive, de ribetes internacionales.

Y si la historia tiene lugar en la Patagonia, es imposible no evocar a Osvaldo Bayer. Quizá por ello, el autor de la ineludible La Patagonia rebelde sea uno de los blancos del serial killer, un genio en sistemas e Internet, un asesino 2.0, perfilado con a las tecnologías actuales. Nota: no se acaba de deschavar al homicida, en la novela lo menos importante es el quién.

Aunque se promete una novela negra, el episodio 2 de Sosa & Gandolfo no encaja con la etiqueta: la trama no transcurre en una ciudad extenuada por sus miserias, una brutal desconfianza hacia las instituciones y una sociedad violenta y turbulenta. Transcurre en una ciudad que semeja al Far West, pero sin sus notas esenciales. No hay un detective que investigue en base a la acción y por dinero, como Philip Marlowe.

Sin embargo, tampoco es una novela deductiva, dado que el protagonista no se dedica a resolver un crimen en base a la lógica y la razón, como Auguste Dupin y Sherlock Holmes. Más bien, es un doctor Watson con rasgos de Remo Augusto Erdosain y la apariencia de David Byrne que vende productos new age. Es decir, un perdedor y poco brillante. En resumen, queda a medio camino y quizá sea una novela de aventuras. Aunque, vale destacar que sí se inscribe en una tendencia de policiales vernáculos que intentan romper las cláusulas para adaptar el género a los avatares argentinos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Flopa: “La poesía es la musicalidad que tiene”.-

A ocho años de Flopa/Manza/Minimal, la cantante y compositora habló con Agencia NAN sobre el trabajo que acaba de presentar en dúo con Minimal, y adelanta que Reducción de daños es nada más que un puntapié inicial.

Por Juan Castiglione

Buenos Aires, septiembre 23 (Agencia NAN-2011).- El bullicio metropolitano de la interminable Rivadavia contrasta con el silencio y la tranquilidad del departamento de Florencia Lestani. Once pisos arriba el atardecer que a la vera de la avenida confluía en un mar de bolsas de compras, bocinas, semáforos y miradas vacías, es calmo y casi otoñal. Ya no hay carteles de ofertas, sino un gigantesco poster de The Who que decora el rudimentario home studio armado en una de las habitaciones del apartamento. Son las 18 del sábado, y los últimos albores de la tarde entran sin pedir permiso por la ventana. Flopa toma un sorbo de mate y se balancea sobre la silla. Libros y discos distribuidos por el cuarto parecen ser la decoración acorde a una artista que parece pensar la música y la literatura de una misma manera.

--¿Nunca fantaseaste con la idea de sacar un libro?
--(Piensa) En el ‘97 hice una recopilación de unos poemas que tenía, se los regalé a unos amigos y ya. Pero no, nunca me pareció bueno como para mostrárselo a nadie más que a mis amigos.

--Es decir que sentís la poesía más ligada a la música...
--Es que, ¿qué es la poesía? Me parece que tiene que ver con expresiones poéticas. Las letras de las canciones te permiten cosas que la poesía no te permite, como venir cantando una frase, y la melodía hace que puedas cortarla donde quieras. Te permite hablar coloquialmente o hablar en rima consonante como Calamaro (ríe) y todo va a depender de como estés acompañando con la melodía. La poesía en sí misma es la musicalidad que tiene, porque te lleva el ritmo mismo de la palabra, los espacios y los tiempos con los que vos la leés. Ya que tampoco es lo mismo cuando vos leés la poesía para tus adentros que cuando la decís. Cuando vos decís es otra cosa que cuando pensás.

--¿Cuando escribís, pensás en un ritmo que luego pasa a la música?
--En general sí. Mi formulita inicial es un machaque de (tararea) “papá-papá-papá”. También tengo un montón de temas que son parecidos justamente por eso. Porque es el carril por donde sale. Después te encontrás otras cosas por el camino y vas probando a propósito. Yo tengo un germen del que después se desarrolla todo. Haciendo letras con (Ariel) Minimal nos morimos de risa. Hay momentos en los que yo le digo: “se me ocurre algo pero me da vergüenza decírtelo. Una frase hecha, totalmente hecha”. Pero después la cantas, viene con la melodía y la mandas atrás de dos o tres frases. Y después la escuchas y pensás “¿cómo se me ocurrió esto?” Porque estás tirando fruta, es otra manera de hacer las cosas, del súper filtro y el enfocar y querer decir algo, a hacerlo en automático, sin filtrar, y sale también.

El año 2003 encontraba a Lestani junto a Minimal y Mariano (Manza) Esain grabando un disco que, casi sin proponérselo, se convertiría en uno de los trabajos más celebrados de la década pasada. Flopa/Manza/Minimal nació en un hiato entre el infame post-cacerolazo y la tragedia de Cromañón. “Nos conocimos con la excusa de una canción mía que había escuchado Ariel. Manza lo había convocado para hacer unas fechas de guitarras. Fue todo muy azaroso, antes de Cromañón, en 2002. Yo ya los conocía de haberlos visto con sus bandas, con Pez, Menos que Cero… nos teníamos de vista del medio. Para mí fue mágico el día en que, sin saber nada, Ariel me dejó un mensaje en el contestador diciéndome que se habían juntado con Manza, que habían escuchado un disco con unas grabaciones mías que le había pasado un amigo y que querían hacer el tema ‘Sonajeros’. Y que lo iban a tocar ese mismo sábado. Me dijeron que si quería tocar con ellos estaba invitada. Cuando llegué estaban probando sonido, nunca nos habíamos juntado antes, pero ellos habían sacado la canción, se habían juntado y habían hecho unas armonías en las voces y lo que quedó grabado fue la primera vez que lo escuché, que me dijeron ‘un dos tres’ y el tema salió andando. Como que a partir de ahí nos dimos cuenta de que teníamos una química, de que podíamos por lo menos hacer la performance de los temas. Después se hizo difícil ajustar los tiempos de cada uno”, reflexiona Flopa, y agrega “Ariel estaba a full con Pez y con otros proyectos, recién terminaba de tocar con los Cadillac, y estaba tocando con Lito Nebbia. Manza labura como productor y estaba a full con eso. Además, entre ellos dos hay una relación familiar de amor y odio, hay amor pero bueno...no pueden estar juntos mucho tiempo (ríe): uno dice blanco y el otro dice negro, tienen como choques estéticos, pero bueno, son dos genios. En ese momento se alinearon los planetas. Después siempre estuvo la idea de que en algún momento lo íbamos a volver a hacer.” Y volvieron. Esta vez Flopa y Minimal a dúo, con cuatro temas que conforman el EP Reducción de daños, grabado en una sola jornada, en los estudios TNT.

--A ocho años de Flopa/Manza/Minimal, ¿cómo se da ésta colaboración, ya no en trío sino en dúo?
--Más que un volver es un seguir, ir para adelante, un poco más allá. La idea era seguir, redoblar la apuesta y empezar a componer juntos. Manza, en cambio, necesita pensar las cosas, cranearlas, le cuesta largar todo espontáneamente. Entonces cuando dijo que no tenía tiempo para embarcarse nuevamente en el proyecto, le dije “cuando tengas tiempo lo haremos los tres, así que seguimos para adelante y nos juntamos con Ariel y estamos haciendo los ‘chicles’ estos”. Para mi es sorprendente. No sabía que podía hacer canciones así.

--Es decir que el EP sería una primera etapa.
--Claro, tenemos la idea de hacer más. Fue todo como una prueba también, volvernos a juntar a hacer canciones y ver qué pasa. Cuando nos dimos cuenta de que en tres semanas teníamos cuatro canciones después de juntarnos una vez por semana, empezamos a encontrarle el gustito. Después no sé si vamos a repetir esa fórmula o vamos a ir probando otras cosas. Cuando grabamos el EP, en una sola noche en la sala de Pez, terminamos, le agregamos un solo, una pandereta y nada más. Teníamos el bajo, la batería y pensábamos “ya fue, vamos a ponerle de todo”, había que enchufar y grabar nada más. Pero lo tomamos como dogma y dijimos “no, hagámoslo así, como un esqueleto”. Si con eso se sostiene, el tema después resiste cualquier cosa. Tenemos la idea también de hacer dos versiones de los temas para que quede la acústica y después otra. Por ejemplo, hay algunas canciones que las estamos cantando y me las imagino con vientos, timbales (ríe) y por ahí lo podemos hacer también. En vivo vamos a seguir tocando con las guitarras, pero a la hora de grabar, ¿por qué no? Es más lúdico. No es nada serio, de hecho a los temas los llamamos “chicles”: pegadizos, cortitos, aparentemente superficiales. Hay veces en la que escribimos cualquier pelotudez, después las escuchamos y decimos “ah, mirá, algo me dice”.

--¿Todo esto termina aportándole al disco un carácter más urgente?
--Tiene una inmediatez tal que no tenía sentido editarlo como simple. Primero, porque no tenemos la plata y no sé si tiene sentido hacer un simple. Segundo, no hay cultura acá de eso, no hay mercado, no hay industria como para hacer un simple y venderte un disco de cuatro temas. Porque con lo que te sale hacer un CD, para eso le meto doce temas, no cuatro. El estudio hay que pagarlo, el arte del disco hay que pagarlo. O sea, todo se paga.

--Al ser dos, ¿cambió la dinámica con respecto al trío?
--Es otra energía, una dinámica diferente. Es todo mucho más inmediato, hay más complicidad porque no estamos tan agarrados de algo que ya es así, de un tema que ya vino hecho. Como lo hicimos juntos y lo vamos cambiando en el momento, de una semana a la otra, decimos “no, esta palabra no cierra; tenés razón vamos con la otra”… Los temas los estamos haciendo todo el tiempo. Empezamos con esto de los ciclos los jueves a tocar canciones que todavía no están definidas. Es que, en realidad, hasta que no grabás, la canción va y viene. Le cortas el final, se lo alargás, probas una cosa, probas otra. Entonces tenemos una libertad en eso. Cuando éramos tres, estábamos mas agarrados, incluso vocalmente. Para meter tres voces te tenés que ordenar, ¡sino es un quilombo! (ríe).

--En el EP las voces por momentos parecen una sola...
--Es que con Ariel tenemos un timbre bastante similar. Nos damos cuenta también cuando tiramos ideas y cosas, que cada uno tiene un fraseo particular, sus formas de hacer las cosas. Obviamente que no es lo mismo, porque falta Manza, que tiene su manera particular de cantar, con su voz, con su color, sus temas, sus composiciones, es otra cosa distinta.

--Con Flopa/Manza/Minimal, explota, en consonancia con Cromañón, la movida del acusticazo, ¿cómo surge todo eso?
--Yo estaba en eso de lo acústico. Yo venía del '99, 2000, que dejé de tocar en barro, y agarré la criolla porque no quería tocar más. Entonces sentí que la cosa se armó para el lado de donde yo estaba.

--¿Pensaste en volver a esa etapa, más hardcore, más rockera?
--Tengo muchas ganas. Lo que me traba un poco ahora es el tema del canto. Tengo que aprender a cantar de nuevo para cantar a otro volumen. Siento que aprendí a cantar a un volumen acústico, y eso después llevarlo a una banda de rock es complicado. Me pasa a veces cuando canto con Pez, que el tema suena buenísimo pero yo siento que la voz se queda atrás. Es otro aprendizaje, pero sí, siempre me agarran ganas. Es más, ahora que todo el mundo está con la guitarrita acústica, me pudrí de tocarla, ya fue (ríe). Lo de guitarrita es cariñoso.

--Cuando pasaste del rock a lo acústico, ¿qué cosas encontraste que no le estaba dando el otro formato?
--Primero, que me permitía estar yo sola con la guitarra y no tener que andar lidiando con nadie más que conmigo. En ese momento me costaba tener una banda en la espalda, de tres chabones así de grandes (levanta los brazos), en un punto también me costaba eso... hay que llevar una banda, o sea si no es un grupo donde están todos poniendo por igual, te la tenés que cargar y la tenés que llevar adelante. Yo no estaba para eso, sentía que no me gustaba lo que estaba haciendo. Me gustaban las canciones, pero en un momento llegué a pensar en llamar a otro cantante. Hacer yo las canciones, tocar la guitarra y que viniera otro y cantara, porque no me sentía cómoda. Fue entonces cuando me di cuenta que al bajar los decibeles encontré la expresión.

La tarde quedó atrás y su lugar es ocupado por la noche. Abajo, las luces de Rivadavia forman una serpiente que se mueve incesante hacia el Este y el Oeste. Lestani en cambio y, parafraseando a Serrat, hace camino al andar. No hay Este y Oeste. Es la música como un viaje, sin boleto de retorno, sin ataduras y, sobre todo, mirando por la ventana y disfrutando del recorrido.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El cine en clave de mujer.-

Con el objetivo de transformar el campo de experiencia de la pantalla grande, la asociación cultural “La Mujer y el Cine” desde hace más de dos décadas estimula, promueve y difunde las películas realizadas por creadoras y artistas. En el marco del Concurso Iberoamericano de Cortos organizado por el colectivo, NAN charló con Annamaría Muchnik, la directora del certamen, sobre la mirada de género, la creación, el poder, las marcas y las problemáticas sociales en un mundo que por mucho tiempo fue prácticamente exclusivo para hombres.

Por Soledad Arréguez Manozzo.
Fotografía gentileza La Mujer y el Cine

Buenos Aires, septiembre 21 (Agencia NAN-2011).- Sus voces no se escuchan ni trascienden los muros de la habitación. Ellas piden ayuda entre los jadeos y forcejeos de los clientes que, noche tras noche, usan sus cuerpos por unos billetes. Sin embargo, nadie logra oírlas. Escúchame es uno de los cortometrajes ganadores del Concurso Iberoamericano de Cortos organizado por “La Mujer y el Cine”, una asociación cultural que busca promover y difundir las películas hechas por mujeres, desde hace ya 23 años. Desde sus comienzos, busca estimular que las jóvenes ejerzan roles de liderazgo en la industria del cine, y así mostrar una producción creativa que dé cuenta de la mirada femenina sobre el mundo, las voces y las personas que lo rodean. Ser mujer se transforma en un campo de experiencias, es vivir la vida desde un lugar específico. Por eso, ellas amplían las miradas sobre la pantalla grande, que fue por mucho tiempo, un mundo casi exclusivo de los hombres.

La presencia de las mujeres busca enriquecer el cine tradicional y contemporáneo. “No queremos que, como espectadoras, vengan solamente mujeres. Nos parece interesante que los hombres vean el punto de vista, las problemáticas y las formas de realización de la mujer”, cuenta Annamaría Muchnik, integrante de la comisión, en diálogo con Agencia NAN. La asociación surgió por iniciativa de un grupo de mujeres vinculadas a la cultura --Maria Luisa Bemberg, Lita Stantic, Sara Facio, Beatriz Villalba Welsh, Susana López Merino, Gabriela Massuh y Marta Bianchi—cuando notaron que eran muy pocas las directoras en el ambiente. “Con el paso del tiempo, las mujeres fueron ocupando lugares de mayor preponderancia social, y de a poco, la desigualdad se empezó a equilibrar”, asegura.

La última edición del Festival contó con medio centenar de trabajos de países de Iberoamérica, y la proyección de 14 películas breves realizadas por jóvenes de pueblos originarios. En esta oportunidad, los films centraron su mirada en los ejes de “Mujeres de los Pueblos Originarios” y “Violencias”. “Creemos que una manera de visibilizar estos temas es mostrándolos a través de las imágenes y la creación de las directoras”, subraya Muchnik durante la entrevista.

-Entonces, el foco de la cámara se convierte en una herramienta para desnaturalizar ciertas problemáticas de la sociedad. ¿Eso es posible?
-Así es. Mostrar es visibilizar, es decir que existe. No es un cuento o una ficción. Verlo es tan fuerte que concientiza, termina haciéndose carne en la gente que mira y se da cuenta que lo que ve es parte de lo que sucede en la sociedad. La única manera de luchar contra la violencia de la mujer es uniendo el esfuerzo, los hombres tienen que ser participes de esta lucha, tienen que ponerse a favor de terminar esta violencia, es una tarea evidentemente de las mujeres mostrarlos, de todos, luchar contra eso.

-¿Hay una mirada particular de la mujer en el cine?
-Es difícil decir si existe una especificidad de la mirada femenina en la realización cinematográfica, pero sí existe un modo de filmar propio de las mujeres. Permite mostrar, recortar ese universo narrativo de los varones, es lo que de algún modo justifica hacer una muestra específica de mujeres. Lo que define ser mujer, es un campo de experiencias, es vivir la vida desde un lugar específico y particular, y por lo tanto, esa especificidad deriva en la manera de filmar, en la perspectiva, en el punto de vista, en la observación, acerca de los asuntos humanos, que necesariamente están presentes en cada una de las filmaciones que ellas crean.

-¿El género de algún modo condiciona los temas para la producción cinematográfica?
-Las mujeres filman el mundo, la vida, las cosas que le pasan. La temática es universal, general, amplia, tal vez cambia el enfoque, pero no la temática.

-Sin embargo, el cine fue por mucho tiempo ocupado por los hombres.
-No es el único lugar, el mundo fue ocupado por los hombres durante siglos. Eso repercute en la creación. En estos últimos años, con el advenimiento del feminismo y los movimientos sociales que reivindican los derechos de las mujeres, ellas empezaron a mostrarse, a crear, a ocupar lugares de poder. Antes esporádicamente aparecía una mujer que filmaba, pero no era puesta en primer plano.

-¿Entonces, la creación artística puede entenderse como una relación de poder?
-Es una muestra más de poder: para filmar se necesita dinero, equipos de trabajo, apoyo. La directora de cine tiene mucha gente que le responde, y por lo tanto, tiene que tener una dosis de poder. Durante muchos siglos, no estuvo bien visto que la mujer manejara el poder, el dueño era el hombre.

-El sexismo presente en algunas películas da cuenta de esta tensión de poder entre géneros. ¿Esta muestra es un intento por borrar esas marcas?
-Debería terminar con eso, el proceso es más lento. Una queja que muchas veces he escuchado es que no hay roles para mujeres grandes, después de cierta edad no tiene lugar en la pantalla, lo que no sucede con los hombres. Hay que ir avanzando en este tema.

-¿Qué lugar ocupa hoy la mujer en la industria del cine?
-Hay cada vez más mujeres realizando tareas técnicas en la industria del cine. Si bien el proceso es lento, cada vez más trabajan a favor de la incorporación de la mujer en todos los roles y lugares que una filmación requiere. Antes entrabas a una filmación y detrás de cámara veías sólo hombres. Hoy no es así. En los últimos veinte años, el crecimiento de las mujeres en la creación cinematográfico fue grande. Hay muchas chicas jóvenes filmando.



martes, 20 de septiembre de 2011

Depilación, tintura y asesinato clandestinos, en Liberarte.-

Seis mujeres. Todas esconden algo. Todas dicen ser lo que no son. Y todas optarán por aliarse para guardar un mismo y oscuro secreto. Humor negro en calle Corrientes, de la mano de José Luis Calandrón.

Por Natalia Arenas
Fotografía gentileza Depilación...

Buenos Aires, septiembre 20 (Agencia NAN - 2011).- Si existiese un centro neurálgico donde confluyeran el histrionismo, la curiosidad y el palabrerío femenino, debería estar montado justo en el medio de una peluquería. Acaso sea esa la justa razón por la que José Luis Calandrón imaginó su historia en la casa de La Turca Ester (Peter Panthy). Allí está instalada una sala de tintura y depilación que -a mitad de la obra se sabrá- funciona de manera clandestina.

La Turca se gana la vida a puros cavados y claritos. Cuatro de sus asiduas clientas la visitarán una tarde como cualquier otra, sin saber que, luego de que irrumpa otra de las protagonistas, todas ellas terminarán siendo sospechosas de un crimen que alguna cometió.

Durante la primera parte, Depilación, Tintura y asesinato presenta a sus protagonistas. Cecilia (Lucila Goldberg) es una prostituta estrafalaria y ordinaria que se vanagloria de su aparente actitud lanzada. Laura (Laura Faienza), que desde su vestimenta hasta su estilo es la antítesis de Cecilia: un ama de casa retraída y reprimida. Sonia (Cecilia Savoia) es una mujer de clase media alta, refinada, quien se caracteriza por ocuparse de tareas relacionadas, históricamente, al sexo masculino: plomería, albañilería y alguna otra acción doméstica que se contradice, en principio, con su aspecto. Ramira (Denise Shocrón) es la asistente de La Turca, una adolescente aniñada con voz chillona. La última en entrar en escena es Aurora (Lorena Portal), una oficial de Policía que llega por primera vez al local, con la aparente intención de depilarse.

El recurso que utiliza el director –quien por primera vez se planta en la calle Corrientes- para mostrar más de estas seis mujeres es introducir una pizca musical en la obra. En la mitad de un diálogo, una palabra es disparadora para que alguna de las protagonistas cuente algo de si misma. Las luces bajan y se enciende el modo canción: la susodicha canta su breve historia y las demás la acompañan en los coros.

Todas ellas esconden algo. Todas, por diferentes razones, se verán involucradas en un crimen que sucede a pocos pasos de la sala de espera. En la cocina, el cadáver del marido de La Turca plantará la sospecha y, curiosamente, todas tendrán motivos para haberlo asesinado.

Se sabe, toda historia necesita de un conflicto. Y en la pieza teatral de Calandrón, este ineludible condimento se hace esperar, tal vez más de la cuenta, y la historia --la verdadera historia-- parece empezar recién con la llegada de Aurora. Entonces comienza la acción.

Desentramar el cómo, cuándo y por qué del crimen hará que cada una de las sospechosas tenga que repasar su historia y desnudar su privacidad. En la constante trivialidad que hace culto a la estética, se esconden personalidades impensadas y oscuros secretos. Con algunos pases de humor negro, ironía y un tinte pasional en cada una de las protagonistas, la obra danza, a partir de allí, entre el policial, el drama y la comedia.

Merecido premio de la Fiesta Internacional de Teatro 2011 a Faienza, quien, por momentos conmueve, por otros irrita y alguna vez incomoda. Compone un personaje digno de lástima, que no se cansa de repetir “no soy nadie” y demuestra con el cuerpo y la palabra que quisiera estar en el lugar de cualquiera de las otras protagonistas, aún con mucho más para perder. Vaya un reconocimiento, también, para Savoia, no sólo por su prolija caracterización de señora bien, sino también por componer, acaso, el personaje menos estereotipado de todo el plantel.

Una colorida y ochentosa puesta en escena completan el espectáculo y un final que demuestra (si vale el lugar común) aquello de que las mujeres unidas jamás serán vencidas. Ni siquiera por un cadáver. El cadáver de un hombre que, dicho sea de paso, y a juzgar por las propias sospechosas, bien muerto está.

Depilación Tintura y Asesinato, de José Luis Calandrón. Todos los sábados de septiembre, a las 21.30 en Liberarte, Corrientes 1555, Capital Federal.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Discos: “Le Disc de Astrou” (Astro, 2011).-



El brillante cuarteto aporta una pieza notable a la tradición psicodélica trasandina, inaugurada con Aguaturbia 41 años atrás, hecha de orgullo generacional, recurso al surrealismo y confusión como dispositivo de perversión de la realidad.

Por Luis Paz

Buenos Aires, septiembre 19 (Agencia NAN-2011).- Hace 41 años y seis meses, la publicación del primer disco de Aguaturbia inauguró la tradición de música psicodélica moderna en Chile. Duró poco: hace 40 años y diez meses, el guitarrista Carlos Corales; su compañera, la cantante Denise, el bajista Ricardo Briones y el baterista Willy Cavada debieron exiliarse por las amenazas y el rechazo que los grupos conservadores manifestaban atacando sus shows y persiguiéndolos en Santiago de Chile con insultos y golpes listos para impactar. Entre 1973 y 1990, Chile fue regido por el ilegítimo gobierno de Augusto Pinochet, y los tibios esbozos de una posible psicodelia, que creció de la mano de bandas como Los Juglares, Destruction Mac's, Congreso o Arena Movediza y artistas como Jhuliano, Almandina o Leslie Murray, sucumbieron por la persecución, las desapariciones o el exilio. Dos décadas después del final del mandato de Pinochet, acaba de aparecer otra pieza notable para la tradición psicodélica trasandina, ahora que el brillante cuarteto Astro acaba de publicar Le Disc de Astrou en toda la región.

No resulta demasiado curioso el hecho de que buena parte de la base musical de Astro (Andrés Nusser, Octavio Cavieres, Nicolás Arancibia y Daniel Varas) esté construida sobre sonidos y en base a instrumentos que poco tienen que ver con la cultura chilena. Por un lado, porque la propia cultura oficial de su país en cuanto a la música pop fue básicamente importada. Por el otro, porque los tratados de libre comercio que también determinan la vida social de ese país y ofrecen un marco fantasmático de “calidad de vida” para sus ciudadanos, sumados a las malas gestiones sucesivas en cuanto a cuestiones como el folclore, las comunidades originarias y el entramado cultural, han dejado a los jóvenes chilenos más cerca del animé, de las Mac, de los iPod y de los sintetizadores a bajo precio que del charango chileno o la trutuca. En ese marco, y si bien las cuerdas de nylon y los instrumentos percusivos locales tienen su parte en las muy buenas canciones del grupo, lo de Astro va más por el lado del pop psicodélico o el dream pop con sintetizadores á la MGMT, Animal Collective o The Radio Dept.

Lo que sí es notable es cómo, no obstante, los Astro se valen de los mismos elementos que Aguaturbia, Los Juglares o Arena Movediza: un orgullo generacional mediante el que el pulso de su juventud pasa al frente, un recurso al surrealismo como método de confusión y a la confusión como dispositivo de perversión de la realidad; y una poética que completa su condición mágica con el ingreso de “las plantas del poder” a su lírica. “Mono astral, mono maya; mango, guayaba del trópico; ascenso mítico, dioses; ritual, ofrenda frutal”, enumeran en la brillante “Mono tropical”, que cierra con el soberbio verso “no son electrónicos, no usan pilas”. Aunque quizá uno de los elementos más prácticos de su relato psicodélico tenga que ver con lo que suena en “Ea Dem!”, donde sus livianos arreglos apelan durante sus tres minutos y cuarenta segundos a la teoría matriz del arte psicodélico: la capacidad de deconstrucción de los mecanismos del ego reflexivo, y a partir de esa abstracción, la habilidad de “gotear” como participante del Universo en una cascada de energía de deshielo en camino al mar eterno.

Una de las más bellas canciones de este breve disco, que siendo su primero oficial trae pocas canciones (siete) en poquísimos minutos (veintidós), es la preciosa “Le Golden Ballon”, en la que las ideas anteriores acerca de la vida, la magia y la muerte en la naturaleza se expresan en un grito salvaje que también es generacional (porque los Astro tienen también la edad de los estudiantes organizados y de los ejércitos de empleados flexibilizados del sector de servicios, pilar de la economía trasandina) y apela al último elemento central de la psicodelia, la no admisión de la concordia con la moral dominante: “Pintar todos los globos color oro, llenarlos de peces exóticos, eróticos; soltarlos para que vuelen, dejarlos que vayan lejos... y reventarlos de lejos a escopetazos, explotarlos desde acá abajo a pistolazos, hacerlos brillar de lo lindo; arriba, lejos, donde no hay nada”. Un pasaje que, en sí y para sí, también pinta de color óxido al comportamiento de las generaciones chilenas curtidas por la dictadura y por las primeras épocas de la concertación, para las que intentar elevarse era un peligro: no había nada allí y siempre se corría el peligro de ser estallado desde abajo o explotado desde arriba.

La violencia, el terror y la imposibilidad de confiar de los que la sociedad chilena sigue tratando de limpiarse a dos décadas de la dominación del hombre civil por el hombre de armas es incluso más evidente en “Drogas mágicas”, un majestuoso cierre para este pequeño gran disco y una canción cuya letra, curiosamente, aparece publicada en cantidad de sitios cristianos, incluso cuando la fuerte raigambre católica (casi una política de Estado durante todo el último siglo, en el que la Universidad Católica fundó las “necesidades” profesionales del país) continúa en conflicto con las prácticas originarias en el marco de una única ciudad poderosa (Santiago de Chile) en donde las calles siempre parecen ajenas: “No tengo miedo a las masas, te tengo miedo a ti porque, si miro de lejos, me tirarás un misil sónico, me enterrarás tu cuchillo (…) Hicimos de todo en esta ciudad: era nuestra, rompimos los autos, colgamos pancartas que decían 'te quiero así'. Eras tan gigante y loca de verdad, habrán sido drogas mágicas”.

Sitio: http://astroband.bandcamp.com

viernes, 16 de septiembre de 2011

Santiago Asef y la travesía de hacer un documental a caballo.-

El cineasta platense trabaja desde hace más de tres años en su primer largometraje, aquel que intentará retratar el trayecto que ocho jinetes emprendieron desde Jujuy hasta la Ciudad de Buenos Aires con el único deseo de homenajear a la patria por los festejos del Bicentenario. Según el realizador, la primera serie de proyecciones se realizará en diciembre, en Las Flores y Ayacucho; luego el film recorrerá todo el país.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Foto de The Dark Flack

La Plata, septiembre 16 (Agencia NAN-2011).- Ocho jinetes emprendieron una travesía a caballo por el país, esperando llegar a Buenos Aires durante los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Santiago Asef, un joven cineasta platense, los acompañó, filmando sus pasos y soñando con un largometraje que no sólo mostrará el viaje entre San Salvador de Jujuy y la Ciudad de Buenos Aires, si no que, además, pudiese ahondar en los detalles de esos ocho andantes que emprendieron semejante viaje con la única intención de homenajear a la patria y, claro está, a través de sus miradas retratar las cotidianidades de los pueblos visitados. Un año después de la travesía de 64 días, el documental es casi una realidad: tiene nombre y apellido (Bicentenario, un viaje a caballo por Argentina) y cuenta con un work in progress que fue presentado en la Feria del Libro de la Rural. “Terminar una película es algo colosal, costoso y sacrificado; un camino empinado. Empezar a darle forma es, por momentos, estar en las tinieblas y bastante solo. Cuando me surgió la idea de hacer Bicentenario…, no contaba con la experiencia para ganar algún concurso o subsidio, y tampoco con una economía personal como para apostar y sustentarlo. Tenía sólo una idea que creía buena. Y en eso nunca dejé de creer”, resalta Santiago dispuesto a reflexionar con Agencia NAN sobre los motivos que hicieron que su película lleve a esta altura más de un año de postproducción.

Sin embargo, 18 meses no son nada para Asef. Es que tanto para él como para los guachos, esta travesía y su consecuente documental llevan ya varios años a cuestas: “Todo empezó hace bastante tiempo. Los jinetes ya venían organizando esta travesía desde 2007 y habían hecho una parecida en 2005, uniendo Buenos Aires y San Miguel de Tucumán. En un viaje que hice a Las Flores, uno de ellos, Jorge Guerendiain, me comentó esto que venían planeando; unir a caballo los Cabildos testigos de los acontecimientos de 1810 como homenaje para el Bicentenario. Era abril de 2008 y yo hasta ese momento no sabía nada de las cabalgatas ni de La Marcha de los Cabildos --nombre puesto por los jinetes a esta travesía--, pero al escucharlo en seguida se me dibujó una película en la cabeza. Tardé cuatro segundos en decidir que había algo ahí y entonces le dije al gaucho: ‘Jorge, yo voy a hacer una película con eso’”.

Como si se hubiese tratado de un momento premonitorio, o del desarrollo de la virtud de un visionario, aquella decisión a largo plazo que Santiago tomó en el otoño de 2008, pronto comenzó a cobrar forma, entusiasmándolo aún más y permitiéndole acariciar de cerca lo que sería su primer largometraje. Entonces, llegaron las certezas. “Supe que era la oportunidad para mostrar un abanico de paisajes, acontecimientos y personas dando reflejo de nuestra identidad argentina. Además de poder brindar un testimonio de época, por ser la vigilia de una fecha histórica. Un documental sobre gente común brindando un homenaje a toda la patria”, asegura convencido y dispuesto a describir como lentamente fue acercándose a los ocho jinetes que pronto se convertirían en compañeros de ruta, para luego gestar progresivamente la película “de ambos lados, hasta casi fusionarse en el mismo proyecto”.

Cuando ya los caballos habían iniciado la marcha, Santiago pudo ver que su premonición había estado en lo cierto. Mientras un sinfín de paisajes se desarrollaban a su alrededor, logró entender qué era lo verdaderamente atractivo de la travesía, esos pequeños detalles que la hacían única: “Los que me atrajeron son esos momentos donde se ve al grupo de jinetes haciendo, viviendo, sufriendo y disfrutando del viaje; las discusiones, las chicanas, las charlas con otros gauchos. Esas escenas que finalmente serán de drama o comedia, son el corazón de la película y se articulan con la otra mirada que contiene el documental, que es más periodística si se quiere. A eso se le suman los desplazamientos a caballo por lugares inhóspitos que son mostrados en tono de aventura, andando cuesta arriba y cuesta abajo en las sierras de Guachipas, cruzando ríos caudalosos, como el San Antonio, o atravesando grandes extensiones planas y monótonas como el salitral del suroeste de Santiago del Estero”.

El diario de viaje sobre ocho paisanos que se propusieron rendir homenaje a los revolucionarios de 1810 es una buena idea y, además, para Asef, se presenta como una gran vivencia: “Nuestros gauchos-jinetes despertaban un sentimiento muy fuerte e impensado en la gente. La gente del norte del país siente estos actos con verdadera devoción y los entiende en su fase más terrenal y emocionante. Por momentos, en el andar minucioso, pude sentirme orgulloso de ser parte de una comunidad tan grande y diversa. Además, responder a un Viva la Patria gritado por un gaucho norteño en medio de un desierto son cosas que no vivo todos los días”.

Durante ese recorrido de 64 días, Asef también se enfrentó a sus propios límites como cineasta, permitiéndose construir lo que ahora es entendido como una práctica no sólo enriquecedora por el material registrado sino también por la capacidad formativa que encierra. De ese modo, durante el “matrimonio de doce personas” (conformado por ocho jinetes, un chofer de camioneta y tres trabajadores abocados al documental) que mantuvo durante más de dos meses, las enseñanzas fueron muchas. “Filmábamos todos los días y a cualquier hora y los jinetes siempre estaban dispuestos, aunque teníamos que mantener un equilibrio para no cansarlos a ellos y para no cansarnos nosotros. No es sencillo estar concentrados tanto tiempo, pero a su vez suceden cosas y hay que estar preparados. Para nosotros, como realizadores, era como vivir dentro de una película las 24 horas. Tuve que manejar mis ansiedades y comprender y coordinar los ánimos del resto”, señala para luego destacar los lazos que además le dejó la travesía: “Disfrutamos mucho el viaje y tengo certeza de que nos marcó para siempre. Un viaje como este, te une”.

Frente a un trayecto tan rico como el que recorrió Asef junto a sus gauchos, no es posible imaginar un final de recorrido mejor que el de los festejos del Bicentenario que, con una multitud reunida en las calles, lograron erizar la piel de más de uno. “Aunque una de las tesis que manejaba para realizar este trabajo se basaba en la improvisación y en no programar demasiado, apostando por la espontaneidad, la fantasía de la película estaba bastante pautada por el recorrido y mucho más por el punto de arribo; teníamos que llegar al Cabildo de Buenos Aires el 24 de mayo a las 23:45, prestos a esperar el primer segundo del Bicentenario. Mi preguión de especulaciones decía que, al contrario de llenarlos de emoción, a los gauchos protagonistas les tenía que hacer ver en sus rostros lo importante de todo el viaje realizado y de la responsabilidad de transmitir los mensajes aprendidos. Había soñado con ese momento por dos años y sucedió tal cual”, describe para luego añadir entre risas que el único agregado que encontraron sus suposiciones fue que esa noche había 2 millones de personas en la calle.

Actualmente, los ocho jinetes junto a Santiago y el equipo de realizadores esperan a que Bicentenario… sea terminada. Luego, vendrá el estreno y el redoble de apuestas. “Haremos una serie de presentaciones en diciembre. Las primeras proyecciones serán con seguridad en las ciudades de donde son los jinetes protagonistas, Las Flores y Ayacucho. Estas funciones serán muy divertidas porque creemos que todos irán a ver la película de sus vecinos. En ese orden de prioridades, también estamos planificando un viaje que recorra nuevamente los pueblos y ciudades por donde pasó la marcha a caballo para compartir el documental con toda la gente que conoció y participó de la propuesta. Y a partir de ahí, veremos. En nuestra página web colgamos una encuesta y una ficha de inscripción para todos aquellos que se sientan identificados y quieran verla. Pondremos todo nuestro empeño en que se proyecte en todo el país. Felizmente, ya hemos recibido muchas invitaciones de localidades del interior”, sostiene Asef entusiasmado, todo para pronto y entre risas resumir con una única frase el espíritu que ese estreno, como el documental y su rodaje, encierra: “¡Viva la Patria!”.

Web: http://www.bicentenariopelicula.com/

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cine de sudestada.-

Con sus dos últimas producciones los realizadores neuquinos Iñaki Echeberria y Fabio Rodriguez Tappa, recibidos de la Universidad del cine y el ENERC respectivamente, lograron abrir la cancha hacia nuevas historias que reflejan el pasado y el presente de una Patagonia que siempre estuvo cerca.

Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza Fabio Rodriguez Tappa

Neuquén, septiembre 14 (Agencia NAN-2011).- Rescatar las historias que esconde la Patagonia, tierra que ha visto muchos pies poblarla, fue una de las premisas que los realizadores audiovisuales Fabio Rodriguez Tappa e Iñaki Echeberría persiguieron desde su camino artístico. Además de ser testimonios de la vida en ese suelo al sur del país más al sur del mundo, El Mundial que nunca se jugó, basado en el cuento de Osvaldo Soriano, y Chaneton, el documental, fueron elegidas entre más de cien presentaciones dentro de los concursos que el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (NCAA) lanzó el año pasado en el marco del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales y Digitales del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre, como representantes de Río Negro y Neuquén respectivamente.

“Con esto se nos abre la cancha. Es el momento de contar las historias de la Patagonia sin caer en las tendencias for export. Es un despertar”, resaltó para Agencia NAN Fabio Rodríguez Tappa, uno de los mentores de la dupla Vamos viendo, con la que, entre otras producciones, trabajaron para XXY de Lucia Puenzo (2007) y On the road (2010), la versión audiovisual de la novela de Jack Kerouac producida por Francis Ford Copolla y dirigida por Walter Salles.

La primera gran historia
Tanto Tappa como Echeberría se encontraron, en pleno sol de febrero, cumpliendo con los roles de guionistas, realizadores y directores. Las producciones fueron filmadas en Barda del Medio, una localidad ubicada al norte de Río Negro, donde se estima viven alrededor de 1500 personas; pobladores que formaron parte de las filmaciones como extras.

“Hablar de Chaneton es como hablar de San Martin, porque para la ciudad fue muy importante aunque pocas veces se lo recuerde. La Patagonia está llena de historias para contar. Una vez, en un viaje a Hua Hum (San Martín de los Andes), me contaron la historia de Martin Bresler, un sudafricano que llegó a la ciudad a fines del XIX para trabajar en el campo. Luego cayó preso, por delitos nunca comprobables. En la cárcel organizó la fuga de presos más importantes de la Patagonia días antes de obtener el beneficio del indulto por extranjero, que derivó en la Matanza de Zainuco. Pero él logró escapar a caballo, cruzando el río Limay y el Collon Cura en invierno y, cuando lo agarró una nevada en el cruce de Hua Hum, mató a su caballo y se metió en su vientre para no morir congelado. De esa historia oral que cuentan los paisas se desprendió inmediatamente la de Chaneton”, destacó Rodriguez Tappa.

El relato es llevado por tres historiadores de la ciudad: Enrique Masses, Fernando Casullo y Santiago “Polito” Belmonte. Ellos construyen la historia de Chaneton en base a una pregunta que los directores, aún viviendo en Buenos Aires, comenzaron a hacerse: “¿Qué es lo que encanta de Neuquén y especialmente de la Patagonia?”

“Si bien hay belleza, muchas de las ciudades no son agraciadas por la cuestión climática. Son ásperas, pero la gente se queda porque las quiere y, sobre todo, porque son tierras de soñadores. Imaginate lo que era hace cien años, y muchos se quedaron. Como Chaneton, que vino con el sueño de defender los derechos de las personas y, por denunciar una matanza, tuvo que soportar que el gobernador (Eduardo) Elordi le sacara el apoyo oficial a su diario y ser asesinado camino a Buenos Aires, hacia donde se dirigió dispuesto a denunciar ante el presidente (Hipólito) Yrigoyen la matanza de Zainuco, donde fusilaron a los presidiarios”, destacó Rodriguez Tappa.

Un mundial que si existió
Uno de los enamorados del sur fue el periodista Osvaldo Soriano quien, atravesado por la monotonía de la estepa, lanzó el puntapié: en 1942, el Mundial no pudo realizarse debido al conflicto bélico de la Segunda Guerra. Sin embargo, como un presagio, Soriano escribió que en el pueblo de Barda del Medio (poblado por muchos inmigrantes, como toda la Patagonia), la copa máxima del fútbol se había llevado a cabo.

Así, el documental de Rodríguez Tappa y Echeberría se inicia cuando un poblador del lugar, después de leer el cuento, se pone a investigar cuánto hay de ficción y cuánto de realidad. Para ello, entrevista a los viejos jugadores y arma un audiovisual intercalando las charlas con imágenes de aquel famoso certamen. Italianos, alemanes, polacos, todas las nacionalidades participan de la competencia en la ficción e, incluso, miembros de pueblos originarios disputan la final con los germánicos.

“La idea se nos ocurrió cuando veníamos desde Buenos Aires viajando en una citroneta. La historia se fue dando de manera natural a medida que conocimos el lugar. Elegimos a Enrique Esteban como protagonista, hijo de uno de los creadores del clásico Ramos Generales del pueblo. Todo el equipo técnico, actores, extras y músicos (alrededor de 150) es o nació en la zona. Después de filmarlo y hablar con la gente, nos dimos cuenta que Soriano no estaba tan loco. La sensación fue que sí, el Mundial del 42 se jugó acá y no mucha gente se enteró”, concluyó Rodriguez Tappa quien se encuentra, también, en plena producción de otros guiones referidos a la vida del cura Don Jaime de Nevares, quien tuvo un rol fundamental para la sociedad neuquina durante la última dictadura militar.

“Hoy dejemos las puertas de la iglesia abiertas porque seguro alguien se va a venir a refugiar”, es la frase con la que Nevares comenzó su vida de servicio a los más desprotegidos. Con él, la iglesia fue verdaderamente la casa del pueblo. Pero también hubo sucesos importantes como fue el Choconazo, en 1969, o las puebladas de Cutral Co desde la década de los cincuenta. En Neuquén no anda el colectivo y la gente lo toma. Somos ásperos en un lugar áspero”, fue la conclusión a la que, en primeras líneas, logró llegar el realizador.

martes, 13 de septiembre de 2011

Elevé en No Avestruz.-

En la última obra de Paula Etchebehere, las actrices de Grupo La Chancha intentan --a través del canto, la danza y el teatro-- modificar su destino: el de “ser minitas”. Pero no lo consiguen.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Elevé

Buenos Aires, septiembre 13 (Agencia NAN - 2011).- Siete azafatas, una sola mujer, remontan vuelo a bordo de ese avión que es el vivir la vida en clave femenina. Una relación amorosa con "el" hombre. El vínculo siempre tormentoso con "la" madre. El desafío que impone el reflejo que devuelve el espejo, ininterrumpido, inacabado, imperfecto.

A ese viaje no le falta nada, ni siquiera la obligación de, como todo personal de embarcación de cualquier línea aérea, estar allí para hacer de la vida de los otros confortable en extremo: para cumplir órdenes, deseos y caprichos. Siempre ajenos. En Elevé, la última obra de danza teatro dirigida por Paula Etchebehere, las actrices de Grupo La Chancha intentan, pero no logran modificar su destino: el de “ser minitas”.

En poco menos de una hora, un trozo de la vida de Geraldine cobra forma en el espacio de la sala del Teatro No Avestruz (Humboldt 1857), destinado al escenario. Las actrices interpretan pequeños fragmentos de su vida, que podría ser la de cualquier mujer entre los 12 y los 40 años. Cada una de las siete bailarinas/actrices/cantantes marca una faceta de ese caleidoscopio en el que empieza a convertirse una fémina desde que pisa el suelo de la pubertad y la adolescencia, hasta que aterriza nuevamente en el polvo de la adultez, pasando por el hermoso vuelo de la juventud. Sufre, goza y se conforma.

Bien realizado ese caleidoscopio, meta cumplida en un trabajo compartido por todo el equipo que lleva a cabo el espectáculo. El vestuario de cada una de las “chanchas”, su peinado e incluso su fisonomía --son todas distintas: rubias, morochas, castañas y pelirrojas, petisas y bien altas, escuálidas y morrudas-- logran el mérito de la diferenciación, objetivo que también cumplen ellas mismas desde la composición de los personajes: todas una Geraldine igual y a la vez ajena. Cada una de las siete es una forma distinta de bailar, de cantar cada frase, de vivir cada situación, incluso de tomar el micrófono. Sí. Un micrófono las aguarda en un extremo del escenario para que, cada una a su turno, lo tome, lo acaricie con suaves palabras o lo sofoque con estruendosos gritos.

"La" madre pone bajo los reflectores a la vejez, la oscuridad y, si se quiere, hasta la envidia por esa niña que crece y la dejará de lado. La vieja, monstruosa literalmente, rígida, malvada –el único personaje que desarrolla pasos básicos de danza clásica, disciplina fría y estructurada si las hay, sobre una zapatilla de mediapunta; en la otra calza una pata de rana--, es aquella que no deja de recordarle nunca a la joven Geraldine que crecer duele. No puede no doler. Tiene que hacerlo, y mucho. Los gritos desgarradores de esa horrible mujer lo demuestran.

Sobre "el" hombre, en cambio, caen el deseo descontrolado, el amor indiscutido y, finalmente, el tedio irremediable. El tipo, un piloto de avión ausente en todo momento salvo desde lo discursivo, es quien la hace sentir única, distinta en el sentido de que logra que Geraldine se eleve por sobre sus pares, otras bobas enamoradizas que mueren por verla caer de la nube. El sonido cachondo de una mujer susurrando --no importa si cosas chanchas, retos o sermones-- le da la bienvenida al deseo en el ambiente. Y cae, por que el embelesamiento dura poco para todos. El impacto en Geraldine la convierte en jefa de hogar, en sostén y único ser vivo en ese vínculo amoroso que deja de ser eso y todo lo demás.

Sí, Elevé exagera un poco, ironiza bastante y satiriza en la medida justa las situaciones "tipo" por las que Geraldine --y todas-- pasamos en cada una de esas etapas emblemáticas de la vida. ¿Cómo? A través del teatro, la danza y el canto, sin que ninguna de las disciplinas artísticas se destaque por encima de la otra. En realidad, las tres acaban siendo utilizadas dramáticamente sin el despunte puntilloso de cada técnica. Sin vueltas: no se encuentran en Elevé excelentes cuadros de baile, brillantes vocalizaciones ni performances actorales que pasmen a quien vea la obra.

Pero nada de eso es necesario: el hecho de que el trabajo sobre el escenario de Belén Bottaro, Paula Caldirola, Natalia Pena, Lucía Ribera Bonet, Micaela Sananes, Eugenia Saulquin, y Daiana Villar no sea perfecto cuadra --valga la redundancia-- perfectamente con el reclamo que nace de la obra misma: ¡la mina (una vez más) perfecta no existe!

*Elevé permanecerá en cartel hasta el 29 de octubre. Todos los sábados a las 23 en NoAveztruz.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Libros: “Los zumitas/El silencio del río” (Federico Jeanmaire/Juan Martín Guastavino, 2011).-

En un formato de libro doble, conviven relatos bien diferentes: dos autores, dos obras, dos tiempos y dos formas de definir esa difusa frontera que demarca lo que está “dentro” de lo que está “fuera” en el terreno de la las letras y literatura contemporánea.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, septiembre 12 (Agencia NAN-2011).-
Outsider es lo que está afuera, lo que se excluye, lo que sobra, lo que no pega, no cuaja, no entra en las piezas del rompecabezas, cuidadosamente pensadas. Lo que “el sistema” (bendita sea esa palabra que todo lo explica) arrojó a la periferia. Es, en definitiva, ese pibe en zapatillas al que un patovica deja afuera del boliche. Lo que está adentro, en cambio, es lo prestigioso, lo reconocido, lo bueno, lo consagrado, lo que cumple a rajatabla con los ritos, normas y convenciones sociales establecidas y aceptadas: El que se pone el jeans Levi´s, la chomba de Bolivia y unas buenas Vans en los pies. Por supuesto que el que entra siempre tiene mejores chances de ganar; chicas, amigos, contacto de prestigio. Para el que está afuera la cosa se complica, los medios escasean y hay que rebuscársela para pasarla bien. Sin recursos, pero con imaginación, creatividad y empuje.

En el mundo de la literatura la cosa no es diferente. Existe un puñado de escritores prestigiosos, reconocidos y asentados que la industria tiende a reproducir con la lógica de “arriesgue lo menos posible”, y otra enorme cantidad de escritores que se quedan sin las posibilidades de acceso a ese sistema. Por que pasan estas cosas es que Ediciones Outsider salió a la luz, con un proyecto ingenioso e innovador que busca integrar estas esferas aparentemente irreconciliables que dividen al que entra al mercado, del que lo mira desde afuera. Para eso, la editorial presentó la Colección Doble Mano, un arriesgado formato de libro doble, en el que conviven dos autores y dos obras. Uno de ellos consagrado, con cierta trayectoria y prestigio ganado; el otro dando sus primeros pasos en el mercado. Federico Jeanmaire, con su libro Los zumitas asume el rol de padrino, ayudando a dar visibilidad al segundo libro de la edición, El silencio del río, obra de novel escrito Juan Martín Guastavino.

Los zumitas fue editado por primera vez con el sello Norma, en 1999. En él, un anciano de 92 años cuenta a través de una especie de ensayo, la historia de esa civilización pérdida, en la que lo mágico y lo fantástico se marcan como el tatuaje de un dragón, en la espalda de la pura realidad. “Los zumitas nunca tuvieron ejército, muy a pesar de lo cual dedicaban gran parte de su esfuerzo intelectual a reflexionar acerca de la guerra. En ninguno de los dos casos y a lo largo de dos siglos de charlas encontraron un solo motivo valedero para atacar a nadie, ni tampoco un móvil más o menos verosímil para que sus vecinos quisieran atacarlos”.

En el relato del viejo abundan las fábulas, las invenciones, los cuentos, los mitos, las cosmovisiones, la religión y todas las características que hacen a una civilización. Presentadas como las entradas de una enciclopedia, el principal capital con que cuenta la novela es su formidable capacidad de iluminar, parodiar y resignificar la cultura contemporánea, a punto tal de que los múltiples absurdos de los zumitas, acaban poniendo en evidencia sus equivalentes reales y contemporáneos.

Por su parte, Juan Martín Guastavino (el outsider), hace su presentación con la novela El silencio del río. Narrada en primera persona y con un tono coloquial, Rodolfo, su protagonista, escribe desde una pensión de Barracas una especie de diario en el que deja registrado un transformador periodo de su vida. Su infancia en el Delta, la obsesión con un cuadro en que se refugiaba en las noches de “crecida”, la presencia de un padre ausente, una nueva pareja de su madre, un hermanastro y la permanente tensión entre esa vida dura, arcaica y despojada de su infancia en el Tigre, con una actualidad igualmente difícil, pero ahora con la pesadez y soledad de la ciudad: “hace un tiempo que no puedo pensar, desde que tengo el cuadro al lado que no puedo pensar bien. Veo el bastidor amufado, la humedad de la isla y el mate cocido que tomé con mi mamá. Mate cocido solo, sin pan. Mate cocido el sábado a la tarde”.

Los relatos son bien diferentes, la total fuga de la realidad (o extrema parodia de ella, depende cómo se lo mire) que propone Los zumitas, contrasta con la atmósfera contemporánea de El silencio del río. Esto no solo posibilita la integración del tipo que está “re-out”, sino que, a su vez, permite redefinir el sentido mismo de lo que está “in”, difuminando y confundiendo los límites que separan estas dos cosas.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La fuerza de los comunicadores al borde.-

Con el objetivo de disputarle la construcción de los imaginarios sociales a los monopolios que han transformado la producción de noticias en medios de control de la opinión pública, varios medios de comunicación autogestionados de todo el país confluirán en el 1º Congreso Internacional que aunará experiencias periodísticas de estas características. La revista NaN será de la partida.

Por Carla Perelló

Buenos Aires, septiembre 9 (Agencia NAN-2011).- Como cada día, este fin de semana los cerebros-empresarios de los grandes medios de comunicación estarán analizando qué pedazo de realidad es más comerciable para publicar en un diario, la televisión o la radio. Mientras, en un mundo que ya no es tan paralelo, se gestará y trazará otro fin para la información en el 1º Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado. Horizontal y democráticamente se tenderán lazos y debatirán ideas. Se plantearán metas y comentarán errores. ¿Para qué? Plantear la transmisión de información como herramienta social. O, mejor dicho, en la voz de una de las creadoras de la iniciativa Claudia Acuña, de la cooperativa Lavaca, encontrar “la justificación social de los medios de comunicación”. Entre hoy y mañana, entre las 10 y las 19, el Hotel Bauen será el punto de encuentro de quienes planean para la comunicación un fin distinto. Bajo el lema “lecciones del hacer” es que surgirá el camino a seguir de entre las propuestas que aporten los más de 900 medios de comunicación --recuperados y autogestivos de todo el país y Latinoamérica-- que ya están inscriptos.

De todas maneras, los ejes planteados por los propulsores del encuentro expresan claramente cuál es la intención: disputarle la construcción de los imaginarios sociales a los monopolios que han transformado la producción de noticias en medios de control de la opinión pública.

Con algo de esperanza, pero sin dejarse llevar por la expectativa que genera la cantidad de inscriptos, Diego Gassi, ideólogo y director del portal Rock, entiende que se trata de “un punto de partida ideal”. Sus expectativas se centran en que el Congreso “no se convierta en un cine, donde la gente entra, mira la película y se va”, así “en unos meses no queda en una anécdota”.

“Me parece que si se dan cuenta, si empiezan a interactuar y hacen relaciones cara a cara se van a ver muchos factores en común. Desde la forma de financiación, hasta recomendaciones sobre imprentas, para que no te caguen”, entre otras cosas, señaló.

Acuña es una de las que se “cargó con el peso de la organización”. Se la siente histriónica a través del teléfono y lanza un sinfín de ideas sobre lo que será, espera y siente sobre el Congreso. Desde su punto de vista, dado que la comunicación es una necesidad social, lo que “está en juego hacia el futuro es ver si va a incluir o no al los periodistas profesionales”. Para eso, apunta, “hay que tener una justificación social”. La razón es simple y yace sobre el hecho de que considera que “un periodista hoy no sabe más que una persona cualquiera, porque no conoce la realidad”.

A diferencia de su colega, Acuña se deja llevar por las emociones. Confiesa que para ella el cambio en el sentido de la comunicación comenzó cuando integrantes de medios de todo el país se inscribieron para asistir al encuentro. “Ya la posibilidad de encontrarnos marca el éxito del sector porque antes no teníamos ni para el colectivo”, lanzó. Acto seguido, manifestó su orgullo: “no tenemos que pasar por la agenda de Página/12. Le tenemos fe en serio. Estamos creando un espacio en común, resignificando los fondos y la puesta en común”.

¿Su propuesta? “Dar un salto de calidad”. Dado que ya hay muestra de que eso puede cumplirse: “Hay diarios recuperados que pueden liderar los espacios donde trabajan. O radios que son líderes en barrios. No hablamos a titulo individual. Ni cambiar nada solo. Cada cosa que pensamos tiene que ser entre todo el sector”, explicó.

La idea surgió para festejar los diez años de la cooperativa Lavaca. Pero al no contar con los recursos económicos como para llevar a cabo el congreso, gestionaron con el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Allí la coordinadora del Programa de Trabajo Autogestionado, Franca Venturi optó por levantar su pulgar.

"Decidimos colaborar par darle visibilidad a una propuesta que tiene alto contenido federal, porque (los medios de comunicación recuperados y autogestivos) están localizados a lo largo y ancho del país", fue la primera razón por la que la funcionaria encontró viable la realización del encuentro.

Dentro de ella hay dos lineamientos que mencionó: "Establecer un punto de encuentro hacía adentro, para que se identifiquen como participantes de un mismo sector. Y hacía afuera, para demostrar que la democratización de la palabra es posible".

En ese sentido, señaló la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual como la que otorga el marco para que este tipo de emprendimientos se lleven a cabo. Sin embargo, la norma no abraca medios gráficos, no se cumple en su totalidad y las licencias para organizaciones y cooperativas valen lo que no tienen.

Por esa razón, otra fue la interpretación de Gassi, que también integra la Asociación de Revistas Culturales Independientes. “Más allá de que exista la ley, está lo legal y lo legítimo. Lo que nosotros hacemos es legítimo. La ley le da un marco a la realidad. El 2001 inventó un montón de cosas nuevas, entre ellas el cooperativismo. La ley está llegando ocho años tarde”, sostuvo. Es que a su entender, la crisis que azotó al país entre 2000 y 2001 causó estragos en la sociedad argentina. Aún así, hubo quienes no dejaron sus brazos inmóviles frente a la desesperación. Por el contrario, se la rebuscaron para armar un nuevo camino. Fue entonces cuando el cooperativismo surgió como respuesta a un sistema que tenía como plan hacerlos a un lado. Esa modalidad se llevó a cabo en distintos sectores de la economía, en el de los medios gráficos, radiofónicos y televisivos, también.

Durante el encuentro habrá charlas magistrales en las mañanas y talleres, por la tarde. El titular de la cartera, Carlos Tomada, inaugurará las jornadas y el italiano Franco “Bifo” Berardi brindará una teleconferencia desde la sede del Encuentro de la Cultura Europea convocado por Zigmunt Bauman, en Polonia. También disertarán Alejandro Piscitelli; el mayor referente del software libre, Richard Stallman; el juez de la Corte Suprema de la Nación, Raúl Zaffaroni y la fundadora de Mujeres Creando, de Bolivia, María Galindo. Además, estará Diego Saravia, creador de la comunidad virtual Taringa.

En tanto, los talleres de diario, revista, radio, web y televisión estarán a cargo más de 60 medios cooperativos de todo el país. También las trabajadoras del hogar que desde hace dos años tienen el programa Radio Deseo, de La Paz, Bolivia. Y Arecia coordinará el taller de revistas.

También habrá talleres permanentes sobre Cómo se hace un diario, Cómo se hace un libro (editorial Eloísa Cartonera), La calle es nuestra (coordinado por el Grupo de Arte Callejero) y una agencia de noticias de libre reproducción a cargo de lavaca.org.

*Para más información, podés ingresar al sitio que será actualizado constantemente durante ambas jornadas: http://www.periodismoautogestionado.org/.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El rincón de los excluídos.-

La novedosa iniciativa reúne fotografías que no fueron aceptadas en el Salón Nacional de Artes Visuales del Palais de Glace. Se trata de una muestra que responde al cantito "¡otra oportunidad!" de los fotógrafos que, libres de toda intención vengativa, tan solo quieren mostrar su arte.

Por María Laura Bernatené
Fotografía de Mariano Frisioli

Buenos Aires, septiembre 8 (Agencia NAN - 2011).- Elegir la fotografía, copiarla en grande, enmarcarla, embalarla y llevarla hasta el lugar de recepción de obras; esperar semanas para obtener el veredicto. Llegado el día del resultado, la respuesta es negativa. Tal sorpresa no sólo significa quedarse afuera del Salón Nacional de Artes Visuales del Palais de Glace. Implica también que la obra vuelva a casa sin haber visto la luz y con una letra R roja, inicial de la palabra "rechazada", estampada al dorso. Una mezcla de bronca y desilución; el ego casi aniquilado. Sin embargo, hace dos años que la no selección a esta muestra abre otra puerta: la del Salón de los Rechazados, una joven iniciativa que reúne muchas de las fotografías que no fueron admitidas. Su segunda edición puede visitarse en FM La Tribu hasta el 21 de este mes. Aquí hay clavito y espacio en la pared para todas.

El Salón Nacional de las Artes es una exposición anual que tiene lugar en en el Palais de Glace entre junio y diciembre y en la que se exponen diferentes disciplinas de las artes visuales: pintura, dibujo, escultura, arte cerámico, arte textil, fotografía, instalación y grabado. Al ser tan prestigiosa, una catervada de obras intentan participar y, lógicamente, la mayoría quedan afuera. Para tener una idea, se calcula que este año casi 500 fotografías fueron remitidas desde todo el país, pero son sólo 30 las que consiguen entrar.

"El año pasado preparé un foto bastante grande para enviar al Palais de Glace. Y como yo hago marcos, me hice el mío y les hice el marco a otros también. Vi que había varias obras grandes muy buenas. Después, tanto la mía como las otras quedaron afuera. Me pareció una pena que hubiera tanta cosa alucinante que no se iba a ver", cuenta Valeria Sestua, impulsora del Salón Nacional de los Rechazados.

Acerca de la centenaria exposición anual de gran prestigio, Sestua reconoce que participar del Salón es interesante por la experiencia y por la calidad de los premios que se otorgan. Ella es consciente que el recorte de aceptados es necesario, pero sostiene que eso provoca que se vea muy poco en relación a la cantidad de obras que se envian. Y como alguien le había comentando sobre los impresionistas del Salon des Refusés de París, allá por 1860, nacido para albergar a aquellos que haían sido incomprendidos por el jurado, Sestua se preguntó por qué no hacerlo aquí, unos cuantos años después. "Todo queda un poco reducido al criterio del jurado sostiene. Entonces está bueno que exista algo que sirva de complemento. Está el Palais como un eje, una manera de mostrar, y también está lo demás, algo más diverso donde no hay jurado ni juez. Yo no puedo rechazar una obra porque me parece que no corresponde a lo demás, porque me parece que no tiene valor o porque no me gusta".

La primera experiencia con el Salón de los Rechazados fue "muy casera y a pulmón, bastante improvisada" dice Sestua. Surgió la idea, se convocó a los fotógrafos, consiguieron el lugar, y listo. Este año Sestua volvió a presentarse a la convocatoria del Salón artíctico del Palais con "una foto más chica para, por lo menos, tenerla en mi habitación". Sin embargo, su atención ya estaba puesta a priori en todos aquellos que obtendrían la tan temida y odiada letra "R". Al enterarse quiénes habían quedado afuera los contactó. Veintiocho fotógrafos dieron el sí, número que casi triplicó la convocatoria del año anterior. Dada la buena respuesta, este año se realizaron dos ediciones de la muestra. La primera fue en julio, en una galería de Palermo, mientras que la segunda está actualmente colgada en Radio La Tribu, Lambaré 873 y se la puede visitar hasta el 21 de septiembre.

Las fotografías enviadas al Palais de Glace no son sólo una lámina sino que previamente fueron enmarcadas en el formato y con la estética que el autor elije. Las hay gigantes de un metro cuadrado; también de veinte por treinta centímetros; blanco y negro o color; con marco de madera grueso o de pvc más angosto, con passepartout o no; papel fibra o metalizado. Asímismo sucede con el estilo de la imagen. Mientras que algunas son obras conceptuales y abstractas, otras son pictóricas e incluso las hay periodísticas. De esta manera, cada imagen toma un verdadero caráceter de obra plástica con la marca propia del autor convirtiendo, a la vez, la muestra en un espacio heterogéneo y no en una seguidilla de imágenes dispuestas en serie.

Débora Devicoor es una de los miembros del grupo que expone en el Salón Nacional de los Rechazados, sobre el que plantea: "Éramos un grupo grande de personas que no habíamos logrado quedar entre los fotógrafos elegidos por el jurado. Teníamos las obras enmarcadas listas para colgar y las ganas de mostrar nuestro trabajo. Nos organizamos y buscamos lugares alternativos para poder exponer, nos autofinanciamos y difundimos nuestro trabajo. Se supo aprovechar las circunstancias y ver la situación desde otro punto de vista".

Otro de los fotógrafos que integra la muestra es Bernardo Carbajal. Él afirma que ésta "contribuye a crear un espacio más, una contracara de la muestra del Salón Nacional oficial. Un lugar donde la gente puede ir y enterarse qué es lo otro que se presenta en el salón y queda afuera y así poder sacar conclusiones. Creo que sirve para ampliar el panorama de la fotografía contemporánea argentina".

Luego de tanta dedicación y hasta enamoramiento de la fotografía como objeto, el gusto al recibir la mala noticia puede llegar a ser bastante amargo. "Al ver que no quedé seleccionada la sensación fue un poco frustrante; me preguntaba qué es lo que estarían buscando, cuál otra foto tendría que haber enviado", cuenta Devicoor. "Este año me pasó que al ver el listado de los seleccionados descubrí que un amigo había obtenido una mención. Me tocó darle la buena noticia, entonces ésta vez fue una mezcla de sentimientos, de alegría por él y de desilusión por mi", concluye.

Sin embargo, para Carbajal la no selección de su obra no le significó tanto, sino que hasta la esperaba un poco. "Los premios, las menciones y las selecciones del Palais de Glace abren puertas y son estímulos para el autor. En mi caso fue la primera vez que presenté una fotografía al Salón Nacional de las Artes, y lo hice porque sabía que estaba la posibilidad de mostrar mi obra en otra instancia". Carbajal no encuentra una desilusión al quedar afuera. Parece no importarle gran cosa la mirada de los jueces. "Gracias a esta oportunidad me esmeré, elegí una buena imagen, la mandé a copiar y la enmarqué. Todo ello fue una experiencia hermosa."

Pero mostrar el trabajo propio es sólo una instancia más, y sobre todo no obligatoria, de todos los pasos que hacer una fotografía comprende. Entonces, si ésta es un paso eludible y que puede tener un final no muy feliz o por lo menos no el esperado, ¿por qué mostrar? Cada artista tiene sus motivos. Para Devicoor ese acto significa exponerse a una crítica más objetiva, que no es la propia ni la del núcleo afectivo más cercano. Pero hay otra razón: "Si un artista quiere formar parte del mundillo del arte, tiene que tener presencia y una participación continua en salones, muestras y concursos. De a poco, si su obra es sincera, va a poder ganarse un lugar en el circuito".

Al respecto, Carbajal dice que exponer la obra propia es muy interesante. "Hoy en día existen muchísimas vías de difusión por internet, muchos medios y canales por los cuales se puede llegar a que una persona de Asia, Rusia o Bolivia, mande un mail felicitandote por tus fotografías. Pero nunca es lo mismo que ver una serie de imágenes tuyas colgadas en un mismo sitio, en una pared. Eso es exponer tu obra y también es exponerse uno mismo, como autor, como fotógrafo y como persona".

Por su parte, Sestua opina que exponer no es algo que realice con frecuencia pero que es positivo hacerlo porque para ella "está buenísimo ir a ver. La mirada de otro es riquísima, entonces si uno hace algo y eso lleva un tiempo, está bueno compartirlo. Mostrar algo significa comprometerse con lo que uno hace." Respecto de su crecimiento como artista, Sestua va un poco más allá: "A mí no me interesa tanto mostrar; me encantaría mostrar; hacer un libro; vender obras; vivir de eso, claro. Pero en realidad lo que más me gustaría en la vida es tener cincuenta, sesenta años y decir 'bueno las fotos que estoy haciendo ahora... esto soy yo'".

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Del juego a la literatura, tan sólo algunos casilleros.-

Un conglomerado de temas y estilos muy disímiles entre sí. Historias de amor, de locura y de muerte; reflexiones acerca del mundo; explicaciones de cuestiones mundanas. Incluso invitaciones a imaginar imposibles. Ficciones, textos didácticos y explicativos y otros que se le arriman a textos científicos. Todo aquello tiene el cúmulo de cuentos que Héctor Álvarez Castillo escribió para jugar a ser narrador o narró para divertirse.

Por Laura Spiner
Fotografía de Stella Maris Zuttion

Buenos Aires, septiembre 7 (Agencia NAN - 2011).- "Sesenta y cuatro instantes/ de luz y de sombra/ donde nadie/ es invicto./Almas que han perdido/el don de servir a Dios/en el sueño/ les robaron el porvenir". Estos versos pertenecen a Tablero, poesía que el escritor y editor Héctor Álvarez Castillo publicó en su libro Zafiro 1985-1988, editado en 1988. Hoy, a más de veinte años, aquel número de casilleros se resignifica en un tablero mucho más complejo que él llamó Naif. Del juego a la literatura, una producción que contiene 64 ficciones breves que fueron, según él, una manera de salvar su relación con la literatura debido al escaso tiempo del que dispone. "Los textos breves pueden elaborarse mentalmente en un bar, en el colectivo, caminando, en los momentos vacíos", explica el escritor, cuya propia editorial lanzará este libro a fines de septiembre.

Se podría pensar que aquella "cenicienta pasada de moda", aquella poesía en la que uno de sus personajes se había prometido no malgastar más el tiempo desde sus años escolares de Bécquer, pasó de moda también para Álvarez Castillo. Pero no fue así. Desde comienzos de los '90 -época en la que los primeros escaques de Naif... empezaron a cobrar forma- hasta la actualidad, el escritor fue ganando en su labor como prosista, pero por medio de un trabajo muy meticuloso sobre los textos, sobre cada oración, sobre cada palabra. "El trabajo se hizo de lima, como en la poesía", acepta. Incluso hay algún que otro texto que por su brevedad y su sonoridad podría descomponerse y pensarse, tranquilamente, como un poema.

Definir Naif… no es una tarea sencilla. En él se pueden encontrar un conglomerado de temas y estilos muy disímiles entre sí, una gran autonomía en cada uno de los textos y, al mismo tiempo, una relación de intertextualidad, tanto entre ellos como entre aquellas ficciones y el mundo de la literatura. Se pueden distinguir, a la manera de Quiroga, historias de amor, de locura y de muerte; reflexiones acerca del mundo; explicaciones de cuestiones mundanas, como el por qué del extravío de nuestros paraguas. Incluso ficciones que se proponen imaginar imposibles, como el deseo de un hombre por erradicar el hambre en el planeta, o el de otro por congregar a un centenar de ateos con la consigna de formar una religión en la cual la creencia fuera la no-creencia. Algunos pueden leerse como ficciones, otros parecen más didácticos y explicativos, y están los que pretenden sonar como textos científicos.

El último del libro del escritor intenta explicar quiénes son aquellos seres llamados naif: "El naif no sabe. No quiere. Es. Exclama: ‘Yo soy’, pero no es yo ni es él ni tú ni vos. En el génesis el naif fue antes que el número, porque el número engendra división y el naif fue simple, no compuesto. El naif es presencia". Y aquí podríamos agregar que Naif no se define, se lee.

--El prólogo dice que los lectores primerizos de los textos denuncian que la mayoría de ellos poco tienen de naif y que, por diversas causas, usted persistió con el nombre. ¿Cuáles son ellas?
--Me sedujo el título. Fue un amor, digamos, a primera vista. Además, no quise alejarme del espíritu inicial que me llevó a pensar el libro, esa colección de textos breves donde me proponía permitirme cosas en el terreno de la literatura que en otras ocasiones no lo había hecho.

--¿Por ejemplo?
--En algunos juego con el lenguaje de una manera como antes no lo había realizado. Incluso, hay textos paralelos, textos que funcionan cada uno como espejo del otro. Esto se relaciona con la idea de juego, de jugar en y con la literatura. Recordemos que el subtítulo de la colección es justamente ”Del Juego a la Literatura”. A mí me interesaba divertirme a la par de trabajar con los textos. Ésa era, en parte, la consigna inicial.

--La muerte es una de las temáticas que está bastante presente en los textos, lo cual resulta paradójico si pensamos en el título del libro. ¿No es así?
--El amor, la muerte, Dios, la soledad, estas cosas de las que venimos hablando los seres humanos hace miles de años, entraron por la ventana en Naif... y se quedaron con absoluta comodidad. En la serie de relecturas que fui realizando, a mí mismo me fue sorprendiendo cierta repetición y, con cada repetición, cierta insistencia en el tratamiento de algunos de esos temas.

--Hay un poco de todo: un texto retrata a Batman de una manera bastante peculiar, otro habla de un guardián de cadáveres. ¿Hay un nexo que los una o cada texto es sumamente autónomo con respecto al resto?
--Desde lo estilístico hay un fuerte nexo. Más allá de que me plantee jugar, si es que vale describir con este verbo lo que hago, la preocupación por la palabra, por la música, por la concisión en Naif... han tenido para mí una mirada similar a la de un libro de poesía. Ahora, desde la disparidad de temas, considero que el nexo esencial es el arco de mis preocupaciones o intereses. Desde las ficciones filosóficas a los meros relatos, está planteado lo que hace años va y viene en mi cabeza. No dejo de lado lo social, ya que no puedo dejar de reflexionar a diario sobre el orden en el que vivimos.

--¿Hubo cambios en su manera de escribir los textos a lo largo de más de quince años?
--Al estar fechados, no está oculto que lo que viene de la década del noventa quizás esté más cerca de la propuesta original, o de lo que pudo ser la propuesta original del corpus. Pero el trabajo de los últimos años también va exhibiendo que mi labor como prosista fue ganando, dentro de mi producción, tiempo, esfuerzo, dedicación. No sé si esto se expresa en calidad, en profundidad, pero al menos le he dado todo lo que estaba a mi alcance.

--Usted dijo una vez que, después del poemario El Faro de la Tempestad, no le había quedado nada para decir a nivel poético. ¿Fue por eso que se inclinó por la prosa?
--Siempre tuve algo para decir en Naif.... Si bien es verdad que dije eso, escribí dos poemarios después de El Faro... Me gustaría que me volviera a surgir esa inclinación por escribir versos, pero es muy difícil porque, últimamente, estoy abocado a lo narrativo y también a la voz para el teatro (Está escribiendo la pieza Cosa de hombres y dos infantiles: Niños en tinieblas y Don Julián y la pecosa).

--¿Qué significa ser el editor de su propia obra en una industria en la que no se publican obras de narrativa breve, a no ser las de autores muy conocidos y ya consagrados en la materia?
--Es una gran ventaja. Ahora sólo se reciben novelas en las oficinas de las editoriales. Nosotros somos hoy una colonia en términos culturales. Seguimos el molde que viene del viejo mundo o de los Estados Unidos. En esto hemos retrocedido desde los setenta hasta acá de una manera que no nos animamos a considerar ni decir abiertamente. El año pasado salió, por Seix-Barral, un nuevo libro de ensayos de Abelardo Castillo, el escritor tal vez más célebre de los que están vivos, junto a Andrés Rivera. Primera edición, tapa en todos los suplementos literarios, reportajes, dos mil ejemplares. ¡Dos mil ejemplares! Un editor de los setenta se reiría de esa suma. Preguntaría para que librería es.

--¿Qué repercusión tuvieron los textos que fueron publicados en revistas y blogs previamente a la edición del libro?
--Fue realmente muy buena. Recibí comentarios de lectores que me hicieron ver en los textos cosas que se me pasaban por alto. Algunos han salido en blogs con independencia de mi voluntad, algo que me alegra. Es bueno que el autor pierda algo de su derecho sobre la obra. Nadie va a dejar de adquirir un libro por leer un texto en la Web. Todo lo contrario: con el tiempo, va a ganar el deseo de recurrir a ese objeto visceral de nuestra cultura que es el libro. Aparte de los que fueron publicados en Internet, algunos de mis textos acaban de ser traducidos al italiano, y hay una avanzada intención de que ocurra lo mismo en francés y portugués. En México ha salido el inspirado en Batman en una hermosa revista que es Algarabía, y ahora se están imprimiendo cuatro para una plaqueta, compartida con Gabriela D'Arbel, una autora de ese país.

--La elección de que la cantidad de ficciones sea 64 no fue arbitraria y eso lo percibimos al leer, en el prólogo, el fragmento de "Camino a Babel", que habla sobre las casillas del ajedrez. Seguramente hubo textos que tuvo que descartar para llegar a ese número. ¿Existirá un Naif II?
--Sí, claro, no fue casual. El número es bien premeditado. Y, por supuesto, llevó al descarte de algunas ficciones, que es el mejor incentivo para trabajar en un nuevo libro, en el que ya estoy embarcado. También serán 64, el número me resulta cómodo, amable, más allá que funciona como un lazo con el ajedrez y eso, sin dudas, me agrada. Armé la carpeta del nuevo proyecto y fueron entrando textos viejos y algunos que nacen directamente para Legión. Ése es el título.

--¿Por qué Legión?
--Estuve un tiempo madurándolo, necesitaba el nombre para hacerme una idea de él, de ese libro que iba apareciendo y al cual le entregaba textos nuevos y viejos; el descarte, como si fuera el alimento para un “monstruo”. Pero el monstruo que deglute con ganas lo que escribo debe tener nombre para que yo lo piense y lo diseñe a gusto, y ese nombre, finalmente, es Legión. Una nueva colección de textos breves que ya ha ganado mi presente.
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