viernes 30 de diciembre de 2011

Envejecido: “Hay un telar que teje cada canción”.-

El recorrido que propone Manuel Peralta en su tercer disco surge de la necesidad natural de expresar una inquietud surgida desde la fibra más íntima de la sensibilidad musical, sin intermediarios y sin “deberle nada a nadie”. Por eso, sólo con su mundo y su guitarra a cuestas, el joven de apenas 20 años intenta que cada canción se transforme en una especie de estación para llegar a ese último peldaño que sólo la música puede explicar.

Juan Castiglione
Fotografía de Virginia Gilles

Buenos Aires, diciembre 30 (Agencia NAN-2011).- Tres discos con apenas 20 años cumplidos es una empresa difícil de igualar. Aún más siendo independiente, solista y gestionado con las pocas monedas que hay en el bolsillo. Manuel Peralta, A.K.A Envejecido, así su seudónimo solista, puede ostentar orgulloso esa pequeña pero valorable hazaña, motorizada con su música intimista, naif pero sincera y, sobre toda las cosas, fresca como un vaso de agua a mitad de la mañana.

Hijo dilecto del acústicazo post-cromañón, pero más revisitor de la vieja cepa del folk nacional que recopilador del actual indie-sensible, Peralta encara con Envejecido una de sus tantas facetas artísticas, que se completa con incursiones en el rock con su banda, Tostadora Moderna, y hasta pequeños pero deliciosos cortos de cine, fruto de sus estudios en esa disciplina del arte.

--¿Por qué Envejecido?
--Envejecer es una de esas palabras que cuando leo siento que es algo más que un ciclo de vida. Cuando se me ocurrió "Envejecido", tenía 17 años, último año de la secundaria, y me acuerdo que comenzaban a haber más responsabilidades en mi vida. Ocurrieron sucesos también que me provocaban pensar en el paso del tiempo, la vida, la muerte, esas cosas. El pensamiento más recurrente que aparecía era "que paja crecer" y como dirían los Ramones "no quiero madurar". Pero había algo en ese crecimiento de cuerpo y mente que me intrigaba.  Entonces, pensé en la palabra "envejecer". Envejecido, como un anciano en mi cuerpo de joven, donde las canciones que salgan de ese ser, marquen el camino de mi vida.

--En Embalse, tu ultimo disco, los títulos de las canciones parecen remitir a un paseo, donde vas cruzándote con distintos escenarios: "Costanera","Momento de tranquilidad cuando ves llegar al transporte público que estás esperando”, "Primer banco nacional" "Enrredaderas". ¿Lo pensaste así?
--Son distintos escenarios que yo me imaginé. Si esas imágenes pudieron transmitirse al oyente, enhorabuena. En este paseo que vos mencionás, hay un telar que teje cada canción, no sólo con el título, sino también con las letras, la música. Cada uno lo crea a su manera. Si cada uno cierra los ojos, ve lo que la canción le pide, y lo que uno necesita ver. Alto viaje.

--¿Entonces podemos decir que Embalse es un álbum conceptual? Con una idea trazando el camino...
--Sí, quizás surgió inocentemente en el transcurso de las grabaciones. En la grabación de una de las canciones, se me hizo la imagen de "El camino hacia El Dorado", esa película de Disney. Bueno, en fin, como si cada canción fuese una estación para llegar a ese paraíso, esa última estación que sólo la música puede explicar.

--¿A qué responde la leyenda de “No se vende/se regala” que decora la contratapa del disco?
--La idea, es virtual, claramente. No voy a hacer la gran "Napster", ni "Paypal", ni nada de eso. Fue idea de mi amigo Charly (Cross), que diseñó el disco. A mí me gustó enseguida. Es algo que siempre pensé, y que sigo pensando. Cuando haga la tirada de los discos, que tengo pensado hacer 100 de cada uno (estoy haciendo otro disco que para el comienzo del año va a estar terminado), de alguna manera voy a tener que ponerle precio al disco, para recuperar la plata invertida. Mi intención claramente no es ser millonario, ni vender mi música, ni hacer guita, ni nada por el estilo. Creo que la música no se vende, se regala, es parte de la naturaleza. Pero bueno, en este mundo capitalista...hay que manejarse así. A los bifes.

--¿De qué manera pensás distribuirlo y comercializarlo?
--El disco fue publicado en un sello virtual, "Fuego Amigo Discos". Todavía no hablé claramente el tema de comercializar el disco con los chicos, pero no me gustaría que haya terceros que vendan mi música. Que la regalen, sí, todo bien. Pero no me gustaría involucrarme en negocios, prefiero manejarlo yo. No pensé mucho en eso todavía, creo que debería hacerlo. Y la manera de comercializarlo, creo que sería simple... al que le guste el disco, y quiere tenerlo, lo tendrá. Facebook, Mail, Teléfono, cualquier forma de contactarme. La idea de sello virtual, para aquellos que no me conocen y les gustó el disco, ayuda justamente en eso, que lo tenga el que no tenga acceso a mi persona.

--¿Cómo surge la tirada lanzada por “Fuego Amigo”?
--Fue una tirada de diez copias, que las pusieron en su stand del Festival Campamento. Uno de los chicos de “Fuego Amigo” hizo copias de todos los que pertenecían al sello, y cuando llegué y vi mi disco ahí, me puse muy contento. Pensé "Ah re que tengo un disco". Eran copias caseras, y al ver mi disco ahí me motivó para hacer una tirada, como mencioné antes, de todos los discos de Envejecido.

--Con Embalse ya tenés tres discos ¿Cómo encarás la composición y la grabación? ¿Es un proceso conjunto o pertenece a esferas separadas?
--Las canciones las compongo en mi casa. Hay algunas que las vengo arrastrando desde hace años, y no veo el momento de grabarlas, porque quizás no se llevan tan bien con las canciones actuales. Cuando tengo la cantidad suficiente, decido ir a grabar a lo de mi fiel amigo Matías (Lerici), que me banca desde la grabación del primer disco ofreciendo su vida y talento para ayudarme a componer.  Él es una parte muy importante del proyecto de Envejecido también, porque me ayuda y contribuye en todo lo que puede a la hora de grabar. Generalmente, los discos los grabo en seis o siete veces que voy a su casa; al hacerlo durante el año los horarios de los dos son muy diferentes y cuesta coordinar.  A la hora de grabar, siempre hay algo que surge en ese momento, por parte mía o de Matías, y eso es algo muy nutritivo y valioso para mí.

--¿Cuánto tiempo te demandó el armado de cada disco?, teniendo en cuenta que es una producción ciento por ciento casera e independiente.
--El primer disco Oso, lo grabé yendo dos veces a lo de Matías. Fue nuestra primera experiencia de grabación casera, y la pasamos muy bien. La foto del disco ya existía, que pertenece a mi amiga Lisette. El diseño de la tapa, lo hizo Charly, otro de los fieles contribuyentes para la existencia de Envejecido. Entre grabaciones y diseño, tardé dos meses. En Garrapiñada, había más canciones, más arreglos, y ya existía la experiencia del primer disco.  Había que mejorar algunas cosas, y prestar más atención en otras. La foto de la tapa y la contratapa las saqué con Lisette en la Costanera, y el diseño lo hizo nuevamente Charly "The Magnificent" (sic) Cross. Fui más veces a grabar, estuvimos más atentos en todo detalle, y también hubo una mejoría, creo, a la hora de cantar. Matías contribuyó mucho en mi evolución al cantar, me ayudó mucho y eso agilizó mucho a la hora de grabar. Y por último, Embalse, tardó mucho más tiempo porque fue un año de idas y vueltas, donde los horarios y el tiempo me derrotaron. No recuerdo cuántas veces fui a grabar, pero no fueron tantas, y a la hora de diseñar el disco se retrasó mucho, porque Charly es un tipo importante en la industria del diseño gráfico, y no tenía demasiado tiempo para bobadas como las mías. Pero la espera valió la pena, porque es el disco que más me gusta.

Envejecido tal vez no esté llamado a cambiar el mundo, pero esa no es la motivación de Manuel. Envejecido es la necesidad natural de expresar una inquietud surgida desde la fibra más íntima de la sensibilidad musical, sin intermediarios y sin “deberle nada a nadie”. Tal vez haga diez fechas en el año, tal vez ninguna. Pero ese tipo de decisiones terminan por reafirmar una libertad verdadera, esa que otros pregonan bajo las banderas del rock independiente pero que, en los papeles, es tan ficticia como hipócrita e inexistente. Un hombre solo contra el mundo, una guitarra y nada más a cuestas que el simple anhelo de disfrutar de un paseo. Y si es musicalizado, mucho mejor.

--¿Cuál es el futuro de Envejecido?
--Ahora estoy grabando otro disco, todavía sin nombre. Después de Embalse, pensé en hundir a Envejecido en el fondo de mis días, pero no, necesito grabar todo el tiempo y sacar para afuera. También estoy grabando un disco con dos amigos más (entre ellos Matías), y nos llamamos "La banda en busca de la oriental", que tiene canciones de los tres, y es muy entretenido. Para el año que viene no sé en que deparará Envejecido. En un principio sacar este disco, pero también quiero priorizar mucho el tiempo que disponga para la grabación del primer disco de "Tostadora moderna" mi banda y que es una de mis prioridades de vida. Supongo que el futuro de envejecido será...crecer.

miércoles 28 de diciembre de 2011

Un Exilio que invita a quedarse en la propia tierra

Malena Pascual es resistencia. Resistió cuando junto a un grupo de compañeros universitarios creó un medio cultural literario, la revista Evohé, y resiste hoy, junto a dos colegas, a poco más de dos meses de haber inaugurado en la localidad bonaerense de Longchamps, El Exilio, un espacio en donde volver concreta la esencia de la publicación y más. Con Agencia NAN recorrió el camino que desembocó en esa creación y reflexionó sobre las dificultades que ofrece “la mística medio extraña” del Conurbano.

Por Paula Sabatés
Fotografía de Malena Pascual

Buenos Aires, diciembre 28 (Agencia NAN-2011).- En 2009, un grupo de estudiantes de  Artes en la Universidad de Buenos Aires se reunió --bajo iniciativa de Malena Pascual, una de ellas y de tan sólo dieciocho años, por aquel entonces-- y decidió abrir un sitio web para plasmar la producción artística de quien quisiera sumarse al proyecto. La convocatoria virtual funcionó mejor de lo esperado (se entusiasmaron alrededor de 60 artistas) y así nació Evohé –Tertulia Digital (http://evohe-revista.blogspot.com/), revista cultural que hoy tiene más de mil entradas entre ensayos filosóficos, piezas literarias, dibujos, pinturas, historietas y más. A tres años de aquel primer paso, Malena y dos compañeros inseparables en la ruta del proyecto, decidieron apostar su vida –y la figura puede entenderse casi literalmente—al sostén de un espacio físico al que pensaron a la vez como centro cultural y “centro de operaciones” del grupo. Con la perseverancia de los convencidos, El Exilio estrenará, en marzo del inminente 2012, su primer ciclo lectivo de talleres artísticos.
 
A tres meses de iniciado el proyecto, quienes lo habían impulsado desde el comienzo decidieron hacer una fiesta en un centro cultural “para conocerse las caras y que no fuera todo tan virtual”. De nuevo, se llevaron una sorpresa por la cantidad de personas que dieron el presente. “La primera fiesta fue muy loca y fue una sorpresa. Hubo gente en el escenario que no conocíamos y que nos voló el cerebro”, cuenta hoy a Agencia NAN, y con dos años más, la mentora del proyecto.

Con lo recaudado en ese primer encuentro, Evohé pudo concretar un sueño que parecía imposible: salir en papel. Así, la nueva redacción (muchos de los que habían comenzado con el blog fueron perdiendo interés y se conformó un nuevo grupo que trabajaría de lleno en la construcción de la revista) seleccionó, para el primer número, algunas de las publicaciones más relevantes del sitio y así salió a la calle el primer número. “Pensamos en un producto que genere una reacción, no necesariamente buena, quizás hasta disgusto. Pero no tuvimos ni tenemos un criterio técnico para elegir qué entra y qué no, es todo muy sentimental.”, cuenta Malena.

Durante 2009 y 2010, la mecánica continuó igual: los Evohé seguían publicando en el blog y mientras tanto hacían fiestas, juntaban la plata y sacaban un nuevo número de la revista (luego venía lo más duro: distribuirla, buscar espacios de difusión, instalarla). Pero cada vez era más difícil porque los espacios culturales donde se hacían los encuentros cobraban alquiler y eso dejaba menos ganancia y, por ende, menos margen para imprimir la revista. Entonces fue surgiendo la necesidad del espacio propio.

A principios de 2011, los que habían quedado trabajando incesantemente en el proyecto se reunieron y evaluaron las posibilidades de abrir un centro cultural propio. En cinco meses, y decididos a hacerse cargo del trabajo que implicara ese gran paso, Pascual, Lucas González y Federico Estancona consiguieron que sus amigos les prestaran los fondos y alquilaron una espacio en Longchamps, que inauguraron el 15 de octubre bajo el nombre de El Exilio – Arte Ocio (dirán, a propósito del nombre, que “tarde o temprano, el Estado y las instituciones terminan exiliando, física o metafísicamente, a sus artistas e intelectuales).

Hoy, el flamante centro cultural tiene una agenda completa de actividades y se están terminando de definir los talleres que formarán parte del primer ciclo lectivo del espacio, que comenzará en marzo del año próximo. Además, se convirtió en un “centro de operaciones” para los jóvenes que lo llevan a cabo. “Nosotros tres estamos de lunes a lunes las 24 horas del día. Sabemos que si tenemos que comer arroz con tal de mantener el lugar lo vamos a hacer. Porque es lo que queremos y en lo que confiamos”, resume Malena.

--¿Con qué dificultades se encontraron al abrir el espacio propio?
--El conurbano tiene una mística medio extraña con la cultura. Por eso, la dificultad central es la difusión y la recepción de esa difusión. Es muy complicado convocar gente para que venga a ver teatro. El público está muy acelerado, entonces es difícil generar un circuito en donde se le dé bola a la literatura, por ejemplo. Lo que pasa es que el conurbano es mucho Pappo, mucho escabio. Entonces es difícil que entiendan que vos querés hacer algo más que un bar para tomar birra con el lugar, que entiendan que lo pensás como un centro de operaciones para algo más grande. Y también Longchamps es particular. Es como si por ser de ahí ya sos famoso. Entonces hay pibes que vienen al lugar, se lo apropian y te dicen “¿por qué pones teatro? Yo quiero enchufar la viola”. Y eso es feo, te encontrás con que estas sólo en esto, que sos vos, tus compañeros de trabajo y tus amigos.

--Entonces, ¿qué los mueve a seguir insistiendo?
--Es que sabemos que la gente en algún lugar está. Así como nos encontramos nosotros, hay gente que va por el mismo lado y a la que queremos encontrar. Y además al público hay que educarlo, de alguna manera. Si vos no ofrecés literatura, la gente va a seguir yendo a tomar una birra y enchufar la viola sin importarle nada más. Si no generás acá el circuito, los que quieran ver teatro se van a seguir yendo a capital.

--¿Cree que hay lugares que concentran a todo el público del Conurbano?
--El conurbano está malacostumbrado. Entonces no es que el (Banfield Teatro) Ensamble, por ejemplo, sea un monstruo que concentra todo. El problema es que la gente no confía en nada que no sea el Ensamble. Porque si vas ahí tienen la jarra de vidrio, el plato de losa. Y parece que eso importa mucho. Acá viene gente y nos dice “todo muy indo, pero ¿no se les ocurrió poner un servilletero?”. Y no, la verdad que ahora no tenemos presupuesto. La gente está muy mal acostumbrada. Además le tiene mucho miedo  a todo lo que no le sea familiar, a ir a ver una obra de teatro a un espacio chiquito. Y entonces no viene porque no da dos mangos por algo que recién arranca. Se piensa que todo lo bueno está en los lugares que tienen chapa y es muy difícil que se le de una chance a lo nuevo. Y por otro lado, el Estado tampoco te da dos mangos cuando arrancás. Todos los concursos tipo Fondo Nacional de las Artes son para lugares institucionalizados, con veinte años de carrera. Y el que recién arranca, que no tiene y se está formando y sacando su propia teorización a partir de la experiencia no tiene lugar.

--¿Ustedes teorizan sobre lo que pasa en El Exilio?
--Sí, todo el tiempo. De hecho es el interés más grande que tenemos con el lugar. Para nosotros El Exilio es casi como un laboratorio. Además de querer generar un espacio donde el artista tenga un escenario o una pared para exponer, para nosotros es una formación. Es como decía Sartre a propósito de los jóvenes del mayo francés, estamos generando teoría a partir de la experiencia y no cortando la experiencia por una teoría. Es para nosotros un centro de operaciones, de estudio de lo que pasa en el arte. Nos sentamos una o dos veces por semana a reflexionar sobre la nueva ola de artistas que aparece cada noche en el escenario y a pensar a dónde queremos ir como individuos y después qué queremos hacer en conjunto. Porque no es que pusimos el lugar sólo para tener un lugar. Hay que ir a algún lado con esto. Y así como el proyecto de revista nos quedó chico, también El Exilio va a tener su techo. Porque queremos seguir avanzando, esta es una instancia para generar algo más grande. 

--¿Qué sería?
--¡La revolución! (risas). Un movimiento que sospechamos que existe. Vemos que hay ciertas coincidencias en la generación que está haciendo arte en este momento. Y ahí es donde queremos llegar, a amalgamar esas coincidencias sin por eso dejar que prime la heterogeneidad.

--¿Qué ventajas y desventajas le encuentran a hacerlo de modo autogestivo?
--La primer y única desventaja es el presupuesto, tener un montón de ideas y muchas no poder llevarlas a cabo porque se termina la plata y, en un punto, la solidaridad de la gente también, porque mis amigos no van a venir siempre a gastarse 15 pesos en una birra, porque tienen otras cosas y está bien. Lo demás son todas ventajas. Sobre todo porque el límite es tu propia creatividad. Y cuando se termina eso se termina todo.

martes 27 de diciembre de 2011

Festival de Arte de Verano en Club del arte.-



Lejos de las grandes marquesinas de la calle Corrientes y distantes de los grandes festivales de marcas famosas, la poesía, la música y el goce por el arte se encendió al calor de plumas y músicos emergentes en el Festival de Arte de Verano. 

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de Arteva

Buenos Aires, diciembre 27 (Agencia NAN-2011).- Jueves por la noche. El Club del Arte (Corrientes 3439, Abasto) es una casona de dos pisos, repleta de arte en sus paredes: murales, fotografías y pinturas. Ese día fue tomada por un grupo de artistas emergentes, muchos aún desconocidos fuera de los pequeños círculos de seguidores, para despedir el año con el Festival de Arte de Verano (Arteva).  Ellos desplegaron en sus rincones, cuartos y terraza sus cosmogonías artísticas. No fue un festival más en la Ciudad de Buenos Aires: no hubo gaseosas, cigarrillos, promotoras de empresas de telefonía celular patrocinando el encuentro. Tampoco pulseritas para invitados vip. Pero sí, sandías gratis para todos. Con lecturas de poesías y música hizo pie el evento, un cóctel de arte under organizado por la agencia de publicidad alternativa Arteva y la editorial independiente Nulú Bonsái. Así, durante 12 horas, desde las 17 hasta las 5 del viernes, la casona respiró y latió cultura under, cien por ciento autogestionada, al margen del canon festivalero.

En el hall de entrada, un cartel de fondo blanco con letras negras anunciaba “Todo sucede en la terraza”. Allí, ya en la noche, el grupo de percusionistas Afrofilia arengaba a bailar al ritmo de sus tambores. “Música para ahuyentar a los malos espíritus”, alentaron, mientras un puñado de chicos bailaba al frenesí de los compases africanos, iluminados por luces navideñas amarillas, verdes, y ultravioletas.

Y cuando los ecos de los redobles se extinguieron, Ivana Berenstein (myspace.com/ivanaberenstein), joven cantautora, guitarra en mano y micrófono averiado, siguió el festival con sus canciones lúdicas y agiles, con bases juguetonas de música popular, pop, bolero y jazz.  Así cambió la atmósfera sonora en la terraza, el lado b del festival. Con un breve repertorio de humor sutil, Berenstein se lució cuando cantó “Ahora”, single de su álbum debut  No te duermas: “Ahora que soy complicada te gusto más/ ahora que no me ves te acordás/ ahora que sos complicado me gusta más/ ahora que no te veo y que no estás/ Ahora que estamos juntos no me hablás/ ahora que yo te busco te escapás/ y eso no me sorprende ni me hace mal/ Yo hice lo mismo un tiempo atrás”. Y no naufragó con “Danza de mosquitos” o “Adicción”, a pesar de las dificultades técnicas del sonido.

Acto seguido, la periodista y poeta Cecilia Martínez Ruppel, recitó algunas poesías “cursis” de (des)amor, como “La primavera”: “Sos hermoso/ de repente estamos hablando/ me doy cuenta y te lo digo: sos hermoso/ vos te reís y me contestás/ qué boluda que sos/ como si te estuviera/ haciendo un chiste, / pero la verdad es/ que es la pura verdad: / sos hermoso”.  El librero, poeta y editor Francisco Garamona; y  el periodista, editor y poeta Sebastián Goyeneche, también fueron de la partida.

En paralelo, a pocos pasos del pequeño escenario se montó una feria de editoriales independientes,  entre ellas, Pánico el Pánico, Mansalva y Ñasaindy Cartonera, por nombrar algunas. La reciente antología Atada a la reacción, de Nulú Bonsái, fue uno de los libros más destacados con sus 80 poesías urbanas de una oleada diversa de 40 poetas.

Ya cerca de la medianoche, Coco Nuts (myspace.com/eggohlove), joven cantante  y compositora cerró el lado b. Fueron canciones acústicas e íntimas de amor adolescente, como “Cada vez” (“Si cada vez que yo pienso en vos, siento que brilla el sol, no puedo controlar y empiezo a delirar”) o “A tu alrededor” (“No me gusta ver tus labios cuando me dicen adiós, si pudieras ver mi dolor”).  También se destacó con un cover logrado de “Otherside”, de Red Hot Chili Peppers.  En el escenario principal, ubicado en el primer piso, pasada la medianoche, tocó el cuarteto psicodélico Rascolnikoff (myspace.com/rascolnikovv). Integrado por Lola Prun (coros), Emmanuel Bayúgar (guitarra), Jirí Alvri (voz y teclados) y Francisco Larpin (batería), la banda, que prepara su segundo EP, se despachó con un buen repertorio experimental e instrumental, pero monocromático.

El recital de Monstruito! (monstruito.com.ar) le puso punto final al festival, pero dio inició a la fiesta, con su propuesta de ska, reggae, reggaetón, cumbia y tarantela. Amontonados en el escenario –en realidad, delante del público, al mismo nivel– el grupo, un crucero de ocho músicos (trompeta, saxo, bajo, guitarras, armónica, teclados y percusión) y una vocalista de Villa Devoto,  desplegó un cancionero bailable, efectista, con temas como “La marea”, “Boletos”, “Fuego caliente” y “La receta”.  Frente a ellos, una treintena de personas entregadas al éxtasis de los cuerpos. 



lunes 26 de diciembre de 2011

Discos: El sur en la noche (El viento enloquece a la gente, 2011).-

Una de las bandas históricas del under neuquino comienza a transitar en este disco un destino sonoro bipolar que lo reúne con su esencia dark y lo ubica ante un camino nuevo, con más luz al fondo, cargado de cachengue y fiesta colectiva.

Por Guillermina Watkins

Neuquén, diciembre 26 (Agencia NAN 2011).-  ¿Habrán pensado alguna vez los escoceses de Cocteau Twins que existe una tierra llamada Patagonia, un río llamado Limay y un pueblo a sus orillas? ¿Habrán imaginado hasta dónde llegarían sus influencias? Seguramente no. Aunque, tal vez, si tal cosa hubiera ocurrido, definitivamente habrían pensado en El viento enloquece a la gente, la banda que con muchos años de historia y diferentes formaciones, se encarga de hacerle honor al género que casi casi inventaron ellos: el new wave. Claro, lectores, podrían pensar que en épocas de internet todo sería posible. Pero no. Antes de ser El viento..., los chicos fueron Santa Maldoror y Enfermita, logrando sostener fervientemente, incluso a falta de conexión a la red de redes, el sonido post punk, new wave, dream pop con un mensaje árido y desértico; ése que sólo ellos imprimen.

Después de haber lanzado su Del Pánico, Valle (2009), esa producción invernal, romántica y melancólica que los unía a aquel sonido inglés, El viento... se embarcó en un proyecto más ambicioso: dejarse llevar por los ritmos y las posibilidades sin descartar el espíritu lúdico que los caracterizó siempre. De este modo, en El sur en la noche queda demostrado esta convivencia de estilos y estados: mientras que el lado A --la noche--, muestra ese costado "histórico" de la banda que revisa su pasado punk, dark folclórico y romántico, el lado B --el sur-- se abraza con la herencia gitana, festiva y sónica a la vez. Bien podríamos afirmar estar ante la presencia de un disco bipolar que intenta retratar la sociedad valletana.

Canciones como "La cabeza llena", "La casa rosa", "Canción para el inicio de los vientos" y "A veces la noche" encabezan el disco en su costado más oscuro, con una lírica característica que el frontman del sexteto, Rulo Lupano, se encarga de convidar en cada show. Ferviente militante de la psicología social desde temprana edad, El Rulo se encarga de describir pequeñas historias del Valle --como es conocida la zona patagónica donde se recuesta Neuquén-- con esa transparencia descriptiva del poeta que sólo puede hablar a través de imágenes.

Es que en sus letras, también, se reflejan naturalezas, en el sentido más amplio de la palabra: la de Neuquén, pero también la que alguna vez miraron Alejandra Pizarnik, William Borroughs, Fernando Pessoa, los beats, sentados a las orillas de quién sabe qué porción de agua. Todo eso enmarcadado en la confluencia de los ríos, las chacras, el espíritu trágico de una ciudad en la que "los homicidios y el viento son lo mismo" y, sobre todo, muchos recuerdos de la infancia ante tardes complejas en el desierto.

Pero después de la paliza sobreviene la tranquilidad o la fiesta. Y ahí es donde aparece el primer tema que mixtura ambas sensaciones: "La gente entre los ríos". Comienzan los festejos del mañana, las celebraciones de los funerales, el cumpleaños entre bombas y huracanes. Como en "Las máscaras", "Tornados y poblados" y "Más allá del bien y el mal", con un acordeón, que incita al movimiento.
 
El sur en la noche es un renacimiento. Esa fiesta ante un fogón en el que los sobrevivientes de la catástrofe se saludan y vuelven a brindar. Como lo que implicó el regreso de uno de los fundadores de aquellas primeras bandas originarias, el Chely, que se anima a colaborar en "A veces la noche", para inundar todo con su chamánico delay. O el aporte de Diego, en el acordeón, o los coros de músicos amigos como "El Bicho" Bolita, Max de Atrás hay truenos, El Palo de La Cría Vampira, o las Gospel Ladys Chaos. Además de ellos, y después del alejamiento de otros músicos, amanece la noche con la incorporación de Niza (ex Quijote) en la batería y el vikingo, en bajo, con quienes se embarcarán el próximo otoño en la tercera producción de El viento..., primera con esta formación.

Para escuchar lo viejo: http://www.myspace.com/losvientos

viernes 23 de diciembre de 2011

Arde! Arte: "Se naturalizó la intervención en lo público y hasta en algunos casos se institucionalizó"


Hasta el 15 de febrero, el colectivo que desde 2001 se caracterizó por promover iniciativas artísticas en asambleas y movimientos callejeros, expondrá en el Centro Cultural de la Cooperación parte de esas acciones para dejar herramientas artísticas al alcance de la próxima revuelta creativa y permitir comprender qué se construyó en aquellos años de protagonismo popular.

Por Nahuel Lag
Fotografía de Irupé Tentorio (1) y gentileza Arde! (2)

Buenos Aires, diciembre 23 (Agencia NAN-2011).- Hace diez años un grupo de artistas plásticos surgía desde las cenizas. No de las propias sino de las de un país que había agotado sus relaciones económicas, sociales y culturales y empujó a la gente a la calle para exigir un cambio de dirección político y crear alternativas para superar la crisis. Junto a las personas que se movilizaban por sus ahorros, los trabajadores que recuperaban las fábricas quebradas y las cubiertas que ardían en las rutas reclamando pan y trabajo, un grupo de ardientes artistas buscó simbolizar lo ocurrido desde el 19 y 20 de diciembre de 2001, incomodar a quienes no se sentían afectados por la situación de millones y cuestionar las estructuras que provocaron la crisis.

El lugar de Arde! Arte de acción colectiva fueron las asambleas y las calles hasta 2006, cuando sus integrantes se fundieron con los movimientos que acompañaron o continuaron caminos independientes, pero el aniversario de la revuelta popular los invitó a analizar todas las acciones, intervenciones y performance de aquellos años y montar una muestra que permanecerá hasta el 15 de febrero en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543) para dejar herramientas artísticas al alcance de la próxima revuelta creativa (teléfono para los europeos) y aportar su grano de arena para comprender qué se construyó en aquellos años de protagonismo popular.

Argentina Arde! fue la chispa inicial. Una convocatoria asamblearia hecha por Indymedia –-el arribo de los medios de contrainformación que se multiplicaron luego del 19 y 20—- y grupos de documentalistas bajo la consigna: “vos lo viviste, no dejes que te lo cuenten”. Aquel colectivo alcanzó a publicar un periódico y acompañar varias movilizaciones, pero se disolvió a fines de 2002 dejando en pie la comisión de arte que continuó como Arde! Arte y un lazo entre grupos interdisciplinarios (Grupo Boedo film, Venteveo video, Contraimagen, Subcoop, Grupo Etcétera, Taller Popular de Serigrafía, GAC, entre otros) que a lo largo de los años permitirían realizar grandes acciones como la semana Arte y Confección x Brukman y El Ceramicazo de Zanón.

Desde entonces, Silvina Bernasconi, Javier del Olmo, Leandro Gorrini, Federico Mañanes, José Luis Meirás, Natalia Revale, Daniel Sanjurjo y Paula Zambelli lanzaron su creatividad a las calles con acciones como Círculos, que invitaba a los manifestantes a dejar marcada su presencia en las movilizaciones, y en la muestra del CCC fue recreada con una circunferencia que contiene los nombres de los militantes sociales asesinados en democracia; LaBala bandera, cuando la insignia patria fue remojada en las fuentes ensangrentadas de Plaza de Mayo por los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki; o La Bola, una circunferencia hecha de casquillos de balas policiales que rodó por el Puente Pueyrredón recordando aquello de “las balas que vos tiraste…”. La muestra hará un repaso más justo, sigamos con el análisis de los ardientes.

--¿Cómo sortearon el paso de la movilización a la exposición, al registro…?

Natalia Revale:--Los diez años del 2001 fueron el disparador para reencontrarnos y comenzar a revisar qué era anecdótico, qué cosas eran importantes para relatar lo vivido en aquel año y los posteriores, y qué cosas podían tener vigencia en esta realidad compleja que vivimos en la actualidad, aunque a cinco años de la disolución del grupo no coincidamos en todos los aspectos. Habíamos hecho mucho y nunca lo revisamos, otros grupos a la par de sus acciones en aquellos años iban registrando o hacían muestras, pero nosotros no reparábamos en eso, teníamos urgencia de hacer y formarnos. Si bien contábamos con una página de internet en la que cargábamos fotos por la necesidad de socializar las acciones, cuando comenzamos a armar la muestra tuvimos que pedir y recopilar fotos y videos. Era fundamental mostrar el contexto en el que sucedieron las acciones porque no son una pintura, que habla por sí sola; el conjunto de cosas que sucedían hacían a la acción. Es oportuna esta muestra para recuperar una época que nos marcó y transmitir prácticas válidas que se pueden seguir multiplicando.

--Un recorrido por las acciones de Arde! Arte permite hacer otro por las luchas sociales que entonces se llevaron a las calles. ¿Existió un arte de la movilización?

NR:--Gran parte de nuestras acciones se hicieron en el marco de movilizaciones, donde buscábamos que tuvieran un impacto entre las personas movilizadas, pero también generar un código común, una comunión. Como parte de la movilización teníamos una contención que nos permitía realizar acciones impensadas fuera de ese contexto, como romper un cartel de la vía pública (NdeR: El 24 de marzo de 2005, Arde! intervino los carteles de Avenida de Mayo para permitir pasar el cuerpo a las manifestantes a través de un afiche que pedía Libertad a los presos x luchar). También nos interesaba el salir a la calle, que el poder del arte se cargue de otro contenido en el contexto de la movilización. No es lo mismo simplemente marchar que hacerlo con consignas, con símbolos que te identifiquen y para eso la participación era imposible sin generar complicidad. Las movilizaciones o los acampes (NdeR: para defender la toma de una fábrica recuperada o para esperar las condenadas por los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en los Tribunales de Lomas de Zamora) fueron planteadas desde ese lugar: espacios eclécticos, construcción y aguante.

Javier del Olmo:--A partir del 19 y 20 se dio lugar a que mucha gente encontrara otras maneras de expresarse, muchas acciones e intervenciones nuestras fueron muy valoradas por personas que estaban en la calle para reclamar la plata que se le había quedado el banco o por otra situación personal. Muestra de ello fue el hombre que hizo una performance de ir a veranear frente al banco… Él no era un artista, pero plantó una reposera y una sombrilla frente al banco que se quedó con su plata y llevó a toda la familia.


--En el grupo la creación se caracterizó por surgir de modo asambleario hacia el interior y en la participación de otros espacios…

JdO:--Buscábamos aportar elementos simbólicos a los conflictos y manifestaciones, participar desde ahí. Siempre tratábamos de ser lo más orgánicos posible. En la lucha de una fábrica recuperada, uno no es uno de los trabajadores, pero tratábamos de acercarnos, de participar, proponer y escuchar las propuestas de ellos para interactuar y proponer. Lo mismo ocurrió con el Frente Popular Darío Santillán. El trabajo era grupal con participación en las asambleas de los diferentes espacios, éramos un grupo dentro de la asamblea que podía elegir desde qué lugar interactuar… “de acción colectivo”, era la segunda parte del nombre del grupo.

NR:--Cuando nosotros estábamos cerca de un conflicto sentíamos la necesidad de acercarnos a sus protagonistas. En ese sentido, tratábamos de ser un tanto orgánicos… Pero movidas como la Semana por Brukman (NdeR: en respaldo a las costureras desalojadas de la fábrica textil) o el Ceramicazo (NdeR: acampe realizado en Plaza de Mayo a favor de los trabajadores de la exZanón) las pudimos hacer gracias a una cantidad de grupos culturales de distintas disciplinas que eran la base de esas iniciativas. Conn muchos de ellos nos conocíamos desde Argentina Arde! Era fundamental ese espíritu de unidad que reinaba en aquellos años, el no pensar por acciones solitarias sino en articulación con otros y con los trabajadores o movimientos de desocupados. No salíamos de un taper y hacíamos una acción.

--Algunos grupos artísticos se cuidaban de que no se produzca un “agenciamiento” en la labor artística para con las luchas sociales, ¿qué les ocurrió a ustedes?

NR:--Donde había un conflicto íbamos, no nos planteamos tanto en dónde, si era el desalojo de una fábrica recuperada o una movilización por Cromañón. La participación era muy coyuntural. Cuando el nivel de conflictividad mermó, en el grupo se empezó a discutir en dónde queríamos profundizar nuestro trabajo artístico y fuimos decantando en la labor independiente o, en mi caso, trabajar desde la cultura en un marco político en la Liga de Cultura del FPDS. Otros que habían sido o eran parte de partidos no tenían la necesidad de ser parte de una organización más amplia. Pero durante esos años no estuvimos ligados a uno u otro conflicto… fuimos pasando por todos sin “agenciarnos”.

--Para la comunicación, el 2001 abrió un nuevo campo con el surgimiento de cantidad de medios alternativos, algo que vivieron en el seno de Argentina Arde! ¿Pero cómo ven que impactó en el espacio del arte?

NR:--Quizá en lo que tiene que ver con las prácticas en el espacio público, o sea se naturalizó la intervención en lo público y hasta en algunos casos se institucionalizó. Hoy el mismo mecanismo que se utilizaba en 2001 para denunciar lo toman las empresas de publicidad o el PRO. El tema es para qué lo utilizás. El muralismo, el stencil, multiplicidad de formas de participar en el espacio público se rescataron con distintas intenciones y objetivos, pero el arte ganó espacio en la calle. Hacia dentro de las instituciones artísticas, galerías o museos, hay una apropiación del arte callejero, pero no lo veo como algo significativo.

JdO:--Previo al 2001, la mayoría trabajábamos en otros ámbitos del arte en la búsqueda de la participación en la obra del espectador con el que interactuábamos. A partir del 2001 se pudo potenciar ese tipo de prácticas y hoy en día cualquier manifestación pública busca otra tipo de simbolización. Eso se produjo debido a la necesidad de la gente de salir a la calle y manifestarse de otra manera. Ahí nosotros encontramos un espacio propicio para replicar lo que veníamos produciendo…

-¿Creen que la cultura quedó como herramienta de lucha, como parte de las organizaciones sociales o como estética en las protestas?

NR:-- Los movimientos de desocupados han sabido reapropiarse de simbologías y crear sus propios símbolos, sus propias imágenes y una identidad propia y en gran parte se debe a la intervención cultural… con cómo se interviene culturalmente en esos procesos de cambio, un cambio social es un cambio cultural, entonces cuando te concebís dentro de una organización que quiere cambiar una sociedad, la querés cambiar en su conjunto y la cultura es parte fundamental de eso. Entonces, me parece que las organizaciones y movimientos que piensan en esa transformación radical la piensan desde todos los lugares. En lo cotidiano, en el arte a cada ratito, en un barrio pintando un mural, imprimiendo una remera, discutiendo desde qué lugar estás trabajando hay una forma de concebir creativamente desde un montón de lugares, y el arte se vuelve parte de lo cotidiano.

jueves 22 de diciembre de 2011

Un acto que terminó en golpiza.-

Un grupo de estudiantes del Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda (IDAC) se acercó al intendente Jorge Ferraresi para plantear un reclamo en torno a modificaciones al interior de la carrera, entre otros. Pero, según denunciaron, militantes cercanos al funcionario acallaron el reclamo de la peor manera: golpeando a los jóvenes, tal como puede verse en un video.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Micol Metzner

Buenos Aires, diciembre 22 (Agencia NAN – 2011).- Las imágenes muestran las banderas celestes y blancas y dejan oír bombos, folclore típico de todo acto político. Aquel que sucedió el lunes pasado en la flamante Universidad Nacional de Avellaneda y que fue filmado por estudiantes del Instituto de Arte Cinematográfico de ese partido bonaerense (IDAC) tuvo como protagonista al intendente de ese municipio, Jorge Ferraresi. Hasta allí se había acercado un grupo de nueve chicos y chicas que estudian en la escuela municipal Realización Cinematográfica con orientación en Documental para recordarle personalmente al jefe comunal que no están de acuerdo con la reducción de esa carrera a una tecnicatura orientada a la televisión, tal como decidió el municipio de manera unilateral, así como tampoco con la falta de recursos para el pago de salarios docentes y el sustento del edificio, y pedirle una reunión en la cual buscar una solución entre todos. Pero la intención recibió un escarmiento que, al igual que el festejo militante, quedó registrado en imágenes.

Desde atrás de la cámara, la voz de Fabio Vallarelli pide “¡¡paraaa!!” y el cuadro se le va de control. Luego se oye a una chica gritar y algunos insultos, que culminan en la calle, en dispersión. Según denunció Vallarelli, los agresores son “militantes a favor de Ferraresi”. Y continuó: “Nos pegaron patadas, codazos y piñas. Me pegaron una trompada de atrás y nos echaron”. Ya fuera del lugar, funcionarios municipales les prometieron que en el transcurso de esta semana se pondrían en contacto con ellos, promesa que hasta hoy permanece incumplida, y una patota los corrió al menos dos cuadras: “Tomátela, tomátela”, los amenazaron. Dos hombres más los siguieron al menos diez cuadras.

El Centro Cultural Hugo Caruso, en Avellaneda, fue el escenario el lunes de la presentación de autoridades de la nueva universidad local, que abrió el año pasado. “Supusimos que iba a participar Ferraresi del acto, y no nos equivocamos. Hablamos con los chicos y dijimos de ir para pedirle al intendente que nos dé una entrevista ya que de otra manera no nos atiende”, explicó Micol Metzner, una de las estudiantes del IDAC que se acercó hasta el “Caruso”. Los intentos de acercamiento de parte de los chicos y chicas comenzaron “hace más de un mes”, cuando comenzaron a escribirle cartas, comentó Vallarelli. No obtuvieron respuesta.

Algunas semanas antes de las cartas, los estudiantes de IDAC se enteraron a través de un volante que recibieron en los pasillos de la escuela que la carrera Realización Cinematográfica con orientación en Documental había cambiado de nombre y de rumbo, y perdido algunas materias en el camino. A partir de 2012, el título que obtendrán luego de tres --y no cuatro-- años de estudio los habilitaría como técnicos en televisión, cine y video, tras recorrer una currícula orientada a la realización televisiva en la cual los contenidos cinematográficos fundamentales desaparecerían. Los cambios se aplicarán desde el año próximo y, si bien aquellos estudiantes que eligieron la orientación documental podrán terminar el camino original, “la lucha por que esos cambios finalmente no se apliquen tiene que ver con la defensa de la existencia” de la única opción pública en esa especialización que existe en Latinoamérica.

Los reclamos, el lunes pasado, interrumpieron el discurso de Ferraresi en el “Caruso”. “Su única respuesta fue la arenga contra nosotros. Empezó a decir que había gente que no entendía cómo se construía, que estábamos en democracia y todos tenían derecho a expresarse, pero que algunos iban por más, como ellos, y otros por menos, en alusión a nosotros. Y la gente se puso eufórica. Los militantes que nos rodeaban nos empezaron a increpar. Y todo se puso muy tenso. Los empujones, codazos y patadas no aflojaron en todo el acto”, describió Vallarelli, que no apagó la cámara con la que registró todo el acto y las agresiones. Entre los militantes, los chicos del IDAC aseguraron haber reconocido a miembros de la organización juvenil kirchnerista La Cámpora, a miembros de la JP Descamisados y a otros identificados con insignias del Movimiento Evita, además de “miembros de la barra brava de Ferraresi”, añadió Metzner: “Nos querían comer crudos”.

“Primero llegaron los silbidos y los cantos, que querían tapar nuestros gritos. Entonces nos empezaron a patear por lo bajo”, relató la chica, que mientras se esforzaba por superponer sus reclamos a los “¡Jorgeeeee, jorgeeee. Olé, olé, olé, olé. Jorgeeeee. Jorgeee!”, que llegaban desde varios puntos del salón, se quitaba de encima a un hombre mayor que se le acercaba por detrás y la instaba a callarse en pos de una reunión al finalizar el acto. “Me dijo que era de la municipalidad; que me calle y no grite que ya estaban hablando con otras personas para poder solucionar el tema al final del acto”, definió.

Sin embargo, pasó algo muy distinto a aquella promesa. Cuando Ferraresi bajó del escenario, los chicos reiteraron su reclamo de una reunión. “Nos dijo que no riéndose y se fue --apuntó Vallerelli--. Ahí se desbandó todo. Me pegaron de atrás, me empujaron contra la puerta de salida del lugar. Se rompió el vidrio. Nos fuimos corriendo”.

Pero en la calle siguió la persecución. Dos personas se acercaron a los chicos y las chicas que se alejaban, con miedo. “Uno era (el secretario de Derechos Humanos municipal, Claudio) Yacoy y el otro nunca se presentó y no lo conocemos”, recordó el chico. De jogging, chomba blanca y con un bolso colgando del hombro, este hombre aparece en la filmación que realizó el estudiante, a quien le habló con tono amenazante, mientras lo empujaba cada vez más lejos del "Caruso": “¿Por qué no nos escuchamos bien? ¿Por qué no nos sentamos a hablar? Vos sabés que empecé las gestiones hace un mes. Pero así no sirve. Fijate con quién están peleando. Calmalos vos a tus compañeros. Vos sabés con qué gente podés hablar y con cuál no”. Por su parte, Yacoy les prometió a los estudiantes del IDAC que “antes de fin de semana” los citaría para una reunión con él y el director de Educación Artística municipal, Horacio Di Pace. “No sabemos nada, todavía”, remarcó Metzner.

Tras la “sugerencia” que el video muestra del hombre de jogging y remera blanca, una patota gana lugar en las imágenes, con clara intención de asegurarse de que los reclamos de los estudiantes de la escuela de arte municipal volvieran a ese edificio, lejos de las autoridades municipales por pura intención de ellas mismas. “Tomátela, tomátela”, amenaza un joven de entre la patota. “Vamos, vamos”, se escucha a alguna de las chicas pedirle a sus compañeros. “Después de eso, dos tipos que estaban al lado de Yacoy mientras nos prometía la reunión, nos siguieron diez cuadras”, denunció Metzner.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Una biblioteca itinerante para rescatar el valor social de la lectura.-


Un grupo de artistas puso en marcha nuevos circuitos de promoción de la lectura con una camioneta equipada de libros. Rumbea a parques, ferias, escuelas, clubes y sociedades de fomento, con el objetivo de que los chicos se acerquen a las letras.  

Por Nahuel Gómez
Fotografías de Federico Moscoso

Buenos Aires, diciembre 22 (Agencia NAN-2011).-El hecho de que exista la lejanía debería ser motivo suficiente para vivir moviéndose. Moverse es lo que hace este cronista al viajar desde La Matanza hasta San Fernando para concretar esta nota, pero también lo que busca La biblioneta para  acercar a los más chicos a la literatura. Se trata de una biblioteca rodante que desde principios de diciembre pasado visita parques, ferias, escuelas, clubes y sociedades de fomento. ¿La idea? Estar en movimiento para quitarle la “modorra” a las bibliotecas  --e indirectamente a sus potenciales lectores-- yendo a espacios a donde no siempre llegan, y también, para rescatar el valor social de la lectura.  

El objetivo principal es que los chicos se acerquen a la literatura. Pero no sólo a través de la lectura, sino también con narraciones orales, ilustraciones, música y actuación. Es por esto que los que aportan combustible para encender este fierro cultural son un grupo artistas de distintas disciplinas, liderados por la actriz y narradora Majo Turner. La inspiración de Majo para crear este proyecto no surge de ninguna afición por los motores, ni de nada que se le parezca. La tracción a sangre fue la que impulsó sus neuronas desde el comienzo. Conoció la historia del profesor colombiano Luis Soriano, creador de La biblioburro,  quien  desde hace años recorre rutas y caminos intransitables de su país  repartiendo libros a lomo de sus dos burros, Alfa y Beto. Si bien esta idea la sedujo, la creadora  admite, bromeando entre risas,  que eligió utilizar una camioneta porque “si iba por la ciudad en burro me tenían que internar”.

La hacedora del proyecto es acompañada por Alejandra Marroquín --también coequiper de Majo en el grupo de narradores Saltimboca--, el actor Nacho Salerno, la cantante y compositora Carina Schmidt, la fotógrafa Ailén Campagnolle –-hija de Majo-- y el escenógrafo  y creador de las ilustraciones que adornan la camioneta, Esteban Siderakis. “La idea es ser pasadores de cultura a través de la música, de las canciones, de los libros, que cada uno con lo que hace intente hacer un pasaje a quien se acerque”, esboza Marroquín el espíritu de la propuesta.

La experiencia de los niños ante La biblioneta abarca más que la simple lectura. Lo que predomina en los espacios donde la camioneta estaciona es la familiarización con el libro, pero no solo por su contenido escrito. “Los más chicos llevan libros con textos que no saben leer y le piden a un adulto que se los lea, al que tienen al lado, a veces ni siquiera al que los acompaña. Y los más grandes se quedan mirando los libros por sus ilustraciones, hay libros con ilustraciones para chicos y grandes con las que te podés quedar horas mirándolas”, ensaya Turner y Marroquín completa: “A mí me parece que más allá de elegir tal o cual libro, lo que los chicos buscan es la escena de compartir el libro”.


Cuando se habla del aprendizaje que llevan los chicos hoy en día, se suele caer en la visión, muchas veces exagerada y carente de fundamento,  de que la tecnología va en desmedro de los hábitos de lectura. Ante esto, Marroquín rescata que “hay algo que no se perdió, a pesar de la tecnología, que es la curiosidad que impone la biblioteca”. Agrega: “Se acercan chicos y grandes a ver que hay, la curiosidad no se perdió, por ahí no es tan habitual ir a una biblioteca, por eso está bueno sacar los libros a la calle”.

Lo que incentiva a que los curiosos se acerquen al vehículo es también todo lo que excede pero también integra a la literatura, como el espectáculo musical que se propone desde sus canciones folklóricas Carina Schmidt. “La música siempre reúne, siempre es un nexo y siempre genera curiosidad, sobre todo la música en vivo, encontrarse con el sonido primero y después con los libros suma un ingrediente importante desde el lado de la curiosidad”, esboza. 

La intervención artística de la propia camioneta atrae tanto a grandes como a chicos. Las ilustraciones representan paisajes argentinos, se aprecian montañas, cataratas, ballenas, glaciares y mares. “Pareciera como que la camioneta ya viajó. Todos nos preguntan por donde anduvimos, cuando recién estamos empezando. La camioneta propone que ya viene viajando desde hace mucho y, en realidad, esto tiene que ver con nosotros, que venimos viajando juntos desde hace mucho”, destaca Turner.

martes 20 de diciembre de 2011

Multiexposición a diez años del 19 y el 20 en Matienzo.-

En el ciclo de jornadas que se realizan recordando el estallido de diciembre de 2001, el sábado pasado en el Club Cultural hubo dos obras del ciclo 15/20 y una charla abierta entre el director teatral Lisandro Rodríguez y el militante popular Pablo Solana.

Por Lola Kuperman
Fotografía de Natalia Fernández Acquier

Buenos Aires, diciembre 20 (Agencia NAN-2011).- El mutis, en teatro, se compone de un movimiento básico que exige el fin de la continuidad dramática. Puede ser, por ejemplo, que el actor o su interlocutor abandonen la escena, dejando que el silencio gane terreno para darle paso una sensación de quiebre, vacío o de falta. Pero no todo es tan lineal y puede ocurrir lo contrario en determinados contextos. Como sucedió en el Club Cultural Matienzo (Matienzo 2424), en el marco de la multiexposición por los diez años de los sucesos del 19 y el 20 de diciembre de 2001, donde el director teatral Lisandro Rodríguez terminó de entrevistar al militante popular, electricista y diagramador Pablo Solana, en una charla bien amena, cerveza de por medio. Habían hablado de Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, la forma cooperativa como método de producción, la horizontalidad en la organización social y, claro, la fatídica jornada en el Puente Pueyrredón bajo luces que tenían la misma intensidad entre el público y el escenario. Al finalizar la entrevista, los dos protagonistas jamás estuvieron más lejos del mutis.

La conversación fue precedida y seguida por dos obras: la primera de Melina Marcow y la última de Claudio Mattos. Ambas formaron parte del ciclo 15/20 (15 directores sobre el 20 de diciembre) que durante el sábado 17 de diciembre envolvió a la terraza del Matienzo de un clima ideal para disfrutar de una noche de teatro. La pieza inaugural, de Marcow, construye su linealidad entre una puesta de cartón, medias blancas como títeres y una proyección donde los actores se integran a los espectadores. En cambio, la de Mattos utiliza una ácida ironía que coloca al espectador en la difícil encrucijada de no saber si reír o llorar. Una pareja en un restaurant y un mozo musicalizan una triste cena en la que los casados se disparan barrabasadas con un micrófono y una media sonrisa en los labios. “Dije que me importabas. No debí, fuiste un Papá Noel muy triste”, escupe ella y él se ríe hasta enojarse, como diez años atrás, cuando una parte de los argentinos salió a la calle al grito de “que se vayan todos”. 

El relato de una micro sociedad, el pueblo de Los Olmos, es narrado en la obra de Melina Marcow. Tres formatos son el camino para llegar hasta la debacle total. Unas medias en manos humanas relatan con las voces, ya grabadas de los actores, las frutas aún inmaduras de los saqueos que viviría luego el pueblo. Inmediatamente, los interpretes, como despertaron los argentinos aquellos días, se paran frente a sus espectadores y cuando escuchan su voz por los altoparlantes, levantan la mano. Se hacen cargo, todos, de sus palabras, de sus voces, de su historia. 

Por último, la obra de Marcow logra la catarsis en una proyección que va captando la atención de los participantes de la escena, quienes desinteresados miran sus peras y comen con un incierto equilibrio entre voracidad e indiferencia. Las imágenes, proyectadas por encima de sus cabezas, van elevando su tensión hasta que los actores no pueden ignorarlas más. Hay muerte, hay violencia, hay egoísmo y hay muestras de los sitios más oscuros que posee el ser humano. El teatro en el teatro, según la crítica Anne Ubersfeld, siempre dice la verdad. Una verdad que remite directamente a la represión policial, a sus 38 muertos y más de 400 heridos.

La noche finaliza con la fotografía de Fernando De La Rúa tomándose por el cuello, un plano cerrado, sin posibilidad de un mutis y menos de un respiro. Antes, Lisandro Rodríguez había mostrado la tapa del periódico Le Monde Diplomatique donde se leía: “Argentina 2001 - Europa 2011”. “Ese modelo lo miran desde allá y no lo pueden creer”, señala Solana, sopesando cada una de sus palabras e introduciendo las pausas escénicas que irrumpen en la mente de los oyentes. Él, militante del movimiento de Trabajadores y Desocupados de Lanús y del Frente Popular Darío Santillán, repasa su experiencia una década después frente a un público que asiente ante la propuesta de “lo que somos en chiquito, en corporaciones, se puede hacer a grande escala en sociedad”.

La conversación finaliza con una canción a cargo de la guitarra y voz de Rodríguez. Él sostiene que es “al azar”, sin embargo "Cantata de Puentes Amarillos" es impresionantemente adecuada. “Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor”, canta Rodríguez y a los espectadores se nos pone la piel de gallina. La música da por terminada la entrevista, pero ningún interlocutor se mueve. Nadie quiere irse de la escena, ni para el caso, de la terraza. A diez años del 2001, ningún mutis es necesario.

*Hoy, a partir de las 18 horas, comienza la Jornada Interdisciplinaria del estallido de la crisis argentina, en Club Cultural Matienzo, Matienzo 2424, Ciudad de Buenos Aires.

lunes 19 de diciembre de 2011

Libros: “Vencidos” (Melody Geraldine, 2011).-


Estructurado en una serie de doce relatos breves, Vencidos explora un inframundo de personajes frustrados, en donde la soledad, el vacío, o la lisa y llana imposibilidad de ser se encuentran a la orden del día.

Por Nicolás Alonso

Buenos Aires, diciembre 19 (Agencia NAN-2011).- “Ni aquí en la tierra de los vencidos donde el destino es el único destino y la vida llega marcada desde otro tiempo. Y la libertad no existe.” Será duro después de la contundencia de esta oración intentar siquiera explicar de qué va el universo de Vencidos (Editorial El Reino, 2011) el primer libro de la novel escritora Melody Geraldine. Estructurado en una serie de doce relatos breves, en ningún caso de más de dos o tres páginas, Vencidos explora ese inframundo de personajes frustrados, en donde la soledad, el vacío o la lisa y llana imposibilidad de ser se encuentran a la orden del día.

Si bien cada uno de estos doce apartados guarda cierta autonomía en entre sí y posee independencia, es indudable la comunicación y unidad que los permea y los vuelve un cosmos unificado. La soledad, la aislación y la imposibilidad de sostener la lucha por vivir; esa experiencia de saberse vencidos, de experimentar el puro vencimiento serán las constantes que darán una indudable sustancia y unidad a estos relatos.

Otra de las claves que sostiene la unidad del libro es, sin dudas, la particular prosa de Geraldine, que marca a fuego cada verso. Desde una perspectiva un tanto posmoderna se podría leer la prosa de Geraldine en clave románica, de cierta pompa inusual en el mundillo literario contemporáneo. La densidad en cada oración y, de a ratos, una excesiva búsqueda poética hacen dificultosa la dinámica de la lectura. Oscurece el potencial de personajes que se muestran de por sí bastante sólidos. Historia de desencuentros entre amantes necesitados, de mujeres atrapadas en su cotidianeidad, de mandatos aplastantes, herencias y mochilas de generaciones que conforman un mundo de imposibilidades y de resignaciones (“siempre tuvo que llorar sola, sin nadie que la consolara. Sola en su cuarto, escondida, donde ahora, una vez más, suena sola en el silencio”).

Vencidos recuerda aquella anécdota a la que Borges solía volver acerca de sus primeros escritos. Según cuenta, el padre le aconsejaba que no se apurase a editar, le recomendaba que se tome el tiempo necesario para que los textos maceren, maduren, con la paciencia y el esmero de quién se sabe por el camino correcto. Ese texto que el padre de Borges aconsejaba no apurar era la joya que más tarde se titularía Fervor de Buenos Aires. Evidentemente la paciencia fue recompensada. El problema es que ésa no es tarea fácil para un escritor, principalmente si se trata de uno joven e inédito y que encima no tiene (como el común de los mortales) la suerte de ser Borges. La urgencia, las ganas, el empuje, la pasión, esas nobles virtudes que suelen caracterizar a la juventud puede, a veces, ser vehemencia y convertirse en un problema si no se las sabe identificar y encausar a tiempo.

Con un poco de ciencia ficción se podría arriesgar la siguiente hipótesis: Vencidos podría ser un mejor libro si se le hubiera dado tiempo. Esto implica una vaga mirada según la cual a estos relatos les falta algo. Un algo que, podría suponerse, es aquél oxigeno regenerador que otorga el tiempo, el trabajo y la paciencia. Y más aun si pensamos en la narrativa y su imperante necesidad de depuración, de trabajo por capas sucesivas e inagotables que se van sacando hasta dar con el núcleo, con la identidad.

viernes 16 de diciembre de 2011

La otredad como construcción de clase.-

En Los otros..., la autora relata el enfrentamiento entre vecinos separados por un muro real y otro imaginario, plagado de prejuicios sociales, que divide a los tienen algo y de los que no tienen nada. Desde un afuera, con certera honestidad de clase, se inmiscuye en terrenos fértiles para reflejar la precariedad y el desencanto que se transforman, muchas veces, en violencia social.


Por Natalia Arenas
Fotografía Iara Lag

Buenos Aires, diciembre 16 (Agencia NAN-2011).- Josefina Licitra, periodista y escritora, pide disculpas por los 10 minutos de retraso y, después de prestarse a una breve sesión de fotos por las angostas veredas linderas a Puerto Madero, propone un bar porteñísimo para sentarse a charlar. Los otros. Una historia del conurbano bonaerense es su segundo libro. Para contar una historia del conurbano bonaerense probó con diversos barrios y temáticas varias, hasta que -gentileza de Policías en Acción- dio con la adecuada. Una historia que parte de un asesinato, allá por 2009, y que tiene como escenario un barrio de Lanús. O dos. O un barrio y un asentamiento. O un mismo barrio separado por un muro de hormigón: de un lado, los "tanos"; del otro, los "negros". Ambos calificativos fueron inventiva pura y exclusiva de los otros: para los habitantes de Villa Giardino, los del otro lado son los "negros". Para los del asentamiento “Acuba”, los vecinos amurados son los "tanos". Para ellos , los de al lado son Los Otros. Y ya.

La otredad como concepto abstracto, pero también como figura ineludible, sobrevuela de manera constante la escritura genuinamente descriptiva y por momentos cruda e irritante de la autora de Los Imprudentes (2007, Tusquets). Ella misma es un otro para sus entrevistados, aún con las zapatillas embarradas de recorrer los pasillos de una villa o cruzar ese puente mortal en La Salada. Y lo sabe. Y lo demuestra, sin vueltas. Sin prejuicios de sus prejuicios.

--Antes de la investigación, ¿cuál era tu visión del Conurbano?
--No era un tema sobre el que yo pensara demasiado. No tenía una idea formada porque nunca me detuve a pensar en el Conurbano. Mi aproximación estaba más relacionada a la infancia. Soy platense y viajaba todas las semanas con mi abuela en el ferrocarril Roca hacia La Plata. Entonces, el Conurbano era todo lo que iba pasando por la ventanilla del tren. Allí tomé algún registro de que había una temporalidad distinta: las casas eran más bajas, el sol pegaba distinto, las cosas iban a un ritmo que, para mí, era bastante ajeno al ritmo del lugar donde yo vivía. Pero, más allá de ese tramo de mi infancia, no tuve ningún otro contacto con el Conurbano.

--¿Por qué elegís esta historia para describirlo? ¿Qué fue lo que te llamó la atención?
--Había algo del primer cordón del Conurbano que a mí me parecía interesante, una idea de la precarización. Tanto en la zona sur como en la zona oeste, muchísima gente había llegado hasta ahí con una idea de progreso, montada en la cercanía con la Ciudad de Buenos Aires, y eso fue el origen de un gran desencanto. Si bien es cierto que el cordón está, según la zona, a 10, 15 o 20 minutos de la capital, la distancia se termina midiendo de otro modo, nunca esa cercanía es real, nunca es tan fácil como uno cree insertarse productivamente en la dinámica que supone una gran ciudad. El desencanto que genera no poder entrar en una lógica de progreso me parecía que era como bastante notorio en este primer cordón, donde se juega esto de estar tan cerca y tan lejos a la vez.

--¿Cómo se refleja esa paradoja en la historia de Los Otros?
--Esta historia habla de cómo miles de familias fueron llegando en distintos momentos: en el caso de los "tanos", en la posguerra, en tiempos de Perón, fines de los ’40; y en el caso de los "negros" fueron llegando en épocas del menemismo. Ambos pensaron que iban a poder trabajar en la Ciudad, pero luego vieron que no era posible. Y eso termina transformándose –que es lo que a mi me interesaba trabajar- en una especie de bronca hacia nada en especial, que uno tiene que canalizar. Cuando vos no tenés a quien culpar porque el Estado es como un ente abstracto, necesitás encontrar a alguien con quien agarrarte a piñas, alguien tiene que ser responsable por lo que a vos te pasa. Es algo que se da en varias zonas del Conurbano, pero también pasó en el Parque Indoamericano… Hay algo de desencanto que se transforma en violencia social y en pelea entre pobres. Esa es la historia que quería contar, no sé si como el símbolo del conurbano, pero sentía un estado de violencia latente, una insistencia en equivocar el enemigo, de la que esta historia me permitía hablar.

--Vos decís que no es un reflejo y, sin embargo, hay una serie de realidades que circulan por tu historia (la falta de cloacas, la contaminación del Riachuelo, los punteros, la feria de La Salada y hasta la identidad) que coinciden con lo que podría ser un reflejo de la Argentina toda.
--Sí, claro, es un reflejo de precarización en general. Cuando yo digo que no es el único reflejo, quiero decir que hay miles de cosas para contar del Conurbano, pero había algo de una precarización social que estaba muy resumida en la historia que cuento. Más allá de que algunas situaciones se repitan en todo el país, en el Conurbano la densidad poblacional es altísima, justamente porque vienen de todos lados, del interior, de países limítrofes, pensando que les va a ir bien, y se ensartan y se quedan ahí. La densidad de la zona hace que todo emerja de una manera más elocuente.

--¿Por qué elegiste contarlo en primera persona?
--Por un lado, me pareció que funcionaba bien una idea de periodista extranjero en un territorio. Finalmente, esto es un viaje –en tanto uno se acerca a un territorio no conocido- y me parecía que eso no podía ser contado desde otro lado que no fuera la primera persona. También porque estoy cada vez más convencida de que uno tiene que explicar de alguna manera desde qué lugar de clase, desde qué prejuicios, desde qué biografía y subjetividad aborda los temas. Los periodistas no somos perfectos, parece una estupidez, pero muchas veces el periodismo se presenta como una instancia perfecta que evalúa las imperfecciones del mundo. La verdad es que el periodismo está hecho por personas que se equivocan, que tienen prejuicios, que nacieron en una casa determinada, con una familia determinada, con un nivel económico determinado, con una educación determinada, cosas que marcan la forma en que piensan y construyen sus relatos.

--Hay una frase que aparece en mitad del libro: “Soy una mujer de clase media, haciendo un libro sobre pobres”. Esa frase refleja la línea editorial del libro. ¿Coincidís con esto? 
--Creo que dije algo que se tendría que haber dicho en muchos otros casos. Todos los periodistas que nos dedicamos a problemáticas sociales somos periodistas de clase media escribiendo historias sobre pobres. En este caso en particular, igual, era un punto de tensión dramática. Intenté recrear algo que me pasó cruzando un puente en la feria de La Salada, si bien no lo pensé con esas palabras, estuvo esa cosa de decir: “¿Qué mierda hago acá, si yo puedo estar en mi casa, con mi familia?”. Y, después, pensando en cómo había sido esa sensación, esa frase me permitió, por un lado, estructurar esa situación de desesperación, y por otro lado, publicar sin eufemismos y sin ningún tipo de corrección política mi lugar de clase. Porque, finalmente, yo terminaba de hacer ese trabajo, me iba a mi casa, me ponía mi televisión de pantalla plana y después me iba a dormir. Y esto me parece que tiene que aparecer en algún lado, insisto, muchos periodistas hacen esto: laburás, te comprometés, te angustiás, esperás que todo se solucione, pero después volvés a tu casa y estás re cómoda y esta gente sigue ahí. Y cuando llueve, yo estoy seca en mi casa y esta gente sigue ahí. Entonces, me pareció como un punto de honestidad, quizás medio brutal, de marcar la diferencia, de decir: yo después de todo este desastre me vuelvo a mi lugar de clase, esto va a seguir todo igual. Tal vez no lo dije de una manera amable.

--El final del libro es algo abrupto, no hay conclusiones de tu parte. ¿Desde un principio lo pensaste así?
--Creo que -y de esto me di cuenta después- hay dos relatos y por eso un final así es necesario. Uno, es el más evidente: el problema de los barrios, el asesinato, el culpable, etcétera. Y el otro tiene que ver con el relato de la primera persona y con la formulación de varios interrogantes: ¿cómo una persona puede construir una verdad personal en base a verdades opuestas? ¿Cómo hace un periodista o cualquier persona para decir ‘lo que paso es esto’? ¿Cómo se construyen las verdades? ¿Cómo hace el periodismo para decir esto es lo verdadero?. Y en ese sentido, me pareció lógico cerrar el libro con una verdad jurídica que es, finalmente, lo que se considera la verdad en el mundo: la verdad del Estado. Y aún así puede fallar. El final tiene que ver con que las verdades más objetivas están hechas por personas y está la posibilidad del error, lo que te deja en una situación de desamparo, a la deriva, sujeto a lo que piensan las personas y no el Estado, ¿no? Fue un cierre funcional, en tanto búsqueda de la verdad.

--¿Fue difícil elegir el título?
--No, salió bastante pronto. En realidad, en la editorial querían otro título. Me pareció que estaba bien esta idea de que para cada parte el otro es la amenaza. Y después también hubo otro tipo de construcciones, como que para mi ellos son los otros…

--Y para ellos, vos también lo sos…
--Exacto, todos nos construimos en base a otredades, siempre es uno versus todo lo demás, siempre. Los "tanos" piensan todo tipo de barbaridades de los "negros": que de dónde sacan sus lozas, de donde tienen todo lo que tienen, cuando, evidentemente, nunca entraron a "Acuba" porque ahí no hay ni una sola construcción en buenas condiciones. Y, del otro lado, también hay una idea de opulencia de los "tanos", de por qué nosotros no podemos tener lo que tienen ellos… y no tienen registro de que los "tanos" están en la lona. Uno va construyendo, cuando no conoce, una imaginación muy frondosa. Y esto trae consecuencias políticas y sociales nunca inocuas porque estos mitos que se van armando, finalmente, alimentan la violencia.