Dirigida por Camila Fabbri,
la historia habla sobre la convivencia, sobre tres personajes que ponen sobre
la mesa sus puntos más vulnerables y, a través de ello, se enamoran entre sí,
entre todos, con prejuicios y sin reparos.
Por Lola Kuperman
Fotografía
gentileza Brick
Buenos Aires, junio 12 (Agencia NAN-2012).- La
contempla, la acaricia, la besa. Está deslumbrado por su belleza no
convencional, cuadrada, en fragmentos, en pedazos unidos a través de cemento,
en sus relieves irregulares y, como su mano, sube y baja cuando la recorre.
Imposible calcular las medidas de la pared que sedujo al joven obrero, que
llegó con su mochila y su problema de columna a construir una casa, junto a dos
hombres más. Una construcción que por momentos carece de la noción tiempo y
espacio, nunca de sentido. Tres personajes que rozan el hermafroditismo luchan
internamente por si su parte femenina o su parte masculina dejan que los
domine. Descubrirse las manías, las enfermedades, las sonrisas, las familias de
las que vienen, las ideas que los preocupan con el fin último de saciar el gran
hueco que es conocer y querer a otra persona. De eso habla Brick, la primera obra dirigida y escrita por la joven Camila
Fabbri.
Sentado en su silla, con
tijera y revista pornográfica en mano, Jaime, interpretado por Mario Sala, se
deleita, o cree hacerlo, ante el recorte de mujeres exuberantes y desnudas. La
extensión de esta introducción a la historia marcará el ritmo que tomará como
propio la trama: el espectador que busque disparos saldrá decepcionado. Brick camina sobre un cosmos que posee
su propio reloj biológico, que los tres personajes respetan y adoptan. Interpretan a obreros masculinos, sin
embargo, sus personalidades se contonean al ritmo de unas caderas curvilíneas y
cúmulos de pensamientos acostumbrados a rebotar sin respuesta en cerebros
femeninos.
“En Brick nada se cuestiona,
porque el espacio en el que Jaime, Javier y Toni cohabitan no tiene ni siquiera
una explicación espacial por sí misma”, explica Fabbri, quien dirige a los
actores Bruno
Campos, Julián Infantino y Mario Sala con una delicadeza e ironía que siembra
una complicidad tragicómica en los espectadores. La
historia habla sobre la convivencia, sobre tres seres que ponen sobre la mesa
sus puntos más vulnerables y, a través de ese acto se enamoran entre sí, entre
todos, con prejuicios y sin reparos. Completan el vínculo amoroso Javier y
Toni, quienes se unirán en una complicidad inevitable mediada por la edad y el
extrañamiento que les produce el lugar.
El construir adquiere un
peso aplastante en el plano figurativo, mientras que en el plano real se relega
a un segundo nivel. Brick es un espacio
imposible donde tres personajes luchan por convivir y quererse. Mientras tanto,
comen fideos, miran a Susana Giménez, duermen con la luz prendida e intentan
descubrir qué hacer con todo ese amor que les recorre el cuerpo.
Sería difícil determinar porqué
la obra logra establecerse en el limbo que divide la ternura y la angustia.
Javier, interpretado sagazmente por Bruno Campos, le declara su amor a una
pared rugosa, de ladrillos (que no es más que la traducción de Brick del inglés) y la risa de los
espectadores se conjuga con una mordida del labio inferior. La sala del Teatro
Granate parece armada para el texto y no al revés. Ante tanta dosis de amor
sobrevolando entre actores y espectadores, la pared es genuinamente bella: aquí
las reglas las imponen los sentimientos.
Faltan materiales para la
construcción en “la bola blanca”, el espacio que cohabitan los tres personajes
que si perturban la frecuencia en tomar una pastilla, pierden la memoria. Las carencias
físicas se reemplazan con la imaginación y si están en Morón o en el bosque de
Gulubú de Maria Elena Walsh da igual.
“Preparó enormes
ladrillos de bizcochuelo, y con ellos alzó paredes. Unió los ladrillos, de más
está decirlo, con dulce de leche espeso. Las paredes quedaron perfectas y todo
el mundo aplaudió”, cuenta Maria Elena Walsh sobre el desempeño de la tía
Clodomira en el bosque de Gulubú. Con el mismo amor y la misma utopía que la
tía, los personajes construyen el universo Brick.
*Brick se presenta los viernes a las 22 en Granate
Espacio Teatral, Alvarez Thomas 1529, Ciudad de Buenos Aires.

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