martes, 12 de junio de 2012

Brick en Granate Espacio Teatral.-


Dirigida por Camila Fabbri, la historia habla sobre la convivencia, sobre tres personajes que ponen sobre la mesa sus puntos más vulnerables y, a través de ello, se enamoran entre sí, entre todos, con prejuicios y sin reparos.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza Brick

Buenos Aires, junio 12 (Agencia NAN-2012).- La contempla, la acaricia, la besa. Está deslumbrado por su belleza no convencional, cuadrada, en fragmentos, en pedazos unidos a través de cemento, en sus relieves irregulares y, como su mano, sube y baja cuando la recorre. Imposible calcular las medidas de la pared que sedujo al joven obrero, que llegó con su mochila y su problema de columna a construir una casa, junto a dos hombres más. Una construcción que por momentos carece de la noción tiempo y espacio, nunca de sentido. Tres personajes que rozan el hermafroditismo luchan internamente por si su parte femenina o su parte masculina dejan que los domine. Descubrirse las manías, las enfermedades, las sonrisas, las familias de las que vienen, las ideas que los preocupan con el fin último de saciar el gran hueco que es conocer y querer a otra persona. De eso habla Brick, la primera obra dirigida y escrita por la joven Camila Fabbri.

Sentado en su silla, con tijera y revista pornográfica en mano, Jaime, interpretado por Mario Sala, se deleita, o cree hacerlo, ante el recorte de mujeres exuberantes y desnudas. La extensión de esta introducción a la historia marcará el ritmo que tomará como propio la trama: el espectador que busque disparos saldrá decepcionado. Brick camina sobre un cosmos que posee su propio reloj biológico, que los tres personajes respetan y adoptan. Interpretan a obreros masculinos, sin embargo, sus personalidades se contonean al ritmo de unas caderas curvilíneas y cúmulos de pensamientos acostumbrados a rebotar sin respuesta en cerebros femeninos.

En Brick nada se cuestiona, porque el espacio en el que Jaime, Javier y Toni cohabitan no tiene ni siquiera una explicación espacial por sí misma”, explica Fabbri, quien dirige a los actores Bruno Campos, Julián Infantino y Mario Sala con una delicadeza e ironía que siembra una complicidad tragicómica en los espectadores. La historia habla sobre la convivencia, sobre tres seres que ponen sobre la mesa sus puntos más vulnerables y, a través de ese acto se enamoran entre sí, entre todos, con prejuicios y sin reparos. Completan el vínculo amoroso Javier y Toni, quienes se unirán en una complicidad inevitable mediada por la edad y el extrañamiento que les produce el lugar.

El construir adquiere un peso aplastante en el plano figurativo, mientras que en el plano real se relega a un segundo nivel. Brick es un espacio imposible donde tres personajes luchan por convivir y quererse. Mientras tanto, comen fideos, miran a Susana Giménez, duermen con la luz prendida e intentan descubrir qué hacer con todo ese amor que les recorre el cuerpo.

Sería difícil determinar porqué la obra logra establecerse en el limbo que divide la ternura y la angustia. Javier, interpretado sagazmente por Bruno Campos, le declara su amor a una pared rugosa, de ladrillos (que no es más que la traducción de Brick del inglés) y la risa de los espectadores se conjuga con una mordida del labio inferior. La sala del Teatro Granate parece armada para el texto y no al revés. Ante tanta dosis de amor sobrevolando entre actores y espectadores, la pared es genuinamente bella: aquí las reglas las imponen los sentimientos.

Faltan materiales para la construcción en “la bola blanca”, el espacio que cohabitan los tres personajes que si perturban la frecuencia en tomar una pastilla, pierden la memoria. Las carencias físicas se reemplazan con la imaginación y si están en Morón o en el bosque de Gulubú de Maria Elena Walsh da igual.

“Preparó enormes ladrillos de bizcochuelo, y con ellos alzó paredes. Unió los ladrillos, de más está decirlo, con dulce de leche espeso. Las paredes quedaron perfectas y todo el mundo aplaudió”, cuenta Maria Elena Walsh sobre el desempeño de la tía Clodomira en el bosque de Gulubú. Con el mismo amor y la misma utopía que la tía, los personajes construyen el universo Brick.

*Brick se presenta los viernes a las 22 en Granate Espacio Teatral, Alvarez Thomas 1529, Ciudad de Buenos Aires.

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