Por Soledad Arréguez
Manozzo
Fotografía
gentileza de Raúl Shalom
Buenos
Aires, junio 1 (Agencia NAN-2012).- El teatro desde sus orígenes sirvió como
expresión del sentir de los pueblos; y siglos más tarde, continúa siendo el
portavoz de las clases populares en búsqueda de la transformación social. Es
también de los oprimidos, marginados y excluidos. Es la auténtica expresión de
la necesidad de cambio, de la construcción colectiva; una oportunidad para que
los pueblos hagan catarsis y rompan el silencio opresor. “La finalidad del
Teatro del Oprimido (TDO) es dialogar con el cuerpo acerca de diferentes
problemáticas sociales. Es la búsqueda de alternativas de transformación
social. Aportar herramientas para el cambio. Construimos lo artístico desde la
militancia”, resume Raúl Shalom, director teatral y educador popular, que
difunde esta práctica en la Argentina.
Hay un vínculo estrecho entre lo teatral y lo social: el reflector recae sobre los conflictos cotidianos, y en cada escena se busca que los espectadores se involucren en la historia que transcurre, para que más tarde, entre todos, se piense una solución a ese dilema. Esta práctica popular rompe con la pasividad del espectador. La dinámica lo invita a probar alternativas de cambio en escena, por eso asumen un rol activo, ponen el cuerpo al conflicto para debatir con otros desde la propia experiencia.
Este lenguaje teatral, pensado por el director y
pedagogo teatral brasileño Augusto Boal en la década de 1960, tiene como
propósito transformar al espectador en protagonista de la acción dramática,
para que las experiencias vividas luego lo lleven a la propia liberación. Las diferentes
técnicas de TDO –el Teatro Periodístico, el Teatro Invisible, el Teatro Foro,
entre otros- están influenciadas por la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, por lo
que se buscan que exista un aprendizaje, una conciencia, sobre el mundo que los
rodea y las relaciones de poder. Es que se busca, explica el docente y director
teatral, que “haya un diálogo a partir
de la acción dramática para llegar a acciones concretas”. La meta es que la
transformación que se produce en la escena, también la puedan reproducir fuera
de bambalinas, en el mundo real.
En diálogo con Agencia NAN, Shalom remarca: “El Teatro Foro es una herramienta de
transformación social. Por la forma de abordar los temas, la posibilidad de
hacer foro con la acción nos modifica a todos los que participamos en el juego
que proponemos”. En lo lúdico, en la alegría de los pueblos, parece estar
entonces la posibilidad de transformar la realidad que vivimos.
--¿Por qué
es necesario un teatro popular o para oprimidos?
--El teatro popular fue la esencia del teatro.
Antiguamente el teatro era la voz del pueblo, el medio que tenia el pueblo para
expresar sus necesidades y plantear sus conflictos. Después lo tomó la iglesia,
lo aburguesó y lo metió adentro de las salas para pocos. Hace muchos años que
el teatro, y el arte en general, para muchos jóvenes y adultos de los barrios y
regiones más relegadas se convirtió en la posibilidad de generar organización y
participación; ponemos sobre la mesa temáticas y conflictos puntuales y su
posibilidad de cambio.
--Entonces,
¿el teatro puede convertirse en un arma de liberación, como motor para
desencadenar la acción colectiva?
--El teatro tiene la particularidad de ser la
convergencia de muchas áreas del arte, mas particularmente necesita de un
grupo. Estamos aprendiendo como ciudadanos que la acción colectiva y la
organización nos permite avanzar allí donde la acción individual no es posible.
Aunque aún debemos luchar contra muchos años de “individualismo” o del “sálvese
quien pueda” que se generaron durante la última dictadura militar y se
fortalecieron durante la década del ‘90. Teatro del oprimido es una alternativa
más de acción y organización colectiva.
--Si
pensamos los principios de Freire, los espacios de la educación liberadora
deben ser distintos a los del sistema educativo formal. ¿Podemos decir que esta
forma teatral implica romper la distancia que impone los espacios de teatro
tradicionales entre espectador y audiencia?
--En el teatro foro el espectador no es un
espectador pasivo sino un espectador activo. Lo llamamos especta y forma parte
de la resolución del conflicto planteado en la pieza teatral. Desde la
metodología propiciamos la participación y en el juego que proponemos
dialogamos y generamos preguntas. Pensamos que si tenemos la posibilidad de
jugar el cambio en la ficción, también el cambio es posible en la realidad.
--¿Qué
problemáticas deciden representar en el Teatro-foro?
--Las problemáticas que tratamos desde la
metodología de teatro foro están vinculadas a la violación de los derechos de
las personas. Trabajamos sobre los derechos porque hemos padecido como
comunidad durante tres décadas la pérdida de derechos adquiridos. Muchas de las
violaciones que vivimos se han “naturalizado” y no se hablan. Situaciones que
son parte del cotidiano, que pasan al plano de lo normal pero que pueden ser
relaciones de dominación y poder, no naturales ni humanas. Creemos que no se
puede transformar aquello de lo que no se habla. Teatro foro nos permite
abordar temas con el cuerpo. La metodología nos permite democratizar la acción.
--Para que
se produzca la transformación en el espectador, ¿cómo se lo interpela? ¿Cómo se
hace para que reaccione frente al problema planteado?
--Los espectadores son parte de la construcción
de la transformación en igual parte que los que actúan. Hay un mediador o
“curinga” que es quien interpreta la intervención que propone el espectador
para modificar la relación de opresión.
--En toda
transformación social es clave el interés de los participantes y cierta
homogeneidad del grupo. ¿Qué sucede en la práctica de estas formas teatrales?
--En el planteo de la metodología promovemos la
construcción colectiva. Necesitamos de un grupo para generar la pieza teatral. Sabemos
que en los talleres muchos venimos de diferente formación, tenemos diferentes
métodos para abordar la acción social, más debemos aprender que no hay
transformación posible sin diversidad y debemos construir acuerdos desde las
diferencias. La alianza es salud y poder para producir cambios.
--Se puede
decir que el arte entonces siempre implica una transformación...
--Creemos que el arte es en esencia
transformador. Por otro lado, permite visualizar estructuras de dominación,
tanto espaciales, de actitud, de acción, de gesto, de orden (todos conceptos
escénicos, pero que se reflejan en el cotidiano). Además, se reflexiona acerca
de la posibilidad de transformación, haciendo que esta sea una acción y no sólo
una idea o una descripción.
--Y, ¿lo
artístico, una militancia?
--En las últimas tres décadas, muchas
organizaciones sociales construyeron participación y organización social desde
el arte. Cuando era difícil ser militante éramos militantes de la cultura.
Augusto Boal dijo que “la televisión es política del poder, el teatro es
política de la militancia”. Hay filósofos contemporáneos que dicen que antes la
política era de los científicos y hoy la política es de los artistas. Creemos y
construimos lo artístico desde la militancia.
* Raúl
Shalom dará en agosto el taller “Teatro-foro como herramienta pedagógica de
trabajo en la educación formal y no formal” en el Centro Latinoamericano de de
Creación e Investigación Teatral (Celcit). Más información: http://www.celcit.org.ar/


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