Dicen que las utopías están en las acciones cotidianas, que si no son realizables son el motor de futuras acciones. Eso dice, entre otras muchas cosas, un coro de voces de artistas, comunicadores, militantes sociales, funcionarios y "la gente" en el ciclo documental Utopistas. Agencia NAN se sentó con uno sus directores para desandar cómo transformaron esa "zanahoria" en testimonio audiovisual.
Por Nahuel Lag
Fotografía Gentileza de Utopistas
Buenos Aires, junio 15 (Agencia NAN-2012).- “Los proyectos utópicos son
intentos, procesos. Hasta ahora, no encontramos una receta ni de cómo abordar
la utopía ni de cómo abordar una sociedad mejor, un mundo más feliz”, resume el
director Federico Randazzo, que después de realizar centenares de programas de
TV para canales argentinos y del exterior, se embarcó junto a Pablo Camaití en
la realización del ciclo documental Utopistas. Cuatro programas de media hora navegan por el coro de voces, académicas o
callejeras, y una amplia gama de proyectos que tienen esa idea de “lo imposible
como motor de lo posible” en la
Ciudad --desde la la
Cooperativa de Vivienda Camoatí a la la Ciudad Anarquista
Americana de Pierre Quiroule--, el Arte --entre la taller Belleza y Felicidad y
las ideas de Roberto Jacoby--, la Comunicación –-desde la radio del Mocase a los
mensajes lanzados por Bs.As Stencil-- y las Letras --en el proyecto Prueba de
Soledad en el Paisaje o el debate entre los escritores Félix Bruzzone, Camilo
Blajaquis y la poeta Tamara Kamenszain--. “Nos interesó ese mundo, ese
imaginario sobre el que empezamos a investigar y a involucrarnos, y nos dimos
cuenta de que las utopías aparecen por todos los lugares, que pertenecían al trabajo cotidiano de muchísima gente y que hay tantas
definiciones como experiencias posibles”, señala Randazzo sobre el profundo
trabajo que llegó fragmentado hasta Tecnópolis, pero aún ninguna emisora le dio espacio
para ser transmitido de forma íntegra.
Semejante
travesía, semejante palabra por abordar, no es una cosa de solo dos. El hilo
–así el nombre de la productora que fundaron para iniciar el proyecto- empezó a
correr desde que Randazzo investigó la utopía anarquista en su Bahía Blanca
natal y publicó “La
Agitación de Bahía Blanca”, sobre un periódico obrero de
principios del siglo XX, en el libro El Hilo Rojo, compilado por Ernesto
Bohoslavsky y Marisa González de Oleada, quienes se convirtieron en asesores
académicos del ciclo documental y en homenajeados en el bautismo de la
productora. Pero cuatro personas tampoco eran suficientes para abordar las
utopías “sin ánimo de querer explicar el concepto sino por lo contrario, querer
mostrar diversas interpretaciones, diversas apropiaciones y experiencias”,
apunta el director sobre la idea inicial.
Entonces,
la productora se conformó de tal manera que el eje central del documental sería llevado a la
audiovisual con una manera de trabajo que podría parecer, también, utópico: un equipo
de profesionales –músicos, montanistas, director de fotografía, camarógrafos,
artistas visuales— que tuviera participación y opinión en todas las decisiones,
un trabajo colectivo y horizontal. No por capricho sino con un objetivo
estético: “En el documental no queríamos respetar el código televisivo porque
nos parecía que era la esencia utópica del proyecto”.
--¿Por qué decidieron llevar las utopías a la
audiovisual?
Federico Randazzo:-- Nos alucinó la idea porque están
muchos más presentes en nuestras realidades cotidianas de lo que todos creemos
o de lo que discursivamente las utilizamos. Las utopías atraviesan nuestras
realidades y no desde ese no lugar, que sería la definición académica, ni
tampoco desde una construcción de algo necesariamente imposible sino que son el
motor que nos ayuda a imaginar siempre algo mejor, a construir otras realidades
posibles, pero también la construcción de nuevas microrealidades.
--Los programas tienen un ritmo que
va de la idea a la acción y de la acción a la idea, ¿buscaron materializar la
utopía?
F.R:-- En general una utopía se asocia con algo
imposible y pareciera que nunca pasas ni cerca de ese estadio. Nos parecía que
teníamos que lograr lo contrario, encontrar el yeite utópico en distintas
acciones cotidianas, en motores de producción de sentido habituales. En el caso
de la cooperativa Camoatí: un grupo de mujeres que no tenía donde vivir, toman
tierras y se organizan. En la actualidad, lograron construir viviendas
ecológicas, autosustentables, involucrando en la construcción a científicos,
militantes y funcionarios de gobierno.
--La quimera aparece como potencial, pero también
como fracaso asegurado...
F.R:-- Abrimos el juego al debate. Nuestra opinión
quizá sea la menos interesante, por eso no pusimos ninguna voz en off, ningún
texto propio. Hay quienes ven en la utopía un fracaso necesario para aspirar a
otra cuestión y quienes la ven como el inicio. Allí aparece un mensaje
contradictorio en el programa, pero que nos interesaba porque es la posición que
debe tener un pensamiento crítico, algo que escasea en muchos medios. Tener una
mesa de cinco personas donde todos opinan lo mismo, ¿qué gracia tiene? No es un
elogio al pensamiento sino a la obsecuencia.
Según Randazzo,
la premisa principal era no caer en “lo que todos sabemos de la tele que no nos
gusta o no nos contiene” y sí buscar “trabajar con libertad, hacer algo más
experimental, que no encaje en un molde estético de ningún canal”. Libertades
que se ven en media hora de utilización de recursos audiovisuales para que “de
las misma manera que no queríamos plantear una verdad única, en lo estético no
fuera formal sino que jugáramos con distintos recursos para contar: clip,
testimonial, archivo”, explica el bahiense.
Por eso,
los cuatro programas inician y finalizan con testimonios, en primeros planos,
de todos los que construyen la temática en cuestión y de palabras tomadas en
Constitución o Puerto Madero, en una peatonal cordobesa o una calle de la
capital tucumana. “Concebimos que tenía que tener presencia visual la ‘gente
común’ frente a esta televisión que, en general, encasilla en determinado
perfil y circunstancia a quienes pone delante de cámara. Queríamos preguntarle
a cualquiera: ¿Qué es la belleza?, ¿para qué sirve el arte?, ¿qué es la
felicidad?”. De la misma manera, el ciclo documental quiebra con la jerarquía
de la academia y a cada una de las cuatro mesas de debate les corre la
escenografía de la biblioteca y las sitúa en un campo abierto.
Entre guiños y libertades a la hora de pensar en los recursos estéticos, hubo un compromiso: “En términos de montaje, decidimos casarnos con una propuesta rítmica en la que la música no sea un apéndice para llenar un vacío sino que sea protagonista. Así, las melodías sostuvieron el montaje y la propuesta del guión”. En esa jugarreta por el sonido, la constante repetición de fragmentos de los testimonios –-al punto de percibirse una suerte eco—- es otra marca del ciclo: “El código televisivo subestima mucho al sonido como canal narrativo y buscamos que alcanzara una cierta jerarquía a la par de lo visual: es tan importante lo que estás mirando como lo que estás escuchando”.
SUEÑOS EN CONTEXTO
La libertad
estética posibilitó acompañar la multiplicidad de experiencias e ideas hasta
alcanzar, según el director, una coralidad. Pero al mismo tiempo, no adaptarse
al molde televisivo los llevó a escuchar excusas varias. “Tendríamos que buscar
una coyuntura” o “Muy interesante, pero necesitamos que sea más acabado el
mensaje” oyeron por parte de los directores de los canales en los que querían emitir
el ciclo, que desde hace más de un año gira por exposiciones, centros culturales y
hasta llegó, con un formato distinto al original, al Espacio Joven de
Tecnópolis. "No queríamos bajar una línea, hacer un programa
que busque respuestas sino que potencie preguntas", insiste Randazzo,
ilusionado con que en breve un canal de la nueva grilla producida por el Estado
emita, por primera vez, el proyecto de manera íntegra.
--A partir del capítulo de comunicación y de lo
que les ocurrió con la emisión del ciclo, ¿cuáles son las preguntas que quedan
en esa materia?
F.R:-- Es complejo
y en la actualidad el escenario está en transformación. Hay un cambio
estructural en la forma en el que se están organizando los medios desde lo
legal hasta lo tecnológico. Actualmente, con un celular podemos hacer una
película, un programa de televisión. Se democratizaron mucho las
herramientas y, en ese sentido, creo más
que nunca que el terreno de la producción audiovisual y la comunicación tiene
posibilidades inmensas. Estamos en un momento necesario de reflexión y las
utopías puede ser el disparador para generar proyectos interesantes.
--¿Y qué ocurre con la producción, la distribución,
la emisión de los contenidos que se produzcan?
F.R:-- Hay un
terreno de disputa en el cual cada uno tiene que encontrar su espacio. Si bien
se creó una democratización dentro del nuevo marco de la Ley de Medios, también es
verdad que nadie va a venir a ofrecerte un espacio, no van a venir a quienes
estamos ávidos de producir conocimientos y a decirnos: “Che, ¿tienen algo para
poner al aire?”. El planteo nuestro es… si creemos en que tenemos que hacer algo, bueno, busquemos cómo, de forma independiente, encontrando maneras de
poder financiarlo, producirlo, editarlo... que la sumatoria de voluntades permita
que el objetivo se cumpla. Pero, sin duda, hay que abrir el debate. Con tantas
experiencias colectivas desde páginas web hasta televisoras comunitarias, todo
va en el mismo sentido y parte de la apuesta para todos es profesionalizar la
forma, agudizar la estética de los contenidos. Ya no es aquella disputa por la
herramienta "medio" para decir lo que tenemos que decir y después ver la forma.
--Y en este contexto actual, ¿cuál es el valor
de la utopía?
F.R:-- Pensar en
utopías está en lo que hacemos todos los días. Desde los desafíos de la
tecnológica hasta lo simbólico de que el Mocase pueda tener cuatro radios. De
poder prender la tele en mi casa y en el rango de los diez primeros canales,
entre América y Telefé, ver Antena Negra, que hace una televisión comunitaria y
libertaria, hasta el contexto internacional. Las utopías tienen más vigencia
que nunca y nosotros en ese coro de voces intentamos no sólo generar un ruido sino
también producir un mensaje colectivo que aporte una piecita al puzzle. La
utopía es la zanahoria que todo el tiempo tenés adelante, es una especie de
frustración constante que no te permite dejar de producir.
info@hiloproducciones.com


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