Juan Manuel
Mannarino, el creador del ciclo Teatro Íntimo, que todos los meses se realiza
en espacios no convencionales de La Plata, explica cuál es el encanto de esta
modalidad de trabajo y, de paso, define mecanismos para que hogares vuelvan a
ser un lugar abierto al encuentro.
Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de Diego Chapay
Fotografía de Diego Chapay
La
Plata, julio 13 (Agencia NAN-2012).- Todos los meses, alguna casa de La Plata cambia. Haciéndole
frente a la privacidad (cada vez más privada) que los días de la inseguridad
televisada imponen, una casa cambia una vez por mes. Las puertas se abren a
perfectos intrusos dispuestos a tomarla y, en contra de cualquier pesadilla
cortazariana, la llave nunca termina siendo tirada por una alcantarilla. Los
desconocidos planean escenas, las montan sobre las habitaciones, baños y patios
y, valiéndose de los olores y las características cotidianas de cualquier
hogar, dan rienda suelta a una serie de narraciones teatrales de las que
actores, directores y espectadores forman parte. Una nueva edición del ciclo
Teatro Íntimo está en marcha y la casa, entonces, celebra volver a ser espacio
de reunión.
A vuelo de pájaro, Teatro Íntimo es un ciclo teatral
que se lleva a cabo en espacios no convencionales, preferentemente en casas
prestadas, de la capital de la provincia de Buenos Aires. Comandado por Juan
Manuel Mannarino, un periodista, docente, actor y director interesado en abrir
espacios de producción y reflexión en torno al lenguaje teatral, Teatro Íntimo está en marcha desde diciembre
de 2011 y ya tiene nueve ediciones (y la participación de más de 30 artistas)
en su haber.
La idea de Teatro Íntimo vino a completar el camino
que Mannarino venía construyendo como director. Así, Juan Manuel jura que le
“picó el bicho” luego de dirigir Contrapartida
en un club de barrio platense y de pasear la obra por clubes de billar
porteños. Consciente de la poca cantidad de salas que hay en proporción con el
número de gente que hace teatro en la ciudad y convencido de las posibilidades
que brinda la actividad teatral desarrollada en espacios no convencionales, se
abalanzó a la creación de una propuesta que, por su frecuencia cíclica,
asegurara el espacio de producción.
En cada uno de los encuentros realizados, que coparon
casas, restaurantes y hostels dado el carácter itinerante del ciclo, Teatro
Íntimo desarrolló una particularidad: acortar la distancia que separa al
espectador de la escena teatral hasta casi hacerlo miembro activo. “Es
buenísimo cómo se le saca el jugo a la potencia dramática y escénica que tiene
un texto puesto en una proximidad tan evidente con el público, teniendo al
público tan inmediato. Es otro tipo de actuación, ni mejor ni peor que la que
uno ve en los espacios convencionales, distinta porque la cercanía genera otro
desafío”, dice Mannarino entusiasmado y dispuesto a describir cómo en este
tiempo se sucedieron escenas teatrales en apretujados baños, junto a la
parrilla de un patio o en un confortable living hogareño. Luego, redondea: “Esa
cercanía es como la radicalidad de la actuación. Es ese cuerpo, es esa
expresión que compone un tejido ficcional y el público es parte de la historia.
Nuestro desafío es poder contar algo desde el teatro, complejizando lo humano a
través de historias en tiempo real, y que el público tenga un impacto con eso,
que le pase algo, que esté ahí, inmiscuido”.
Otra de las características distintivas de Teatro
Íntimo es que en cada una de sus ediciones presenta varias puestas teatrales
--muchas veces realizadas por distintos directores-- que se complementan entre
sí, creando una especie de recorrido por la vivienda que ha sido tomada para la
ocasión y, en definitiva, abriéndose a un gran relato construido entre artistas
que, tranquilamente, pueden responder a estéticas y estilos diferentes. “El
público va rotando por el lugar y, en verdad, no sabe qué va a pasar, sólo
tiene la dirección de una casa. Toca un timbre y ya es toda una situación
nueva, en la que no está establecido dónde empezar ni dónde terminar. Así, a
medida que el espectador se va metiendo en la casa, se va sumergiendo en estas
historias. Eso está bueno porque genera una actividad y que el punto de vista
se atomice”, explica al respecto Mannarino para luego relatar como el factor
sorpresa no alcanza sólo a los concurrentes sino que también se presenta entre
los actores porque, “por más que esté todo ensayado, siempre pasa algo que no
se esperaba: Un perro o un gato que anda dando vueltas, un vecino que se para
en la puerta a mirar, lo que sea”.
Más allá de los buenos frutos que está dejando la
experiencia de Teatro Íntimo para los artistas y el público, Mannarino asegura
que los logros son mayores: “Al principio, yo tenía miedo de que se nos
terminen los lugares. Pensaba: ¿quién va a dar su casa para que nosotros vayamos
y la usemos? Sin embargo, cada vez hay más espectadores que no son del ámbito
teatral y que prestan su propia casa. Eso va en contra del paradigma de la
inseguridad que dice que uno tiene que estar con miedo, encerrado. Ahora, de
repente un tipo abre su casa y le caen treinta o cuarenta personas que no
conoce”.
El dato de las casas de puertas abiertas arranca una
sonrisa. Y aunque la toma no sea por la fuerza y reine el común acuerdo,
resulta inusual que la pesadilla de Cortázar no se cumpla. Pero Juan Manuel
sabe que nada es casual. “El proyecto no es solamente artístico, tiene una
dimensión cultural”, dice convencido y pronto ensaya una explicación para los
cerrojos abiertos: “Si bien esto es teatro y contamos historias a partir del
teatro, se arma todo un ruido que, en definitiva, lo que propicia es el
encuentro entre las personas”.

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