lunes, 30 de abril de 2012

Discos: Non stop (Dancing Mood, 2011).-

Un trabajo de tres partes que no solo cubre de punta a punta el país que huele a divertidos y suena a pequeños salititos, sino que además se vale del rocksteady y el ska para homenajear grandes obras de la música contemporánea. Y, claro, siempre está la gran orquesta del gran Hugo Lobo.

Por Luis Paz 

Buenos Aires, abril 30 (Agencia NAN – 2012).- Pese a que se trata de una obra fundamentalmente instrumental, Non Stop habla de una manera concluyente. El álbum triple que Dancing Mood editó hace dos cuatrimestres es una realización monumental: 47 canciones que en casi tres horas y media de música repasan la historia del sonido jamaiquino encontrándose con el jazz, el soul, el pop y las bandas sonoras. Un combo que requirió tres años de trabajo durante los cuales el trompetista Hugo Lobo, catalizador de esta orquesta de música de salón ahumado, recorrió los lugares esenciales de la música surgida de las entrañas más pobres de la isla americana, dentro y fuera de ella. Allí fundó lazos de solidaridad estética con artistas representativos del ska, el rocksteady y el reggae en origen tanto como exportado, abarcando desde el vínculo salsero de Bigga Morrison y el hiperlink ska de Rico Rodríguez y Doreen Shaffer de los Skatalites hasta la oscura barba anglo de Dennis Bovell y los dos tonos de Pauline Black. La cantidad de información contenida en Non Stop es abrumadora. Sin embargo, es su calidad, esa grandiosa interpretación, sencilla, justa y ondera de Dancing Mood, la que devuelve la música como hecho abstraído de toda tradición, geografía y subcultura al centro mismo de este huracán.

Igualmente, una cosa no repele a la otra. Non Stop es un documental sobre la música de Jamaica a la vez que una obra que se vale del rocksteady y el ska para homenajear a una buena cantidad de soberbias composiciones contemporáneas: “Somewhere over the rainbow”, “Wonderful world” y “Georgia on my mind”; Burt Bacharach, Bob Marley, Miles Davis, Sonny Rollins y Duke Ellington. Y uno de sus aspectos más impresionantes es su método de producción: tracción a sangre, orgullo, pasión y gloria; tickets en clase turista y casillas de e-mail; amistad, unión y respeto. Los catorce miembros de Dancing Mood interfieren las señales universales de la música gloriosa para hacerse de un espacio donde reconstruirla, deformarla y apropiársela con ayuda. Bovell, Black, Rodríguez, Shaffer, Winston Francis y Sandra Cross, pero también Damas Gratis, Flavio Cianciarulo, Nicolás Ottavianeli o Maikel de Kapanga. En ocasiones, también una Orquesta Deluxe de vientos y cuerdas con nueve violines y cuatro violas, dos cellos y contrabajos, flauta, oboe, corno y clarinete.

Es un trabajo, salvando las distancias, equiparable a aquella caja triple de rocksteady de Trojan, pero realizado por un grupo de músicos del culo del mundo que se comporta autogestivamente con resultados de los más grandes: un grupo que por las suyas montó espectáculos con más de setenta músicos en el Gran Rex, llenó un Luna Park, publicó dos discos y un DVD en vivo; además de todas las iniciativas de Hugo Lobo, central para la música independiente del milenio nuevo, que van desde la curaduría en su ciclo El Club del Lobo hasta la instrucción a niños y jóvenes a los que no les sobra el mango. Eso sin olvidar su intrépida trompeta y todo el aire contenido en esos pulmones-para-cuerpo-de-un-metro-noventa, que a menudo dibujan en el aire firuletes de una gracia notable, ajustándose al estándar sólo lo necesario y construyendo desde la nada que los grandes músicos saben ver en las estructuras de una nota, un paseo o un timbre.

El suculento banquete es entregado a toda máquina y, a la vez, en velocidad crucero: otro de esos misterios que entraña la obra, que además incluye un par de aportes firmados por Lobo que aparece entre la apertura “Non Stop” y el instrumental “Toto”, dedicado a Gerardo Roblat, músico de Los Fabulosos Cadillacs y uno de los percusionistas más grandes del país, fallecido en marzo de 2008. Como todo manual abierto, a Non Stop puede dársele prácticamente cualquier uso: simple entretenimiento, notable fuente de conocimiento, oráculo de la alegría, la calma o la tempestad.

viernes, 27 de abril de 2012

Vientos del sur.-

Dos publicistas se le animaron al audiovisual: eligieron una historia con aires de Patagonia, que cruza las vidas de un tehuelche y su amigo fiel, y dieron el batacazo en la última edición del festival Pantalla Pinamar.

Por Maya Kerschen
Fotografía PH. Domi Serfaty

Buenos Aires, abril 27 (Agencia NAN - 2012).- Son jóvenes, cineastas y acaban de ganar el premio mayor de Pantalla Pinamar 2012 con una ópera prima. Simón Franco, en la dirección, y Luis Zorraquín como asistente de dirección se llevaron el Balance de Oro en la octava edición del festival de cine argentino-europeo por su film Tiempos menos modernos. Es un lunes feriado y la cita está pautada justo después del medio día en su productora, Z+F CINE. Luego de atravesar las calles desiertas del barrio Belgrano, los entrevistados esperan a Agencia NAN con un asado aún sobre las brasas en una cómoda terraza de la casa.

Payaguala, un tehuelche que canta divinamente, vive recluido en la inmensidad de la Patagonia, a donde le llega un televisor que le envía el Ministerio de Desarrollo Social. Felipe (interpretado por el actor chileno Nicolás Saavedra), unos años menor, es su fiel amigo. Ambos se disputan el destino del film.

--¿Cómo los eligieron?
Simón Franco:-- Con Payaguala fue sencillo, la peli nace de un cortometraje que filmé en 2004 y que también hice con él.

--¿El corto era “Tiempos Modernos”?
S.F:-- Exactamente. Lo que sentí con él es que no le tiene miedo a la cámara y eso para un no actor es buenísimo. Él es cantautor, tiene un programa de radio y también trabaja en el Museo Cultural de Comodoro. Yo soy de ahí aunque hace 20 años vivo en Buenos Aires. Payaguala es una persona que todos conocemos. Cuando escribí el guión del corto le pedí el contacto a un amigo, lo llamé, le pasé el guión, le encantó, filmamos el cortometraje y ahí ya tenía el protagónico cuando quise hacer el largometraje.

--¿Cómo nace el personaje de Felipe en el largo, ya que en el corto no está?
S.F:-- Cuando se extendió la película estaba buscando el co-protagónico que, en un principio, lo había escrito para un personaje secundario de la misma edad que Payaguala, pero cuando lo releía me estaba siendo muy funcional a la historia y quise encontrar un personaje que tuviera más matices. Entonces decidí bajarle la edad. Felipe es un personaje de Santiago de Chile que decide irse a la Patagonia porque está cansado. Allí se enamora y tiene un hijo, entonces se queda.

--¿Y cómo diste con el actor chileno Nicolás Saveedra que encarna a Felipe?
S.F:-- Caí por el productor Hugo Castro Fau que había trabajado con él en “Mi mejor enemigo”, una co-producción chileno-argentina. Me dice “mirá esta película Simón”, ahí me enamoré de Nicolás y la productora le mandó el guión original. Cuando lo lee, ve dos personajes de 60 años y dice “pero no la actúo” (risas). Cuando habla con Hugo, le dice que yo estaba reescribiendo el personaje y que quería que fueran dos generaciones con miradas distintas. Hablamos con Nico por Skype y se metió en la película, me ayudó mucho en el tema de cómo hablan los chilenos, cómo se comunican, cómo es un chileno de ciudad, uno del interior. Realmente Nico ahí me dio un aporte enorme.

--El televisor también cumple un rol central y todas sus imágenes fueron ficcionadas. ¿Cómo seleccionaron a los personajes de su programación? Por ejemplo, Alexia Moyano, que hoy está en teatro con Alfredo Alcón, es la actriz que protagoniza la novela de la tarde, y la periodista Gabriela Radice conduce el noticiero (mezcla ficción con realidad).
S.F:-- Yo no quería que viniera cualquiera. Para mí era fundamental decidir desde el principio si se ficcionaba todo o era todo de archivo, pero no quería quedarme a la mitad de camino. Por eso las dos únicas imágenes de archivo son la de Chaplin y la de Menem. Después The Weather Channel está ficcionado, el canal de cocina también lo está y así. Tenía bien en claro qué personajes quería y se los pasé a la productora, era mucho más manejable para mí, tuve un mini casting. Para el personaje de Alma Mía (la novela) me convencí con Alexia que la habíamos visto trabajar mucho en publicidad. Después, el personaje de Esteban lo propone ella porque son amigos. Lo llamo por teléfono y me invita a una obra de teatro que estaba haciendo con Lito Cruz. Me pareció un tipo tan simple, entendió que estaba haciendo una parodia de la televisión y puso todo. Le mostré una referencia de cómo quería que fuera el tono de la telenovela…

--¿Qué tono querías?
S.F:-- Eso lo voy a dejar guardado en el cajón de los recuerdos (risas).

--¿Se trata de una visión propia sobre la programación actual de la tv argentina?
S.F:-- Sinceramente era una telenovela que veía de chico que estaba protagonizada por Andrea del Boca. Estaba enamorado de ella, así que yo soy un Payaguala (risas). Después, el personaje de Bartolomé es el Pampa Fernández que fue el cámara de la película. Para el reallity está Julio Aranguren, un amigo que es actor y tuvimos juntos una productora, cuando le dije si quería hacer el reallity se prendió, con él fue un placer; y a Natalia Santiago la propone la productora.

--La película tiene algo autobiográfico, porque en un momento dijiste que vos eras un Payaguala, ¿por qué?
S.F:-- La película trata de cómo te cambia la vida la televisión. Yo soy de la Patagonia, veíamos poca televisión porque había pocos canales, era como un indio más. Pero cuando la tele te va entrando, en vez de ir a jugar con tus amigos te quedás mirando, te cambia los hábitos, por eso me parece que en cierto sentido todos somos medio Payaguala, con todos estos avances tecnológicos o esta globalización que no para. Un ejemplo muy claro es que ahora te vas a cualquier bar y, en vez de charlar las cuatro personas que están sentadas en la mesa, están chateando. Quieren saber más lo que sucede en cualquier lado que lo que está sucediendo ahí cara a cara. Esa es la incomunicación de la comunicación.

--¿Tenés la idea romántica de que todo pasado fue mejor?
S.F:-- Sí, igual creo que uno tiene que avanzar porque en el pasado seguramente cuando salió la máquina de escribir alguien dijo “ahora no se escribe más”. Cada momento tiene sus pro y sus contras pero es un avance, no es que estoy criticando todo eso.

--¿Fue difícil filmar en el sur en invierno?
S.F:-- Fue difícil porque nevó mucho y seguido, que en un momento había como un metro y medio de nieve donde yo tenía pensado filmar, no íbamos a llegar con camionetas ni nada entonces tuve que re estructurar el plan de rodaje. Así que fue mucho a corazón de todo el equipo, porque nos teníamos que mover un kilómetro o más e íbamos caminando, a caballo, con la cámara en el trineo. Con las camionetas hacíamos diez metros y ya se nos salía la cadena.

--¿Cómo empezaron a trabajar juntos? Ambos vienen del mundo de la publicidad.
S.F:-- Nos conocimos en el taller de José Martínez Suárez, es un taller pero es como ir al psicólogo, tenés una hora por semana y José es una persona increíble que capta qué es lo que necesita cada alumno.
L.Z:-- Yo lo mismo, de hecho estudié abogacía, después me fui para el lado del cine y arranqué con José. Estuve cinco años con él y ahí nos cruzábamos con Simón.

--¿Cómo tomaron la noticia de ganar el festival Pantalla Pinamar?
S.F:-- Fue inesperada, la proyección estuvo buenísima, la gente se rió, les encantó la película. Nos avisaron con tiempo, yo estaba con Marcos nuestro foquista, queríamos ir a brindar y Luis estaba viendo una película, lo llamábamos y no contestaba.
L.Z:-- En seguida me llegó un mensaje que decía “salí del cine que es urgente” y cuando salí me hicieron un chiste…
S.F:-- Le mentimos un poco, que teníamos que volver a Buenos Aires porque teníamos un problema… pero no sé mentir así que se lo dijimos al toque. A partir de ahí disfruté diez veces más Pinamar.

--Cuéntenme su experiencia en los festivales de Canadá y Mar del Plata.
S.F:-- Yo fui al de Montreal, el primer festival donde se proyectó la película. Fue la primera vez que la veía en pantalla gigante. Llegué a las 9 de la mañana y a las 11 era la proyección, como no hablo muy bien inglés con un acento tarzánico le comenté al muchacho que manejaba que me llevara directamente a la sala porque no llegaba. Llegué, descargué todo y realmente disfruté por primera vez de la película.

--¿La recepción del público fue diferente al de Argentina?
S.F:-- Se lo tomaron igual, sólo se reían más en una parte que dice que hay unos mineros canadienses. Hubo cuatro proyecciones y cada vez venía más público. Para colmo, en la última diluviaba porque estaba Katrina o uno de esos huracanes. Pensé que no iba a haber nadie, pero todo lo contrario, la gente dijo “si está diluviando me voy al cine”. Cuando entré y vi una cola tan larga pregunté si era para mi película u otra, así que la respuesta del público es bastante universal, en Mar del Plata pasó lo mismo.

--Luis, vos fuiste a Mar del Plata, ¿qué pasó allá?
L.Z:-- Aplausos y aplausos, se reían, no lo podía creer. Yo siempre le decía a Simón que desde que leí el guión me encantó, pero que había muchos gags que no sabía cómo se los iba a tomar la gente, si se iban a reír o no, y lo hicieron de todos sus chistes.

---Hoy, tras las repercusiones de “Tiempos Menos Modernos” ¿están con nuevos proyectos?
S.F:-- Sí, estamos con una productora con Luis, Z+F CINE (Zorraquín-Franco) y con dos proyectos: “Boca de pozo”, una historia patagónica también que queremos rodarla en julio o agosto de este año. Una película chica de pocas semanas de rodaje, que trata sobre dos operarios que trabajan en los yacimientos de petróleo. La otra producción en marcha es una película un poco más grande, más ambiciosa, que fue escrita por Luis y la vamos a co dirigir, es una historia que le nace a Luis para un cortometraje y yo le digo “para, me parece que esto da para más.”
L.Z:-- Se va a llamar “Guaraní” es la historia de un abuelo y su nieta y la relación que ellos tienen en un lugar donde generacionalmente hay una brecha. Hay toda una generación que se perdió en búsqueda de trabajo para poder mantenerse, entonces los nietos quedaron a cargo de sus abuelos. La historia que tuvo el Paraguay generó eso, la pérdida de los hombres en la guerra de la Triple Alianza, después otra guerra, la dictadura.

“Tiempos Menos Modernos” se puede ver hasta el 03 de mayo en Cine Gaumont (Rivadavia 1835), a las 17:45 o Cine Arte Cinema (Salta 1620), los jueves, sábados y domingos a las 19:20.

miércoles, 25 de abril de 2012

Otro flash, lejos de la ciudad.-

Los seis jóvenes del Conurbano presentan en Niceto su primer disco (desde diciembre se puede descargar libre en internet) con el estilo desenchufado de las bandas que en los últimos años surgieron a luz de las velas y con la brisa del mar del Cabo Polonio. 

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza Otro Mambo

"No es la luz
lo que importa en verdad
son los 12 segundos
de oscuridad."
("12 segundos de oscuridad", Jorge Drexler en el disco homónimo).

Buenos Aires, abril 25 (Agencia NAN-2012).- Cabo Polonio no es un lugar más en el mundo. Es uno de esos sitios que tienen una energía especial, reparadora, liberadora, que atrapa a los viajeros. Ubicado en la costa uruguaya, casi pegadito a Brasil, recibe las mejores caricias del mar Atlántico. Sus aguas saladas, azuladas y cristalinas curan hasta las heridas del alma. Es, también, un lugar generoso: recibe a todos los viajeros sin importar de qué color sean sus billetes. Eso sí, uno tiene que poner su cuota. El diálogo con “el Cabo” o “el Polonio”, como lo suelen llamar, depende de las dos partes. A veces, el contacto puede llegar el primer día. Otras, el cuarto… o nunca. Pero cuando el diálogo llega, todo parece estar bien, el mundo se convierte en un lugar perfecto. Por lo menos, sucede en esos paisajes con magia propia (como Purmamarca o San Marcos Sierras). Otro Mambo, una de las bandas que patea las calles de Buenos Aires, es el resultado de ese viaje iniciático. Para Javier Amuy, el creador del grupo, hubo un antes y un después de conocer el Cabo. “Fue un lugar que me hizo flashear porque sentí que volvía a nacer. Era muy distinto a los lugares a los que había ido de vacaciones. Y eso, al principio, me revolvió muchos miedos y cosas que hicieron que las primeras noches me costara alinearme con el lugar. Pero, en un momento, hice como un clic y empecé a sentir paz. Y lo quise transmitir a través de la música”, cuenta Amuy, quien conoció Cabo Polonio en 2005, varios años antes de la formación de la banda. A partir de ahí nace la historia de Otro Mambo, “como esas cosas que simplemente suceden”.
  
Los muchachos –algunos de Florida y otros de Hurlingham- acaban de ser padres y presentarán a su hijo el jueves en Niceto. El disco, Ahora o Nunca, fue grabado a fines de octubre y fue liberado a la web en diciembre para su descarga gratuita. Si bien formalmente la banda nació en marzo de 2010, la mayoría de las canciones salieron un poco, de experiencias internas de Amuy. “Allá era como un niño que iba descubriendo cosas que para mí antes no existían. Flasheaba con la noche y con el Bayano. Es un lugar que está afuera del mundo, no es comparable con nada, pero te abre las puertas para que vayas. Lo único que sabía del Cabo era que no había luz y que a la noche iluminaban con velas. Al  principio no lo entendés, porque las calles no son calles, sino que hay como caminos. Y eso ya te abre una libertad absoluta: porque podés caminar por cualquier lado. Ahí te conectás con vos mismo. El arte viene de ahí, de conectarse con uno y sacar eso para afuera”. Por esas casualidades de la vida, este cronista, que anduvo por el Cabo en marzo, se hospedó en la casa de un tal “Bayano”. Pero, ¿quién es Bayano? ¿Qué representa para la banda y para Amuy?

El Bayano, un faro de sabiduría para Otro Mambo

Amuy le cuenta a Agencia NAN: “Al Bayano lo conocimos cuando llegamos. Empezamos a golpear puertas porque no teníamos dónde dormir. Entonces fuimos a su casa y estaba tirado, medio escabio y nos dijo que no alquilaba su casa. Nos pusimos a hablar hasta que nos dejó entrar. Queríamos dormir en un rancho nuestro, no queríamos ir a un hostel. La primera tarde que hablé con Bayano le decía que me sentía raro, que no quería estar ahí. Estaba triste. Y él me respondió: ‘Este lugar tiene energéticamente algo distinto, esperá la primera noche y mañana me contás. No te vuelvas loco, quedate tranquilo’. Y fue así. A la tarde ni vi la caída del sol, pero cuando vi la noche estrellada por primera vez, hice un clic. Al otro día, cuando me levanté, ya me había conectado con el lugar. Desde esa vez, todos los veranos siguientes fui para allá. Cuando armamos Otro Mambo, les dije a los chicos que la primera gira tenía que ser a Uruguay, porque sabía que ese lugar nos iba a unir mucho como banda y porque yo tenía escritas muchas canciones sobre el Cabo”. Nacho Agosti, dueño del acordeón en la banda, aporta su experiencia: “Ya había viajado de mochila, pero un lugar como el Cabo es difícil de encontrar. Allá los estímulos pasan a ser otros, porque hay silencio. Acá, en la ciudad, todo el tiempo estás sobreestimulado por la tele, el ruido, los carteles, los autos, el bondi”.

-Hay una canción que se llama “Los mambos del Bayano” ¿Qué representa el Bayano para ustedes?
-Amuy: El Bayano para mí es un amigo. Hay una parte de su historia que nunca la voy a conocer y tampoco me interesa ahondar en ese tema. Yo lo conocí viviendo en el Cabo y lo que haya hecho en su pasado, la verdad que no importa. Dentro del pueblo no es tratado como una persona grata; de hecho, lo conocen como “el borracho”, el que le debe al almacenero. Y en realidad él tiene un montón de cosas buenas que, cuando lo empezás a conocer, aparecen. Él nos enseñó a entender el lugar, nos contó historias y miles de cosas que a mí me ayudaron mucho. Y también vi en él la fortaleza de vivir veinte años en ese lugar. Cuando voy, a la semana siento que me tengo que volver, porque el lugar te pasa por encima. Por eso me saco el sombrero por él y trato de ayudarlo con lo que puedo. Es un referente para nosotros por todas las cosas que nos enseñó. Tiene algunos problemas personales que no lo dejan avanzar y cada año que vuelvo, me sigue contando lo mismo. Por eso canto: “los mambos del Bayano nunca cambiarán”. A veces me da lástima porque es muy inteligente. Pero lo respeto como es.
-Agosti: El Bayano tiene conceptos de vida muy claros, más allá de sus mambos. Además, tiene muy buena memoria. Se acuerda de todas las charlas. Allá hay muchos momentos para charlar. El Cabo es curioso: no cambia, pero vos sí. Cada vez que volvés, la esencia del lugar está igual, pero tus cosas, no. Cuando vas allá, el Bayano sigue con sus dos o tres problemas que lo afectan. Pero acá, con tantos estímulos, vos te evadís de ciertas cosas, las tratás de pasar por arriba, de distraerte. Él tiene en claro cuáles son las cosas que tiene sin resolver.
  
En las letras abundan las referencias a esta bella playa uruguaya. En el primer tema del disco, “Aquel sol”, el protagonista no es nuestro sol, si no el que sale en el Cabo y maravilla al atardecer con su puesta. “Este sol no está mintiendo / dejala que vuelva, deja que todo vuelva a comenzar”, canta Amuy, un enamorado del Cabo, como tantos otros. Sucede algo curioso con este rincón del mundo: fue y es el lugar elegido por muchos artistas para conseguir la tan anhelada inspiración artística. De hecho, no sólo para lograr inspiración, sino para rebelar qué camino seguir. No sólo a los Otro Mambo les hizo un clic para formar la banda. Onda Vaga y el dúo Perota Chingó –entrevistados por Agencia NAN la semana pasada- se formaron, casi de manera espontánea, después de pasar por el Cabo. Para Jorge Drexler, por ejemplo, significó un disco, el maravilloso y oscuro 12 segundos de oscuridad. Y la lista sigue: Sofía Viola, Martín Buscaglia, La Vela Puerca (compusieron allí “Mi semilla”) y tantos otros. “Ojotas”, “Voy”, “Ellos juegan” y “Luis & Juan”, “Sosteniendo el cielo” también hablan del paisaje “polónico” y guardan su esencia liberadora. 

Otro Mambo no significa otra cosa más que “buscar otra realidad”. Dice Amuy. “Allá empecé a aceptar un montón de cosas mías, a sacar mochilas y a hacer un laburo para adentro. En ese lugar sentí paz y me sentí mejor. Las letras hablan de eso, de caminos internos y de vivir el presente. Si hiciéramos un camino interior, nos vincularíamos mejor con el otro”.
  
Cabo Polonio es una suerte de aldea o pueblo pequeño situado en la costa uruguaya, en el departamento de Rocha. En los últimos años, el “boca en boca” hizo lo suyo y cada verano miles de turistas y viajeros buscan refugio de la ciudad. Y, por ende, engordaron los precios. Además de tener una de las noches estrelladas más hermosas, un imponente faro y un desierto de dunas móviles, el Cabo tiene otra particularidad que exalta su belleza: no hay luz eléctrica. Que se carezca de este servicio, al parecer, es una elección de los lugareños y una disposición del Estado uruguayo para conservar su esencia natural. En 2009 fue declarado parque nacional, lo que impidió que se pudiera comprar un lote y construir un “rancho” (como llaman ellos a las pequeñas casitas de madera y barro) sobre el cabo. A ambos lados de la punta, se ubican las dos playas: la Calavera y la Sur. Sus habitantes –que no superan las 80 personas fuera temporada alta- no son originarios de ahí, sino que provienen de playas cercanas como Barra de Valizas, Aguas Dulces o La Paloma. Ellos construyeron sus ranchos dispersos por el cabo, sin la tradicional forma cuadriculada de las ciudades. A simple vista, parece un gran jardín, sin alambrados ni límites entre las viviendas.

Cuestión de estilo

Otro Mambo es una de las bandas que apuesta por el formato acústico y la canción “sin etiquetas”. Esa decisión mucho tuvo que ver con la facilidad para trasladar los instrumentos y la no dependencia de la electricidad. “Polonio tiene un punto a favor en eso”, sonríe Amuy. “No hay nada enchufado. No sé por qué le agarré un rechazo a la batería. Pepo (Vera), uno de los chicos, se había comprado un cajón y así arrancamos. Salió así, no lo planeamos. También tiene que ver con la comodidad para ensayar. Por eso, nos vincularon con el estilo de Onda Vaga, pero no tanto por la música sino por la elección por lo acústico”. Agosti suma lo suyo: “El acústico es un formato todo terreno y te permite estar en cualquier lado. En cambio, el eléctrico tiene una limitación, que siempre tenés que tener un lugar con determinadas característica. Sin embargo, en la presentación del disco vamos a enchufar las guitarras acústicas y agregar un bajo, porque es un lugar más amplio. Lo divertido de la banda es que te permite ir por cualquier lado”. Durante la grabación del disco, todo fue microfoneado, menos el bajo. “Queríamos que se note lo que somos en vivo”, dice Amuy.
  
No es fácil clasificar la música de Otro Mambo. Las influencias que se perciben son variadas: un poco de reggae, un poco de ska, un poco de rock, un poco de todo. “Cuando nos preguntan qué estilo hacemos, no tenemos la más puta idea. Todo el mundo te dice un estilo distinto. Hay una necesidad de catalogar todo”. Para Amuy,  “lo importante es que la música te mueva y te llegue. No importa cómo lo clasifiques, si no si te gusta o no”. Un antecedente: Cuando Onda Vaga rompió con todo y no quedó otra que atender el fenómeno, un gran interrogante salió a la luz: ¿Qué carajo hacen estos muchachos? ¿Rock? ¿Folklore? ¿Las dos cosas? ¿Ninguna? En cierto punto, puso en crisis cierto estándar musical. Los músicos de OV fueron a las bases: agarraron una acústica y pasaron por ese matiz las canciones que habían mamado. No era rock, porque no era eléctrico y distorsionado. No era folklore, porque no se ajustaban a ciertos parámetros, digamos. Simplemente (¿O profundamente?), hacen canciones. Los pibes de Otro Mambo andan por esa búsqueda, aunque nada tienen que ver, musicalmente, con los “vagos”. Por momentos, los OM --banda que se completa con Pepo Vera en cajón peruano, Ricardo Barba en guitarra, Tomás Tereschuk en congas y djembe y Juan Cruz Caironi en percusión-- recuerdan a los primeros discos de Los Piojos, esos con la percusión y el ritmo siempre arriba. “Hablamos castellano rioplatense”, ensaya Nacho, en sintonía con lo conseguido al otro lado del Río de La Plata. 

*  Otro Mambo se presentará el jueves 26 a las 22 en Niceto, Niceto Vega 5510.

*Ahora o nunca se puede descargar gratis en http://dl.dropbox.com/u/8593290/otro_mambo_ahora_o_nunca_2011.zip
O visitando su Facebook: http://www.facebook.com/otromambo


lunes, 23 de abril de 2012

Libros: "El cielo es de quien lo vuela" (2001).-

Un universo que sucede acá y ahora, que no tiene reglas –ni las mínimas—y en el que todo es posible es el escenario en el que se que perfila esta historia, protagonizada por un hombre joven con la valentía de convertir todos los no del mundo en sí.

“Estas  son las obras de un niño loco.
Un niño con mirada de diamante y capaz de todo.
Un niño mirando por primera vez un rayo.”
GdP

Por Ailín Bullentini

Buenos Aires, abril 23 (Agencia NAN – 2012).- Uno no es experto en el tema (porque no es “parte de”), pero con tan solo observar un rato desde afuera el mundo de los lectómanos (si a los fanáticos de la música se los llama melómanos, los fanáticos por la lectura son aquellos) puede notar que está regido por una serie de reglas que indican qué es bueno y qué no, cómo debiera escribir un escritor “exquisito”, y qué pasos debe dar quien inicia el camino a convertirse en uno de ellos. Lo mismo pasa con la vida (aunque uno no la viva de la misma manera que los miles de millones de personas que habitan el mundo). O como Guillermo de Pósfay, quien en su última novela, El cielo es de quien lo vuela, se caga en todo eso. El texto puede llegar a sacar de quicio a quien no sepa liberarse de ataduras y certezas, jugar como un bebé, caminar como un conejo, reír como el viento, gritar como un sombrero; a quien no sepa “volar el cielo”.

Para leer esta novela es completamente necesario firmar la renuncia a encontrar la “coherencia del mundo adulto, responsable, consumista y formal” antes de abrir la tapa del libro. Tan necesario como hacerlo antes de desplegar las alas que todos llevamos cosidas a nuestras espaldas. Recién entonces, cual encadenamiento de ideas conectadas por el hilo de la asociación libre, podrá encontrar el lector la historia escondida entre las páginas (sin número) de esta obra que podría ser, en realidad, la descripción de la vida de quien la escribió o de la vida que imagina todos deberían llevar.

Como todas las anteriores obras de de Pósfay, El cielo es de quien lo vuela –su décimo cuarto libro--  fue “diagramada, compaginada, armada y vendida por él y sus amigos”, reza la publicación. Sin empresas editoriales de por medio. Sin “la cadena mercantil”, tampoco. “Del autor al lector” sin escalas. Tan afuera del camino que todo proyecto de escritor cree que debe seguir, ese que aboga por un espacio entre la vitrina de nombres-estrella –una realidad que incluso se plasmó en el universo independiente de la literatura—, que lo deja en el pasto de toda ruta imaginable.

Guillermo de Pósfay no quiere ser un novelistars. No lo quiere como escritor de la historia casi autobiográfica que cuenta en El cielo es de quien lo vuela. Su novela tiene pasajes realmente mal escritos de acuerdo con las reglas ortográficas, sintácticas y semánticas de la lengua castellana.  No existen en el texto los signos de puntuación ni acentos ni reglas ortográficas. Los hay, claro. Puntos apartes y seguidos, comas y puntos suspensivos, mayúsculas y minúsculas, las “ces”, “las eses” o “las cetas”. Pero no están allí por la función que cumplen, sino porque de su estar depende la existencia de las ideas del escritor sobre una hoja de papel que hasta el “ser de esas cuestiones” finalmente fue. Sin embargo, ¿los hay en la mente humana? ¿Se utilizan en la construcción del mundo que soñamos cuando nos lo permitimos?

Pero tampoco quiere ser un habitante más de este suelo –y cuando digo “este” me refiero a la realidad--  en tanto protagonista de la historia que cuenta. Allí, es un joven que abandona el suelo mundano por la ventana de una habitación hacia un mundo etéreo, Frodilia, que se remonta con solo mandar a la mierda el sentido común del deber ser que impera ventana adentro. Allí, es padre del monito Gongong, come chía, un mazacote con todos los principales granos singusto base de la comida vegetariana y vuela con sus amigos cuando anda aburrido. En Frodilia, todos los no de la mente humana se convierten en sí. Todo es posible.

viernes, 20 de abril de 2012

Perota Chingo: "La música es algo profundo que viene de la tierra".-

Antes de lanzarse a girar por el continente americano, el dúo de “música viajera” devenido en cuarteto intenta explicar cómo pasaron de tocar para un puñado de personas en Cabo Polonio (Uruguay) a telonear, en pocos días, al cantautor brasileño Lenine en el Gran Rex. “Pensar en vivir de la música o ser parte de ella se convirtió en nuestro universo con Perota”, dicen ellas, quienes reventaron el contador de visitas de You Tube con su canción “Ríe chinito”.

Por Ailín Bullentini
Fotografías gentileza Perota Chingo

Buenos Aires, abril 20 (Agencia NAN – 2012).-
“¿Cómo llegamos a esto?” Hace muy poco, sentadas en un bar de Valparaíso frente a más de un centenar de personas que esperaba escucharlas, a Julia (Ortiz) y Lola (Aguirre) les cayó esa ficha. El dúo que nació para bancar los deseos de ambas de patear el mundo se convirtió, vía poder hipermultiplicador del ghetto cibernético, en cuarteto y “proyecto de vida”. O algo similar. Junto a la guitarra de Diego, la percusión de Martín y las imágenes de Pocho, las voces de estas dos jóvenes exploradoras ofrecen bellas melodías de “música viajera”. Tras varios meses de gira por sucuchos vecinos, volvieron a sus pagos natales para “tomar impulso”. Con el empuje moral y económico de aquellos que ansían por escucharlas allo íntimo & interactivo, esperan iniciar una gira que las lleve por el continente americano. Sí, sí, prometen llegar a Estados Unidos.  

“Perota Chingo nació porque la gente lo pidió. Ahora nos piden que vayamos hasta sus lugares, que toquemos allí, y nosotros encantados, pero les pedimos que nos ayuden”, explicó Lola. En estos días terminarán de ultimar los detalles del proyecto, que pondrán en funcionamiento a través del cada vez más popular sitio web Idea.me (un espacio que pone en contacto ideas que necesitan de financiamiento para concretarse y usuarios/espectadores que deciden aportar una moneda). Quieren recaudar los fondos suficientes para comprar una camioneta que les permita acercarse hasta todos los lugares desde las que las convocaron vía Facebook. Brasil, Perú, Colombia, México, Chile, Ecuador y el terreno yanqui.

Arrancarán en septiembre por tierras cariocas, con “dos fechas fijas ya comprometidas”, canchereó Pocho. Los artistas brasileros André Abujamra y Luis Carlinhos los invitaron a compartir escenario debido a que ya comparten música –en su repertorio, Perota ofrece algunos temas de ellos--. El compatriota Lenine también hizo lo propio, pero en suelo argentino, y les impuso al novel colectivo su primer gran desafío: telonear un Gran Rex (miércoles 25 de abril). “Intentaremos ser ante 3500 personas lo que somos ante 200”, remarcó Julia.

--¿Cómo son?
Lola:-- Somos lo que siempre fuimos. Tal cual vivimos aparecimos de repente en esta película.
Julia:-- Es como si alguien hubiera abierto la puerta de nuestra vida. No hay maquillaje de nada. Tocar en la calle es lo que hicimos desde que empezamos juntas. Nunca pensamos en hacerlo de otra forma. Y cada show es diferente ya que depende mucho del público, la energía que tiene, lo que charlamos con ellos entre tema y tema. Los toques de Perota Chingo son armados entre todos y eso es lo que le aporta una frescura que nos encanta. 

Martín:-- También lo entendemos como una forma de sacar al artista de su pedestal para compartir con otros lo que hacemos desde un mismo lugar. 

Con un Gran Rex a la vuelta de la esquina, no piensan cómo van a poder sostener esa “intimidad” con un público cada vez mayor. “¿De qué nos sirve? Disfrutamos ahora”, remató Lola. Si no se puede hablar de futuro lejano, entonces hay que remontar al pasado para comprender un poco más de qué van los Perota. Cuando el verano de 2011 comenzaba a meterse en la cucha, Lola decidió guardar su guitarra y volver a Buenos Aires. Había pasado unos dos meses en la costa uruguaya con Julia, una coetánea y conlugareña suya —las dos son de la zona norte del enorme Conurbano—, llenándose de sol, viviendo de lo que la gorra recaudaba cada vez que la pasaban por las manos de aquellos que las escuchaban cantar, sea almuerzo o cena.

L:— Cabo Polonio invita a eso. Nos fuimos con poco dinero para vivir dos meses en el mar oriental, entonces armamos un repertorio, un par de canciones. En un ensayo apareció un hermoso personaje de allá, Opai Fernando, que nos escuchó y nos dijo que estábamos listas. Nos presentó en un bar y nos dijo, ‘dale, toquen’. “Ando ganas” (de Los piojos) fue el primer tema.
J:— Nos dio miedo, pero no bien empezamos a sonar se generó un silencio… Fue increíble. Muy intenso.



En algún día de ese verano conocieron a Pocho, quien había viajado a ese germinador de nueva música uruguayo con otra banda argentina para filmar sus videos. “Borré algunos para registrarlas a las chicas”, recordó en la rueda de diálogo con NAN. “Ríe chinito”, una preciosa especie de canción de cuna, se convirtió en el alumbramiento del duo como conjunto musical. Sin que ellas lo supieran, claro. Mientras Lola se aclimataba a su tierra natal y preparaba el bolso para, esta vez cruzar el (gran) charco hacia Francia, Julia se internaba en la selva amazónica de Perú. Pocho, sigiloso, emprolijó el audiovisual (repito, hace falta: hermoso), lo colgó en You Tube y el contador de visitas estalló. Llamó a Lola, quien entre el asombro y la incógnita, por las dudas, desarmó las valijas. Juntos, probaron con un perfil en el “cara-libro” de Perota Chingo y le pidieron a Julia que vuelva. .   

Pocho:— Empezaron a llenar de mensajes el facebook (acaban de superar los 30 mil seguidores) para que el grupo vaya a tocar a Chile, a México, Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, Estados Unidos…
L:— En sí, la gente nos pidió que construyéramos una banda. Si hubiera sido por nosotros, cada uno hubiera seguido con su vida, en la suya.

En diciembre de 2011, las chicas decidieron “tirarse a una pileta sin saber bien en qué estado estaba”, como definió Julia. No lo hicieron solas. Llamaron a Diego, un guitarrista uruguayo que habían conocido en el camino, y a Martín, un percusionista que las había contactado por la red social y con quien “fue amor a primera vista”, definió Lola. Hoy se dedican exclusivamente al grupo.

—¿Cuánto les importaba la música antes de Perota?

J:— Mucho, pero siempre a nivel personal. Sentimos que la música es algo que nos une como seres humanos, algo profundo que viene desde la tierra, y que nos atraviesa por igual. Ahora, pensar en vivir de la música o ser parte de ella se convirtió en nuestro universo con Perota.

Se ubican “independientes”. Lola argumentó que, aunque después del boom se les acercaron varios productores y discográficas, les gusta mantenerse “así, en la época de exploración, de tener que hacernos cargo de todos los rubros. Nos gusta tener contacto con la gente, buscar lugares para tocar, conocer nuevos amigos músicos, público”. Así lograron grabar el disco que ofrecen en cada toque, en el estudio de grabación de una banda que se los prestó en Santiago de Chile. “Queremos seguir así, entre amigos, compartir nuestra energía con quien nos quiera escuchar”, concluyó Julia.

--¿Cómo definirían la música que hacen?
J:-- Es una música viajera. Hacemos canciones que son viajes. No entran en ningún estilo porque de repente agarramos un chamamé de Paraguay y lo deformamos, emprendemos un viaje con él, el nuestro. Más que algo encasillado, buscamos que nuestra música nos libere y libere a quien la escuche.


Perota Chingo en Valparaíso, Chile. Enero 2012.

miércoles, 18 de abril de 2012

Momusi: esa otra música para chicos.-



El Movimiento de Música para Niños reúne, hace más de quince años, a una decena de bandas y solistas que hacen música infantil con una lógica anti Disney. A partir del respeto y la no subestimación por los más pequeños, brinda herramientas para que conozcan, desde temprana edad, géneros diversos: desde rock hasta folklore.

Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza de Momusi


Buenos Aires, abril 18 (Agencia NAN-2012).- Sus melodías escapan de las fórmulas probadas. Exploran caminos alternativos para romper con los estereotipos: sus creaciones están en constante búsqueda de nuevos lenguajes musicales a partir de la diversidad, la creatividad y la calidad. Los artistas del Movimiento de Música para niños (Momusi) --que reúne a más de una decena de bandas y solistas-- renuevan el repertorio de canciones infantiles con matices y sonidos nuevos que reivindican el valor del juego, la participación y el respeto por los espectadores más bajitos. “No nos interesa la música que exclusivamente entretiene. Buscamos que el niño con la música cree y recree”, remarca Daniel Viola, coordinador de este colectivo que, desde hace quince años, compone esa otra música para chicos. Quizás su apuesta más fuerte sea revalorizar la escucha por sobre el entretenimiento, en un mundo donde todo parece tener, cada vez, más volumen.

Sin diminutivos ni palabras pegadizas. La propuesta de Momusi privilegia la creación musical mediante un sinfín de posibilidades para los chicos: les brindan herramientas para que conozcan, desde temprana edad, una mayor diversidad de los pentagramas, que recorren desde el rock hasta el folklore. Y quizás por eso sus melodías escapan de las etiquetas musicales. “Si el niño está sólo sometido a la música homogénica de los medios masivos no elegirá otra cosa y pensará que es lo único que hay. En cambio, cuando accede a otros mensajes musicales puede elegir”, explica Viola.

Tampoco les interesa la “música de calesita” que sea fácil, con palabras pegadizas, para tan sólo divertir al público bajito. No quieren repetir el modelo de Walt Disney. Quieren marcar una diferencia: las letras y composiciones no deben tan sólo entretener. Si bien hay participación, en sus espectáculos no priman ni los saltos ni los aplausos. Hay momentos pensados especialmente para que los chicos puedan recrear y generar sus imágenes a partir de la potencial musical, su poder evocativo. Y en esto, es esencial revalorizar la escucha mediante ese vínculo mágico del chico con la música. Y para lograr esto, la apuesta está en crear otros espacios donde los gustos musicales de los chicos no estén regidos por las imposiciones del mercado internacional. “No queremos ser Disney por varias razones. Pensamos en otras estrategias para que la música no sea un producto desechable, esto es cuando la música tiene calidad y un valor artístico”, asegura el coordinador.

La atención no la ocupan títeres, bailes ni payasos. La escucha es vital en las presentaciones de Musiqueros, La banda del Grillo y Caracachumba, entre otros grupos. La música es un boleto de viaje por la imaginación para que ellos recreen imágenes musicales. La potencia de la propuesta está en la complicidad con los adultos, aquellos que buscan otra cosa para los chicos, que no sea la excitación del puro entretenimiento. Incluso, el adulto quizás ahí descubra un mundo que no conocía. Por eso, cada composición debe tener un valor musical que pueda ser disfrutado por un chico de tres años (porque está pensada a partir de esa edad), pero también por padres, abuelos o docentes. Para Momusi, la clave está en que el chico escuche de todo, “pero a cierta edad tratás de que escuche unas cosas y no otras. Según la edad del niño, la música varía su composición: el arreglo es más sencillo y la canción es más corta si tiene tres años que nueve”, aclara Viola.

Si bien Argentina es uno de los países con mayor tradición en la música pensada para niños (de la mano de artistas como María Elena Walsh), Momusi surgió como una necesidad para hacer frente a la cruda realidad: en 1996 casi no hubo artistas haciendo temporada. Esto motivó que un año después un grupo de docentes y artistas --María Teresa Corral, Los Musiqueros, Daniel Viola, Caracachumba y Sonsonando-- comenzaran a pensar otra forma de hacer canciones para chicos, alejada de las recetas probadas. Así entre una y otra canción, pasaron quince años de trabajo colectivo, y la propuesta creció dentro del país tanto como en la región. El cambio fue significativo: varios grupos hacen temporada sobre la calle Corrientes, la asociación brinda ciclos de música gratuitos, realizan talleres, organizan encuentros musicales, entre otras tantas actividades, para que la infancia sea la única protagonista.

* Este sábado se presentará Al tun tun a las 15 en Espacio Garrick (Av. Avellaneda 1359, Caballito). Sitio: www.momusi.org.ar

martes, 17 de abril de 2012

Chau Misterix, en El Tinglado.-

Con éxito, la directora Virginia Lombardo logra traspolar a la época actual el universo de temores que invade a un púber, eje principal de la obra que el dramaturgo Mauricio Kartún escribió en los ’80 y ambientó en los 60. En ese camino, logra hacer jugar a los personajes que pone arriba del escenario. Ellos, adolescentes en proceso, “juegan a que juegan”, se transforman en superhéroe, compañero de aventuras, doctora y damisela en peligro. Inventan mundos paralelos en donde, a diferencia de sus propias vidas, todo fluye. 

Por Lola KupermanFotografía gentileza de Chau Misterix

Buenos Aires, abril 17 (Agencia NAN-2012).- Lo empujaron y se lastimó la mano. Le sangra. Es alto, tiene la barba cortada al ras y un cuerpo casi atlético. Sin embargo, es un niño que ha sido burlado y humillado. Tiene “diez para once” y una lastimadura recién creada impone dudar: ¿es un efecto teatral o es un efecto de realidad? El personaje de Rubén, interpretado por Talo Silveyra, representa el antihéroe que el público tomará como suyo, como es suya la universal transición de la niñez a la adolescencia, el argumento que recorre la obra Chau Misterix dirigida por Virginia Lombardo.

Originalmente escrita por Mauricio Kartun, la obra fue estrenada en la década de los 80´ con el deseo de que el artificio teatral permita que adultos interpreten a niños. La pérdida de la inocencia subyace en una víspera de carnaval de 1958, donde cuatro niños esperan un pronto eclipse. El desafío de Lombardo es universalizar los temores preadolescentes de la década del 60´ escritos por Kartun en 1980 e insertarlos en una tercera época: la nuestra.

Si se puede o no arrancar la hoja de un cuaderno, la pérdida de la virginidad, los pantalones largos, los bailes, el primer beso, la popularidad o la falta de tal son los tópicos que preocupan a los personajes de Esteban Coletti, Tamara Garzón, Inés Palombo y Talo Silveyra. Mientras tanto, el jugar a ser Misterix, personaje de cómic, les posibilita un universo ficcional donde pueden convertirse en superhéroe y compañero de aventuras, doctora y damisela en peligro.  Están jugando a jugar, el público lo sabe y es allí donde se logra la máxima identificación: ¿Quién no se escondió en un mundo paralelo?

Misterix es la personificación del macho seguro de sí mismo que se impone con poca sutileza a los casi adolescentes. Talo Silveyra encarna al niño que más sufre estos mandamientos: sus anteojos rotos, su pelo engominado y esa camisa que quiere salirse del pantalón se enfrentan a la humillación sistemática por parte de su amigo/enemigo Chiche. Las burlas y las ganas de convertirse en su superhéroe lo hacen enfrentarse a sí mismo: ¿deberá recurrir a la violencia o a la introspección? La elección de esta última son los fragmentos que equilibran el espíritu festivo de la historia.

La música, a cargo de Mariano Cossa, es la responsable de contextualizar la historia al son de Palito Ortega y baladas cincuentonas que prometen amor. Los límites del escenario son tan difusos como las respuestas que carecen los personajes sobre su cercana madurez. Las luces y las proyecciones de Misterix advierten al espectador que entraron al terreno de la fantasía, ya no se utiliza más el lenguaje coloquial que rige la realidad de los niños, ahora son Misterix y son secuaces, son gente adulta. Si pertenece al sueño, al juego, a la realidad o una fantasía es claro gracias a una dirección acertada de Lombardo, todos los elementos escénicos parecen conjugarse para transportar al espectador hacia la misma sintonía que los personajes.

A diferencia del comienzo de la pubertad, Chau Misterix fluye. Entre personajes excesivamente opuestos y actitudes en las que el espectador puede reconocerse como responsable o víctima, se inserta un mundo lúdico que empieza a desmembrarse para tomar los tintes de una fantasía erótica. Si es 1960, 1980 o 2012 poco importa, la perdida de la inocencia llega igual.

Un efecto de realidad, según Roland Barthes, se produce cuando el espectador tiene la sensación de transportarse en un universo simbólico: no confronta una ficción artística sino a un hecho real. Es la mano lastimada del hombre que interpreta a un niño humillado que funciona como la puerta de entrada a la propia infancia, a los propios temores e incomprensiones del mundo. La puesta de Chau Misterix ofrece un material tan maleable, compuesto por la música, las luces y las actuaciones de los opuestos personajes que la identificación es instantánea, aunque no unívoca. El espectador cambia de bando y pasa de la risa a la contención de lágrimas con la misma rapidez con la que se termina la infancia.

La puesta de Lombardo es el puntapié para que el público reconstruya su mundo lúdico, a veces oxidado, que rechaza un no como respuesta. Quedará a merced de cada espectador aprovechar la oferta.

*Chau Misterix se presenta los viernes a las 23 en El Tinglado, Mario Bravo 948, Capital Federal

lunes, 16 de abril de 2012

Discos: “Romanza” (Atrás Hay Truenos, 2012).-





En apenas 32 minutos, el primer LP del quinteto de Neuquén traslada a quien lo escuche a otros tiempos, donde el romanticismo y la poesía eran moneda corriente. 

 Por Guillermina Watkins 

Neuquén, abril 16 (Agencia NAN-2012).- Si los chicos de Atrás Hay Truenos, el quinteto neuquino que se divide entre la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, no hubiesen decidido colgarse un par de instrumentos para hacer rock alguna de esas tardes aburridas de verano, seguro serían unos románticos poetas franceses caminando por esas calles de adoquín en el soñado país europeo. Y que no suene a uno de esos presagios sin sentido: los “Truenos” --como comenzaremos a llamarlos desde ahora--, sin dudas lo habrían sido, porque se les nota en la música. Luego de muchos años, el grupo de la Patagonia norte sacó su primer larga duración. Se trata de Romanza, con nueve temas, 32 minutos y 19 segundos, que con la velocidad musical que tiene impreso, se puede escuchar de un toque. “Las romanzas acompañan las mañanas, las tardes y las noches”; por eso, el disco es un todo terreno, listo para ser introducido en cualquier reproductor de música sin importar cual fuera. 

A diferencia de los EP’s anteriores, en los que sólo había temas instrumentales, las nueve canciones de Romanza contienen esos primeros balbuceos de quien está comenzando a encontrar la madurez: son cantos amorfos, odas hacia alguien (o alguienes), en algún lugar del mundo. Quizás, si buscamos en otras de las acepciones del título, pueda encontrarse la clave: “Composiciones musicales similares entre sí y musicalmente suaves”, como esos primeros adagios de aquellos hombres que componían música, las canciones de los Truenos se desenvuelven con facilidad en los parlantes. “Hacer música para nosotros es un acto romántico”, dirá Robi, guitarrista del quinteto. 

“Luz Mala”, “La nueva bola”, “Me explota la cara”, “Cabellera del Frío” y “Yo que me había perfumado” son algunas de esas composiciones que tienen un carácter similar en lo musical pero que son completamente distintas aunque el efecto sea el mismo: el de sumergir al oyente en un viaje de guitarras y sonidos electrónicos, con subibajas que pasan de la canción alegre a lo sónico, a lo oscuro, a la quietud, y vuelven a subir cuando la nave aterriza. 

En lo que respecta al espíritu general del disco, convive en ellos todavía esa marca del Neuquén que dejaron lejos al partir (tres de sus integrantes viven en Capital): “el río, la plaza Doña Carolina, los amigos, el porro, la música, los Beatles, los asados, el barrio, el viento de primavera, los viajes a la cordillera, la salita de la chacra, los locos veranos neuquinos, la camioneta de Nacho, el auto de Tito, la casa de Mati, las bardas, los cielos”. Y en cada tema, sus guitarras dibujan esos cielos, aunque la influencia sonora de Buenos Aires ya comience a hacer sus aportes. 

Romanza fue grabado en vivo, en una sola toma, bajo la supervisión de Diego Acosta y Juan Stewart y fue editado, hasta el momento, por internet, por Laptra y Mamushka Dogs. Y, haciendo honor a su espíritu romántico, colocan en su portada una obra de Caravaggio, de 1593, denominada “Niño con cesto de frutas”. Quizás uno de ellos, en algún otro momento, pudo haber portado ese honor de ser el joven enviado para transportar esos frutos de la tierra.

miércoles, 11 de abril de 2012

Taller extensivo de resistencia cultural.-

Los docentes de 36 centros barriales de la Ciudad de Buenos Aires, encargados de llevar adelante los talleres gratuitos ofrecidos por el Programa Cultural en Barrios, levantan su voz con la esperanza de que el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, escuche el reclamo por el vaciamiento en los cursos, la precarización laboral y la reducción de espacios para los vecinos. Una tarea que transformó la enseñanza en una militancia por la cultura. 

Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza de Centros en Lucha

Buenos Aires, abril 11 (Agencia NAN-2012).- La Ciudad de Buenos Aires es uno de los distritos más ricos del país. Tiene un PBI per cápita de 30.185 dólares, según el Ministerio de Hacienda, un presupuesto anual, para este año, por un monto superior a los 32.705 millones de pesos; así y todo, se achica: busca “reducir gastos”, intenta cerrar cursos en escuelas públicas, veta iniciativas a más no poder, como la ley de reconocimiento a la actividad musical, y, por si eso fuera poco, empuja a la agonía a propuestas tan históricas como significativas, sea en el área que sea. La muestra testigo está en el “vaciamiento” del Programa Cultural en Barrios y de los Circuitos de Espacios Culturales. Al menos, así lo denuncian profesores, auxiliares y estudiantes del plan dependiente de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura. El reclamo no es nuevo, viene de larga data, pero durante la gestión del jefe de gobierno Mauricio Macri recrudeció. Los trabajadores de los 36 centros barriales, distribuidos en toda la ciudad, exigen insumos para el correcto funcionamiento de los talleres y cursos de formación, la recomposición salarial de sus sueldos, el pase a planta permanente, la inclusión al estatuto docente y una plan político-cultural para los más de mil talleres, con la participación de docentes, alumnos y organizaciones barriales. Por el momento, las respuestas oficiales son todas evasivas. “No hay un proyecto en materia de cultura”, resalta la delegada del colectivo cultural, María Sol Copley, en diálogo con Agencia NAN.

En los últimos días, los movimientos de Cultura fueron puros amagues. Como ya es una costumbre de la cartera comandada por Hernán Lombardi, en principio adujeron ponerse a “trabajar en el tema” -justo antes de un enorme festival organizado por los integrantes de los espacios en conflicto en la puerta de la Casa de la Cultura-, pero luego, la única propuesta que apareció formalmente fue el Decreto 155, por el cual los docentes recibirían un pago de 139 pesos por hora cátedra, retroactivos a febrero. Este aumento es el mismo para todos, incluso para los coordinadores y promotores, en su mayoría empleados municipales ligados a la gestión PRO. “De todas maneras no hay fecha cierta de cobro. En mayo, quizá, con suerte, puede que empecemos a recibir algo, pero está todo en veremos a esta altura”, sostiene Andrés Shabazian, docente de música. Frente a esto, desde el área de coordinación general del programa no quisieron dar mayores precisiones ni publicar una circular con el anuncio. Es que, si sucede eso, deberían poner plazos para cumplir con estos compromisos y los tiempos no son tan claros en el gobierno de la Ciudad, más si hay plata de por medio. A mediados de marzo, por ejemplo, muchos trabajadores todavía no habían recibido el sueldo correspondiente a enero. El panorama no se modificó ni siquiera con la amenaza de interrumpir las clases ante a la falta constante de soluciones de parte de los funcionarios responsables.

Esto se repite año a año. De hecho sucede pese al paso de los sucesivos gobiernos. Los motivos se relacionan con el tipo de contrato que tienen los talleristas y formadores, que son recontratados cada 12 meses. “Somos trabajadores temporarios, no cobramos antigüedad ni plus, cobramos mucho menos que un docente escolar y la mitad que un auxiliar de limpieza en planta”, asegura Copley, que se desempeña en el Macedonio Fernández, de Mataderos; y el Osvaldo Pugliese, de Villa Crespo. Para colmo, el trámite de contratación no es inmediato, recién comienza a realizarse en febrero. Entonces, una vez avanzado el año, los trabajadores no tienen la seguridad de estar incluidos nuevamente en la nómina para dar clases. En total, sufren esta incertidumbre alrededor de 490 profesores. Dentro del programa sólo unos 300 se encuentran en planta permanente para capacitar a 40 mil personas en danza, plástica, teatro, cine, acrobacia, música, canto, periodismo y otros tantos talleres totalmente gratuitos. Así, la continuidad de las clases depende de la tolerancia y dedicación de los docentes; y, claro está, de los humores políticos del Ministerio de Cultura que deja cerrar talleres como espacios para tocar.

El Programa Cultural en Barrios surgió en 1984 con cursos en apenas dos centros culturales. Su espíritu es interesante: “promueve y fomenta de manera gratuita el acceso a bienes y a servicios culturales de todos los habitantes de la Ciudad”. Pero del dicho al hecho…el trecho es largo, y pueden perderse cosas en el camino. Así, pese al crecimiento constante durante más de dos décadas y media, el proyecto de trabajo --teniendo en cuenta las necesidades de cada uno de los barrios-- nunca llegó. De hecho, durante 2008 corrieron riesgo de desaparecer casi el 60 por ciento de los talleres, algo que fue resistido por los docentes. “Pareciera que están esperando que todo se caiga por decantación. Por esto, entre otras cosas, desde hace tres años se repiten renuncias, que ya casi afectaron al 50 por ciento del plantel docente. En mis 12 años dentro del programa he visto la salida de profesores de calidad y trayectoria”, comenta Copley. Lo que sucede es que la mayoría de los profesores tiene otras actividades o trabajan en diversos espacios. Y, ante la necesidad de parar la olla todos los días, tienen que elegir otras posibilidades, por ejemplo ponerse a trabajar en el ámbito de educación formal, en una escuela pública, privada o hasta en instituto.

“Los que defendemos estos espacios públicos lo hacemos como una cuestión de militancia”, dicen. Resisten como pueden. Sin los materiales necesarios y sólo con las ganas de enseñar. Un ejemplo: como las licitaciones que hace el Gobierno cada dos años para comprar insumos no alcanzan, ni involucran los elementos esenciales (equipos de audio, instrumentos, colchonetas, pelotas para hacer malabares, entre otros), los integrantes tienen que hacer colectas entre todos para conseguir lo que falta. “Lo mismo sucede con las clases. Si alguien renuncia, las horas se dan de baja. Y es muy difícil conseguir horas nuevas. Un nuevo taller tiene que pedirlo el coordinador del espacio y esto puede tener una respuesta en cinco años como puede no tenerla nunca”, marca la historiadora. “No hay intención de ampliarse, sino de mantener todo así como está”, concluye.

Con este panorama, en el colectivo planean avanzar en nuevas medidas. Mañana por la noche delegados y docentes planean reunirse en una nueva asamblea para analizar distintas propuestas: las ideas más fuertes tienen que ver con concretar otro festival en la calle como el del 26 de marzo pasado, la realización de un debate colectivo en frente de la Casa de la Cultura o incluso forzar un encuentro con Hernán Lombardi, que no los recibe desde 2009. “No podemos quedarnos quietos, porque esto también perjudica a los estudiantes”, aclara Shabazian. En el caso de poder concretar esa reunión, más allá de los reclamos laborales, los delegados llevarían ideas para fortalecer el programa. “Es simple, hay que avanzar en un relevamiento, para ver cómo está cada centro cultural, qué llegada tiene al barrio, qué actividades necesita la gente, cuáles no están, cuáles se deberían brindar, toda una serie de aspectos que nunca se tuvieron en cuenta”, resalta Copley con la esperanza de avanzar aunque sea algunos pasos. Está claro: con ganas, se puede.

martes, 10 de abril de 2012

Liliana Herrero y Guillermo Klein en Café Vinilo.-


Navega, tal como se denomina el espectáculo, es el resultado del cruce entre la multiplicidad interpretativa y la fuerza escénica de Herrero con la solidez y fineza compositiva de Klein.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, abril 10 (Agencia NAN-2012).- Liliana Herrero se sale de la escena y de sí misma. Su voz desafía lo convencional, lo esperado, lo ya oído. Por momentos se olvida de la cuarta pared y cuenta sus pensamientos más internos, lo que se le cruza por la mente. Lo que la apena, la preocupa o lo que simplemente la hace reír o soñar. No teme confesar que olvidó una letra o el nombre de una canción. Pero siempre es solidaria y amable con los autores y músicos que admira y frecuenta. Uno de ellos es Guillermo Klein, un refinado pianista de jazz con quien compartió el jueves, viernes y sábado un ciclo intimista en Café Vinilo. Navega, tal como se denomina el espectáculo, es el resultado del cruce entre la multiplicidad interpretativa y la fuerza escénica de Herrero con la solidez y fineza compositiva de Klein.

En el show, nacido en este espacio porteño --que soporta las amenazas de clausura de la gestión macrista--, el dúo Herrero-Klein “navega” por un repertorio que no se limita a recorrer autores del folklore, el tango y el rock argentinos, sino que desembarca también en la música uruguaya. Como buena entrerriana, la cultura charrúa no le es ajena. Herrero pide permiso y se apropia de las canciones que hablan de nosotros, como argentinos, latinoamericanos y como hombres y mujeres de “este tiempo”. Se trata de “un barrido maravilloso por autores extraordinarios”, define la cantora. Por su inquieta garganta pasan autores de los más variados estilos, pero con un rasgo en común: la vigencia y libertad de sus canciones. No es poca cosa. Fernando Cabrera, Cuchi Leguizamón, Jorge Fandermole, Juan Falú, Hugo Fattoruso, Luis Alberto Spinetta y Lisandro Aristimuño son algunos de ellos.

Si hubiera que encontrar una sensación para resumir el concierto del sábado --el cierre del ciclo--, sería una mezcla entre la nostalgia y la esperanza. Por lo que fue y lo que vendrá. En ese clima, el recuerdo de Spinetta se hizo presente en una conmovedora versión de “Plegaria para un niño dormido” y en un juego experimental más que interesante: los músicos fusionaron los versos y las melodías de “Golondrinas”, de Carlos Gardel, con los de “Las golondrinas de Plaza de Mayo”, de Invisible. “Es una luz eterna, infinita”, dijo Herrero sobre El Flaco. Un rato antes, la dupla sorprendió con los dos primeros temas: “Milonga Triste” (de Piana-Manzi) y “Naranjo en flor” (de los hermanos Expósito). La cantora hizo su propia interpretación del tango y le aportó su histrionismo gestual y la diversidad de colores y registros de su voz. Por el mismo matiz pasaron después “Zamba del arribeño” (Soria-Falú) y la exquisita “Dulzura distante” (F. Cabrera).


Uno de los momentos más altos del show llegó cuando subieron a escena los músicos invitados: el guitarrista y productor Alan Plachta y el trompetista Richard Nant. Plachta acaba de publicar el disco Colectivo Argentino Uruguayo, un trabajo que reúne músicos y compositores de ambas orillas del Río de la Plata y que le encuentra nuevos sentidos a viejas --y no tanto--canciones. En ese disco Herrero le puso su impronta a “Recordándote”, de Alfredo Zitarrosa, canción que no podía faltar en vivo. Tampoco faltaron las composiciones más representativas de Klein: “Curandero” (Herrero aquí se sirvió del estribillo para jugar con sus matices vocales) y “Eternauta” (“Un estado, una memoria, una vibración del alma”, lo definió la entrerriana), un homenaje al viajero del tiempo creado por el escritor desaparecido Héctor G. Oesterheld.

Sucede algo curioso con Herrero: nadie niega su talento ni su personal forma de interpretación, pero su obra no consigue --por desatención de otros, no por falencias propias-- atravesar ciertos márgenes y llegar a espacios masivos (como Cosquín Folklore, por ejemplo) en los cuales “hay que estar” para conseguir legitimidad. Eso, por su puesto, no le quita ningún mérito artístico. Al contrario: la coloca por fuera de los modelos musicales  estandarizados y convierte su obra en una experiencia siempre seductora y sugerente. Se podría decir que sus canciones conservan el aura de autor. Cada interpretación es una relectura de la pieza original, nunca una copia o un cover. Y eso se puso en evidencia también con la última canción de la noche: "La Pomeña", del eterno Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

lunes, 9 de abril de 2012

Libros: “Poesía popular argentina” (Vicente Luy, 2009).-


Este poemario da cuenta de la brillantez y el alumbrado cinismo de un autor demasiado genial para estar vivo. Diferente, sorprendente y complejo, el poeta cordobés se suicido el 23 de febrero pero dejó una de las obras poéticas más políticas en la escritura contemporánea argentina.


Por Luis Paz

“Ser el mejor en lo peor,
toda una misión cumplida.
Una obra gigante.”
(“El jefe de los malos”, 107 Faunos en Creo que te amo)

Buenos Aires, abril 9 (Agencia NAN-2012).-Vicente Luy podría escribir los versos más tristes esta noche, si no hubiera saltado desde un sexto piso el jueves 23 de febrero. Se fue en 3 segundos, como ese infinito poema suyo: “Si va a morir gente, votemos quiénes”. Pero votar por la muerte de Luy hubiera sido una pelotudez atroz. Fue un poeta demasiado genial para estar muerto. O tal vez haya sido demasiado genial para estar vivo. Luy hizo la suya y apostó a su verdad de ser quien finalizara su vida. Dejó su obra... pero a quién le importa una obra si no quedan aquí su brillantez, su alumbrado cinismo, su sintético cotejo de lo que está bien y lo que está mal, de la verdad y la realidad, la locura y la cordura, fútbol, política y rocanrol. “Mi desesperación y mi miseria son la plataforma desde donde intuyo”, escribió en uno de sus poemas, contenido en Poesía popular argentina, un poemario de excepción de la mente excepcional del jamás mejor poeta argentino.

Luy escribió cosas como ésta: “Qué piel Gabriela y te vas. La puerta sale del edificio para seguirte”. Como ésta: “Jugando al Scrabble, Olga creyó que cerro iba con S. Se empecinó. Al final apostamos y le gané la cola”. Magistral en cualquiera de ambas formas, diferente, sorprendente, complejo, así fue don Vicente.

Y cosas como ésta también escribió: “Entre dos tablitas de la persiana de la habitación de la casa que alquilo en Argañaraz y Murguia y San Carlos no cabe un marlo de choclo, pero sí una mirada asesina. Por eso estoy paranoico”. Se supone que Luy estaba loco, o eso dicen las malas lenguas. Fue internado varias veces. Orfandad. Trastorno Obsesivo Compulsivo. Veneno para ratas. 180 pastillas. Menotti, Bilardo y Pez en Casa Babylon. Detergente El Zorro, galletitas Merengadas e inyecciones de Lisalgil. Piedras: “Un camino, para un loco, es una piedra más en el camino”. Una cagada. “Lo que está mal está mal. Pero lo que está bien también está mal. Charlalo con tus padres”. Charlalo, andá, preguntá si el suicidio de Luy está bien o está mal. Vicente no los tuvo sólo a su abuelo, su amor y odio hacia él, y la poesía: “En una de ésas vos sólo sos el vestido que te ponés”, dice. Y le gustaba el rocanrol.  

¿Fe de qué? “¡Fe de ratas!”, grita desde allá abajo, la cabeza estrellada contra el piso, la pija dura, la mirada ida. “¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. Y si se puede, venderle también otras cosas. Venderle a Dios lo que el diablo no compre”. Gangas. Si, como dijo Borges en épocas de Massera, “la democracia es un abuso de la estadística”, pues entonces la fe es un abuso de las incógnitas. Luy: poeta cordobés, clase '61, del grupo Verbonautas y autor de bestiarios de diván como Aviones, La vida en Córdoba, No le pidan peras a Cúper o La sexualidad de Gabriela Sabatini.

La de Vicente Luy es una de las obras poéticas más políticas en la escritura contemporánea argentina. Pero más importante es que es una de las mejores: “¿Por qué los secuestradores prosperan? ¿Por qué sonríen los diputados? Tienen plan. Vos no tenés plan”. Él lo tuvo: el trastorno obsesivo compulsivo por quitarse la vida. Como en una política de la verdad a medias y en medias, Luy paseó descalzo el pabellón de las atrocidades y paseó atroz el pabellón de los descalzos con las putas, con los locos y los guachos. Paseó y soñó: “Quiero escribir un poema que exprese mi pena y no hable de mí. Un poema épico que te pare la pija”. Vivió medio siglo. Son tres segundos. Seis pisos. Una erección de seis, siete, ocho días. 

“Labio superior.
Labio inferior.
Capuchón.
Mi novia se afeitó la conchita.
Llegó con su vestido nuevo
verde manzana, los labios rojos
y florcitas en el pelo.
Compré una Heineken
y salimos al patio.
Hablamos de la vida.”

O

“Kosteki y Santillán
Diego Lucena
García Belsunce
Tragedia LAPA
Los Horneros
AMIA
Blumberg
Demonty
Cromañón
Carlos Fuentealba
No pido justicia
para casos
particulares.”

Ya sabés. Es tu decisión. Charlalo con tus padres.

(*) Qué mundo puto, Vicente, y te vas.

viernes, 6 de abril de 2012

Jorge Videla: “El circo es una filosofía de vida”.-

El último eslabón de cinco generaciones enlazadas a las artes circenses nacionales, Jorge Videla –también uno de los referentes de la Escuela de Circo Criollo--, charló con Agencia NAN acerca los matices y los cambios contemporáneos que envuelven a un mundo que es cirquero de tradición. Afirmadas en la defensa de una identidad de antaño, sus palabras recuerdan, pero también critican modas que licuan y “hacen negocio” de lo que para él representa una “filosofía de vida”.

Por Daniela Rovina
Fotografía Tomás Ballefin Benites

Buenos Aires, abril 6 (Agencia NAN – 2012).- “Te voy a cambiar toda la mentalidad sobre el circo”. Arrancar una entrevista con esa premisa pone en riesgo la capacidad de retención de cualquier cinta de noventa minutos. Claramente, esta limitación técnica impone condiciones difíciles de esquivar. Pasada esa hora y media, sólo restan los garabatos en papel y lápiz, letras ilegibles colgadas de los renglones, entre otro sinfín de recursos que registren con fidelidad las palabras del entrevistado. Inexorablemente la frase planeta un desafío: rediseñar una mirada del mundo circense empastada por gruesas capas de fantasías contradictorias -de esas que se deslizan entre la magia del espectáculo itinerante y  las inclemencias del carromato rodante- y lograr que esas transformaciones quepan en un solo TDK cuyo tiempo de vida (y de muerte) se conoce de antemano.

Otros dos obstáculos atascan en simultáneo (a veces también lo deforman) el diálogo con Jorge Videla. El primero consiste en un irresistible desvío histórico allanado por cinco largas generaciones familiares al frente de la Escuela de Circo Criollo, la primera de su tipo en el país (ubicada en Capital Federal) y la segunda en América (la primera es cubana). Una emblemática tradición cirquera nacida cerca de 1890, cuando Simón, abuelo de Jorge, decidió unirse a una compañía circense en un apoteótico escape del seno de una familia “de alcurnia” de la provincia de Mendoza. Ese desvío, una de las tantas bifurcaciones que agrietan el eje de la entrevista, es nada más que un grueso brazo colector del que se desprender miles de relatos, anécdotas desempolvadas en fotografías en blanco y negro, papeles amarillos de pasado, programas y libretos de espectáculos exhaustos de rodar.

El segundo desafío consistirá en sortear aquellos instantes de dispersión con los que desafía constantemente e intentará “dar vuelta la cabeza” de esta cronista. Desde el principio, fue evidente que para hablar de la convivencia de la carpa tradicional con espectáculos de última generación adaptados a las exigencias de la industria cultural; la defensa de una identidad circense licuada y reprocesada con la aparición de espacios de aprendizaje y formación apartados de la tradición familiar; y la resistencia (o no) de la “gente de circo” a esas flamantes modas que ponen en jaque los secretos de su “filosofía de vida”, una cinta de noventa minutos era insuficiente.

En estado de desesperación y arrebato, Jorge corre y gesticula con desmesura y desparpajo. Camina de un lado al otro buscando más pruebas que documenten su centenaria trayectoria a bordo de las carpas de lienzo (o lona). Pero lo engorroso de mantener una conversación regular con Jorge Videla no es seguirle el hilo. Por el contrario, es idílico escuchar a alguien que toda su vida (acusa 72 años) trabajo de lo que siempre quiso y que, aún, le brillan los ojos cuando habla de su familia, de su forma de vida. Engorroso es acotar décadas de circo en su especialidad criolla a sólo algunos interrogantes. Y la memoria de este ex acróbata, ex actor y referente cirquero es una máquina de abrir agujeros negros en los que se pierden preguntas puntuales. Él, la historia de los Videla, su circo criollo inundado de gente volando en trapecio, de cuerpos que se sobredimensionan al caminar por la delgadez de un alambre. Todo pone a la atención en peligro de extinción.
  
Acompasado, entonces, por los ejes que Agencia NAN le propone, Jorge se arroja a la pretensiosa empresa de esquematizar algunas nociones sobre la actualidad de este arte de antaño en una lucha por no caer indefinidamente en los agujeros de la pasado. El resultado: una conversación despatarrada, por momentos denuncia, a veces crítica, pero también memoria…

--¿Cómo se inicia el tradicional circo criollo en Argentina?
--La palabra circo criollo remite a una forma de hacer un espectáculo y arranca con el circo de los hermanos Podestá en 1886, cuando (también) comienza el teatro nacional argentino. Ya había como 40 o 50 circos en aquella época. En ese entonces, los Podestá representaban en mimo la historia del gaucho Juan Moreyra. Hasta 1886 no existía nada hablado en castellano en espectáculos. No había nada nacional. Esa forma de hacer teatro se denominó circo criollo, o circo de dos partes, porque los Podestá eran criollos, eran hijos de italianos. No existió en el mundo un espectáculo de dos cosas distintas: circo y teatro. La primera parte fue circo. Luego lo seguía un intervalo. Y (en la segunda parte) los mismos artistas se convertían en actores para representar sus obras. En ese circo entró mi abuelo en 1890. (Tiempo más tarde) a la acción le pusieron la palabra y así nace el teatro nacional argentino. Hoy los mismos actores reniegan de su origen y de la palabra circo. Se ve al circo como un arte menor, pero el primer espectáculo antes del teatro fue el circo.

--¿Y desde ese entonces, el circo desarrolla nuevas formas de ponerse en escena?
--No podemos hacer circo como en 1800. No son nuevas formas, se va adaptando a la época. El circo siempre se fue adaptando a la época. Se va modernizando. No se queda con ningún elemento del pasado, no existe eso. Fue creciendo y modernizándose. No me voy a vestir de gaucho ahora.

--¿De qué manera conviven los espectáculos tradicionales con las nuevas propuestas adaptadas a la industria cultural, como la del Cirque du soleil?
--No hay dos formas de hacer circo. Para nosotros el Cirque du soleil no es circo. Es una empresa que hace un espectáculo tomando cosas del circo, cuenta un show, con toda la tecnología moderna y luces digitales, porque estamos en el 2000. ¿A quién no le gustaría hacer eso? Pero cuesta como 100 millones de dólares. No reconoce al circo porque no son del circo. No son de familia de circo. Un tipo que tiene guita arma un espectáculo y contrata al mejor trapecista. Lo que hace el Soleil ahora (las puestas en escena con más de 30 artistas) lo hacíamos nosotros hace 40 años. Después está el circo al que le dicen tradicional, a mi no me gusta esa palabra.

--¿Por qué no definirlo como tradicional?
--El circo siempre fue tradicional y siempre fue moderno, se fue adaptando a la época. ¿A qué le llamás tradicional? ¿A qué no tenga animales (por ejemplo)? Este es el único país que no deja que los circos tengan animales. En otros, los circos llevan un zoológico ambulante. ¿Por qué no van a decirle al hipódromo que sacrifican a los caballos, que les pegan para que corran, que los dopan? ¿Por qué no paran la doma? Porque es parte de la tradición. ¿Cómo vamos a maltratar a los animales? Tenés un capital (invertido) ahí. Se la agarran con el pobre circo que cría animales.

--¿Cómo se sobreponen los espectáculos de menor presupuesto a esas exigencias y a la competencia con shows de última generación?
--No existe la competencia, cada uno pone lo mejor que tiene, no compite nadie con nadie. El dueño de un cirquito se la juega solo, no recibe ayuda del gobierno. Al circo no le dan nada, acá se mueven sin subsidios. Vas a cualquier circo grande y todos tienen camiones modernos y las carpas son calefaccionadas, antes te cagabas de frío. Cada uno se moderniza de acuerdo a la plata que tenga el empresario.

--¿No se destinan partidas presupuestarias para las compañías circenses?
--En otros países del mundo si protegen a los artistas, pero acá no. No permiten que entre ninguno en Capital. Sólo circo extranjero (como el Soleil). El Servian está en San Isidro y el Rodas en Avellaneda. Eso nos da dolor en el alma. No nos creemos el ombligo del mundo.  Pero ¿por qué se la agarran con los circos, por qué están discriminados los circos en la argentina, qué mal hacen? Cuando ibas a la Municipalidad y a las Secretarías de cultura y decías “voy a poner una escuela de circo”, te vomitaban en la cara. Siempre el circo (representó) a los animales muertos de hambre, la miseria, la gitanería. Esa es la imagen que la gente tiene del circo en este país.

--Después de varias generaciones, ¿cómo preserva su identidad la “gente de circo”?
--Eso es por lo que luchamos, en esta escuela se mantiene esa identidad. Nosotros luchamos por la identidad de ser artistas de circo. El circo es una filosofía de vida. No es un trabajo. Es una forma de vivir. Vamos a ver cuánto dura este movimiento. El Solei es uno solo que anda ‘hueveando’ por todo el mundo. No tienen nada que ver con el circo. Al circo puede ir la madre, el chico, el abuelo y tiene un código, una ética. Por eso es para todo público, históricamente no tiene nada que ver con la violencia o con la pornografía. Por eso hay que respetar y cuidar al circo, (para) defender las tradiciones.

--¿De qué forma se adaptan esas “tradiciones” a la moda de los talleres y galpones de circo alejados de las compañías familiares?
--La tradición del circo en todas las partes del mundo se enseñaba de padres a hijos. Luego vino ese asunto de las escuelas, esta (por la Escuela de Circo Criollo) es la primera de la Argentina. Cuando recién empezábamos no fue por querer montar la escuela. El motivo fue otro. Veíamos que entraba gente distinta al circo, mucha gente nueva. La familia de los camioneros, de los que vendían garrapiñada, de los que sacaban fotos. Y los artistas argentinos en la década del ochenta, cuando el país estaba bastante mal, se iban a México, Estados Unidos, países en los que se pagaba en dólares. Con mi hermano (Oscar) pensamos que había que formar nuevos artistas porque faltaba gente. Además, la familia de circo numerosa no existía más. Quisimos revertir ese proceso y después resulta que nos pasamos…


--Y las nuevas escuelas…
--Han hecho del circo una moda. En vez de formar artistas, forman profesores que no tiene ni idea de lo qué es el circo. Lo han hecho como un negocio, hasta que lo quemen. Porque no son artistas, no lo llevan en la sangre. Creen que hacen circo y ni siquiera saben si el circo es redondo, cuadrado. No son escuelas, son talleres. La palabra escuela es muy seria para nosotros, implica una formación integral. No enseñan a ser artista. Traspasan trucos, nada  más. El circo es una filosofía de vida. Hay que vivir en el circo, abandonar la familia, dormir en una casilla rodante, pasar frio, calor, la lluvia, el barro. Andar en caravana. Eso es el circo. No hacer un evento. Hacés circo cuando estás trabajando en el circo. Si no estás usando una técnica para ganarte el mango, pero no sos artista de circo.

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